fotografiar gente…

… nunca es fácil.

Una amiga de tuiter (Aleyda, @leidymarmalade), expresa una posición con la cual yo estoy bastante de acuerdo: “A mí me parece de lo más ofensivo e invasivo tomarle fotos a alguien y subirlas a Internet, con el propósito que sea.” Yo entré en discusión a partir de su trino y agregué que lo antipático es poner un tag, una etiqueta a la gente, para que la encuentren. Alguien más entró y comentó que es terrible cuando sitios como las universidades entran y se roban las fotos de esos perfiles.

Hay distintos casos:

  • Caso 1 :: el robo institucional. Un sitio web horrible se robó fotos de varios matemáticos de América Latina para su perfil editorial. Los matemáticos que aparecen ahí dicen que no fueron consultados, que aparecen en perfil editorial en fotos de hace veinte o treinta años que seguramente no reflejan la imagen que quieren proyectar de sí mismos. Algunos terminan aceptando quedar ahí, porque tienen otros temas más importantes, pero de alguna manera quedan proyectando una imagen que no quieren dar de sí. Una institución maneja imagen (académica, profesional, deportista, algo) y en ese sentido siempre debería pedir permisos. Idealmente, la fotografía debería ser tomada directamente por la institución, si tiene los medios, y con fotógrafo razonable. Sé que la Universidad Nacional ahora hace eso (aunque por problemas presupuestales no hay suficientes fotógrafos).
  • Caso 2 :: la foto “paparazzi”. Esta busca explícitamente seguir a algún personaje y fotografiarlo en situación comprometedora. Aquí no puedo estar más de acuerdo con Aleyda.
  • Caso 3 :: la foto documental. Hay una marcha por la educación al frente de la Universidad Nacional. Tomo una foto al pasar el puente. Aparecen miles de personas, algunas en plano cercano, perfectamente reconocibles. Quiero documentar que está pasando eso, contar en tuiter para que mis (pocos, afortunadamente) seguidores la vean y recibir retroalimentación. Quiero documentar porque a veces los medios oficiales ignoran algo que me parece importante. Usted quedó en la foto, pues estaba en la marcha. Si la subo a internet, no pregunto – no tendría cómo. No siento que sea ofensivo – invasivo podría ser si después alguna agencia mira las fotos para ver quién estaba en la marcha. Creo sin embargo que esas agencias ya tienen sus drones, sus verdaderos ofensivos. En este caso lo documental prima sobre lo individual.
  • Caso 4 :: el retrato. Este es un obvio sí. Salgado dice que el retrato es una obra de colaboración entre quien aparece y quien dispara el obturador. No hay mucha discusión sobre el tema de privacidad ahí (aunque a posteriori muchas veces el retratado puede arrepentirse de haber participado así – ciertos retratos, como ciertas entrevistas, muestran mucho más de lo que a veces se quiere admitir).
  • Caso 5 :: la foto con pretensiones “artísticas”. Aquella que no es estrictamente documental (aunque la frontera es borrosa), ni institucional (aunque las instituciones se la pueden robar), ni de paparazzi – no se está “persiguiendo” a nadie. Aparece gente. André Kértesz, Cartier-Bresson en París, Robert Capa, etc. fotografían gente. Gente que queda fija, en muchos casos sin saberlo (el miliciano de la foto de Capa), en otros casos de manera icónica (los enamorados en París, que Cartier-Bresson dejó para que disfrutemos y que muy muy seguramente no fueron consultados). Sin subir a nombres famosos, suponga que uno hace un proyecto fotográfico en la calle de una ciudad. Le interesa capturar ritmos, expresiones, luces, texturas, matices. Le interesa palpar el ritmo de la ciudad, de una calle. Y aparece gente, gente que usted no verá probablemente jamás más allá de la fracción de segundo en que su camino y el de esa persona se intersectaron vía el rayo de luz que entró a su cámara. Ahí sí no sé – no puedo aplicar una lógica binaria. No es para mí el no contundente de los casos 1 y 2 (institucional ladrón o paparazzi), tampoco el sencillo sí del caso 3, documental. Usted en esas fotos de pronto, en casos fotográficamente felices, puede capturar algún fulgor muy íntimo de la persona que apareció, algún momento muy personal. Por otro lado, esas fotos las ve otro público, lejano del interés de quienes aparecen. ¡Es una absoluta zona gris! Aleyda puede tener algo de razón, pero… ¿qué se le dice a quien quiere captar esos pulsos?

Cierro con una miniserie en una ciudad ecuatoriana (aparecía también en el video que enlacé en post anterior) … allá aparecía velozmente, sin dar tiempo de detallar nada, con menos de un segundo por foto, tratando de capturar un ritmo. Aquí aparece como serie. Sé que estoy en zona “gris” con respecto al tuit de Aleyda. Pero al mismo tiempo quiero compartir estas fotos, cierto ritmo, cierta luz.

2 thoughts on “fotografiar gente…

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