Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)

Un tontarrón peligroso.

La sabiduría popular está repleta de variantes de lo anterior: “sálvame de aguas mansas, que de las bravas yo me sabré salvar…”, cosas por el estilo.

Durante esta visita del presidente electo Iván Duque a España ocurrieron dos cosas que han generado mucha risa y muchos memes: su saludo al rey Felipe VI y su visita al estadio. En ambas logró brillar por su mediocridad y por su estupidez. Además de lo dudoso de ir a saludar a un rey de un país en su primera visita semi-oficial a Europa, el electo – con un lenguaje corporal supremamente inseguro, de niño que está haciendo sus primeras gracias en el tablero – salió con frases absolutamente tontas; de esas frases que terminan siendo de antología triste para los países. Persiguiendo al rey por el recinto, el pequeño Iván Duque no atinó a decirle nada menos que “le manda saludes el presidente …”. ¿El presidente qué? debió pensar el rey. ¿El famoso ex-presidente asesino? Luego remató Duque mencionando al otro payaso Pastrana y diciendo que el ex-presidente asesino “lo quiere mucho”. El rey no es que sea muy brillante tampoco pero Duque logró verse completamente tonto al lado de él.

Luego en el estadio de Madrid salió exclamando con tono de alumno bobo de colegio: “¡qué maravilla de estadio!”. En serio… ¿nadie le sugirió nada distinto de eso? Y luego (después de hacer una gracia de perrito de circo con un balón) le pregunta a un famoso exjugador español “¿cuántas cabezas se hace?”. El exjugador le dio una respuesta memorable y muy justa (pero muy bochornoso saber que quien nos representará durante cuatro años a nivel internacional la merece): “yo usaba la cabeza para pensar, no para darme golpes”.

Hasta ahí, la farsa. Y eso que ni siquiera ha empezado.

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“… y le manda saludes el presidente …”  — “Hostias, ¿de dónde ha salido este cateto?”

 

La vez pasada que tuvimos un presidente así de tonto, así de triste, la cosa fue espantosa. De Turbay (1978-1982) se hacían chistes por su torpeza (aparente tal vez, como a lo mejor puede resultar la de Duque), chistes que perduraron no solamente a lo largo de su presidencia sino muchos años después. Que las habicuelas, que la enciclopedia, que con los dientes para arriba, que lo verde para arriba, que no es gudbay sino Turbay, que (no sigo – quienes vivieron esa época los recuerdan). Detrás de esos anteojos de ciego que no quiere ver lo que pasa en el país estaban sus respuestas como “en Colombia el único preso político soy yo” (cinismo o estupidez o algo muy raro). Y claro, los horrores del Cantón Norte, las torturas, los desaparecidos, el Estatuto de Seguridad. La gente sacaba chiste del presidente, pero la situación de chistoso no tenía nada. Fue una de las presidencias más sombrías y más brutales que recuerdo – en una Colombia que ha tenido mucho con qué competir. Fue el gobierno durante el cual el narco se consolidó en Colombia por primera vez de manera brutal y descarada. El gobierno de generales con fachada presidencial.

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“… y en Colombia, el único preso político soy yo…”

La vez anterior no me tocó a mí, pero en la memoria de la generación anterior sí quedó muy grabada. Fue la presidencia (entre 1962 y 1966) de Guillermo León Valencia, otro cretino de esos que la embarraban en público y hacían reír a la gente, mientras ocurrían cosas terribles. Ese presidente se hizo famoso por haber gritado en medio de la cena oficial en honor a De Gaulle cuando vino a Colombia… “¡viva España!”. No quiero ni imaginar la cara de incredulidad que debió hacer De Gaulle ante el grito del presidente borracho en su palacio. Aparentemente era un borrachín idiota, famoso por desplantes de tío bobo pero pesado en las fiestas. De nuevo, mientras esa farsa triste sucedía, pasaron cosas gravísimas en Colombia. Nada menos que el bom78/////////////////////////////////////////////*bardeo a Marquetalia en 1964 [la escritura de la palabra con todos esos símbolos /// extra es cortesía de Abdul que justo pasó por encima del teclado cuando estaba escribiendo eso; decidí que cuadra mejor así], que selló la consolidación de las Farc y trajo la historia que demasiado bien conocemos y hemos sufrido en Colombia varias generaciones. Varios analistas han expresado que si Colombia hubiera tenido otra respuesta menos agresiva, las Farc nunca habrían llegado a las dimensiones gigantes que tuvieron. Valencia ponía la fachada de idiota y mientras tanto el país entraba en una fase de guerra que ha durado muchas décadas y de la cual se suponía que estábamos tratando de salir. Valencia el borrachín con fama de bruto, el abuelo de Paloma Valencia Laserna – una de las lumbreras actuales del conservatismo colombiano.

