ecos de una semana intensa e inusual

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Ir a marchar el martes pasado era algo casi obvio – las razones eran todas importantes y urgentes, justas y sólidas. Fue muy nutrida la marcha – y tuvo esa mezcla extraña entre la alegría contagiosa de esos jóvenes universitarios, la reivindicación de una causa que consideramos justa y la incertidumbre sobre el futuro de nuestra universidad y nuestro país en esta época. Traté de ir registrando un poco de la vitalidad de ese día, de la caminata de la Plaza Che a la Plaza de Bolívar.

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Ese mismo día tenía por la mañana temprano reunión y clase (hice una parte de la clase antes de salir a la marcha) y luego dos reuniones de trabajo con estudiantes de posgrado y clase de nuevo. Fue un día interesante, largo, con cierto grado de insolación y ligereza de clima de alta montaña, juventud y calle.


Recordé esta excelente bitácora del movimiento estudiantil de 2011 hecha por un grupo de estudiantes de María Clara. Varios de los estudiantes de un curso que dio (¡recién entrada a la UN a dar clases, casi!) eran de la MANE. No sé cómo logró MC que en vez del bobalicón bloqueo lograran convertir la experiencia de su participación en el movimiento en experiencia académica. Pero ahí está la bitácora, siete años después, repleta de fotos, documentos – armada por los estudiantes de ese curso. (Duele agregar que los míos de este semestre en ese sentido han sido mucho más apáticos.)


El jueves Nicolás Martínez presentó su tesis de pregrado en filosofía (de la cual fui director); la segunda parte de la presentación fue un conversatorio entre Fernando Zalamea, Nicolás Martínez y yo. Fue un acto un poco sorprendente (el Tercer Piso de Filosofía abarrotado, de gente de matemáticas, arte, filosofía, lingüística y no sé de dónde más). El nombre de su presentación y conversatorio fue La Imagen al Otro Lado del Espejo – y estuvo basada en la lectura que hizo Nicolás del uso de la imagen por Llull – y el cambio que éste tuvo – entre su Arte Cuaternario y su Arte Ternario.

Fue interesante principalmente por la vitalidad del intercambio de ideas entre gente de disciplinas tan distintas.

baja vibración

Gripas fuertes esta semana. Yo probablemente traje la mía del viaje (de pronto desde Helsinki o de pronto de algún lugar intermedio en el viaje de casi 24 horas de regreso). Luego MC. Esto ha sido una semana de tés de jengibre, aspirinas, tés de limón, etc. Y algo de Spinoza en mi caso y una novela de Schami en el caso de MC. Y algo de Cota y Chía (conversaciones muy interesantes en Cota con alguien que integrará la JEP).

La vibración de Bogotá baja muchísimo esta semana. No es solo la cantidad de gente o el ruido. Anoche a las ocho estábamos agotados por la gripa y apagamos luces. No se sentía la vibración impresionante de un jueves cualquiera. Fuera del silencio había algo muy peculiar causado por espacios enormes desocupados – la gente está en vacaciones, definitivamente – y los que están parecen querer buscar la calma. Bogotá calmada puede ser casi como un bálsamo.

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También conversaciones con mi papá y un par de estudiantes antiguos suyos que lo fueron a visitar preciso cuando llegué yo con muchos medicamentos que le enviaron los de Unisalud. El proyecto de uno de esos antiguos estudiantes suyos – algo con una base de datos gigante que tiene básicamente todas las reacciones químicas registradas desde el siglo XVIII me pareció muy apasionante. Vi a mi padre muy contento hablando de todo lo que se puede hacer con eso.

En un momento dado estaban describiendo la estructura que usan – algo con multi-hipergrafos – y dije “ah sí… estructuras finitas…” pero no me dejaron completar la frase. Los químicos se rieron un poco de mi visión “de teórico de modelos”. En todo caso ellos andan buscando nociones naturales de equivalencia entre estructuras y ensayan y ensayan cosas interesantes.

En Chía había muy pocos ciclistas cuando salí a correr a La Valvanera. La vendedora de empanadas y jugos de Fonquetá se quejó de este año, de estas vacaciones.

Creo que todo el mundo está con baja vibración por aquí. Eso está bien.

la vida / instrucciones

En una carpa leímos con María Clara un buen trozo de La Vie mode d’emploi hace 23 años. Estábamos recorriendo buena parte de Estados Unidos – desde Madison hasta San Francisco – en un carro no muy robusto, con medios limitados, acampando o quedándonos donde amigos – y evitando en la medida de lo posible las Interstate – yendo por puras carreteras pequeñas. El regreso no pudo ser así porque el carro se varó gravemente en Santa Cruz, California – y casi fue necesario dejarlo botado – finalmente pudimos devolvernos pero ya menos tranquilos.

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La vida / Instrucciones es una novela de Perec que sigue más o menos el corte de la carátula: va contando un montón de historias encasilladas de habitantes de un inmueble parisino. Sus miserias, sus sueños, sus exabruptos, sus engaños, sus dolencias, sus fiestas, sus sudores, sus ecos, sus humores, sus fracasos.

Pensé mucho en esta carátula por un proyecto que estamos haciendo ahora como parte del Proyecto Topoi, para una galería/café en Kingston, Nueva York. El trabajo para Kingston aún no ha salido (es en agosto), de modo que hasta ahora estamos haciendo material, pero puedo adelantar que serán cuatro videos en cuatro pantallas, hechos por los cuatro “topoistas” (Wanda Siedlecka, Roman Kossak, María Clara Cortés y yo), que explorarán de alguna manera la idea de “cámara de vigilancia” – de esas innumerables cámaras que están ahora por todas partes. Nuestro proyecto será algo relacionado con eso.

Ese “corte” de Perec del edificio inspira por lo menos mi cuarta parte del proyecto. No digo más (por ahora).

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electrificantes están esos blogs que sigo – últimamente Arturo Sanjuán escribe de manera descarnada – Javier Moreno escribe con un estilo muy controlado y depurado pero los posts cortos son acaso lo mejor posible (no es tuiter, no es el blog viejo, son pensamientos concentrados a veces muy extraños si se leen de manera aislada) – otros blogs también me llegan pero le pongo atención a esos dos en particular

trucha ahumada ayer (y hoy, de sobras) – pocas veces he hecho pescado ahumado, con trucha funciona de manera sorprendente – hoy no teníamos mucho tiempo para preparar almuerzo y fuimos a Tomodachi; el plato de anguila con arroz estaba enano y costaba trenta y un mil pesos – mi trucha ahumada costó mucho menos y (modestia aparte) quedó mucho más sabrosa que lo de ese restaurante

además, dio para almuerzo de martes y comida de miércoles – hoy estaba tal vez aún más rica que ayer

un poco nervioso con tanta cosa en NY en estos días que vienen: charlas en seminario de lógica y para otro seminario, la presentación del video, luego la exposición en Fleischmanns (un pueblo en los Catskills), luego visita a Artem en UCLA y charla allá también

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Proyecto Topoi

Lanzamos oficialmente la página web de Project Topoi esta semana. Es el resultado de dos años y medio de un experimento de conversación entre dos artistas (Wanda Siedlecka, María Clara Cortés) y dos matemáticos (Roman Kossak y yo) – conversación puramente fotográfica durante buena parte del proyecto, en torno al tema del “espacio” (común a la matemática y al arte), pero entendido de maneras muy variadas.

