sonata / sine materia

Uno de los pasajes más famosos es la primera descripción de la sonata de Vinteuil. Lo increíble es que después de unas páginas que van armando un escenario muy social, muy lleno de interacciones, frases implícitas y explícitas – el mundo del logos y del contacto, llega una melodía del andante de esa sonata y logra desprender por completo a Swann de su mundo de salón y lo lleva (con uno) a un terreno de sensualidad, de recuerdo, de enamoramiento brutal y de nuevo muy cargado de erotismo, muy tenso y muy tierno a la vez.

Se trata de algo que a priori hubiera debido ser transaccional, hubiera debido ser banal: en una reunión social en el salón de Madame Verdurin, entre gente muy pendiente de pequeñeces, termina un pianista tocando un pasaje de una obra que Swann reconoce. La reconoce sin conocer su nombre; la reconoce porque la había escuchado el año anterior. Y empiezan unas páginas increíbles en que el amor de Swann por una frase musical, por sus volutas y subidas y luces, florece y cobra vida como si fuera amor físico por otra persona. Proust logra elevar una frase musical de una sonata semi-desconocida para Swann al rango de una persona que genera en él una pasión brutal.

Lo más interesante es que mientras la escucha sabe que conoce la frase pero no la puede ubicar, no sabe de qué obra es. Tal vez por eso es tan poderoso el pasaje.

D’abord, il n’avait goûté que la qualité matérielle des sons sécrétés par les instruments. Et ç’avait déjà été un grand plaisir quand, au-dessous de la petite ligne du violon, mince, résistante, dense et directrice, il avait vu tout d’un coup chercher à s’élever en un clapotement liquide, la masse de la partie du piano, multiforme, indivise, plane et entrechoquée comme la mauve agitation des flots que charme et bémolise le clair de lune. (…) Peut-être est-ce parce qu’il ne savait pas la musique qu’il avait pu éprouver une impression aussi confuse, une de ces impressions qui sont peut-être pourtant les seules purement musicales, inétendues, entièrement originales, irréductibles à tout autre ordre d’impressions. Une impression de ce genre, pendant un instant, est pour ainsi dire, sine materia. Sans doute les notes que nous entendons alors, tendent déjà, selon leur hauteur et leur quantité, à couvrir devant nos yeux des surfaces de dimensions variées, à tracer des arabesques, à nous donner des sensations de largeur, de ténuité, de stabilité, de caprice. Mais les notes sont évanouies avant…

(En traducción mía: Al principio solo había degustado la cualidad material de los sonidos emanados de los instrumentos. Y ya había sido un gran placer cuando, bajo la pequeña línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, había visto de repente buscar subir en un chapoteo líquido, la masa de la parte del piano, multiforme, indivisa, plana y entrelazada como la malva agitación de las olas que encanta y matiza el claro de luna. (…) Tal vez es porque no conocía esa música que pudo vivir una impresión tan confusa, una de esas impresiones que tal vez sin embargo son las únicas puramente musicales, inextensas, enteramente originales, irreducibles a cualquier otro orden de impresiones. Una impresión de ese estilo, durante un instante, es por así decirlo, sine materia. Sin duda las notas que entonces escuchamos tienden ya, según su altura y su cantidad, a cubrir ante nuestros ojos superficies de dimensiones variadas, a trazar arabescos, a darnos sensaciones de amplitud, tenuidad, estabilidad, capricho. Pero las notas se desvanecen antes…)


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Una esquina en el barrio de Talbyeh, Jerusalén. Verano de 2017.

(cine superpuesto) superpuesto

Anoche fuimos a la Cinemateca a comer. Queda justo al frente de la Ciudad Vieja – en realidad con un valle intermedio (el del Hinón, también conocido como la Gehena). Después fuimos a dar una vuelta por la Ciudad Vieja. Un lugar difícil y maravilloso. Todo lo contrario a un museo, a una de esas ciudades preciosas europeas que ya no tienen vida fuera del turismo. La Ciudad Vieja de Jerusalén está completamente viva, es tan preciosa como las ciudades más bellas de Europa pero tiene ese elemento extra que la hace a la vez dificilísima e interesantísima: cada metro cuadrado sigue ocupado por gente de verdad, por gente que quiere estar ahí o no soltar lo de generaciones atrás o no soltar lo recientemente tomado. No conozco otro lugar con tantas capas superpuestas y aún vivas. Eso hace que sea difícil visitarla – la historia sigue sucediendo, y cometer un error (o ser víctima de una simple confusión) en la Ciudad Vieja se puede pagar muy caro. Por otro lado, es el corazón vibrante de toda la ciudad grande, de todo el país, de todo el Medio Oriente casi. Visitarla es difícil y arriesgado (mientras más conoce uno más sabe lo peligroso que puede ser), no visitarla sería absurdo.

En una plaza llamada Muristán en plena mitad del trozo cristiano de la Ciudad Vieja (o sea árabe cristiano superpuesto con griego, superpuesto con sirio con uno que otro francés católico o anglicano inglés, uno que otro irlandés, rastros de rusos y uno que otro edificio etíope) les dio por hacer proyección gratuita y al aire libre de la película Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore – dentro del contexto del Festival Internacional de Cine de Jerusalén – al lado del cine más experimental o más de festival hacen proyecciones más “suaves” para la gente, gratuitas, y en espacios diferentes de la ciudad.

La superposición resultó divertidísima. Muristán es una plazuela en la zona árabe, repleta de niños corriendo, de madres que los persiguen, de discusiones familiares, de niños judíos en bicicleta que viven por ahí cerca – todo mezclado con gente de Jerusalén occidental, de los comerciantes. La plazuela siciliana de Cinema Paradiso en los años 40 y 50 era así también – la arquitectura es similar. Era curioso ver en una plaza árabe del siglo 21, con público mezclado (niños, madres, vendedores de helados, gente del festival de cine, árabes, judíos, turistas) las proyecciones de ese mundo siciliano en otra plaza, con momentos en que también proyectan afuera en la plaza, con los gritos sicilianos – las expresiones tan árabes en Sicilia – y ver esos niños de tres o cuatro años corriendo y tan parecidos finalmente al Totò de la película.