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“… Putain, quel con ce mec, comment il s’appelle encore?”

Esos presidentes payasos (o títeres, o borrachines, o simplemente azorados, clueless tal vez expresa bien la situación) han sido muy peligrosos. En Estados Unidos George W. Bush era así también. Claro, también nos burlamos planetariamente de él por su estupidez, por su leer libros patas arriba, por su aparente ineptitud. Y durante su gobierno una caterva de patanes se subió e ideó una invasión a otro país – y terminaron generando ese caos espantoso de todos los países de esa región que sigue produciendo problemas con solución cada vez más remota.


Peña Nieto, George W Bush, Duque, Turbay, Valencia. Tontarrones o fachada de tontarrones, hazmerreíres de la gente. Y peligrosos todos. Hay que estar alerta. Aguas mansas que pueden hacer bajar la guardia a la gente…

 

pseudointelectuales

Ayer mientras iba en un bus leí un trino indignado de un matemático joven. Uno de esos trinos que aluden a temas que tienen que ver con muchos años de mi propia formación, con tiempo vivido.

Santa El joven matemático (@I_Santa_ en twitter) manifestaba estar aterrado con que alguien en esta contienda política hubiera tenido el atrevimiento increíble de describir a Sergio Fajardo como un “pseudointelectual” (escribió “seudointeligente” pero para el tema da exactamente lo mismo).

A mí me pareció tan absurda la frase que decidí indagar un poco más – y resultó que la frase era de la famosa dama de apellido Cabal, en entrevista con otra dama famosa de apellido Dávila – en un programa radial de la famosísima emisora “la W”.

Famosas las tres, las señoras Cabal y Dávila y la emisora por… ¿qué exactamente? ¿Por lo picante de sus chismes? ¿Por la profundidad de sus análisis? ¿Por su capacidad de no reducir temas complejos a frases de efecto? ¿Por su sutileza a la hora de escoger títulos para sus programas? (En este caso el programa se llama algo así como “Premios Mamertos” o algo similar.)

Mi primera reacción: esas tres (en cualquier orden, la W, la Dávila, la Cabal – ¿cuál de las tres es la esposa del señor de Fedegán? ¿cuál la emisora? ¿cuál la “sesuda analista”? creo que ni siquiera es claro cuál es cuál) – esas tres son una cosa ahí amorfa – una entelequia que si no fuera porque la frase trajo a mi memoria un tema sobre el que he escrito por lo menos dos veces antes ni siquiera merecería más de un segundo de la vida de una persona.

Mi primera reacción fue simplemente observar que el trabajo de Fajardo y Keisler en teoría de modelos de probabilidades adaptadas y fajardokeisler procesos estocásticos es referencia a nivel mundial. Que atreverse a ir por la vida como cualquier hijo de vecino diciendo que el autor de ese libro es un “pseudointelectual” implica una de dos cosas: o es alguien que sabe mucho más que Keisler y Fajardo sobre el tema, es alguien que legítimamente puede lanzarse a hacer críticas (¿por qué no?)… o es alguien no solamente absolutamente ignorante sino además completamente ciego ante su propia ignorancia. Nada más qué decir… pero conviene de vez en cuando recordar que cuando se habla sobre gente como Fajardo la cosa es a otro precio. (Esté uno de acuerdo o no con sus ideas o con su estilo.)

Como las señoras W (¿o Dávila?) no pueden decir sino “Fajardo es mamerto” (como si ser mamerto fuera algo ordinario o feo o inmoral) y para subrayar su argumento dicen que es “pseudointelectual” pero luego no pueden explicar por qué,  terminan refiriéndose a la pinta de Fajardo, y a la opinión de una ex-reina (alguien tenía que completar el cuarteto amorfo) sobre ésta. No pueden ir más allá.

Luego recordé estas líneas, escritas en 2003 (¡increíble como pasa el tiempo) en mi blog de esa época – y decidí retomar el tema a la luz de lo que pasa hoy (pues para las generaciones más jóvenes como la de @I_Santa_ 2003 es algo muy remoto e incluso 2009 – el texto más abajo – corresponde a una época muy distinta):

Podrán decir muchas cosas, pero es un hecho muy fuerte el que uno de los dos autores de Model Theory of Stochastic Processes sea el alcalde electo de Medellín. Me llena de alegría que no solo un matemático, sino alguien formado en teoría de modelos (en mi misma alma mater de doctorado 🙂) esté ahí. Me llena de alegría agridulce, pues la carrera política de Sergio significa un matemático activo menos – pero puede (ojalá) significar un alcalde mucho más interesante para Medellín.

