a nostalgic look at 2019

I surprised myself missing having made my “end-of-year” video for 2019. I surprised myself because I started missing it… in June 2020.

June 2020, July 2020, really March, April, May, June, now July 2020 – these months figure in my mind, in my memory as a sort of world slump, of global freeze, of entrance into a singularity from which the way out still seems uncertain – not just the when but now mostly the if.

For some reason I started a few days ago missing sorely the account of 2019. It was an important year – with strong personal moments, with some (extremely significant) trips: to Italy, Austria and Finland in January – and back to Colombia in the middle for my father’s funeral – to Budapest in the summer, to the Colombian Caribbean and Santander in July and August, to Southern Chile in December.

Here is an account – a very personal (and nostalgic) look at 2019, made a few days ago:

más sobre combatir la nada

El fragmento en el título de mi charla para la Solidarity Conference que hacía alusión a la nada, al néant, al nothingness, llamó la atención de algunas personas. Margarita Malagón-Kurka me preguntó al final de la intervención por qué la nada – pero no alcancé a contestar muy plenamente. El fragor del tiempo, la acumulación de preguntas y cansancio en esa semana tan llena de ideas e intervenciones hizo que esa pregunta esencial de Margarita se perdiera.

Hablando de nuevo con ella y con Don Kurka hace unos días, me invitaron a seguir la pista de la nada. He aquí las grandes líneas de mi respuesta:

  • El título hacía alusión directa al fragmento de De las babas del diablo de Cortázar. Me llamó la atención poderosamente la idea de la fotografía como manera de “aprender a combatir la nada”, y me pareció un buen punto de arranque para hablar a la vez sobre nuestra situación actual – y futura – y el rol de la lógica dado por analogía con el rol de la fotografía.
  • El cuento de Cortázar – del cual leí el fragmento a mis estudiantes justo cuando estábamos lanzándonos juntos, literalmente zambulléndonos en el mundo del infinito – es la inspiración de la película Blowup de Antonioni.
  • En esa película un joven medio zonzo (pero rodeado de un mundo muy fotogénico y él mismo un excelente fotógrafo de moda, en la Londres repleta de aperturas de 1965) logra lanzar un poco su propio vacío al usar la fotografía como medio de exploración de algún suceso grave. Empieza literalmente a leer el mundo de una manera totalmente distinta, y cambia internamente como consecuencia de su uso de la fotografía como lenguaje que abre y que tiene incluso la capacidad de romper el vacío mental que podía traer el fotógrafo de modas al inicio.
  • (Algo que nunca dije sobre esa película es el uso de muchos lentes distintos por parte de Antonioni. Durante la misma escena lleva a cabo cambios de lentes – de gran-angular a ojo-de-pez a “pancake” – y eso da sensaciones muy confusas y hermosas de cambio de distancia, de cercanía casi letal y a la vez de punto de vista elevado y lejano. Algo muy cercano tal vez a la búsqueda del horóptero de Ibn Al-Haytham (y Ptolomeo, y mucho más tardíamente Aguilonius) que trajo a colación Carlos Cardona como emblema de la horosis que Perry y Zalamea empiezan a dilucidar.)
  • Hablar de lógica para un público tan variado como el de Solidarity requería algún uso de analogía. Traté (seguramente sin mucho éxito) de usar la analogía entre la fotografía como apertura de lenguaje (combatir la nada) y la lógica. La manera como emergen cantidad de situaciones muy centrales (y potencialmente problemáticas) al empezar a tomar en serio las ampliaciones, los blowups, las superposiciones, los contrastes, el quemar y sombrear.
  • Comparaba en la conversación con Don y Margarita la fotos que tomaba yo antes de 2010 – donde si acaso una entre 100 (o entre 500) pasaría el examen hoy. Estaba todo ante mis ojos pero yo no veía absolutamente nada. Esa nada era la que había que combatir. Después, gradualmente – muy gradualmente – empecé a notar cosas. Marcos, encuadres, destellos de luz, líneas de fuerza, vacíos, colores planos, puntos blancos, sombras granulares. Ahora tengo algo de vocabulario, emergido de una práctica – tengo algunos conceptos, de nuevo surgidos de esa práctica y constante búsqueda.
  • ¿Pero qué diablos tiene que ver eso con el coronavirus, con la pandemia? Bueno, de manera muy directa obviamente nada. Pero precisamente ese nada, ese ser que no es un enemigo en el sentido tradicional (otro país, otros animales) sino un ente imperceptible, invisible pero potencialmente letal, tiene un aspecto de nada muy peculiar. Obviamente no es “una nada” pues es información con poder para destruir nuestras células, nuestros cuerpos, nuestro gran cuerpo social. Pero también nos confronta con re-conceptualizaciones (hablaba con un biólogo sobre la definición misma de vida que está siendo puesta en jaque por el virus – por este y algunos otros), con re-enfoque y re-encuadres.

