La luz de Lima

Capturar de verdad la luz de una ciudad a veces puede ser dificilísimo. Depende – hay ciudades que se dejan captar sin mayores esfuerzos (algunas incluso son más fotogénicas que de verdad estéticamente fuertes), pero otras son duras duras de iniciar. Fotografiar París bien, por ejemplo, me parece difícil – la luz directa la hace ver muy kitsch – funciona bien de noche o con luz muy lateral.

Lima es una caso aparte. La ciudad siempre está cubierta, aparentemente, por una capa de humedad rarísima que parece de arena (una novela francesa que leí cuando era niño hablaba de “la purée de pois” y pues sí, al aterrizar hace unos días por la mañana en Lima, después de sobrevolar los Andes luminosísimos, de pronto apareció una neblina verde que yo nunca había visto y el avión se metió entre ese puré de alverjas y aterrizó en El Callao). Debe ser algo de la mezcla entre la corriente helada de Humboldt (que hace que la gente se tenga que meter al mar con wetsuit a esa latitud, en verano), algo que tranca la humedad ahí, y esas montañas peladeros impresionantes, de arena gris (parece cemento) que rodean Lima.

En Lima no se ve el sol y no hay montañas verdes: las montañas, cuando se ven, parecen montones de cemento de una obra, con dimensiones andinas. Tal vez por éso cuidan los parques tan amorosamente en tantos barrios ricos y pobres de Lima. Sólo así se puede tener algo de verde y evitar un poco la grisalla del cielo y de esos montes de cemento enormes.

Todo ésto para decir que sentí que no podía hacer nada para capturar esa garúa limeña, ese ambiente de estar sumergido en medio de algo sin que uno sepa nunca qué es – en fotografía. Le echo la culpa al poco tiempo que estuve (de vuelta, llegué a las 9 de la noche y me quedé hasta la tarde del día siguiente).

Las fotos (las pocas que tomé, en la mañana del domingo desde donde mi primo) ahora me hacen pensar en mi recuerdo inducido de Bogotá de los años 70, pero todo diez veces más extenso (Lima es un poco como Los Ángeles – una ciudad de autopistas y edificios bajos y casas que siguen y siguen y siguen – Bogotá parece casi Manhattan comparada con Lima).

Pongo en todo caso mis (infructuosos) ensayos de capturar una luz que tal vez sea incapturable (ahora que lo pienso, nunca he visto a Lima en cine de verdad; claro, aparece en una que otra película pero no puedo recordar imágenes claras). Será por ese verde amarillento que está siempre presente.

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