Europa, 2016 (frontera sur)

Obviamente, en el norte norte de Europa parece remota aún la tragedia de las costas sur de este continente, en estos últimos años (2015 fue aciago, 2016 no se perfila mejor).

La primera frase que dijo mi colega parisino (matemático serbio que vive en París) cuando llegó hace unos días fue “qué impresión la tranquilidad en la cara de la gente de aquí; en París todo el mundo está preocupado, impaciente, nervioso – ¿cómo puede pasar que en Finlandia la gente esté tan tranquila?”. En la conversación algunos adujimos que podía ser el clima – el mayo cálido y luminosísimo que ha llegado como un bálsamo. Pero sabemos que es cuestión de distancia. Hay un mar entre Finlandia y Europa Europa, y el mar en este momento es suficiente para que esta zona al norte del Báltico se sienta tranquila, con una tranquilidad que pasma a mi colega de París (y que obviamente pasma mucho más fuertemente a quienes venimos de lugares como Colombia).

Con la llegada del verano reaparecen las noticias de la muerte en el Mediterráneo. Noticias como esta, de hace tres días: La mort en Méditerranée. 700 muertos el 27 de mayo de 2016, entre Libia y el sur de Italia. E imágenes como esta

mediterr

que (nos dicen) es de un rescatista alemán, padre de tres hijos, con un niño muerto pocas horas antes en el naufragio – casi durmiendo parece, si no supiera uno de ese contexto.

Ignoro cómo llegan de verdad estas noticias aquí. No estoy en la tuitosfera finlandesa, no veo muchas imágenes en los periódicos de la calle – la cultura local es poco dada a la estridencia o al énfasis. En muchos sentidos imágenes como estas muestran afinidades mucho más fuertes entre el sur de Europa y lugares como Colombia que con el norte norte de Europa.

Lo que es extraño es saber que es el mismo continente, la misma moneda, el mismo sistema bancario, las mismas instituciones a nivel alto, las del país de esa frontera y las de aquí. Pero en 2016 la idea de Unión Europea parece casi tan remota como la de Utopía de Tomás Moro. Aunque existe formalmente, aunque la zona Schengen está (y pude por primera vez hace unas semanas disfrutar la entrada sin visa como colombiano), aunque aún existen edificios con banderas azules con estrellas doradas que dicen Euroopan unioni/Europeiska unionen/European Union en algunos edificios, y aunque aún hay tantos programas formales a ese nivel, de alguna manera también se siente fuerte en 2016 lo remoto de la idea.

Como siempre, el diablo está en los detalles. Pequeñas desconfianzas (al indagar por cuentas bancarias por internet, vemos que da exactamente lo mismo estar en Francia o Suecia o Colombia: no existe la Unión Europea de manera real para muchos trámites), indicios miniatura de lo que al sur se percibe de manera más brutal y amplificada.

Alguien podría decir que muertos en el Mediterráneo hay (registrados) desde… las guerras en el Egeo, las Termópilas, el rapto de las sabinas, las guerras entre persas y griegos, las guerras entre hebreos y filisteos, entre atenienses y espartanos, entre romanos y casi todo el mundo, entre genoveses y venecianos, entre franceses, italianos, ingleses y árabes, entre turcos y todo el lado occidental, entre alemanes y aliados.

Escribía a mi padre comentando todo eso, y le envié una versión de la canción famosísima Mediterráneo de Serrat – una versión que hizo recientemente en la isla de Lesbos, frente al mar, acompañado en un atardecer precioso por los rescatistas que ayudan a recuperar cuerpos de migrantes y en los casos buenos logran salvarlos – jóvenes europeos probablemente con sensibilidad más solidaria que la mayoría. Serrat viejo, cantando con voz ronca (y ce latinoamericana, intencionalmente) su canción de juventud. Mi padre señalaba el contraste entre el Serrat de su época de juventud, el cantante del antifranquismo y el sueño de España nueva, anterior a su inmersión en Europa Europa… y el Serrat actual cantando frente al mar donde aparecen cuerpos de migrantes ahogados, con la voz quebrada por la edad y el mirar lúcido y desencantado. Aún así, señalaba mi padre (para quien el Mediterráneo es central – probablemente nunca lo he visto tan emocionado en toda su vida como aquella vez que vio ese mar por primera vez, manejando desde Andorra hasta Barcelona en 1978 con nosotros – entre los árboles de repente apareció ese mar y él detuvo el carro bruscamente, paró al borde de la carretera y nos bajó a todos y dijo “El Mediterráneo” – el recuerdo de ese momento y el azul al fondo se me quedó grabado indeleblemente en la mente desde entonces), la presencia de esos jóvenes rescatistas de alguna manera es la única esperanza, la única luz en esa historia tan sombría de la Europa actual.

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en 2000, frente a la costa turca, atravesando de Rodas a Atenas

María Clara hablará este viernes de su tema actual de investigación, que mejor no me pongo a definir aquí yo (no podría hacerlo). Tiene que ver con teoría del paisaje (y con su propia obra), con el problema de las fronteras desde la construcción mental del paisaje. Será en un congreso en honor a Juliette Kennedy aquí en Helsinki (Crossing Worlds: Mathematical logic, philosophy, art). Es la primera vez que aparecemos al tiempo como conferencistas en un congreso los dos. Es un reto difícil hablar para matemáticos, artistas y filósofos… y decir algo significativo para todos.

Hablando con ella sobre su charla (y preparando la mía), me sorprende a veces el paralelo impresionante de preguntas. Ya veremos cómo nos va este viernes.

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