Un pequeño homenaje a un gran maestro

Alejandro Martín me reclamó implícitamente el abandono (parcial, siempre creemos) de este blog. Eso fue hace unos pocos días. No sabía por qué no había vuelto, no lo sé; tal vez no importa (o tal vez sí, pero no ahora, no aquí).

Esta semana pasaron muchas cosas extrañas, misteriosas, algunas muy bellas y otras muy tristes.

Hoy por la mañana me llamó Alejandro Martín. Con Alejandro hablamos en realidad muy poco por teléfono; no es nuestro medio favorito de comunicación. Por eso cuando vi su nombre, en llamada a la hora del desayuno, pensé «qué raro». Al iniciar la conversación me preguntó si ya sabía la noticia. Y claro, al oír la pregunta, ya la supe, pero aún así le pregunté. Me anunció la muerte de su padre, Jesús Martín Barbero.

Yo no había visto noticias ni anoche ni ayer por la mañana. La noticia de la muerte de Jesús estaba en toda la prensa nacional, y seguramente en muchos lugares más. Alejandro me expresó que prefería que no me hubiera enterado por esos medios, sino con su llamada.

Y fue de nuevo ese vacío y esa orfandad, en este caso comunicados de manera breve y extraña vía celular, al amigo Alejandro. Y luego, pensar mil cosas. Recordar tantas conversaciones, y no poder abrazar a Alejandro y Laura, y a Olguita en esta época. Ese inasible actual (que de tanto jugar a ser virtuales como que nos hizo convertir los ritos que no eran virtuales – las despedidas y el acompañar a los amigos – en virtuales).

Podría contar muchas conversaciones, pero no va eso al caso aquí, ahora. Prefiero recordar momentos, momentos de un día bellísimo de 2018 en que fuimos a almorzar con Jesús, Elvira y Olguita (Alejandro estaba en Cali).

Fue en almuerzo pausado, con tiempo. Elvira estaba lentamente despidiéndose del mundo, y seguramente estaba la angustia de qué pasaría con Jesús luego. Pero no se habló de eso; se habló de la infancia de Jesús en su pueblo de Castilla, de su juventud en Lovaina y su llegada a América Latina, de su colección-collage de fotos gloriosa, de sus mil proyectos.

(Pero tal vez más que los temas, lo que me pasaba a mí con Jesús era que me enseñaba a pensarme como latinoamericano, a abrazar el significado inmenso de serlo, a jugar con mil posibilidades. Era siempre irónico que él, que nunca dejó su acento tan castellano, fuera de alguna manera más profundamente latinoamericano que muchos de nosotros, y de alguna manera abarcara y abrazara todas las posibilidades de este continente que casi siempre nos duele. Que haya dejado este mundo en Cali, en el epicentro de la lucha más importante de este momento en Colombia y acaso en muchas partes del mundo, no deja de ser altamente simbólico.)

Además de todas sus enseñanzas (a muchos nos enseñó a ver lo que hay ahí), quedan en nuestras memorias sus gestos. Intenté (probablemente con resultados muy limitados) captar en ese almuerzo algo de los gestos de sus manos. La fotografía se queda corta, en todo caso.


shifting/blurring (Janus)

I made a personal (photographic) record of life in 2020, before March and after March. The “video” really consists of impressions, photos taken here and there, between January 1st and early December 2020. It does not offer a wide perspective, nor a reflection on the pandemic, nor anything of that sort. It rather explores the two-faceted aspects of this strange year, and (perhaps) the passage of time.

Here:

¿Por qué invertir tiempo (y dinero) en revivir idiomas? (según Zuckermann)

Parte de los frutos de la pandemia de 2020 en mi caso ha sido intentar poner (por primera vez en mi vida de manera seria) atención al idioma que se hablaba aquí en Chía (y en Bogotá, y en los dominios que van desde la región del Tequendama al sur, por toda la Sabana, hasta el límite norte más o menos en la región de Duitama): el muisca.

Indagando, noté que hay relativamente poco material, pero hay en todo caso acceso a un léxico de tamaño importante. El trabajo de María Stella González de Pérez en el Caro y Cuervo fue maravilloso y pareció inspirar de manera profunda a algunas personas. Stella murió hace poco más de un año, pero dejó la base de trabajos que en manos de Facundo Saravia (un profesor de idiomas originario de Argentina y discípulo de María Stella, que ha llevado a cabo desde hace una década un trabajo inmenso de construir un diccionario y cartillas de aprendizaje del myskkubun) han florecido de manera impresionante. He intentado leer y trabajar (en los breves resquicios de tiempo que me quedan) algo de esas maravillosas cartillas.

Hablando con Facundo en un taller que organizó hace un par de meses, terminé llegando a un libro sumamente interesante, del lingüista israelí Ghil`ad Zuckermann: Revivalistics.

Zuckermann ha sido director del programa de lingüística e idiomas en peligro en la Universidad de Adelaide en Australia. Formado en la Universidad Hebrea de Jerusalén y luego en Oxford, Zuckermann se ha dado a la tarea de revivir el idioma barngarla en el sur de Australia donde ahora vive.

En su libro, Zuckermann da primero un recuento muy detallado de cómo funcionó el revivir el “hebreo” (que da en llamar israelí para diferenciarlo del idioma hebreo bíblico o del hebreo mishnaico, y que en realidad, subraya de mil manera el autor, es un híbrido sumamente interesante y vital del idioma semita original con el yídish indoeuropeo). Para mí fue obviamente fascinante leer algunas cosas que ya sabía, otras que intuía, y otras que me hicieron abrir los ojos al fenómeno complejo y sorprendente del revivir del hebreo (me queda difícil seguir a Zuckermann y llamarlo el “idioma israelí”, tal vez por costumbre).

Parte de la indagación de Zuckermann va a la manera como se logró que funcionara finalmente ese revivir particular – y luego traspone sus experiencias como estudioso de un idioma esencialmente revivido hace 120 años… al problema de revivir un idioma que se dio por desaparecido hacia 1960.