N.B.: La versión que pasaron era el “corte de director” de Cinema Paradiso. No recordaba tantas escenas de sexo (de juventud siciliana) en la versión oficial que había visto en Colombia hace muchos años ya. Era un poco extraño ver esas escenas proyectadas a un paso del Santo Sepulcro – Muristán es la plaza casi justo al lado, con los patriarcas rusos y griegos, los monjes etíopes, las monjas francesas, las viejitas rezanderas del Egeo. Pero de alguna manera todo quedaba ahogado entre los gritos de los helados, los niños jugando con sus patinetas. Parejas sicilianas probando por primera vez el sexo proyectadas arriba, la vida real abajo – y los monjes y patriarcas por allá en sus celdas del Santo Sepulcro…

cierre de I, II en dcdcS

Es como un atardecer larguísimo, con el sol pintando todo y cerrando un día de verano intensísimo. Es el final de capítulo (de primer libro) más impresionante que uno puede imaginar, con retoma de todo lo esencial en un vendaval que empieza a girar y proyectar la memoria hacia el futuro, y tiñe todo lo vivido durante el largo día de una luz distinta, malva, dorada, oscura a la vez, el inicio de la noche. Así me parecieron esas tres o cuatro páginas finales de I, II en Du côté de chez Swann.

Es además el final del capítulo de infancia y adolescencia, de descubrimiento de la sensualidad, de la ensoñación confundida de la niñez (de esa niñez hiperconsentida del narrador proustiano, hiperconsentido y a la vez rodeado de adultos severos), de ese verano inacabable con sus caminatas “de ambos lados” – el lado de Swann, el de Guermantes, de esos personajes míticos como la tía Léonie y su criada Françoise, la ayudante de cocina que parecía de algún cuadro medieval, y las visitas eternas de personajes como Swann. El abuelo y sus innuendos antisemitas cuando llegaba el amigo de infancia Bloch, judío muy joven y muy arquetípico en el relato del judío que era Proust, muy rebelde contra el convencionalismo – esos amigos de fin de la infancia e inicio de la adolescencia que abren tantas posibilidades – pero que terminó desterrado de la casa del narrador en parte tal vez por el antisemitismo velado del abuelo (que sin embargo era amigo de Swann, otro judío), tal vez por su propia actitud tan antiburguesa en medio de esa familia tan pequeño-burguesa.

Aussi le côté de Méséglise et le côté de Guermantes restent-ils pour moi liés à bien des petits événements de celle de toutes les diverses vies que nous menons parallèlement, qui est la plus pleine de péripéties, la plus riche en épisodes, je veux dire la vie intellectuelle. Sans doute elle progresse en nous insensiblement et les vérités qui en ont changé pour nous le sens et l’aspect, qui nous ont ouvert de nouveaux chemins, nous en préparions depuis longtemps la découverte ;  mais c’était sans le savoir ;  et elles ne datent pour nous que du jour, de la minute où elles nous sont devenues visibles. Les fleurs qui jouaient alors sur l’herbe, l’eau qui passait au soleil, tout le paysage qui environna leur apparition continue à accompagner leur souvenir de son visage inconscient et distrait ;  et certes quand ils étaient longuement contemplés par cet humble passant, par cet enfant qui rêvait — comme l’est un roi, para un mémorialiste perdu dans la foule —, ce coin de nature, ce bout de jardin n’eussent pu penser que c’était grâce à lui qu’ils seraient appelés à survivre en leurs particularités les plus éphémères … 

Tal vez la clave está precisamente en esos detalles, esas “flores que jugaban sobre la hierba, el agua al paso del sol, el paisaje que ambientó su aparición” lo que permite reconstruir.

Habla también Proust del engaño, de las veces que uno quiso volver a ver a alguien sin darse cuenta que en realidad solo era porque la persona le recordaba un seto de espinas.

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Viento en el Somontano de Huesca – a.v., 2017


El siguiente libro inicia en los salones semi-mundanos, y en el juego sutil de balancines y pesas en que consiste anunciar cosas en sociedad, decir que uno sale con tal persona, que es amigo de tal otro, que tiene recomendación de sutano. El significado no dicho de no asistir a ciertas cenas, o anunciar que no se va, o llegar de repente. La manera como Swann es a la vez negligente con los nobles, se hace el chambón con la gente que considera “superior” socialmente, pero es muy estricto consigo mismo en presencia de los que considera sus “inferiores” sociales; con sus amantes de clases más populares no se permite la misma dejadez que exhibe ante las de clases más altas.

El lugar de la ensoñación, de la percepción pura y directa, de la pura fenomenología primaria (y del campo y el río y los setos de espinas y los rastros dejados por las primeras exploraciones de sí mismo) que era dcdcS I,II ahora es reemplazado por la luz de los salones parisinos, la pequeña intriga social, el saber qué decir, a quién no saludar, a quién sí, de la vida de la ciudad.

Por ahora estoy en adaptación ante ese cambio profundo… 🙂

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Una ciudad: Bogotá, Av. Jiménez. a.v., 2017.

días

Larguísimos. De trabajo – salgo temprano antes del calor fuerte (o sea, antes de las ocho) para ir caminando a través de los dos valles – entre Rejavia y el Museo y luego entre el Museo y la Universidad. Si se me hace tarde ya mejor ir en bus. Y luego considerar mil variantes de la discusión de día anterior, escribir, volver a discutir, ir a charlas. Jerusalén.

A la vuelta (cuando aún hay sol pero la temperatura ya ha bajado) de nuevo caminata (o bus, dependiendo de si hay que llegar rápido). Es dulcísima la temperatura a esa hora. Hoy estaban en el estadio de la Universidad en la XX Macabíada – la Olimpíada judía. Los atletas de muchos países – muchos de ellos también olímpicos – calentando, entrenando, haciendo sprints. Y el altavoz mencionando nombres de atletas de Argentina, Israel, Francia, Estados Unidos, Australia, Turquía, Reino Unido, México, Canadá, Uruguay. No escuché que nombraran a Colombia. El espacio es completamente abierto desde la calle y puede uno ver los grupos de corredores, de saltarines. Una mujer lanzadora de bala, otro grupo de corredores de cien metros. Ver de cerca a atletas olímpicos (bueno, macábicos, pero algunos han sido olímpicos también) siempre es algo muy especial. Supongo que es a nivel del ejercicio el equivalente a ver grandes intérpretes de violín o de piano – o tal vez grandes matemáticos. Como casi nunca ve uno esos cuerpos entrenando, me quedé un par de minutos… y recordé cuando nos llevaron a los de Judo UN a entrenar con los del equipo olímpico cubano en la Liga de Judo de Bogotá. Fue sobre todo a verlos entrenar (de nuevo: algo increíble y muy único) pero en ese caso también hubo unos tres o cuatro randoris “mixtos” entre nosotros y los olímpicos. Recuerdo el susto. Una cubana gigante me calmó – el nivel alto logra infundir una calma en medio del nerviosismo que el nivel medio no consigue. El randori era sobre todo para aprender un poco por contacto breve con los grandes.