También en Fajardo: teoría de modelos y política (2009) escribí algunas notas sobre esta frase de Fajardo:

Somos un movimiento cívico independiente que tiene tres componentes: un conjunto básico de principios, una propuesta para la sociedad y una forma de hacer la política.

Fue en la aciaga época de la hegemonía uribista, cuando el país nada que lograba quitarse de encima a esa pesadilla dual que eran Uribe y las Farc de entonces (las Farc ahora son la Farc y parecen seriamente haber cambiado, Uribe simplemente ha ido empeorando) – y la propuesta de Sergio se perfilaba como algo aún muy remoto, pero me permitía soñar:

“Yo sigo pendiente de ver qué sigue proponiendo Sergio, qué sigue haciendo. Mi voto aún no está decidido, pues falta mucho. Me gusta por razones estéticas el que piense aún inspirado por la matemática.

Si algo enseña la matemática es cierta humildad ante los verdaderos problemas. No hay matemático serio que no haya sido completamente doblegado por un problema insoluble (o muy duro). La inmensa mayoría de los finales de día, para un matemático de verdad, tienen una lista larga de “por hacer” y pocos logros… Eso mantiene viva la disciplina y con mente juvenil al matemático. Cualquier asomo de creer que uno sabe puede ser tumbado al día siguiente por algún jovencito con mayor lucidez.

Para mí eso es muy sano – es duro, pero es sano. Si un político llega a resolver problemas (digamos, los tres problemas que menciona Sergio) con actitud de matemático, puede que al final no nos trate de vender espejismos como tantos han hecho, como tantos están haciendo.

Muchos colombianos estamos pendientes, Sergio.”

Hoy en 2018 muchas cosas han cambiado, me parece que para bien en general (pero con riesgos muy altos y, como vemos en programas radiales como el mencionado, con mucha estupidez en el aire). Fajardo hace rato es un político muy sólido que puede perfectamente llegar a ser presidente de la república de Colombia pronto. Su visión de matemático no creo que haya cambiado – alguien tan matemático como él (en otra etapa) no abandona esa visión; simplemente la habrá enriquecido enormemente con sus experiencias de estas últimas dos décadas.

Pero conviene recordar (para aquellos que no tuvieron la fortuna – difícil – de ser sus estudiantes en sus cursos o la fortuna aún mayor de hablar con él antes de su transición a la política) lo siguiente:

  • Fajardo es un excelente profesor. De hecho, puedo decir ahora con propiedad que es uno de los mejores que he tenido (en dos universidades en Colombia, en mi alma mater de doctorado en Estados Unidos – la misma de Fajardo – y en cursos tomados después durante un tiempo ya no tan corto de investigación). Si me preguntaran elaborar el tema, diría: Fajardo es uno de los profesores que (cuando les gusta el tema) pueden iluminar con mayor claridad un tema. Cuando estaba inspirado, Fajardo era prácticamente insuperable. Recuerdo aún con emoción su explicación del teorema de Vaught según el cual una teoría contable no puede tener exactamente dos modelos no isomorfos contables. Si tiene dos modelos no isomorfos, tiene que tener un tercero. Fajardo era también un profesor con temas muy definidos (“no me gusta el álgebra, me gusta el análisis”, nos decía – y si la demostración era muy algebraica hacía mala cara). Eso puede ser cuestionable, pero no le quita lo de excelente profesor. Además lo de ser excelente profesor es algo que seguramente todavía le funciona – pero en sus temas actuales (por eso lo escribo en presente),
  • Fajardo es un matemático. Con teoremas demostrados, con tesis doctoral, con su libro con Keisler, con sus artículos – y seguramente con lo más importante: la pasión brutal intacta (me encantaría volver a hablar con él algún día de matemática). Eso lo pone en un plano supremamente interesante con respecto a las “intelectualidades”. No es que implique (o no) el ser intelectual – pero es claro para mí que su paso a la política desde la matemática es una jugada de carácter intelectual (combinada con otras cosas).

