Don’t Think Twice, It’s Alright.

The three versions extract different pains, different moods. The song, among the earliest written by Dylan, and initially covered by Peter, Paul and Mary, seems to bridge the energy of country from the mountains (Southern Appalachian, thinking of Mother Maybelle and Carter Family songs) with the individuality of rock that was emerging during the 1960s.

When the rooster crows at the break of dawn, look out your window and I will be gone…

He wrote this song (and Blowin’ in the Wind, and Girl from the North Country) when he was about 20 years old – freshly arrived to New York City from Minnesota – with a “farm boy” allure still present but already a poet capable of churning out those haunting sentences that we saw printed on the wall of a beautiful cafe in Oxford, those supremely lyrical melodies – balanced up to some point by his unruly voice and tuning. He used the name of a famous poet when he chose his own artistic name (Dylan Thomas -> Bob Dylan).

It ain’t no use turning on your light babe, the light I never knowed, and it ain’t no use turning on your light babe, I’m on the dark side of the road…

Of the three versions I at present feel closest to the “rawest one”: Dylan, his seemingly untrained voice and his guitar (no harmonica yet, apparently, at that point), and no production, so to speak. Of course, I can see how the beautiful rendering by PP&M, with its carefully inflected voice, its balanced production, the harmonic blending of the three voices, the stresses coming from careful use of head-singing at crucial points, was a boost to the song, for audiences that apparently were not quite ready for Dylan’s own highly idiosyncratic way of singing. Then, of course, the freewheeling version – the best known today perhaps, the first I heard, with Dylan himself, now with his harmonica, with more polished and balanced use of voice of guitar. Every version I hear I love, but of the three at this point I am preferring the rawest, the least produced, the most “brouillon-like”.

Don’t think twice, it’s alright. So long, honey babe … where I’m bound, I can’t tell. Goodbye is too good a word, babe, so I just say fare thee well…

Of course, different sadnesses, of different kinds – different departures (in a way, we are always saying those words, even when we “stay”: we are constantly “on the dark side of the road” with respect to something, to someone, to oneself, to one’s former versions). I can’t really say, can’t really imagine how many times I have had to say a version of those words to myself, to my infant self, to my young self, to my friends, to countries (to Belgium, to Israel, to Finland on a boat heading for Stockholm in the dark night of winter).

Even mathematically (or mostly mathematically) this is something that (painfully) happens more often that we would like.

How could someone at age 20 know all that?

Al viento

La canción famosísima (e infinita) de Dylan… en una interpretación bellísima de Peter, Paul and Mary cuando los famosos eran ellos y Bob Dylan aún era visto más como un autor que como un cantante. La voz de Mary Travers en frases de entrada de la canción es impresionante. Igual la armonía del trío vocal. Gloriosos 1960s.

Semana de ausencias y presencias, de cavar y buscar, de sentir vacío y sentir felicidad, en montaña rusa emocional. Semana de búsqueda de ir más allá de lo puramente emocional (a veces es muy difícil) y captar. Semana de puertas cerradas, de narices frías presentidas pero no sentidas, de montaña llena de gente y vacía, de interrogantes y salves. Y de encuentros impresionantes con amigos de los tres, que estuvieron ahí, abrazando desde Bogotá, Chía, Nueva York, Knoxville, Pittsburgh, Ontario, Francia, el Báltico.

Y la lectura de una bande dessinée de Marc-Antoine Mathieu: Dieu en personne, un relato curiosísimo y muy emparentado con Lem, con el Lem de Golem XIV. Dios en persona se aparece aquí abajo en esta época, lo censan, no les cuadra y comienzan a estudiarlo, a tratar de clasificarlo. Lo meten en un especie de reality francés, de horror puro. Lo meten en un lawsuit norteamericano de proporciones universales, lo convierten en un ser mediático – una cárcel de lujos. El Dios de Mathieu nunca pelea – tiene una ironía suave con todo lo que le pasa, como alguien que vería los juegos locos, loquísimos (hasta divertidos si no fueran de esa tristeza tan brutal de la estupidez humana). No los juzga nunca: es un especie de Dios-ser puro que simplemente se contenta con ser, con haber creado todo, incluso esa locura de mundo.

DIEU_en_personne

Mathieu tiene otras BDs muy peculiares – de un lente casi belga en su sutileza y su gusto por los espacios mentales ideales – los belgas son herederos de Magritte al hacer cómics (Schuiten-Peters), pero a la vez muy parisino en su verbosidad y dialéctica. Una (3″) sobre un rayo de luz que recorre durante 3 segundos … la cantidad de kilómetros que debe recorrer un rayo de luz en ese tiempo larguísimo – y a través de reflejos puros va contando la historia de un crimen de corrupción, de mafia, de asesinato, de traición. El rayo de luz cuenta directamente todo eso al reflejarse en relojes, ojos, espejos, vidrios, fuselajes, telescopios, planetas, lágrimas, teléfonos celulares.

Caminatas de la ausencia, pero importantísimas. Pala, tierra, azadón – a través de la greda de Chía. Cal viva. Una rosa – la mejor de todo ese jardín, para el viaje a otro plano de realidad. Sudor, cabeza repleta de tierra y greda, mejor tal vez el ejercicio físico extraño para la enajenación. Lo peor es quedarse en la casa.

Hoy fuimos con María Clara y con Teo (el sobrino, pequeño de dos años) a La Calera, por la lluvia. Nos metimos (al azar) por las carreteras veredales de ese municipio de verdes y montañas, oyendo rajaleñas, torbellinos, joropos, rumbas y guabinas boyacenses – bien cantadas y con letras adaptadas a edades distintas de las usuales (un ejercicio impresionante de adaptación de repertorio de regiones de Colombia, con letras que pueden sacar una sonrisa, dar refranes que puede repetir alguien que está empezando a hablar pero a la vez no insultar la inteligencia adulta y sonar bien para la manejada bajo la lluvia). El bajo continuo, ostinato, chaconudo, walking blues de la lluvia y el gris sobre el verde de esas montañas definitivamente permite una desconexión y abstracción de uno mismo, necesaria así sea por un rato al día. Hipnosis del gris, en momento dowlándico.

Sorpresa con Nozick: hace preguntas sobre lógica temporal que me parece que no se pueden reducir a los meros modelos de Kripke – requieren posiblemente haces, pero creo incluso que no se pueden reducir al caso topológico – habrá que generalizarlos. En las hendiduras curiosas Nozick pregunta de manera muy seria sobre la propiedad de eventos en física que si bien ocurrieron de tal manera (sin superposición) en tiempo t_0, en algún tiempo posterior t_1 pueden de nuevo no haber ocurrido – o por lo menos no de la manera medida en tiempo anterior t_0. La semántica usual de haces en ese sentido es demasiado clásica por ser acumulativa en subabiertos. Claramente esos experimentos que menciona Nozick no pueden reducirse a nuestros buenos y bellos haces, y requieren una matemática acaso más “torcida sobre sí misma”.

Pero aún estamos en etapa muy primitiva: entendí el lunes pasado por qué son necesarias categorías abelianas para hacer cohomología (o teoría de modelos) de G-estructuras (estructuras sobre las cuales actúa un grupo fijo G). Algo que no está directamente en ninguna parte, pero que está seguramente implícito en trabajos de hace más de cuarenta años.