Luego, Tmol Shilshom con María Clara, uno de nuestros cafés preferidos del mundo. Y la caminata de vuelta entre mil callejuelas, gatos, olor a flores, jardines.


Como hay tanta cosa durante el día (y es tan intenso todo aquí) prefiero leer un poco de Proust – avanzar un par de páginas – por la noche.

Esta vez es Proust de joven preocupado por no poder atrapar las cosas, no poder lograr nunca su sueño de escribir bien. Recuerda cómo je m’attachais à me rappeler exactement la ligne du toit, la nuance de la pierre qui, sans que je pusse comprendre pourquoi, m’avaient semblé pleines, prêtes à s’entrouvrir, à me livrer ce dont elles n’étaient qu’un couvercle… se preocupaba porque no lograba eso, porque todo le era esquivo, porque en el momento de atrapar el “secreto” de la piedra, de la línea del techo, se le iba. Alors je ne m’occupais plus de cette chose inconnue qui s’enveloppait d’une forme ou d’un parfum, bien tranquille puisque je la ramenais à la maison, protégée par le revêtement d’images sous lesquelles je la trouverais vivante, comme les poissons que les jours où on m’avait laissé aller à la pêche, je rapportais dans mon panier couverts par une couche d’herbe qui préservait leur fraîcheur. La imagen me gusta: traía la cosa desconocida recubierta de imágenes bajo las cuales la encontraría viva, como los peces que los días en que lo dejaban ir a pescar traía en su canasto cubiertos de hierbas para mantener su frescura.

Solo que la mayoría de las veces debajo del recubrimiento de imágenes no había “nada”. Tal vez Proust de joven creía demasiado en que había un algo, una cosa desconocida, cette chose inconnue qui s’enveloppait d’une forme ou d’un parfum, y creía que las imágenes estaban ahí para proteger la cosa. De pronto le faltaba descubrir que la cosa muchas veces es sus imágenes.

 

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Mientras tanto…

… la ciudad fue cambiando. De manera un poco imperceptible. La impresión inicial es que todo está tal como era hace veinte años, cuando vivíamos a dos cuadras de aquí, cuando caminábamos al shuk o al Supersol (que en realidad es Shufersal pero es que en los idiomas sin vocales explícitas siempre hay esos cambios, como en una charla de teoría de conjuntos donde alguien dijo “Kanamura” refiriéndose a Kanamori – pero es que en idiomas semitas las dos palabras son (casi) la misma – fuera de que la f y la p son la misma letra y la sh y la s también casi), cuando cruzábamos el valle de la cruz con su monasterio griego ortodoxo del siglo séptimo yendo a la Universidad, cuando bajábamos por los miles de jardines (sí: árabes y judíos saben transformar el desierto en jardines, como en Granada y sus cármenes o los jardines de la Alhambra – el alcalde actual de Bogotá quiere hacer exactamente lo contrario) hacia la Ciudad Vieja o la Cinemateca…

Sí, todo eso está ahí – y mucho más, pero mientras tanto la ciudad fue cambiando.

El shuk al lado de su mercado clásico que aún está (con sus gritos, su desorden impresionante, su locura) ahora tiene un poco de locales nocturnos muy sofisticados, con cervezas belgas deliciosas, con comida buenísima (y carísima). Como si en Bogotá la zona más zona G de repente se trasladara a Paloquemao (adentro) y la Paloquemao nocturna fuera un sitio con los mejores restaurantes y bares. Pero todo eso conviviendo con la Paloquemao de siempre, con el Shuk Mahané Yehudá de siempre, con su comida de Rajmo (iraquíes que hacen pinchos de hígado de pollo y lo sirven con ensaladas, berenjenas, hummus, limonana-limonada de menta). Todo al tiempo.

El barrio nuestro parece haberse llenado de las mejores panaderías del mundo – con toda clase de productos caseros – pestos, salsas más medio-oriente, todo. Una librería pequeña pero increíblemente buena, a dos cuadras de aquí: אדרבא. Adrabá. Adrabá es una palabra en arameo que significa (me explicaba en hebreo ayer el dueño / hebreo salpicado de inglés para poder entender matices), si entendí bien, una técnica talmúdica de usar el argumento del adversario para probar la tesis que uno quiere. Se dice “adrabá”. Pero se usa en situaciones como cuando alguien pide indicaciones en la calle y uno en vez de explicar va y lleva a la persona – se dice también “adrabá”. Un poco como un salto epistemológico con permutación incluida. (Aún no he aprendido a usar la palabra, pero seguramente la escucharé por ahí.)

Como la gente habla tanto, como hay tanta discusión, interacción, uno va cogiendo palabras al vuelo, rápidamente. Como son tan impacientes los jerosolimitanos terminan completando las frases que uno inicia y así aprende uno – aunque a veces le toca corregir pues las completan mal. Pero aprender idiomas así es muy interesante (y agradable). Claro, si sucede mientras el chofer de bus está discutiendo con uno, impaciente, girando en calle estrecha, recogiendo pasajeros, contando la plata, y a la vez vendiéndole a uno la tarjeta de diez viajes, todo al tiempo con tráfico y miles de peatones y ciclistas… pues puede ser un poco “tiempo real acelerado” el curso. Inmersión.

Inmersión – ah sí, la calentadora de agua tiene un letrero “אין לטבול במים”. Ein litbol be-maim. Adivino qué quiere decir, pues אין es una negación y במים es “en agua”. Es obvio que quiere decir “no sumergir en agua”. Pero no conocía el verbo sumergir, לטבול, litbol. Sin embargo, es obvio que la palabra árabe tabule es la misma, tiene que ser la misma raíz, tabal, tabel, litbol. Y claro (verificado en internet), tabule es eso, un “sumergido”, un “inmerso”. Un “dip”.

(Pero cómo suena de desabrido decir que uno va a preparar un “dip” comparado con decir que uno va a preparar un “tabule”, aunque signifiquen exactamente lo mismo.)

