Larga pausa (hasta aquí)

El porqué de una larga pausa nunca es obvio, y nunca es fácil de explicar. Pero este segundo semestre de 2018, sobre todo desde mediados de octubre, fue todo menos “normal” en la Universidad. Suspendimos clases (no exactamente por voluntad directa nuestra sino porque las dinámicas del Movimiento Estudiantil, de importancia crucial, llevaron a esa suspensión (no uniforme, no igual en todos los cursos).

Mi octubre fue muy peculiar: tres viajes a ciudades distintas de Colombia (Medellín, Bucaramanga, Popayán) a dar charlas para estudiantes. En Medellín fue sobre el rol distinto de la teoría de conjuntos y la teoría homotópica de tipos. En Bucaramanga sobre problemas para la matemática provenientes de la Química y las diferencias y analogías con problemas venidos de la Física reciente. En Popayán fue un minicurso de cuatro horas muy intensas sobre Cuatro Conexiones entre Matemática, Arte y Filosofía.

Más allá de los temas específicos, en esos viajes en octubre vi cómo sucedía en la UN-Medellín, en la UIS, en la Univ. del Cauca el Movimiento Estudiantil. Cómo se sentía de agresivo el ESMAD en Popayán comparado con lo que veía en Bogotá al mismo tiempo. Cómo la UIS se sentía un poco “tranquila”, en calma chicha, comparada con Bogotá. Cómo en Medellín les sorprendía que en Bogotá aún no hubiéramos empezado a principios de octubre.

El 10 de octubre hubo una marcha en todo el país, que registré aquí (desde mi ángulo muy restringido – el video realmente es solo el testimonio de un marchante):

 


 

Luego llegó noviembre con un giro en el Movimiento de la euforia al paro duro, a cierto enfrentamiento (leve, por fortuna) entre colegas. Fue el mes de los bloqueos y el congelamiento y las discusiones duras a muchos niveles. A nivel personal fue muy tensionante ver que la cosa se empantanaba – o que actores desconocidos se estaban tomando el otrora Movimiento.

Por otro lado una parte de mí presentía que era importante pasar lo mejor posible por esa etapa dura. Aunque compartía racionalmente los argumentos de mis colegas que querían evitar ese parto (paro – se me fue la “t” pero la dejo, pues el desliz freudiano de teclado cuadra ahí) a toda costa, algo en mí me decía también que esa etapa dura iba a ser necesaria. Seguí hablando mucho con los estudiantes de Teoría de Conjuntos (la avanzada), mucho menos con los menores. Por diez días me fui del país, al maravilloso Montseny en Cataluña y luego a París a clavarme a trabajar con Jouko y Boban sobre L^1_\kappa (después tal vez escribiré por qué).

En el Montseny celebramos los 60 años de Joan Bagaria, el conjuntista catalán repleto de energía y arrojo e ideas. Fue hermosísimo vivir por unos pocos días entre conjuntistas famosos en un hotel viejo en esas montañas – y sentir que estábamos plenamente en Cataluña y punto (no se mencionó nunca el país vecino al suroeste durante ese congreso, pero sí se enfatizó mucho el rol de Cataluña misma). Fue cuatro días de sueño, de maravilla. Hablé de lógica infinitaria, propiedades de reflexión y L^1_\kappa.

Al retorno de esos diez días que viví tan intensamente (también trabajamos en el MA Collective, que debe salir pronto) me reencontré con el Movimiento.

Con Fernando Zalamea, con María Clara, con muchos otros profesores, desde el puro inicio del Movimiento habíamos hecho clases al aire libre. En el Parque Nacional (Matemáticas, Arte, Derechos Humanos y el Problema de lo Público), en el Jardín Botánico (Dibujo de Plantas y Política – María Clara Cortés), (Árboles y Combinatoria Infinita, en el Parque de la Independencia), etc. etc.

