tu lomo condesciende…

… a la amorosa caricia de mi mano

(Borges, A un gato)

La adopción de Abdul (o Abdul Abedul Jatul Torricelli alias Confite) sucedió como entre un sueño. Muy simple: venía María Clara de la Universidad una tarde y me llamó desde el M86. Quedamos de encontrarnos (para caminar un rato luego) en el Cat-Café de la 61 con Sexta. Mientras esperaba a que llegara María Clara me puse a saludar a los gatos. Uno de esos estaba muy simpático – ligeramente “gaminesco” (no sé si en Bogotá todavía existe recuerdo de la palabra “gamín”), muy dulce y a la vez con cierta aspereza que me encantó). Cuando llegó MC, fuimos a verlo de nuevo – y como quien no quiere la cosa un par de semanas después ya estaba aquí el gato.

En los lugares de adopción de gatos hay que llenar papeles, mostrar que uno “sabe en qué se está metiendo” y que el gato no es un capricho del momento. En ese lugar realmente nos dieron mucha información y sobre todo nos transmitieron mucho cariño hacia ese gato que llamaban de otra manera antes.

Aparentemente vivía en un parqueadero. Aparentemente tiene poco más de un año. Aparentemente lo maltrataba alguien en ese parqueadero y otra persona se dio cuenta de que lo habían tratado de envenenar y decidió rescatarlo. Aparentemente … el Cat-Café lo rescató, vacunó, castró, examinó, etc.

En realidad no sabemos nada de ese antes de un año (más o menos) de Abdul. Todo es “nos dijeron que…”, “aparentemente…”.

Tampoco se llamaba Abdul pero el nombre que le daban provisionalmente en el lugar de adopción no nos sonaba a como se veía el gato – dimos mil vueltas y finalmente el Abdul Bashur de Mutis nos hizo aterrizar el nombre y escoger Abdul. Sí, se veía como algún levantino, como el personaje de Mutis (de origen incierto como los levantinos; fenicios, hebreos, filisteos, babilonios, griegos – origen incierto como nuestro Abdul). “Abedul” es su nombre cuando decide ponerse muy dulce. “Abdul Jatul” cuando está juguetón. “Torricelli” es el nombre que MC usa para recriminarle algo “Abdul Torricelli, ahí no se puede subir…”. (Lo de Torricelli es por la hidráulica del distribuidor de agua, obviamente…) Lo de Confite (alias) es por María Elena Walsh.

Ahí está ya desde hace unas cinco semanas. Siempre me da la impresión de que acaba de llegar aquí. Nos ha hecho conocer miles de rincones de nuestro propio apartamento – rincones que ni en mil años habríamos descubierto ni sospechado. No sabemos cómo logra esconderse y aparecer como teletrasportado – parece conocer mil veces mejor el apartamento que nosotros, después de unas pocas semanas.

Y en realidad yo aún no entiendo cómo tomamos la decisión tan rápido. Claro, hubo vaivenes (que si esto, que si los viajes, que si lo otro, que si el balcón, que …). Pero llegó rápido, y ha sido un nuevo ser aquí, infinitamente divertido (y caprichoso y … desordenado y …). Ahí está (en este momento en carreras infinitas por el corredor, persiguiendo algo)…

 

 

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