Así es casi todo el tiempo. Una extraña inmersión repleta de permutaciones de letras o significados superpuestos, como adrabá o litbol/tabule. Un paso imperceptible del hebreo al árabe o al arameo – y a veces por extensión al español cuando la raíz es árabe. No sé si tabal, litbol, tavlinim (las ensaladitas locales que ponen siempre como entrada en los restaurantes, de nuevo la misma raíz – berenjenas encurtidas o ahumadas, tajine, hummus, pescado encurtido, mil cosas más) tienen una palabra derivada directa en español. Podrían tenerla pero uno no se da cuenta (como me explicaba el Rav Juan Mejía con la palabra fulano).

Jerusalén siempre extrema: por un lado, a 40 grados antier a las dos de la tarde fuimos a almorzar después del seminario de teoría de conjuntos al shuk, y pasaban ortodoxos con trajes negros apropiados para el invierno báltico, sin hacer la más mínima concesión al hecho de que no están en Lituania en 1750 sino en el Medio Oriente en 2017. Y el mismo día, no muy lejos de ahí, me contaba María Clara que pasó por el parque un joven corriendo casi desnudo: tenía solamente unos calzoncillos “g-string”, de esos que son una cuerdita no más atrás y dejan las nalgas al descubierto. Eso, en la misma ciudad de los ultraortodoxos, y seguramente corriendo al lado de varios de ellos (los jóvenes ultraortodoxos van al parque también, con sus cuerditas colgando, sus sombreros o kipás – las jóvenes con sus pelucas y faldas largas y muchos niños). Lo interesante es que en espacios como ese gran parque, nadie parece inmutarse con que estén al lado el corredor casi desnudo y las familias ultra-ortodoxas – y los demás (en otros sectores de la ciudad sí).

Y mientras tanto…

Ruralidades

Con Marcos, un señor maravilloso que trabajaba la tierra en Chía (murió hace tal vez veinte años) a veces hablábamos. Tenía la cara absolutamente cuarteada por la intemperie, como papel doblado – ojos rasgados del altiplano cundiboyacense. Podría haber sido alguna escultura de papel japonesa, plegada y replegada como origami hasta dar con su expresión de cara.

Una vez en 1991 fui a tomar un curso de Teoría Descriptiva de Conjuntos en Mérida, en los Andes venezolanos. Fuimos con María Clara – nuestra primera salida juntos fuera de Colombia. Al contarle a Marcos que nos íbamos lejos, a otro país – Venezuela – por unas tres semanas, no dijo nada. Luego resolvió que nos habíamos ido “a Europa” (le dijo a alguien). Para él, que probablemente nunca en toda su vida salió de Cundinamarca o tal vez Boyacá, la noción de “Mérida, Venezuela” era remota, como la noción de “Europa”. (Aunque los valles arriba de Mérida se parezcan tanto a Boyacá y Cundinamarca… pero eso no lo sabía Marcos, ni importaba que lo supiera. Mérida era esencialmente “Europa” pues era lejana, y remota, otro país.)


Recordé a Marcos porque en Europa nos volvió a pasar lo mismo hace unos pocos días. Casi igual.

Estábamos en Huesca, una capital provincial en Aragón, España. Fuimos en parte por la presencia del CDAN allá – un museo de arte contemporáneo muy interesante – y Centro de Investigación en Arte y Naturaleza. Con edificio impresionante de Moneo, con materiales de investigación aparentemente excelentes.

Fuera de eso, una ciudad chiquitica – como Zipaquirá tal vez.

Pero no nos quedamos en Huesca: decidimos quedarnos en una casa que conseguimos en las afueras, como a media hora de la “ciudad”. La idea era explorar un poco la región desde ahí. Pero terminamos hablando con los pocos campesinos que aún quedan (en ese país que parece haber sido atrapado por una crisis económica aterradora).

En un lugar de carretera en el que paramos, que parecía un parador de lechona por allá en el Tolima – solo que ofrecían asados de esa región – los campesinos, labriegos almorzaban, todos sudados, con camisa de trabajo, con su español de Aragón brutalmente áspero.

Me preguntaron de donde era, y dije inicialmente “de lejos”. Me dijeron “¿de Huesca?”. Yo dije “no, un poco más lejos – de Colombia”. “Ah…”. No hay mucho qué decir. Creo que para la gente de esos pueblos de Aragón, como para Marcos en Chía, la noción de “Huesca” evoca “gran ciudad”, gente que se viste “como nosotros”, gente que aparece en los paradores de carretera y no conoce los usos locales. Que sea Huesca o más allá (incluida Colombia) les dará lo mismo: estamos en la clase de equivalencia de los “urbanos”. Me pasó dos veces, en dos regiones rurales distintas. Al ver que claramente no éramos de ahí les llamaba la atención tal vez el hablar raro, y lo ubicaban (correctamente) en alguna ciudad. Huesca está bien.

Contenant et contenu

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El Báltico en Helsinki – 2015

“Je m’amusais à regarder les carafes que les gamins mettaient dans la Vivonne pour prendre les petits poissons, et qui, remplies par la rivière, où elles sont à leur tour encloses, à la fois « contenant » aux flancs transparents comme une eau durcie, et « contenu » plongé dans un plus grand contenant de cristal liquide et courant, évoquaient l’image de la fraîcheur d’une façon plus délicieuse et plus irritante qu’elles n’eussent fait sur une table servie, en ne la montrant qu’en fuite dans cette allitération perpétuelle entre l’eau sans consistance où les mains ne pouvaient la capter et le verre sans fluidité où le palais ne pourrait en jouir…”

Este pasaje (Du côté de chez Swann, I, II, p. 166 en Pléiade) evoca la dualidad entre contenedor y contenido pero muy proustianamente genera ambigüedad y hace del contenido el contenedor a su vez – en un juego infinito de percepción: me gustaba mirar las jarras que los chicos ponían en la Vivonne para atrapar pescaditos, y que al ser llenadas por el río, en el cual a su vez estaban sumergidas, a la vez “contenedores” con bordes transparentes como un agua endurecida, y “contenido” sumergido en un contenedor más grande de cristal líquido y corriente, evocaban la imagen de la frescura de una manera más deliciosa y más irritante que como lo hubieran hecho sobre una mesa servida, mostrándolo solamente en fuga en esta aliteración perpetua entre el agua sin consistencia donde las manos no podían captarla y el vidrio sin fluidez donde el paladar no podría gozar…”.

