Posponer la emergencia

La invitación (de Alejandro Martín) a participar en el 45 Salón Nacional de Artistas inicialmente parecía más a dar una charla. Se trataba de la Cátedra Performativa dentro del marco del 45SNA – un lugar de encuentro entre conferencistas, danzantes, performancistas y demás personajes. Acepté sin percatarme de estarme metiendo en camisa de once varas, sin verificar que se trataba más de una invitación a una acción tipo performance que de una invitación a dar una charla sobre El revés de la trama. Terminó siendo muy interesante (para mí, por lo menos).

Con Ana Ruiz, violinista preocupada por aspectos de la interpretación que de alguna manera ponen en el centro el problema de la traducción, de la interpretación violinística (o de la interpretación más a secas), nos reunimos a pensar de dónde veníamos, qué diálogo podríamos entablar, cómo podíamos responder a la invitación original de Alejandro.

No había mucho tiempo (yo ando metido en veinte mil proyectos de investigación, de enseñanza, editoriales, etc. y Ana anda ocupadísima con la co-organización de algún fragmento del inmenso SNA, además de su propio trabajo como violinista y profesora), pero el diálogo fluyó muy bien. Fue un placer hablar de

  • Funtorialidad e Interpretación,
  • Emergencia de lenguaje/sintaxis a partir de semántica versus emergencia de semántica a partir de lenguaje,
  • Ciclicidad en Steve Reich, ruptura de simetría y surgimiento de obra a partir de esa ruptura,
  • El rol del olvido en poesía, en música, en matemática.

Naturalmente, ambos tuvimos que borrar especificidades y resaltar aspectos comunes. Después de unas cuantas horas de conversación libre, diagramas, ideas, tachones de ideas, llegamos a nuestro diálogo.

¡Mil gracias a Ana por el diálogo, la interpretación, las conversaciones sobre el violín (y el piano y los funtores), el escuchar y genuinamente tratar de seguir y responder a las elucubraciones sobre lenguaje, lógica, funtores, olvido, haces, ser y representar!

¡Y mil gracias a Alejo también, por la invitación!


He aquí el esquema global del performance (abajo, minutos):

Y he aquí algo de registro (fotos y videos: María Clara Cortés):

variations

… as she teaches me the special care necessary when playing variations (don’t study them linearly! focus on structural similarities not visible in the melody! play in a sequence of different ways (eyes closed, fingers lingering not pressing the keys, air playing, repeating note names, mute playing, etc.) each passage…) I start to see the potential dreariness of variations not well played out, the possible drift into vapidness … and by symmetry, the extreme richness and brutally meditative mind state that may be attained when really playing variations linking the various possibilities opposing richness and structural similarity…


the final movement of Hob. XVI 24 (cf. Richter)


Enigma Variations (not the Elgar orchestral piece, but the Aciman novel) is a long-winded, extremely well-crafted extended novella. Aciman takes up the main subject of his now very famous Call Me By Your Name and literally unfolds it through variations in later life, variations of an early, burgeoning sensual/sexual experience of ¿love? that leaves a boy, a man, marked throughout his entire life, and whose many additional loves are lived as variations of some sort of the first (unaware) one. Paolo falls in love (without really knowing it, without even being able to detect it, let alone phrase it, without as much as a language for his feeling of infatuation) with a cabinet-maker, a falegname in an island off the coast of Italy where his family spends summers. Paolo, at twelve, slowly discovers his own love for twenty-something year-old Gianni, for his hands and nails, for his trim frame and green eyes, for his face he doesn’t dare look directly – and in uncovering his own outsidification and othernessifaction ends up building from rough pieces a language for what his eyes, his racing heartbeat, his breath, his arms, his skin hair raising, his balls tickling, his ¿unwanted? erection have already given him the knowledge he cannot yet phrase… This first theme, so reminiscent of Elio’s story in Call Me By Your Name, has later some variations. Alternating love for women and for men, in a kind of odd nod to Virginia Wolff’s Orlando, the rest of Paolo (later Paul in New York)’s loves continue playing a note of untold arousal, mental courting, projection of images, smells, textures that Paul knows are often best left unexpressed. A triumph of the non-explicit (made explicit in Aciman’s prose, of course). An endless set of variations of his early theme.


Beethoven’s Diabelli Variations (mentioned often in Paolo’s conversation with his father in the island in Italy, hummed by both to the exasperation of the mother, as a secret key-code between father and son) – and then Paolo’s understanding of his own father’s infatuation with the same young man that he as a young adolescent lived through – Paolo’s un-judgmental and again implicit camaraderie with the memory of his own father. And the Diabelli underscoring those memories.


Photographic variations (on Finnish glass geometries):


Mathematical variations are always tricky. In some unacknowledged sense, whole swaths of math are really sophisticated variations on themes. But we do not really, we do not truly call them that, we do not truly think in those terms. Usually.


(I feared when first seeing this overhanging Möbius strip that it would be too contrived, too cliché. The Möbius strip is an almost immediate image coming to mind when evoking the main theme of the Salón Nacional de Artistas this year, “the reverse/back of the threading/of the weaving” (el revés de la trama) and the special exhibition Aracne’s Fable under the curatorship of Alejandro Martín. Yet on second view I found this variation on a classical theme, by Adrián Gaitán, very powerful. The heavy physicality provided by the used mattresses, apparently taken from some whorehouse in Cali (at least according to our guide at the exhibition). And that seems to be the case. The mattresses, made of cheap polyester-like material, woven and rewoven and repaired after many uses, bear stains and traces of bodily exertion, of many possible sexual acrobatics but also of sweat and blood, sperm and urine, vaginal and anal secretions, saliva and tears; all those human fluids and traces of people (and suffering and moaning and exploitation and delight, money transactions and childbirths and hopes for the lives of those children) also woven into the fabric, also immanent and impossible to efface. All that heaviness turned by Adrián Gaitán’s variation into a floating symbol of a primal kind of reversion, into a pristine and ideal and immaterial shape.)

sobre un párrafo de NGD

Juan Fernando Mejía me ha enviado una página (maravillosamente subrayada, visualmente muy llamativa) de las Notas de Nicolás Gómez Dávila. En esa página hay un párrafo muy cargado de lecturas posibles, muy preñado de significados (aludidos, insinuados):

La página 343 de las Notas en la edición de Villegas es interesante por muchas razones, más allá de ese párrafo central sobre las matemáticas. Quedo sobre todo con muchos interrogantes, muchas dudas que planteo primero que todo a Juan Fernando – y naturalmente a quien quiera que se interese por los temas mencionados en ese texto.

Empiezo por los párrafos anteriores, los más subrayados por Juan Fernando.

Ninguna época es más rica que la nuestra en enseñanzas religiosas.

No tengo mucho qué agregar. Es imposible no estar de acuerdo, casi a priori, con Gómez Dávila en este punto. Uno de los temas más centrales de la cultura global del siglo XXI, como bien lo ha señalado otro filósofo de apellido Mejía, el ahora rabino Juan Mejía, es precisamente la cuasi-omnipresencia de variantes de la religión en el mundo actual, la definición de nuestras guerras culturales justamente en términos que funden lo religioso con lo “cultural” de maneras que tal vez logró vislumbrar con lucidez Gómez Dávila.

Negar en 1920 o en 1950 la preeminencia de lo religioso podía ser cómico a los ojos de alguien como Gómez Dávila, pero mentes también lúcidas de esa época lo hacían y lo justificaban en una finalidad (¿hegeliana? ¿marxista? ¿sencillamente kantiana?) de la historia y una racionalización de esta. Las excepciones (muy ilustres – Lévinas, Gómez Dávila aquí, y tal vez de manera muy extrema Simone Weil, Leibowitz) provenían o de pensadores que veían el racionalismo brutal (excesiva confianza en la razón, nos dice NGD precisamente en el tercer renglón de esta página 343 de sus Notas) presente en el catolicismo – en cierto catolicismo intelectual, o de pensadores que sabían la importancia arrasadora de lo místico (Simone Weil es uno de los casos más extremos). Negar en la primera mitad del siglo XX esa preponderancia era en todo caso la respuesta más común, más natural tal vez.

