París y la bici

Durante la visita corta que hicimos con MC a París para un congreso la semana pasada tuvimos poco tiempo para museos, etc. – el congreso era muy intenso y estábamos además metidos en temas de organización de eventos asociados a ese. Sin embargo, algo intenté ver. De alguna manera, la bicicleta fue una ayuda para capturar fotográficamente algo del pulso de la ciudad.
Esta vez no anduve en bicicleta (de nuevo, el congreso, etc.) como otras veces. Además me fijé mucho en temas a los que me he sensibilizado (distancia de los carros, infraestructura de ciclorrutas) y vi bastante mal a París: los buses van rápido y se le echan encima a los ciclistas (me tocó ver eso varias veces), las ciclorrutas son muy estrechas y simplemente pintadas en el pavimento – me pareció peligroso andar en cicla en esa ciudad (aunque lo he hecho antes). También la sentí con un aire muy contaminado, de una manera distinta a lo que tenemos que aguantar en Bogotá. Sobre todo un olor muy persistente a gasolina, aún tarde en la noche – probablemente había inversión térmica y el exhosto de carros estaba atrapado en la ciudad.

Aún así, agradezco mucho el haber pasado esos días allá – y simplemente ver a los ciclistas es un remanso de civismo en nuestras ciudades.

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Línea 4 de Avenida Burnside a la Calle 86

Me subo en Burnside Ave a la línea 4 del metro, después de una visita al Bronx Community College (uno de los campus de CUNY) y una charla dada para el BCC Math Seminar. La caminata a media tarde entre el BCC y la estación del metro elevado es interesante y emocionante. La avenida está repleta de letreros en español (cosas tipo hay trabajo para delivery boy), anuncios de rizos en el pelo, de pollos asados, de barbacoas y reparación de zapatos; tiendas con relojes “de marca” iguales a las tiendas de la Carrera 13 en Bogotá, mucha gente en la calle vendiendo cosas. La estación de metro elevado se siente temblar duro cada vez que pasa un tren; abajo, es la oscuridad eterna en la calle causada por el metro elevado. Mucha gente con pinta vistosa: latinos, negros, con peinados y trajes abigarrados, jóvenes jugando con sus celulares, tenis muy vistosos. No tomo fotos ahí; demasiado obvio tal vez.

Sale el 4. Atraviesa una parte del Bronx, entre calles 180 y 125 cuando entra a Manhattan. Para en lugares emblemáticos como el Yankee Stadium. Como es elevado se ve todo: el Bronx “recuperado” pero aún en parte con aspecto de ciudad bombardeada, ventanas empalizadas, lotes con carros abandonados. Luego se sumerge.

No dura mucho en llegar (pues es un expreso) a mi parada de destino de ese momento: la calle 86. Es brutal el cambio. Al bajarme en Lexington con la 86 busco instintivamente Park por ser más soleada y amplia – tengo que caminar hasta la calle 75 con Madison donde está el museo donde quedamos de vernos con María Clara.

Esa caminata de 11 cuadras por Park Avenue a la hora de salida del colegio son impresionantes. Niños y niños, los más pequeños con sus “nannys” (estas con caras de latinas, rusas, polacas, negras). Felicidad pura, patinetas – pero sobre todo la cara de quienes implícitamente saben ya, desde sus cinco años, que son los dueños del mundo. Y es que en Park Avenue de verdad están los niños de los dueños del mundo. La arquitectura, los jardines, la presencia de las niñeras, el alborozo, los policías trancando el tráfico para el paso del cortejo infantil – todo eso da un contraste impresionante con el Bronx, de donde salí apenas 25 minutos antes.

Me pone feliz la felicidad en esas caras de seres humanos de cinco, seis, ocho años. La velocidad en sus patinetas, ese momento breve anterior a la adolescencia en que ya pueden moverse sin tanta parafernalia de padres/tutores pero a la vez aún hay cierta ilusión/sueño de libertad.

Nota: en el BCC además de la conferencia para el coloquio de matemática, tuve conversaciones muy interesantes al almuerzo. Algunos profesores son bien activistas allá. El gobernador aparentemente trata de mangonearlos con la plata (“que les quitamos este medio billón del presupuesto si no enseñan tal cosa de tal manera”, etc.). Las instalaciones son como en las universidades públicas de Colombia: por un edificio bueno, hay tres cayéndose. Tratan de decirles que les dan plata si enseñan “razonamiento cuantitativo” o “estadística” en vez de matemática. Los profesores resisten. Algunos llegan a marchar (los contratos de profesores adjuntos son absolutamente paupérrimos) – en una marcha pacífica el fin de semana pasado arrestaron por varias horas a algunos por aquí cerca en Midtown.

Iztapalapa

Iztapalapa has a very complex history. Independence from Tenochtitlan, alliances with other towns, later alliances with Spaniards and in-fightings. It was, like Xochimilco, a place built on water, with chinampa agriculture and some 10000 inhabitants by the time the Spaniards arrived.

