Europa, 2016 (frontera sur)

Obviamente, en el norte norte de Europa parece remota aún la tragedia de las costas sur de este continente, en estos últimos años (2015 fue aciago, 2016 no se perfila mejor).

La primera frase que dijo mi colega parisino (matemático serbio que vive en París) cuando llegó hace unos días fue “qué impresión la tranquilidad en la cara de la gente de aquí; en París todo el mundo está preocupado, impaciente, nervioso – ¿cómo puede pasar que en Finlandia la gente esté tan tranquila?”. En la conversación algunos adujimos que podía ser el clima – el mayo cálido y luminosísimo que ha llegado como un bálsamo. Pero sabemos que es cuestión de distancia. Hay un mar entre Finlandia y Europa Europa, y el mar en este momento es suficiente para que esta zona al norte del Báltico se sienta tranquila, con una tranquilidad que pasma a mi colega de París (y que obviamente pasma mucho más fuertemente a quienes venimos de lugares como Colombia).

Con la llegada del verano reaparecen las noticias de la muerte en el Mediterráneo. Noticias como esta, de hace tres días: La mort en Méditerranée. 700 muertos el 27 de mayo de 2016, entre Libia y el sur de Italia. E imágenes como esta

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que (nos dicen) es de un rescatista alemán, padre de tres hijos, con un niño muerto pocas horas antes en el naufragio – casi durmiendo parece, si no supiera uno de ese contexto.

Ignoro cómo llegan de verdad estas noticias aquí. No estoy en la tuitosfera finlandesa, no veo muchas imágenes en los periódicos de la calle – la cultura local es poco dada a la estridencia o al énfasis. En muchos sentidos imágenes como estas muestran afinidades mucho más fuertes entre el sur de Europa y lugares como Colombia que con el norte norte de Europa.

Lo que es extraño es saber que es el mismo continente, la misma moneda, el mismo sistema bancario, las mismas instituciones a nivel alto, las del país de esa frontera y las de aquí. Pero en 2016 la idea de Unión Europea parece casi tan remota como la de Utopía de Tomás Moro. Aunque existe formalmente, aunque la zona Schengen está (y pude por primera vez hace unas semanas disfrutar la entrada sin visa como colombiano), aunque aún existen edificios con banderas azules con estrellas doradas que dicen Euroopan unioni/Europeiska unionen/European Union en algunos edificios, y aunque aún hay tantos programas formales a ese nivel, de alguna manera también se siente fuerte en 2016 lo remoto de la idea.

Como siempre, el diablo está en los detalles. Pequeñas desconfianzas (al indagar por cuentas bancarias por internet, vemos que da exactamente lo mismo estar en Francia o Suecia o Colombia: no existe la Unión Europea de manera real para muchos trámites), indicios miniatura de lo que al sur se percibe de manera más brutal y amplificada.

Alguien podría decir que muertos en el Mediterráneo hay (registrados) desde… las guerras en el Egeo, las Termópilas, el rapto de las sabinas, las guerras entre persas y griegos, las guerras entre hebreos y filisteos, entre atenienses y espartanos, entre romanos y casi todo el mundo, entre genoveses y venecianos, entre franceses, italianos, ingleses y árabes, entre turcos y todo el lado occidental, entre alemanes y aliados.

Escribía a mi padre comentando todo eso, y le envié una versión de la canción famosísima Mediterráneo de Serrat – una versión que hizo recientemente en la isla de Lesbos, frente al mar, acompañado en un atardecer precioso por los rescatistas que ayudan a recuperar cuerpos de migrantes y en los casos buenos logran salvarlos – jóvenes europeos probablemente con sensibilidad más solidaria que la mayoría. Serrat viejo, cantando con voz ronca (y ce latinoamericana, intencionalmente) su canción de juventud. Mi padre señalaba el contraste entre el Serrat de su época de juventud, el cantante del antifranquismo y el sueño de España nueva, anterior a su inmersión en Europa Europa… y el Serrat actual cantando frente al mar donde aparecen cuerpos de migrantes ahogados, con la voz quebrada por la edad y el mirar lúcido y desencantado. Aún así, señalaba mi padre (para quien el Mediterráneo es central – probablemente nunca lo he visto tan emocionado en toda su vida como aquella vez que vio ese mar por primera vez, manejando desde Andorra hasta Barcelona en 1978 con nosotros – entre los árboles de repente apareció ese mar y él detuvo el carro bruscamente, paró al borde de la carretera y nos bajó a todos y dijo “El Mediterráneo” – el recuerdo de ese momento y el azul al fondo se me quedó grabado indeleblemente en la mente desde entonces), la presencia de esos jóvenes rescatistas de alguna manera es la única esperanza, la única luz en esa historia tan sombría de la Europa actual.

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en 2000, frente a la costa turca, atravesando de Rodas a Atenas

María Clara hablará este viernes de su tema actual de investigación, que mejor no me pongo a definir aquí yo (no podría hacerlo). Tiene que ver con teoría del paisaje (y con su propia obra), con el problema de las fronteras desde la construcción mental del paisaje. Será en un congreso en honor a Juliette Kennedy aquí en Helsinki (Crossing Worlds: Mathematical logic, philosophy, art). Es la primera vez que aparecemos al tiempo como conferencistas en un congreso los dos. Es un reto difícil hablar para matemáticos, artistas y filósofos… y decir algo significativo para todos.

Hablando con ella sobre su charla (y preparando la mía), me sorprende a veces el paralelo impresionante de preguntas. Ya veremos cómo nos va este viernes.

Capilla de Kamppi / silencio

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Hoy de mañana fui a la capilla de Kamppi. Nunca había ido, extrañamente. Kamppi es el centro centro de Helsinki. El arquitecto Juhani Pallasmaa lideró hace unos diez o quince años un proyecto grande de reforma de esa zona: la estación de buses quedó subterránea y por donde uno pasa hay mezcla de espacios comerciales, plazas públicas, vivienda (apartamentos que se ven muy bien). Es un lugar que conecta la zona de la Estación Central de trenes con la estación de buses y barrios del centro (y atrás, el puerto occidental).

Había visto muchas veces al pasar (a pie, en tranvía, en bicicleta) el módulo (como un barco o un huevo gigante) de la capilla pero no sabía qué era y nunca había entrado. Esta semana leí que es una capilla (sin denominación – para cualquier religión o no-religión) y que el punto principal es el silencio.

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Esa combinación (silencio, arquitectura de madera, espacio de recogimiento) resulta irresistiblemente atractiva para mí y decidí pasar apenas pudiera. Hoy iba camino al museo Amos Andersen y decidí parar ahí. Fue una experiencia hermosa y fuerte.

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Fuerte porque el silencio en nuestra sociedad repleta de ruido es una propuesta radical. Los arquitectos (estudio K2S, Mikko Summanen, Niko Sirola, Kimmo Sintula) incluyeron el silencio como parte fundamental del espacio. De alguna manera logran aislar la capilla, ubicada en una de las zonas de mayor tráfico y tránsito (de todos los modos que hay) en la ciudad, un punto por el que pasan miles y miles diariamente.

Los materiales son maderas locales (abeto, aliso, fresno). No sé con qué aislaron la capilla del ruido – leí en unas notas que usaron una placa de escayola – no tengo ni idea de qué puede ser eso.

Pensé mucho en nuestro apartamento de Bogotá, tan desprotegido del ruido (como casi todo en todas partes). Pensé en el estado de meditación del sauna en Finlandia (los materiales de construcción son casi los mismos aunque obviamente las dimensiones no y tampoco la forma curva).

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Pensé en la irreverencia fuerte que en todo caso hay en hacer un espacio altamente no comercial, sin nada para la venta, en plena zona de tránsito. Lo único que ofrece el espacio es la posibilidad de meditación, de silencio, de búsqueda interior.

Hay una cruz casi invisible (Finlandia, al igual que los demás países nórdicos, es país luterano – aunque no es un lugar religioso y mucho menos fundamentalista, sí está ahí la presencia de esa forma de cristianismo). La cruz es delgada, de plata. La puede encontrar si busca bien en una de las fotos de arriba. Pero no más. Hay un lugar para poner velas (algo común a muchas religiones).

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La única iluminación proviene de esa ranura en el techo. Es ampliamente suficiente (y seguramente necesaria para la insonorización). La vista global, con las bancas sencillas de madera, el altar, la madera y esa luz, da una idea del recogimiento (agregue el silencio para imaginar este espacio que podría estar al borde de un lago de Carelia si no estuviera en pleno centro de la capital).

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El silencio es un bien impresionante, como el agua pura, como el aire puro. La música funciona como su contraparte, pero la música que sabe escuchar el silencio es la que ha ido quedando. La que sabe que no es más que una fluctuación de este. En nuestro mundo repleto de ruidos de horror (en todas partes – un poco peor en países como Colombia pero esencialmente igual de horrible en todas partes), el silencio es como un lujo increíble. No debería ser así – podría suceder como pasó con el aire viciado de humo de cigarrillo que la gente tomaba como algo normal hace veinte o treinta años, y que de alguna manera aprendimos como sociedad a reubicar para poder respirar. Si pasó con el cigarrillo, ¿por qué no puede pasar con el ruido?

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Los cojines de la iglesia son esas piedras – en realidad cojines cómodos para sentarse si uno prefiere su suavidad a las bancas de madera – o simplemente para llevarlos a las bancas de madera. Parte del diseño es esa forma de piedras amontonadas, que evocan el kivas de los saunas.

casi no logro llegar al punto maravilloso

de la novela de David Mitchell The Bone Clocks… Hubiera sido una pérdida no lograrlo. Por lo general me pasa que si arranco bien sigo con los libros y no me desanimo en la mitad (a menos que sean obras como Ulises de Joyce o À la recherche du temps perdu – donde la lectura parece entrelazarse tanto con lo que estoy viviendo que apenas hay un cambio fuerte (un viaje, o un inicio de nuevo proyecto, o simplemente un cambio de estado de ánimo global) puede pasar que las abandone por tiempos largos).