Para quienes nos interesamos por la situación del muisca, y de la dificultad inmensa que hay al tratar de aprender (no adquirir) un idioma que dejó de ser hablado hacia el último tercio del siglo XVIII, la lectura de Zuckermann, tanto en su descripción de la revitalización del hebreo/israelí como en su programa de apoyar desde la Universidad de Adelaide (y en mucho trabajo con comunidades) el barngarla, es algo sumamente importante. ¡Agradezco a Facundo Saravia el haber guiado mi interés hacia Zuckermann!


Facundo me preguntó si podría yo hacer una síntesis de las estrategias que propone Zuckermann. Lo intento.

La sección 8.2 de su libro se llama Why Should We Invest Time and Money in Reviving Languages?

Empiezo por ahí. La primera razón, muy global, tiene un carácter de cuidado del mundo, de ecología cultural, muy interesante. Zuckermann cita a Nicholas Evans: you only hear what you listen for, and you only listen for what you are wondering about… just as the ‘biosphere’ is the totality of all species of life and all ecological links on earth, the logosphere is the whole realm of the world’s words, the languages they build, and the links between them. Zuckermann describe otro libro de 2010 (Dying Words) de Evans donde se examinan las miríadas de maneras como pueden diferir los idiomas, la información que contienen acerca del pasado remoto de sus hablantes, la interdependencia del lenguaje y el pensamiento, el entrelazamiento entre el lenguaje y la literatura oral.

Luego propone directamente Zuckermann:

  • Razones éticas: la mayoría de idiomas no mueren “porque sí”; la mayoría han sido destruidos (por los colonos en Australia, por la conquista y colonia española en estas tierras). Es un deber moral restituir los idiomas en la medida de nuestras posibilidades. El artículo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR por su sigla en inglés) consagra el derecho de usar su propio idioma a quienes pertenecen a minorías étnicas, religiosas o lingüísticas. De ahí se infiere, dicen Zuckermann, que cada persona tiene el derecho a expresarse en el lenguaje de sus ancestros. En el caso del muisca es sumamente complejo ese argumento, pero es obvio que hay razones muy fuertes para por un lado apoyar todos los esfuerzos de revitalización, y por otro lado ver como nosotros (muchos mestizos y con muy probable ancestro muisca, mezclado con muchos otros) podemos directamente reducir el impacto negativo brutal que tuvo para algunos de nuestros antepasados la supresión de su idioma.
  • Razones estéticas: da Zuckermann varios ejemplos (en idiomas aborígenes de Australia, en el idioma yaghan de la Tierra del Fuego, en persa antiguo, en rapa nui (de la Isla de Pascua) de conceptos distintos: uso de direcciones cardinales en lugar de “derecha/izquierda”, el mamihlapinatapai fueguino que se refiere a una mirada entrecruzada por dos personas cuando ambos quieren que el otro ofrezca algo que ambos quieren pero no son capaces de sugerir, el nakhur – camella que no da leche hasta que le cosquilleen la nariz, el tingo “sacar uno por uno los objetos de la casa de un amigo, pidiéndolos prestados, hasta que no quede nada”, etc. De lo poco que he aprendido de myskkubun, sé que el concepto de pyky (y muchas palabras derivadas) es a la vez “corazón” y “entendimiento”, “sabiduría”. (Curiosamente, el hebreo antiguo usaba lev también un poco en esa doble acepción…). Para mí esta razón estética debería ser suficiente.
  • Beneficios utilitarios: bienestar, salud mental, habilidades cognitivas … son tres categorías que, dice Zuckermann, están directamente ligadas al revivir un idioma. Cita varios estudios de las últimas dos décadas en esa dirección — y beneficios económicos derivados de una mayor auto-estima, para las sociedades involucradas. No es tan claro ese argumento para mí, pero sí me parece más o menos obvio que proyectos como revivir un idioma pueden aumentar el conocimiento de sí mismo. (Desafortunadamente, en manos de ciertos individuos, eso mismo se puede transformar en regionalismos/nacionalismos muy feos. Pero que ese peligro exista no implica que no se de importancia vital el trabajo en revivir idiomas como el muisca.)
  • Esquemas legales: como Zuckermann está directamente involucrado, junto con un grupo aparentemente creciente de personas de la comunidad que habla ahora en barngarla, en el revivir del idioma, han usado directamente apoyo legal en Australia. Esa parte del argumento me parece menos fácil de trasplantar, menos adaptable. Pero un corto párrafo me llama la atención: A quick change in government policy can damage the revival of Indigenous languages that has taken years to develop. Given the limitation of government policies, compensation schemes backed up by legislation will better protect the linguistic rights of Indigenous people. Cita también (de manera muy extensa) Zuckermann el trabajo con asociaciones de derechos humanos y aspectos legales específicos. Me queda difícil cernir de una gran cantidad de ejemplos lo que realmente sería relevante a un contexto local.

Cierra Zuckermann su libro con un breve capítulo (Our Ancestors Are Happy) sobre estudios y ejemplos de aumento de bienestar (mental, social) causado por el revivir un idioma. De nuevo, de la cantidad de información que da, hay que cernir. Pero queda algo común, capturado en algunas frases y ejemplos.

Me gusta mucho, por ejemplo, esta frase que cita de Alex Brown (aborigen australiano): “What scientists hold stock in is only what they can measure. But you can’t measure the mind or spirit. You can’t weigh it, you can’t deconstruct it. But only if we do will they see that Aboriginal people are spectators to the death of their culture, their lives… We watch as our culture dies. How are you going to measure that?”

