Tres películas muy distintas. Un tema.

El tema es (obviamente) el tema de hoy: la inmigración. Las fronteras y la noción de cruzarlas (o no) legal o “ilegal”-mente. La zona del medio, el no-man’s land (que ahora se podría llamar no-land’s man, o nowhere man, o algo que marque la situación de gente que no logra tener el estatus oficial de refugiado, que los haría partícipes de algo, y no son ciudadanos de ningún lugar).

Las tres películas son (en la superficie) totalmente distintas. La primera es el documental Human Flow del artista chino Ai Wei Wei. La segunda es el drama alemán (dirigido por Fatih Akin; alemán hijo de turcos) Aus dem Nichts. Y la tercera es una comedia ligera llamada Madame; una de esas comedias gringoides parisinas.

María Clara al regresar caminando después de la tercera película me hizo caer en cuenta de los parecidos entre las tres.

A primera vista nada que ver las unas con las otras. Un documental (con la mano de un artista contemporáneo, famoso por sus instalaciones gigantes y sus múltiples luchas con las autoridades; también famoso por mover muchos medios y provenir de una familia riquísima que le ha financiado parte de sus obras), un drama (dirigido con el toque brutal, sin contemplaciones, sin suavidades, muy alemán y a la vez con una mirada externa muy acerada) y una comedia ligera (con Rossy de Palma y Harvey Keitel como actores principales; una comedia de ricachones gringos en París).

Pero el tema en las tres en el fondo es el ser migrante. Ai Weiwei usa medios fantásticos para mostrar los campos gigantes de Europa, de Turquía, de Líbano, de Gaza, de Eritrea – donde millones de personas están en ese estado de no land’s man tan brutal – algunos por generaciones enteras. Se involucra, habla con algunos – o bien hace planos gigantes que se van acercando lentamente hasta la bajada al mundo real. Fatih Akin muestra el racismo inherente y estructural del sistema legal de Alemania, a través de una historia donde un asesinato (bombazo) cometido por unos nazis genera toda una serie de acusaciones mal dirigidas, dudas a lo “diferente” (lo turco, la mujer), malicia de la policía cuando sin investigar decreta que el atentado “debió ser una pelea entre bandas rivales turcas, o albanesas o kurdas o de algún país de esos”… y solo cuando la evidencia del origen nazi de los ataques se vuelve ineludible lleva las cosas a proceso… Y en Madame, en medio de la ligereza (atenuada por la actuación de Rossy de Palma) de una película que casi sería olvidable, hay frases muy dicientes. Por ejemplo, cuando está el problema de hacer que una de las criadas se siente en la mesa de una cena con gente muy “elegante y fina” – el joven alcalde de Londres y su esposo, coleccionistas de arte franceses, etc. – surge el tema de si la criada filipina puede ser. La Madame hace cara de asombro y dice “nobody invites a Philipino maid to this kind of dinner”. La frase dicha así, casualmente, queda flotando. Y así con muchas otras. Terminan incluyendo a la criada española porque de alguna manera España puede ser dentro de su tercermundismo (y la percepción nórdica de Spain is different, acentuada recientemente por la propia España en su neo-autoritarismo) un país con reyes “de verdad” y gente que aunque un poco rara aún podría estar en esa mesa gringo-inglesa-parisina.


Una noticia del Guardian invitaba a los europeos a mirar el ejemplo de varios países africanos (Uganda, Kenia) en la manera como lidian con sus inmigrantes. Decían que alguno de esos países lograban de hecho incorporar a muchos migrantes en toda clase de actividades – cosa que los europeos en este momento no tienen ni idea de cómo hacer.


Y de alguna manera, tras Ai Wei Wei, tras Fatih Akin y tras la ligereza de Madame, está el tema: ¿por qué pueden lidiar (a regañadientes, y finalmente no les funciona) con la migrante española pobre, pero no con la filipina? ¿Por qué Europa le paga tanto a Turquía para que se quede con los migrantes que llegan desde lugares tan lejanos como Afganistán – además de la vecina Siria – y le ofrece a los turcos poder entrar sin visa a Europa como parte de pago? ¿Por qué México procesaba tan duro las visas de colombianos y nos trata a veces con tanta desconfianza? De hecho – ¿por qué en México separan los vuelos que llegan de Suramérica de los que llegan de Norteamérica y Europa, en filas de migración distintas?