En Grecia antigua la idea de “espacio” era local y no global. Múltiples topoi conformaban sus nociones de espacialidad, topoi que a veces se entrelazaban o superponían, pero que no requerían estar sumergidos en un topos único global.

En matemática la historia de la noción de espacio, de espacios, ha tenido literalmente infinidad de variaciones, y ha aprendido a lidiar con la interacción entre lo local y lo global de maneras sutilísimas. Áreas enteras de la matemática se pueden ver como una variación sobre la reflexión y construcción de nociones de espacialidad (obviamente topología y geometría, pero de maneras muy curiosas también la teoría de conjuntos y la teoría de categorías son “geometrías extremas” – y mediando están los haces, los espacios recubridores, la teoría de Galois generalizada – la teoría de modelos en clases elementales abstractas es una super-teoría de Galois). Áreas enteras del arte ofrecen desafíos inmensos a la noción de espacialidad, desde las perspectivas invertidas de íconos rusos, pasando por el desarrollo de la perspectiva en el primer renacimiento, y siguiendo a la ruptura del borde del cuadro, a la escultura abstracta, al performance.

Todo eso es obvio pero parcialmente: no es fácil el diálogo entre artistas y matemáticos. Parecemos muchas veces compartir ideas, problemáticas generales, maneras de hacer – a veces son diametralmente opuestas también, pero eso debería hacer parte de la conversación.

En años anteriores al proyecto tuvimos conversaciones informales entre los cuatro “topoístas”, entre las dos artistas y los dos matemáticos. Roman escribió un texto dirigido a los artistas sobre la noción matemática de “estructura” (otra noción común a ambos lugares), que no caló en esa versión inicial. De varias imposibilidades de comunicación iniciales surgió el proyecto.

En 2013 de alguna manera logramos un primer modus operandi que empezó a mover la comunicación de otra manera: solo fotografía, solo en torno a topoi, inicialmente poca “reflexión” explícita (pero detrás está el estudio de Todes, de Merleau-Ponty, de Husserl). En términos peirceanos-zalameanos, el proyecto tuvo una etapa de voluntaria primeridad pura, etapa que duró hasta la fecha. La reflexión en esa etapa, sentimos, habría ahogado el proyecto (hay una cantidad de reflexión implícita, obviamente – pero el proyecto mismo debía mantenerse como una acción pura para poder crecer y respirar independientemente). Todo eso lo digo desde 2016 – mientras sucedió sucedió y ya.

Cuando los topoi empezaron a generar respuestas fotográficas, hubo momentos de verdadero éxtasis y felicidad creativa pura. Recibí de Wanda Siedlecka respuestas a mis “sheaf topoi” que capturaban de manera casi milagrosa “lo mismo” (o algo muy análogo a lo) que en otros seminarios con los geómetras estábamos haciendo (representaciones de Galois, categoricidad, etc.). A Wanda no le envié jamás la definición de haces, simplemente fotos que me parecían capturar algún sustrato, algún elemento vibrante. La respuesta de una artista no matemática me emocionó muchísimo. Muchos otros topoi fueron surgiendo (la memoria, el “in-between”, los topoi numéricos, los estándar y no estándar, los de verticalidad… muchos otros). Algunos han tenido respuesta más fuerte entre nosotros, otros se han marchitado en sus inicios.

En un momento dado María Clara nos pidió dos cosas: que fuéramos ahora sí más explícitos con la matemática Roman y yo, y que empezáramos a hacer topoi “dinámicos”, en formato de video. El segundo pedido lo cumplimos (el sábado próximo habrá la proyección oficial de un video hecho por los cuatro topoístas, en un estudio en Manhattan).

El primer pedido de María Clara lo hemos cumplido mucho menos. Al ver las fotografías en los topoi de Roman yo veo alusiones claras y muy precisas a modelos no estándar de la aritmética, a gaps y cuts, a forcing modelo-teórico o simplemente a la parte estándar. Pero aún falta mucho.

El proyecto continúa. Fernando Zalamea, y de alguna manera María Clara también, nos invitan a pensar las categorías surgidas de maneras más reflexivas. Nos invita a entrar en una etapa de segundidad/terceridad del proyecto. El hecho de lanzarlo al público es un inicio de respuesta – necesariamente la etapa inicial del proyecto empieza a cambiar.

Alejandro Martín (quien ha acompañado el proyecto desde hace dos años con sus reflexiones críticas, su manera de visualizar las cosas con lucidez) nos pide más adelante “diagramar”. Eso, viniendo de él, quiere decir muchas cosas.

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  • Me conmovió la historia del hijo mestizo de Glass en la película El Renacido (Revenant). Di Caprio es Glass, y tiene un hijo mestizo, moreno, con quien habla en un idioma indígena (no recuerdo el nombre). Como es tan poco común ver mestizaje en Norteamérica y tan común aquí en Suramérica (al menos en los altiplanos andinos), logré sentir simpatía/empatía con el hijo mestizo (vilipendiado por el texano). Hace falta ese tipo de mezcla racial en Norteamérica.
  • Haciendo muchas pruebas de impresión para Project Topoi. Habrá en la proyección en Nueva York también bastante material impreso. Estamos emocionadísimos con eso.
  • Me parece extraño siempre que terminan de hacer un edificio nuevo, se pasa la gente y durante un tiempo no tienen cortinas. Yo mismo cierro poco las cortinas de mi estudio. Termina uno viendo mucha vida de la gente, aún sin buscarlo explícitamente. Levanta uno la vista de la pantalla y ahí está el vecino del frente levantándose de la cama o la vecina en la cocina del mismo apartamento preparando algo – aparentemente. Uno no mira mucho, pero algo mira. Ellos me verán en el estudio escribiendo algo, o leyendo, o por la mañana preparando jugo. Nunca de manera muy explícita. Quién sabe cuánto más duren sin cortinas.
  • Varios días seguidos escuché las Siete Palabras de Haydn, en versión cuarteto y en versión para piano. Mucha gente muy distinta le ha puesto atención a esa obra extraña. Es una singularidad pura.
  • Leo con fruición algunos blogs. El de Javier, obviamente, con su estilo depurado y aparentemente minimal. En realidad es un proyecto maximal e inmenso. El de Arturo, que escribe cada vez mejor, y me deja sin aliento. Su relación con la matemática – de cuando no quiere uno sino pensar en matemática y mandar al diablo el resto – me es conocida. La matemática la percibo a veces casi como una adicción (no soy adicto, afortunadamente [creo], a sustancias, salvo tal vez al café – pero sí he sido adicto al sauna en Finlandia, al baño en agua fría en quebradas y ríos, a correr intervalos, a ciertas series). Con la matemática la sensación a veces es parecida. Uno no quiere dejar de pensar en ciertos temas. Me ha pasado mucho también recientemente.
  • Quiero sacar al piano alguna pieza de Haydn. Suficientemente fácil para que la pueda tocar yo, pero quiero que tenga algo interesante, como esas que tanto me gustan y llegan.
  • El episodio 7 de temporada 4 de HoC me gustó mucho. El resto no tanto. Es gris ese mundo.
  • En realidad he leído poco en esta época. He leído eso sí bastante matemática y me he dedicado a escribir.
  • Organizar cosas es importante pero es costoso emocionalmente.
  • Hace diez años no voy a California. Será interesante volver (visitaré UCLA durante unos días). Le tengo un poco de miedo a Los Ángeles. Pero varios me dicen que es una ciudad interesantísima. En cambio ir a Nueva York se siente familiar, cercano, cozy.
  • Lo que sí es cierto es que UCLA es como un sueño de lugar por el tipo de matemática que se hace. Ya veremos qué tal.