Imagino a alguna tatara-tatarabuela mía hace un par de siglos viviendo y tratando de articular algo similar aquí en el altiplano cundiboyacense al ver su cultura muisca (o tal vez panche, o guane) destruida.

veintes

me llamó la atención (entre mil otras cosas que me han llamado la atención) que en myskkubun (lengua muisca) la numeración tiene analogías con la numeración de origen celta, que aún sobrevive en francés y en danés (y en inglés antiguo): el uso de veintes como unidad “básica” de conteo

en el muiskkubun está mezclada con el diez (la serie de once a diecinueve reenumera los dígitos uno a diez, pero agregando la palabra kihichá (pie)

al llegar al veinte (we, la misma palabra de casa y la misma raíz del verbo ser/haber) la cosa se pone interesante, y se cuenta de veinte en veinte

por ejemplo, ochenta es we-myhyká – literalmente cuatro-veintes, o sea exactamente como en el francés quatre-vingts… en inglés de hace un par de siglos aún se lee six-score para ciento veinte o a veces incluso four-score para ochenta

en myskkubun este uso del veinte, we, es más consistente: 40, 60, 80, 100, 120, etc. son webozha (dos veintes), wemika (tres veintes), wemyhyká (cuatro veintes), wehyzhká (cinco veintes), weta (seis veintes), etc.

y los número de la serie entre un múltiplo de veinte y el siguiente múltiplo de veinte sigue la hilera entre 1 y 19 (agregando la palabra asák). Así, similar a como en francés (versión de Francia) noventa y tres se dice cuatro-veintes y trece en myskkubun es wemyhyká asák kihichá mika – literalmente cuatro veintes y trece (pie de tres)

notas de esta época

A la frenetiquísima actividad del semestre pasado siguió un período de depresión suave (espero), entre el final del mes de junio y durante buena parte del mes de julio. La noté principalmente en una baja energética extraña que me hizo temer haber atrapado el virus (pese a tantos cuidados) en la época de Solidarity. Algunas de las presentaciones de ese magnífico (y tan singular) evento terminaron minando mi escasa confianza. Primero fue la de Magidor, quien con extrema lucidez proyectó una imagen brutalmente pesimista. Luego la visión áspera de Panza (pero de él esperaba algo así) y finalmente la durísima presentación de Zalamea, justo después de la mía. Zalamea no dejó resquicio para ningún tipo de optimismo. Dijo Fernando que su lectura peirceana le permitía inferir diferenciación y no integración, baja extrema de la Solidaridad mundial y aumento desenfrenado de los pequeños egos, de los movimientos brownianos sociales, de las polarizaciones a manos de los más hábiles, del ego sublimado y la ruptura de todo lo que mal que bien se ha podido ir construyendo. No sé si realmente de Peirce se desprende todo eso, pero ciertamente la visión de Zalamea es lúcida y tal vez logró despertar en algunos de nosotros cierta preocupación que teníamos pospuesta o sencillamente poco clara.


Los poemas de Jan Zwicky fueron tal vez lo que más me conmovió de todo el evento (me encantó la conversación ad libitum con Margo Glantz, siempre juvenil a sus 90 años, siempre sorprendente).

A raíz de escuchar los poemas de Jan Zwicky entré en correspondencia con ella y terminé encargando dos libros. Uno de estos fue escrito por ella y su compañero Robert Bringhurst llamado Learning to Die, con tres ensayos, uno de Bringhurst, uno de Zwicky y uno de ambos. Es un volumen que de alguna manera invita a examinar nuestra época no tanto en términos de la pandemia o la política actual sino en sentido más amplio, en términos de la crisis climática global vista desde la perspectiva de muchas eras, y buscando lo que describe el subtítulo Wisdom in the Age of Climate Crisis.

La carátula es bellísima: dos calaveras, de frente y de lado.

Ese libro curiosamente termina dando, a pesar del obvio tono pesimista dado tanto por la carátula como por sus ensayos, punteros y claves para vivir de manera más interesante esta época.


Otra lectura (hecha en un momento de crisis por el encerramiento, el confinamiento y la asfixia) fue la pieza de teatro Huis clos de Sartre. Llegué a ella por la famosísima frase L’enfer c’est les autres.


(Sigo después de casi dos meses de pausa de este post. No me quedó fácil continuar.) La lectura de Huis clos, que debería ser la peor obra para leer en esta época, terminó siendo saludable y positiva para mí. En Huis clos, tres personajes se encuentran en el infierno. El infierno es un cuarto cerrado, donde uno está para la eternidad con otra gente. En este caso, los tres personajes (un hombre, dos mujeres) que no se conocían en la tierra (y que habrían probablemente evitado frecuentarse, por cuestiones de estilo personal, de clases sociales, de gustos) están obligados a estar para siempre, para toda la eternidad en ese cuarto, los tres. No hay camas, no hay sueño, no hay oscuridad, no hay noche, no hay descanso. Solo estar en tres sofás, hablar y hablar sobre sus vidas (tema que se agota en realidad muy rápido), pelear, exasperarse mutuamente, querer irse y no poder, saber que nunca más podrán salir de ahí.

(Alguien me decía que era el peor texto posible para leer en una época como la nuestra. Pero extrañamente, milagrosamente, fue mi cordel de salida de una crisis personal. Así pasa a veces con la literatura.)


Es raro ver agosto desde octubre. Muchas cosas adicionales han pasado, naturalmente – ya pudimos regresar (por un par de días, dos veces) a Bogotá, hemos podido conocer resquicios y recovecos de las veredas Fonquetá, Tíquiza, Fagua y Cerca de Piedra – la zona aledaña al resguardo muisca de Chía – empezar a entender la complejidad y la belleza y la dureza de la historia de esta pequeña región que nos ha acogido.

sobre el 9.9 bogotano

Hoy en clase de 9 am me quedó difícil empezar sin referirme de alguna manera a los eventos brutales y trágicos de anoche en Bogotá. En ese momento aún no había parte oficial, pero ya sabemos que fueron diez las personas asesinadas por balas de la policía, y más de cien los heridos.

Por balas.

De la policía.

No hay justificación de algo así, no hay nada que excuse a esos policías.

