smoothness

Garbled, chaotic, self-refusing, auto-rejecting, half-dreamy days, these ones. Beginning of semester feeling the abruptness of change, the turning of tiles, the shuffling of cards, the opening of seals. Smallish index properties galore, moving topoi resting and at ease, like soldiers the night before the battle. Trees of partial morphs, gluing and amalgamating and blocking. Open areas fighting smallness. Lochak’s book lurking behind, tumbling ideologies and twisting friendships abode. Ferdydurke’s pupas and groins and limbs and mothers and teachers and ears and glands, a lad’s smell – warts and farts and darting fights – inside and out. Polish sweat-house.

All the while, realizing that extending jarred invariants from upper half to reals implies smashing groups, plunging sheaves, twisting leaves, and finally mapping the remnant section to its mores.

(In order, above: undergraduates at the University, women selling orange juice above Chía, a backhoe blocking our way out of the house, as new sewage lines are being drawn in Fonquetá; below, (retired) Chemistry professor Cortés, in his restaurant in Tabio, voicing (starkly) his mind against curates and opiates, Art History professor Cortés, thinking ramifications, and curator Martín, listening and musing.)

Снился мне путь на Север – amigos – Grebenshikov

Este es un post para María Clara – para recordar el invierno infinito que tuvimos en Finlandia, cuando surcábamos entre la nieve en tren los bosques y los campos entre Helsinki y Tampere, cuando íbamos a las charlas del otro seminario, a caminar por 30 grados bajo cero acompañados por Meeri hacia el museo de arte de Tampere, perdido en alguna casita sueca en medio de los lagos y la tundra de esa ciudad – cuando íbamos hacia Hanko y hacia Tammisaari buscando el Báltico congelado y sus mil formas, cuando tomamos ese tren mítico hacia San Petersburgo y nos encontramos con las canciones de Гребенщиков allá, y cuando volvíamos agotados y parábamos en Stockmann a comprar huevitos de trucha y de salmón y de esturión y no nos cansábamos de comer y comer blinis con esos huevos y crema smetana y cerveza y vodka.

Y este es un post para Alejo, ese amigo que se nos desaparece a veces por períodos largos y reaparece con cuentos siempre más extraños y más locos y nos invita a ir con él a Nueva York (no sabemos bien a qué – a pasarla bueno, porque qué más – con Alejo siempre es ese el plan – entre mil conversaciones y libros y exposiciones y proyectos y locuras y comilonas y caminatas por el frío o entradas al sauna navideño en Finlandia o discutir por mil temas etéreos y efímeros que pueden llevarnos a peñascos peligrosos en La Vieja o en los confines de Savonia – con paisajes como los de ese tren de Grebenshikov). Alejo podrá desaparecerse a veces, pero es finalmente el único que ha llegado a buscarnos hasta el fin de Europa, el fin del mundo casi, y además se aguantó que lo lleváramos de bienvenida a un lugar en la frontera rusa, completamente perdido y remoto.

Y este es un post para los demás – para Alex Usvyatsov con quien escucháramos en La Macarena hace mil años otra versión de esas canciones de Гребенщиков, tomando vino con Sharon y con Apolo (nunca logro expresar suficientemente el Спасибо, el תודה רבה adecuadamente por todos sus regalos increíbles que envía desde Israel o desde Portugal) – para Javier, que ve paisajes similares cuando va en tren en invierno allá en Ontario, y que hoy mismo está descubriendo de nuevo la nieve con su hija Laia (uno siempre vuelve a descubrir la nieve como si la viera por primera vez en la vida – me dan una nevada y me pueden poner feliz como si tuviera la edad de Laia), el Javier que siempre se aguanta mis mensajes largos llenos de disquisiciones medio absurdas y me da respuestas maduras y bien pensadas – para los muchos otros con quienes compartimos a Helsinki (virtual o real) o Rusia: Juan y Patricia de México (que fueron hasta allá también pero encontraron un invierno más brutal que lo normal y tuvieron que refugiarse en… San Petersburgo); Gabriel el caraqueño ahora bogotano más אינטנסיבי e inteligente que conozco (el Gabriel que me dice que más que venezolano es caraqueño, y más que caraqueño es de la Parroquia de La Pastora – a lo cual yo contesto que más que colombiano soy bogotano, y más que bogotano soy del corredor que hay entre la Universidad Nacional y los cerros), el músico que puede conjurar con su flauta los nigunim de Besarabia o la dulzura de un postre sefardí al improvisar con Alfonso – par de pseudo-cripto-sefardíes ambos ocultos en los corredores de la Universidad Nacional, dos de los seres más impresionantes que he conocido – tan similares y tan distintos – que lograron el mejor diálogo que he escuchado en mucho tiempo con una viola da gamba y una flauta – Alfonso el compañero junto con Francia y León de aventuras mentales y muy vívidas en otras nevadas, en el desierto de Jordania buscando a Petra como si fuera el arca perdida; y es un post para Fernando, el mosquetero principal de las batallas de ideas y síntesis y tríadas e imágenes retorcidas del románico (Fernando increíblemente enérgico siempre, con sus libros, sus batallas en la Universidad, sus viajes a los confines más remotos del Medioevo tardío, de la Modernidad, del Ampurdán románico o las bocas del Ebro, por los topoi y las homotopías de tipos, y mil otros temas que me tomaría el blog entero abarcar).