[Soñaba que como consecuencia misteriosa de la pandemia la gente ahora a veces se desnudaba en público – en restaurantes – y era parte normal y llana del nuevo comportamiento. No era claro en el sueño por qué lo hacían – o en qué momento se volvía importante. En el restaurante en que estaba de repente el muchacho de la mesa de al lado se desnudaba y enarbolaba su erección con tranquilidad y naturalidad. El restaurante no se inmutaba. Era parte obvia y plena del “nuevo estar” – y en el sueño tenía que ver con la pandemia. María Clara me miraba un poco extrañada pero nada parecía ya muy raro. Una chica en la otra mesa, sentada en cuclillas, también desnuda se movía con naturalidad, abriendo las piernas y disfrutando mucho la situación – no había ningún tipo de recato ni morbo – en lo que sencillamente era el nuevo placer de estar en compañía en un restaurante después de la pandemia. (Yo mismo creo que no estaba desnudo. Pero varios clientes, sobre todo los más jóvenes, sí lo estaban.) El restaurante se parecía un poco a los cafés de Chapinero – al Árbol del Pan.]


Antier estaba yo un poco asfixiado por la situación. Salí (al jardín) a tomar fotos para tratar de ver algo de mundo más allá de las pantallas y el (que se siente eterno) confinamiento. He aquí algo de lo que salió de ahí (de un intento de a-percepción):

de las babas del diablo

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier repórter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con el pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Cóntax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250. Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no soplaba viento.

Las babas del diablo – Julio Cortázar

(Llegué a este cuento por la película Blow Up de Antonioni, obviamente.)

[Agregado dos días después: releyendo (para mis alumnos) este pasaje del cuento de Cortázar me di cuenta que donde había escrito “con la Cóntax” debía naturalmente ser “sin la Cóntax”. Me sorprendió en mí mismo este error, que voltea completamente las cosas. Nadie me comentó nada – o bien conocían el pasaje y sencillamente lo registraron sin mirar detalles, o bien no lo conocían y les pareció extraño pero no sabían a ciencia cierta, o bien… ¿Cuántos errores aparentemente pequeños (dos letras) pero que cambian el significado habrán pasado en textos escritos por la humanidad?]


resonancia / reflejos

No he logrado entender por qué en esta época de confinamiento han sido tan fuertes los sueños (para mucha gente, según concluyo). Para mí han sido sobre todo semi-vigilia. El lento y dulce despertar y descubrir que hay aura, la naturaleza está ahí – la montaña – seguimos vivos, a pesar de la incertidumbre. Disfruto intensamente los aromas de los cuerpos medio dormidos, ese olor dulzarrón de seres humanos y los rastros de sus fluidos, tan similar a los aromas del pan horneándose. Y disfruto abrir la ventana y sentir el frío de la noche anterior al amanecer, y la luz que inicia lentamente mientras Abdul sale a cazar en la madrugada sabanera – y vuelvo a dormir, a semi-dormir, a medio-dormir y pienso en las fotos no tomadas (ese gris matutino, esa niebla, ese Abdul, el olor de nuestros cuerpos que me embriaga, la perspectiva de hornear el pan) y no pienso mucho en matemática a esa hora (aunque no es verdad: siempre pienso de alguna manera en algún fragmento de construcción o de prueba), y retomo etapas remotas de la vida: la presencia de mis padres, su protección, las rupturas con ellos, la salida.