En clase algunos estudiantes plantearon la importancia de posiciones en contra de la violencia. Y estoy de acuerdo con ellos en la idea de no-violencia; sin embargo, es imposible ante lo de ayer callar. Es imposible aceptar que personas en quienes la sociedad ha confiado armas para que nos protejan terminen atacándonos. Y sobre todo, es imposible equiparar. La situación es totalmente asimétrica entre la policía y la ciudadanía. El minuto de silencio por las víctimas, en clase, fue un gesto muy pequeño, tal vez, pero era lo absoluto mínimo que se podía hacer por respeto hacia ellos (y finalmente, hacia nosotros mismos).


Mi amigo en twitter Juan Rafael Martínez Galarza, astrónomo en Harvard, escribió un post (público) en su página de facebook. Me parece muy apropiado para ir apuntalando conceptualmente nuestro entendimiento de lo que está ocurriendo. He aquí el post de Juan Rafael:

Desde el punto de vista moral hay una gran diferencia entre quien actúa con violencia movido por la indignación de haber sido despojado y maltratado, y quien actúa con violencia en flagrante abuso de poder. Que los dos merezcan sanción no significa que sean equiparables. Por eso creo que esos llamados ecuánimes a rechazar toda violencia son injustos, violentos ellos mismos, ciegos, carentes de solidaridad, interesados. Estamos en una situación en que un cuerpo armado del estado ha asesinado ciudadanos. No podemos caer en el facilismo de imponer a quienes reaccionan a esa violencia oficial (gente que por lo general la ha soportado antes) el mismo grado de culpa. Deseo justicia, deseo también el cese de la violencia. Pero eso empieza por aceptar que hay un desbalance entre quienes hacen uso de la fuerza oficial y quienes usan la violencia para resistirla. Aceptar ese desbalance no es proponer impunidad para los últimos, sino justicia. Para muchos eso parece ser fácil de entender cuando se trata de solidarizarse con víctimas de violencia racial en USA pero dificilísimo cuando se trata de solidarizarse con víctimas de una violencia social igual de longeva y de profunda, como la que hay en Colombia. A propósito: el vínculo ideológico entre los policías rasos en EEUU con esos valores racistas que defienden (y que los han protegido) es mucho más profundo que el que une a los policías rasos de Colombia con unas estructuras de poder que también a ellos les han fallado. Pilas.

A las fuerzas del extremo centro preocupadas por cómo esto puede impulsar a Petro les doy un consejo: ¿quieren eso votos? Pónganse del lado e la ciudadanía. Dejen de equiparar los crímenes de estado con la reacción legítima de una población ya bastante golpeada por la miseria y la injusticia. A la gente, más allá de su pasado guerrillero y del sofisma del castrochavismo, le atrae la idea de que Petro esté de su lado. Hay maneras de ponerse del lado de la ciudadanía sin caer en prácticas populistas. Háganlo, y gánense los votos, incluido el mío, en lugar de lamentar daños materiales ante la sangre derramada. Pero si estar en el centro significa no tomar partido en una situación tan clara de injusticia social, entonces al menos acepten su responsabilidad en el ascenso de personajes populistas y no pretendan que Petro es popular por arte de magia. Por mi parte, si en 2022 de nuevo tengo que escoger entre Petro, a quien las riendas del establecimiento tendrán de todas maneras bastante limitado, y esta cofradía ruin de sátrapas insensibles que es el uribismo, pues mi decisión está clarísima desde ya, como lo estuvo en 2018. Ojalá no sea el caso.

Juan Rafael Martínez Galarza, en facebook.

Ver esta lista (incompleta) es algo muy fuerte:

  • Javier Ordóñez, 44 años. Asesinado en Villa Luz por la policía el 8.9.20.
  • Julieth Ramírez, 18 años. Asesinada en Suba por la policía el 9.9.20.
  • Jaider Fonseca, 17 años. Asesinado en Verbenal por la policía el 9.9.20.
  • Germán Smith Puentes, 25 años. Asesinado en Suba por la policía el 9.9.20.
  • Julian Mauricio González, 27 años. Asesinado en Kennedy por la policía el 9.9.20.
  • Andrés Rodríguez. Asesinado por la policía el 9.9.20.
  • Angie Paola Vaquero, 19 años. Asesinada por la policía el 9.9.20.
  • Cristian Hurtado Menecé, 27 años. Asesinado por la policía en Soacha el 9.9.20.

a nostalgic look at 2019

I surprised myself missing having made my “end-of-year” video for 2019. I surprised myself because I started missing it… in June 2020.

June 2020, July 2020, really March, April, May, June, now July 2020 – these months figure in my mind, in my memory as a sort of world slump, of global freeze, of entrance into a singularity from which the way out still seems uncertain – not just the when but now mostly the if.

For some reason I started a few days ago missing sorely the account of 2019. It was an important year – with strong personal moments, with some (extremely significant) trips: to Italy, Austria and Finland in January – and back to Colombia in the middle for my father’s funeral – to Budapest in the summer, to the Colombian Caribbean and Santander in July and August, to Southern Chile in December.

Here is an account – a very personal (and nostalgic) look at 2019, made a few days ago:

más sobre combatir la nada

El fragmento en el título de mi charla para la Solidarity Conference que hacía alusión a la nada, al néant, al nothingness, llamó la atención de algunas personas. Margarita Malagón-Kurka me preguntó al final de la intervención por qué la nada – pero no alcancé a contestar muy plenamente. El fragor del tiempo, la acumulación de preguntas y cansancio en esa semana tan llena de ideas e intervenciones hizo que esa pregunta esencial de Margarita se perdiera.

