espacio – aire – curvas

El espacio del Museo de Arquitectura Leopoldo Rother en la Universidad Nacional siempre me ha gustado. Fue la imprenta de la Universidad durante un par de décadas iniciales (de 1945 a …). Luego aparentemente estaba semi-abandonado pero mantenía un aura especial – de edificio viejo de la Universidad Nacional más pequeño que los enormes Ingeniería, Derecho, Arte, un poco más juguetón, más lleno de elegantes curvas y vistas sorprendentes. Es una pequeña joya, relativamente desconocida, del campus.

El evento Mapping Traces / Rastrear Indicios que estamos coorganizando entre Matemáticas, Arte y Filosofía en noviembre próximo tendrá lugar en el Leopoldo Rother. Es realmente un lugar inspirador para el tipo de conexiones, contaminaciones, inspiraciones que queremos que haya en el evento.

Ayer, en pleno día lluvioso bogotano, pasé un instante hacia la 1 de la tarde a mirar el espacio y tomar fotos. Va algo de lo que vi.

Las (múltiples) menciones a la casa de Wittgenstein (post de DieGrausamkeit) en tuiteo cruzado con Javier Guillot terminaron trayendo a mi mente el aroma a piso de buena madera recién encerado del Departamento de Filosofía … una clase que daba allá arriba a las 8 de la mañana. Dar clase allá es muy distinto de dar clase en un salón usual. No sabría decir por qué exactamente, pero llegar, oler la cera, tener un grupo pequeño de estudiantes de filosofía, oler el tinto recién preparado, abrir la ventana y sentir el clima aún frío de esa hora… todo eso tenía algo delicioso. ¿Por qué?

El grupo era bueno – Javier era el monitor. Proponían películas, blogs, eran muy entusiastas. Lo que estudiábamos era material tal vez básico (Lógica I – una historia volando de la Lógica desde presocráticos hasta Boole … pasando por Aristóteles, Ibn-Sina, Leibniz, etc. etc. etc. para estudiantes de primer semestre de filosofía) … tal vez básico pero potencialmente muy poderoso (en manos de estudiantes que pudieran reconocer eso).

En esa casa lejanamente Bauhaus, con esa escalera… fue un semestre feliz.

Yo sí creo fuertemente que la arquitectura es poderosísima sobre el estado de ánimo, la visión de las cosas, la interacción entre la gente. En Bogotá hay recodos de felicidad arquitectónica/física (esquinas de la 39 junto al Arzopisbo, la luz de los cerros al atardecer, la fuente detrás de las Torres del Parque a las 5.30 de la tarde, la calle preferida de Álex en La Soledad (¿un par de cuadras en la carrera 18?), el Parque del Brasil en Teusaquillo, el Parque de Portugal en Chapinero, el Parque de la 11 con 70 al frente del Carulla, trozos de Quinta Camacho, el frente sur del Parque Nacional). Mucho de eso fue armado por la misma gente que armó ese edificio de Filosofía, por gente cuya formación en arquitectura y diseño no era muy lejana de la que motivó a Wittgenstein a hacer esas chapas, esos radiadores, esa casa tan maravillosa.

La foto fue tomada por Javier Guillot.