Y arranca el día, semi-igual a todos. No habrá salidas, no habrá viajes, no habrá idas a cine o a restaurantes o a montar en bicicleta. No habrá nada de eso. No habrá salida a jugar a colgarse en las barras del barrio, no habrá ida a caminar/correr con María Clara por las calles de una ciudad. No habrá parada en ninguna tienda. No hay tiendas – o las que hay parecen más refugios de guerra. Carullas con ambiente de cooperativa polaca socialista de las películas (aunque con precios aún más caros que nunca), tiendas de vereda con lo básico, y sobre todo nada de flâner, nada de lingering, nada de detenerse a mirar y comparar frutas o productos: entre el tiempo limitado de salida, el fastidio con tanta máscara y tanto cuidado con cualquier moneda, cualquier roce, cualquier pago con tarjeta, no quedan ganas de mirar muchos productos, comparar, imaginar.

Arranca, pues, el día semi-igual a todos. Hay belleza también en la no-salida, en las vueltas por el pequeño jardín, repetidas igual siempre, corriendo intervalos o caminando y caminando y caminando y contándonos lecturas y sueños y libros. Y parar a tratar de hacer “calistenia” en suelo, difícil (los burpees me dejan los tobillos inservibles) sin las maravillosas barras de los parques bogotanos. Y ver a Abdul por fin libre revolotear entre árboles y tratar de concentrar la mirada y empezar a notar nudos y zarcillos.

Saber que las fotos serán siempre fotos de lo mismo: la comida preparada, la vegetación siempre sorprendente. No serán fotos de ciudad, pues no hay ciudad en este momento. No serán fotos de gente pues la gente no está para fotos – entre máscaras y nerviosismo, cierta tristeza implícita se deja ver en las fotos que ve uno estos días (veía unos videos de gente haciendo ejercicio en la Barceloneta y gente en la playa – nadie se ve muy contento pese a estar en principio en sitios muy ideales).

Entrar a clase en zoom – y aprender a percibir a los estudiantes a través de sus voces, sus dudas, sus frases, sus silencios. Qué difícil. (Pero qué maravilla algunos estudiantes.)

Y odiar zoom al final del día largo. Y agradecer que zoom existe porque ¿cómo habría sido el desayuno tal con amigos en Nueva York sin zoom? ¿cómo habría sido el seminario tal, el curso tal, la reunión de amigos, sin zoom?


De nudos (zarcillos, trenzas, poleas)

El confinamiento trae mucha introspección. Hay muchas ventanas al mundo, en forma de seminarios, clases, conversaciones a veces sumamente interesantes – pero tal vez lo más extraño es la atención a detalles que normalmente uno tiene como secundarios.

En el jardín hay universos enteros. Hace unos días María Clara me pidió que le ayudara a cavar un hueco para enterrar una estaca y lanzar una cuerda, pues una calabaza que nació silvestre se estaba enredando en un peral y lo iba a asfixiar. La idea era que la calabaza se enredara en el hilo y la estaca nuevos.

Nunca imaginé que a los muy pocos días el enredo nuevo de la calabaza iba a ser de ese orden. Tampoco imaginé que en lo que uno podría llamar “gratitud” de manera un poco antropocentrista, la calabaza empezó a arrojar flores y frutos. Y todo en muy pocos días.

Los nudos (y los zarcillos y urilos, trenzas y verdaderas poleas) trazados por la calabaza en meros días han sido aterradores. Si esa planta fuera grande lo podría asfixiar a uno fácilmente.