Hablando de nuevo con ella y con Don Kurka hace unos días, me invitaron a seguir la pista de la nada. He aquí las grandes líneas de mi respuesta:

  • El título hacía alusión directa al fragmento de De las babas del diablo de Cortázar. Me llamó la atención poderosamente la idea de la fotografía como manera de “aprender a combatir la nada”, y me pareció un buen punto de arranque para hablar a la vez sobre nuestra situación actual – y futura – y el rol de la lógica dado por analogía con el rol de la fotografía.
  • El cuento de Cortázar – del cual leí el fragmento a mis estudiantes justo cuando estábamos lanzándonos juntos, literalmente zambulléndonos en el mundo del infinito – es la inspiración de la película Blowup de Antonioni.
  • En esa película un joven medio zonzo (pero rodeado de un mundo muy fotogénico y él mismo un excelente fotógrafo de moda, en la Londres repleta de aperturas de 1965) logra lanzar un poco su propio vacío al usar la fotografía como medio de exploración de algún suceso grave. Empieza literalmente a leer el mundo de una manera totalmente distinta, y cambia internamente como consecuencia de su uso de la fotografía como lenguaje que abre y que tiene incluso la capacidad de romper el vacío mental que podía traer el fotógrafo de modas al inicio.
  • (Algo que nunca dije sobre esa película es el uso de muchos lentes distintos por parte de Antonioni. Durante la misma escena lleva a cabo cambios de lentes – de gran-angular a ojo-de-pez a “pancake” – y eso da sensaciones muy confusas y hermosas de cambio de distancia, de cercanía casi letal y a la vez de punto de vista elevado y lejano. Algo muy cercano tal vez a la búsqueda del horóptero de Ibn Al-Haytham (y Ptolomeo, y mucho más tardíamente Aguilonius) que trajo a colación Carlos Cardona como emblema de la horosis que Perry y Zalamea empiezan a dilucidar.)
  • Hablar de lógica para un público tan variado como el de Solidarity requería algún uso de analogía. Traté (seguramente sin mucho éxito) de usar la analogía entre la fotografía como apertura de lenguaje (combatir la nada) y la lógica. La manera como emergen cantidad de situaciones muy centrales (y potencialmente problemáticas) al empezar a tomar en serio las ampliaciones, los blowups, las superposiciones, los contrastes, el quemar y sombrear.
  • Comparaba en la conversación con Don y Margarita la fotos que tomaba yo antes de 2010 – donde si acaso una entre 100 (o entre 500) pasaría el examen hoy. Estaba todo ante mis ojos pero yo no veía absolutamente nada. Esa nada era la que había que combatir. Después, gradualmente – muy gradualmente – empecé a notar cosas. Marcos, encuadres, destellos de luz, líneas de fuerza, vacíos, colores planos, puntos blancos, sombras granulares. Ahora tengo algo de vocabulario, emergido de una práctica – tengo algunos conceptos, de nuevo surgidos de esa práctica y constante búsqueda.
  • ¿Pero qué diablos tiene que ver eso con el coronavirus, con la pandemia? Bueno, de manera muy directa obviamente nada. Pero precisamente ese nada, ese ser que no es un enemigo en el sentido tradicional (otro país, otros animales) sino un ente imperceptible, invisible pero potencialmente letal, tiene un aspecto de nada muy peculiar. Obviamente no es “una nada” pues es información con poder para destruir nuestras células, nuestros cuerpos, nuestro gran cuerpo social. Pero también nos confronta con re-conceptualizaciones (hablaba con un biólogo sobre la definición misma de vida que está siendo puesta en jaque por el virus – por este y algunos otros), con re-enfoque y re-encuadres.

[Soñaba que como consecuencia misteriosa de la pandemia la gente ahora a veces se desnudaba en público – en restaurantes – y era parte normal y llana del nuevo comportamiento. No era claro en el sueño por qué lo hacían – o en qué momento se volvía importante. En el restaurante en que estaba de repente el muchacho de la mesa de al lado se desnudaba y enarbolaba su erección con tranquilidad y naturalidad. El restaurante no se inmutaba. Era parte obvia y plena del “nuevo estar” – y en el sueño tenía que ver con la pandemia. María Clara me miraba un poco extrañada pero nada parecía ya muy raro. Una chica en la otra mesa, sentada en cuclillas, también desnuda se movía con naturalidad, abriendo las piernas y disfrutando mucho la situación – no había ningún tipo de recato ni morbo – en lo que sencillamente era el nuevo placer de estar en compañía en un restaurante después de la pandemia. (Yo mismo creo que no estaba desnudo. Pero varios clientes, sobre todo los más jóvenes, sí lo estaban.) El restaurante se parecía un poco a los cafés de Chapinero – al Árbol del Pan.]


Antier estaba yo un poco asfixiado por la situación. Salí (al jardín) a tomar fotos para tratar de ver algo de mundo más allá de las pantallas y el (que se siente eterno) confinamiento. He aquí algo de lo que salió de ahí (de un intento de a-percepción):

de las babas del diablo

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier repórter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con el pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Cóntax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250. Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no soplaba viento.

Las babas del diablo – Julio Cortázar

(Llegué a este cuento por la película Blow Up de Antonioni, obviamente.)

[Agregado dos días después: releyendo (para mis alumnos) este pasaje del cuento de Cortázar me di cuenta que donde había escrito “con la Cóntax” debía naturalmente ser “sin la Cóntax”. Me sorprendió en mí mismo este error, que voltea completamente las cosas. Nadie me comentó nada – o bien conocían el pasaje y sencillamente lo registraron sin mirar detalles, o bien no lo conocían y les pareció extraño pero no sabían a ciencia cierta, o bien… ¿Cuántos errores aparentemente pequeños (dos letras) pero que cambian el significado habrán pasado en textos escritos por la humanidad?]


resonancia / reflejos

No he logrado entender por qué en esta época de confinamiento han sido tan fuertes los sueños (para mucha gente, según concluyo). Para mí han sido sobre todo semi-vigilia. El lento y dulce despertar y descubrir que hay aura, la naturaleza está ahí – la montaña – seguimos vivos, a pesar de la incertidumbre. Disfruto intensamente los aromas de los cuerpos medio dormidos, ese olor dulzarrón de seres humanos y los rastros de sus fluidos, tan similar a los aromas del pan horneándose. Y disfruto abrir la ventana y sentir el frío de la noche anterior al amanecer, y la luz que inicia lentamente mientras Abdul sale a cazar en la madrugada sabanera – y vuelvo a dormir, a semi-dormir, a medio-dormir y pienso en las fotos no tomadas (ese gris matutino, esa niebla, ese Abdul, el olor de nuestros cuerpos que me embriaga, la perspectiva de hornear el pan) y no pienso mucho en matemática a esa hora (aunque no es verdad: siempre pienso de alguna manera en algún fragmento de construcción o de prueba), y retomo etapas remotas de la vida: la presencia de mis padres, su protección, las rupturas con ellos, la salida.