Sí: Grebenshikov genera esos estados de ánimo – un poco troika rusa, un poco embriagados de pura música y nieve y trenes y pensar en lo que Pitol llama la “enorme polifonía” de la novela rusa, el gran descubrimiento que hicieron esos autores: meter mil voces al tiempo en una novela, como los palacetes que tenían llenos de gente (familiares, visitantes, siervos) y con divisiones de madera delgada que dejaban pasar todos los ruidos con lo cual uno se enteraba siempre de toda la intimidad de todo el mundo, como en las obras de esos autores. Grebenshikov genera ese estado de ánimo. Tal vez la mención de la nieve en Ontario por Javier, tal vez el pedido de Alejo de pensar en la Macarena para su edición del diario (pero en vez de llegar a la Macarena llegué a Grebenshikov y a Finlandia y a la nieve)…

Decía yo en 2007, en otro blog:

La música de Boris Grebenshikov me acompañó (en la mente) durante todo el viaje a San Petersburgo, hace ya siete meses. Tal vez por las sonoridades repetidas de las difíciles vocales y consonantes rusas que oíamos por doquier y me recordaban las canciones de Grebenshikov, tal vez por los trozos en ruso de Après moi le déluge de Regina Spektor – tal vez porque Grebenshikov (Barís, no Boris, le grita varias veces el público feliz – como en la representación teatral de La guerra y la paz que vimos hace año y medio en Bogotá – Natasha y Sonia jugando con Boris, persiguiéndolo por la casa enorme, gritando Борис, Борис!, en algo que me sonaba a Barís, Barís, Barís!) tal vez porque Grebenshikov está tan íntimamente ligado con San Petersburgo (ahora bien – el video que colgué, Masha i medved, no sucede en San Petersburgo – me parece que tiene lugar en la (distintísima) Moscú). Recuerdo también que Alex Usvyatsov se puso muy contento de oir a Grebenshikov en la Macarena, en su primera ida a Colombia. Finalmente nos animamos: vamos la semana entrante a Laponia. Vimos el viernes pasado (por segunda vez, después de muchos años) Los amantes del círculo polar ártico. Cuando la vimos en Bogotá por primera vez, yo sentía que Laponia era lejísimos, y no la asociaba a ningún país real. Sencillamente sabía que parte de la historia tenía lugar en la porra. Fue muy simpático (y extraño) verla y notar que es realmente hecha en Finlandia, en Rovaniemi – que no es más que el inicio de Laponia, y que es a esa tierra que se sentía absurdamente lejana cuando la vimos en Bogotá (sin sospechar acercarnos jamás por allá, y menos vivir por un tiempo en el mismo país) que iremos la semana que viene. Cuando Ana le dice a la mamá en la película que se larga para Laponia, la mamá la mira incrédula como si no tuviera ningún sentido lo que Ana acaba de decir. La verdad, hace pocos años no me la hubiera creído.

unearthing old videos

A conversation with Rami, and an ongoing communication with MC, Roman and Wanda, led me to reconsider these old videos (they are linked, of course – they are linked with friends, with Carlos and Zully, with Rami and Monica, with Gabriel and his mother, with Zoran, Tim and the Geometry and Model Theory crowd, with Alejo and Alfonso):

[Andrés baila – made by María Clara Cortés, Barcelona, July 2011]

[Hacia la tricotomía – Mérida, Venezuela, September 2011]

[Zoran Škoda plays and sings – Chía, July 2012]

[Alfonso Correa and Gabriel Padilla play/improvise on sephardic themes. Both Alfonso and Gabriel are very sephardic friends of mine. June 2012]

[Fragments of a conversation between María Clara Cortés and me – as seen by Alejandro Martín. June 2011]

Map for Ryoji Ikeda’s Datamatics exhibition –  Alejandro Martín, Andrés Villaveces

Last Tuesday, Alejandro Martín and I gave a “commented visit” to Ryoji Ikeda’s Datamatics exhibition at the Art Museum of Universidad Nacional in Bogotá.