Ver la película de Ai Wei Wei es duro. Ver que hay millones de personas sin ningún tipo de protección – no son “ciudadanos” de ninguna parte y están ahí a la deriva (o mucho más a la deriva que los demás). Ver a Fatih Akin y sentir la frustración y la rabia de una mujer que entiende que Alemania es racista en su estructura, más allá de la existencia de esos nazis. Ver Madame y ver cómo construyen un humor sobre la mediocridad de la burguesía yéndose a pique (el Caravaggio que se ve a leguas falso, el mal gusto francés o franco-gringo, y finalmente el desprecio brutal de un ricachón inglés por todo lo que se salga de su esquema).


Vale la pena ver esa última película por la cara hermosísima de Rossy de Palma en las escenas finales. Ella de alguna manera salva todo y permite seguir soñando.


Agregado después: abro la página del Guardian y me encuentro con una noticia “Migrant children and families now face indefinite detention by US“. No puedo ni leerla completa. Es de lo más deprimente que hay hoy en día. Y esta otra de ayer en el Telegraph: “Up to 100 migrants, including babies, feared dead after boat sinks off the coast of Libya“. Esta última parece que era un barco que Italia no dejó amarrar a ninguno de sus puertos.

En 1906 el barco Sirio repleto de migrantes italianos que venían camino a América se hundió al frente de Cartagena (España). Hay canciones muy tristes (y muy bellas) que cuentan ese naufragio:

(Me aterra pensar que ahora hay barcos devueltos de las costas italianas; que uno de estos se hundió.)

El hijo de Saúl

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La cámara enfoca solamente una cara, durante la mayoría de la película. Y casi siempre es la cara de Saúl, el Sonderkommando que durante día y medio en Auschwitz intenta enterrar a un niño (su hijo, tal vez, pero eso en últimas no importa), enterrarlo y no cremarlo – a pesar de trabajar él mismo entre quienes envían al horno crematorio a los internos del campo (los Sonderkommandos eran judíos que eran obligados a trabajar por los nazis dentro de los campos, en varias actividades, entre esas conducir a los demás internos a las falsas duchas, y encargarse de quemar a los muertos en los hornos).

Aunque la historia la hemos visto en tantas películas, aquí jamás hay un plano amplio, jamás hay un intento de vista global explícita, jamás parece haber explicación. Uno sigue muy de cerca, muy muy de cerca a Saúl, desde atrás, de frente. El resto está casi permanentemente desenfocado. La cara de Saúl no transmite de manera directa mucha emoción: él es de quienes saben perfectamente cómo acabarán todos ellos, sobre todo los Sonderkommandos que eran a la vez vilipendiados por los alemanes y detestados por los demás internos del campo.

Nunca había visto una película tan extrema en su punto de vista completamente local – aparentemente sin pegamento global, pero da al espectador todo, absolutamente todo para que arme de alguna manera su propio pegamento. Está toda la información local, minuciosamente dada, y está uno mismo como espectador para generar la espacialidad ausente, para “pegar de manera coherente” ese horror.

Salí convencido de haber visto una grandísima obra de arte, una de esas películas que pocas veces se dan. Tal vez la única manera de hablar del horror puro es… no hablar sino mirar. Con la cámara uno mira, como andando con Saúl, oyendo los gritos al lado, al fondo, atrás. Estrellándose con las cosas, con los otros internos, con los soldados. Sabiendo que si esta vez no fue el final fue por algo que nunca sabremos.

Pensé en Christian Boltanski, en Claude Lanzmann – pero de alguna manera me parece que László Nemes logra ir aún más lejos… o por lo menos logra en cine algo que normalmente uno espera ver en otros medios. Logra una película absolutamente abstracta, contorsionada – pero sin jamás soltar nada de sus temas, sin jamás explicar nada. Es que Auschwitz es absolutamente inexplicable, el horror máximo está en ver.

Hay escenas que son de lo más brutal que he visto en cine – es difícil verla, como me pasó la primera vez que vi Saló de Pasolini.