Uno de los temas que me interesan mucho hoy en día por razones puramente matemáticas y también por razones filosóficas conectadas con las anteriores, es la ruptura de la sintaxis, la manera como la semántica a priori determina la sintaxis, la manera como una a su vez determina (o no) la otra. Obviamente el teorema de Presentación de Shelah es un ejemplo de esto, pero hay mucho más (lógicas implícitas, maximalidad, etc.).

Esta descripción de las jarras de Proust, con textura casi fluida del vidrio y casi rígida del agua, y con la alternación entre contenido y contenedor, me parece impresionante.

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El Pilar, Zaragoza – reflejado en el río Ebro – 2017

Proust: traducción, descuadre y deseo

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Proust en 1887 – Foto: Nadar.

En un momento dado Proust acelera la prosa y se asoma de manera un poco jadeante a algo muy sensual, muy erótico, muy precioso. En su recuerdo está tratando de explicarse a sí mismo el descuadre que hay entre los hechos y lo que esperamos (I,II, p. 146 en Pléiade) — les faits ne pénètrent pas dans le monde où vivent nos croyances, ils n’ont pas fait naître celles-ci, ils ne les détruisent pas ; ils peuvent leur infliger les plus constants démentis sans les affaiblir, et une avalanche de malheurs ou de maladies se succédant sans interruption dans une famille, ne la fera pas douter de la bonté de son Dieu ou du talent de son médecin. Como que lo que creemos siempre se superpone a los hechos, como que los opaca y nos permite seguir viviendo. Hasta ahí no hay gran sensualidad, no hay necesariamente ese acercamiento visceral a las cosas que sí sigue después. Un poco más adelante se acerca (p. 153 en Pléiade): La plupart des prétendues traductions de ce que nous avons ressenti ne font ainsi que nous en débarrasser en le faisant sortir de nous sous une forme indistincte qui ne nous apprend pas à la connaître. De alguna manera, preocupado por buscar lo que hemos percibido, lo que hemos sentido – y cómo las supuestas traducciones de esto nos engañan. Sigue en ese tono (p. 154): … les mêmes émotions ne se produisent pas simultanément, dans un ordre préétabli, chez tous les hommes… El descuadre entre lo que sentimos todos los seres humanos lo lleva al recuerdo de una obsesión de juventud: encontrarse con una campesina pero cuando no estuviera el abuelo con él, y de alguna manera (soñada) forzar su presencia, besarla, olerla. El momento nunca cuadra, la ocasión nunca se da. Proust lleva el recuerdo a la superposición del paisaje a la campesina (en francés palabras más cercanas: paysage/paysanne) y logra otra de esas maravillas: evocar el deseo de adolescencia por la campesina con las caricias, la sensualidad, el placer sexual buscado, pero creíble solo cuando completamente superpuesto al entorno: connaître à Paris une pêcheuse de Balbec ou une paysanne de Méséglise c’eût été recevoir des coquillages que je n’aurais pas vus sur la plage – de alguna manera la pescadora es el mar de Balbec (y no las calles de París), la campesina es las flores del pueblo, los árboles después de la lluvia donde las evoca, las hierbas. De otra manera no funciona el recuerdo, y tal vez no funciona la realidad.

La sensualidad del recuerdo, el brotar del deseo en el adolescente, el resurgir del deseo en el escritor maduro que cuenta y recuerda y revive, todo eso converge en la descripción de sus masturbaciones de adolescente: … comme un seul confident que j’avais eu de mes premiers désirs, quand au haut de notre maison de Combray, dans le petit cabinet sentant l’iris, je ne voyais que sa tour au milieu du carreau de la fenêtre entrouverte, pendant qu’avec les hésitations héroïques du voyageur qui entreprend une exploration ou du désespéré qui se suicide, défaillant, je me frayais en moi-même une route inconnue et que je croyais mortelle, jusqu’au moment où une trace naturelle comme celle d’un colimaçon s’ajoutait aux feuilles du cassis sauvage qui se penchaient jusqu’à moi…”

… como un confidente solo que había tenido de mis primeros deseos, cuando en lo alto de nuestra casa de Combray, en el pequeño gabinete que olía a iris, no veía yo más que su torre en medio del cristal de la ventana a medio abrir, mientras que con las dudas heroicas del viajero que inicia una exploración o del desesperado que se suicida, desfalleciente me abría en mí mismo una ruta desconocida y que creía mortal, hasta el momento en que un rastro natural como el de un caracol se agregaba a las hojas de grosella silvestre que se inclinaban hasta mí…

Proust destila en ese pasaje la soledad, el calor, el olor (del iris aparentemente símbolo fuerte a nivel sexual), la vista a través de una ventana a medio abrir, el ramaje de otra planta, y la memoria de la excitación sexual que culmina en el rastro como el de un caracol, “agregado a las hojas”. En otro de sus libros (Contre Sainte-Beuve) el pasaje es similar pero culmina de manera más explícita: “… L’exploration que je fis alors en moi-même, à la recherche d’un plaisir que je ne connaissais pas (…) enfin s’éleva le jet d’opale, par élans successifs, comme au moment où s’élance le jet d’eau de Saint-Cloud…” En busca de un placer que no conocía, la exploración de mí mismo, y por fin el chorro de ópalo, en impulsos sucesivos, como cuando se lanza el chorro de agua en Saint-Cloud. No sé las fechas, pero supongo que esta última descripción del momento de éxtasis le pareció ya demasiado explícita al propio Proust. La traza del colimaçon es simbólica y suficientemente talismánica, tal vez.

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Huesca, Aragón – 2017

Proust no era ningún tímido a la hora de abordar temas sexuales, por lo menos los temas “oficiales” de su época. Si en la Recherche lo hace de manera figurada y menos explícita que en Contre Sainte-Beuve, supongo que es por su consciencia de la complejidad, por un afán de suprimir lo más obvio, las interpretaciones más directas. La superposición (que explora de manera exquisita el autor del blog Libellules) de temas como la madre, la madeleine, las flores, el despertar sexual, lo prohibido, el deseo, el recuerdo es la complejidad de la vida. Proust no encasilla nada, no cae en esa estupidez increíble de nuestra época que todo lo quiere rotular, a todo le quiere atar un rótulo y un número (para no tener que pensar, creería uno) y se limita (?!?) a describir la complejidad de la superficie del mundo, que de una madeleine de un niño chiquito disuelta en un té se permite libremente (pero con participación activa del lector) pasar al olor de la madre, al olor de las flores en una torre (aparentemente en esa época las criadas subían a esas mansardas las bacinillas repletas de la mierda de los dueños de casa antes de llevarla fuera; ponían flores secas para mitigar el olor – pero ese dato no hace más que aumentar la red compleja de asociaciones), al iris, al jadeo y la traza de semen evocada por su similitud con la traza del caracol, al recuerdo del escondite y las campesinas y los paisajes y el mar y las conchas, al mundo entero. Sin casillas ni simplificaciones (ya escribir estas notas personales es una gran simplificación de algo mucho más complejo).