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finde denso – Kertész en la BLAA

Como la semana pasada estuvimos trabajando duro en varias cosas (charlas para CUNY y UCLA en mi caso, pero también finalización de la página web de nuestro proyecto Topoi con María Clara y Roman y Wanda, fuera de cosas de aquí), este fin de semana parecíamos seres sin energía. El viernes preparé un arròs negre para unos amigos – acompañado por alioli. Quedó todo oliendo mucho a ajo, azafrán, aceituna, calamar y pimientos. Tanto que amanecí completamente deshidratado el sábado, sin energía para caminar.

Por primera vez en mucho tiempo no salí en todo el día. No salimos ni siquiera a caminar. Últimamente si no vamos a La Vieja hacemos la vuelta corta de Las Delicias, o en su defecto caminamos por el barrio hasta la 72 o 74 o hacia el sur hasta la 53, en caminatas cortas pero a veces con intervalos. Ayer, nada. Fue día de leer cosas, terminar de arreglar detalles del Proyecto Topoi, enviar abstracts y armar charlas en esas universidades, ver un par de capítulos de House of Cards (adictiva para mí – María Clara no aguantó ni 15 minutos del episodio 1 de la temporada 1 – dice que con ver eso ya sabe uno qué va a pasar en todo el resto de la serie… y creo que tiene razón).

También tomé una buena serie de fotos nocturnas estilo Rear Window. Chapinero es lugar ideal para ese tipo de fotos.

Hoy sí teníamos ánimo y fuimos a desayunar a Kayser – los huevos estrellados que preparan ahí son buenos. ¡Y saben hacer croissants de verdad!

El día (y en realidad el finde) arrancó con Kertész. En la Luis Ángel Arango hay exposición de su obra, y realmente es estimulante ver buena fotografía, de verdad buena. Si tiene tiempo y está en Bogotá, dese ese placer de ver esa exposición.

Me sorprendió mucho lo juguetón que es. Lo había visto en exposiciones más pequeñas, junto con muchos otros fotógrafos, pero no había visto una exposición grande de su obra. La etapa temprana, en Hungría, en los barrios periféricos de Budapest, en pueblos y en el campo, con su hermano haciendo piruetas para las fotos, con su esposa en los cafés, con la gente – los violinistas callejeros por ejemplo, es algo que me queda a mí en la cabeza – una energía de vivir, una despreocupación. Se supone que le tocó ir a la guerra en 1914, a sus veinte años, pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Kertész no parece registrar lo más trágico o dramático de esos eventos – lo que se desprende de su fotografía de esa época es una mirada robusta, feliz y a la vez irónica del ser humano. Me lo imagino haciendo caminatas con energía, bañándose con su hermano o sus amigos en los ríos en verano, nadando y corriendo. Me lo imagino también observando el batallón, su miseria, su locura. Pero sin dejarse apabullar del todo – a pesar de haber sido herido en el frente.

El resto de su vida fue lo que le tocaba a sus contemporáneos – hijo de familia judía de clase media, le tocó emigrar primero a Francia buscando algo de fortuna y luego a Nueva York. Sus fotos nunca parecen perder la vitalidad inicial, aunque obviamente su estilo cambiaría fuertemente. No conocía sus trabajos más tardíos, sus fotos a color, su obra hecha en Estados Unidos (fuera de las emblemáticas series en Washington Park o en el Bowery de Nueva York).

Lo que más me impresionó hoy, fuera de lo experimental y vital que se siente Kertész, es su ojo para componer las fotos. Tenía un ojo impresionante para cortar las fotos, para componer sus temas, para incluir algún detalle, una huella, una flecha del pavimento, algo, que hace que esas fotos literalmente vibren. Por ejemplo, esta abajo del cuarteto de cuerdas.

Fotografiar músicos es dificilísimo – supongo que fotografiar deportistas y transmitir lo que pasa, el esfuerzo, la tensión, el estiramiento, debe ser similarmente difícil (no lo he hecho – pero Kertész en un momento dado fotografía nadadores en las piscinas de Budapest y realmente se ve que le interesaba trasmitir la respiración, la apnea, la tensión de las piernas). Fotografiar músicos debe hacer que suene un poco de lo que estaba oyendo el fotógrafo. A mí esta foto de un cuarteto de cuerdas me llega con sonido. No sé exactamente qué sonido, pero ahí está. El primer violín interrumpiendo la línea del violonchelo, la viola haciendo un ritmo más folclórico al tiempo, algo así. No una melodía concreta, sino algo de lo que pasa cuando uno oye un cuarteto.

Jamás se me habría ocurrido cortar la foto así. Al dejar las caras, como lo haría cualquiera, esta habría sido otra entre miles de fotos de cuartetos que uno ve. Esta no. Solo están los cuatro instrumentos (incompletos), el atril con la partitura ahí en el centro, las manos, trozos de arcos y las piernas. El atuendo de los músicos. Creo que lo que hace que suene de manera tan intensa esta foto tiene que ver con el corte. Así pasa con muchas fotos de Kertész. Me conmovió muchísimo ver esa exposición hoy.

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Cuarteto de cuerdas – foto de André Kertész, 1930

 

María Clara quería que también fuéramos a ver la exposición de Nicolás París, pero esa estaba cerrada hoy. La obra de París me ha parecido interesante – vi algo de él en el MUAC hace unos años, y me llamó la atención. Alejandro Martín me lo ha recomendado varias veces.

Vimos de Roman Polanski la película Carnage. Buenas buenas actuaciones, de Jody Foster, de Kate Winslet. Casi teatro puro. Una delicia ver algo así un día de aguacero fuerte. Sobre todo después de lo genéricas que están las series últimamente.

día(s) – en bici al centro, lluvia, alivio

Hoy de mañana salí a correr intervalos en la Quebrada Las Delicias (la parte baja – teníamos que iniciar el día y no había tiempo para caminata larga). Es parte de una rutina que he ido estableciendo, esos intervalos de vez en cuando (correr a lo máximo que pueda uno dar, durante 45 segundos, luego caminar 45 segundos, luego de nuevo correr al máximo 45 segundos, etc. – claro, con entrenamiento esos 45 segundos pueden ser 50 o 60… pero es mucho más duro así).

Al bajar me alisté y leí en las noticias que “todas las avenidas estaban trancadas llegando al centro” por manifestaciones múltiples.