Por momentos sentía que lo que estaba viendo ya no era cine. Era fotografía moviéndose, que no es exactamente lo mismo. Era una instalación brutal. Era un video-arte pero con las dimensiones del cine. O no era nada de eso – era la cámara a medio metro de un ser humano viendo todo y a la vez moviéndose para enterrar un niño de quien probablemente no es el padre, rezar el kadish (que no se sabe) sin haber sido religioso jamás, todo eso en el lugar más peligroso que ha podido inventarse el ser humano. La palabra resistencia se queda corta ante eso.

sorpresa – Die Schöpfung

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Imagen de la película El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra) – foto: Liliana Merizalde

La película me cogió un poco por sorpresa y me emocionó mucho más de lo que esperaba. No solamente por sus imágenes impresionantes (el cuidado fotográfico del cine de Ciro Guerra es espléndido – con su control de la saturación, los reflejos, el agua, las caras) sino por la historia.

Da para muchas reflexiones. Una de sus películas anteriores, Los viajes del viento, también generó toda clase de polémica. En esta hay un poco de todo: caucheros, ecos del conflicto colombo-peruano, ecos de la Vorágine, dos historias de etnógrafos entrelazadas, una visión un poco romántica de la ayahuasca (llamada en la película con otro nombre, tal vez de manera simbólica) – pero sobre todo un personaje central con presencia escénica muy fuerte, Karamakate – un guerrero/shamán, aparentemente el último sobreviviente de su tribu.

Ecos de esas historias complejas – pero trazadas de manera muy simbólica por Ciro Guerra (como señalaba María Clara en nuestra caminata de vuelta del cine) – en mi mente:

  • el agua – mansa y a veces bravísima
  • los reflejos en la barca – solo por eso ya valdría la pena ver la película
  • la actuación del personaje principal (Karamakate)
  • la visión preciosista de las texturas de hojas – algo para lo cual el blanco y negro es medio perfecto
  • la música … sí, en un momento dado (¿spoiler?) la música juega un papel sumamente contundente en la película – en particular Die Schöpfung de Haydn, ese oratorio de la creación del mundo, una de las obras más impresionantes de toda la música de todas las épocas y de todas las culturas

Esta versión del oratorio (Eugen Jochum, Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, 1951 -con Walther Ludwig, Irmgard Seefried y Hans Hotter) es antigua y buena:

polo a tierra

La visita fue medio improvisada: hacía años, tal vez cuatro o cinco, que no veía a Roland Jeangros, al rector (fundador) de ese lugar de idealismo y experimentación mental que es el Colegio Réfous de Cota (como lo veo hoy). Aunque llegué sin avisar que iba, pensando tal vez pasar a saludar unos breves minutos a dos o tres personas que aún conozco en ese lugar, la visita de sábado por la mañana terminó siendo una conversación de más de dos horas, bajo el sol en la zona de la Casa principal – una conversación más larga tal vez que todas las que había tenido con él en veces anteriores.

Me sorprendió (y no me sorprendió) poder hablar de tantos temas distintos con él. Claro: siempre he sabido que detrás de su estilo tan peculiar, tan directo al grano, que le ha permitido inspirar a tantas generaciones (de gente tan distinta) a pensar botando los nominalismos y lanzando de manera muy fenomenológica, muy directa, a atrapar el mundo, las preguntas, no dejar piedar quieta, está una erudición inmensa y una formación siempre renovada. Pero aún así me aterró lo bien conectado que está con temas actuales y a la vez la mirada que arroja luz original a lo que se esté discutiendo. Hablar con M. Jeangros es un ejercicio de originalidad de pensamiento, de mirada irónica y juguetona, de idealismo traducido en su obra que está ahí para que uno vea. Y de profundo anarquismo, en el sentido más pleno de esa palabra. Para mí, inspiración fuerte, obviamente, el anarquismo en general. O para que uno siga, ahí afuera.