Nota final: lo anterior es expresión de mi máximo respeto por la persona, por el matemático y por el candidato Sergio Fajardo. En realidad la frase idiota de la W (o de la Dávila o de la… ya olvidé el apellido) es irrelevante ante la construcción de un país, la propuesta política impresionante de Fajardo. Adicionalmente, mi defensa de Sergio Fajardo como persona y como matemático no es una declaración de adhesión a sus ideas políticas. Mantengo mi independencia – y en 2018 prefiero opciones más a la izquierda. Políticamente en 2018 Fajardo representa cierto continuismo con estilo sofisticado. No se trata del continuismo burdo (y deshonesto) de Peñalosa, tampoco se trata del continuismo eterno de Vargas Lleras. Es otro tipo de continuismo – tal vez más cercano al estilo del actual ministro de salud (Alejandro Gaviria) – de personas con buena formación, con referencias sofisticadas (literatura, algo de filosofía, mucha matemática en el caso de Fajardo) pero incapaces de imaginar mover las estructuras anquilosadas y muy temerosos (¿tibios?) frente a los retos mayores que tiene nuestro país en este momento. Gaviria da peleas bonitas (por reducir precios de drogas, por campañas de vacunación para prevenir el cáncer cervical o de promoción de uso de condón para prevenir enfermedades venéreas y sida – campañas que le han traído enemigos y en las cuales lo apoyo fuertemente) pero nunca se mete con problemas estructurales del sistema de salud. Fajardo proyecta una imagen similar: muchas campañas bonitas (contra la corrupción, por la educación, etc.) pero mucho continuismo estructural.

Sin embargo, a pesar de no necesariamente estar de acuerdo con muchas de sus ideas me parece crucial responder al trino de (muy justificada) indignación de @I_Santa_ … y volver a contar por qué Sergio Fajardo (pese a mis críticas – que seguramente seguirán si gana la presidencia) es alguien muy, pero muy, por encima de lo que algunas personas muy ciegas quieren decir allá en la radio colombiana.

veinte años / la náusea de 1988

En El Espectador del viernes pasado hay una entrevista a Juan Gabriel Vásquez. Habla sobre lo que uno espera que hable él (literatura, novela) y dice algunas cosas interesantes. Me llamó la atención el siguiente pasaje.

En el epílogo de Viajes con un mapa en blanco, recuerdo una frase que se le atribuye a Napoleón Bonaparte: “Para entender a un hombre hay que entender el mundo de sus 20 años”. El mundo de mis 20 años era el mundo de las bombas del cartel de Medellín, el mundo aterrorizado por Pablo Escobar, el mundo que era mi país, tan convulso y confundido; en esa época, el refugio que encontré en la lectura de novelas fue absolutamente importante, porque se convirtieron en un lugar en el que lograba una manera de estar en el mundo que el mundo mismo no me daba.

Juan Gabriel Vásquez en entrevista dada a El Espectador

No había visto la frase atribuida a Napoleón, pero se non è vero è ben trovato, creo. Y pienso en dos cosas: los 20 años de personas que me han marcado y nuestros propios 20 años, que coinciden casi perfectamente con los de Juan Gabriel Vásquez.

De lo primero: mi padre, nacido a mediados de los años cuarenta, vivió sus veinte años en plena explosión de los 60, con el revuelto que de alguna manera marcaría a todos esos baby-boomers – apertura del mundo, revoluciones de varios estilos, cierto idealismo, pero todo enmarcado por Vietnam y el fracaso de Estados Unidos allá; el éxito rotundo de Estados Unidos en otros campos como cultura pop o dinamismo científico de sus universidades. La de mi padre es una generación que se define de manera muy extrema con respecto a Estados Unidos, sin la admiración de la generación anterior, pero a la vez mucho más sumergido en un mundo muy influido culturalmente por ese país. Todo lo que siguió a partir de ahí en su caso – el caos de los años setenta, Bélgica a finales de esa década, toda la construcción de la nueva facultad de ciencias en los ochenta y la entrada al gobierno de Bogotá en los noventa en ese grupo extraño guiado (o no) por Mockus – todo de alguna manera hay que leerlo en clave de 1965, con los Rolling Stones y la Revolución Cultural de fondo, con el napalm y el movimiento Black Panthers, con Mayo del 68 y Tlatelolco de fondo. Esos son el telón de fondo de esa generación. (La generación de los Clinton también, del abandono brutal de su propio idealismo, de tanta basura que creció en medio de tantos ideales.)