Con la novela de Mitchell me pasó algo extraño: empecé a leerla con mucho ánimo, con la historia de Holly Sykes, una joven británica más o menos de mi edad, viviendo su adolescencia en los años 80 – como me tocó a mí – aunque de manera mucho más accidentada a ella. Pero luego empezaron dos capítulos largos donde el eterno tema británico de las clases sociales se vuelve demasiado central: los acentos, la agresividad pasiva brutal de la gente de Oxbridge, el margen en que está la gente irremediablemente por su acento [así ganen buen dinero, jamás los dejan cruzar ciertos umbrales, cosa extraña para los que vivimos en este continente donde mal que bien la pertenencia social se puede comprar] o su lugar de nacimiento.

Un porcentaje brutal de obras británicas (sobre todo inglesas) de muchos siglos, de muchas épocas, gira en torno al problema de las clases sociales. Todo Jane Austen, parte de Charlotte Brontë, incluso buena parte de Chaucer y Shakespeare [aunque en esos casos con otro tipo de tensiones], luego todo Dickens y Wilde, Shaw y Wolfe, Orwell y Amis – los dos Amis y Byatt, e incluso en la literatura juvenil Rowling – todo es abrumadoramente, ensordecedoramente, bloody brutally, sobre clases sociales. Sobre quién asciende y sobre todo sobre cómo trancan a los que ingenuamente creen que pueden ascender. Nunca he estado en un país donde ese tema sea tan asfixiante (y vivo en una parte del mundo abrumada por la desigualdad pero el tema británico es cualitativamente distinto – allá saltar de clase es sencillamente inherentemente imposible, aún sí se tiene dinero [y tener mucho dinero puede ser un liability fuerte, allá no se puede como en Norteamérica y aún en Suramérica cambiar de clase ganando plata por el medio que sea]).

La parte central del libro de Mitchell tiene demasiado resentimiento causado por ese tema, demasiada fijación con los premios literarios – hay algo demasiado aburrido ahí.

De pronto es porque a Mitchell se le da bien escribir sobre el pasado (como en The Thousand Autumns of Jacob de Zoet, un libro maravilloso en el Japón del siglo XVIII) o sobre el futuro (como en partes de Cloud Atlas) … pero de pronto cuando describe el presente (la Cartagena del Hay Festival, seguramente bien descrita pero para nada interesante, la Shanghai contemporánea) es demasiado plano. Eso, mezclado con los tonos e inflexiones de las clases sociales, me tenía a punto de botar por la borda un libro después de haber leído 300 páginas.

Pero luego llega el futuro. Javier me advirtió que de pronto no me gustaría esa parte. Es dura. Pero de nuevo está el Mitchell supremamente inventivo, irónico, maravilloso. Reaparece de manera más interesante la joven coetánea mía ya en su edad madura y luego en su vejez, Holly Sykes, pero también la trama se torna más sorprendente y vertiginosa. Y Mitchell de verdad arma un mundo posible que hay que leer. Con referencias maravillosas al pasado (al crecer como niña de siervos en un condado remoto de la Rusia imperial hacia 1820, el horror de esa vida, y las peripecias de una niña que por razones de la novela sabe que está atrapada en un cuerpo femenino en el momento equivocado para salir al mundo), la reaparición del maravilloso Marinus de The Thousand Autumns of Jacob de Zoet, pero en 2025 y 2043. Y también la acumulación de errores de los seres humanos y el colapso brutal de parte de la civilización a mediados de nuestro siglo. La manera como lo escribe Mitchell es plausible, aunque horrífica.

Al final no pude soltar el libro – me tocó leer las últimas 200 páginas de una, sin parar, y como ante una verdadera revelación de la inteligencia de un escritor para vislumbrar e iluminar un futuro posible (brutal y no muy lejano en el tiempo).

Mitchell parece ser muy sensible a la evolución actual de Irlanda y de Europa. Sabe, por ejemplo, que la etapa de relativa laicidad y de relativa igualdad de condiciones para las mujeres, pueden ser muy vulnerables en caso de crisis seria, en caso de colapso de nuestro mundo como lo conocemos – aún en regiones del mundo hasta ahora orgullosas de sus posiciones de avanzada. Un personaje muy asustador es una candidata católica irlandesa a la alcaldía de un pueblo perdido – una candidata de “The Lord’s Party”. Su retórica manipulativa, sus amenazas veladas o no tan veladas a quienes se niegan respetuosamente a hacer parte de “the flock” hace temer un retorno a Europa (o a lugares como nuestra Bogotá que ha ido logrando avances sociales importantes) del oscurantismo religioso más perverso. Leer a Mitchell es un ejercicio de pensar el presente a través del pasado, el presente a través del futuro, el futuro a través del presente y del pasado.

Mitchell es un verdadero tejedor de tiempos, magistral. Logra que veamos trazas presentes ya de ese 2043 catastrófico que presenta en nuestro 2016 aún no (tan) catastrófico – que detectemos en nosotros la huella de nuestro pasado en nuestros abuelos, tataratatarabuelos en lugares muy dispersos. Lo hace de manera un poco hiperbólica – a través de una guerra entre seres que tienen la habilidad de percibir y manejar el tiempo de maneras mucho más hábiles que la nuestra.

Al hacerlo, Mitchell se convierte también en un detonador de pensamiento sobre nuestra propia mortalidad, sobre la traza que puede quedar en un par de generaciones aún después de la muerte física. De la permanencia posible y de su fragilidad.

Lean a Mitchell – dense ese gran placer – y no le pongan tanta atención como yo a sus problemas con las clases sociales. Y sobre todo, no dejen que el presente aburrido apabulle la lectura de una obra tan interesante, lúcida (y generadora de felicidad).

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en Skye (aún parte de Gran Bretaña)

notas sueltas post-viaje

(No había tenido tiempo de actualizar el blog – estaba en constantes reuniones, conversaciones, charlas. Pero sí logré tomar unas fotos, y mirar.)

  • En realidad uno ha visto tantas veces Los Ángeles (en películas de toda clase, buenas, buenísimas como la reciente de Malick, o la mayoría malas) que al principio uno sí está en un lugar. Pero no es un lugar que uno pueda reconocer por sus monumentos: no es ver el Empire State o el skyline de Chicago, no es nada en particular. Es la luz que uno ya conoce. El aire y el movimiento. Como deslizándose permanentemente (paradoja: en realidad Los Ángeles no se mueve: es la ciudad más trancada que uno puede imaginar, casi siempre – pero a diferencia de Bogotá, Ciudad de México o Nueva York, que pelean con sus trancones, en Los Ángeles nada de eso parece importar). Uno puede durar media hora o dos horas metido entre un carro y algo en el aire hace que uno como que no esté ahí. El taxista (uber) no se desespera nunca, nunca intenta buscar vías alternas, nada. Un poco como imagino estar de repente en un lugar poblado de zombies.
  • UCLA tiene un departamento de matemáticas con gente espectacular. A mi charla, que era para el Coloquio de Lógica, fue gente de varias generaciones de la teoría de conjuntos y la teoría de modelos, además de algunos filósofos y algunos de otras disciplinas. Va uno a almorzar y está ahí Tao hablando con alguien, y mucha mucha gente impresionante. Al mismo tiempo las instalaciones del edificio de matemáticas están bastante vueltas nada. Los baños parecen como eran los de matemáticas de la UN, antes de que los remodelaran hace unos diez años. Es un poco increíble que haya un departamento con gente tan buena, y en condiciones logísticas tan… extrañas.
  • Desde UCLA se ven las colinas de Santa Monica. De nuevo, el déjà-vu fuerte. Santa Monica misma es otra de las cien ciudades que componen ese tejido urbano que es Los Ángeles, “al lado” de UCLA y Westwood. Al lado quiere decir “manejando a solo veinte minutos o media hora”. En el mapa global de la ciudad se ve de verdad al lado. Las colinas son verdes, casi exactamente del mismo verde de Monserrate cuando en Bogotá sale el sol. Los mismos eucaliptos, colibríes. Secretamente y chovinistamente pienso pero son más bonitas las montañas en Colombia. Me sorprendo un poco pensando así. Tal vez es reacción a tanta cosa californiana con su “here we have great mountains and the Ocean; you can surf in the morning and go skiing in the afternoon of the same day”… frases que repiten tanto (aunque dudo que mis colegas tengan el dinero o el tiempo para gastar en trancones y go surfing in the morning and skiing in the afternoon – aún así, ese es el mantra local). De pronto por eso reacciono internamente pensando que sí, puede que en Bogotá no tengamos el océano pero tenemos montañas increíbles. Pero la Sierra Nevada de California también es increíble. Pero… tenemos el Tayrona. Pero está lejísimos. Pero en Los Ángeles con los trancones tan absurdos también terminan estando lejísimos el océano y el verdadero esquí. Pero…
  • Desde el Getty mira uno hacia el sur y tiene el océano Pacífico a la derecha, la Sierra Nevada de California a la izquierda, la ciudad inabarcable con su centro lejano perdido en el smog y el campus de UCLA ahí más o menos cerca… y el tajo brutal recto norte sur de la autopista 405. Me dice Artem: “esa va ahí directo y se pierde en la distancia – casi en México”… y sí, es un poco brutal pensar que ahí tan cerca del glamour, de la artificialidad fuerte (y fascinante por momentos) de Los Ángeles está la frontera. Tijuana – nunca he estado, pero sé que de una al pasar está uno en Sanandresito, en Maicao, en Tumbes, en Cúcuta, en esa Latinoamérica impresionante. También está uno ya “cerca” de los pueblos andinos de Perú o Colombia (abandonadísimos y llevados, pero muchos con algo increíble que no logro definir).
  • Que el centro de Los Ángeles haya terminado siendo tan parecido al centro de Bogotá por los lados de la Carrera Séptima me sorprendió inicialmente. Luego no.
  • Artem habló mucho de la vitalidad que siente en Los Ángeles, sobre todo después de varios años pasados entre Lyon y París. Me parece que tiene que ver con que Lyon es ciudad cerrada y para sus familias, y París aunque es más internacional, sigue siendo un lugar un poco neurótico que le debe recordar su Rusia natal. Los Ángeles parece ser para el la expresión de un mundo de energía y posibilidades (sin arquitectura visible, pero con playa y montañas, sin historia salvo trozos del siglo XX). Para alguien que viene de la región de Murmansk vía Berlín, Lyon, París y Jerusalén, Los Ángeles parece expresar en serio el mundo nuevo.
  • Artem dijo que ningún lugar del mundo lo ha marcado tanto como haber vivido en Jerusalén. Coincido. Ambos tenemos alguna versión de Síndrome de Jerusalén. Después de mis pueblos andinos de Perú, Ecuador y Colombia – o tal vez a la vez con ellos, Jerusalén es para mí el epítome del significado, de la sofisticación intelectual, de la belleza, de la energía y el hálito vital.
  • Un encuentro maravilloso tuvo lugar en Marina del Rey – lugar de aves de paso, de garzas y focas marinas – una reserva natural al borde del océano. Jamás imaginé un lugar así: edificios de madera de los años 60, de vigas de secuoyas tal vez. Una comunidad de gente entre árboles – y una amiga de hace muchos años – Lina Dorado – que vive ahí con su familia. Las onces del domingo fueron ahí. Hablamos de mil temas de nuestro pasado compartido, y luego Lina hizo una mirada del video de project topoi, mirada sumamente lúcida. Ella viene de familia de cineastas y actores, y es autora de videos e instalaciones. Me gustó mucho su lectura de las diversas narrativas/no narrativas en el video común de topoi.