Preciso tenía reunión hoy con Pierre Simon en la Universidad de Los Andes a media mañana para hablar de NIP y la Conjetura de Pares Genéricos (un bello misterio semi-entendido en algunos casos – Pierre es un experto en descomposición de tipos y yo quería preguntar ciertos aspectos de la prueba) ahora que termina su visita.

Aunque no suelo ir al centro en bici, esta vez me dio tanta jartera meterme en el tráfico en un taxi que decidí ir en la bici. Tuve una buena sorpresa: la ciclorruta de la 13 ahora conecta al frente de Museo Nacional con la Carrera Séptima (peatonal/ciclorruta) y puede uno luego subir por la 23 hasta la zona de la Universidad de Los Andes. Una cosa buena de la alcaldía anterior esa conexión, ahora completada por esta alcaldía con páneles de plástico para algo de continuidad. Parquear ahí cerca la bici es medio aburrido si uno no tiene convenio con algún parqueadero.

El regreso fue marcado por el primer aguacero fuerte bogotano que veo en muchos meses: me lavé bajo lluvia torrencial desde la Calle 37 hasta la Calle 64. Con piso mojado me tocó ir despacio sobre todo en zonas de ladrillo. Estrené la ciclorruta nueva de la Calle 45 (estuvo lista hace unos pocos meses pero no la había usado) y luego seguí por Carrera 5 y 6 en zigzag hasta aquí. Tenía mucha hambre y ganas de llegar a cambiarme de ropa y almorzar: subí las cuestas de Chapinero Alto a toda.

Había un grupo de turistas europeos en un bicipaseo (“bike tour”) por la ciclorruta de la 13. Se debieron lavar también.

El ejercicio inusual para mí (los intervalos matutinos, más bici al centro y de vuelta), más el aguacero me dejaron medio agotado. Fue una tarde de Haydn mezclado con topoi mezclado con imaginación ensoñada. Uno de esos días que uno siente pasar ahí al lado.

Hubiera querido captar la lluvia (pero en bici y sin cámara ni modo). La sensación de alivio, la sensación de bogotanidad profunda. La atmósfera de ensoñación y nerviosismo mezclados.

La delicia de sentir que uno está, profundamente, en un páramo.

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(foto: AV – parte de Project Topoi)

Todes – Cuerpo y mundo

Parte de nuestro apoyo para el proyecto Topoi (María Clara Cortés, Roman Kossak, Wanda Siedlecka, AV – la página estará lista pronto y habrá una inauguración y presentación de un video hecho por los cuatro autores el próximo mes en Nueva York – una presentación primaria e inicial está en el PechaKucha de hace un par de años; pero el proyecto ha evolucionado bastante desde entonces) ha estado en la obra de Samuel Todes, un filósofo estadounidense que hace una síntesis curiosa entre Heidegger y Merleau-Ponty (descripción de la unión de la naturaleza física independiente y la experiencia en nuestras acciones corporales).

Parte del proyecto ha intentado ser una conversación entre dos matemáticos (Roman Kossak y yo) y dos artistas (Wanda Siedlecka y María Clara Cortés). Dos en Nueva York (y Fleischmanns en los Catskills) y dos en Bogotá (y Chía). Dos europeos (Roman y Wanda), dos latinoamericanos (MC y yo).  El inicio del proyecto fue una frustración de comunicación, una percepción de muchos temas comunes y pocos caminos de comunicación. Y un tema: el espacio, la espacialidad, el topos – tomado de manera filosófica, pero matemática en manos de Kossak y mías, y artística en manos de María Clara y Wanda.

En matemática, como en arte, la espacialidad está íntimamente anclada en nuestro cuerpo, en nuestro estar en el mundo de manera corpórea. Las fotos y videos del proyecto intentan explorar ese tema.

A continuación algunas frases de Body and World de S. Todes, ed. MIT 2001 – frases que con buen análisis fenomenológico (seminario en CUNY con filósofos profesionales que han ayudado a Roman y a Wanda en la lectura de Husserl, Merleau-Ponty, Todes, Heidegger – uno de ellos, Yuval Adler, es a la vez filósofo y cineasta – coautor de Bethlehem junto con Ali Waked) nos han ayudado a acotar el proyecto Topoi:

  • The vertical field: In practical sense experience, the vertical field appears to be the field of the common world in which we find ourselves thrown together with objects. And the horizontal field, by way of contrast, appears to be the field of our experience in this world. (…) Objects appear to be encounterable and determinable only in virtue of our appearing to be thrown together with them, stuck with them for better or worse, in the vertical field of a common world. (…) This vertical field is applied not to us, as active percipients, but through us. Our initial problem is to balance ourselves upright in this field of influence. Our problem is neither to conform (accede) to this influence, nor to offer resistance to it – neither of which makes perceptual sense. (p. 122 and ff.)
  • The “unity of the world” is the evidence demonstrating the common-sense convictions that there is one and only one actual world, and everything we can think of is in terms of this world’s possibilities. The problem is to find the evidence. Now we have seen that the world is the field of all our fields of activity. It is correlative with the felt unity of our active body in it. Our sense of being an individual self-moved mover in the world is then our evidence that there is but one world. Our sense that all our experience presents or represents some way of meeting our needs is correlative with our sense that everything we can think of, everything perceivable and imaginable, refers to some possibility of this world in which we have the needs we seek to meet. … (p. 262)
  • The extent to which the world can be filled: The field of our experience represents (itálicas mías) our capacity for experience. Our field of practical perceptual experience is always given as more capacious than its actual contents. This is because the actual content of this field is given as determinable by our free activity in respect to it. And if the world were filled with content, we would be cramped by it and lose our capacity to maneuver freely in the world. Hence such “content” could not appear to be determinable; nor could it therefore appear to be the content of the world. Thus our perceptual experience can never exhaust our capacity for perceptual experience. (…) Our capacity for perceptual experience can never be more than momentarily filled, just as the perceptual world can never be more than locally filled with content, viz., with perceptual objects. Our question (…) is whether it is possible for our experiential capacity and its world to be more completely filled in imagination than in perception.

Esos son tres fragmentos que considero importantes, aunque no sean los que realmente han jalonado nuestro proyecto.

El proyecto, a dos años y medio de haber sido iniciado, ha producido muchas conversaciones puramente fotográficas. Uno de los cuatro “lanza” unas fotos – usualmente 4 o 5, y posiblemente una palabra (In-between Topos, Memory Topos, Blur Topos, …) y los demás, si quieren las contestan… con otras fotos. Algunos de esos “topoi” han resultado muy generadores de respuestas, otros no. En total hay ya unas dos mil fotos, algunas más “fotográficas”, otras simple documento, y aproximadamente un centenar de topoi.

En un momento dado, el video como medio se volvió importante – algunos topoi son claramente dinámicos. Pero es algo nuevo. La première mundial de nuestro video será el mes entrante en Manhattan. Luego habrá conversatorios, exposición, en The Painters’ Gallery, en Fleischmanns, NY.

En Bogotá, fuera de ese PechaKucha inicial, no hemos hecho aún presentación del proyecto.