La generación de Jeangros (la misma de García Márquez o Salmona) por alguna razón la siento muy cercana a mí; muchos aspectos de esa gente me llaman poderosamente la attención. Nacidos a mediados de la década de 1920, viven sus veinte años durante la Segunda Guerra Mundial, o justo después. Es una generación de armar todo a partir de casi nada, una generación modernista en un sentido muy primario y fundamental. Les tocó leer a Celan en la posguerra, entender con Adorno el final del esteticismo anterior, ver los juicios de Núremberg siendo aún muy jóvenes, ver las imágenes de los campos de concentración y luego el surgimiento de Israel como nación frágil y tenue – la generación para la cual Eretz Israel era realmente David ante Goliat. Y en Colombia, la generación del Bogotazo, que parece haber marcado de manera brutal a García Márquez. Les tocó armar mundo casi a partir de nada – inventar maneras de enseñar muy radicales para su época, maneras de escribir y construir que partían de puros bloques primarios. En el mundo de muchos de ellos había poca cabida para eclecticismos. De alguna manera, de las generaciones que he podido conocer, es la que mayor fascinación ejerce sobre mí.


La nuestra es la que describe Juan Gabriel Vásquez: a los veinte años es la caída del Muro (alguno de mis estudiantes tal vez hoy diría ¿cuál muro? de lo contundente que fue su caída pero para los de mi generación el Muro era el Muro y no había otro ni había que explicarlo), el bombardeo de Bogotá por parte de Pablo Escobar, el asesinato de múltiples candidatos presidenciales y de miles de personas de la Unión Patriótica. En Colombia la nuestra es la generación que iba con sus padres al zoológico de Pablo Escobar a ver elefantes e hipopótamos; que vio a Lara Bonilla en la 127 asesinado por esos mismos, y luego las piscinas enchapadas en oro en los noticieros.

(Tal vez por eso me produce tanto hastío esa noticia de narcos y ex-sicarios (ojalá sea verdad lo de “ex-“) haciendo fiestas con otros narcos y sicarios buscados por Interpol; me produce una náusea intolerable ver que siguen en el Oriente antioqueño haciendo parrandas como si estuviéramos en 1988 y no hubiéramos aprendido nada. No quiero ver series tipo Narcos ambientadas en esa época que viví, que disfruté mucho pero también siento que sobreviví. Me produce náusea recordar el bombardeo del Das, la bomba gigantesca desactivada en la Séptima con 85, las clases de alemán en el Goethe donde de repente temblaba toda la casa de la 39 con Séptima por culpa de la onda expansiva de alguna bomba a más de 4 kilómetros de ahí, la gente tratando de llamar a ver qué había pasado. Y los compañeros de curso hijos de comerciantes que pasaban en menos de diez años de Renault 6 a Mirafiori y luego a varios carros de lujo – todo eso me produce asco en el recuerdo.)

la balsa de piedra

Hace un par de décadas leí A jangada de pedra, la novela de Saramago que habla de un desprendimiento mágico de España y Portugal del resto de Europa. Amanece un día y resulta que en la frontera con Francia se abrió un tajo delgado pero a medida que pasa el tiempo el tajo se abre, quedan desconectados Portbou y Cerbère, Saint-Jean Pied de Port y el inicio del camino. Luego la península empieza a irse más rápido como una balsa a la que le hubieran soltado las amarras e inicia su deriva hacia el oeste, hacia las Azores tal vez o hacia las Antillas – nadie sabe. Muy rápidamente se reconfiguran cosas: Europa dice que “en realidad siempre se supo que España no es que fuera muy europea, y la naturaleza terminó confirmándolo”, entre España y Portugal empiezan a suceder cosas que de alguna manera el estar atadas a Europa por los Pirineos fueron siempre pospuestas, y la novela continúa a partir de ahí.

Hoy pensaba un poco en eso – pensaba en mil cosas más al ver las noticias de la brutalidad de la policía de España en Cataluña – pero sobre todo pensaba cómo España en realidad no cambia en su rigidez, en su quietud, en su legalismo.

Un reino armado hace poco más de cinco siglos por una familia de locos que expulsó a sus judíos (y con ellos a buena parte de su intelectualidad de entonces, y a sus médicos y a sus financieros), que se encegueció con su victoria contra los “moros” (y aunque mucho de lo más valioso de España es su herencia árabe – que agradecemos diariamente los herederos de los herederos de… – sigue de alguna manera sin asumirse de manera real como hija parcial del mundo árabe) y luego se lanzó a la codicia y el saqueo en esta parte del mundo, y al fundamentalismo religioso para salpimentar todo… un reino donde decidieron básicamente detener el progreso del mundo, negar la revolución capitalista, enceguecerse con hidalguías y abolengos, y negar el paso del tiempo.