 

Línea 4 de Avenida Burnside a la Calle 86

Me subo en Burnside Ave a la línea 4 del metro, después de una visita al Bronx Community College (uno de los campus de CUNY) y una charla dada para el BCC Math Seminar. La caminata a media tarde entre el BCC y la estación del metro elevado es interesante y emocionante. La avenida está repleta de letreros en español (cosas tipo hay trabajo para delivery boy), anuncios de rizos en el pelo, de pollos asados, de barbacoas y reparación de zapatos; tiendas con relojes “de marca” iguales a las tiendas de la Carrera 13 en Bogotá, mucha gente en la calle vendiendo cosas. La estación de metro elevado se siente temblar duro cada vez que pasa un tren; abajo, es la oscuridad eterna en la calle causada por el metro elevado. Mucha gente con pinta vistosa: latinos, negros, con peinados y trajes abigarrados, jóvenes jugando con sus celulares, tenis muy vistosos. No tomo fotos ahí; demasiado obvio tal vez.

Sale el 4. Atraviesa una parte del Bronx, entre calles 180 y 125 cuando entra a Manhattan. Para en lugares emblemáticos como el Yankee Stadium. Como es elevado se ve todo: el Bronx “recuperado” pero aún en parte con aspecto de ciudad bombardeada, ventanas empalizadas, lotes con carros abandonados. Luego se sumerge.

No dura mucho en llegar (pues es un expreso) a mi parada de destino de ese momento: la calle 86. Es brutal el cambio. Al bajarme en Lexington con la 86 busco instintivamente Park por ser más soleada y amplia – tengo que caminar hasta la calle 75 con Madison donde está el museo donde quedamos de vernos con María Clara.

Esa caminata de 11 cuadras por Park Avenue a la hora de salida del colegio son impresionantes. Niños y niños, los más pequeños con sus “nannys” (estas con caras de latinas, rusas, polacas, negras). Felicidad pura, patinetas – pero sobre todo la cara de quienes implícitamente saben ya, desde sus cinco años, que son los dueños del mundo. Y es que en Park Avenue de verdad están los niños de los dueños del mundo. La arquitectura, los jardines, la presencia de las niñeras, el alborozo, los policías trancando el tráfico para el paso del cortejo infantil – todo eso da un contraste impresionante con el Bronx, de donde salí apenas 25 minutos antes.

Me pone feliz la felicidad en esas caras de seres humanos de cinco, seis, ocho años. La velocidad en sus patinetas, ese momento breve anterior a la adolescencia en que ya pueden moverse sin tanta parafernalia de padres/tutores pero a la vez aún hay cierta ilusión/sueño de libertad.

Nota: en el BCC además de la conferencia para el coloquio de matemática, tuve conversaciones muy interesantes al almuerzo. Algunos profesores son bien activistas allá. El gobernador aparentemente trata de mangonearlos con la plata (“que les quitamos este medio billón del presupuesto si no enseñan tal cosa de tal manera”, etc.). Las instalaciones son como en las universidades públicas de Colombia: por un edificio bueno, hay tres cayéndose. Tratan de decirles que les dan plata si enseñan “razonamiento cuantitativo” o “estadística” en vez de matemática. Los profesores resisten. Algunos llegan a marchar (los contratos de profesores adjuntos son absolutamente paupérrimos) – en una marcha pacífica el fin de semana pasado arrestaron por varias horas a algunos por aquí cerca en Midtown.

Project Topoi, inauguración ayer.

Fue un evento bellísimo. Yo estaba (estoy) desde antier con una gripa muy fuerte, y eso me hizo vivir todo a un ritmo un poco más estático que el usual. Aún así, me impresionó la calidad de las preguntas de algunas personas que se tomaron el trabajo de ver los videos (dos o tres veces), de preguntar por el cómo, el por qué de los diálogos, de la conversación entre dos matemáticos y dos artistas. Miraron muchas fotos impresas del proyecto, y empezaron a hilar varios de los topoi ahí presentes.

Mucho más sólido que lo de hace dos años (cuando iniciamos tímidamente la primera presentación), esta vez el evento generó respuestas mucho más interesantes también. Mucha gente de la región (esta parte de los Catskills tiene mucha gente de Nueva York, de Brooklyn, artistas, filósofos, gente que trabaja en video, etc., que a partir de cierto momento empieza a vivir parte del tiempo aquí… también está llegando gente joven de Brooklyn, en parte por los precios impagables de estudios allá) vino ayer por la tarde. Creo que la posibilidad (difícil) de conversación entre dos matemáticos y dos artistas llama la atención.

 

Otro punto interesante que de alguna manera ya nos había señalado Fernando Zalamea lo expresó un arquitecto ayer con palabras muy bellas: el video conjunto sirve de síntesis del proyecto, trae un cierre y a la vez abre muchas posibilidades nuevas. Ver las fotos (y seguir la conversación sobre los topoi ahí) es aparentemente más difícil. El video a la vez facilita la lectura y trae muchas preguntas nuevas.

En el fondo, aunque hasta ahora queríamos mantener lo verbal al mínimo (para dejar crecer la obra sin asfixiarla – es importante no sobreexplicar las cosas en ciertas circunstancias), hay un trasfondo fenomenológico fuerte en todo esto – cercano a Todes y a Merleau-Ponty, tal vez un poco también a cierto Husserl posterior a Ideas. Pero mejor (por ahora) no sobre-explicar esas cosas. El proyecto aún tiene bastante por crecer…

curiosamente…

… el álgebra diferencial, tema del que siempre me mantengo a distancia prudente, llegó en forma de una pregunta hoy. Uno de los profesores de ese seminario Kolchin (de Phyllis Cassidy) me preguntó durante la charla si el efecto de la ecuación diferencial (de tercer orden) que satisface j había sido estudiado usando teoría de modelos. Y claro que lo ha sido, por Scanlon y coautores. Curiosamente, las herramientas que mencioné hoy eran puramente aritméticas, nada diferencial nunca. Puras acciones de grupos, límites proyectivos de estos, representaciones de Galois, análisis de tipos en términos de lenguajes de cuerpos, el teorema de Keisler… pero por otro lado está ese trabajo de Scanlon sobre j, con herramientas tan distintas (y resultados tan distintos también)…

… no me alcanzó el tiempo para decir gran cosa sobre el caso de j real…

… pero agradecí enormemente que el seminario de Kolchin y gente de teoría de números del seminario de Szpiro fueran a mi charla – era en el contexto del seminario de teoría de modelos, pero en CUNY hay un ambiente saludable de ir a charlas de gente de otros grupos… las preguntas que hicieron sobre límites proyectivos, grupos de congruencia, análisis vía álgebra diferencial… fueron lo mejor – disfruté dar la charla, sobre todo por las preguntas que me abren panoramas interesantes que desconozco…

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electrificantes están esos blogs que sigo – últimamente Arturo Sanjuán escribe de manera descarnada – Javier Moreno escribe con un estilo muy controlado y depurado pero los posts cortos son acaso lo mejor posible (no es tuiter, no es el blog viejo, son pensamientos concentrados a veces muy extraños si se leen de manera aislada) – otros blogs también me llegan pero le pongo atención a esos dos en particular

trucha ahumada ayer (y hoy, de sobras) – pocas veces he hecho pescado ahumado, con trucha funciona de manera sorprendente – hoy no teníamos mucho tiempo para preparar almuerzo y fuimos a Tomodachi; el plato de anguila con arroz estaba enano y costaba trenta y un mil pesos – mi trucha ahumada costó mucho menos y (modestia aparte) quedó mucho más sabrosa que lo de ese restaurante

además, dio para almuerzo de martes y comida de miércoles – hoy estaba tal vez aún más rica que ayer

un poco nervioso con tanta cosa en NY en estos días que vienen: charlas en seminario de lógica y para otro seminario, la presentación del video, luego la exposición en Fleischmanns (un pueblo en los Catskills), luego visita a Artem en UCLA y charla allá también

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Proyecto Topoi

Lanzamos oficialmente la página web de Project Topoi esta semana. Es el resultado de dos años y medio de un experimento de conversación entre dos artistas (Wanda Siedlecka, María Clara Cortés) y dos matemáticos (Roman Kossak y yo) – conversación puramente fotográfica durante buena parte del proyecto, en torno al tema del “espacio” (común a la matemática y al arte), pero entendido de maneras muy variadas.