Aunque la mayoría del proyecto ha sido entre los cuatro (MCC, RK, WS, AV), poco a poco hemos empezado a tener algo de retroalimentación (el curador Alejandro Martín ha sido un acompañante crítico de varias fases del proyecto; en Nueva York personajes como el filósofo Robert Tragesser, la fotógrafa Elaine Mayes, y varios arquitectos y fenomenólogos más, han expresado interés en el tema y su desarrollo). Creo que será muy interesante, después de esa inauguración en Nueva York, presentar alguna versión del proyecto en Bogotá también. Seguramente obtendremos otro tipo de retroalimentación – algo crucial para un proyecto en el cual el lugar (los dos o los cuatro lugares básicos) juega un papel tan fundamental.

Si usted es matemático se preguntará: ¿Y cómo entra la matemática ahí? ¿Qué papel juega? ¿Cuáles topoi matemáticos son expresables mediante fotografía?

No hay respuesta fácil. Hay dos matemáticos ahí: Kossak y yo. Ambos hemos estado muy involucrados en investigación matemática – Kossak es un gran experto en modelos de la aritmética y un gran lógico. Yo mismo trabajo en teoría de modelos, con cercanía a la geometría y a las clases elementales abstractas y haces. Muchos de los topoi lanzados por Kossak o por mí tienen claro anclaje, claras alusiones a nuestros “mundos” matemáticos (conjuntísticos, aritméticos, lógicos) – pero siempre son alusiones veladas, ¡nunca demasiado explícitas! Lo interesante es ver qué reacción suscitan en las dos artistas inicialmente y luego en gente que ve los conjuntos de fotos (o los videos). Un poco como echar a rodar una bola en un juego, con direccionalidad inicial pero con libertad de respuestas.

En un momento dado lancé un topos de haces, con fotos que de alguna manera “representaban” para mí un tema que me es muy cercano desde hace mucho tiempo. Las fotos eran tomadas en museos, en la naturaleza, en la ciudad – pueden aparecer personas, carros, etc. De una manera maravillosa, Wanda (que trabaja en arte: video-arte, edición, instalaciones, pero ciertamente no en matemática) lanzó respuestas/preguntas y se fue conformando un topos puramente fotográfico de lo global-local, del problema de pegamento y coherencia – sin lanzar explicaciones verbales, a punta de pura fotografía. No sé cómo lograba Wanda contestar con sus fotos algo que capturaba de manera tan precisa ese fenómeno matemático.

Otros topoi son más difíciles – hay también callejones sin salida. Y hay uno, el de la modularidad, que ha seguido siempre pendiente y semi-abierto.

(Una foto de cada uno de los cuatro:)

reserva

El domingo pasado subimos bien de mañana con María Clara al borde nor-occidental de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen. Técnicamente, caminamos por la cadena de montañas entre Chía y Cota – la reserva estaba un poco más al sur de donde llegamos.

La intención no era ir a la reserva propiamente dicha: era simplemente caminar por una zona a la que no habíamos ido. Pero en un momento dado notamos que estábamos realmente muy cerca del borde nor-occidental.

He aquí un poco de lo que pudimos ver (lejos, lejos, de ser esto los “potreros” que algunos zoquetes han querido ver ahí – en algunas fotos, hacia abajo se adivina la franja de la reserva):

calle – cerros – voces

Hoy fuimos al plantón por los cerros (al frente de la CAR, en el Parque Nacional). María Clara pasó breve media hora por ahí, pues tenía clase a las 10 en la Universidad. Yo me quedé un rato un poco más largo.

El plantón fue convocado por Amigos de la Montaña y buscaba expresar nuestro compromiso por la defensa y el cuidado de los Cerros Orientales de Bogotá. Era una manifestación de intención y a la vez de preocupación por acciones que no se han llevado a cabo (y por ley deberían haberse hecho) en algunas construcciones en los cerros. La sequía (¿el fin?) de la Quebrada Rosales es solamente una de las consecuencias de no haber acatado el fallo del Consejo de Estado que en principio obligaría a las autoridades a detener una obra ilegal, que además capturó el agua para un estanque privado artificial. Ese hecho visible tal vez desbordó un vaso, pero hay muchos otros problemas con los cerros – y la intención era reunir mucha gente distinta (Mesa de Cerros, otras comunidades) en torno a una problemática común.

Pasó algo de lo que tenía que pasar al hacer eventos en público, anunciados: algunos partidos políticos aparecieron con sus pancartas y quisieron monopolizar un poco la acción. Hubo algo de rechifla a algún oportunista de algún partido que quería dejar su nombre – se le recibieron pancartas, pero borrando el nombre de su partido. Un concejal de Bogotá muy polémico (me enteré después) también apareció ahí, dando declaraciones a los medios. Sin embargo, mi impresión personal es que la verdadera energía de ese grupo (no enorme pero tampoco pequeño) venía de otro lado, y la gente le ponía poca atención a los políticos (algunos generan más simpatía, como Angélica Lozano – ella no llegó a poner su nombre en ninguna parte, pero sí saludó a mucha gente y sonrió mucho – me parece que trajo una energía interesante).

Seis representantes de la comunidad entraron a hablar con el director de la CAR (que yo conozca, Andrés Plazas y Jorge Álvarez, de Amigos de la Montaña, María Mercedes Maldonado, especialista en urbanismo, de vuelta a la Universidad Nacional después de su paso por la alcaldía – una conocedora muy seria de temas de cerros y la reserva Thomas van der Hammen, y otros tres que no había visto). Entiendo que lograron que el director de la CAR se comprometiera con “la defensa de los cerros”, desde donde puede. No sé qué tanto impacto pueda tener, pero algo es algo.

Lo más fuerte, tal vez, es la visualización. No era una manifestación enorme, pero estoy seguro de que algunos transeúntes y conductores de la Séptima la vieron – ojalá la manifestación se amplíe.

punto crítico

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¿en qué momento se atraviesa ese umbral a partir del cual un río no vuelve a nacer, después de una sequía demasiado prolongada?

¿en qué momento una planta desaparece de su hábitat de milenios, por un verano que dura un poco más de lo que podía soportar su especie?

¿cuándo le toca a una comunidad abandonar masivamente una tierra por el fin de las cosechas de maíz?

¿cómo saber si la sequía actual es parte de un ciclo grande o es el inicio de cambios irreversibles, que la próxima temporada de lluvias no logrará devolver?

por un lado, vemos que todo esto hace parte de un cambio continuo, que ha sucedido muchas veces cuando se piensa en eras geológicas: glaciaciones, períodos de altísimas temperaturas, deriva continental

por otro lado, en la historia de nuestros récords (¿200 años? ¿300? ¿meros 2000 en algunos lugares? ¿5000 en poquísimos sitios del mundo?) hay registro de muchos altibajos, muchos otros momentos de sequía seguidos de períodos moderados y luego períodos de lluvias torrenciales, alternantes – pero también hay puntos donde de cierta sequía ya no se recupera la tierra, por lo menos no como antes, incluso después del retorno de lluvias

con la sabana de Bogotá agrietada, amarilla, tostada, los incendios en muchos cerros, algunos ríos casi secos (o ya completamente secos en algunos casos por la estupidez humana), resulta difícil no pensar en esos temas

a mí no me preocupa tanto el efecto inmediato (que tal vez hace parte de esos ciclos) sino la posibilidad real de una ruptura de ciclo, de un punto de inflexión, de una singularidad

la foto arriba la tomé en la Cordillera de los Andes, en la costa peruana, hace poco más de un año – un lugar que desde hace mucho tiempo es un desierto – asusta pensar que es la misma cordillera, tan verde y fértil aquí – es parte de lo mismo y no sabemos en realidad por cuánto tiempo nuestra parte verde lo siga siendo

Un final aquelárrico, con lecturas en voz alta.