[Hoy celebramos con unas flores de calabaza rellenas (receta judía romana – se rellenan con ralladura de pan, queso parmesano rallado y anchoa y se sofríen, después de haberlas pasado por un poco de huevo y harina).]


personas / naves / Valéry de nuevo

De nuevo Paul Valéry:

La personne peut se comparer à un vaisseau dont la partie vulnérable et essentielle se trouve sous la flottaison. Ce que l’on voit est œuvres mortes, décoration possible. Les agitations de la mer découvrent en partie les œuvres vives, qui sont ici : la sensibilité des organes vitaux (sympathique et pneumogastrique) et les sources d’énergie profonde, le tout plus ou moins lié à quelques secrets.

C’est là ce que guette et vise son ennemi intelligent.

Paul Valéry – Mélange – Instants ed. Pléiade Œuvres I p. 393.

Y de nuevo traduzco al vuelo:

La persona puede compararse con una nave cuya parte vulnerable y esencial se encuentra bajo la línea de flotación. Lo visible son obras muertas, decoración posible. Las agitaciones del mar revelan parcialmente las obras vivas, que en este caso son: la sensibilidad de los órganos vitales (simpático y neumogástrico) y las fuentes de energía profunda, todo eso atado en mayor o menor grado con algunos secretos.

Es esto lo que acecha y apunta su enemigo inteligente.

dreams / wax (unstructure)

Now the dream was near a river – unfortunately a polluted river. We were with Jaime and María Clara, with several other people. Swimming naked with people who normally one wouldn’t imagine skinny dipping. It was somehow related to the pandemia, to having gone back. Awareness of the pandemia was inside the dream, somehow. And the return to swimming in public had somehow made people shed swimsuits. It felt natural and obvious and was part of our internal changes. The only thing that seemed odd in that dream was the pollution in the river. Otherwise it would have been great.


I wrote dram instead of dream. Dram is a measure – of alcohol quite often. It is also dynamic random access memory. And also an abbreviation of dramatism.


When I woke up I didn’t quite wake up. I mean, I stayed in a sort of semi-dreamy semi-awake state. A sense of strong lack of structure in my mind pervaded me, and I enjoyed it. It felt as if I had become a kind of floating wax, with no structure whatsoever. (I thought about the state one should reach with meditation, with yoga – a state I very seldom attain. I enjoyed not having structure, just being like a wax block about to melt.)

Valéry, y la mirada a las cosas

Un regard charitable

Que de choses tu n’as même pas vues, dans cette rue où tu passes six fois le jour, dans ta chambre où tu vis tant d’heures par jour. Regarde l’angle que fait cette arête de meuble, avec le plan de la vitre. Il faut le reprendre au quelconque, au visible non vu — le sauver — lui donner ce que tu donnes par imitation, par insuffisance de ta sensibilité, au moindre paysage sublime, coucher de soleil, tempête marine, ou à quelque œuvre de musée. Ce sont là des regards tout faits. Mais donne à ce pauvre, à ce coin, à cette heure et choses insipides, et tu seras récompensé au centuple.

Paul Valéry – Mélange (Instants) – p. 383 ed. Pléiade

Va una traducción al vuelo del pasaje valeriano:

Una mirada caritativa

Cuántas cosas has dejado de ver, en esta calle por la que pasas seis veces diarias, en tu cuarto donde vives tantas horas cada día. Mira el ángulo que forma este borde de mueble con el plano del vidrio. Hay que arrancárselo a lo banal, a lo visible no visto — salvarlo — darle aquello que das por imitación, por insuficiencia de tu sensibilidad, al mínimo paisaje sublime, atardecer, tempestad marina u obra cualquiera en un museo. Esas son miradas ya trilladas. En cambio, dale a ese pobre, a ese rincón, a esta hora y estas cosas insípidas, y serás recompensado cien veces.

texture of life

Boiling milk, making arepas for Easter Breakfast with Roman and Wanda, making cream cheese, baking a (small!) chocolate cake, grinding pork rinds, chopping onions, sharing our breakfast on zoom with Roman and Wanda, watching Abdul walk into the playful light, escaping into the shadows of the garden, participating in an art event hosted by Miri Segal (on zoom, of course) in Tel Aviv, collecting fruit, watching organic-looking patterns on the drying (recycled and washed) plastic bags, watching time slip by, talking to a friend on zoom…

What else is there?