En Grecia antigua la idea de “espacio” era local y no global. Múltiples topoi conformaban sus nociones de espacialidad, topoi que a veces se entrelazaban o superponían, pero que no requerían estar sumergidos en un topos único global.

En matemática la historia de la noción de espacio, de espacios, ha tenido literalmente infinidad de variaciones, y ha aprendido a lidiar con la interacción entre lo local y lo global de maneras sutilísimas. Áreas enteras de la matemática se pueden ver como una variación sobre la reflexión y construcción de nociones de espacialidad (obviamente topología y geometría, pero de maneras muy curiosas también la teoría de conjuntos y la teoría de categorías son “geometrías extremas” – y mediando están los haces, los espacios recubridores, la teoría de Galois generalizada – la teoría de modelos en clases elementales abstractas es una super-teoría de Galois). Áreas enteras del arte ofrecen desafíos inmensos a la noción de espacialidad, desde las perspectivas invertidas de íconos rusos, pasando por el desarrollo de la perspectiva en el primer renacimiento, y siguiendo a la ruptura del borde del cuadro, a la escultura abstracta, al performance.

Todo eso es obvio pero parcialmente: no es fácil el diálogo entre artistas y matemáticos. Parecemos muchas veces compartir ideas, problemáticas generales, maneras de hacer – a veces son diametralmente opuestas también, pero eso debería hacer parte de la conversación.

En años anteriores al proyecto tuvimos conversaciones informales entre los cuatro “topoístas”, entre las dos artistas y los dos matemáticos. Roman escribió un texto dirigido a los artistas sobre la noción matemática de “estructura” (otra noción común a ambos lugares), que no caló en esa versión inicial. De varias imposibilidades de comunicación iniciales surgió el proyecto.

En 2013 de alguna manera logramos un primer modus operandi que empezó a mover la comunicación de otra manera: solo fotografía, solo en torno a topoi, inicialmente poca “reflexión” explícita (pero detrás está el estudio de Todes, de Merleau-Ponty, de Husserl). En términos peirceanos-zalameanos, el proyecto tuvo una etapa de voluntaria primeridad pura, etapa que duró hasta la fecha. La reflexión en esa etapa, sentimos, habría ahogado el proyecto (hay una cantidad de reflexión implícita, obviamente – pero el proyecto mismo debía mantenerse como una acción pura para poder crecer y respirar independientemente). Todo eso lo digo desde 2016 – mientras sucedió sucedió y ya.

Cuando los topoi empezaron a generar respuestas fotográficas, hubo momentos de verdadero éxtasis y felicidad creativa pura. Recibí de Wanda Siedlecka respuestas a mis “sheaf topoi” que capturaban de manera casi milagrosa “lo mismo” (o algo muy análogo a lo) que en otros seminarios con los geómetras estábamos haciendo (representaciones de Galois, categoricidad, etc.). A Wanda no le envié jamás la definición de haces, simplemente fotos que me parecían capturar algún sustrato, algún elemento vibrante. La respuesta de una artista no matemática me emocionó muchísimo. Muchos otros topoi fueron surgiendo (la memoria, el “in-between”, los topoi numéricos, los estándar y no estándar, los de verticalidad… muchos otros). Algunos han tenido respuesta más fuerte entre nosotros, otros se han marchitado en sus inicios.

En un momento dado María Clara nos pidió dos cosas: que fuéramos ahora sí más explícitos con la matemática Roman y yo, y que empezáramos a hacer topoi “dinámicos”, en formato de video. El segundo pedido lo cumplimos (el sábado próximo habrá la proyección oficial de un video hecho por los cuatro topoístas, en un estudio en Manhattan).

El primer pedido de María Clara lo hemos cumplido mucho menos. Al ver las fotografías en los topoi de Roman yo veo alusiones claras y muy precisas a modelos no estándar de la aritmética, a gaps y cuts, a forcing modelo-teórico o simplemente a la parte estándar. Pero aún falta mucho.

El proyecto continúa. Fernando Zalamea, y de alguna manera María Clara también, nos invitan a pensar las categorías surgidas de maneras más reflexivas. Nos invita a entrar en una etapa de segundidad/terceridad del proyecto. El hecho de lanzarlo al público es un inicio de respuesta – necesariamente la etapa inicial del proyecto empieza a cambiar.

Alejandro Martín (quien ha acompañado el proyecto desde hace dos años con sus reflexiones críticas, su manera de visualizar las cosas con lucidez) nos pide más adelante “diagramar”. Eso, viniendo de él, quiere decir muchas cosas.

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Pushkin / poder puro / teatro

En 2007 en esta misma época andábamos por Rusia. Fue la primera vez que visité ese país. El primer día salimos con María Clara a dar una vuelta por la Perspectiva Nevsky por la tarde. Hacía frío, había aguanieve, entramos a tomar algo en un café que se llamaba Pushkin.

En realidad el Café Pushkin de San Petersburgo es un horror de sitio: un lugar con platudos rusos (siempre chillones) y turistas gringos diciendo AWWWWESOME, con sobreprecios absurdos y probablemente con ladrones profesionales ahí dentro. El kitsch ruso hiperabundante en la Perspectiva Nevsky llega a su paroxismo en lugares como el Café Pushkin – el violinista y pianista no hacían la atmósfera más relajada sino por el contrario hacían que todo se viera más rutilante y absurdo.

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Perspectiva Nevsky, desde el Café Pushkin – San Petersburgo, marzo de 2007.

Pensé mucho en ese día hoy en parte por una obra de teatro increíble, maravillosa, que fuimos a ver: Boris Godunov.

Leer a Pushkin nunca me ha parecido fácil. Su obra principal, Eugenio Oneguin, está escrita en verso y los pobres traductores parecen no dar pie con bola con esa obra. Las diferencias entre distintas versiones en distintos idiomas lo hacen a uno pensar que no es claro qué está leyendo uno si compra algo llamado “Eugenio Oneguin, de Pushkin”.

Pero traje el café Pushkin, con su kitsch subido, a cuento, un poco porque en San Petersburgo Pushkin (o cierta idea de Pushkin) parece ser omnipresente, parece estar por todas partes. No solamente hay un pueblo llamado Pushkin en los alrededores (durante la época soviética le cambiaron el nombre pero después de 1990 le volvieron a poner Pushkin al pueblo) sino que están esos cafés y mil menciones a Pushkin por todas partes. Es un poco inevitable.

Al preguntar a amigos rusos por Pushkin siempre lo miran a uno con conmiseración. Siempre parecen pensar “Pushkin es fantástico pero es demasiado ruso para usted – usted ni siquiera habla el idioma…”.

De modo que fue con enorme anticipación que entré a ver la obra, dirigida por Peter Stein, actuada por el Teatro Et Cetera de Moscú – la obra entera en ruso con supertítulos en español. Me impactó muchísimo. Aunque es densa, con muchos diálogos que hay que ir leyendo arriba, la actuación era tan expresiva, la definición de personajes tan precisa, la escenografía tan efectiva, que me di cuenta del un privilegio increíble de estar viendo semejante obra y poder por fin empezar a dimensionar quién era Pushkin (sutileza, agilidad, voces, ironía).

Entiende uno un poco cómo pudo pasar que en menos de 40 años que vivió haya logrado que los zares lo desterraran a Crimea y le censuraran su obra – escrita hacia 1830, pudo ser estrenada hacia 1870. Así de contundente es.