Negar en 2019 la preponderancia de lo religioso es casi imposible. Buscar sostener (como tantas veces lo intento) posiciones genuinamente a-teas o agnósticas o sencillamente ignorar a secas la cuestión religiosa, en 2019, es difícil. La realidad política, social, cultural del momento obliga a cualquiera que se preocupe por lo que está pasando en el mundo a no ignorar la cuestión. (En mi caso particular, he intentado mantener una posición distante de toda religión organizada, y cercana tal vez a la idea spinoziana de «Dios»; sin embargo, muchos atisbos de luz que he logrado han tenido lugar en conversación con rabinos (entre ellos Juan Mejía y sus parashot ha-shavua, sus «homilías» semanales).)

Y luego, el párrafo sobre las matemáticas en esa página, aparentemente invocadas fuera de contexto justo después de los párrafos iniciales sobre las enseñanzas religiosas:

Es radical NGD aquí: «nada es más exclusivamente propio al espíritu que el raciocinio matemático».

La primera pregunta que me hago al ver una frase así es: ¿a qué tipo de matemática se podría haber estado refiriendo Gómez Dávila? ¿qué tipo de matemática había tenido la fortuna de aprender formalmente? ¿qué tipo de matemática habría aprendido más como tema de su curiosidad cultural? ¿habrá alguna vez ensayado su pluma, su tablero, en una demostración propia de algún teorema, en la formulación de alguna teoría, o sencillamente en el trazar la equivalencia entre dos nociones?

Pero esas son preguntas iniciales, tal vez necias, de quien vive sumergido en un hacer, en un pensar, en un transmitir, en un aprender (frustrantes, como siempre lo es la matemática y como aprendemos a apreciar).

Más allá de la frase (que naturalmente resuena de manera muy fuerte con inquietudes propias), me preocupa que no sea obvio para casi todo el mundo, y sobre todo que no sea obvio para algunos matemáticos esa conexión entre el raciocinio matemático y «el espíritu» que con claridad meridiana expresa Gómez Dávila.

Precisamente hoy veía un video (muy interesante, por otras razones) de un matemático londinense que intenta promocionar una manera de hacer matemática verificada por computador, usando un lenguaje llamado Lean que le permitió formalizar recientemente uno de los logros más impresionantes de la matemática contemporánea, de la matemática de esta última década: los «espacios perfectoides». Ocho meses de trabajo arduo, 10.000 líneas de código, el trabajo de dos matemáticos profesionales y un postdoc para lograr… expresar una definición de espacio perfectoide en Lean. Más allá del tour de force obvio, está la pregunta de verificabilidad de la matemática y del temor de imperfección de muchos. Lo más aterrador del cuento es el final del video. Cuando el público le pregunta duro (y lo medio acorrala), el autor de ese código-definición de ocho meses y 10.000 renglones suelta su frase clave: I am a formalist. I don’t care about beauty, I care about correctness only.

El lugar del «espíritu» que reivindicaba NGD intenta ser brutalmente desplazado por ese matemático contemporáneo, y hace un llamado a las generaciones futuras a seguir ese «camino muy natural» abierto por su código.

Otro canto nos viene de Simone Weil. Si hay alguien que de alguna manera hizo concreto lo que NGD lacónicamente expresa en su frase, si hay alguien que en pleno auge y furor de materialismos adoptó una postura muy radicalmente mística y puso a la matemática en pleno y absoluto centro de su búsqueda del lugar del espíritu, esa fue Simone Weil, la hermana del impresionante matemático André Weil.

Es imposible no escuchar ecos de Simone Weil en las frases (tal vez demasiado cortas) de Gómez Dávila. Es imposible no evocar sus propias evocaciones (o no entonar sus propias entonaciones) de su paso y lidia y lucha con la matemática en sus años formativos, de la sed y frustración y dureza y sabor de piedra que le dejó la matemática en su camino al misticismo, a uno de los máximos misticismos del siglo XX.


Addenda: Mañana viernes a las 16:30 en la Cinemateca Distrital daremos con Ana Ruiz un «performance» (no encuentro mejor palabra) llamado Posponer la Emergencia, dentro de la Cátedra Performativa Geometrías ardientes asociada al 45 Salón Nacional de Artistas. Será (dice la descripción) un Performance-Diálogo entre lenguajes matemáticos y musicales. De alguna manera creo que algunos de los temas que (brevemente) dialogaremos (entre una violinista y un matemático) están entrelazados con los temas que evoca el pasaje de Nicolás Gómez Dávila.


Gracias, mil gracias, a Juan Fernando Mejía, por enlazar esa página. Sigo pensando en los múltiples significados (posibles) de esas frases.

Judenplatz, Wien

El monumento de Rachel Whitehead es un bloque de concreto sólido, con libros que no podemos leer, de las cuales ni siquiera podemos ver las carátulas pues están al revés. Totalmente hermético, como la dificultad de memorizar eventos tan horrendos. Y nombres. Nombres de lugares como Bergen-Belsen y Auschwitz, Lublin y Majdanek – esa geografía de Europa Central que de solo ver evocada nos puede helar la sangre.

Y nada más, solo el concreto puro, en medio de la Judenplatz en el corazón del centro de Viena, situado como un lugar inaccesible, como un Kodesh haKodashim impenetrable, de un templo que ya no está.

La única excepción es el letrero en hebreo que dice

זכר למעלה מ-65.000 יהודים אוסטריים
שנרצחו בשנים 1945-1938
ע”י הפושעים הנציונלסוציאליסטיים ימ”ש

En recuerdo de los más de 65.000 judíos austríacos que fueron asesinados entre 1938 y 1945 por los criminales nacionalsocialistas.

La única parte de todo el monumento que, a pesar de lo terrible que expresa, permite un resquicio de (leve) luz: la palabra inicial זכר (zajar, zikarón: memoria, recuerdo). Lo único que de alguna manera permite levantar la cara es el recuerdo.

El monumento lo vimos el 17 de enero pasado, en un día largo en Viena en que caminamos y caminamos junto al Danubio tratando de hacer algo después de esa noche anterior en que supimos de la muerte de mi padre. Cruzando sin rumbo muy definido la ciudad de retorno, nos topamos con el monumento. Yo no había podido volver a ver esas fotos. Pero un trino de Nicolás Medina (quien en enero estaba terminando su tesis de maestría que le dirigí) donde sale el monumento me interpeló, y tuve que regresar inmediatamente a ese momento, y a ver las fotos. Aquí están:

Ödön von Horváth – Jugend ohne Gott (o las raíces del fascismo)

Un tema que ha aparecido de manera sostenida a lo largo del siglo XXI ha sido el paralelo entre los eventos de Europa en los años 30 y lo que se está viviendo en varias partes del mundo hoy. Uno de los artículos que (hasta donde veo) han causado más impacto en esta línea hasta ahora ha sido el del historiador del holocausto Christopher R. Browning, en la New York Review of Books, The Suffocation of Democracy. En ese artículo el autor establece desde su lente privilegiada de historiador de ese período los terribles paralelos (y diferencias cruciales, también preocupantes) entre la situación actual en Estados Unidos y el período de entre-guerras y el ascenso del fascismo en Europa.