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El cierre de la exposición ¿Quién nos conduce? El diablo probablemente… (anoche) fue la segunda cara, la que aún me hacía falta, para completar el ciclo entero. La exposición funciona muy distinto de noche, con luces de velas en la mesa, con gente deambulando entre las cortinas rojas y abriendo rendijas al misterio implícito en el nombre de la exposición. Un pequeño aquelarre de lecturas con vino rojo (rojo, no “tinto” en este caso, parece ser la palabra más apropiada), donde distintas parejas alternaban el micrófono en ese acto a la vez íntimo y expuesto que es leer mutuamente. En este caso, textos de Sade, de Lang y de Gómez Valderrama fueron la lectura – el diálogo del moribundo con un cura, que no logra develar el misterio, el diálogo en torno al proceso de un asesino en Lang, las preguntas de Gómez Valderrama sobre la noche de Walpurgis y la configuración de nuestra imagen de la brujería.

Ahí entendí finalmente que más que una exposición ¿Quién nos conduce? El diablo probablemente… es un espacio de posibilidades. La estructura de cortinajes, de desapariciones y reapariciones de la gente, de lecturas a la luz de la vela, es la verdadera obra ahí. Hay dibujos buenísimos (de María Isabel Rueda), hay un video excelente (el trozo que no quedó en La Tierra en la lengua, de Rubén Mendoza) en medio de otras obras que conforman el espacio – pero por encima de todo hay el espacio de cortinas rojas que se levantan y se vuelven a soltar, que se abren y se cierran y permiten que uno salte de cuarto en cuarto. Toda ese entramado de líneas interrumpidas y cruzadas, voluntaria o involuntariamente – a veces posiblemente transgrediendo privacidades implícitas en las obras o en las conversaciones que atraviesa uno – todo eso sugiere la obra real. Para ver de noche. Con lecturas.

espacio – aire – curvas

El espacio del Museo de Arquitectura Leopoldo Rother en la Universidad Nacional siempre me ha gustado. Fue la imprenta de la Universidad durante un par de décadas iniciales (de 1945 a …). Luego aparentemente estaba semi-abandonado pero mantenía un aura especial – de edificio viejo de la Universidad Nacional más pequeño que los enormes Ingeniería, Derecho, Arte, un poco más juguetón, más lleno de elegantes curvas y vistas sorprendentes. Es una pequeña joya, relativamente desconocida, del campus.

El evento Mapping Traces / Rastrear Indicios que estamos coorganizando entre Matemáticas, Arte y Filosofía en noviembre próximo tendrá lugar en el Leopoldo Rother. Es realmente un lugar inspirador para el tipo de conexiones, contaminaciones, inspiraciones que queremos que haya en el evento.

Ayer, en pleno día lluvioso bogotano, pasé un instante hacia la 1 de la tarde a mirar el espacio y tomar fotos. Va algo de lo que vi.

sin cámara, ante el arco-iris

Hoy entrando a Bogotá hacia las 3.30 pm, subiendo hacia Chapinero por la 80 el espectáculo de los cerros era éste:

20140907_161517Había pasado ya el aguacero y se abrió uno de esos trozos de cielo con rayos de sol que hace que uno se vuelva a enamorar de esta ciudad. El arco-iris se desplazó hacia el sur, hacia la Quebrada de la Vieja, como en una de esas leyendas mágicas.

20140907_161537Yo iba manejando, la cámara estaba guardada en el baúl del carro, íbamos veloces por una avenida: ni modo de parar a buscar la cámara. María Clara tomó fotos con un celular. Me pesó mucho no tener la cámara mejor a mano – las fotos de celular siguen siendo muy chistosas.

En todo caso, esos tres o cuatro minutos entre la Boyacá y la Calle 24 por la 80 yo estaba extasiado con la vista de los cerros, de las nubes, de la luz, del arco-iris – verdadero regalo del mundo a los cerros chapinerunos de esta Bogotá – una de las entradas más felices a la ciudad que recuerdo.

 

Parece que por fin…

Screenshot from 2014-05-30 00:21:53Ahora sí, con dos meses de retraso, anunciaron el inicio (este sábado 31 de mayo) de la ruta M86-K86, del Aeropuerto Eldorado a la Séptima con 116 vía el Museo Nacional, en buses híbridos eléctricos-diesel. Esos buses empezaron a rodar hace ya un mes largo (en la ruta M80), y de verdad son otra cosa:

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He usado bastante el M80 para moverme entre la zona del Museo Nacional (la entrada al centro – a veces si voy hacia Las Aguas prefiero llegar a Museo Nacional y caminar) y Chapinero. También para ir al Surtifruver de la 76 con 11 o a Arigato desde Chapinero, o para ir de noche hacia la zona del Centro Andino. Casi siempre es buena experiencia. Parece casi increíble que algo así no existiera antes.

Este nuevo pasa por la Universidad Nacional (se saltan la estación Ciudad Universitaria en la 26, no sé bien por qué, pero para en la estación Corferias, que es muy cercana) y muy cerca de aquí, en la Calle 61 o la 67 con Séptima. El recorrido para poco: una sola vez entre la Universidad y el Museo Nacional, y luego tres paradas más hasta Chapinero.

Aquí hay muchos más detalles de la ruta M86-K86 (paradas, horarios). Se supone que al principio pasará con frecuencia de seis minutos.

Para vuelos cortos, cuando uno no lleva maleta grande, este sistema parece ya mil veces mejor que el taxi como manera de ir al aeropuerto. Este sábado arrancará – espero realmente usarlo (cuando no lleve bicicleta) para ir a la Universidad.

De noche, a bordo de un M80 por la Séptima (la foto la tomé un poco rápido, y con el bus en movimiento).
Viernes, 7 de la noche, a bordo de un M80 por la Séptima (la foto la tomé un poco rápido, y con el bus en movimiento).

قهوة

En años recientes han aparecido muchos sitios interesantes de café. En Bogotá, en México, obviamente en muchos lugares de Estados Unidos, en Medellín, en Barcelona, etc. Cuando digo “sitios de café” no me refiero solamente a cafés como sitios – esos estaban desde hace décadas, tuvieron bajonazos y repuntes, y ahí siguen. Me refiero a sitios de café en un sentido a la vez más genérico y más específico.