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  • Me conmovió la historia del hijo mestizo de Glass en la película El Renacido (Revenant). Di Caprio es Glass, y tiene un hijo mestizo, moreno, con quien habla en un idioma indígena (no recuerdo el nombre). Como es tan poco común ver mestizaje en Norteamérica y tan común aquí en Suramérica (al menos en los altiplanos andinos), logré sentir simpatía/empatía con el hijo mestizo (vilipendiado por el texano). Hace falta ese tipo de mezcla racial en Norteamérica.
  • Haciendo muchas pruebas de impresión para Project Topoi. Habrá en la proyección en Nueva York también bastante material impreso. Estamos emocionadísimos con eso.
  • Me parece extraño siempre que terminan de hacer un edificio nuevo, se pasa la gente y durante un tiempo no tienen cortinas. Yo mismo cierro poco las cortinas de mi estudio. Termina uno viendo mucha vida de la gente, aún sin buscarlo explícitamente. Levanta uno la vista de la pantalla y ahí está el vecino del frente levantándose de la cama o la vecina en la cocina del mismo apartamento preparando algo – aparentemente. Uno no mira mucho, pero algo mira. Ellos me verán en el estudio escribiendo algo, o leyendo, o por la mañana preparando jugo. Nunca de manera muy explícita. Quién sabe cuánto más duren sin cortinas.
  • Varios días seguidos escuché las Siete Palabras de Haydn, en versión cuarteto y en versión para piano. Mucha gente muy distinta le ha puesto atención a esa obra extraña. Es una singularidad pura.
  • Leo con fruición algunos blogs. El de Javier, obviamente, con su estilo depurado y aparentemente minimal. En realidad es un proyecto maximal e inmenso. El de Arturo, que escribe cada vez mejor, y me deja sin aliento. Su relación con la matemática – de cuando no quiere uno sino pensar en matemática y mandar al diablo el resto – me es conocida. La matemática la percibo a veces casi como una adicción (no soy adicto, afortunadamente [creo], a sustancias, salvo tal vez al café – pero sí he sido adicto al sauna en Finlandia, al baño en agua fría en quebradas y ríos, a correr intervalos, a ciertas series). Con la matemática la sensación a veces es parecida. Uno no quiere dejar de pensar en ciertos temas. Me ha pasado mucho también recientemente.
  • Quiero sacar al piano alguna pieza de Haydn. Suficientemente fácil para que la pueda tocar yo, pero quiero que tenga algo interesante, como esas que tanto me gustan y llegan.
  • El episodio 7 de temporada 4 de HoC me gustó mucho. El resto no tanto. Es gris ese mundo.
  • En realidad he leído poco en esta época. He leído eso sí bastante matemática y me he dedicado a escribir.
  • Organizar cosas es importante pero es costoso emocionalmente.
  • Hace diez años no voy a California. Será interesante volver (visitaré UCLA durante unos días). Le tengo un poco de miedo a Los Ángeles. Pero varios me dicen que es una ciudad interesantísima. En cambio ir a Nueva York se siente familiar, cercano, cozy.
  • Lo que sí es cierto es que UCLA es como un sueño de lugar por el tipo de matemática que se hace. Ya veremos qué tal.

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finde denso – Kertész en la BLAA

Como la semana pasada estuvimos trabajando duro en varias cosas (charlas para CUNY y UCLA en mi caso, pero también finalización de la página web de nuestro proyecto Topoi con María Clara y Roman y Wanda, fuera de cosas de aquí), este fin de semana parecíamos seres sin energía. El viernes preparé un arròs negre para unos amigos – acompañado por alioli. Quedó todo oliendo mucho a ajo, azafrán, aceituna, calamar y pimientos. Tanto que amanecí completamente deshidratado el sábado, sin energía para caminar.

Por primera vez en mucho tiempo no salí en todo el día. No salimos ni siquiera a caminar. Últimamente si no vamos a La Vieja hacemos la vuelta corta de Las Delicias, o en su defecto caminamos por el barrio hasta la 72 o 74 o hacia el sur hasta la 53, en caminatas cortas pero a veces con intervalos. Ayer, nada. Fue día de leer cosas, terminar de arreglar detalles del Proyecto Topoi, enviar abstracts y armar charlas en esas universidades, ver un par de capítulos de House of Cards (adictiva para mí – María Clara no aguantó ni 15 minutos del episodio 1 de la temporada 1 – dice que con ver eso ya sabe uno qué va a pasar en todo el resto de la serie… y creo que tiene razón).

También tomé una buena serie de fotos nocturnas estilo Rear Window. Chapinero es lugar ideal para ese tipo de fotos.

Hoy sí teníamos ánimo y fuimos a desayunar a Kayser – los huevos estrellados que preparan ahí son buenos. ¡Y saben hacer croissants de verdad!

El día (y en realidad el finde) arrancó con Kertész. En la Luis Ángel Arango hay exposición de su obra, y realmente es estimulante ver buena fotografía, de verdad buena. Si tiene tiempo y está en Bogotá, dese ese placer de ver esa exposición.

Me sorprendió mucho lo juguetón que es. Lo había visto en exposiciones más pequeñas, junto con muchos otros fotógrafos, pero no había visto una exposición grande de su obra. La etapa temprana, en Hungría, en los barrios periféricos de Budapest, en pueblos y en el campo, con su hermano haciendo piruetas para las fotos, con su esposa en los cafés, con la gente – los violinistas callejeros por ejemplo, es algo que me queda a mí en la cabeza – una energía de vivir, una despreocupación. Se supone que le tocó ir a la guerra en 1914, a sus veinte años, pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Kertész no parece registrar lo más trágico o dramático de esos eventos – lo que se desprende de su fotografía de esa época es una mirada robusta, feliz y a la vez irónica del ser humano. Me lo imagino haciendo caminatas con energía, bañándose con su hermano o sus amigos en los ríos en verano, nadando y corriendo. Me lo imagino también observando el batallón, su miseria, su locura. Pero sin dejarse apabullar del todo – a pesar de haber sido herido en el frente.

El resto de su vida fue lo que le tocaba a sus contemporáneos – hijo de familia judía de clase media, le tocó emigrar primero a Francia buscando algo de fortuna y luego a Nueva York. Sus fotos nunca parecen perder la vitalidad inicial, aunque obviamente su estilo cambiaría fuertemente. No conocía sus trabajos más tardíos, sus fotos a color, su obra hecha en Estados Unidos (fuera de las emblemáticas series en Washington Park o en el Bowery de Nueva York).

Lo que más me impresionó hoy, fuera de lo experimental y vital que se siente Kertész, es su ojo para componer las fotos. Tenía un ojo impresionante para cortar las fotos, para componer sus temas, para incluir algún detalle, una huella, una flecha del pavimento, algo, que hace que esas fotos literalmente vibren. Por ejemplo, esta abajo del cuarteto de cuerdas.

Fotografiar músicos es dificilísimo – supongo que fotografiar deportistas y transmitir lo que pasa, el esfuerzo, la tensión, el estiramiento, debe ser similarmente difícil (no lo he hecho – pero Kertész en un momento dado fotografía nadadores en las piscinas de Budapest y realmente se ve que le interesaba trasmitir la respiración, la apnea, la tensión de las piernas). Fotografiar músicos debe hacer que suene un poco de lo que estaba oyendo el fotógrafo. A mí esta foto de un cuarteto de cuerdas me llega con sonido. No sé exactamente qué sonido, pero ahí está. El primer violín interrumpiendo la línea del violonchelo, la viola haciendo un ritmo más folclórico al tiempo, algo así. No una melodía concreta, sino algo de lo que pasa cuando uno oye un cuarteto.

Jamás se me habría ocurrido cortar la foto así. Al dejar las caras, como lo haría cualquiera, esta habría sido otra entre miles de fotos de cuartetos que uno ve. Esta no. Solo están los cuatro instrumentos (incompletos), el atril con la partitura ahí en el centro, las manos, trozos de arcos y las piernas. El atuendo de los músicos. Creo que lo que hace que suene de manera tan intensa esta foto tiene que ver con el corte. Así pasa con muchas fotos de Kertész. Me conmovió muchísimo ver esa exposición hoy.

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Cuarteto de cuerdas – foto de André Kertész, 1930

 

María Clara quería que también fuéramos a ver la exposición de Nicolás París, pero esa estaba cerrada hoy. La obra de París me ha parecido interesante – vi algo de él en el MUAC hace unos años, y me llamó la atención. Alejandro Martín me lo ha recomendado varias veces.

Vimos de Roman Polanski la película Carnage. Buenas buenas actuaciones, de Jody Foster, de Kate Winslet. Casi teatro puro. Una delicia ver algo así un día de aguacero fuerte. Sobre todo después de lo genéricas que están las series últimamente.

pasaportes – corte

Esta semana andaba medio clavado escribiendo dos o tres cosas. Aún así, renové pasaporte (una vez más, pero tocó). Es de esas vueltas que duran diez o quince minutos y que lo dejan a uno pensando ¿por qué no son todas las vueltas burocráticas así de fáciles? ¿qué le impide a los demás burócratas hacer las cosas bien, como se ve que las pueden hacer los de Pasaportes en Colombia – donde renovar pasaporte toma 10 minutos?

Arroz negro. Arròs negre, en realidad. Preparé esa receta para una cena con amigos un viernes por la noche. Ahora se consigue fácilmente en este barrio el arroz bomba necesario. Y en Hipermar hace unos días conseguimos las sepias y todo lo necesario. Etcétera. Pocas recetas tan festivas para un viernes nocturno. Se trataba de volver a ver amigos que queríamos ver desde hace rato, y de cerrar una semana muy pesada. En realidad esas recetas de arròs valenciano son fáciles, una vez uno les coge el tiro – y son festivas, de verdad.

Irse a cortar el pelo en cualquier ciudad del mundo siempre es extraño. El mundo de los barberos y peluqueros es muy peculiar. Me decía el peluquero (en Chapinero) hace unos días que ellos son muy inestables. Que se ponen bravos y abandonan el puesto de una. Que no les interesa tener prestaciones y cosas de esas que los amarran a puestos, que prefieren clavarse a trabajar y ganar su salario integral y poder largarse cuando quieran, poder desaparecerse quince días si se les da la gana, poder salir corriendo en cualquier momento. En cierto sentido son personas muy libres. El señor este me hablaba de lo importante que es entender los ángulos de la cabeza de cada hombre, cada mujer. Me contaba que la gente llega con expectativas absurdas (llevan fotos de Cristiano Ronaldo, de Beckham, y les dicen “córteme que me quede esta raya de Cristiano así – o déjeme como esta foto de Beckham, etc.”). Yo no podía creerlo. El pobre peluquero tiene que explicarle al cliente que su cabeza es distinta, etc.