Amaneceres

Todo esto ha cambiado fuertemente nuestro horario de sueño. Mucho más temprano todo: colapso nocturno, despertar. Abdul siempre nos despierta a las 4:30 o 5:00, pero ahora es mucho más común no limitarme a darle la comida a esa hora sino despertar y mirar el amanecer.

Se convierte todo en un tema de percibir luz, hojas frecuentemente trémulas, ires y venires de especies de aves, saltos de frecuencia vitales, sombras extendidas y refractadas, tálamos mentales y sueños esparcidos.

Y ese momento de dolor compartido al despertar – y preguntarse por un segundo a dónde va todo esto – antes de arrancar un nuevo día de cursos en zoom o meet, de escrituras al viento, de seminarios online, de intento de guiar a quienes tal vez ya se saben guiar, e intentos de andar hacia adelante a pesar de la sensación brutal de ausencia de futuro (o de peligro en este).

Notas de voces internas (como las de ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639) parecen dar claves…

tres días en ese otro mundo / crónica en reverso

No es fácil hacer crónica de este momento. Lo que he visto hasta ahora corre como hojas llevadas por el viento: ya el ensayo de Arundhati, que hace menos de un mes era de lo mejor para describir la época, es obsoleto y avejentado. Y eso sin hablar de los mil veces más obsoletos y avejentados “ensayos” de Zizek, Han y demás señores comentaristas de la época (no quiero [ab]usar de la palabra llamándolos filósofos).

Examino días anteriores. Solo tres días anteriores. Y lo que veo sirve (al menos para mí) como una especie de crónica en reverso – mal cronicada, obviamente, sin ningún intento de control temporal. (Sí, parece que no logro hacer nada por ahora con el maravilloso curso de Sinar… ese curso de crónica en la segunda semana de marzo, en un pasado que parece casi tan remoto como la infancia mía…)


Va entonces ese autoexamen / (pseudo-)crónica en reverso.

Cada vez gente más cercana… un amigo y profesor de Jouko, en Noruega.
Esto obviamente no es posición oficial en muchas universidades. Pero se está discutiendo seriamente.
De un curso que me trae felicidad.
Y de lo más bello que uno puede ver: cine de Pasolini.
Simple y obvio. Pero hay que decirlo. Los políticos no entienden este hecho simple.
Claro, la digitación es difícil. Pero la transcripción de Kempff es buena y se deja. Las voces internas son – me decía alguien – como la voz del corazón de uno mismo. He sentido que me congelo por dentro, de verdad.
Ole sí, qué mamones. Por mí que los estudiantes estén en su bañera (si es que tienen) o felices en su cobija con un buen café. Si les pregunto y contestan algo razonable tengo más que suficiente. ¿Por qué será que hay gente tan insensible?
Bueno, esto se aplica a tantas cosas… Es una de las razones que me han llevado a donde estoy – para mi propia incomodidad y felicidad.
Fernando Zalamea ha sido un amigo, casi un hermano mayor, en estas circunstancias. Ir a sus clases de los miércoles ha sido increíble, y participar de las tertulias con él y con Alex Cruz. Es ejemplo de cómo ir guiando a la nueva generación, exigiendo mucho y a la vez siendo brutalmente generoso. Al leer su mensaje a los alumnos, veo que Fernando entiende seriamente la gravedad impresionante de este momento, nuestra a la vez ínfima capacidad de acción real e infinita responsabilidad.
(Alguien así requiere una universidad muy libre y muy seria.)
Otro. No llevo bien la cuenta. Pero es duro ver esto.
Purcell, Dido and Aeneas. Esta versión es maravillosa. – Tengo un recuerdo muy bello del concierto de Alfonso Correa con esa orquesta de estudiantes de la Universidad de los Andes – que tocaban violín con vibratos decimonónicos muy chistosos. Parece que Alfonso les estuvo tratando de explicar cómo era la cosa en tiempos de Purcell…
Sí: L¹_\kappa.
Una charla preciosa – otro de esos momentos nuevos increíbles.
Obviamente insuficiente. Pero por fin se están espabilando las empresas de este país.
Este tuvo muchos retrinos, muchísimos likes. Creo que todo el mundo, en medio de esta pandemia, cree alguna variante de esta frase.
Toca hacerle algo de propaganda a la versión virtual de nuestras tertulias…
Yo no debería quejarme por la propaganda gratis que le hacen al senador (y precandidato) Petro. Menos ahora que está en situación difícil. Aunque miles de veces me ha parecido una persona afectada por un gran ego, también me parece que en la campaña de 2018 era el único candidato que parecía entender que ya no estamos en el siglo XX, el único que trajo problemas serios del país y del mundo. Que tenga ego inflado es mamón. Pero de verdad, no hay mucho más. Ojalá llegue algún día a la presidencia, o llegue alguien por lo menos tan bueno.
ah… el sabor dulzón de los tomates cocinados en pancetta…
cada cierto tiempo, esos números – y las imágenes horrendas

