París y la bici

Durante la visita corta que hicimos con MC a París para un congreso la semana pasada tuvimos poco tiempo para museos, etc. – el congreso era muy intenso y estábamos además metidos en temas de organización de eventos asociados a ese. Sin embargo, algo intenté ver. De alguna manera, la bicicleta fue una ayuda para capturar fotográficamente algo del pulso de la ciudad.
Esta vez no anduve en bicicleta (de nuevo, el congreso, etc.) como otras veces. Además me fijé mucho en temas a los que me he sensibilizado (distancia de los carros, infraestructura de ciclorrutas) y vi bastante mal a París: los buses van rápido y se le echan encima a los ciclistas (me tocó ver eso varias veces), las ciclorrutas son muy estrechas y simplemente pintadas en el pavimento – me pareció peligroso andar en cicla en esa ciudad (aunque lo he hecho antes). También la sentí con un aire muy contaminado, de una manera distinta a lo que tenemos que aguantar en Bogotá. Sobre todo un olor muy persistente a gasolina, aún tarde en la noche – probablemente había inversión térmica y el exhosto de carros estaba atrapado en la ciudad.

Aún así, agradezco mucho el haber pasado esos días allá – y simplemente ver a los ciclistas es un remanso de civismo en nuestras ciudades.

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La ciudad más difícil…

… de fotografiar para mí siempre ha sido París.

Tal vez por ser tan emblemática, o por ser de arquitectura tan lisa y uniforme, o por haber sido fotografiada de manera tan icónica por Cartier-Bresson, Doisneau, Atget, Kertész y tantos otros. Siempre había sentido que las fotos de París me quedaban en alguna de estas tres categorías:

  • pálidos reflejos de fotos buenas icónicas de esos grandes nombres,
  • fotos turísticas (el kitsch que siempre busco evitar pero que en París es difícil),
  • fotos que no logran romper la pátina de mobiliario urbano que en París es tan pesado, tan omnipresente.

A sabiendas de estas limitaciones previas, salí ayer con la cámara, recién llegados a la ciudad con María Clara para participar (activamente) en On the Infinite en el Henri Poincaré. Al principio me desesperó no ver nada, no poder romper la pátina superficial de mobiliario urbano, no poder transmitir realmente la emoción de estar aquí.

Sin embargo esta vez las bicicletas y Rodin me han ayudado.

Como vamos a hablar sobre el infinito María Clara y yo, y hemos estado desde hace días, semanas preparando nuestras charlas, el viaje ha sido teñido de una inmersión extraña en textos y conversaciones sobre charlas difíciles de dar para ambos. Tenemos que hablar para público mezclado entre matemáticos, artistas, filósofos – en un lugar tan icónico y emblemático como el Henri Poincaré. ¡No es para nada obvio! Creo que nuestra percepción de la ciudad en esta visita ha estado muy teñida de nuestras lecturas, búsquedas, discusiones (a veces duras) sobre infinito en arte, en matemática y filosofía.

Los ciclistas me permiten empezar a ver la ciudad de manera distinta.

Rodin (después) también. Es una serie larga – nos pareció brutal la exposición de Kiefer pero aún más ver después de Kiefer tantas obras de Rodin. Las habíamos visto varias veces, pero hacía bastante tiempo ya. Esta vez las sentí de manera muy visceral. Después colgaré fotos.

día(s) – en bici al centro, lluvia, alivio

Hoy de mañana salí a correr intervalos en la Quebrada Las Delicias (la parte baja – teníamos que iniciar el día y no había tiempo para caminata larga). Es parte de una rutina que he ido estableciendo, esos intervalos de vez en cuando (correr a lo máximo que pueda uno dar, durante 45 segundos, luego caminar 45 segundos, luego de nuevo correr al máximo 45 segundos, etc. – claro, con entrenamiento esos 45 segundos pueden ser 50 o 60… pero es mucho más duro así).

Al bajar me alisté y leí en las noticias que “todas las avenidas estaban trancadas llegando al centro” por manifestaciones múltiples.

Preciso tenía reunión hoy con Pierre Simon en la Universidad de Los Andes a media mañana para hablar de NIP y la Conjetura de Pares Genéricos (un bello misterio semi-entendido en algunos casos – Pierre es un experto en descomposición de tipos y yo quería preguntar ciertos aspectos de la prueba) ahora que termina su visita.

Aunque no suelo ir al centro en bici, esta vez me dio tanta jartera meterme en el tráfico en un taxi que decidí ir en la bici. Tuve una buena sorpresa: la ciclorruta de la 13 ahora conecta al frente de Museo Nacional con la Carrera Séptima (peatonal/ciclorruta) y puede uno luego subir por la 23 hasta la zona de la Universidad de Los Andes. Una cosa buena de la alcaldía anterior esa conexión, ahora completada por esta alcaldía con páneles de plástico para algo de continuidad. Parquear ahí cerca la bici es medio aburrido si uno no tiene convenio con algún parqueadero.

