El mar de los Sirtos

Perenne espera. Algo que sucedió en pasado remoto pero que nunca se resolvió – y que en cualquier momento puede regresar. El mar como frontera abierta, a la vez puerta y cerrojo contra el enemigo.

El mar de los Sirtos (Basata, 1997)
El mar de los Sirtos (Galilea, enero de 1997)

Subir a la categoría para buscar equivalencia cohomológica que no se ve en las variedades a secas (hoy, Álex). Además, no encontrar equivalencia cohomológica “usual”, pero sí encontrar equivalencia cohomológica cuántica. Tan parecido al paso clásico dado hace ochenta años con las estructuras de entonces (y el inicio de la teoría de modelos). Fernando señala las conexiones con las (\infty,1)-categorías de Lurie.

En la categoría: Mitzpeh Ramon, Negev, Israel. Enero de 1997.
Subir a la categoría: desierto del Negev, Israel. Enero de 1997.

Cuando el semestre pinta eléctrico: ya hay amenazas de paro en la Universidad. Yo nunca creo hasta no ver – me aburre el exceso de actitud casándrica en la gente. Pero pinta tormentoso todo, con paro nacional el lunes, con caos de salones (la Universidad no entiende que ya se masificó), con instalaciones que se derrumban. Pinta eléctrico también por cosas buenas, muy buenas. El curso de cohomología cuántica (Álex Cruz) es una belleza de inicio de semestre – es más un conversatorio que un curso, pero puede uno ver mil conexiones y dejar volar la mente. Y los otros visitantes (más información después). Las formas modulares me siguen persiguiendo. Y la teoría de modelos equivariante.

Hacia más formas modulares: cruzando el Egeo, verano de 2000.
Hacia más formas modulares: cruzando el Egeo, verano de 2000.

 

(Addenda: ¡cómo me hace falta a veces volver a Israel! Mi vida entera cambió allá – empecé a salir de la concha protegida (muy bella pero muy aislada) de la teoría de conjuntos y empecé esta deriva perenne hacia el mundo. Muchas veces he sentido que para mí Jerusalén fue la apertura de un universo mágico de posibilidades que nunca hubiera imaginado en otros lugares. Es una sensación estrictamente personal y seguramente muy cuestionable. En todo caso, jamás he sentido tan fuertemente la emoción de llegar a un lugar como las veces en que dejando atrás el Mediterráneo el avión empieza a bajar hacia el campo de Lod – y luego sale uno y literalmente sube casi por un ascensor hasta Jerusalén. Sólo evocar eso me hace temblar.)

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