The challenge was interesting, and manifold: because of the strong sound pervading the exhibition, we could not really speak while watching it, we could not speak in front of the projections, we could only speak outside the main room, for a crowd gathered under scorching sun.

The conditions created a bizarre layer of abstraction in our lecture: we had to speak about what was inside the main room, while being outside of it. Of course, at some point we went into the main room and watched the full cycle of videos for about 15 minutes, midway into our lecture, and then went back outside to continue our conversation.

I believe the set-up added to our lecture – while originally I thought it would be very strange to speak about Datamatics while not watching it, there was some beautiful “black-box effect”, some kind of “entering a cube, living the experience and then going back outside to ponder it”.

We had no precise script (except for Alejandro starting the duo show by asking me how Model Theory allows me to see Datamatics, what is Model Theory, really – and then, after my reply, I would ask Alejandro what does he think “representing infinity” may (or may not) mean in Art). From there, we were to follow the map (drawn above) in a random way, stressing some of the main points.

My final invitation was for the audience to destroy the map (they were given photocopies of these arrows), to construct their own map, to add or remove words.

I really liked Alejandro’s (impromptu?) comparison between Van Gogh’s brushwork and Ikeda’s pixelwork – one among many things that were said that somehow stuck to my mind.

Paola Vargas commented that her watching the exhibition, and our words, made her think of Carnap. I wonder about that connection!

I was also intrigued by questions about “scores” (I spoke about capillarity and scores with infinitely many lines, densely packed) that an artist asked – she was clearly intrigued by a kind of self-referential work in the scores that occasionally appear. Finally, a very young (freshman) student of Architecture came to speak to me, and told me how he started seeing spatial-ness in a completely different way after watching the exhibition and hearing Alejandro and me comment on it. He was clearly shocked that “space” could be torn, disarrayed, discombobulated, sheared, reassembled, iterated, that way… That single conversation with the freshman student at the end, to me, paid the effort of thinking about Ikeda with Alejandro.

Un poco de esto…: Viaje al fondo de Cuervo

alemartin:

Viaje al fondo de Cuervo
Alejandro Martín Maldonado

La exposición se trata de un múltiple juego de reflejos: Rufino José Cuervo, su Biblioteca y su Diccionario; y a través de los tres, la lengua castellana, su historia y el mundo (nuestro mundo) que por entre ella se habla y se…

Un poco de esto…: Viaje al fondo de Cuervo

Dàimh: El clan de los Martín. Clann Mhartainn.

Uno de los discos que compramos en Portree (Isla de Skye) tenía esta canción, con el título Clann Mhartainn. Me sonó a “Clan de los Martín” (ese clan que parece tener gente en Colombia, España, Francia, Estados Unidos y ahora Escocia 🙂 ), y pues sí, resulta que Clann Mhartainn es una canción dedicada por Dàimh a ese famoso clan.

Hay incluso una página web, con el paño del tartán del kilt de los Martin escoceses y algo de historia. Como siempre, esas historias son mitad leyenda familiar, mitad historia de lo que fue, otro trozo de historia de lo que algunos querían que fuera. Las variantes son Mhartainn, MacMartin, Martin.

Los de ese clan eran claramente jacobinos durante las revueltas – también adquirieron fama de ser “astutos” (como zorros) – en los Highlands hay el dicho Sliochd nan sionnach – Clann Mhartainn (Race of the foxes – Clan Martin)…

Va dedicado este post (y la música de Dàimh), obviamente, al buen Alejo Martín y por extensión a Olguita y a todos los de esa rama del Clan Martín 🙂 … Las conversaciones (mentales) con Alejo nos han acompañado a lo largo de estas carreteras.

reseñas de Alejandro Martín

¿Qué es el cine?