Recordé (al pensar en lo directo que podía ser Proust) un episodio que cuenta Alain de Botton en su libro sobre Proust (ese libro no vale la pena; o vale la pena solo si uno también lee a Proust; hay que ir a la fuente original y no a la literatura secundaria): Proust en una carta a su abuelo escrita en 1888 le pide 13 francos. Los 13 francos son 10 para pagar la visita a un burdel, 3 para pagar una vasija que rompió en su visita previa — que no surtió el efecto que quería: abandonar su masturbación excesiva (lo que él mismo describe a su abuelo como mes mauvaises habitudes de masturbation). Le cuenta a su abuelo que su papá le había dado antes 10 francos para ir al burdel para que se le quitara la “mala costumbre” pero en su nerviosismo rompió la vasija y no pudo completar su visita. Le dice a su abuelo que es urgente poder completar la visita y por eso le pide esa plata. A mí me impresiona el tono tan sencillo de la carta, su candor y su tono directo y llano. Completamente opuesto al tono atormentadísimo/católico irlandés del Joyce del Retrato del artista adolescente. Aunque el (muy) joven Proust usa la expresión “mauvaise habitude”, no hay ningún tono de culpabilidad católica – lo que sí deja percibir es cierta pena con el papá, razón por la que decide acudir a alguien distinto (pero además le dice que iba a hablar con un tal Monsieur Nathan pero la mamá fue la que le dijo que le escribiera al abuelo).

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Aunque el tono en la Recherche es mil veces más sofisticado y repleto de capas de significado, el tono de la carta al abuelo deja ver un poco cómo escribía a los 16 años ese personaje impresionante.

Libros a 1440 msnm en el trópico

Esto les ocurre:

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La carátula prometía (a pesar de los tres huecos):

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Pero aparecen estos seres (casi un comentario de la naturaleza/los gorgojos sobre el contenido de esa página):

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Y estos otros (¿tejido intertextual armado por un gorgojo?):

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No se pueden dejar esos libros ahí. Este lo tomé de un estante – probablemente llevaba veinte o treinta años sin ser leído ni mirado por nadie. En el semi-trópico (tierra templada, Cundinamarca) toca leer rápido. Nuestro futuro se ve ahí.

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Un ejercicio de atención

Nelson el hijo de quienes cuidan esta finca mencionó unos pozos del río donde se puede nadar bien. Como vio mi interés, me dijo que podíamos ir después de almuerzo, que quedaban muy cerca. ¿Muy cerca, le dije, a cuánto, diez minutos? Bueno, un poco más, pero muy cerca.

Al rato después de almorzar me dispuse a ir, pero pensé que sería cosa de un rato, de pronto embarrar ligeramente los zapatos o el pantalón, nada del otro mundo. Arrancamos. María Clara está aún recuperándose de la rodilla; no nos acompañó esta vez (pero ojalá la próxima sí, aunque es complicada la ida a los pozos).

Muy pronto caí en cuenta de mi error de apreciación. Nelson creció en esta zona, y “muy cerca” y “muy sencillo” para él puede querer decir “bastante lejos” y “complicado” para este bogotano. No fue suficiente con remangar el pantalón para atravesar trozos del río: las piedras resbalosísimas (sobre todo para mis zapatos – unos Ecco perfectos para andar por prados londinenses, un poco menos apropiados para la subselva local) y la cantidad de lianas con púas hacían que realmente todo fuera absolutamente fuera de lugar en mi caso.

Aún así seguimos – Nelson adelante abriendo trocha, yo siguiendo por barro, lianas, bambú, matas con púas, agarrando con las manos troncos estrechos y probando resistencia – y pensando en posibles arañas o culebras o simplemente hormigas gigantes, pisando troncos podridos que cedían, piedras que sí se sostenían, subiendo la ladera del río y volviendo a bajar y volviendo a subir mil veces.

Un ejercicio de atención sostenida que duró casi una hora (me quité las medias para que no se empaparan tanto, pero igual en un momento dado caí de piernas enteras en el agua). Nelson es muy joven y andaba rápido: yo terminé sudando mucho, raspándome las piernas, subiendo a veces a puro pulso de brazos a piedras enormes pues de lo resbalosas no había punto de agarre para los pies, reptando por debajo de cercas. Nelson sin ningún problema pasando todo eso – solo en un momento dado lo vi dudar y decir “hubiera debido traer el machete; lo que viene está enmontado”.

Vi centenares de tipos de hojas, de superficies de troncos, de texturas de madera podrida, de piedras hundidas en barro, de rayos de luz en el fondo. Pensaba como es obvio en La Vorágine, en los relatos de Molano, en las tambochas, en que uno esos sitios los ve en películas con soldados o guerrilleros pasando con botas de campaña o pantaneras – ciertamente no con Ecco londinenses resbalosos.

Al cabo de una hora (sí, “un poco más de diez minutos” es una hora) llegamos al punto del río en que se arman pozos – profundos pero con corriente muy fuerte. Nelson contó que los viernes cuando estaba en el colegio venían ahí, pero que ahora mismo estaba menos hondo. Fue empezar a nadar luchar contra la corriente y vórtices mirar el punto de caída de la cascada atento a no tomar agua cuerpo desnudo sumergido entero en agua refrescante límpida corriente rápida peligrosamente fuerte vórtices peores en partes más pandas el río es bien profundo en esa zona pies no tocan el fondo o de pronto logran agarrarse de una piedra sol refleja entre árboles pero ni tiempo de pensar en luz simple mantenerse a flote y respirar y agradecer la felicidad del agua después de caminata asustadora larga sudorosa agotadora.

El regreso fue por un camino más fácil: atravesar una finca (afortunadamente no salieron perros: Nelson conoce el camino), salir a la carrilera y luego a la carretera y subir.

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el mismo río, ayer a las 6:30 de la tarde

(addendum: cambió de actitud)

Al otro día el antipático apareció cuando estaban regresando de un paseo largo. Le pregunta al narrador con la mano estirada: « Connaissez-vous, monsieur le liseur, me demanda-t-il, ce vers de Paul Desjardins:

Les bois sont déjà noirs, le ciel est encor bleu.