Hoy tuvo lugar el corte de amarras que vio Saramago, pero no por la frontera francesa sino por la frontera entre Cataluña y España.

De alguna manera los actos de España en Cataluña hoy fueron una manera de decir “no queremos entender, no queremos hablar, no nos interesan ustedes de verdad”. Fueron la España del desprecio a Cataluña, la del señorito castellano que se cree que puede entrar a patadas donde sus vasallos sin que haya consecuencias, tal vez porque hasta ahora (casi) nunca las ha habido.

Que fue una jugada maestra de la derecha catalana, dicen algunos. Que es cosa del infantilismo catalán, dicen otros. Que esto, que lo otro – seguramente hay algo de cierto en todos esos análisis. Pero el hecho crudo y duro es que quedó muy legitimado el clamor de independencia de Cataluña, y España quedó como el bobo (feroz) del juego – recordando otros momentos del bobo feroz que expulsa a sus judíos (una comunidad de vivacidad intelectual impresionante en la Edad Media), que se enorgullece de ganar a los árabes (para después armar país sobre los despojos), que va luego a saquear América hasta que sus propios vástagos terminan expulsándolos.

Hace 217 años en Santafé de Bogotá ocurrió lo siguiente: había fermento independentista entre algunos criollos (hijos o nietos de españoles que en la ceguera peninsular eran tratados como de segunda o tercera), unos cuantos leían lo que venía de Francia (ilegalmente, obviamente – en España muchas cosas han sido ilegales, incluyendo el referendo de hoy), unos cuantos de ellos habían estudiado matemática (o astronomía o botánica) con el profesor Mutis y traían ya la semilla de la independencia. La mayoría eran jóvenes acomodados que normalmente habrían hecho lo de todos los jóvenes acomodados – dedicarse a aprender algún oficio, obtener algún cargo, dedicarse a robar aquí o allá algunos, otros a construir con cierta honestidad. Pero no hicieron eso. Se lanzaron a su propia campaña de independencia y después de unos cuantos años la lograron.

Era una cosa de la clase de criollos locales, obviamente. Usaron de manera mercenaria y aprovechada a los indios y negros locales, a los mestizos y a los mulatos. Algunos de ellos fueron brutales. Otros fueron sobre todo sagaces.

Pero hoy veo claro que la ceguera de la respuesta española en 1810 y años siguientes, la brutalidad con que llegaron a apabullar en América el independentismo, terminó legitimando ante ojos de muchos la campaña. Lo que era una idea de corrillos de pequeños intelectuales granadinos  –  y hubiera podido quedarse como una idea un poco extraña de gente que leía en francés, que estudiaba mecánica planetaria así fuera ilegal, que hablaba con Humboldt pero tal vez no con los llaneros ni los labriegos del altiplano – se convirtió en un clamor muy global y muy justificado.

El primer rey de España que vino a América en visita oficial fue Don Juan Carlos… en 1976. Leía ayer que los políticos madrileños nunca fueron a hacer campaña en Cataluña en los años anteriores a este 2017.

(Contraste fuerte con la corte portuguesa que se estableció en Rio de Janeiro y al menos se dignaba ir a ver cómo era su colonia Brasil.)

Y no, no hay vuelta atrás para nosotros. Salvo unos pocos políticos ultraconservadores que sueñan con esa España de horror, nadie en América quiere volver a ser parte de España. Puede que hayamos tenido mil tribulaciones, mil dificultades, pero la independencia de España es algo muy importante ganado – aunque pocas veces como hoy se vea tan claro esto.


La balsa de piedra parece que ya zarpó. La Policía Nacional de España se encargó de cortar las amarras con Cataluña y con cierta Europa. Lo que vimos hoy fue un renunciar por parte de España a algo. Parecía que esos policías estuvieran representando un teatro en que más que salirse Cataluña de España lo que está pasando es que España se estaba saliendo de algo que (aún) podríamos llamar “Europa”.


Ahora es difícil saber dónde va a parar España. Si encallará en el Mar de los Sargazos de su modorra, si recogerá ágilmente su rumbo y se volverá a unir — difícilmente — con Europa (vía Cataluña).

Catalunya … avui comença un nou viatjar, ja una mica independent. Espanya va decidir trencar les amarres i salpar com si fos una bassa. És un moment molt difícil i perillós, i probablement hi haurà moltes dificultats. Però crec que cal seguir endavant.