No sé cómo veré más adelante esta época. Alguien preguntaba si era una época feliz, y pues a quienes dijeron que sí les cayeron (pues claro: no es una “época feliz”; es una época muy difícil y triste en muchos sentidos). Pero que tiene momentos felices, pues claro que los tiene. De hecho, este minimalismo de no viajes, no salgas, no corras, no montes en bicicleta nos ha obligado a todos a buscar el momento simpático por donde esté. ¡Pero cómo me hace falta la bicicleta, sí!

Construcción de un mapa

(De las lógicas existentes y posibles)

La idea inicial del curso es armar un mapa de las lógicas, de todas las que alcancemos, colectivamente, a lo largo del curso. Arranqué con un mapa inicial y la idea es modificarlo a lo largo del semestre junto con los estudiantes.

Para lograr algo así decidí tener un Eje Central (lógica sobre topos, basado vagamente en una mezcla de Lurie, Caramello y Baez – ellos muy basados en MacLane y Moerdijk y en Makkai y Makkai-Reyes) y hacer la mitad del curso (los martes usualmente) sobre ese Eje Central. Y el resto (lógica infinitaria, continua, no monotónica, difusas, de Gödel, intuicionista(s), etc.) los estudiantes los van exponiendo. Y vamos armando entre todos el mapa. Ya han pasado cosas que me han hecho revaluar cosas que creía en febrero sobre esos temas.

Veremos cómo nos va con eso…

a (relatively brief) pause

Frankly, if an educational system (and for that matter, an economy, democracy, society) is so delicately balanced that it can’t take a (relatively brief) pause to keep people physically and emotionally healthy, then it is fundamentally broken.

Gordon Brooks

(Muy de acuerdo [excepto con incluir la democracia en esa lista]. En algunas sociedades antiguas dejar reposar la tierra un año de cada siete [el sabático], un día de cada siete [el shabat], etc. era algo fundamental. Nuestro mundo, nuestra economía, nuestra sociedad, nuestro sistema educativo, olvidaron eso y ahora están obligados a redescubrirlo, a las malas.)

They are going through history, live!

Sifting through the mass of phrases, essays, long thoughtful (and not very thoughtful) pieces, one finds some sentences that clarify the picture. A sip of clear water in the middle of so much mud.

One such sentence was a comment by Bernardo Recamán to a facebook post of an NPR piece titled “4 In 10 U.S. Teens Say They Haven’t Done Online Learning Since Schools Closed”. Going beyond the details, the massive reasons (technological, cultural, sociological, psychological, economic) why in the United States (where online education has been seriously pushed and where one would think resources are not a problem) almost half the students are not following their online classes, Bernardo’s reply was perfect:

They are going through history, live!

