¿qué pasó con el sistema postal?

El twit de @ovidio sobre la porquería que es el sistema postal en Colombia coincidió con una reunión del comité de postgrados en que algún otro problema con el correo surgió… en este caso dentro de Estados Unidos.

Y pienso en lo extraño que es que, en tiempos de correos electrónicos casi-instantáneos, se haya vuelto tan azaroso, tan arriesgado, tan salvaje usar un servicio que hace 50 años funcionaba decentemente.

A varias personas que no suelen hablar carreta les he oído decir que hace 50, 60, 70 años el correo en Colombia era ejemplar. Yo mismo alcancé, hacia 1975, a mandar cartas de Ibagué a Bogotá cuando me quedaba donde mis tíos y escribía a mis padres a contar que había llegado bien. Era absolutamente obvio para todo el mundo entonces que una carta de Ibagué a Bogotá se demoraba un día, o a lo sumo dos si pasaba algo bien raro. Pero ya en 1975 decían que se había dañado bastante el correo. Que de Bogotá a Bogotá antes llegaba el mismo día una carta, cosas así.

Hoy en día a veces recibo algo por correo normal (ya casi no) – Colfuturo creo que usa todavía el correo normal para mandar tarjetas de saludo a sus exbecarios. Una carta de Bogotá a Bogotá se demora 17, 23, 35 días. Ya nadie sabe cuánto dura, ya nadie espera que llegue nada. Como si Bogotá se hubiera vuelto un Macondo tardío después de cuatro años de lluvia, en términos de lo que esperamos del correo.

No me sorprende para nada que a @ovidio no le haya llegado aún a Bogotá una carta que mandó desde Alemania hace dos meses. Nuestros libros enviados desde Israel (varias cajas) hace unos años se demoraron 10 meses en llegar. Cuando íbamos a la bodega de Adpostal en la Calle 26 cerca del aeropuerto a averiguar, veíamos miles de cartas en montoncitos y letreros escritos a mano que decían Apartadó Villavicencio Tumaco Barranquilla etc. etc. etc. Nos explicaron que TODO llega a esa bodega y ahí lo reparten. Nos dijeron una vez que nuestros libros “estaban en el puerto de Madrid” (?!?!?). Otra vez nos dijeron que todo lo que salía de Israel pasaba primero por Líbano (?!?!?) y se redistribuía Medio Oriente a partir de ahí. Otra vez nos dijeron que la Fiscalía había incautado todo el correo por algún lío legal y que de pronto nuestras cajas de libros estaban en la bodega de la Fiscalía. Finalmente, cuando llegaron intactas las cajas de libros, no lo podíamos creer.

Lo triste del asunto es que no es solo Colombia (claro el caso de Colombia es peor, o de pronto simplemente es que somos tan adelantados aquí que nos inventamos cómo degenerar un sistema postal que fue ejemplar en tiempos de mis abuelos —- y otros países nos seguirán).

El caso de Estados Unidos es preocupante. Al principio de los años 90 era buenísimo el correo. Llegaba todo en un día dentro de los 48 estados contiguos. Cuando volvimos a Estados Unidos a vivir en 2002-2003 nos sorprendió empezar a oir más y más cuentos de “se pierde” “se roban los cheques” (aunque la gente todavía manda cheques) “se demora”. Empezó a pasar más y más que las cartas se demoraban tres días, cuatro días, una semana. Pregunté en el correo varias veces por qué pasaba eso, y me salían con excusas tipo “snowstorm” “strike in California”… el fondo común era la expresión de desidia y fastidio del empleado que en realidad está pensando para sus adentros “who the fuck are you and why the fuck you asking this – we work all the fucking time in this shithole and it’s none of your fucking business to ask me why your fucking letter has not arrived yet”… Y cuando uno lee que el porcentaje de masacres de locos dentro de las oficinas postales en Estados Unidos es altísimo, uno mejor no pregunta tanto – sobre todo cuando la mirada de los empleados expresa tanta desidia, tanto fastidio y tanto odio.

En Francia oigo cuentos similares sobre La Poste. ¿En Alemania tal vez no? En Italia ciertamente no, pero orondos le dicen a uno que “non possiamo guarantire che questa lettera arriverà”, incluso si la lettera va de Roma a Roma. Cuando uno los mira aterrado, dicen “ah, è anche possibile di aggiungere una siccurezza – costa soltanto 1 € di più – e così è più probabile che la lettera arrivi”. Una pregunta cuándo llega la carta si uno compra el seguro adicional y lo miran a uno con cara de “no pregunte cosas tan complicadas, dai, va prendere un gelato e ti calmi”.

(En Finlandia funciona bien, al igual que todo, pero es mejor guardar el secreto. Nadie debe saberlo, y nadie debe ir a ver cómo es ese paraíso. @ovidio sabe bien que en Finlandia las cosas son distintas del resto del mundo, incluída Suecia)

Parte de la clave de la degeneración está, tal vez, en las políticas de “re-ingeniería” que se han ido tomando el mundo. Re-ingeniería de los sistemas postales. En vez de mantenerlo simple y claro, como seguramente era en 1950, se inventan que “todo tiene que ir a una bodega en Bogotá, pasar por un sistema, meterle un código de barras”. Y el sistema se bloquea porque la base de datos está mal mantenida o porque se fue la luz o porque Daisy no llegó hoy y es la que tiene la clave.

Estoy seguro de que una carta de Lorica a Barranquilla en 1950 iba en el bus directamente, con sentido común. Hoy estará perdida ahí en un arrume en una bodega en la Avenida Eldorado.

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