אמרי רק להתראות

Antier murió Arik Einstein. Sólo me enteré hoy, al meterme a Haaretz a ver noticias. Cuando vi tantas columnas dedicadas a Arik Einstein sentí de inmediato que se cerraba un ciclo para mí. Se despertaron mil memorias enfouies sous le joug du présent.

Arik Einstein fue el primer cantante de Israel que aprendí a reconocer. Sus canciones se podían oír en muchas partes. En el Ulpan, la clase de hebreo, al puro principio, en las primeras semanas de clase, Hila la morá nos pedía reconocer trozos de lo que estábamos aprendiendo en canciones de Einstein, Artzi, Gov, Alberstein, etc. Por alguna razón las de Arik Einstein fueron las primeras que se me grabaron. Tsaar laj vetsaar li: tienes penas y tengo penas – reconozcan el artículo segunda persona לך (laj) y primera persona לי (li). Ojev otaj, ojev otaj… ¿quién quiere a quién? אותך (otaj: a tí – femenino segunda persona). Esos balbuceos que hubieran podido ser aburridísimos terminaron siendo divertidísimos gracias a la inteligencia y talento para enseñar de la morá, Hila Kobliner, del amor por el idioma que tenía y lograba transmitir… y de la gracia de toda esa música impresionante.

Nunca busqué el idioma hebreo. De alguna manera, fue uno de esos casos en que el idioma llegó a mí (como llegó Apolo a nuestra casa y terminó siendo más querido que si lo hubiéramos buscado) sin que yo lo buscara… y se volvió mi segunda tierra lingüística, mi idioma preferido, más allá del francés o del inglés – que conozco muchísimo más pero que no tienen para mí la magia infinita del hebreo.

israel2000FOficialmente (para mí), yo no iba a aprender hebreo a Israel – con toda esa cantidad de matemática que había por hacer siendo postdoc de Shelah, y con el simple vivir – el inglés hubiera debido ser más que suficiente. Excepto dos cosas: por un lado, Israel es un país que hace muy fácil aprender el idioma: hay ulpanim (clases de hebreo) por todas partes, debajo de cualquier piedra. La política de inserción de inmigrantes depende fuertemente de eso – el recibir etíopes, rusos, polacos, gringos, franceses, argentinos, iraquíes, yemenitas … y lograr que hablen en hebreo todos en menos de un año es algo que está ahí. En la Universidad Hebrea de Jerusalén había ulpan para estudiantes de doctorado, para postdocs, para profesores visitantes. Gratis, bueno e intenso. Pero hasta ahí, no hubiera sido suficiente para mí. Yo no andaba buscando el hebreo allá.

Sin embargo (y en esto Israel es muy peculiar), había seminarios de matemática en hebreo, que lucían interesantísimos. Saharon Shelah es (además del matemático increíble que no requiere presentación adicional) hijo de un gran poeta de Israel (Yonatán Ratosh) y su cultivo amoroso del idioma, el continuum que llevaba de la teoría de la clasificación a la poesía hebrea, conducido todo por un entusiasmo impresionante, todo terminó conspirando para que fuera obvio asistir al ulpan.

israel2000KFuimos como por 8 o 9 meses a las clases de Hila Kobliner en la Universidad Hebrea. Muy pronto descubrimos que saber un poquito de hebreo era una llave mágica para ver muchas más cosas de un país que era difícil al principio. Conocimos mucha gente (loquísimos algunos: Meir el profesor visitante de Brooklyn, ultrareligioso que terminó amiguísimo de Mohammed, otro ultrareligioso pero musulmán que por alguna razón iba también al ulpan – ellos dos se aliaban cuando tanto laicismo de los demás amenazaba con hacer temblar alguna columna de las explicaciones de Hila, que tenía una relación interesante y difícil de entender con la tánaj – la Biblia hebrea, tan presente en el idioma)… Una feminista activista fuerte, judía de Brooklyn pero con puesto en… Kansas City (donde decía ella misma que tal vez era la única activista judía lesbiana madre soltera intelectual y científica)… parecía feliz de estar en Jerusalén y no en Kansas City durante su sabático, y era feliz describiendo en hebreo balbuceante sus vacaciones con su javerá en Amsterdam (¿será javer? le decía al principio Hila, antes de entender su mundo nuevo – y ella contestaba lo, lo, lo javer, zot javerá shelí – ani ohev meod otá la quiero mucho, es mi novia, no mi novio)… y mucha otra gente que terminó dándole un significado muy palpable, muy concreto, muy fuerte a ese año y pico pasados allá, tan importantes en nuestra vida – no solo académicamente sino a un nivel personal muy hondo.

En todo eso jugó un papel crucial la música de Arik Einstein. De alguna manera esas canciones actúan a un nivel cognitivo primitivo para mí: un poco como si estuviera en el ulpan todavía – como si la dicción de Einstein aún fuera la de mis balbuceos iniciales del idioma. Los aromas del shuk, de los desayunos con ikra (huevos de algún pescado, mezclados con crema), pescado seco, yogurt con halva, israel2000Bencurtidos, miles de nueces, café árabe, té Wissotsky, se me quedaron en el paladar, y los conjura la música de Einstein.

Leyendo en Haaretz, noto que para mucha gente Arik Einstein actúa como un disparador brutal de recuerdos, de momentos. La gente “se había acostumbrado a que estaba ese artista gigante, ese rezago de otra época de Israel, y no se daban cuenta de su presencia”. Como aparentemente Einstein era poco dado a figurar, a comportarse como diva, estaba desde hace años ahí en el fondo de todo, pero la gente, los medios, no parecían notarlo. Otro tema era lo variado que era Einstein, como corresponde a un país tan rico en influencias distintas como Israel. Una de las sorpresas más bellas e interesantes que reserva Israel a quienes se atreven a sumergirse en su mundo es la variedad brutal, la superposición de mil mundos. Más allá del conflicto (omnipresente), aprende uno que hay mucho, muchísimo más – más complejidad que la sencilla oposición laicos-religiosos, Tel Aviv-Jerusalén, judíos de la diáspora-israelíes. Dentro de Israel uno puede encontrar en el mercado influencia de mil lugares distintos, puede encontrar barrios que viven literalmente en siglos distintos. Al pasar una calle puede uno pasar de un lugar no muy distinto de la Vilna del siglo 18 a un lugar que podría estar en la Barcelona contemporánea, o en Midtown Manhattan. El grado de superposición/variedad es mucho más intenso que lo que he visto en cualquier otro lado, incluyendo a las grandes ciudades cosmopolitas como Nueva York o París o Londres. De alguna manera, un músico popular que tenga éxito allá tiene que sacar jugo de todo eso – y Arik Einstein era claramente alguien que vivía muy a fondo esa manifoldness de su mundo.

אמרי רק להיתראות – ¿sólo decir hasta luego?

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