שיר ליל שבת (canción de la noche de shabat) – þ-ø-ø

De nuevo una traducción mía (mezclando un poco de la traducción al francés de Francine Kaufman que canta M. Tauber aquí – buscar Shir Leyl Shabbat en la lista de canciones junto a ese video para otra versión bellísima – una versión durante un evento de apoyo a Palestina en Tucumán es también interesante, aunque la grabación es menos buena – es bonita en todo caso esa otra versión, con guitarra argentina, medio chacareada en la segunda parte).

Þ-Ø-Ø   Camino a la Uni, paso por el Colegio de La Salle (ahora convertido en Universidad), sigo por la Carrera 6 evitando tráfico hasta Calle 53, zigzagueando – tarareo o vocalizo mientras bajo por la 53 en la bici este poema/canción para ir aprendiendo

Estas traducciones hacen parte de esa mezcla de poema y canción (en hebreo la palabra shir [שיר] significa a la vez poema y canción – lo cual es increíblemente apropiado) – en este caso el poeta es el enorme Yehudá Amijai (ver notas detalladas y cuidadosas en Le Nouvel Observateur sobre Amijai, escritas por Jean-Luc Despax en 2008) que está ahí en el trasfondo de la cultura de Israel – la música siempre presente, desde ámbitos muy populares hasta Mahler, hasta Mendelssohn, hasta los jazanes/jazaním de sinagoga – los cantores que pueden invocar visiones de hace tres mil años en sus entonaciones de salmos.

Þ-Ø-Ø   Hi ajshav be makom ajer — frenar para dejar pasar peatones, por el andén compartido con cicloruta, carros completamente trancados en nudo en la Carrera 16, en la bici puede uno pasar por el lado — ¿parar en la chocolatería del belga a la vuelta? — veyadaanu heitev ki hagvul — olvido la frase siguiente, ¿era karov veasur o asur solamente? – semáforo pasó a verde, apuro el paso pues estoy a una cuadra de esa esquina

Despax habla en su bello texto/homenaje de los temas de la poesía de Amijai, de la presencia constante de Jerusalén, de la manera como poetas como él lograron abrir un espacio lingüístico para un Israel que lo necesitaba desesperadamente a la hora de su inicio como país. Más importante acaso que la defensa del espacio físico era el crear ese espacio lingüístico absolutamente necesario para la supervivencia y el crecer.

Amijai tiene un manejo de las imágenes y la sorpresa que son increíbles. Pinta a Dios como un mecánico debajo de un carro, el mundo, lleno de grasa, tratando de repararlo. O como un mago en gira. Exprime el amargo de las uvas. La sensación de darse contra la piedra, de piedra estallando, de piedra seca, de Jerusalén. Captura de alguna manera extraña la soledad, la perdición, el amague de entender y la imposibilidad de concluir.

Þ-Ø-Ø   hamitsvá ba shamaim hitjilu — puente peatonal sobre la 30, de Transmilenio: bajar de la bicicleta. Y descansar por un par de minutos, caminando, antes de la recta final por el andén de la 30 hasta el campus – entrada rápida y volar a clase, siempre y cuando se pueda parquear rápido [ahora el 40% de mis estudiantes van en bici a la UN – consecuencia tal vez del mal transporte público, pero seguramente fuente de bien y de salud y de despertar mental]

Un poeta menos central que Amijai, pero también una presencia intelectual importantísima a la hora de crear el país, fue Yonatán Ratosh (nombre de poeta). Uno de sus hijos, Saharon Shelah, se convertiría en décadas siguientes en uno de los mayores abridores de espacios mentales de toda su generación en matemática.

Ignoro si de Ratosh hay poemas transformados en canciones. Me encantaría encontrar. Hasta ahora la mayoría de los poemas convertidos en canciones que he encontrado son de Bialik, de Natán Alterman, de Natán Yonatán, de Yehudá Amijai…

Esta canción/poema, la canción de la noche del shabat, musicalizada por Moshé Wilensky, es fuerte. Los temas son el descanso único de la entrada del shabat, el dejar la guerra de lado aunque sea por un momento, el encerrarse en casa con todo lo bueno y lo malo, el sentir tan cercana la frontera (¿de Palestina? ¿de Egipto? ¿de Siria? ¿de la muerte? ¿de lo misterioso? ¿de lo desconocido? ¿de uno mismo y sus locuras?),  y finalmente, del placer intensísimo que se supone que es la esencia última del shabat. La versión abajo la canta Nurit Galron:

Ven y acompáñame esta noche Hatavoi elai halaila התבואי אלי הלילה
Las sábanas ya secas en el patio Kvasim kvar yavshu bejatser כבסים כבר יבשו בחצר
La guerra que nunca se sacia Miljamá sheaf paam lo dai la מלחמה שאף פעם לא די לה
Ahora está en un lugar distinto Hi aajshav bemakom ajer היא עכשיו במקום אחר
Y los caminos que siempre vuelven Ujvishim shavim bli heref וכבישים שבים בלי הרף
Solitarios como caballo sin jinete Levadam kesus bli rojvó לבדם כסוס בלי רוכבו
Y la casa se cierra de noche Vehabait nisgar baerev והבית נסגר בערב
Sobre el bien y el mal que hay en ella Al hatov veharaa shebo על הטוב והרע שבו
Y bien sabíamos que la frontera Veyadaanu heitev ki hagvul וידענו היטב כי הגבול
Estaba cerca y no podíamos pasar hu karov veasur lanu sham הוא קרוב ואסור לנו שם
Padre rezaba y convocaba Avi hitpalel vayejulu אבי התפלל ויכולו
La tierra y todos sus ejércitos Haarets vejol tsvaam הארץ וכל צבאם
Ejército y tierras usurpadas Tsavá vehaarets heefilu צבא והארץ האפילו
Pronto se apaga la luz Od meaat vejavá haor עוד מעט וכבה האור
La maravilla iniciada en el cielo hamitsvá ba shamaim hitjilu המצווה בה שמיים התחילו
Ambos tendrán que terminarla Shuv hashnaim tsrijim ligmor שוב השניים צריכים לגמור

2 thoughts on “שיר ליל שבת (canción de la noche de shabat) – þ-ø-ø

  1. Muy sentido este post incluida la traducción para disfrutar esa hermosa canción y hermosa voz.
    (Me alegra que ya el 40% de tus estudiantes usen la bicicleta).

  2. Carolina, ¡mil gracias por tu comentario! Es un poema extraño, difícil de capturar en tiempo corto. La canción es hermosísima (y la voz de Nurit Galron también). Las imágenes son sorprendentes y raras, como siempre en Amijai.

    Lo único malo de tanta gente yendo en bicicleta a la Universidad Nacional es que se ha vuelto “difícil” parquear. Ya los parqueaderos nuevos que pusieron junto a los edificios hace un par de años se quedaron pequeños, y a ciertas horas junto a cada árbol, a cada poste, hay mínimo dos bicicletas estacionadas. Eso hace que llegue uno y mire con angustia junto a qué puede amarrar la bicicleta. Pero por otro lado es buenísimo que tantos estudiantes (y algunos profesores) vayan en bicicleta. Pregunté en mis cursos quién iba usualmente en bicicleta, y casi el 40% lo está haciendo. Les pregunté desde dónde van – en general varía entre gente que vive muy cerca y gente que vive en Suba o en Kennedy. Hay quienes dicen que diariamente hacen 8 o 10 kilómetros en cada trayecto. Buena cosa. Frente a eso, mis 5 kilómetros de distancia a la UN parecen algo trivial.

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