N’est-ce pas la fine notation de cette heure-ci? Vous n’avez peut-être jamais lu Paul Desjardins. Lisez-le, mon enfant ; aujourd’hui il se mue, me dit-on, en frère prêcheur, mais ce fut longtemps un aquarelliste limpide…

Les bois sont déjà noirs, le ciel est encor bleu… »

Sigue hablándoles, deseando que “el cielo permanezca siempre para azul para usted, mi joven amigo…”.

De alguna manera quedan sorprendidos en la familia con la nueva actitud del antipático de la víspera. No dice más Proust, salvo que el padre y todos quedan con la impresión de un malentendido anterior.


Proust superpone la hora del encuentro con la evocación de los versos, pero de alguna manera ese cielo aún azul con los bosques ya negros evoca además de la hora del día la diafanidad de la acuarela de Desjardins con que se limpia la incomodidad de la víspera, la de la mirada lejana.


¿Cuántas veces nos pasa que nos imaginamos cosas de la gente y al día siguiente las limpian con frases como esa?

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6:30 pm, borde de un río (Cundinamarca, Colombia)

perspectiva / antipatía recordada

El narrador recuerda, en I-II de Du côté de chez Swann, la mirada de un señor que le pareció antipático con su padre. La descripción (trad. mía abajo) es impresionante: la perspectiva lejana, la distancia metafórica.

Implícito, un recuerdo extraño. Yo también recuerdo momentos de antipatía de otra gente con mis padres durante mi infancia. Los recuerdo más vívidamente que los de antipatía conmigo. De alguna manera era más ofensivo percibir antipatía hacia mis padres que hacia mí mismo (que hubiera gente antipática con uno era natural; en el colegio, en la calle – no sucedía mucho pero tampoco me desvelaba tanto el tema). Que la gente fuera antipática con mi padre o con mi madre entraba en el dominio de lo incomprensible, de lo imperdonable. Frases sutiles de alguna tía que denotaran desprecio hacia mi madre, momentos en que planeaba actitud burlona de alguien hacia mi padre.

Sobre todo cuando no se decía nada al respecto, quedaban plasmados en el recuerdo, de manera dolorosa.

Al crecer logra uno obviamente relativizar todo eso, y aprende que los padres también son antipáticos con otra gente. Sin embargo, el recuerdo de la sensación de extrañeza muy temprana ante la antipatía percibida hacia los padres queda. Y leer a Proust trae el recuerdo.

Comme M. Legrandin avait passé près de nous en sortant de l’église, marchant à côté d’une châtelaine du voisinage que nous ne connaissions que de vue, mon père avait fait un salut à la fois amical et réservé, sans que nous nous arrêtions ; M. Legrandin avait à peine répondu, d’un air étonné, comme s’il ne nous reconnaissait pas, et avec cette perspective du regard particulière aux personnes qui ne veulent pas être aimables et qui, du fond subitement prolongé de leurs yeux, ont l’air de vous apercevoir comme au bout d’une route interminable et à une si grande distance qu’elles se contentent de vous adresser un signe de tête minuscule pour le proportionner à vos dimensions de marionnette.

Al pasarnos cerca el señor Legrandin a la salida de la iglesia, caminando al lado de una castellana de la zona que no conocíamos más que de vista, mi padre le había dado un saludo a la vez amigable y reservado, sin que nos detuviéramos; el señor Legrandin a penas había respondido, con aire extrañado, como si no nos reconociera, y con esa perspectiva de la mirada típica de la gente que no quiere ser amable y que, desde el fondo súbitamente prolongado de sus ojos, parecen otearlo a uno como desde el extremo de una carretera interminable y una distancia tal que se contentan de dirigirle una señal de cabeza minúscula para proporcionarlo a sus dimensiones de marioneta.

la vida / instrucciones

En una carpa leímos con María Clara un buen trozo de La Vie mode d’emploi hace 23 años. Estábamos recorriendo buena parte de Estados Unidos – desde Madison hasta San Francisco – en un carro no muy robusto, con medios limitados, acampando o quedándonos donde amigos – y evitando en la medida de lo posible las Interstate – yendo por puras carreteras pequeñas. El regreso no pudo ser así porque el carro se varó gravemente en Santa Cruz, California – y casi fue necesario dejarlo botado – finalmente pudimos devolvernos pero ya menos tranquilos.

perec

La vida / Instrucciones es una novela de Perec que sigue más o menos el corte de la carátula: va contando un montón de historias encasilladas de habitantes de un inmueble parisino. Sus miserias, sus sueños, sus exabruptos, sus engaños, sus dolencias, sus fiestas, sus sudores, sus ecos, sus humores, sus fracasos.

Pensé mucho en esta carátula por un proyecto que estamos haciendo ahora como parte del Proyecto Topoi, para una galería/café en Kingston, Nueva York. El trabajo para Kingston aún no ha salido (es en agosto), de modo que hasta ahora estamos haciendo material, pero puedo adelantar que serán cuatro videos en cuatro pantallas, hechos por los cuatro “topoistas” (Wanda Siedlecka, Roman Kossak, María Clara Cortés y yo), que explorarán de alguna manera la idea de “cámara de vigilancia” – de esas innumerables cámaras que están ahora por todas partes. Nuestro proyecto será algo relacionado con eso.

Ese “corte” de Perec del edificio inspira por lo menos mi cuarta parte del proyecto. No digo más (por ahora).

weeklogue [fragm. incompl. ז]

[18 de mayo de 2013]

Mind filled with fragments – this time of the semester, with courses slowly (too slowly) coming to a close, with summer activities (math visits, hiking in munros, going to museums and galleries) and of course a good deal of math being built, also very fragmentarily…

Read (really, re-read in some cracks of time made available by presleep awareness) 120, rue de la GareTardi’s BD based on a roman noir by Léo Malet – and was deeply reminded of the griseur of Lyon, of the utter provinciality of that beautiful city, and the light of Paris after Lyon. The grit of France’s life (both in the zone nono, non occupée, and in the occupied zone) during the war years seems to be rendered amazingly by Tardi in his black and white vignettes, with

fragmentos de conversación [fragm. incompl. ה]

[3 de diciembre de 2013]

