(cine superpuesto) superpuesto

Anoche fuimos a la Cinemateca a comer. Queda justo al frente de la Ciudad Vieja – en realidad con un valle intermedio (el del Hinón, también conocido como la Gehena). Después fuimos a dar una vuelta por la Ciudad Vieja. Un lugar difícil y maravilloso. Todo lo contrario a un museo, a una de esas ciudades preciosas europeas que ya no tienen vida fuera del turismo. La Ciudad Vieja de Jerusalén está completamente viva, es tan preciosa como las ciudades más bellas de Europa pero tiene ese elemento extra que la hace a la vez dificilísima e interesantísima: cada metro cuadrado sigue ocupado por gente de verdad, por gente que quiere estar ahí o no soltar lo de generaciones atrás o no soltar lo recientemente tomado. No conozco otro lugar con tantas capas superpuestas y aún vivas. Eso hace que sea difícil visitarla – la historia sigue sucediendo, y cometer un error (o ser víctima de una simple confusión) en la Ciudad Vieja se puede pagar muy caro. Por otro lado, es el corazón vibrante de toda la ciudad grande, de todo el país, de todo el Medio Oriente casi. Visitarla es difícil y arriesgado (mientras más conoce uno más sabe lo peligroso que puede ser), no visitarla sería absurdo.

En una plaza llamada Muristán en plena mitad del trozo cristiano de la Ciudad Vieja (o sea árabe cristiano superpuesto con griego, superpuesto con sirio con uno que otro francés católico o anglicano inglés, uno que otro irlandés, rastros de rusos y uno que otro edificio etíope) les dio por hacer proyección gratuita y al aire libre de la película Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore – dentro del contexto del Festival Internacional de Cine de Jerusalén – al lado del cine más experimental o más de festival hacen proyecciones más “suaves” para la gente, gratuitas, y en espacios diferentes de la ciudad.

La superposición resultó divertidísima. Muristán es una plazuela en la zona árabe, repleta de niños corriendo, de madres que los persiguen, de discusiones familiares, de niños judíos en bicicleta que viven por ahí cerca – todo mezclado con gente de Jerusalén occidental, de los comerciantes. La plazuela siciliana de Cinema Paradiso en los años 40 y 50 era así también – la arquitectura es similar. Era curioso ver en una plaza árabe del siglo 21, con público mezclado (niños, madres, vendedores de helados, gente del festival de cine, árabes, judíos, turistas) las proyecciones de ese mundo siciliano en otra plaza, con momentos en que también proyectan afuera en la plaza, con los gritos sicilianos – las expresiones tan árabes en Sicilia – y ver esos niños de tres o cuatro años corriendo y tan parecidos finalmente al Totò de la película.


N.B.: La versión que pasaron era el “corte de director” de Cinema Paradiso. No recordaba tantas escenas de sexo (de juventud siciliana) en la versión oficial que había visto en Colombia hace muchos años ya. Era un poco extraño ver esas escenas proyectadas a un paso del Santo Sepulcro – Muristán es la plaza casi justo al lado, con los patriarcas rusos y griegos, los monjes etíopes, las monjas francesas, las viejitas rezanderas del Egeo. Pero de alguna manera todo quedaba ahogado entre los gritos de los helados, los niños jugando con sus patinetas. Parejas sicilianas probando por primera vez el sexo proyectadas arriba, la vida real abajo – y los monjes y patriarcas por allá en sus celdas del Santo Sepulcro…

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