profesores de colegio / Madame Paul / libertad

… La diversidad de los profesores era asombrosa, es la primera diversidad consciente en una vida. El hecho de que pasen tanto tiempo delante de uno, expuestos en cada una de sus reacciones, sometidos a una constante observación, siendo el verdadero objeto de nuestro interés hora tras hora, y, dado que no podemos ausentarnos, siempre el mismo período de tiempo; su superioridad, que los alumnos no quieren reconocer de una vez para siempre y que los vuelve críticos y malévolos; la necesidad de responder debidamente a sus exigencias sin complicarnos demasiado la vida, el secreto en que se halla envuelto el resto de sus vidas durante todo el tiempo que no están ante nosotros como actores de sí mismos, y luego el hecho mismo de sucederse unos a otros, siempre en el mismo lugar y desempeñando el mismo papel, con la misma intención, es decir, expuestos abiertamente a la comparación: todo esto, tal y como actúa conjuntamente, constituye también toda una escuela, muy diferente de la destinada a la enseñanza, es decir, una escuela en la que se aprende a conocer la multiplicidad de la naturaleza humana y, si se la toma medianamente en serio, es también la primera escuela consciente del conocimiento del ser humano.

Elias Canetti, en La lengua salvada – trad. de Genoveva Dieterich

El anterior pasaje de la autobiografía de Canetti refleja muy bien ese libro (triple): en lenguaje llano va observando, va describiendo lo que ve desde la infancia. Aquí está ya iniciando su bachillerato en Zúrich. El padre había muerto en Manchester, vivía Elias con sus dos hermanos y su madre, pero esta decide internarse en un sanatorio en los Alpes y deja al hijo mayor, Elias, en una pensión de cuatro señoras suizas para que siga yendo al colegio. En esa libertad impresionante que empieza a vivir el joven Elias Canetti se la pasa yendo a conferencias, escribiendo cosas (de las cuales se arrepentiría después), discutiendo temas, remando en el lago, yendo en tren o a pie al colegio.


De alguna manera leer a Canetti me hace revivir ese año y pico de libertad que tuve en Bélgica cuando a los doce años iba en tren, o como pudiera, al colegio. Tomaba materias de griego y latín con Madame Paul (ese era su apellido); ella tenía un 2CV en el que a veces me acercaba a Lovaina la Nueva donde vivía yo con mis padres y hermanas – ella había vivido en Italia muchos años y durante buena parte de la clase mostraba diapositivas mientras nos enseñaba sutilezas del latín y el griego – su hija era un poco mayor y parecía muy libre – Madame Paul era distintísima de los demás profesores en que a la vez lo trataba a uno como mayor y no exigía mucha disciplina; de alguna manera podía ser exigente de maneras más serias que los demás profesores – con ella aprendí mis primeras declinaciones, pero hablando en el carro tranquilamente como con alguien grande… no contaba yo mucho en la casa los detalles de ese regreso con Madame Paul; de alguna manera intuía yo la posible prohibición de tanta cercanía a una mujer de unos 35 o 40 años y su hija grande que parecía tan libre – me limitaba a decir que “una profesora de griego nos pidió que compráramos el Enchiridion o el Neaí Odoí” … Hoy en día tanta cercanía, tantas conversaciones, paradas a comprar comida – recuerdo que Madame Paul paraba en el Delhaize a comprar ingredientes para su comida con su hija y me iba describiendo lo que prepararía – serían probablemente medio ilegales. Yo sencillamente quedé adorando esa visión de Italia y Grecia y la libertad. Conservo un librito que me regaló: una Guía Verde Michelin de la Roma antigua, hecha como si fuera una de las guías modernas pero con recomendaciones para ir al Foro, al Senado, a miles de edificios – describía “restaurantes” de la Roma antigua como si uno fuera a visitarlos, describía las posibles llegadas por la Via Appia, los posibles trancones de carretas en los puentes del Tíber, la especulación inmobiliaria (salía incluso el precio en denarii de pensiones o de la primera propiedad horizontal que hubo en Roma), daba las distancias en millas y pies romanos…


Leer a Canetti es así. Él tenía profesores increíbles algunos, terribles otros (como me pasó a mí también). Probé esa libertad que él también tuvo, durante mi primer año de bachillerato. Regresar a Colombia (al Réfous) fue perder esa libertad durante un tiempo, ir en bus al colegio …  la libertad recobrada más tarde ya fue algo muy distinto.

PA237846
los trenes de la libertad (para mí), en Bélgica – foto en 2016

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s