Y arranca el día, semi-igual a todos. No habrá salidas, no habrá viajes, no habrá idas a cine o a restaurantes o a montar en bicicleta. No habrá nada de eso. No habrá salida a jugar a colgarse en las barras del barrio, no habrá ida a caminar/correr con María Clara por las calles de una ciudad. No habrá parada en ninguna tienda. No hay tiendas – o las que hay parecen más refugios de guerra. Carullas con ambiente de cooperativa polaca socialista de las películas (aunque con precios aún más caros que nunca), tiendas de vereda con lo básico, y sobre todo nada de flâner, nada de lingering, nada de detenerse a mirar y comparar frutas o productos: entre el tiempo limitado de salida, el fastidio con tanta máscara y tanto cuidado con cualquier moneda, cualquier roce, cualquier pago con tarjeta, no quedan ganas de mirar muchos productos, comparar, imaginar.

Arranca, pues, el día semi-igual a todos. Hay belleza también en la no-salida, en las vueltas por el pequeño jardín, repetidas igual siempre, corriendo intervalos o caminando y caminando y caminando y contándonos lecturas y sueños y libros. Y parar a tratar de hacer “calistenia” en suelo, difícil (los burpees me dejan los tobillos inservibles) sin las maravillosas barras de los parques bogotanos. Y ver a Abdul por fin libre revolotear entre árboles y tratar de concentrar la mirada y empezar a notar nudos y zarcillos.

Saber que las fotos serán siempre fotos de lo mismo: la comida preparada, la vegetación siempre sorprendente. No serán fotos de ciudad, pues no hay ciudad en este momento. No serán fotos de gente pues la gente no está para fotos – entre máscaras y nerviosismo, cierta tristeza implícita se deja ver en las fotos que ve uno estos días (veía unos videos de gente haciendo ejercicio en la Barceloneta y gente en la playa – nadie se ve muy contento pese a estar en principio en sitios muy ideales).

Entrar a clase en zoom – y aprender a percibir a los estudiantes a través de sus voces, sus dudas, sus frases, sus silencios. Qué difícil. (Pero qué maravilla algunos estudiantes.)

Y odiar zoom al final del día largo. Y agradecer que zoom existe porque ¿cómo habría sido el desayuno tal con amigos en Nueva York sin zoom? ¿cómo habría sido el seminario tal, el curso tal, la reunión de amigos, sin zoom?


De nudos (zarcillos, trenzas, poleas)

El confinamiento trae mucha introspección. Hay muchas ventanas al mundo, en forma de seminarios, clases, conversaciones a veces sumamente interesantes – pero tal vez lo más extraño es la atención a detalles que normalmente uno tiene como secundarios.

En el jardín hay universos enteros. Hace unos días María Clara me pidió que le ayudara a cavar un hueco para enterrar una estaca y lanzar una cuerda, pues una calabaza que nació silvestre se estaba enredando en un peral y lo iba a asfixiar. La idea era que la calabaza se enredara en el hilo y la estaca nuevos.

Nunca imaginé que a los muy pocos días el enredo nuevo de la calabaza iba a ser de ese orden. Tampoco imaginé que en lo que uno podría llamar “gratitud” de manera un poco antropocentrista, la calabaza empezó a arrojar flores y frutos. Y todo en muy pocos días.

Los nudos (y los zarcillos y urilos, trenzas y verdaderas poleas) trazados por la calabaza en meros días han sido aterradores. Si esa planta fuera grande lo podría asfixiar a uno fácilmente.

[Hoy celebramos con unas flores de calabaza rellenas (receta judía romana – se rellenan con ralladura de pan, queso parmesano rallado y anchoa y se sofríen, después de haberlas pasado por un poco de huevo y harina).]


personas / naves / Valéry de nuevo

De nuevo Paul Valéry:

La personne peut se comparer à un vaisseau dont la partie vulnérable et essentielle se trouve sous la flottaison. Ce que l’on voit est œuvres mortes, décoration possible. Les agitations de la mer découvrent en partie les œuvres vives, qui sont ici : la sensibilité des organes vitaux (sympathique et pneumogastrique) et les sources d’énergie profonde, le tout plus ou moins lié à quelques secrets.

C’est là ce que guette et vise son ennemi intelligent.

Paul Valéry – Mélange – Instants ed. Pléiade Œuvres I p. 393.

Y de nuevo traduzco al vuelo:

La persona puede compararse con una nave cuya parte vulnerable y esencial se encuentra bajo la línea de flotación. Lo visible son obras muertas, decoración posible. Las agitaciones del mar revelan parcialmente las obras vivas, que en este caso son: la sensibilidad de los órganos vitales (simpático y neumogástrico) y las fuentes de energía profunda, todo eso atado en mayor o menor grado con algunos secretos.

Es esto lo que acecha y apunta su enemigo inteligente.

dreams / wax (unstructure)

Now the dream was near a river – unfortunately a polluted river. We were with Jaime and María Clara, with several other people. Swimming naked with people who normally one wouldn’t imagine skinny dipping. It was somehow related to the pandemia, to having gone back. Awareness of the pandemia was inside the dream, somehow. And the return to swimming in public had somehow made people shed swimsuits. It felt natural and obvious and was part of our internal changes. The only thing that seemed odd in that dream was the pollution in the river. Otherwise it would have been great.