También continuamos el Seminario de Lógica y Geometría (pese al “Paro”), con participación por videoconferencia de Scanlon (eso fue fantástico)… e incluso…

Incluso llegamos a estrenar Köy (La Aldea), la película de Tülay Dikenoğlu hecha en Sirinçe, en Turquía. El estreno fue otro evento increíble.


Pero curiosamente todo eso (y mucho más) fue muy agotador. Energéticamente es más exigente no hacer clase, posponer (pero seguir pendiente, hablar con los estudiantes) que hacer clase. El semestre terminará a mediados de marzo (!!!). Se lograron cosas importantes, afortunadamente. Pero ahora empieza el Movimiento en serio. En una materia ya casi terminamos, en otra nos falta un poco de tema. Pero sigue la tensión.


En medio de tanta cosa simple y llanamente no me quedó tiempo (ni energía) para el blog – que tanta falta me hizo.


Compilé un video con imágenes bastante personales de este año que termina el lunes. Aquí está (creo que solo es interesante verlo para aquellos que cruzaron físicamente su camino con el mío este año; de resto es simplemente una colección de impresiones personales):

 

 


Nota importante: Abdul fue compañía maravillosa durante este semestre. Helo aquí:

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(addendum: cambió de actitud)

Al otro día el antipático apareció cuando estaban regresando de un paseo largo. Le pregunta al narrador con la mano estirada: « Connaissez-vous, monsieur le liseur, me demanda-t-il, ce vers de Paul Desjardins:

Les bois sont déjà noirs, le ciel est encor bleu.

N’est-ce pas la fine notation de cette heure-ci? Vous n’avez peut-être jamais lu Paul Desjardins. Lisez-le, mon enfant ; aujourd’hui il se mue, me dit-on, en frère prêcheur, mais ce fut longtemps un aquarelliste limpide…

Les bois sont déjà noirs, le ciel est encor bleu… »

Sigue hablándoles, deseando que “el cielo permanezca siempre para azul para usted, mi joven amigo…”.

De alguna manera quedan sorprendidos en la familia con la nueva actitud del antipático de la víspera. No dice más Proust, salvo que el padre y todos quedan con la impresión de un malentendido anterior.


Proust superpone la hora del encuentro con la evocación de los versos, pero de alguna manera ese cielo aún azul con los bosques ya negros evoca además de la hora del día la diafanidad de la acuarela de Desjardins con que se limpia la incomodidad de la víspera, la de la mirada lejana.


¿Cuántas veces nos pasa que nos imaginamos cosas de la gente y al día siguiente las limpian con frases como esa?

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6:30 pm, borde de un río (Cundinamarca, Colombia)

Kaitoke

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Convolución, helecho, autosimilitud, prístino. No-tocado: el ser humano está ahí desde hace menos de mil años. Denso, convolucionado, con volutas, gárgolas, pliegues, com-plieguidad, com-plejidad. Aire de esporas, epifitos, ratah, pukatea, en Pakuratahi. (No habíamos llegado los mamíferos grandes. Se salvaron especies de pájaros.) Tui.

El Ocaso: bromelias reptantes

Aunque no sea viable capturar planos distintos, en El Ocaso sí que es fácil encontrar detalles: bromelias, cintas, urilos, zarcillos, orquídeas de mil formas y tamaños, quiches, tilantsias – todo un mundo reptante sobre los árboles que además evoca serpientes (no vi ninguna esta vez). No hay planos distintos, pero sí hay detalles que se fracturan, se enroscan, se reflejan, se urden, se traman, se osculan, se traquean, se reptan, se tocan. Carpentier y Lezama Lima describen bien eso.

Tal vez lo mejor de todo no es ni siquiera la acumulación impresionante de variantes milimétricas de especies – muchas no catalogadas aún. Lo que más impacta de entrada es la manera como tamizan, distribuyen la luz. No solo es la variedad de verdes, es tal vez de manera más milagrosa la transparencia del verde, membranosa, venosa, hecha de vasos comunicantes.