Al lado de mi interés por esos análisis de historiadores como Browning, a mí me ha llamado mucho la atención recientemente leer (o releer) la literatura de esa época que de alguna manera detecta las corrientes subterráneas sociales que van desembocando en que un pueblo entero se transforme en un monstruo fascista. Me interesa la pendiente que inicia suave y luego se vuelve imparable y que conduce gente “normal” (?) en personas que terminan votando por personajes como Hitler en la Alemania de los años 30 o por varios de esos horrores que tenemos hoy en varias partes del mundo.

Claro, Joseph Roth es una figura clave ahí, como lo es Musil (de manera inmediata en las Tribulaciones del Joven Törless, claro, y de manera en cierto sentido más honda y dura en el Hombre sin atributos). O el mismo Kafka, de manera acaso más simbólica e implícita pero no por eso menos tajante.

En días pasados descubrí otro autor que no conocía y que me dejó literalmente con las venas heladas al leerlo. Se trata de Ödön von Horvath, escritor austriaco que vivió entre 1901 y 1938 y alcanzó a dejar algunas novelas cortas y obras de teatro (llegué atraído por el apellido Horváth, de grata recordación para los matemáticos colombianos – incluso para aquellos que no llegamos a conocerlo personalmente, y por el interés por Hungría surgido de un viaje reciente a Budapest).

La obra de von Horváth que leí al inicio de vacaciones y que me dejó (como decía) con las venas heladas, sin aire, se llama en español Juventud sin Dios. Es una novela corta, de esas que se leen muy rápido, y que no le dejan a uno la mente libre ni un instante mientras uno la lee. Es una de esas novelas cortas que parecen dibujos narrados, con trazo ágil y necesariamente incompleto, esbozado.

El protagonista es sumamente ambiguo: un profesor de colegio en una ciudad arbitraria de Alemania (o Austria, ni siquiera es claro si sucede antes o después del Anschluss), que enseña la que posiblemente era entonces la materia más complicada de enseñar para una persona con consciencia: Historia y Geografía. La traductora (Isabel Hernández) explica: «el 20 de julio de 1933 se dictaron las líneas directrices para los libros de Historia, por los cuales se introdujo el concepto de “raza” como una de las bases del estudio de la disciplina». No solamente se empezó a usar la raza como una de las bases, sino que la radio entera emitía «conceptos» que oficialmente no podían ser contradichos – mucho menos por parte de un profesor de colegio.

El protagonista es ambiguo porque al narrar deja ver su doble-pensar, su inconformidad interna (pero tembleque: logró su puesto y no es fácil pensar en perderlo).

La historia narra un conflicto inicial con los alumnos de un curso (y la ingerencia de un padre muy fascista), luego un paseo (obligatorio en Pascua en la Alemania hitleriana) del colegio a un campamento de entrenamiento militar, con el profesor como acompañante, y una situación compleja (asesinato, juicio) surgida durante el campamento.

En poco más de 100 páginas la novela logra transmitir la inseguridad generalizada para los que dudaban (como el protagonista), las tensiones brutales a las que podían ser sometidos en su interactuar, sobre todo después de los eventos en el campamento.

Pero sobre todo ofrece una visión muy descarnada y directa de varios panoramas mentales – el de un profesor que asiste al desmoronamiento de su propia carrera como consecuencia remota de atreverse a decir (tímidamente) que los negros (que según la traductora en la Alemania de los años 30 eran una manera de referirse de manera genérica no solo a la gente de raza negra sino a todo lo “no ario”: judíos, gitanos, árabes, etc.) también eran seres humanos – y también el de varios jóvenes muy distintos. Panoramas mentales que llegan en casi todos los casos a un abismo o a un muro de opacidad.


Parte de lo encantador del libro es cierto estilo a la vez brutalmente incisivo pero no sobre-trabajado. Hay quienes (Werfel) achacan a la juventud del autor, muerto a los 37 años en París esta cualidad no del todo pulida, no acabada. No sé. En épocas como la nuestra creo que hay que atrapar de manera muy directa e inmediata lo que haya y nos sirva para entender esto que puede estar pasando con nuestros jóvenes.

Ödön von Horváth

más sueños de final de semestre / libros

Como este semestre ha parecido infinito (pues empezó realmente en agosto de 2018, se prolongó a través de múltiples vicisitudes durante meses y meses y meses, tuvo la pausa extraña y difícil de enero, y luego una pausa no pausa y luego encadenó con el (llamado) 2019-I) todos estamos agotadísimos.

Y en ese agotamiento sueña uno cosas raras, casi absurdas (pero reconfortantes, no sé bien por qué). Anoche soñé con Zaniar y con mi papá. Ya no recuerdo bien, ya pasó todo el día. Tenía que ver con puntos en unas medias y con explicaciones. Estaba la comprensión infinita de Zaniar, esa manera que tiene ese joven matemático kurdo de entender casi a priori tantas cosas de Colombia, de mi vida, de lo que realmente importa en teoría de modelos. Pero el sueño no era sobre nada de eso. Y estaba mi padre ahí, como tranquilo. Yo sabía que se había muerto, que lleva ya seis meses (casi no lo puedo creer) surcando el más allá (o como quiera que se llame donde anda ahora) y que después de estar lejos volvía a decirme algo, pero no recuerdo ya qué.

En el sueño era feliz su retorno, era como una aceptación tipo pues sí, te fuiste, qué vaina, nos dejaste solos aquí abajo lidiando con cosas idiotas (algunas incluso culpa tuya, obviamente, otras simplemente este planeta que está bien cansón últimamente con sus competencias y sus rankings y demás absurdos), pero qué bueno que estés ahí que tu sois là encore une fois – regarde un peu cette folie de planète heureusement pour toi tu l’as quittée avant qu’elle n’explose pero no todo era tono de reclamo – era más algo formal, un Glasperlenspiel de esos que le gustaban tanto, y pues ahí estábamos…

Era un sueño medio despierto; yo sabía que estaba durmiendo feliz en Chía, desnudo bajo el duvet de plumas con la montaña ya amaneciendo y preciosa con sus nubes y los aromas nocturnos de nuestro lecho con María Clara, placer puro – y aún así seguía soñando con alguna estructura extraña, como una superficie de Riemann que iba cambiando y siendo marcada por los personajes del sueño (Zaniar y mi padre, ¡qué combinación!) y puntos blancos y puntos negros y grafos y la eterna química…


Y los libros, tal vez los libros han sido parcialmente causantes de esos sueños, y no solamente el tan mentado fin del semestre infinito.

He estado abriendo cajas y cajas de libros. Repartieron – a mí me tocaron los de química, física y matemáticas que él tenía, más de 600 libros de esos temas. La cifra 600 no dice en sí nada, pero yo ando abrumado abriendo y abriendo cajas con mecánica cuántica, química a varios niveles, topología algebraica, topología combinatoria, espectroscopía, filosofía de la ciencia, también ese tema que yo odiaba y odio – cienciometría; en general detesto con todo mi ser las métricas aplicadas a la creatividad o al conocimiento o a la “producción científica” (qué combinación tan fea de palabras, como si fuéramos esclavos de algo) – pero que mi padre decía “había que estudiar pues de lo contrario las entenderán mal” – a lo cual contestaba/contesto yo “igual las entendieron patas arriba”…

Los temas bellos, la mecánica cuántica, química a varios niveles, topología algebraica, topología combinatoria dan para una biblioteca hermosísima y buenísima. La estoy distribuyendo entre estudiantes de él y allegados (aunque también decidí armar una biblioteca del grupo que tenemos con los geómetras pues a todos nos interesan la física y la química)… pero de momento mi estudio está repleto de cajas semiabiertas, y entre fin de semestre y mil otras obligaciones saco tiempo para ir mirando, libro por libro, qué hay, con qué me quedo, qué doy a quién, qué hago