Entre los muchos temas y momentos estuvieron estos:

  • Sobre dimensión terminamos hablando de cómo enseñar bien ese tema. Le comenté sobre los trabajos del geómetra Étienne Ghys, su película, la charla de Ghys en Simplicity en Nueva York la semana pasada. Mencionó a Jean Painlevé, quien hizo una película surrealista sobre la Cuarta Dimensión… en 1937. Painlevé era un cineasta muy peculiar, amigo de Breton, de Vigo, de Calder – que hacía películas de “surrealismo científico” entre muchas otras cosas. Hijo de un matemático (Paul Painlevé – coautor con Picard y Gambier de un estudio de ecuaciones diferenciales no lineales de segundo orden con coeficientes polinomiales, que se pueden reducir (si satisfacen una propiedad técnica, llamada ahora “de Painlevé”) a 50 formas canónicas de las cuales solamente 6 requieren nuevas funciones trascendentes para ser resueltas – los trascendentes de Painlevé, ahora con versiones no conmutativas y usados en sistemas integrables) que fue dos veces primer ministro de Francia, en 1917 y en 1925, Painlevé el joven participó en la política socialista y comunista de Francia en su juventud, y luego se fue hacia el surrealismo en el cine – hasta el final de su vida en los años 1980, Painlevé sería un ensayista del problema del tiempo, de lo surreal y la realidad en el cine y en la naturaleza. Alguien definitivamente fascinante, muy cercano a discusiones con Alejandro Martín y Fernando Zalamea, muy francés en su ironía (aparentemente envió un panfleto pseudo-científico a la Academia de Ciencias de Francia con texto surrealista – Drama Neo-Zoológico). Con M. Jeangros hablamos solamente de la película La Quatrième Dimension y la manera como la usa en clase o propone cambios sobre los ratones planos y el queso tridimensional, etc. con sus alumnos. Luego, al buscar hoy a Painlevé me encontré con un personaje extraordinario, autor de otras maravillas como La vida amorosa de los pulpos, o muchas otras películas que tendré que ver con red más rápida que la de Chía.
  • Informática. Fractales y recursión. Un curso que está dando en 11, de Informática – conociéndolo, debe ser (obviamente) sin computadores, con mucho pensamiento real de qué quiere decir recursión, qué quiere decir apilar repeticiones, cómo se puede codificar eso. Hablamos un poco de Knuth – él conocía artículos, pero no el libro gigante. Se alivió cuando le dije que no era un libro de texto. Comparto por completo su aversión fuerte a la mayoría de los libros de texto, la McGrawHillización de la primera mitad de los pregrados (sobre todo los más dominados por el estilo norteamericano). Sobre ese punto (mi rechazo absoluto a usar textos mamotretos en cursos básicos, en contravía absoluta con lo que proponen los vendedores/”expertos” de cursos básicos, que llenan los mejores salones en los congresos de matemáticas con charlas cuyo contenido podría entender… un ratón plano de Painlevé) ya he escrito. Simplemente vi que cuando le comenté a M. Jeangros que los libros de Knuth NO son libros de texto, que son realmente grandes ensayos filosóficos sobre qué quiere decir programación, por uno de los que más han afectado la disciplina, se mostró aliviado. De ahí pasamos a hablar un poco de Lisp.
  • De musicales. Están montando 350 alumnos y profesores el musical Joseph de Andrew Lloyd Weber, para septiembre. Las dimensiones me abruman. Lo “anglosajón” de Lloyd Weber, lo no-demasiado-intelectual pero muy efectivo de su música aparentemente ha tenido un efecto muy bueno en generar entusiasmo entre los jóvenes. A mí me impresiona que puedan estar armando una obra, eso sí con la asesoría de un ex-integrante de la Filarmónica de Bogotá, semejante cosa. Lo clave parece ser generar ese entusiasmo.
  • De Francia hoy – y de la Francia de la Resistencia. (De la Francia menos ideologizada hoy, pero mucho más dura y aparentemente sin rumbo.) Salvo por el tinte político, parece estar hablando con Stéphane Hessel. La manera como Europa (sobre todo el sur de Europa) se dejaron comprar y ablandar por el dinero y el lujo y ahora no pueden manifestar casi ni siquiera indignación, o cuando las manifiestan ilegalizan inmediatamente el movimiento, no deja de aterrarnos a muchos.