Ruralidades

Con Marcos, un señor maravilloso que trabajaba la tierra en Chía (murió hace tal vez veinte años) a veces hablábamos. Tenía la cara absolutamente cuarteada por la intemperie, como papel doblado – ojos rasgados del altiplano cundiboyacense. Podría haber sido alguna escultura de papel japonesa, plegada y replegada como origami hasta dar con su expresión de cara.

Una vez en 1991 fui a tomar un curso de Teoría Descriptiva de Conjuntos en Mérida, en los Andes venezolanos. Fuimos con María Clara – nuestra primera salida juntos fuera de Colombia. Al contarle a Marcos que nos íbamos lejos, a otro país – Venezuela – por unas tres semanas, no dijo nada. Luego resolvió que nos habíamos ido “a Europa” (le dijo a alguien). Para él, que probablemente nunca en toda su vida salió de Cundinamarca o tal vez Boyacá, la noción de “Mérida, Venezuela” era remota, como la noción de “Europa”. (Aunque los valles arriba de Mérida se parezcan tanto a Boyacá y Cundinamarca… pero eso no lo sabía Marcos, ni importaba que lo supiera. Mérida era esencialmente “Europa” pues era lejana, y remota, otro país.)


Recordé a Marcos porque en Europa nos volvió a pasar lo mismo hace unos pocos días. Casi igual.

Estábamos en Huesca, una capital provincial en Aragón, España. Fuimos en parte por la presencia del CDAN allá – un museo de arte contemporáneo muy interesante – y Centro de Investigación en Arte y Naturaleza. Con edificio impresionante de Moneo, con materiales de investigación aparentemente excelentes.

Fuera de eso, una ciudad chiquitica – como Zipaquirá tal vez.

Pero no nos quedamos en Huesca: decidimos quedarnos en una casa que conseguimos en las afueras, como a media hora de la “ciudad”. La idea era explorar un poco la región desde ahí. Pero terminamos hablando con los pocos campesinos que aún quedan (en ese país que parece haber sido atrapado por una crisis económica aterradora).

En un lugar de carretera en el que paramos, que parecía un parador de lechona por allá en el Tolima – solo que ofrecían asados de esa región – los campesinos, labriegos almorzaban, todos sudados, con camisa de trabajo, con su español de Aragón brutalmente áspero.

Me preguntaron de donde era, y dije inicialmente “de lejos”. Me dijeron “¿de Huesca?”. Yo dije “no, un poco más lejos – de Colombia”. “Ah…”. No hay mucho qué decir. Creo que para la gente de esos pueblos de Aragón, como para Marcos en Chía, la noción de “Huesca” evoca “gran ciudad”, gente que se viste “como nosotros”, gente que aparece en los paradores de carretera y no conoce los usos locales. Que sea Huesca o más allá (incluida Colombia) les dará lo mismo: estamos en la clase de equivalencia de los “urbanos”. Me pasó dos veces, en dos regiones rurales distintas. Al ver que claramente no éramos de ahí les llamaba la atención tal vez el hablar raro, y lo ubicaban (correctamente) en alguna ciudad. Huesca está bien.

Libros a 1440 msnm en el trópico

Esto les ocurre:

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La carátula prometía (a pesar de los tres huecos):

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Pero aparecen estos seres (casi un comentario de la naturaleza/los gorgojos sobre el contenido de esa página):

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Y estos otros (¿tejido intertextual armado por un gorgojo?):

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No se pueden dejar esos libros ahí. Este lo tomé de un estante – probablemente llevaba veinte o treinta años sin ser leído ni mirado por nadie. En el semi-trópico (tierra templada, Cundinamarca) toca leer rápido. Nuestro futuro se ve ahí.

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hablar con los estudiantes

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Auditorio León de Greiff, 6 pm. Foto: Andrés Villaveces

Alejandro Martín una vez nos dio una lección de entereza y seriedad académica a un grupo de profesores del Departamento de Matemáticas. El contexto era el siguiente: una Cátedra Mutis (esos eventos académicos espléndidos que ocurren en el León de Greiff, en este caso la Cátedra fue organizada por el Departamento de Matemáticas y varios profesores nos turnamos para hablar ante el León de Greiff en pleno (unos mil o mil quinientos estudiantes) en sesiones de tres horas a la semana, sobre temas diversos de “Matemática y el resto de cosas”). Hubo algunas charlas sumamente interesantes, donde se explicaba a estudiantes de todo el campus, muchos de ellos primíparos, qué matemática puede haber en movilidad, en salud, en muchos otros temas – con invitados de Transmilenio, de institutos de salud, etc. que desarrollan proyectos con profesores del departamento. Yo hablé sobre Música y Matemática (explicando, ayudado por gente del Conservatorio en un piano de cola y un piano electrónico, usando el software de Dmitri Tymoczko, y algo de teoría de grupos básica y nociones super-elementales de homotopía, cómo ahora se puede usar una rama de la matemática [Topología Algebraica] para entender conexidades, caminos y clasificar armónicamente muchas obras de muchos períodos musicales – como ciertos caminos ocurren en Chopin y en Hendrix pero no en Brahms…).

