Hiatus

No pude seguir con el blog, durante más de dos meses… Cuando llegamos a Viena internaron a mi padre a la clínica, otra infección. Hablamos con él. Estaba lúcido, pero sonaba muy agotado. No aguantó – la septicemia se lo llevó tres días después. Los médicos no fueron muy claros y todo pareció suceder muy rápido.

En su último día habíamos ido a ver la Secesión – ese lugar vienés impresionante. El friso de Beethoven (de Klimt) me hizo entablar un diálogo mental con mi padre. Tomé muchas fotos de detalles para poder comentar con él al retornar. Sabíamos que el tiempo corría pero nos tomó también por sorpresa. La conversación sobre ese friso, sobre el énfasis en la solidaridad entre seres humanos, no tuvo lugar.


Aquí están todas esas imágenes que tomé ese día, ese 16 de enero, para traerlas a Bogotá y hablar con él – y que no he podido volver a mirar de frente. No las pensé directamente como un regalo pero sí recuerdo que al tomarlas pensé en muchísimas obras que escuchamos desde que recuerdo escuchar música con él. Pensé en la Kreutzer y en la Novena, en la Tercera y en la Sexta, en la Cuarta y en la Séptima (y su danza). Pensé en el Emperador y en el Cuarto, en Fidelio y en el Triple Concierto. Pensé mucho en la Hammerklavier que le encantaba y la última sonata (trozo de la cual puse en el video que cuelgo a continuación). Pensé en los cuartetos, que le encantaban, y en el enlace con el abuelo a través de las sonatas intermedias. Pensé en el significado de esos frisos, el anhelo de unión, de comunión, de fusión con el mundo. Fue el último gran diálogo (mental) en vida de él – y aunque de alguna manera todos sabíamos lo que venía, debo decir que me tomó por sorpresa no poder completar este otro diálogo con él.

Agrego el video que hice hace mes y medio para despedirlo:

Fare Thee Well – imágenes de un viaje en tren de Roma a Nápoles, que comentamos – y luego imágenes del día después de su muerte, junto al Danubio, antes de emprender el vuelo a Bogotá

Por último, un enlace al texto que leí en su ceremonia de despedida, en la Capilla de la Universidad Nacional, el 19 de enero.

2 thoughts on “

  1. Me enteré tarde de la muerte de su padre. Lo he pensado mucho Andrés, pero no he sabido qué decir. Cuando murió Sebastián encontraba muy poco consuelo en las palabras. Suena tonto o extraño, pero el mayor consuelo lo encontraba en el silencio, al realizar algunas actividades consideradas simples o aburridas. Cuando nos volvamos a ver, le doy un abrazo.

  2. Arturo. Mil gracias. Me fascina leer sus palabras. Y sí. El silencio, o las actividades simples o aburridas me han dado mucho consuelo. Hasta pronto. Y un abrazo.

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