  • Lautman. Y Bourbaki. Y la mezcla más reciente de la geometría algebraica posterior a ellos con la lógica matemática. Y Zalamea. Al rato me dijo que había pedido que le buscaran información sobre Lautman. Creo que le interesará mucho leer a esos autores.
  • Muchos otros temas menores (muchos, pero no va al caso mencionarlos aquí).
  • Las universidades. Las revueltas. La vitalidad que él ve en la Universidad Nacional y no ve en las otras (pasó él a defender apasionadamente la Nacional y yo, contrariamente a lo que me toca siempre en este país, a no defenderla – fue un ejercicio de doble innuendo muy interesante – sé que él es crítico con la UN (como lo es con todas) y sé que él sabe que yo la defiendo (desde posición crítica) pero en la conversación él pasó a defenderla apasionadamente y con argumentos muy fuertes, poniendo a mí a relativizar todo lo bueno. Como un ejercicio socrático a la inversa y doble.) Las revueltas en Europa en las universidades, que él conoce bien y aprueba fuertemente (“si no son los estudiantes, ¿quién diablos va a moverse ahora que toda la educación, y tantas otras cosas, están tan terribles?”). Los Andes (“claro, para conseguir buen matrimonio y buen puesto, es mejor”). La reunión de rectores en los Andes, convocada por Angulo (“después de lo que dije, me tocó excusarme, dar las gracias y salir – los demás rectores estaban hipnotizados con el banquete”). La Javeriana. El Helvetia y sus comerciantes encima de todo (importadores, vendedores, etc. tomando todas las decisiones sobre la educación, cuando él fue rector, entre 1954 y 1958 – hasta cuando forzaron su salida y se fue a fundar el Réfous).
  • La montaña – los Amigos de la Montaña y MC. La manera como las montañas de aquí los atrajeron a él, joven educador formado en su doctorado en filosofía (cosa que él nunca recalca, pero que es obvio que hizo parte de su formación y que uno averigua por otros lados: hizo su doctorado con alguien que fue discípulo de Husserl). Querían con su esposa estar en una ciudad donde “se vieran las montañas” (pero, agrego yo, llegaron a una ciudad donde la mayoría de la gente nunca sube a sus propias espléndidas montañas).
  • Las interrupciones a la conversación fueron fantásticas (alumnos que llegaban a preguntar cosas). En simples respuestas a alumnos que llegaban a preguntar cosas (¿me encontré estos audífonos, donde los dejo? ¿puedo pedir un cuchillo prestado en la cocina? el salón de biología se quedó cerrado, ¿podemos pedir la llave a Fulana de Tal?) estaba la clave de todo.
  • En un momento dado vimos un grupo de niños – me dijo que los sábados van niños de la vereda en Cota a aprender cosas, a hacer trabajos con las manos. Le pregunté “¿con quién?”. Me dijo que con alumnos más grandes del colegio, que hacen de “profesores” (enfatizó comillas él también) de los niños de la vereda que van el sábado. Agregó: “para que civilicemos … a los nuestros”. En ese detalle: que son “los nuestros” los que necesitan que los civilicen (y no los niños de la vereda, que simplemente están aprendiendo cosas) está una de las claves de cierto pensamiento que hace mucha falta en este país. En realidad, los que estamos más urgidos de civilizarnos, de volvernos cívicos, de salir de nuestro capullo, somos “nosotros” (la especie de clase media que accede a colegios como el Réfous, la parte de la sociedad que tiene privilegio de tener tiempo para educarse… y que en la mayoría de los casos es la generadora del peor trancón, de los peores atropellos a lo público, a la civis). Para mí es obvio que trabajar con los niños de la vereda de Cota civilizará principalmente a los chicos del Réfous que están viviendo eso (somos la parte de la sociedad más potencialmente agresiva, más potencialmente dañina).
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Jean Painlevé – el hijo cineasta del padre matemático – con su cámara para filmar escenas en el mar. Años 1930.