Abdul parece disfrutar mucho ese desorden…

fin de semestre

soñé con Federico Ardila y con Javier Moreno, justo ahorita antes de despertar

el sueño era en un congreso, en algún lugar de Norteamérica, no era en Bogotá – yo veía brevemente a Federico pero estaba yo llegando tarde a alguna charla y no alcanzaba a hablar con él

Federico se quedaba sentado atrás, en una mesa grande, escribiendo o mirando su portátil o haciendo cuentas (recuerdo la mesa pero no los detalles)

luego, durante la charla, que no era de las que más usualmente oigo, me daba cuenta yo de que cierto software clave para algo sobre el cual estaban hablando era de coautoría de Federico; no sé para qué era pero recuerdo que en la presentación era anaranjado y que tenía algo matemático (¿combinatorio?) que me llamaba poderosamente la atención y que yo quería entender a como diera lugar – no sé por qué creo que se me mezclaba con algo de funciones de Kuratowski para capturar cardinalidades infinitas mediante interacciones dimensionales pero mezclado con algo de filtros que no está en Kuratowski – pero durante esa charla pensaba yo que tenía que hablar con Federico

luego estaba yo hablando con Federico; al principio él me daba una explicación general del software pero luego la conversación se volvía más seria, más metida en el software mismo

mi mamá pasaba por ahí en algún momento – ahora lo recuerdo – y decía algo / por alguna razón Federico se ponía a hablar con ella de algo de matemáticas – yo sentía que había algo fuera de contexto; como si Federico le estuviera explicando a ella lo que yo le había preguntado, y ella tuviera la clave (de algo de combinatoria o del famoso software anaranjado maravilloso)

luego aparecía Javier, Javier Moreno – al principio yo no estaba seguro de que fuera él porque él me había dicho que no estaba yendo a esos eventos, pero ahí estaba y me hablaba sobre el software también como si supiera algo, con naturalidad, como si nos hubiéramos visto hacía pocos días, como tranquilo – se veía como el Javier de hace años ya

luego Javier seguía hablando pero tenía el pelo blanco y un tono de una edad muy madura; yo me asustaba un poco porque veía que era como si Javier fuera a la vez joven y viejo, y yo podía ver dos edades muy distintas según lo que pasara

Javier algo decía de haber ido al congreso por haber hablado con mi mamá (de nuevo, una conexión muy improbable) y que también quería entender lo del software de Federico (pero creo que a otro nivel; lo mío era algo de combinatoria – Javier sí quería hacer algo con el software ese)

salía Javier, yo lo alcanzaba, de nuevo era muy joven – yo le decía “¡¡oiga, entonces sí era usted!!” – él me decía algo en tono cáustico pero muy amable a la vez

creo que Abdul me despertó en ese momento

too floating (on walking in a photo-infused city)

these photos were posted on my fb page a couple of days earlier; some people commented on them, some even said they liked them very much and later explained why

in my case, it was more of a slight homage, a very modest acknowledgment of a sensibility being triggered by the brutal amount of great photography done by people from that city, in that city sometimes

Budapest was an occasion to connect:

  • with Michael Makkai, that great Mathematical Logician and person; I felt honored to celebrate his 80th birthday in Budapest, and to give a lecture in that great occasion at the Rényi Institute!
  • with many logicians, some older friends (János Makowsky, who went from Haifa to the meeting; Péter Komjath, who was one of the organizers), some new colleagues (and some inspiring talks)
  • with the incredible Danube I keep reading about and (meandering encountering at every turn, be it in Vienna, in Budapest or in the writings of people like Canetti)
  • with great café life (in particular, IF, the best jazz café to do math in the world and perhaps dually the best math café to listen to live music in the world)
  • with archives of photographers (Kértesz, Moholy-Nagy, Capa are perhaps the first that come to mind, but there are so many others!) and their amazing obsession with reflection/transparency
  • with combinatorics (last but not least)

As I was walking toward the Jewish Quarter Sunday a week ago, I encountered this:

de ciertas simetrías

Ahora que se ha dicho tanto sobre la Catedral después del incendio de ayer, no tengo mucho que agregar. Eso sí, sentí muy fuertemente el peso de lo efímero de nuestra época al contrastarlo con una obra hecha durante varias generaciones de artesanos, arquitectos, ingenieros, maestros en vitrales, talladores. Hecha durante más de un siglo como algo colectivo y (a pesar del desastre de ayer) eminentemente perdurable. Miles de piedras imbricadas unas en otras, talladas para que empaten sin argamasa ni cemento de ninguna clase, aparentemente algunas con mensajes o grafitis de los maestros que diseñaron las claves de su soldarse. Quién sabe cuántos talleres de fundición de plomo y creación de vidrios coloreados con minerales (y quién sabe cuántos muertos prematuramente por los efluvios tóxicos), todos soñando esas vidrieras abrumadoras de color y simetría y belleza. Quién sabe cuántos ensayos con pesas y cuerdas para lograr la forma perfecta de los contrafuertes.

Hace año y medio, en octubre, pasé una mañana por Notre-Dame cuando estaban abriendo las puertas, como a las 7 o 7:30, no recuerdo. Había salido a correr por el río y a tomar fotos del amanecer parisino. Pasar por Notre-Dame más tarde era verla con hordas de turistas y no daban ganas de entrar; en contraste, esa mañana no había prácticamente nadie más. Estaba terminado de ajustar una charla difícil de dar, en un evento sobre el Infinito que reunía mentes de disciplinas muy variadas, al día siguiente y tenía la mente repleta de posibilidades aún en fermento.

La soledad de Notre-Dame esa mañana, el poder entrar y estar ahí un rato, prácticamente solo durante un buen rato, fue algo muy único. Me dediqué a intentar registrar, con cámara móvil, algunas simetrías.

Al día siguiente durante la presentación usé una de esas fotos, al tratar de evocar la jerarquía de grandes cardinales para un público que constaba de matemáticos pero también de artistas, filósofos e historiadores del arte. Mi colega (que ha dedicado buena parte de su vida a extraer aún más simetrías de los grandes cardinales, a enfatizar el rol de los principios de reflexión) Joan Bagaria habló en ese mismo evento sobre la simetría peculiar presente en los grandes cardinales.

Va un pequeño álbum con fotos (¡cámara móvil!) de algunas de esas simetrías.


Árboles urbanos: el caso de Teherán

Teherán: camino del aeropuerto a la ciudad

Entrar a Teherán después de muchísimas horas de vuelo desde Bogotá, al amanecer de un viernes (que es como nuestros domingos en el mundo musulmán) trae una fuerte sensación de mezcla entre familiaridad y lejanía. Todo es muy distinto (el aeropuerto queda en un desierto, se percibe todo muy remoto) pero a la vez muy familiar para los bogotanos: una ciudad enorme, muy contaminada, con cerros a un solo lado y el aeropuerto en el extremo opuesto. La disposición de barrios tiene también fuertes analogías: los barrios más ricos están junto a los cerros, y a medida que se aleja uno de esa zona la ciudad se puebla de casas bajas, bodegas, callejones y avenidas inmensas, un poco como buena parte del occidente de Bogotá.

En noviembre de 2015 tuve la oportunidad de ir por tres semanas a dar un minicurso en el IPM en Teherán y luego unas conferencias ahí mismo y en Isfahán. El Instituto de Estudios Avanzados en Matemática y Física Teórica, el famoso IPM, queda en un antiguo palacio imperial, en una zona rica de la ciudad, junto a las lomas. Un “Rosales” de Teherán, hasta cierto punto.

Algo que vi en buena parte de la ciudad, algo cada vez más relevante a nuestra Bogotá desarborizada, fue la cantidad de árboles urbanos. Aunque está rodeada de desierto (y montañas peladas), la ciudad sí que está repleta de árboles. Para el bogotano que soy era doloroso ver de manera tan directa el tiempo que hemos perdido en Bogotá al no arborizarla masivamente.