En Lyon los que afeitan parecen ser todos turcos o armenios. Nunca me han afeitado tan profesionalmente como en esos lugares de gente del Medio Oriente. Hablan poco. De sus pueblos en esa meseta tal vez. O le dicen a uno on nous dit tout le temps que la France va se casser la gueule, mais ici nous çà va – çà va encore…

Vivir en Bogotá es relajante y divertido. Uno nunca se puede tomar demasiado en serio porque… pailas. Eso me gusta de esta ciudad. Siempre sale algún taxista, peluquero, señor del parqueadero, con algo que lo deja a uno pensando. Sea por absurdo, o simplemente porque nota uno que hay otro mundo ahí, gigantesco, y que uno puede aprender mucho simplemente escuchando. Escuchar a la gente en Bogotá es relajante y divertido.

Nada más difícil que conseguir buen desayuno en Francia. Sí: en Argentina es peor. Pero en Francia su formule petit-déj.  parece un chiste. Por 7 € le dan a uno un jugo demasiado concentrado, un café requemado y una “viennoiserie” (qué nombre tan ridículo) redulce – eso sí hecha con buena mantequilla. Pero mal. Peor aún en Argentina donde imitan ese mal petit-déj. francés (café recontrarequemado, jugo artificial y “medialuna” hecha con pésima margarina). Una vez en la CABA (así le dicen a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) cometimos el error de pedir huevos al desayuno, después de tres semanas de pésimo régimen en Patagonia y la misma CABA. Nos dijo el dueño del hotel “¡no! sólo los yanquis comen huevo al desayuno…” – los shaanquis… No tuvimos la energía de aclararle que los colombianos y los mexicanos no somos precisamente sshaaanquis y bien que comemos huevo al desayuno. Con los argentinos discutir es caso perdido. Ellos saben cómo es el resto del mundo, sobre todo cuando nunca han salido de Buenos Aires. Tocó esperar a llegar a Perú para empezar a comer bien.

Etc.

Bringhurst, looking back in time, but really back

I had already written some notes about Robert Bringhurst, right after having met him personally in Helsinki some months ago. His Everywhere Being is Dancing – twenty pieces of thinking is perhaps less known than his famous book The Elements of Typography. It is however one of the collection of essays that I have read with most trepidation in a long, long time. Perhaps the main point is the difference between Bringhurst’s ideas and those of most of the rest of people: his perspective when discussing poetry, war, society, language, tools, singing, voices, stories puts to shame our extremely narrow interval. Instead of just looking at just thirty centuries of literature, as we usually do (when we want something remote we think Homer or some books of the Hebrew Bible), he ponders perhaps a couple of hundred centuries, he traces our bearings in language, in poetry, in mathematics even, as part of a development started sixty, seventy thousand years ago – the written sentence being much more recent and perhaps ephemeral than we want to admit.

I have to incorporate some of his ideas in a couple of things I am writing. I won’t elaborate more on this at this point – but I do want to quote an excerpt of his essay A Poet and a War on Avdo Međedović, a Montenegrin poet and the permanence of the tradition of epic poetry in the Mediterranean since Agamemnon’s time. But here is the quote:

War in its twenty-first century glory is the nightmare of industrial technology, but the war that most affects my daily life is the Four Century War (c. 1500-c.1900) fought between invading Europeans and retreating Native Americans for the land in which I live. That war, rarely mentioned in the textbooks, left more than six million dead in North America alone, yet it was fought with minimal equipment and very little centralized command. The most devastating weapons used were biological – smallpox bacilli in particular. These agents were often delivered haphazardly, by preindustrial means, yet their effectiveness was huge.

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Robert Bringhurst, speaking at the Helsinki Mathematics Department on the structure of Navajo Poetry (in Cháálatsoh, the Origin of Horses). Photo: AV.

Eutifrón, en un evento en honor a Magidor

Hace pocos días en Jerusalén tuvo lugar el evento Menachem Magidor 70th Birthday Conference.

Juliette Kennedy dio una conferencia en ese evento, con título The Philosopher’s Second Sailing, or: Reading Gödel on the Euthyphro.

El ensayo de Kennedy para el evento de Magidor es sumamente interesante. Espero que pronto se convierta en un artículo. El tema está bien descrito en el título: el segundo zarpar del filósofo fue un tema que a Husserl le llamó la atención, pues en 1909 él mismo tuvo una crisis vital que lo obligó a cambiar de rumbo fuertemente a nivel filosófico. Kennedy parte de las conversaciones que sostuvieron Gödel (en los años finales de su vida) y Sue Toledo.

Algunos de los temas que aparecen desarrollados en el artículo de Kennedy:

  • la crisis de 1909 en Husserl; parece que el tema obsesionaba a Gödel
  • finitismo, intuicionismo, y el Eutifrón – el diálogo platónico sobre lo sagrado
  • a Gödel parecía interesarle más el Husserl post-1909 que el anterior (por ejemplo, el de las Investigaciones Lógicas de 1904) – a Gödel parecía atraerlo mucho más la visión fenomenológica que desarrolló Husserl a partir de esa fecha
  • el ego fenomenológico que no es algo separado de sus experiencias; es simplemente idéntico a la unidad interconectada de éstas
  • es también la época en que emerge de manera más contundente el concepto de epojé (Einklammerung, bracketing, poner entre paréntesis) y su rol en la fenomenología – y el rol del sujeto como parte activa del problema de la existencia de objetos matemáticos – la raíz de ἐποχή parece ser la misma de “mantener a raya” o “mantener en suspenso” – como condicionar un pago o trancar físicamente a alguien…
  • en su segundo zarpar en 1909, Husserl parece obscurecer intencionalmente su lenguaje – un poco como si quisiera obligar al lector a ir muy despacio, como si dar demasiada claridad permita que el lector “se salte” puntos claves – ¿giro de lo exotérico a lo esotérico en Husserl? Aparentemente a Gödel le interesaba mucho este punto del lenguaje que cambia y que se obscurece, claramente de manera intencional. Hay un punto en común muy interesante ahí con el lenguaje de los místicos y su oscuridad. Un poco inverso a lo que en general buscamos viniendo de la matemática – venimos de un lenguaje que es oscuro para casi todo el mundo y sufrimos las consecuencias de eso; en Husserl como en ciertos místicos (y seguramente en Gödel tardío) parece haber un valor especial en lo oscuro, en lo oculto…
  • el diálogo Eutifrón es una de esas búsquedas infructuosas en torno al concepto de lo sagrado, lo sacro – iniciado por el encuentro de Sócrates con Eutifrón en las cortes atenienses; Sócrates está siendo juzgado por impiedad y corrupción de menores, Eutifrón demandó a su padre por asesinato de uno de sus criados; el padre de Eutifrón había apresado al criado y lo había dejado morir en una zanja después de que el criado a su vez había matado, borracho, a otro criado…  dadas las leyes atenienses, la demanda de un hijo contra su padre era improcedente (a menos que hubiera matado a algún familiar, pero ciertamente no si había matado a un criado) y se rumoraba en Atenas que Eutifrón era impío (no sé si otra palabra describa/traduzca mejor el atributo) por haber denunciado a su padre, sobre todo cuando el que este había matado “ni siquiera era de la familia”…
  • como las acusaciones contra Sócrates y contra Eutifrón eran similares, Sócrates decide explorar lo sacro, lo sagrado, aprovechando la experiencia de alguien que ya pasó por pensar en esos temas, en los estrados – después de cinco definiciones fallidas, el tema sigue abierto
  • aparentemente Gödel trataba de entender el porqué de la debilidad de Eutifrón en sus argumentos, el porqué de la cobardía de Eutifrón (sale corriendo al no encontrar solución): a Gödel parecía preocuparle la cobardía de refugiarse en leyes y no encarar las consecuencias de sus propios razonamientos – Eutifrón usa “religión racional” al acusar a su padre pero no entiende las consecuencias de lo que está haciendo

El artículo explora más a fondo las preocupaciones de Gödel en esas conversaciones al final de su vida con el tema de la honestidad intelectual. Kennedy adicionalmente lleva el problema al entender fenomenológicamente el tipo de objetos de la teoría de conjuntos (Kennedy, Magidor y Väänänen tienen además un proyecto de definibilidad intermedia entre primer y segundo orden, algo que en un extremo daría el universo conjuntístico construible de Gödel, L, y en otro extremo daría HOD, pero hilando fino con diversas definibilidades resultan obteniendo otras nociones intermedias, algunas muy robustas a forcing y con conexiones sorprendentes con grandes cardinales).

 

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Menachem Magidor en el Instituto Mittag-Leffler, 2009. [Foto: AV]

[Nota Bene: Para muchas personas, un hombre tan multifacético como Magidor no necesita presentación, pero vale la pena recordar brevemente aquí que, además de ser uno de los especialistas más sofisticados en teoría de conjuntos (trabajos importantes desde la década de 1970 hasta el presente) a nivel mundial, Magidor ha sido rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén (entre 1997 y 2009), dirigido tesis doctorales en varios temas (además de matemática, en filosofía y en computación), y según entiendo tiene trabajos incluso con equipos de arqueología de Israel.

Mi recuerdo de él cuando estuve en Jerusalén es tenue, pues él estaba en sabático fuera del país durante mis primeros meses allá, y cuando llegó era el decano de Ciencias y luego el rector.  Pero sí recuerdo vívidamente que aún siendo rector iba al café Beit Belgia en el campus los viernes por la mañana (en Israel, los viernes son como nuestros sábados, pues la semana laboral es de domingo a jueves y a veces el viernes por la mañana), donde paraban muchos de los estudiantes de doctorado en matemáticas y trabajaba con algunos de ellos, siendo rector. Era un rector profundamente comprometido con los temas académicos.