Al final del semestre la mente parece fragmentarse: el síndrome de déficit de atención parece acentuarse, y sostener la caña parece más difícil que lo usual. La mente funciona a retazos, casi como un computador afectado por el virus microsoft, que le fragmenta la memoria por su carencia de sistema de archivos decente. Algunos trozos de conversación (hablada real, o mental):

… el sistema musical persa funciona por dastgahs – unidades dentro de las cuales puede haber una cantidad de experimentación/improvisación…

… músicos como

omisiones problemáticas [fragm. incompl. ד]

[20 de junio de 2015]

La exposición Europa: el futuro de la historia en la Kunsthaus de Zúrich es a la vez sumamente interesante y repleta de carencias (expresión tal vez absurda pero así se siente) extrañas. Al final de la exposición fue interesante la conversación con los zuriqueses que estamos visitando un par de días – ellos no van mucho a museos y esperaban algo muy crítico y muy documental – parte de la discusión se fue en decir que de pronto el arte no está para hacer statements directos sino tal vez para provocar esas discusiones o dudas. Ellos dijeron que como buenos suizos los organizadores seguro se fueron por lo barato y lo seguro y la minimización del riesgo y el buen-pensar calvinista (y susto ante el disenso) según ellos aún dominante en esta sociedad. Sin embargo, aún si eso es cierto, había algunas obras interesantísimas y de calidad altísima.

  • El título era brutalmente ambicioso. Europa y futuro son dos palabras que yuxtapuestas en 2015 inmediatamente traen mil preguntas, mil angustias, mil recuerdos de horrores y mucha incertidumbre.
  • Los curadores de la exposición encontraron obras

envoûtement [fragm. incompl. ג]

[9 de agosto de 2015]

as in a vault – como en una bóveda – come in una volta

Dos meses pensando, escribiendo, hablando a ratos con colegas, discurriendo con algunos estudiantes por skype, pero sobre todo tratando de terminar un par de artículos y de pensar – fueron absolutamente agotadores.

Entre el verano interminable (por la luz, no por las temperaturas, que apenas se acercaban de vez en cuando tímidamente a los 18° C) y sobre todo la intensidad increíble del gran norte, resulté como en una bóveda, un poco anonadado, un poco violentado en la mente (pero feliz de que así fuera). Solo saliendo así de la ciudad usual, del sol usual, del mundo usual, puede suceder eso.

Fue ante todo un ejercicio de traducción.

Traducción constante de idiomas – con transcripción constante del ruso durante unos días pasados en Peterburgo.

Traducción

Leer a Arnold [fragm. incompl. א]

[6 de julio de 2016]

Aunque siempre me había causado curiosidad enorme el personaje, nunca he leído seriamente a Arnold. Me llama mucho la atención su punto de vista tan peculiar, tan “ruso” si se quiere: anclado en la vivencia del hacer matemática como una empresa profundamente cultural. Repleto de opiniones fuertes (y muy posiblemente controvertibles), la lectura es un verdadero bocado intelectual.

Voy tomando apuntes al vuelo de su libro Experimental Mathematics:

Today, many people think that relativistic physics […] in 1897 did not yet exist, since Einstein published his theory of relativity only in 1905. But Poincaré formulated the principle of relativity earlier, in his article of 1895, “On the Measurement of Time”, with Einstein actually used (and which, by the way, he didn’t acknowledge in writing until 1945).

representar lo irrepresentable

En otro pasaje Proust termina hablando de manera indirecta sobre la diferencia entre representar la bondad y la verdadera cara de la bondad.

Llega de esta manera: está recordando momentos de infancia en que la empleada principal de la tía Léonie pide ayuda a la fille de cuisine que en su recuerdo no tiene nombre pues cambiaba como cada mes o dos meses. La fille de cuisine en su recuerdo era alguna campesina de la región, muy joven, en embarazo muy avanzado y puesta a trabajar como ayudante en la cocina. El recuerdo de infancia de Proust la tiene pelando espárragos prácticamente todos los días, y cargando bultos (recuerdo que él después encuentra incoherente con el estado tan avanzado de embarazo en que estaba la fille de cuisine).

Pero lo que termina siendo esa reflexión sobre la representación de algo tan irrepresentable como la bondad es el recuerdo de cuando llegaba el señor Swann de visita y preguntaba por la fille de cuisine así:

« Comment va la Charité de Giotto ? »

Empieza Proust a hablar de esos frescos y del parecido entre la fille de cuisine y la Caridad de Giotto (d’ailleurs elle-même, la pauvre fille, engraissée par sa grossesse, jusqu’à la figure, jusqu’aux joues qui tombaient droites et carrées, ressemblait en effet à ces vierges, fortes et hommasses, matrones plutôt, dans lesquelles les vertus sont personnifiées à l’Arena – entre otras ella misma, la pobre chica, engordada por su embarazo, hasta la cara, hasta las mejillas que caían rectas y cuadradas, se parecía en efecto a esas vírgenes, fuertes y hombrunas, o más bien matronas, en quien se personifican las virtudes en la Arena).

A Proust en la infancia no le gustaban esas láminas de las virtudes de Giotto, pero sí les veía el parecido con la fille de cuisine (seguramente agotada de cargar bultos – l‘attention n’était-elle pas sans cesse ramenée à son ventre par le poids qui le tirait – pensando en su vientre – luego la pensée des agonisants est tournée vers le côté effectif, douloureux, obscur, viscéral, vers cet envers de la mort qui est précisément le côté qu’elle leur présente…).

Remata de manera impresionante el pasaje hablando de la realidad de las Virtudes y los Vicios de Pádova: según él tan vivos como la criada embarazada – o tal vez ella tan alegórica como estos. Y sigue “y tal vez esta no-participación (al menos aparente) del alma de un ser en la virtud que a través de este actúa, también tiene fuera de su valor estético una realidad que tal vez no alcanza a ser psicológica sino al menos, como se dice, fisionomónica (physiognomonique)”.

Luego compara con la verdadera cara de la bondad (encontrada más tarde en su vida), encarnaciones santas de la caridad activa: “con aire alegre, positivo, indiferente y brusco de cirujano apurado, esa cara donde no se lee ninguna conmiseración, ninguna blandura ante el sufrimiento humano, ningún temor de golpearlo, y que es la cara sin dulzura, la cara antipática y sublime de la verdadera belleza”.

La representación es fuerte por la alegoría (en este caso la referencia a la cara de una campesina embarazada y atareada que ayuda en la cocina de una casa de familia burguesa) pero no tiene nada que ver con la cara (¿irrepresentable?) de la verdadera caridad.

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