Teherán es en buena parte un jardín urbano inmenso (aunque en medio de un desierto). Bogotá es en buena medida un peladero, un lugar sin árboles (aunque estemos rodeados de cerros con muchos árboles y de verde al salir). Ambas ciudades tienen problemas muy graves de contaminación, pero Teherán al menos parece haber tenido alcaldes respetuosos del medio ambiente.

jet-lag in Munich

on the second day of this year we landed in Munich; the uneventful trip from Bogotá left us haggardly tired; we had a connection on the next day to Rome, to spend a couple of weeks in Italy and we didn’t really expect too much from the German city, the stopover…

I had almost completely forgotten that cold, cold day in that white white city – the food was lousy (Bavarian dinner in the center of the city, of course too heavy; good sausage and mustard but who wants to eat more than a bite of such kind of food?), the breakfast good (Germans know about that) and then the Englischer Garten in winter. The trip to Europe, that part, was so abruptly cut short by the death of my father, that I had managed to completely erase Munich from my memory.

It felt like all too many battles had been fought on Odeonsplatz, it reminded me of John Berger’s novel G. and of course in the immateriality of a jet-lagged morning one could feel traces of Magris’s not too distant Danube there. It also felt a bit harsh as a city, not quite the Italianate city some Germans like to evoke when they mention Munich.

Later that day, the flight to Rome, crossing the Alps, entering life.

edge of irony

Started reading Marjorie Perloff’s Edge of Irony (Modernism in the shadow of the Habsburg Empire). Very eye-opening. She herself grew up as a Jewish child in Interwar Vienna, in what were the ashes of the former empire, and then emigrated with her family; they found refuge in the United States. Writing recently on the city that finally regained its former splendor, she stresses in Viennese literary modernism the crucial role of being on the edge: although German was the language in which people as varied as Musil (born in Brno), Canetti (born in Bulgaria, but really formed in Vienna), Celan (born in Bukovina), Kraus, etc. wrote, they all were immersed in many languages, in the peculiarity of being Jewish in a cosmopolitan city at a time where anti-Semitism was growing.

In the Introduction, amid many names one would expect (Wittgenstein, Musil, Canetti, etc.), Perloff includes as an interesting case of study the truly painful to read Gregor von Rezzori who wrote his Memoirs of an Anti-Semite in 1979. The directness of his account of anti-Semitism in Vienna between the wars is both horrific and eye-opening. There seems to be a short story of “himself when young” living with his very anti-Semite grandmother in Vienna as a student, and falling in love with Minka, the Jewish young women in the apartment upstairs. What is scary is the description of the mind of a young anti-Semite with a Jewish girlfriend, and the juxtaposition of (on one hand) thinking “if… the Germans want to conquer Austria, so much the better. The German-speaking peoples would be united again, as they had been in the Holy Roman Empire of Charlemagne”… but at some point he goes with Minka to a beer cellar and “a huge, rather shabby-looking young man roared in our faces, ‘Juden Raus!’ … I felt frightfully sorry for Minka and all our friends, but it was not my fault that they happened to be Jews, and in the event that they got into serious trouble I could use my connections with the SS to help them out again”, so the narrator continues.

What is most chilling in the passage above is the kind of “normalization” of anti-Semitism, of fascism, and to realize it happens daily in the 21st century. Of course, against the backdrop of what we know happened later, the last sentence is brutal.


I saw Perloff’s book first in the bookstore at the Freud Museum in Vienna. It seemed like a perfect gift for my father, except he wasn’t reading by then. I kept the name and decided finally to order it a few weeks ago, to continue the sort of dialogue he was so fond of, the sort of dialogue he started years ago when I was still living at the home of my parents.

the back yard of Freud’s apartment, summer of 2018 (photo: avn)
summer of 1979, in Schönbrunn, Vienna (photo: jlv)

universal tree

This had indeed the look of a universal tree, or so my friend told me (and convinced me). A couple of small lime trees (or was it orange trees?) in El Ocaso (that marvel of a place of dreams), on the Western slopes of the Eastern Colombian Andes.

My friend, the friend whose eye made me see the universality of those lime trees, is a painter, born in 1930 in Chicago, of a Czech family (father born with the century in Vienna, escaped the Austro-Hungarian empire’s and the impending draft of Czechs in Vienna, only to fight at the end of WWI back in Europe, in France – and then go back to America and have two sons – one who fought in the Pacific in WWII, the other one, my friend, in Korea). Don Kurka, the younger of those two brothers, a youthful person at age 88, has a marvelous eye for many things here in Colombia.

I took 111 photographs and sent them to Don. Only 16 survived his sharp eye. I added two that I could not really throw away…

Coda. We have been watching the Israeli series When Heroes Fly… we were extremely happy with Shtisel; this one is perhaps more standard, less unique, but there are two aspects that make it really nice for us to watch: it is made both in Israel and in… Bogotá. Many locations in Bogotá are actually very close to where we used to live (in La Macarena), where we now live (in Chapinero) and of course there is a lot of La Candelaria. There are Israeli and Colombian actors. BUT the crown, the reason I mention it here is that starting in Episode 4, the “Israeli heroes” travel to “The Jungle near Bogotá”. Well, that jungle near Bogotá, or whatever they call it, is… El Ocaso, La Esperanza. So, all these images of the universal tree – the series has shown a lot of that also.

Hiatus

No pude seguir con el blog, durante más de dos meses… Cuando llegamos a Viena internaron a mi padre a la clínica, otra infección. Hablamos con él. Estaba lúcido, pero sonaba muy agotado. No aguantó – la septicemia se lo llevó tres días después. Los médicos no fueron muy claros y todo pareció suceder muy rápido.

En su último día habíamos ido a ver la Secesión – ese lugar vienés impresionante. El friso de Beethoven (de Klimt) me hizo entablar un diálogo mental con mi padre. Tomé muchas fotos de detalles para poder comentar con él al retornar. Sabíamos que el tiempo corría pero nos tomó también por sorpresa. La conversación sobre ese friso, sobre el énfasis en la solidaridad entre seres humanos, no tuvo lugar.


Aquí están todas esas imágenes que tomé ese día, ese 16 de enero, para traerlas a Bogotá y hablar con él – y que no he podido volver a mirar de frente. No las pensé directamente como un regalo pero sí recuerdo que al tomarlas pensé en muchísimas obras que escuchamos desde que recuerdo escuchar música con él. Pensé en la Kreutzer y en la Novena, en la Tercera y en la Sexta, en la Cuarta y en la Séptima (y su danza). Pensé en el Emperador y en el Cuarto, en Fidelio y en el Triple Concierto. Pensé mucho en la Hammerklavier que le encantaba y la última sonata (trozo de la cual puse en el video que cuelgo a continuación). Pensé en los cuartetos, que le encantaban, y en el enlace con el abuelo a través de las sonatas intermedias. Pensé en el significado de esos frisos, el anhelo de unión, de comunión, de fusión con el mundo. Fue el último gran diálogo (mental) en vida de él – y aunque de alguna manera todos sabíamos lo que venía, debo decir que me tomó por sorpresa no poder completar este otro diálogo con él.