Lugares donde (con mayor o menor conocimiento de causa – ese es otro tema) se habla de café: altura, finca, región, sombra, viento, tierra. Si es de ladera volcánica o no. Si es de tierra de cítricos o no. El beneficio, el reposo, la cereza. El descascarillado, el pergamino – todos esos términos que antes sonaban exóticos, pero sobre los cuales uno puede poco a poco ir ganando información. Obviamente, la tostión, el desgasificado. Las notas de cata de cafés (por ejemplo) de San Agustín, Huila: chocolate negro, trapiche, moras. O de las laderas occidentales de Cundinamarca: mantequilla, panela. O los que traen notas de cítricos o de tabaco. O los que inducen comparaciones con cafés de Oaxaca, de Chiapas, de Veracruz, aquí en Bogotá. Acidez, cuerpo, retrogusto, balance, dulzor. Obviamente la crema del espresso, pero también los métodos menos usuales: el “dripper”, el “syphon”, el aeropress, el yamacold, fuera de la tradicional prensa francesa.

Al pasar por uno de esos sitios, cuando uno está de buenas, detectan que a uno le interesa el tema y son amables, termina uno aprendiendo un montón simplemente hablando y hablando. En el Árbol del Pan (66A con 4A), donde llevan café de fincas los de Vereda Central, me invitaban a recorrer los sitios de tierra templada de Colombia – hay cafés buenos ahora en muchos -, ir al mercado, probar cafés locales, ir seleccionando lo que me parezca mejor, aprender a tostar (lo he intentado (al igual que el ancestro Cardoso del noreste del Huila), con resultados intermedios, y es fascinante). Me decían que en mercados de Anolaima, de Cachipay, hay buen acopio de cafés y si uno va y vuelve empieza a conseguir mejores cafés, a detectar fincas productoras (por El Ocaso, por Cartagenita) y les puede comprar directamente si quiere. Me invitaban a llevar mi propio café verde y tostarlo con ellos para aprender… aún no lo he hecho.

En otros sitios (Amor Perfecto – 4 con 66) son más elegantes y profesionales. Puede pasar que uno vaya a trabajar un rato, vea a alguien trabajando con los baristas, hablando con ellos en inglés, y después uno sepa que el visitante era una barista inglesa o islandesa que ha ganado tal concurso en Hong Kong y vino a dar un taller para Amor Perfecto. Una vez me puse a hablar con ellos y me dejaron ensayar las máquinas que tienen – la sensación debe ser análoga a la de manejar un Ferrari o un carro de verdad muy fino y muy bueno. La extracción del espresso con esa máquina fue impresionante. Allá no me dan la información sencilla y directa (y buenísima) de Vereda Central, pero sí me ofrecen cursos de cata, cursos de tostión en su “Coffee Lab” (así lo llaman, y el nombre cuadra).

En el Parkway ahora están los de Quipile, que llevan cafés de su finca en Quipile Cundinamarca, al occidente bajando hacia el Magdalena. Dos baristas amabilísimas trabajan ahí – han ido mejorando y mejorando. Al principio había altibajos en su café, pero últimamente lo han ido perfeccionando. Aunque no traen la variedad de cafés de los sitios de Chapinero (donde uno puede tomar cafés que van desde la Sierra Nevada hasta Nariño – con nombre de finca y proceso detallado) pues en Quipile el café es… de Quipile, hay una excepción: tienen contacto con distribuidores de México y a veces traen café de Oaxaca o Veracruz o Chiapas, y uno puede comparar. En Quipile el café es fuerte, de Cundinamarca, áspero, menos lleno de notas achocolatadas que el del Huila o Nariño. El lugar es en este momento, en muchos sentidos, el mejor para tomarse un café y trabajar en matemática en los alrededores de la Universidad.

Los de Andante del Parkway se están subiendo en ese tren y ahora a veces, cuando no están corriendo tanto, hacen cafés interesantísimos. Hablé con uno de ellos, que me contó de otros centros de formación en barismo, cata, tostión, en el barrio que queda al suroriente de la Universidad. Ya me habían hablado de ese sitio – supongo que es como los de Chapinero pero menos caro – y suena a buen plan. Pero me queda más fácil por aquí.

Hay obviamente ahí mezclados los sitios más snobs – algunos con muy buen café, pero con gente antipática o sencillamente demasiado empresarial. En el Hilton de la 72 con 7 hay uno de esos, de los hermanos Rausch – buen café pero ambiente un poco menos amable (no antipático pero menos cercano que los del Chapinero menos formal de aquí arriba). El que sí es muy chistoso es el Juan Valdez de la 70 con 6. Ellos llegaron tarde a ese tema – pero con el dinero absurdo de la federación decidieron armar un super café-gourmet. En madera o guadua, es muy impresionante el sitio, pero fui una vez y es lleno de oficinistas de la 72… y meseros obsequiosos que le dicen a uno “siga doctor, siéntese, qué se le ofrece”… pero uno no quiere ese tipo de trato al ir a tomar un café (¿para qué meseros si lo mejor es estar ahí en la barra de pie o llevarse su café a una mesa y ponerse a leer o a hablar de matemática?). Hay buena selección de cafés de distintos orígenes y métodos variados de extracción, pero pastelería mediocre como la de todos los Juan Valdez. Lo más chistoso de todo es el tercer piso: llega uno buscando mesa y aparecen unos toldos con parejitas (de oficinistas y secretarias, supongo), como unos “reservados” de lujo. Le da a uno pena acercarse demasiado. Yo había quedado con una impresión extraña de ese tercer piso de guadua y tolditos de tela en esa zona tan elegante de Bogotá. Alejandro Martín dio la definición precisa: el tercer piso de Juan Valdez parece un burdel en Malasia.

(María Clara y yo nos reímos mucho con la descripción [perfecta] – yo dije que sí, que Alejo tenía razón – MC entonces preguntó entre risas “¿cómo así, es que ustedes han estado en un burdel en Malasia?” – Alejandro decidió no contestar esa pregunta y dejar la pregunta abierta y la duda.)

Lo curioso es que esos sitios medio-snobs o antipáticos hasta ahora han sido pocos y han sido las excepciones. En la mayoría son amabilísimos los jóvenes baristas – casi siempre apenas ven que a uno le interesa el tema terminan dando mucha información y muchas pistas sobre cómo mejorar lo que uno hace.

Algo similar hay en muchas otras ciudades. En Medellín fui a uno recomendadísimo, en El Poblado, un sábado antes de ir a tomar el vuelo en el Olaya Herrera – pero eran medio creídos y me pareció que mucho menos educados en términos de café que los de Bogotá. Fue una mala experiencia (sobre todo porque usualmente la gente es más amable en Medellín que en Bogotá, pero en ese caso resultó ser lo contrario). En México hay obviamente lugares increíbles, en La Condesa o la Roma o en Coyoacán.

En Tijuana hay un lugar en el que nunca he estado (pues jamás me he asomado por esa zona de la frontera) pero que según Alberto Baraya es increíble: Caffe Sospeso. El sitio web es una belleza (dar una vuelta de cinco minutos por ahí es inspirador – al igual que la cantidad de cafés que tienen y la información que dan – como sitios muy buenos de Estados Unidos, pero en México). Alberto contaba que (como me ha pasado casi siempre en Bogotá), le fue muy bien con el barista, cafetero – aprendió muchas cosas hablando con él. Alberto trajo algo que nunca había probado yo: infusión de cáscara de café. Son las cáscaras del grano de café, puestas a secar  –  se prepara un “té” con esas cáscaras. Obviamente en Colombia deberíamos tener algo así (no he visto). Y es delicioso.