Rondas en Sais

Rondas
Rondas en Sais – Ensayos sobre Matemáticas y Cultura Contemporánea

No lo había comentado: en enero salió impreso (en edición fantástica de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia) el volumen Rondas en Sais – Ensayos sobre Matemáticas y Cultura Contemporánea, editado por Fernando Zalamea, con ensayos sobre Matemática y temas distintos.

Hay un buen número de ensayos (incluído uno mío sobre Creatividad matemática y hermenéutica en Shelah y Zilber), pero destaco especialmente algunos que me encantaron:

Francisco Vargas (Aritmología, infinito y trascendencia: hacia el lugar de las matemáticas en la filosofía de Pavel Florenski),

Javier Moreno (Auge, muerte e inesperada resurrección de una teoría matemática de la narrativa)

Alejandro Martín (Algunas conexiones sueltas entre cine contemporáneo y matemáticas).

También me parece bueno el de Alex Cruz (Hacia una filosofía galoisiana de las matemáticas) – creo que Alex, ahora que está haciendo su doctorado en Geometría en Tokio, está absorbiendo cantidades impresionantes de material y de ideas que harán que su ensayo sea realmente obra en movimiento.

La edición es sumamente original – trabajo de Fernando Zalamea, que combina la mezcla de temas y el uso de fragmentos (distorsionados) de yellow pages de Shelah, apuntes de otros matemáticos (Grothendieck), y obras de la brasileña Regina Silveira y de María Clara Cortés (la serie Los regalos perfectos, principalmente).

Es uno de esos eventos/mezcla (como Simplicity en Nueva York) que rara vez se dan – pero cuando se dan pueden producir cosas interesantísimas.

quiero ver la película de Sfar

“Para mí es natural poner muñecos en todos sitios, porque me gustan los muñecos. Fue muy difícil para el público francés. La película fue un gran éxito en Francia, pero hay un montón de gente que dice, “Oh, es maravilloso Serge Gainsbourg, pero, ¿por qué hay un muñeco?” Sin embargo, cuando me encuentro en Alemania, en España, en Inglaterra, a la gente le gusta mucho más la fantasía. Y fue un placer trabajar con el equipo de Guillermo del Toro, con todos los de Barcelona, David Martí y Montse Ribé, porque les gusta la fantasía, y no fue difícil, fue un placer. Yo hago un dibujo, ellos me mandan una escultura, hago otro dibujo, hay un discusión, después viene Doug Jones de los Estados Unidos, nos ponemos la ropa… ¡solo placer! No es solo una primera película, yo pensaba que podía ser también una última película (risas). Quería poner todo lo que me gusta. ¡Vamos a morir, hay que poner todo en esta película! Es como cuando follas por primera vez, (enumerando con los dedos) “¡Voy a hacer esto, esto, esto!” (Risas)”

(de la entrevista a Joann Sfar, en EntreComics, sobre su película sobre Serge Gainsbourg)

lunes

Lunes de correría y sin clases: ida a donde la bio-energética (Martha) por la mañana, para ayudar a cuadrar la cadera lastimada en judo hace tiempo ya – UniLago (lugar que siempre me hace pensar en John y sus elucubraciones sobre el capitalismo) a averiguar por teléfonos que sirvan para enviar datos, twitter, emacs, etc. (nada de lo que vi me convence) y salir de mi arcaismo telefónico, ida a clase con Bibiana a corregir la pieza de Scarlatti y la de Schumann (en estos días no avancé mucho) – Bogotá semi-desocupada pero con busetas más salvajes que nunca pasándose semáforos en rojo (casi me estrella una en la Séptima con 75) – llegada a casa a almorzar un salmón con cebolla caramelizada que hizo María Clara, con arvejas y arroz – almuerzo reconfortante y delicioso. Llegó el tesoro de pedido de té, con el White Pekoe y GenMaiCha de Japón, y con buen Earl Gray y Darjeeling (una de las cosas de haber vivido en Estados Unidos es la adicción a recibir cosas por correo – libros, discos, té, lo que sea, pero por correo – la sensación de llegar a la casa y encontrar una caja de Amazon ahí esperándolo a uno o una caja de Upton Tea repleta de maravillas de té es indescriptible). Tarde de lecturas (nada duro hoy – esta noche tal vez me le mido a algo serio pensando en el congreso de la UNAM), ejercicios para el blog de los estudiantes de segundo semestre (tratando de enseñar cosas que yo hubiera querido aprender en esa época, a mis 17), y luego una serie de vaivén tuitero impresionante en torno a la pregunta lanzada a Mockus sobre su congresista Gilma Jiménez, con @ritacuba, @bluelephant, @Die_Grausamkeit, @AMAV, @ovidio, etc. A veces aprendo mucho de ese grupo en twitter – los temas que plantean son en muchos casos mejores que casi todo lo que veo en la prensa (y además, son divertidos casi siempre).