Agrego el video que hice hace mes y medio para despedirlo:

Fare Thee Well – imágenes de un viaje en tren de Roma a Nápoles, que comentamos – y luego imágenes del día después de su muerte, junto al Danubio, antes de emprender el vuelo a Bogotá

Por último, un enlace al texto que leí en su ceremonia de despedida, en la Capilla de la Universidad Nacional, el 19 de enero.

notas de enero

  • Múnich, solo una noche y una mañana, fue revivir la abrumadora literalidad germánica, que siempre nos parece a MC y a mí tan pesada, tan difícil de lidiar. Una cultura directa, literal (una amiga nos decía que no entendía por qué los latinos insultamos a la madre, que qué tiene que ver la madre con lo que hace la gente, etc.). Ligeramente asfixiante.
  • Roma cuatro noches – volver a ver miles de sitios anclados en historias familiares remotas algunas cercanas otras. Lo mejor fue (tal vez) descubrir que tanto del plano de la ciudad barroca es el mismo de la ciudad romana (el caso de la Piazza Navona que era un lugar de carreras de caballos es tal vez lo más visible de eso). Y ciertos platos. Y barrios que no conocíamos. Y (en mi caso) salir a correr por el Gianicolo al amanecer.
  • Nápoles sí que fue el gran descubrimiento para nosotros. Es una ciudad infinita, literalmente. En una semana apenas logramos rasguñar la primera capa, y nos sentimos felizmente sumergidos en otro tiempo, en otros paisajes. La ciudad es hermosísima, tal vez la más hermosa del país más hermoso de Europa. También es sucísima, supremamente disfuncional, repleta de desigualdades que la hacen sentir como una ciudad del Caribe colombiano o del Nordeste brasileño, repleta de grafitis a más no poder – una de esas ciudades que como El Cairo o tal vez Calcutta hacen pensar en Bogotá como si fuera el epítome del orden. Pero en Nápoles uno está a la vez en Roma tardía, en Grecia helenística, en el Mediterráneo barroco y en la ciudad contaminada y terrible del siglo XXI. Esa simultaneidad, y la cantidad de maravillas que se esconden tras las capas y capas de basura, la hacen el lugar más impresionante que he visto recientemente. Una parte de nosotros quedó allá; incluso nos dieron ganas de ir y pasar todo un semestre. Nápoles lo induce a uno a soñar mucho, y salir de ahí se siente como salir de un mar profundo de maravillas, de monstruos y tesoros submarinos.
  • Viena, a mera hora y media en avión de Nápoles, es como volver a “Europa” (en el sentido que la gente a veces usa), a la Europa del buen transporte público, de todo ordenado y pulcro… y todo a la vez ligeramente asustador. La Europa como nerviosa de que algún día un tren se descarrile y se vaya todo, absolutamente todo, al traste como ya les pasó – la Europa de los taxistas que sólo hablan alemán y ni una palabra de inglés y regañan porque uno les dicen “links bitte” (cruce a la izquierda por favor) y le explican largamente en alemán que ellos no pueden cruzar por ahí a la izquierda, que hay Polizei, que ellos hacen su trabajo und wir wohnen hier und wir wissen… y ni siquiera entienden que uno no les está entendiendo lo que dicen, ni siquiera pueden imaginar que alguien no hable alemán… la Europa que Fassbinder retrata tan precisamente. Europa Europa: museos muy buenos (pero caros), wifi impecable, café mediocre a 3€ (después del excelente café a 1€ de Nápoles), maravillosos tranvías y metros, pero gente potencialmente muy agresiva (aunque muy controlada por ahora). Un concierto interesantísimo, maravilloso, en el Arnold Schönberg Center… pero éramos cinco gatos (bueno, cien pelagatos)… en una ciudad que sí llena salas muy grandes con programas kitsch de valses de Strauss… Alles gut, alles klar, alles interessant…
  • Una noticia fuerte de enero es la acusación a nuestra colega turca Ayşe Berkman. Su defensa ante la corte que la acusa es un ejemplo MUY fuerte para los lógicos, para los matemáticos y para los académicos en general. Ayer 14 de enero se celebraba el “Día Internacional de la Lógica” (una iniciativa nueva). En Bogotá hubo una sencilla cerveza lógica en un pub de La Macarena. Les envié una carta abierta que enlazo aquí.
  • Una noticia brutal de enero es el asesinato ayer del alcalde de Gdańsk, Paweł Adamowicz. Era un hombre progresista, comprometido en la Polonia actual con los derechos de la comunidad LGBT y con los migrantes. Fue asesinado por algún fascista de la ultraderecha polaca. Es una señal espantosa de lo que está pasando en Polonia, en buena parte de Europa y en muchos países del mundo. Mencionaban algunos polacos la resonancia con el asesinato de Gabriel Narutowicz en 1922, el primer presidente de la Polonia independiente del siglo XX, a tan solo cinco días de haber asumido el cargo.
  • Dan ganas de regresar a los paisajes y mosaicos y esculturas de la Antigüedad. Por lo menos a la percepción de otro tiempo, de otro lugar. Tengo muchas fotos, muchas. Vendrán después. Y videos topoísticos. Y…

Caminar sobre Fragmentos

El verbo original es frangere, romper, partir. La obra de Doris Salcedo se llama fragmentos, una de las palabras derivadas de frangere. Partir, quebrar. Otros derivados en nuestra lengua de frangere incluyen palabras como infringir (quebrar un contrato, una ley), naufragio (el quebrarse la nao), frágil, fractal, fracción. Derivados menos obvios como sufragio o refrán. Primos lejanos (pues la raíz original original indoeuropea es bhreg, de donde vienen los brekan, break de la rama germánica o el fregi, pasado de frangere en latín).

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El espacio hace ahora parte del Museo Nacional, y durante 52 años será lugar para intervenciones/obras que tengan que ver con el conflicto con las FARC, con esos 52 años. El suelo del espacio son los fragmentos de las antiguas armas de las FARC, y en las paredes (por ahora vacías) habrá proyecciones de video, cuadros, etc.; dos veces al año será cambiada la instalación. La próxima, dentro de seis meses, estará a cargo de Clemencia Echeverri y de Felipe Arturo.

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La obra de Salcedo es muy fuertemente catártica. Uno no sabe exactamente qué esperar. Pero al caminar sobre los fragmentos (cuadrados puestos pero no soldados) y sentir que se mueven levemente esos cuadrados, que siguen siendo fragmentos ligeramente sueltos, queda la sensación muy poderosa de poder caminar sobre las armas. Poder sobreponerse, en sentido físico y muy literal. Sobre/Ponerse.

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Los cuadrados siguen moldes que fueron martillados por mujeres víctimas de violaciones durante el conflicto. Martillar también debió ser una catarsis muy fuerte para las mujeres. Quedan huellas, heridas, cicatrices, en esas placas (hay 30 moldes distintos, 1800 placas en total). A medida que uno va absorbiendo el lugar, caminando, empieza a descubrir más y más relieves sutiles, más y más heridas. Por momentos la superficie de las placas evoca planchas geográficas del relieve colombiano (aunque aplanado). Eso es: armas del relieve colombiano, afortunadamente aplanadas pero con los contornos de las heridas que martillaron las mujeres.

Hablé con dos policías que se estaban tomando fotos el uno al otro en ese espacio. Les pregunté qué sentían, qué pensaban del lugar. Me dijeron que les impactaba muchísimo. Que ellos habían hecho parte de los diálogos desde el principio, que la cosa había sido muy difícil. Pero que toca apoyar este proceso, como sea. No les tomé fotos.

La experiencia de caminar y volver a caminar sobre esas placas es a la vez opresora y muy liberadora. No me queda fácil expresar por qué. Era feliz yo al caminar y saber que las armas que mataron o amenazaron o amedrentaron a tanta gente estaban ahí, literalmente bajo mis pies. Que podía si quería pisotearlas con rabia. Que podía calmarme caminando ahí. A la vez es liberador y opresor ver las heridas tan sutilmente marcadas.

Al principio vi mucho menos el relieve. En un momento dado se me tornó más y más fuerte el relieve sutil, más y más vertiginoso.

Fragmentos – fragilidad – infracción – refrán – sufragio – naufragio – brekan – break. Todas esas palabras tienen significados ahí también, si uno quiere verlo así. Todas son fragmentos de la misma palabra original.

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Vasos comunicantes: ROMA.