Yes, absolutely. And we as faculty need to remember that and (hopefully) make some good use of this. Students worldwide are going through history, live, to a degree we older people only vaguely fathom.

at this point …

… too much writing, too much wringing, too many possibilities these days …


Perhaps the young ones will know in their skin they can actually stop the world if need be! (I heard this on a zoom cocktail party with colleagues. I agree. I hope.)


Best understatement so far: Ayhan’s message.


Some images of our complete exhaustion (from confinement, from repetition, from …):

time / timelessness (or our eye / through a lens)

Much has been written on the way cameras enabled a shift in visual perception, a major change in the way we understand what is perceived, what is focused upon, what is not. Two centuries of experimentation with cameras (preceded by more centuries of peepshow rooms and lens craft in the Netherlands) have perhaps given a crushing amount of material, of photographs, of perception traces. Watching carefully the work of Atget, of Kertész, of Talbot, of Cameron – to name randomly just four towering figures whose work, whose experimental work with perception is still fresh-looking today – may give the impression that all possible roads with respect to perception (and the lens, and the camera) have been taken.

Yet. Yet sometimes the light of a sunset (like a few minutes ago in Chía) or a visit to a new city or perhaps a combination of skin perceptions – the wind mixed with the light, the water overpowering and towering above – may radically open up new thirst for more perception experimentation.

This very thing happened about an hour ago, here in Chía, when the sun setting created a light infusion into boundaries of trees that somehow seemed fresh. Then I started (again) playing with time, with passing time, with perception of movement and stillness with open camera.

At some point, after the 5” exposures of myself – a thin hand, a vanishing presence – I went back to the mountain perception.

Meanwhile, while the photographs load (internet is very slow in Chía), I reread Felix Klein’s amazing chapter on automorphic functions…

Tótila Albert – La tierra

A la entrada del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago está una escultura muy peculiar, del escultor Tótila Albert, llamada La Tierra. Hecha en 1957, tiene algo de danza, algo de influencia de los expresionistas, y mucho simbolismo. Decidí tomar fotos de detalles, sobre todo, intentando capturar lo poderoso de esa obra. Al verla de lejos evoca una gran araña. De cerca las figuras de un hombre y una mujer son claras, y evocan danza pura, erotismo hermosísimo.

Pero lo más conmovedor me pareció, al indagar un poco con la cámara, la tensión entre las manos, los pies y las cabezas.

Los pies casi tocándose son tal vez el momento máximo de esa obra hermosísima.

de lo interno y lo externo: Cristián Salineros en Bogotá

El artista santiaguino Cristián Salineros está exponiendo en NC-Arte en Bogotá. Su obra se llama Órdenes sistémicos y de alguna manera termina siendo una reflexión muy poderosa, muy violenta (casi) sobre lo interno y lo externo, el estar encerrado y el estar libre; el creer que uno está libre cuando está encerrado (o tal vez al revés).

Es un entramado peculiar de jaulas de pájaros enormes, conectadas entre sí por vasos comunicantes en el mismo tejido metálico de jaula. Uno debe agacharse para poder entrar a sentirse encerrado entre varias de esas jaulas, para poder experimentar la angustia de saber que uno está en alguna jaula, alguna zona y que de pronto rompiendo algo (así sea el andar recto) se puede pasar a otro lado; o acaso por entre los múltiples vasos comunicantes de la exposición pueda lograrlo.

No hay pájaros. ¿Por qué? No es claro. Deberían estar. En las fotos expuestas en el segundo piso el artista registra las cagarrutas de los pájaros, el especie de Jackson Pollock que van dejando en el suelo al expulsar su mierda en muchos grises muchos pájaros, y resulta ser una de las partes menos angustiantes de la obra.