Su trabajo en teoría de conjuntos tiene contribuciones cruciales como sus trabajos ya clásicos en cardinales fuertemente compactos, en axiomas de forcing (Martin’s Maximum, variantes más fuertes), en toda clase de variantes de definibilidad en lógicas intermedias entre primer y segundo orden, en cuantificadores generalizados, en forcing semipropio, en propiedades de compacidad generalizadas, etc.]

de Niépce a Zajfert – capturar el tiempo

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catskills 044/2 R.K. / W. S.

El Proyecto de Cámera Estenopeica de Przemek Zajfert lleva ya unos cuantos años, y de ahíCatskills2 han surgido muchas imágenes interesantes (como ésta de arriba, con la curva extraña del sol en dos semanas de apertura). También han surgido constelaciones bien sorprendentes de imágenes, como esta a la derecha – cada uno de los “puntos” es realmente una imagen de cámara estenopeica.

En la etapa “Catskills” del proyecto, Zajfert entrega directamente un kit de cámara estenopeica a cada participante y da instrucciones. Las fotos son de exposición muy larga (semanas, en general). Terminan capturando lo “menos efímero”. Si pasa una persona o un perro no quedará registro. Pero el sol, los objetos grandes, los árboles, de pronto una persona (o animal) que sí pasara mucho tiempo en un punto de la foto sí quedaría registrada.

De los árboles el registro es por razones obvias de la forma general (casi el “aura”) del árbol pero no de sus ramificaciones menores, que se mueven con el viento y no quedan en esas imágenes.

Versiones anteriores del proyecto de Zajfert eran con las fotos en blanco y negro. Esta última tiene papel sensibilizado con químicos, y las fotos son a color, pero colores que no corresponden con la “realidad”, pero que dan fotos realmente interesantes:

Tal vez lo mejor del proyecto es que, dado que es hecho por mucha gente distinta y con resultados muy variables, muchos no necesariamente muy “controlados”, termina dando un “panóptico” de una región, un faneroscopio muy peculiar, con registro no dinámico del paso del tiempo. Esto es algo muy sólido cuando el conjunto de fotos armadas así es grande.

Explica Zajfert en su página que en mayo de 1816 (sí, ¡casi dos siglos ya!) Niépce logró por primera vez este tipo de imágenes, usando nitrato de plata – pero al principio cuando las sacaba a la luz se velaban; el proceso químico seguía. Aparentemente esto desesperó a Niépce porque sabía que tenía algo maravilloso pero no lo podía realmente mostrar al mundo, de manera directa. En el proyecto actual Zajfert de hecho no aplica fijador: simplemente escanea las imágenes cuando están activas, al final de la exposición de muchos días o semanas.

En abril de 2016 habrá una exposición en The Painters Gallery (Fleischmanns, NY) con esta obra (el proyecto Catskills).

día(s) – en bici al centro, lluvia, alivio

Hoy de mañana salí a correr intervalos en la Quebrada Las Delicias (la parte baja – teníamos que iniciar el día y no había tiempo para caminata larga). Es parte de una rutina que he ido estableciendo, esos intervalos de vez en cuando (correr a lo máximo que pueda uno dar, durante 45 segundos, luego caminar 45 segundos, luego de nuevo correr al máximo 45 segundos, etc. – claro, con entrenamiento esos 45 segundos pueden ser 50 o 60… pero es mucho más duro así).

Al bajar me alisté y leí en las noticias que “todas las avenidas estaban trancadas llegando al centro” por manifestaciones múltiples.

Preciso tenía reunión hoy con Pierre Simon en la Universidad de Los Andes a media mañana para hablar de NIP y la Conjetura de Pares Genéricos (un bello misterio semi-entendido en algunos casos – Pierre es un experto en descomposición de tipos y yo quería preguntar ciertos aspectos de la prueba) ahora que termina su visita.

Aunque no suelo ir al centro en bici, esta vez me dio tanta jartera meterme en el tráfico en un taxi que decidí ir en la bici. Tuve una buena sorpresa: la ciclorruta de la 13 ahora conecta al frente de Museo Nacional con la Carrera Séptima (peatonal/ciclorruta) y puede uno luego subir por la 23 hasta la zona de la Universidad de Los Andes. Una cosa buena de la alcaldía anterior esa conexión, ahora completada por esta alcaldía con páneles de plástico para algo de continuidad. Parquear ahí cerca la bici es medio aburrido si uno no tiene convenio con algún parqueadero.

El regreso fue marcado por el primer aguacero fuerte bogotano que veo en muchos meses: me lavé bajo lluvia torrencial desde la Calle 37 hasta la Calle 64. Con piso mojado me tocó ir despacio sobre todo en zonas de ladrillo. Estrené la ciclorruta nueva de la Calle 45 (estuvo lista hace unos pocos meses pero no la había usado) y luego seguí por Carrera 5 y 6 en zigzag hasta aquí. Tenía mucha hambre y ganas de llegar a cambiarme de ropa y almorzar: subí las cuestas de Chapinero Alto a toda.

Había un grupo de turistas europeos en un bicipaseo (“bike tour”) por la ciclorruta de la 13. Se debieron lavar también.

El ejercicio inusual para mí (los intervalos matutinos, más bici al centro y de vuelta), más el aguacero me dejaron medio agotado. Fue una tarde de Haydn mezclado con topoi mezclado con imaginación ensoñada. Uno de esos días que uno siente pasar ahí al lado.

Hubiera querido captar la lluvia (pero en bici y sin cámara ni modo). La sensación de alivio, la sensación de bogotanidad profunda. La atmósfera de ensoñación y nerviosismo mezclados.

La delicia de sentir que uno está, profundamente, en un páramo.

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(foto: AV – parte de Project Topoi)

basso ostinato

A veces soy un simple basso ostinato. Una voz que se mueve cercana al centro tonal del momento por allá abajo, repitiendo y repitiendo patrones rítmicos-armónicos, de soporte del contrapunto de las voces que sí se dan el lujo de volar. (Ayer por ejemplo, me obstiné en una versión falsa de un teorema que trataba de acotar; mi contrincante-conversador me mostraba claramente por qué estaba erradísimo yo y aún así me obstiné, aunque sabía que el contrincante tenía razón en su argumento – yo simplemente sabía que en algún contexto similar la cosa daría la vuelta pero durante un rato no lo ví; era un simple cambio de parámetros de \mathbb Z a \mathbb Q que logré eludir absurdamente…). Basso ostinato.

Otras veces no. Otras veces logro cantar y despegarme de la obstinación del bajo, subir y fugar. ¿Por qué no es siempre así?

hovering / planeando / superficie de las cosas

Me gusta el verbo “to hover” – no sé si lo traducen como “planear”, pero me suena un poco distinto a mí. Planear suena menos pegado a las cosas, menos directo.

Pensaba en “hovering” por varias razones:

  • los blogs que he leído recientemente retomaron, tal vez inducidos por el paso por tuiter de muchos de sus autores, un carácter distinto de los blogs de antaño – el tono “ensayístico” que era más común antes en general ha sido relegado y lo que vemos en varios es un intento de reflejar el estar pegado a la superficie de las cosas, el pegante que nos ata al mundo – en tuiter obviamente esto es extremo, pero en esos blogs, con textos largos, hay verdaderas maravillas: pasan cosas, la gente camina por calles, siente apremios corporales de varias índoles, duda y corrige, suda en la bicicleta o pide taxis que no llegan, discute con sus amigos o padres,  sueña o desgraba sus propias entrevistas internas… me fascinan esos blogs de “contacto directo”, de “hover pegado a la realidad” – yo mismo no escribo así, pero me alimenta mucho seguirlos
  • hace un par de meses, me decía en Estambul una persona que trabaja en google que se inventaron un prototipo de “selfie-hover” con un minidrón personal que lo sigue a uno como a metro y medio de distancia, en diagonal arriba adelante y constantemente lo va filmando a uno y poniendo en la red lo que uno va haciendo – le pregunté cómo hacían todos esos selfie-hovers individuales para no estrellarse entre sí y me decía que exactamente como uno no se estrella contra la otra gente cuando va por la calle, que tienen sensores, etc. – la palabra hover me quedó de ese mini-episodio de conversación
  • hovering es también el momento de suspensión antes de aterrizar, cuando el piloto “suelta” y deja caer de barriga el avión en la pista – hovering es como queda uno cuando muere algún ser querido cercano y no entiende uno qué sigue haciendo uno ahí

(imágenes del proyecto Topoi)

Todes – Cuerpo y mundo

Parte de nuestro apoyo para el proyecto Topoi (María Clara Cortés, Roman Kossak, Wanda Siedlecka, AV – la página estará lista pronto y habrá una inauguración y presentación de un video hecho por los cuatro autores el próximo mes en Nueva York – una presentación primaria e inicial está en el PechaKucha de hace un par de años; pero el proyecto ha evolucionado bastante desde entonces) ha estado en la obra de Samuel Todes, un filósofo estadounidense que hace una síntesis curiosa entre Heidegger y Merleau-Ponty (descripción de la unión de la naturaleza física independiente y la experiencia en nuestras acciones corporales).

Parte del proyecto ha intentado ser una conversación entre dos matemáticos (Roman Kossak y yo) y dos artistas (Wanda Siedlecka y María Clara Cortés). Dos en Nueva York (y Fleischmanns en los Catskills) y dos en Bogotá (y Chía). Dos europeos (Roman y Wanda), dos latinoamericanos (MC y yo).  El inicio del proyecto fue una frustración de comunicación, una percepción de muchos temas comunes y pocos caminos de comunicación. Y un tema: el espacio, la espacialidad, el topos – tomado de manera filosófica, pero matemática en manos de Kossak y mías, y artística en manos de María Clara y Wanda.