The University I am visiting these days (UAM-I: Universidad Autónoma Metropolitana – sección Iztapalapa) is located in what used to be swamps and lakes. Until circa 1980, most of the surrounding area apparently was still water and chinampas (swamps), with agriculture and wildlife (geese, frogs, storks, reeds, quetzals). My fellow professors can still remember those times – when buying game (geese, mostly) from the local population was common.

Many small indigenous villages apparently still remain in Iztapalapa. (This, in spite of the fact that Iztapala is now one of Mexico City’s numerous “localidades” (boroughs)  –  a borough with more than 1.5 million people.)

The former swamps were turned some 30 years ago into Mexico City’s central distribution market – the Abasto Central. The former swamps now look like this (as you exit UAM-I, you run into these things, for a few kilometers):

Reto treinta ciudades

Vía olaviakite. Tampoco le voy a dedicar 30 días a contestarlo a cuentagotas. 🙂

  1. Una con la que siempre soñaste / Samarkanda, Uzbekistán.
  2. Una donde te gustaría vivir / Atenas, Grecia.
  3. Una que quisiste conocer pero aún no lo logras / Shanghai, China.
  4. Una que no tuviste tiempo de conocer lo suficiente / San Petersburgo, Rusia.
  5. Una que te resultó una agradable sorpresa / Minneapolis, Estados Unidos.
  6. Una que esté sobrevaluada / Berlín, Alemania.
  7. Una que te decepcionó / Copenhague, Dinamarca.
  8. Una para sobrevivir 5 días con menos de US$ 25 / ???
  9. Una que te gustaría ver en una serie o telenovela / Tel Aviv, Israel.
  10. Una donde hayas tenido una experiencia inolvidable / Palermo, Italia.
  11. Una para llevar a esa persona especial / Kioto, Japón.
  12. Una para conocer de carreras / Inverness, Escocia.
  13. Una para encontrar al amor de tu vida / Suba, Colombia.
  14. Una donde te perdiste / New Brunswick, Estados Unidos.
  15. Una donde hayas perdido algo valioso/ Jerusalén, Israel.
  16. Una donde hayas encontrado algo valioso / Jerusalén, Israel.
  17. Una donde hayas pasado un chasco / Rotterdam, Holanda.
  18. Una con montaña que quieras recomendar / Edimburgo, Escocia.
  19. Una con mar que quieras recomendar / Helsinki, Finlandia.
  20. Una para regresar / Tokio, Japón.
  21. Una que visites recurrentemente/ Barcelona, Cataluña.
  22. Una para olvidar tus problemas / Sammatti, Finlandia.
  23. Una para rumbear / Callander, Escocia.
  24. Una demasiado fría / Rovaniemi, Finlandia.
  25. Una demasiado caliente / Córdoba, España.
  26. Una para ver sólo en cine / Los Ángeles, Estados Unidos.
  27. Una que te recuerde una anécdota / Ammán, Jordania.
  28. Una para trabajar / Bogotá, Helsinki, Barcelona, Jerusalén, etc.
  29. Una para no volver / San Antonio, Venezuela.
  30. Una para recorrer a pie / Guanajuato, México.

http://30ciudades.wordpress.com/

Un recorregut en imatges per l’exposició del CCCB “La Trieste de Magris”.

De nuevo el CCCB me sorprende. En septiembre de 2010 terminé yendo a ver la exposición Laberints/Laberintos con Rami – y la manera de armar el recorrido nos sorprendió mucho a ambos. Yo iba medio escéptico, Rami seguramente aún más, y terminamos muy contentos de haber visto la exposición.

Esta vez María Clara me habló tanto de esa exposición (que vio al principio de la semana), de la multiplicidad de idiomas, de culturas, de religiones, de mundos que tenía Trieste, y de la presencia de Magris, Svevo, Joyce, la ciudad y su multietnicidad temprana, como un laboratorio de lo mejor posible en este mundo, que no pude no ir. No tenía tanto tiempo, pero terminé recortando una que otra esquina del tiempo – llegar un poco tarde a cita con Zenaida y María Clara a almorzar en L’antic forn, etc. para ver eso.

Y me impresionó muchísimo ver los recuentos de Magris, de Svevo, de Joyce [sus cartas eróticas a Nora son deliciosas de leer], de los psiquiatras que decidieron no aplicar corrientazos sino trabajar directamente con el paciente, el experimento de poder estar juntos con gente hablando en polaco, serbo-cróata, checo, húngaro, rutenio, friuliano, alemán, y hasta italiano en el mismo lugar. El horrible discurso que dio Mussolini en la Piazza dell’Unità declarando la importancia de la “superioridad o inferioridad” de distintas razas, cuando la ciudad consistía justamente en esa posibilidad de lo que hoy llamaríamos multietnicidad, y la aparente respuesta robusta (?) que dio Trieste a esa locura del siglo XX.

La presencia del viento, la bora, del mar.