Eso. Esa nada que diferencia las dos tomas, la buena y la mala. Con las mismas actrices y el mismo movimiento de cámara. Pero una es cine y la otra no.

(Alejo Martín, en su tumblr)

Me gusta leer las reseñas que escribe Alejo. Me apasiona que se apasione tanto con ciertas películas. No importa que a mí la película no me haya gustado tanto, no importa tampoco que las reseñas no me hagan mover un ápice mi percepción (la película de Almodóvar, como todas las suyas, son buenas para pasar el rato, pero poco queda de ellas después). [Agregado después: no es completamente cierto lo anterior. Las reseñas de Alejo, como todas las buenas reseñas, mueven las certezas que uno tiene. Yo no saltaría a alabar esa película, pero veo (después de pensar un rato) cosas que no veía antes de leer la reseña.]

Sin embargo, ¡qué reseñas! De hecho, me gusta la película de Almodóvar por ser capaz de extraer esas frases en las reseñas de Alejo. Ya por eso, valen la pena.

Anyway, this case brought to the forefront the fact that men are constantly forced to deal with their sexuality. The issue for a woman is menstruation, when her blood pours forth. But generally women can be removed from their own sexuality—they never have to think about it or confront it like men do. Every time men pee, it’s right there. They have to worry about it constantly. It’s a part of their bodies that they are not in control of. It can be embarrassing. In gym class or wherever, they can suddenly be humiliated, embarrassed. It defines so much about men. Because of the nature of the penis, men have performance anxiety, whereas no woman ever has to prove herself in this way. So men’s egos are totally involved in performance, in doing, achieving. An erection is a kind of achievement. So is peeing. As I’ve said, a boy has to learn to aim in order to no longer be infantile. So it’s an accomplishment. The male orgasm is short-lived and transient—and that’s the irony of men’s sexuality. It’s ironic that feminism looks at the penis as power and violence when in fact it is very weak. Every time a man approaches a woman, he is overcome with anxiety because he is approaching the place where he was born. There is a subliminal memory of that and there is always the nightmare that he can be shot down. All of a sudden, whoosh, and like Alice in Wonderland, you are shot through the looking glass. Every time a man puts his penis in a woman, he is gambling that he is going to get it back again. And in a sense, he loses that gamble each time. It goes in, he is very powerful, and then it’s over and he is no longer so powerfull. This highlights where feminists have erred. It took most of my life to realize that men are not tyrants or egomaniacs. I had an epiphany in a shopping mall recently that put it all in perspective. I was having a piece of pizza and I saw all these teenage boys running around in the mall. They were wild. I looked at them and saw this desperation. When I was their age I hated those kinds of boys because they were so obnoxious. They are so involved in their status, gaining it, afraid of losing it. I’m glad I don’t have to be that age again. So they sat down near me and they didn’t notice me. I didn’t exist on their radar map. I was thinking, This is great. I was watching. They were full of energy and life. And I suddenly realized, My God, the reason they are so loud, the reason they are so uncontrolled, the reason I hated them at that age is that they bond with each other against women. It was the first time they were able to be away from the control of a woman—their mothers. They were on their own and for this period they’re very dangerous. Women have to watch out when they go to fraternity parties, because the men are all trying to up their status among one another and there is all this testosterone. And then some girl will snag them. And that’s it. It’s over for them. They get married and they’re under the control of their wives forever. You hear these women all the time, on, like, Ricki Lake, saying, “You know, I have two children, but actually I have three children” about the husband, and it’s true: The husband becomes a child again. Even when men are doing their share, taking out the garbage, doing the mopping, whatever, women are still running the household. They are in control and the men become subordinate again. So that’s what the feminists are so worried about? Men who are subordinated by their mothers and then by their wives? Men are looking for maternal solace in women, and that’s the nature of heterosexuality. Now you tell me, who really has all the power?

Camile Paglia, en la entrevista para Playboy de 1995

(via alemartin)

Avatar

alemartin escribe (muchas) cosas (muy) interesantes sobre Avatar:

Es interesante cuando una película es un fenómeno como Avatar, como lo fue Titanic. Una película que rompe records de taquilla. Y además una buena parte de la crítica la apoya. No sucedió lo mismo con Transformers, y muy poco con las de Emmerich (El día de la Independencia, 2012, etc), aunque esas también merecerían ser pensadas.

… (post largo y jugoso): http://alemartin.tumblr.com/post/350945156/avatar