Onces donde Alberto Baraya
Onces donde Alberto Baraya

La vie mode d’emploi

(en Chapinero, en la 66 abajo de la 15, hay un sitio fascinante que si Perec hubiera visto seguramente lo habría inspirado para alguna obra: un lugar donde hay cinco pisos de pequeñas piezas sueltas, piezas descontinuadas – tubos, empates, grifos, llaves, mangueras, picaportes, chapas, lavamanos, inodoros, bañeras, cabezas de ducha, manijas de puerta, etc. etc. (si pongo etc. es por simple ignorancia de los nombres de muchas cosas en mi propio idioma) – todo recolectado de obras demolidas, de casas abandonadas, nada nuevo — en esos cinco pisos alucinantes [la tienda se llama Páramo, muy apropiadamente – es probablemente negocio de algún familiar lejano de nuestros queridos Páramos intelectuales] uno puede ver memoria de cantidad de sitios y cosas – lo mejor es que todo está perfectamente clasificado y ordenado – ojalá mi propia biblioteca y mi memoria tuvieran ese orden)

Bajos de Chapinero

Talabarterías, talleres, mercado, almacenes de “sólo maíz”, motos, carritos que antes tenían caballos y ahora son halados directamente por sus dueños, droguerías, tiendas de repuestos de muebles de baño en que se consigue desde lo último de Corona hasta modelos viejos desaparecidos, niños saliendo del colegio, buses, sol, cables y más cables, tiendas de repuestos de automóviles, bicicletas, motos, gente parada esperando quién sabe qué. Chapinero, abajo de la Avenida Caracas.

Ultracongelar.

(Un nuevo “alegato”, otro rant contra cosas que pasan.)

Fuimos a almorzar hace un par de meses con Zaniar y María Clara cerca del centro Granahorrar, y al salir Zaniar quería tomar Transmilenio de vuelta a la Universidad. Lo acompañamos por la 72, pero en el camino decidimos tomar un espresso en alguna parte. Como no conozco sitios buenos por ahí, decidimos caminar un poco por la 11 hacia el norte a ver qué encontrábamos (tomé unos días antes un espresso muy razonable en la panadería Doña Dicha (11 con 78 o 79) que tiene sus hornos con galletas buenas y empanadas muy decentemente hechas).

Pero no llegamos hasta allá. En la 73 con 11 vimos un sitio que se anunciaba medianamente razonable ( “Panesi – Swiss Bakery”). En Bogotá uno ya nunca toma en serio un letrero así – es como los grafitis de la Nacional que nunca leemos los que trabajamos o estudiamos allá y sólo ven los visitantes ocasionales. Ver sitios en Bogotá que digan “Swiss Bakery” o “American Fudge” o “French Baguette” (sí, en inglés o en mal francés) o “Japanese Sushi” o “New York Bagel” o alguna otra expresión de nuestro provincianismo es ya tan común que uno ni se fija. Pero esta vez sí había que fijarse. Lo de “Swiss” en “Swiss Bakery” terminó siendo peor que siempre, en sentido literal.

Yo iba de afán – pedí dos espressos y un vaso de agua, no miré el precio. Zaniar (que es iraní y vivió en Alemania y busca constantemente pan medianamente razonable – tanto Irán como Alemania son lugares de muy buen pan y Bogotá… pues no, y sobre todo no en donde él vive [el centro]) miró el pan de la Swiss Bakery. Nos dijo “this place is really expensive”. Volteé a mirar el precio, y sí – un pan integral valía… 14 mil pesos. El de al lado valía 12 mil. No se veían nada del otro mundo.

Le pregunté a la dependienta por qué eran tan costosos esos panes. Me dijo, con tono de “obvio”, pues porque es suizo. Yo retrocedí… ¿suizo? ¿receta suiza? La joven amablemente me dijo no, suizo de verdad, es *hecho en Suiza*. Yo debí hacer cara de horror. O sea… ¿ese pan no es fresco? Pero me desengañó: no, claro que sí es fresco, es fabricado en Suiza con mantequilla de allá que sí es buena y agua de allá que es mejor, luego es ultracongelado y lo envían acá – aquí lo horneamos, está recién salido del horno, es fresco. Yo dejé de preguntar. Le comenté a Zaniar, que había entendido a medias todo. Me dijo Really? This is the most stupid thing I have ever heard. De acuerdo, le dije.

Terminamos nuestros espressos (decentes, nada del otro mundo) y él se fue de vuelta a la Universidad. Yo quedé intrigado. Aquí orondos los dueños (una pareja, él colombo-suizo, ella alemana), orgullosos presentan su modelo como algo muy sensato. Lo que venden es realmente pan “de supermercado” (así sea suizo y hecho con mantequilla “mejor” o agua “más pura” no deja de ser pan de supermercado). Pero además…

  • el panadero (si es que lo hay) es algún trabajador en Suiza, no en Colombia – estamos quitando una opción de trabajo local
  • mandar por avión panes “ultracongelados” (¿o será por barco? lo dudo) contamina seriamente
  • es cierto que las harinas de trigo, centeno, etc. son mejores en Suiza… aquí casi no hay. Pero no siempre fue así. En regiones como Chocontá antiguamente se producía mucho trigo. Estoy seguro de que es una inversión mucho mejor para la sociedad traer de pronto a un experto suizo (¿o iraní?) para que ayude a mejorar la calidad de producción del trigo local. Pero no destruir completamente la producción, perder lo que se sabe, depender de cosas traídas…
  • a pesar de lo mucho que digan, ultracongelado es ultra-congelado. No me apetece en general un pan de supermercado descongelado y vuelto a hornear, supuestamente “fresco”. Menos a esos precios…
  • los productos en realidad no se ven muy apetitosos. A mí me hace pensar en comida de avión ver esos “berliner” suizos (o “brownies de luxe” o “cake de fresas”) ultracongelados y recalentados, esos croissants que no son de verdad…
  • y finalmente, van en completa contravía con los verdaderos movimientos gourmet del momento, que tanto énfasis hacen en la importancia de la producción local, de productos cercanos, poco transportados, que den empleo a gente de la región, que rompan dependencias bobas. Aquí dependemos del precio del petróleo, de los caprichos de las aerolíneas, de la geopolítica, de patentes de tecnologías “ultra” y blablabla, de tonterías de expatriados suizos o alemanes en Bogotá…

La diferencia con el aporte inmenso de Leo Katz y su panadería El Cometa en la Bogotá de 1925 es abismal. Los Katz (o Michel) trajeron maneras de hacer cosas, sabiduría heredada, trabajo local, aprendizaje. Finalmente cambiaron de manera profunda el tema del pan a nivel de elaboración, de consumo, de saber hacer las cosas (no es casualidad que varios restaurantes interesantes de la Bogotá actual sean de las siguientes generaciones, descendientes de Leo Katz). El Cometa es una panadería profundamente centroeuropea y a la vez profundamente bogotana. Panesi no: no es ni suiza de verdad (pues una panadería buena en Suiza no creo que haga pan precongelado a 9000 km de distancia) ni bogotana ni nada – es un mero simulacro.

Nota al margen: la panadería de supermercado “suiza” Panesi en Bogotá vive llena de gente. Así son las cosas.