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Sergio Pitol al describir lo esencial de la novela rusa del siglo XIX usó la palabra polifonía. Aunque mucho se ha escrito acerca de las novelas de Tolstói, de Dostoyevski, de Gógol, el uso del concepto polifonía por Pitol me sorprendió, al pensar en lo específico de las novelas rusas. Pitol pasa entonces a describir las multiplísimas voces que se escuchan en esas novelas. Voces de la acción principal, claro, pero también una cantidad de voces al fondo, comentando, contradiciendo, repasando el momento histórico, hablando del siguiente baile en la corte. Voces. Superpuestas. Pitol lo achaca a la estructura de esos palacios o apartamentos, habitados por muchos familiares y siervos, con divisiones delgadas entre cuartos; apartamentos donde las peleas y eructos del vecino se escuchaban siempre, donde siempre se escuchaban los gemidos de placer cuando hacían el amor en los cuartos de al lado o las escenas conyugales, los nacimientos y las llantos por muertes, la vida entera.

Tal vez la primera impresión al ver ROMA, la de Cuarón, es análoga. Ha sido descrita por Magola Delgado como muchas películas en una. No solamente muchas historias superpuestas, sino realmente muchas películas puestas juntas en una sola, como si la transparencia increíble del blanco y negro, la ausencia de opacidad lograda mediante la ausencia de color lograra la primera magia: comunicar las “superficies” de las muchas películas en una sola, mediante vasos comunicantes / pasajes / singularidades / transparencias.

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El rol de las ventanas en la película hasta ahora no lo he visto en comentario escrito. María Clara, que siempre es sensible a esos temas, me lo hizo notar desde la primera vez que la vimos. Las ventanas, la mirada a través de las ventanas, es casi un personaje de la película. También las múltiples simetrías formales (como las manijas en la foto, o la presencia del avión reflejado al inicio y visto directamente al cierre de la película).

Constantemente estamos pasando de un paraje de la memoria a otro, como en una realidad medio soñada, medio irreal pero vuelta mucho más real por esa posibilidad de vasos comunicantes entre distintos tiempos. La metáfora del güerito, el niño menor, constantemente hablando de vida adulta en pasado, es la metáfora de la película ahí también.

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Hay muchos momentos de “cápsula del tiempo” en la película – un poco como en la otra película del espacio que van en familia a ver. En un carro van, con el chofer de la familia, atravesando una manifestación de estudiantes, histórica, antes de tornarse violenta ésta. El carro anda despacio, y la transparencia de nuevo se abre para evocar las durísimas manifestaciones de los años 70 en América Latina (en la de Corpus Christi en 1971 en México mataron a más de 100 manifestantes), pasan al lado de policías preparados para pegar duro, y luego llegan a una tienda de muebles a… comprar una cuna.

La cotidianidad, la familiaridad de esa tienda (que podría ser en la Calle 26 de Bogotá de los años 70) y la calle afuera al tiempo me trajeron memorias muy fuertes de mi propia infancia (yo tenía dos/tres años en la época de esos eventos) en un lugar cercano a la Universidad Nacional en Bogotá. Desde el apartamento, tercer piso, se podía ver a la policía de Colombia persiguiendo a los estudiantes en desbandada por una carrera paralela a la 30. Más de una vez algunos estudiantes se refugiaron en casa de mis padres.

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En la película la situación llega a ser más trágica – afortunadamente en lo que tuve que presenciar en esos años no llegué a ver disparos, pero sí vi policías armados golpeando a los estudiantes, claro que sí – y supe del miedo de mi madre al saber que a Química (donde estábamos) se podían entrar en cualquier momento los policías.

Sí – polifonía era para Pitol la palabra para la novela rusa. Aquí sería algo así como poliiconia, como muchas imágenes al tiempo, superpuestas pero no de manera física sino comunicadas mediante transparencias, como un haz de espigas desplegándose.

Una de esas muchas películas, una muy importante, es la de Cleo. La historia de Cleo, la primera película que la gente ve en ROMA (y que a algunas señoras emperifolladas torpes de entendimiento en el cine bogotano causó rabia – salieron diciendo “qué horror una película en honor a la empleada de la casa”), la que molesta a algunos por “condescendiente” y fascina a otros. A mí la historia me pareció contada de manera directa y llana, y espléndidamente actuada. Los reseñistas gringos se ponen bravos porque Cleo “no habla” (lo cual no es cierto; habla mucho, pero con su amiga Adela en mixteco) y no está “empoderada” (pero habría sido falso el recuerdo si hubieran puesto a Cleo como una mujer del siglo XXI).

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Las miradas de Cleo son otro de los vasos comunicantes de la película. El temor ante el futuro, la comunicación con los niños, la mirada de entendimiento tácito con la otra mujer, la madre de la familia, los silencios y los gestos. Todo eso hace parte orgánica del recuerdo de quienes nacimos en América Latina en los años anteriores a 1970, dolorosamente. La película lo pone ante nosotros sin emitir palabras.

Hay escenas misteriosas en la película. Una de esas es, durante un incendio en una finca en Año Nuevo, el gringo disfrazado de monstruo cantando borracho una balada en inglés. Presiento alguna referencia a algo ahí; la borrachera de Nerón mientras Roma se quema, alguna metáfora a Estados Unidos. Misterio (para mí). Otra es en Ciudad Neza (Netzahualcóyotl, la Ciudad Bolívar de Ciudad de México, parte del cinturón de miseria común a todas las grandes urbes de América Latina). Al llegar, lanzan a un hombre como un cohete en un espectáculo de circo de barrio…

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en una imagen poderosísima y cargada de algún significado metafórico. Es la época de las películas de viajes al espacio, de los Apollos visitando la luna, los hombres gringos o rusos perdidos en el espacio. En ese barrio de calles de barro esa imagen del hombre disparado parece algún homenaje al Fellini de Amarcord o de La Strada, traspuesto a Neza y visto (de nuevo) desde la lejanía del recuerdo reconstruido, desde el vaso comunicante, la singularidad de cierta incoherencia.

Mientras tanto, Cleo está buscando a su novio Fermín desaparecido—desaparecido al contarle Cleo que será padre. Fermín el practicante de artes marciales de Ciudad Neza, que salió huyendo de un cine cuando Cleo le contó que “tenían encargo”, que estaban esperando a un hijo.

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Desaparece Fermín (que solo conocíamos por su escena memorable meses antes—desnudo haciendo movimientos de kendo con una vara arrancada de una cortina en un hotel y contando a Cleo su historia: muerta su madre, lo llevan a vivir a Neza y lo salvan las artes marciales de la delincuencia…

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… mientras de nuevo las ventanas del hotel y el espejo nos dan ese doble reflejo del mundo (la fotografía es impresionante ahí – no es solamente la corporeidad de Fermín, el encarnar su ser de manera tan directa, sino el reflejo de todo un universo ahí en esas ventanas)).

Fermín (que todo el mundo parece odiar, pues encarna el machismo más básico – muy agresivo con Cleo cuando esta le cuenta en Neza que están embarazados) en realidad es una víctima doble. Crece en un lugar desgraciado de América Latina y realmente encuentra en la práctica de las artes marciales, como tantos jóvenes del mundo, una salvación… para ser luego usado por el mismo gobierno mexicano como fuerza de choque contra los estudiantes. Fermín encarna la historia de tantos paramilitares de América Latina, de tantos guerrilleros o militares que encuentran un respeto a sí mismos en la práctica de artes marciales – pero terminan siendo convertidos en máquinas de muerte por el mismo sistema que generó (genera) las Ciudades Neza de América Latina.