Ahora mismo… pensar en ligar notas del coral de Schumann, con un dedo mientras otro dedo de la misma mano viaja, y luego liga a su turno mientras el que ligaba antes procede a pasar encima o debajo a otras notas.

Y organizar semana en Chía. Caminata a Tabio el miércoles con Alejo y Olguita. Algo de cine (¿isla siniestra? ¿cinta blanca?), algo de lectura, mucho trabajo hacia el encuentro en México (retos duros ahí). Ahora oyendo los cuentos y conspiraciones del grupo de trabajo de María Clara (qué juiciosos son ellos comparados con la anarquía típica de los matemáticos al trabajar).

Calcular intereses óptimos de un préstamo, seguir trabajando con Alex en ese proyecto, mil y mil temas acumulados en esta semana.

Sigo recogiendo opiniones extremas sobre Un hombre serio. A la gente (a gente muy distinta) le encanta o le fastidia profundamente, por motivos muy distintos siempre. Me impresiona la manera como los hermanos Coen logran dividir al mundo en esas posiciones extremas, que parecen ir más allá de las películas mismas.

época teatrera en Bogotá

Pudimos conseguir boletas para cuatro funciones del Festival de Teatro. Con eso, más Ko Murobushi, más una cartelera de cine más nutrida que otras veces, estamos un poco abrumados (por unos días) – semanas con tres o cuatro espectáculos/películas/etc. Además de la impresionante A Serious Man (claramente una de las dos mejores películas de los hermanos Coen), hemos visto varias cosas en estos días – y aún falta la Medea del Shizuoka Performance Arts Center el próximo domingo.

  1. Ko Murobushi con su Quicksilver (butoh japonés en el León de Greiff hace un mes) fue un abrebocas de festival impecable. Aún al recordarlo siento cómo captura esa paradoja de Japón: lo más primitivo, crudo, rudo convive con lo más sofisticado, desarrollado, sutil.
  2. Vesturport de Islandia con su Metamorphosis fue la segunda obra impactante. Minimalista, con tensión perfectamente sostenida a lo largo de 90 minutos, diálogos impecables, y la torsión del espacio en el cuarto de Gregorio Samsa (escenario girado 90 grados hacia el público, basculante, con Samsa/insecto reptando por las paredes).
  3. Después de las dos anteriores, la berlinesa Brickland(dirigida por Constanza Macras) se veía disconexa. No lograba síntesis. Repleta de elementos buenos (reflexión sobre la suburbanización de las ciudades, conflictos humanos en sociedades aparentemente perfectas, la vida de los bourgeois-bohemians de cualquier Berlín, París o Bogotá cuando se transfieren a suburbios play, excelentes músicos – que en el León de Greiff sonaban muy bien por la calidad de la acústica -, excelentes bailarines), termina perdiéndose. Le faltó cuchilla. Le faltó alguien que le diera un sentido a toda esa cantidad de experimentos inteligentes en aislado pero sosos en conjunto.
  4. El Aluminum Show de Israel estaba bien. No todos los sketches me gustaron igual: los más poderosos tal vez eran aquellos que de manera muy sutil terminaban evocando seres de fábula, golems, gusanos y lombrices infinitas desbordando el escenario.

reseñas de Alejandro Martín

¿Qué es el cine?

Eso. Esa nada que diferencia las dos tomas, la buena y la mala. Con las mismas actrices y el mismo movimiento de cámara. Pero una es cine y la otra no.

(Alejo Martín, en su tumblr)

Me gusta leer las reseñas que escribe Alejo. Me apasiona que se apasione tanto con ciertas películas. No importa que a mí la película no me haya gustado tanto, no importa tampoco que las reseñas no me hagan mover un ápice mi percepción (la película de Almodóvar, como todas las suyas, son buenas para pasar el rato, pero poco queda de ellas después). [Agregado después: no es completamente cierto lo anterior. Las reseñas de Alejo, como todas las buenas reseñas, mueven las certezas que uno tiene. Yo no saltaría a alabar esa película, pero veo (después de pensar un rato) cosas que no veía antes de leer la reseña.]

Sin embargo, ¡qué reseñas! De hecho, me gusta la película de Almodóvar por ser capaz de extraer esas frases en las reseñas de Alejo. Ya por eso, valen la pena.