sonata / sine materia

Uno de los pasajes más famosos es la primera descripción de la sonata de Vinteuil. Lo increíble es que después de unas páginas que van armando un escenario muy social, muy lleno de interacciones, frases implícitas y explícitas – el mundo del logos y del contacto, llega una melodía del andante de esa sonata y logra desprender por completo a Swann de su mundo de salón y lo lleva (con uno) a un terreno de sensualidad, de recuerdo, de enamoramiento brutal y de nuevo muy cargado de erotismo, muy tenso y muy tierno a la vez.

Se trata de algo que a priori hubiera debido ser transaccional, hubiera debido ser banal: en una reunión social en el salón de Madame Verdurin, entre gente muy pendiente de pequeñeces, termina un pianista tocando un pasaje de una obra que Swann reconoce. La reconoce sin conocer su nombre; la reconoce porque la había escuchado el año anterior. Y empiezan unas páginas increíbles en que el amor de Swann por una frase musical, por sus volutas y subidas y luces, florece y cobra vida como si fuera amor físico por otra persona. Proust logra elevar una frase musical de una sonata semi-desconocida para Swann al rango de una persona que genera en él una pasión brutal.

Lo más interesante es que mientras la escucha sabe que conoce la frase pero no la puede ubicar, no sabe de qué obra es. Tal vez por eso es tan poderoso el pasaje.

D’abord, il n’avait goûté que la qualité matérielle des sons sécrétés par les instruments. Et ç’avait déjà été un grand plaisir quand, au-dessous de la petite ligne du violon, mince, résistante, dense et directrice, il avait vu tout d’un coup chercher à s’élever en un clapotement liquide, la masse de la partie du piano, multiforme, indivise, plane et entrechoquée comme la mauve agitation des flots que charme et bémolise le clair de lune. (…) Peut-être est-ce parce qu’il ne savait pas la musique qu’il avait pu éprouver une impression aussi confuse, une de ces impressions qui sont peut-être pourtant les seules purement musicales, inétendues, entièrement originales, irréductibles à tout autre ordre d’impressions. Une impression de ce genre, pendant un instant, est pour ainsi dire, sine materia. Sans doute les notes que nous entendons alors, tendent déjà, selon leur hauteur et leur quantité, à couvrir devant nos yeux des surfaces de dimensions variées, à tracer des arabesques, à nous donner des sensations de largeur, de ténuité, de stabilité, de caprice. Mais les notes sont évanouies avant…

(En traducción mía: Al principio solo había degustado la cualidad material de los sonidos emanados de los instrumentos. Y ya había sido un gran placer cuando, bajo la pequeña línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, había visto de repente buscar subir en un chapoteo líquido, la masa de la parte del piano, multiforme, indivisa, plana y entrelazada como la malva agitación de las olas que encanta y matiza el claro de luna. (…) Tal vez es porque no conocía esa música que pudo vivir una impresión tan confusa, una de esas impresiones que tal vez sin embargo son las únicas puramente musicales, inextensas, enteramente originales, irreducibles a cualquier otro orden de impresiones. Una impresión de ese estilo, durante un instante, es por así decirlo, sine materia. Sin duda las notas que entonces escuchamos tienden ya, según su altura y su cantidad, a cubrir ante nuestros ojos superficies de dimensiones variadas, a trazar arabescos, a darnos sensaciones de amplitud, tenuidad, estabilidad, capricho. Pero las notas se desvanecen antes…)


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Una esquina en el barrio de Talbyeh, Jerusalén. Verano de 2017.

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