I wrote dram instead of dream. Dram is a measure – of alcohol quite often. It is also dynamic random access memory. And also an abbreviation of dramatism.


When I woke up I didn’t quite wake up. I mean, I stayed in a sort of semi-dreamy semi-awake state. A sense of strong lack of structure in my mind pervaded me, and I enjoyed it. It felt as if I had become a kind of floating wax, with no structure whatsoever. (I thought about the state one should reach with meditation, with yoga – a state I very seldom attain. I enjoyed not having structure, just being like a wax block about to melt.)

Valéry, y la mirada a las cosas

Un regard charitable

Que de choses tu n’as même pas vues, dans cette rue où tu passes six fois le jour, dans ta chambre où tu vis tant d’heures par jour. Regarde l’angle que fait cette arête de meuble, avec le plan de la vitre. Il faut le reprendre au quelconque, au visible non vu — le sauver — lui donner ce que tu donnes par imitation, par insuffisance de ta sensibilité, au moindre paysage sublime, coucher de soleil, tempête marine, ou à quelque œuvre de musée. Ce sont là des regards tout faits. Mais donne à ce pauvre, à ce coin, à cette heure et choses insipides, et tu seras récompensé au centuple.

Paul Valéry – Mélange (Instants) – p. 383 ed. Pléiade

Va una traducción al vuelo del pasaje valeriano:

Una mirada caritativa

Cuántas cosas has dejado de ver, en esta calle por la que pasas seis veces diarias, en tu cuarto donde vives tantas horas cada día. Mira el ángulo que forma este borde de mueble con el plano del vidrio. Hay que arrancárselo a lo banal, a lo visible no visto — salvarlo — darle aquello que das por imitación, por insuficiencia de tu sensibilidad, al mínimo paisaje sublime, atardecer, tempestad marina u obra cualquiera en un museo. Esas son miradas ya trilladas. En cambio, dale a ese pobre, a ese rincón, a esta hora y estas cosas insípidas, y serás recompensado cien veces.

texture of life

Boiling milk, making arepas for Easter Breakfast with Roman and Wanda, making cream cheese, baking a (small!) chocolate cake, grinding pork rinds, chopping onions, sharing our breakfast on zoom with Roman and Wanda, watching Abdul walk into the playful light, escaping into the shadows of the garden, participating in an art event hosted by Miri Segal (on zoom, of course) in Tel Aviv, collecting fruit, watching organic-looking patterns on the drying (recycled and washed) plastic bags, watching time slip by, talking to a friend on zoom…

What else is there?

Amaneceres

Todo esto ha cambiado fuertemente nuestro horario de sueño. Mucho más temprano todo: colapso nocturno, despertar. Abdul siempre nos despierta a las 4:30 o 5:00, pero ahora es mucho más común no limitarme a darle la comida a esa hora sino despertar y mirar el amanecer.

Se convierte todo en un tema de percibir luz, hojas frecuentemente trémulas, ires y venires de especies de aves, saltos de frecuencia vitales, sombras extendidas y refractadas, tálamos mentales y sueños esparcidos.

Y ese momento de dolor compartido al despertar – y preguntarse por un segundo a dónde va todo esto – antes de arrancar un nuevo día de cursos en zoom o meet, de escrituras al viento, de seminarios online, de intento de guiar a quienes tal vez ya se saben guiar, e intentos de andar hacia adelante a pesar de la sensación brutal de ausencia de futuro (o de peligro en este).

Notas de voces internas (como las de ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639) parecen dar claves…

tres días en ese otro mundo / crónica en reverso

No es fácil hacer crónica de este momento. Lo que he visto hasta ahora corre como hojas llevadas por el viento: ya el ensayo de Arundhati, que hace menos de un mes era de lo mejor para describir la época, es obsoleto y avejentado. Y eso sin hablar de los mil veces más obsoletos y avejentados “ensayos” de Zizek, Han y demás señores comentaristas de la época (no quiero [ab]usar de la palabra llamándolos filósofos).

Examino días anteriores. Solo tres días anteriores. Y lo que veo sirve (al menos para mí) como una especie de crónica en reverso – mal cronicada, obviamente, sin ningún intento de control temporal. (Sí, parece que no logro hacer nada por ahora con el maravilloso curso de Sinar… ese curso de crónica en la segunda semana de marzo, en un pasado que parece casi tan remoto como la infancia mía…)


Va entonces ese autoexamen / (pseudo-)crónica en reverso.

Cada vez gente más cercana… un amigo y profesor de Jouko, en Noruega.
Esto obviamente no es posición oficial en muchas universidades. Pero se está discutiendo seriamente.
De un curso que me trae felicidad.
Y de lo más bello que uno puede ver: cine de Pasolini.
Simple y obvio. Pero hay que decirlo. Los políticos no entienden este hecho simple.
Claro, la digitación es difícil. Pero la transcripción de Kempff es buena y se deja. Las voces internas son – me decía alguien – como la voz del corazón de uno mismo. He sentido que me congelo por dentro, de verdad.
Ole sí, qué mamones. Por mí que los estudiantes estén en su bañera (si es que tienen) o felices en su cobija con un buen café. Si les pregunto y contestan algo razonable tengo más que suficiente. ¿Por qué será que hay gente tan insensible?
Bueno, esto se aplica a tantas cosas… Es una de las razones que me han llevado a donde estoy – para mi propia incomodidad y felicidad.
Fernando Zalamea ha sido un amigo, casi un hermano mayor, en estas circunstancias. Ir a sus clases de los miércoles ha sido increíble, y participar de las tertulias con él y con Alex Cruz. Es ejemplo de cómo ir guiando a la nueva generación, exigiendo mucho y a la vez siendo brutalmente generoso. Al leer su mensaje a los alumnos, veo que Fernando entiende seriamente la gravedad impresionante de este momento, nuestra a la vez ínfima capacidad de acción real e infinita responsabilidad.
(Alguien así requiere una universidad muy libre y muy seria.)
Otro. No llevo bien la cuenta. Pero es duro ver esto.
Purcell, Dido and Aeneas. Esta versión es maravillosa. – Tengo un recuerdo muy bello del concierto de Alfonso Correa con esa orquesta de estudiantes de la Universidad de los Andes – que tocaban violín con vibratos decimonónicos muy chistosos. Parece que Alfonso les estuvo tratando de explicar cómo era la cosa en tiempos de Purcell…
Sí: L¹_\kappa.
Una charla preciosa – otro de esos momentos nuevos increíbles.
Obviamente insuficiente. Pero por fin se están espabilando las empresas de este país.
Este tuvo muchos retrinos, muchísimos likes. Creo que todo el mundo, en medio de esta pandemia, cree alguna variante de esta frase.
Toca hacerle algo de propaganda a la versión virtual de nuestras tertulias…
Yo no debería quejarme por la propaganda gratis que le hacen al senador (y precandidato) Petro. Menos ahora que está en situación difícil. Aunque miles de veces me ha parecido una persona afectada por un gran ego, también me parece que en la campaña de 2018 era el único candidato que parecía entender que ya no estamos en el siglo XX, el único que trajo problemas serios del país y del mundo. Que tenga ego inflado es mamón. Pero de verdad, no hay mucho más. Ojalá llegue algún día a la presidencia, o llegue alguien por lo menos tan bueno.
ah… el sabor dulzón de los tomates cocinados en pancetta…
cada cierto tiempo, esos números – y las imágenes horrendas