Pero si a Cristián Salineros le interesa tanto lo residual – como consta en esas maravillosas fotos de mierda de pájaro superpuesta, esos Jackson Pollock preciosos, o en los huevos que hierven y se revientan y sueltan albúmina … ¿por qué dejó las jaulas tan limpias, tan perfectas, tan nítidas? ¿No deberían estar las jaulas también con el registro/residuo de los pájaros que -angustiadísimos como cualquier ser en jaula- vayan cagando al volar y dejando plumas y trozos de paja y acaso sangre?

La exposición es preciosa. Al principio parece demasiado simétrica; luego uno se pierde y termina evocando las jaulas mortales de Auschwitz; la misma simetría, la misma imposibilidad de salir, los mismos vasos comunicantes de engaño.

Resulta interesante luego enterarse del país de origen de Salineros. En Santiago de Chile tuvo lugar uno de los horrores de jaulas más brutales, ese fatídico 11 de septiembre de 1973. Todo esto está ahí, para ser visto.

soundtrack de un viaje

La intensidad de los viajes, de ciertos viajes, en mi caso casi siempre va acompañada de un especie de “soundtrack mental”. Los largos períodos pasados caminando, en la naturaleza, en el silencio (relativo) de los montes, o entre el oleaje o entre los grafitis hermosísimos de las ciudades despertando – todo eso requiere (y genera) en mi caso una música de fondo, una música muy distinta de la que suelo escuchar cuando estoy inmerso en el trabajo matemático o en las clases o en la correspondencia “usuales” en Bogotá. Si durante el semestre puedo tener una obsesión con alguna partita barroca o alguna sonata para piano del romanticismo o alguna música del siglo XX o incluso XXI, al viajar de alguna manera se reconfigura por completo todo.

Caminar en invierno por los lagos congelados de Finlandia para mí requirió una mezcla entre músicas de Carelia, de Ostrobotnia – y trozos largos de la Tercera de Sibelius repasados en la mente, o sencillamente su Concierto para Violín. Este último es para mí el soundtrack del Báltico, de un paseo hecho en 2004 a una isla/sauna a cuatro horas de velero de Helsinki en verano.

En otros momentos han sido músicas ancashinas, huaynos brutales de esos Andes centrales. O cierta música de Grebenshchikov. O sencillamente Brel y Stromae. O…

En este viaje a Chile obviamente los grupos impresionantes que ha dado ese país – mezclados con esos compositores de canción increíbles (Violeta Parra, Víctor Jara) estuvieron todo el tiempo ahí, de música de fondo. El grupo Inti Illimani ocupó mucho espacio mental: ellos cantan muchas músicas de Chile y también muchas músicas de otros lados – de Bolivia y Argentina, huaynos peruanos.

Por alguna razón peculiar enlacé con otro viaje, anterior, expresado en la canción Samba Landó de ese grupo – una canción que en realidad está anclada en la música afroperuana, una canción de la resistencia negra a la esclavitud.

La letra de esa canción es una invitación a liberarse, claro, pero sobre todo a tener cuidado con los nuevos negreros de la advertencia que hacen, tener cuidado con los nuevos esclavizadores que siempre acechan.

La fuerza instrumental y rítmica (cajón peruano, a veces con charango, siempre con guitarra y bajo) de la música afroperuana es algo difícil de capturar en frases. Simplemente hay que oírla – escuchar Toro Mata mil veces, escuchar A mí no me cumbén. Esta Samba Landó es sencillamente brutal.

Enlazo tres versiones: una de estudio de Inti Illimani, impresionante. Otra, en cover por Nano Stern y Manuel García (solo con guitarra y voz). Y por último una por MARKAMA y Rubén Rada, creo de un concierto en Buenos Aires, con imágenes impresionantes de grabados y documentos de venta de esclavos en Lima durante el siglo XVIII.

Si uno las escucha, las canta, se pueden volver parte de un soundtrack mental muy poderoso. (En realidad el soundtrack mental mío en Chile tuvo mucho, mucho más – decenas de canciones, huaynos, poemas de Violeta Parra, el increíble Galambito Temucano, y mucho de Víctor Jara. Pero reduzco de momento al increíble Samba Landó.)