La muerte aparece en varios momentos, con fotografía muy anclada en la gran tradición de México, en Juan Rulfo y Tina Modotti. En uno de los momentos centrales de esa película que no tiene momento central único (pues son muchísimas películas comunicadas) aparece esta escena casi aislada del resto, casi sin comunicación con nada…

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… casi sin comunicación con nada pero a la vez con todo. La abuela, Cleo y el chofer salen de la tienda, no ven este primer plano pues están viviendo su propia otra película en paralelo… y México en 1971 está viviendo desangres como este.

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Una historia muy personal (y que no sucedía en todas las familias) es la solidaridad entre dos mujeres, las dos mujeres principales, la señora Sofía y Cleo – ambas abandonadas, aunque de maneras distintas, por sus hombres. Pese a las diferencias de clase inmensas entre las dos, hay un vínculo de cierta empatía entre ambas.

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En muchas familias latinoamericanas la reacción inmediata en esa época habría sido expulsar a Cleo apenas esta cuenta que está embarazada. De hecho, es lo primero que pregunta Cleo—¿no me va a correr? Hay cierta sutileza en la respuesta y un entendimiento de la situación de Cleo; tal vez causada por el saber que su esposo la había abandonado.

Era tan común tanto la primera como la segunda historia—esposos que se “iban a Quebec” a congresos para nunca volver (en mi familia no inmediata sucedió algo similar, y los hijos quedaron con traumas fuertes), empleadas que quedaban preñadas por sus respectivos “Fermines”, que aquí la parte de memoria es realmente directa y tal vez menos mediada por las ventanas y reflejos.

Fernando Zalamea ha escrito inmensas páginas sobre otro tipo de vasos comunicantes en el cine, en Tarkovsky — y en la matemática, en Riemann o en Grothendieck. La película es manifold, es multiplicidad/variedad repleta de pliegues, memorias de otras películas (¿cómo no pensar en Buñuel al ver a los ricos de la finca disparando al vacío, siendo el vacío?…

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… ¿cómo no recordar escenas similares vividas en fincas donde primos ricos en épocas de infancia?), repleta de ramificaciones, de singularidades que intercomunican distintas películas independientes – pero que Cuarón logra mediante sus ventanas, reflejos y ojos—la mirada de Cleo sobre todo, y repleta de escaleras espléndidas (las de la casa y sobre todo las de la hacienda, que conectan el mundo “de arriba”, de los ricos y sus pistolas y su whisky y sus cigarrillos y sus criadas, con el “de abajo”, el del pulque y las historias de los ejidos y la música popular).

Pero sobre todo, ¿cómo no soñar con esta imagen? (Tal vez la más emblemática: ¿las cabezas conectadas, el niño que recuerda y la mujer que quiere estar muerta, los techos de Roma y la ropa como un haz de transparencias – lavada de las miserias humanas que se adivinan, las secreciones, sudores y humores de nuestra condición humana en manchas en calzoncillos y medias y brasieres – y la luz difusa infinita?)

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Larga pausa (hasta aquí)

El porqué de una larga pausa nunca es obvio, y nunca es fácil de explicar. Pero este segundo semestre de 2018, sobre todo desde mediados de octubre, fue todo menos “normal” en la Universidad. Suspendimos clases (no exactamente por voluntad directa nuestra sino porque las dinámicas del Movimiento Estudiantil, de importancia crucial, llevaron a esa suspensión (no uniforme, no igual en todos los cursos).

Mi octubre fue muy peculiar: tres viajes a ciudades distintas de Colombia (Medellín, Bucaramanga, Popayán) a dar charlas para estudiantes. En Medellín fue sobre el rol distinto de la teoría de conjuntos y la teoría homotópica de tipos. En Bucaramanga sobre problemas para la matemática provenientes de la Química y las diferencias y analogías con problemas venidos de la Física reciente. En Popayán fue un minicurso de cuatro horas muy intensas sobre Cuatro Conexiones entre Matemática, Arte y Filosofía.

Más allá de los temas específicos, en esos viajes en octubre vi cómo sucedía en la UN-Medellín, en la UIS, en la Univ. del Cauca el Movimiento Estudiantil. Cómo se sentía de agresivo el ESMAD en Popayán comparado con lo que veía en Bogotá al mismo tiempo. Cómo la UIS se sentía un poco “tranquila”, en calma chicha, comparada con Bogotá. Cómo en Medellín les sorprendía que en Bogotá aún no hubiéramos empezado a principios de octubre.

El 10 de octubre hubo una marcha en todo el país, que registré aquí (desde mi ángulo muy restringido – el video realmente es solo el testimonio de un marchante):

 


 

Luego llegó noviembre con un giro en el Movimiento de la euforia al paro duro, a cierto enfrentamiento (leve, por fortuna) entre colegas. Fue el mes de los bloqueos y el congelamiento y las discusiones duras a muchos niveles. A nivel personal fue muy tensionante ver que la cosa se empantanaba – o que actores desconocidos se estaban tomando el otrora Movimiento.

Por otro lado una parte de mí presentía que era importante pasar lo mejor posible por esa etapa dura. Aunque compartía racionalmente los argumentos de mis colegas que querían evitar ese parto (paro – se me fue la “t” pero la dejo, pues el desliz freudiano de teclado cuadra ahí) a toda costa, algo en mí me decía también que esa etapa dura iba a ser necesaria. Seguí hablando mucho con los estudiantes de Teoría de Conjuntos (la avanzada), mucho menos con los menores. Por diez días me fui del país, al maravilloso Montseny en Cataluña y luego a París a clavarme a trabajar con Jouko y Boban sobre L^1_\kappa (después tal vez escribiré por qué).

En el Montseny celebramos los 60 años de Joan Bagaria, el conjuntista catalán repleto de energía y arrojo e ideas. Fue hermosísimo vivir por unos pocos días entre conjuntistas famosos en un hotel viejo en esas montañas – y sentir que estábamos plenamente en Cataluña y punto (no se mencionó nunca el país vecino al suroeste durante ese congreso, pero sí se enfatizó mucho el rol de Cataluña misma). Fue cuatro días de sueño, de maravilla. Hablé de lógica infinitaria, propiedades de reflexión y L^1_\kappa.

Al retorno de esos diez días que viví tan intensamente (también trabajamos en el MA Collective, que debe salir pronto) me reencontré con el Movimiento.

Con Fernando Zalamea, con María Clara, con muchos otros profesores, desde el puro inicio del Movimiento habíamos hecho clases al aire libre. En el Parque Nacional (Matemáticas, Arte, Derechos Humanos y el Problema de lo Público), en el Jardín Botánico (Dibujo de Plantas y Política – María Clara Cortés), (Árboles y Combinatoria Infinita, en el Parque de la Independencia), etc. etc.

También continuamos el Seminario de Lógica y Geometría (pese al “Paro”), con participación por videoconferencia de Scanlon (eso fue fantástico)… e incluso…

Incluso llegamos a estrenar Köy (La Aldea), la película de Tülay Dikenoğlu hecha en Sirinçe, en Turquía. El estreno fue otro evento increíble.


Pero curiosamente todo eso (y mucho más) fue muy agotador. Energéticamente es más exigente no hacer clase, posponer (pero seguir pendiente, hablar con los estudiantes) que hacer clase. El semestre terminará a mediados de marzo (!!!). Se lograron cosas importantes, afortunadamente. Pero ahora empieza el Movimiento en serio. En una materia ya casi terminamos, en otra nos falta un poco de tema. Pero sigue la tensión.


En medio de tanta cosa simple y llanamente no me quedó tiempo (ni energía) para el blog – que tanta falta me hizo.


Compilé un video con imágenes bastante personales de este año que termina el lunes. Aquí está (creo que solo es interesante verlo para aquellos que cruzaron físicamente su camino con el mío este año; de resto es simplemente una colección de impresiones personales):

 

 


Nota importante: Abdul fue compañía maravillosa durante este semestre. Helo aquí:

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Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)