No sé cómo veré más adelante esta época. Alguien preguntaba si era una época feliz, y pues a quienes dijeron que sí les cayeron (pues claro: no es una “época feliz”; es una época muy difícil y triste en muchos sentidos). Pero que tiene momentos felices, pues claro que los tiene. De hecho, este minimalismo de no viajes, no salgas, no corras, no montes en bicicleta nos ha obligado a todos a buscar el momento simpático por donde esté. ¡Pero cómo me hace falta la bicicleta, sí!

Construcción de un mapa

(De las lógicas existentes y posibles)

La idea inicial del curso es armar un mapa de las lógicas, de todas las que alcancemos, colectivamente, a lo largo del curso. Arranqué con un mapa inicial y la idea es modificarlo a lo largo del semestre junto con los estudiantes.

Para lograr algo así decidí tener un Eje Central (lógica sobre topos, basado vagamente en una mezcla de Lurie, Caramello y Baez – ellos muy basados en MacLane y Moerdijk y en Makkai y Makkai-Reyes) y hacer la mitad del curso (los martes usualmente) sobre ese Eje Central. Y el resto (lógica infinitaria, continua, no monotónica, difusas, de Gödel, intuicionista(s), etc.) los estudiantes los van exponiendo. Y vamos armando entre todos el mapa. Ya han pasado cosas que me han hecho revaluar cosas que creía en febrero sobre esos temas.

Veremos cómo nos va con eso…

a (relatively brief) pause

Frankly, if an educational system (and for that matter, an economy, democracy, society) is so delicately balanced that it can’t take a (relatively brief) pause to keep people physically and emotionally healthy, then it is fundamentally broken.

Gordon Brooks

(Muy de acuerdo [excepto con incluir la democracia en esa lista]. En algunas sociedades antiguas dejar reposar la tierra un año de cada siete [el sabático], un día de cada siete [el shabat], etc. era algo fundamental. Nuestro mundo, nuestra economía, nuestra sociedad, nuestro sistema educativo, olvidaron eso y ahora están obligados a redescubrirlo, a las malas.)

They are going through history, live!

Sifting through the mass of phrases, essays, long thoughtful (and not very thoughtful) pieces, one finds some sentences that clarify the picture. A sip of clear water in the middle of so much mud.

One such sentence was a comment by Bernardo Recamán to a facebook post of an NPR piece titled “4 In 10 U.S. Teens Say They Haven’t Done Online Learning Since Schools Closed”. Going beyond the details, the massive reasons (technological, cultural, sociological, psychological, economic) why in the United States (where online education has been seriously pushed and where one would think resources are not a problem) almost half the students are not following their online classes, Bernardo’s reply was perfect:

They are going through history, live!

Yes, absolutely. And we as faculty need to remember that and (hopefully) make some good use of this. Students worldwide are going through history, live, to a degree we older people only vaguely fathom.

at this point …

… too much writing, too much wringing, too many possibilities these days …


Perhaps the young ones will know in their skin they can actually stop the world if need be! (I heard this on a zoom cocktail party with colleagues. I agree. I hope.)


Best understatement so far: Ayhan’s message.


Some images of our complete exhaustion (from confinement, from repetition, from …):

time / timelessness (or our eye / through a lens)

Much has been written on the way cameras enabled a shift in visual perception, a major change in the way we understand what is perceived, what is focused upon, what is not. Two centuries of experimentation with cameras (preceded by more centuries of peepshow rooms and lens craft in the Netherlands) have perhaps given a crushing amount of material, of photographs, of perception traces. Watching carefully the work of Atget, of Kertész, of Talbot, of Cameron – to name randomly just four towering figures whose work, whose experimental work with perception is still fresh-looking today – may give the impression that all possible roads with respect to perception (and the lens, and the camera) have been taken.

Yet. Yet sometimes the light of a sunset (like a few minutes ago in Chía) or a visit to a new city or perhaps a combination of skin perceptions – the wind mixed with the light, the water overpowering and towering above – may radically open up new thirst for more perception experimentation.

This very thing happened about an hour ago, here in Chía, when the sun setting created a light infusion into boundaries of trees that somehow seemed fresh. Then I started (again) playing with time, with passing time, with perception of movement and stillness with open camera.

At some point, after the 5” exposures of myself – a thin hand, a vanishing presence – I went back to the mountain perception.

Meanwhile, while the photographs load (internet is very slow in Chía), I reread Felix Klein’s amazing chapter on automorphic functions…