En matemática, como en arte, la espacialidad está íntimamente anclada en nuestro cuerpo, en nuestro estar en el mundo de manera corpórea. Las fotos y videos del proyecto intentan explorar ese tema.

A continuación algunas frases de Body and World de S. Todes, ed. MIT 2001 – frases que con buen análisis fenomenológico (seminario en CUNY con filósofos profesionales que han ayudado a Roman y a Wanda en la lectura de Husserl, Merleau-Ponty, Todes, Heidegger – uno de ellos, Yuval Adler, es a la vez filósofo y cineasta – coautor de Bethlehem junto con Ali Waked) nos han ayudado a acotar el proyecto Topoi:

  • The vertical field: In practical sense experience, the vertical field appears to be the field of the common world in which we find ourselves thrown together with objects. And the horizontal field, by way of contrast, appears to be the field of our experience in this world. (…) Objects appear to be encounterable and determinable only in virtue of our appearing to be thrown together with them, stuck with them for better or worse, in the vertical field of a common world. (…) This vertical field is applied not to us, as active percipients, but through us. Our initial problem is to balance ourselves upright in this field of influence. Our problem is neither to conform (accede) to this influence, nor to offer resistance to it – neither of which makes perceptual sense. (p. 122 and ff.)
  • The “unity of the world” is the evidence demonstrating the common-sense convictions that there is one and only one actual world, and everything we can think of is in terms of this world’s possibilities. The problem is to find the evidence. Now we have seen that the world is the field of all our fields of activity. It is correlative with the felt unity of our active body in it. Our sense of being an individual self-moved mover in the world is then our evidence that there is but one world. Our sense that all our experience presents or represents some way of meeting our needs is correlative with our sense that everything we can think of, everything perceivable and imaginable, refers to some possibility of this world in which we have the needs we seek to meet. … (p. 262)
  • The extent to which the world can be filled: The field of our experience represents (itálicas mías) our capacity for experience. Our field of practical perceptual experience is always given as more capacious than its actual contents. This is because the actual content of this field is given as determinable by our free activity in respect to it. And if the world were filled with content, we would be cramped by it and lose our capacity to maneuver freely in the world. Hence such “content” could not appear to be determinable; nor could it therefore appear to be the content of the world. Thus our perceptual experience can never exhaust our capacity for perceptual experience. (…) Our capacity for perceptual experience can never be more than momentarily filled, just as the perceptual world can never be more than locally filled with content, viz., with perceptual objects. Our question (…) is whether it is possible for our experiential capacity and its world to be more completely filled in imagination than in perception.

Esos son tres fragmentos que considero importantes, aunque no sean los que realmente han jalonado nuestro proyecto.

El proyecto, a dos años y medio de haber sido iniciado, ha producido muchas conversaciones puramente fotográficas. Uno de los cuatro “lanza” unas fotos – usualmente 4 o 5, y posiblemente una palabra (In-between Topos, Memory Topos, Blur Topos, …) y los demás, si quieren las contestan… con otras fotos. Algunos de esos “topoi” han resultado muy generadores de respuestas, otros no. En total hay ya unas dos mil fotos, algunas más “fotográficas”, otras simple documento, y aproximadamente un centenar de topoi.

En un momento dado, el video como medio se volvió importante – algunos topoi son claramente dinámicos. Pero es algo nuevo. La première mundial de nuestro video será el mes entrante en Manhattan. Luego habrá conversatorios, exposición, en The Painters’ Gallery, en Fleischmanns, NY.

En Bogotá, fuera de ese PechaKucha inicial, no hemos hecho aún presentación del proyecto.

Aunque la mayoría del proyecto ha sido entre los cuatro (MCC, RK, WS, AV), poco a poco hemos empezado a tener algo de retroalimentación (el curador Alejandro Martín ha sido un acompañante crítico de varias fases del proyecto; en Nueva York personajes como el filósofo Robert Tragesser, la fotógrafa Elaine Mayes, y varios arquitectos y fenomenólogos más, han expresado interés en el tema y su desarrollo). Creo que será muy interesante, después de esa inauguración en Nueva York, presentar alguna versión del proyecto en Bogotá también. Seguramente obtendremos otro tipo de retroalimentación – algo crucial para un proyecto en el cual el lugar (los dos o los cuatro lugares básicos) juega un papel tan fundamental.

Si usted es matemático se preguntará: ¿Y cómo entra la matemática ahí? ¿Qué papel juega? ¿Cuáles topoi matemáticos son expresables mediante fotografía?

No hay respuesta fácil. Hay dos matemáticos ahí: Kossak y yo. Ambos hemos estado muy involucrados en investigación matemática – Kossak es un gran experto en modelos de la aritmética y un gran lógico. Yo mismo trabajo en teoría de modelos, con cercanía a la geometría y a las clases elementales abstractas y haces. Muchos de los topoi lanzados por Kossak o por mí tienen claro anclaje, claras alusiones a nuestros “mundos” matemáticos (conjuntísticos, aritméticos, lógicos) – pero siempre son alusiones veladas, ¡nunca demasiado explícitas! Lo interesante es ver qué reacción suscitan en las dos artistas inicialmente y luego en gente que ve los conjuntos de fotos (o los videos). Un poco como echar a rodar una bola en un juego, con direccionalidad inicial pero con libertad de respuestas.

En un momento dado lancé un topos de haces, con fotos que de alguna manera “representaban” para mí un tema que me es muy cercano desde hace mucho tiempo. Las fotos eran tomadas en museos, en la naturaleza, en la ciudad – pueden aparecer personas, carros, etc. De una manera maravillosa, Wanda (que trabaja en arte: video-arte, edición, instalaciones, pero ciertamente no en matemática) lanzó respuestas/preguntas y se fue conformando un topos puramente fotográfico de lo global-local, del problema de pegamento y coherencia – sin lanzar explicaciones verbales, a punta de pura fotografía. No sé cómo lograba Wanda contestar con sus fotos algo que capturaba de manera tan precisa ese fenómeno matemático.

Otros topoi son más difíciles – hay también callejones sin salida. Y hay uno, el de la modularidad, que ha seguido siempre pendiente y semi-abierto.

(Una foto de cada uno de los cuatro:)

reserva

El domingo pasado subimos bien de mañana con María Clara al borde nor-occidental de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen. Técnicamente, caminamos por la cadena de montañas entre Chía y Cota – la reserva estaba un poco más al sur de donde llegamos.

La intención no era ir a la reserva propiamente dicha: era simplemente caminar por una zona a la que no habíamos ido. Pero en un momento dado notamos que estábamos realmente muy cerca del borde nor-occidental.

He aquí un poco de lo que pudimos ver (lejos, lejos, de ser esto los “potreros” que algunos zoquetes han querido ver ahí – en algunas fotos, hacia abajo se adivina la franja de la reserva):

El hijo de Saúl

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La cámara enfoca solamente una cara, durante la mayoría de la película. Y casi siempre es la cara de Saúl, el Sonderkommando que durante día y medio en Auschwitz intenta enterrar a un niño (su hijo, tal vez, pero eso en últimas no importa), enterrarlo y no cremarlo – a pesar de trabajar él mismo entre quienes envían al horno crematorio a los internos del campo (los Sonderkommandos eran judíos que eran obligados a trabajar por los nazis dentro de los campos, en varias actividades, entre esas conducir a los demás internos a las falsas duchas, y encargarse de quemar a los muertos en los hornos).

Aunque la historia la hemos visto en tantas películas, aquí jamás hay un plano amplio, jamás hay un intento de vista global explícita, jamás parece haber explicación. Uno sigue muy de cerca, muy muy de cerca a Saúl, desde atrás, de frente. El resto está casi permanentemente desenfocado. La cara de Saúl no transmite de manera directa mucha emoción: él es de quienes saben perfectamente cómo acabarán todos ellos, sobre todo los Sonderkommandos que eran a la vez vilipendiados por los alemanes y detestados por los demás internos del campo.

Nunca había visto una película tan extrema en su punto de vista completamente local – aparentemente sin pegamento global, pero da al espectador todo, absolutamente todo para que arme de alguna manera su propio pegamento. Está toda la información local, minuciosamente dada, y está uno mismo como espectador para generar la espacialidad ausente, para “pegar de manera coherente” ese horror.

Salí convencido de haber visto una grandísima obra de arte, una de esas películas que pocas veces se dan. Tal vez la única manera de hablar del horror puro es… no hablar sino mirar. Con la cámara uno mira, como andando con Saúl, oyendo los gritos al lado, al fondo, atrás. Estrellándose con las cosas, con los otros internos, con los soldados. Sabiendo que si esta vez no fue el final fue por algo que nunca sabremos.

Pensé en Christian Boltanski, en Claude Lanzmann – pero de alguna manera me parece que László Nemes logra ir aún más lejos… o por lo menos logra en cine algo que normalmente uno espera ver en otros medios. Logra una película absolutamente abstracta, contorsionada – pero sin jamás soltar nada de sus temas, sin jamás explicar nada. Es que Auschwitz es absolutamente inexplicable, el horror máximo está en ver.

Hay escenas que son de lo más brutal que he visto en cine – es difícil verla, como me pasó la primera vez que vi Saló de Pasolini.

Por momentos sentía que lo que estaba viendo ya no era cine. Era fotografía moviéndose, que no es exactamente lo mismo. Era una instalación brutal. Era un video-arte pero con las dimensiones del cine. O no era nada de eso – era la cámara a medio metro de un ser humano viendo todo y a la vez moviéndose para enterrar un niño de quien probablemente no es el padre, rezar el kadish (que no se sabe) sin haber sido religioso jamás, todo eso en el lugar más peligroso que ha podido inventarse el ser humano. La palabra resistencia se queda corta ante eso.