Canto VI: los golosos, la lluvia fría, la podredumbre

… Io sono al terzo cerchio, de la piova

etterna, maledetta, fredda e greve;

regola e qualità mai non l’è nova.

Grandine grossa, acqua tinta e neve

per l’aere tenebroso si riversa;

pute la terra que questo riceve.

En este fragmento del Canto VI de la Commedia, Dante se refiere al tercer círculo del infierno, el de la lluvia eterna, maldita, fría y abundante. Nunca cambiante. La imagen la completa con el mal olor de la tierra (pute la terra che questo riceve), con el hedor constante.

A primera lectura este castigo (contrapasso) es sorprendente. Se trata del círculo que recoge a quienes cometieron el pecado de la gula. Y más adelante hay una referencia tal vez más concreta a este, con el can Cerbero que traga y despedaza a las sombras de ese círculo; de ser golosos pasan a ser engullidos, por la eternidad.

Pero uno se pregunta ¿por qué la lluvia eterna? ¿Qué conexión hay entre la lluvia y la gula, entre el engullir en exceso y el ser castigado siendo sometido a una lluvia por la eternidad, fría y eterna?

En su edición y notas de una traducción de la Comedia (a cargo de Jerónimo Pizarro y Norman Valencia), el escritor y ensayista Humberto Ballesteros nos da una clave importante: algo huele mal, algo hiede en la ciudad de Florencia. El hedor permanente aparentemente relacionado con la lluvia excesiva está relacionado con la gula, pero triangulando el canto está la aparición de Florencia. El primer florentino que se encuentra Dante en su bajada, Ciacco.

Florencia (y su decadencia y hedor en tiempos de Dante), la lluvia, la gula. La guerra civil, la destrucción social en su ciudad… y los golosos y el hedor y lluvia en el castigo.

De alguna manera logré entender un poco más al superponer ayer tres cosas: la lectura del Canto VI, el haber visto la película La cordillera de los sueños de Patricio Guzmán y el haber visto el horror de una cementera en Suesca.

Pues de alguna manera la gula, la verdadera gula, está en todas partes en nuestra sociedad podrida, en nuestro planeta tan similar en sus problemas a lo que vivió Dante en su Florencia medieval (anterior al esplendor). Una sociedad de la gula entronizada, de la gula cantada, de la gula jamás cuestionada.

Una cementera gigantesca justo en medio de un pequeño pueblo andino otrora dedicado exclusivamente a la agricultura y al turismo de escaladores. El 80% del territorio de Chile en manos privadas, gran parte de sus recursos extraídos y sacados en trenes fantasma nocturnos. El mundo entero poco a poco totalmente contaminado como el suelo por la lluvia del Canto VI, fétido y eterno.

Un recuerdo brutal de todo eso lo podemos ver hoy, a mediados de julio de 2021, en pleno corazón de Europa Occidental, en la región de Valonia en Bélgica y Renania alemana; en Suiza y Holanda también (estas imágenes muy brutales de las inundaciones en esos cuatro países).

La lluvia que termina convirtiendo todo en un lugar de pestilencia; causada en gran medida por la gula extrema de nuestra sociedad (la sociedad que entroniza el crecimiento económico – y su acumulación de basuras/pestilencia; la sociedad que endiosa a la «productividad» como bien supremo). La ruina y pestilencia de Florencia, la corrupción de sus habitantes.

li cittadin de la città partita;

s’alcun v’è giusto; e dimmi la cagione

per che l’ha tanta discordia assalita”.

Sì traspassammo per sozza mistura

de l’ombre e de la pioggia, a passi lenti,

toccando un poco la vita futura,

(Sí: tocando un poco la vida futura cuadra perfectamente…)

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