El regreso fue marcado por el primer aguacero fuerte bogotano que veo en muchos meses: me lavé bajo lluvia torrencial desde la Calle 37 hasta la Calle 64. Con piso mojado me tocó ir despacio sobre todo en zonas de ladrillo. Estrené la ciclorruta nueva de la Calle 45 (estuvo lista hace unos pocos meses pero no la había usado) y luego seguí por Carrera 5 y 6 en zigzag hasta aquí. Tenía mucha hambre y ganas de llegar a cambiarme de ropa y almorzar: subí las cuestas de Chapinero Alto a toda.

Había un grupo de turistas europeos en un bicipaseo (“bike tour”) por la ciclorruta de la 13. Se debieron lavar también.

El ejercicio inusual para mí (los intervalos matutinos, más bici al centro y de vuelta), más el aguacero me dejaron medio agotado. Fue una tarde de Haydn mezclado con topoi mezclado con imaginación ensoñada. Uno de esos días que uno siente pasar ahí al lado.

Hubiera querido captar la lluvia (pero en bici y sin cámara ni modo). La sensación de alivio, la sensación de bogotanidad profunda. La atmósfera de ensoñación y nerviosismo mezclados.

La delicia de sentir que uno está, profundamente, en un páramo.

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(foto: AV – parte de Project Topoi)

as seen from a bicycle

Caracas Ave
On a bicycle, from the Parkway to Chapinero. Here, the corner of 53rd Street and 9th Ave.

Well, Bogotá is many different things to many different people. I for one find it unpleasant to drive (except at night on Circunvalar, or early morning on Sunday). However, riding a bicycle through some of the side streets is amusing and nice.

Here, if you want to ride along, roughly from the Parkway to Chapinero. In the video, the ride takes just under two and a half minutes. In real life, the ride is perhaps done in about 20 minutes.

The only parts with many cars in the ride are when crossing three avenues: Caracas, 13th and 7th. Otherwise, little traffic and side streets.

Enjoy the ride, with the sounds of Monsieur Periné (Huracán).

Mi compra de ayer (barata – 30 mil pesos) me dejó muy contento: una bomba para reinflar la bicicleta. La última vez que había comprado una fue tal vez hacia 1981 – eran grandes y feas las bombas de inflar llantas de bicicleta en esa época. En Madison tenía alguna bomba vieja modelo 1950 que habrá recirculado entre estudiantes de lógica desde tiempos de Rosser o algo así. Por alguna razón nunca me había vuelto a preocupar por el tema, pero ahora, yendo en bicicleta dos o tres veces por semana, y con una cicla no muy sofisticada cuyas llantas se van desinflando, había tenido que ir muchas veces a re-inflar (lo hacen gratis en estas bicicleterías de Chapinero, pero gratis muchas veces no es tan chévere) llantas. Decidí comprar una bomba. Esperaba ver algo parecido al modelo 1980 que recordaba y me encontré con unas bellezas. Esta (una de las más baratas) tiene manómetro, pistones alta presión y alto volumen, y válvulas tipo carro y tipo bicicleta. Pesa 120 gramos. La puedo llevar en el morral y olvidarme de su existencia (hasta que la necesite). Si este modelo (baratísimo, muy portátil) es así, ya se puede uno imaginar los modelos caros (había unas bombas que costaban diez veces más en la tienda – de titanio, ultraligeras para corredores, otras mejores para todoterrenos, etc.).

Quedé aterrado al sentir el paso fuerte de 30 años en el diseño de un objeto tan simple como una bomba de inflar llantas.

México y la bicicleta

Ciudad de México va por buen camino (Eco-Bici, que es como el sistema de bicicletas de Barcelona; más líneas de metro, líneas de Metrobús (el transmilenio de México) hechas rápidamente y sin tumbar los árboles). Al ver eso, no puede evitar uno sentir dolor por la Bogotá de 2010 (donde tumban tanto árbol, no terminan las obras y no se ve que haya voluntad de mejorar las cosas). Lo triste es que hace ocho, diez años, la ciudad con iniciativas creativas e interesantes era Bogotá, no México. Aterra lo rápido que se perdió eso…

(via

thisbigcity:

Following successful cycle hire schemes in cities all over the world, Mexico City launched Eco-Bici. As this third most populated city on the planet, where 80% of all journeys are made on public transport, Mexico City is the ideal venue for a cycle hire scheme.

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)