El par Edimburgo/Glasgow

Hoy María Clara pasó el día entero en Glasgow – básicamente cogió el tren, y en menos de una hora llegó allá y visitó dos museos (Arte Moderno y Arte Contemporáneo). No alcanzó a hacer el tercer plan, que consistía en ir a conocer la Escuela de Arte de Glasgow, diseñada por Mackintosh y ver parte de una exposición que estaba allá.

Yo no fui: hoy era un día particularmente lleno de charlas interesantes y hubo toda clase de encuentros impresionantes e inesperados, para mí, en el sitio del congreso de la European Science Foundation.

Llegó feliz María Clara de Glasgow. Le encantó. Sintió que respiraba aire móvil en el ambiente un poco desvencijado de Glasgow (que le recordó mucho a Bogotá).

Glasgow: el centro

El centro de Glasgow – entre las calles Bath y Sauchiehall

Edimburgo es bellísima, y uno puede pasar días y días descubriendo mil secretos que van apareciendo, pero sufre un poco de ser una ciudad europea demasiado bonita. Toda la zona medieval del centro, con arquitectura espléndida, sufre con cierto exceso de nostalgia por algo que en realidad nunca existió (pues cuando armaron esas ciudades pasaban los caballos a toda, los pobres que se atravesaran eran espichados y nadie se mosqueaba, todo olía a estiércol de caballo y mierda humana, los veranos traían plagas y pestes, los inviernos muertos de frío o escorbuto – la mayoría de la gente no leía y el mundo era mucho más desigual que el de hoy) – sin embargo, estas ciudades antiguas bellísimas parecen tener nostalgia de ese pasado, y son comercio en el presente.

Glasgow es otra cosa. La primera impresión mía cuando fuimos el domingo pasado fue similar a la de ciudades del Rust Belt norteamericano – Cleveland, tal vez. Un edificio modernista muy bello seguido de un bloque cincuentero seguido de otra torre. Como en Bogotá también. Pasamos las dos horas almorzando y viendo una parte de The Clock, antes de venir a Edimburgo.

The Clock - imagen al vuelo

Hoy María Clara la vio con más calma, en plan menos apurado. Igual caminó mucho y fue a varios lugares del centro. Me trajo de regalo el librito de Paul Lafargue, escrito en 1883, The Right to Be Lazy, and other articles, en una publicación sencillísima de “the Socialist Party of Great Britain” (£ 1.50) en cartulina rojo vivo. Una respuesta espléndida al Derecho al trabajo de 1848), repleta de frases agudísimas como Their capitalist morality, a pitiful parody of divine morality, has excommunicated human passions; their ideal is to transform the producer into a machine turning out work without pause or pity … The Gambettas, the Gallifets, … such paragons of virtue, will whine at the immorality of this, so much the better. When we are the masters, we will let them enjoy the pleasures of abstinence and forced labour that they impose on all the producers…. let us launch an assault on the morality and social theories of capitalism; may our criticism demolish bourgeois prejudices …

Esa es Glasgow también – un día en Glasgow. La arquitectura de Mackintosh – los salones de té. El despelote (MC me decía que se sintió transportada al centro de Bogotá caminando por el centro de Glasgow, después de un mes en Europa). La vitalidad. El ambiente post-industrial. Las obras críticas críticas de esos artistas jóvenes británicos (intervenciones interesantísimas en el espacio público – que como en Bogotá se siente torturado y es objeto de reflexión, etc. etc.). Y algo de The Clock – me contaba MC que vio ahora el pedazo que arranca a las 4 pm, hasta que cerraron el museo. Parece que los trozos de The Clock que ocurren hacia las 5 pm están repletos de salidas de oficina de miles de película.

The Clock - fragmento

Tal vez lo clave es que existan ambas, a menos de una hora. Que la asfixia de la belleza de Edimburgo se vea compensada por la vitalidad de Glasgow. Que el despelote visual del centro de Glasgow se vea compensado por la armonía impresionante de Edimburgo, con su piedra, con su zona georgiana, con su bahía, con su monte. Edimburgo es casi perfecta (y es difícil irse mañana), pero la presencia y posibilidad de ir a Glasgow (con carácter) son claves.

El par Edimburgo/Glasgow me hace acordarme del par Tel Aviv/Jerusalén. Ambas a una hora entre sí, Tel Aviv despelote puro, intelectualidad, bogotanidad, mucho concreto, cuadras enteras iguales al campus de la Universidad Nacional (y la playa) – Jerusalén mirando el pasado, hermosísima, de piedra en zonas antiguas y nuevas, jardines, aromas a jazmín – pero a veces, muchas veces asfixiante de lo bella. Allá también es clave que estén las dos ciudades.

Vía Miguel Olaya, esta comparación (a escala) de capitales suramericanas. Es interesante ver lo densa que es Bogotá comparada con Lima, lo extensa que es también Quito para su tamaño. (Y por eso es tan chistoso escuchar a los bogotanos quejarse de “las distancias” en Bogotá – el problema no son las distancias, sino los tiempos.)