Alejandro debía dar la charla suya un par de semanas después. Había mucha tensión esa tarde: la MANE decidió ocupar el León de Greiff justo a la hora de la charla de Alejandro. El departamento en pleno estaba ahí, con miedo. Empezamos – hice la presentación. Movimiento de estudiantes – surgió alguien gritando cosas – muchos otros le chiflaban y le decían “déjenos empezar la clase”. Alejandro empezó. En ese mismo instante entró el grupo que más vocalmente quería cerrar el auditorio, tomárselo para exponer ellos sus propias ideas. La entonces directora del departamento de matemáticas nos llamó a Alejandro y a mí – nos dijo “caminen, vámonos, esto está feo”. Otros profesores que estaban ahí la secundaban – con buenas intenciones (seguridad) querían cerrar la sesión. Yo dudé – le pregunté a Alejandro qué hacíamos.

Alejandro no soltó el micrófono. Le gritaron algunos “somos mayoría”. Alejandro les dijo “sí, es verdad, pero este país escogió a un presidente que no queremos (era 2009) muchos de nosotros, por mayoría – hay que tener cuidado con ese argumento”. No sé bien cómo ni a qué horas, Alejandro logró convencer a los estudiantes que querían el micrófono para ellos que lo turnaríamos. Dos minutos “nosotros” (o sea, él y yo, puesto que los demás profesores desafortunadamente desaparecieron) y dos minutos “ellos”. El “ellos” obviamente era muy indefinido, puesto que la mayoría eran realmente estudiantes que querían escuchar la clase – la verdadera mayoría silenciosa. La “mayoría autoproclamada” muy vocal aceptó turnar el micrófono. Duramos unos 30 o 40 minutos hablando turnando micrófono Alejandro-estudiante-yo-estudiante-Alejandro-estudiante… cuando en un momento dado el estudiante se pasó de dos minutos le dijimos y muchos apoyaron – también a mí me reclamaron que no me pasara de mis dos minutos.

En realidad no recuerdo los detalles de lo dicho (algo les dije sobre la importancia de no privatizar un espacio público – no hacerlo rehén de intereses de un grupo específico). Y no creo que sean lo más importante. Lo que sí recuerdo son pocas cosas, pero que me quedaron muy grabadas:

  • Uno no sale corriendo, así haya mayoría en contra. Si uno es profesor debe mantener cierta entereza, aún si algunos le avisan que “es peligroso”. Puede que a veces lo sea, pero la inmensa mayoría de las veces no lo es. Si son estudiantes, no es “peligroso” – si son infiltrados claro que sí lo es. Agradezco infinitamente a Alejandro el haberse quedado ahí – yo habría salido (ahora tal vez no – me impresionó lo que puede hacer cierta calma y entereza).
  • Muchos estudiantes parecían de hecho muy contentos con que nos hubiéramos quedado ahí. Otros eran más crudos, más “groseros” – pero en realidad no mucho, nada que uno no haya oído en otros lados. De hecho, ellos ejercieron mucho auto-control también.
  • El ejercicio tiene su tiempo. No es salir corriendo pero tampoco es eternizarse ahí. A nivel simbólico es fuerte quedarse pero la fuerza del acto se diluye si uno se queda mucho tiempo.

Después de ese día, otros estudiantes escribieron, que querían en todo caso escuchar la clase de Alejandro, que cuándo la reprogramaban – el departamento dijo que sentían pena con él por no haber podido dar su clase, pero que él no tenía ninguna obligación de volverla a dar. Sin embargo, Alejandro sí quería dar su clase otro día. Pero finalmente organizaron la clase unas semanas después, con asistencia reducida – yo estaba fuera del país ese día y por lo tanto me la perdí.

Recordaba eso hoy por la visita de Santos ayer a la Universidad, al mismo recinto. Una estudiante, Sara Abril, le contestó duro. En los foros hay mucha gente muy indignada -que qué pena haber “faltado el respeto” al presidente, que cómo habla de mal Sara Abril, etc.

Mi posición al respecto:

  • Primero que todo, celebro que el presidente haya estado en el Aula Máxima de la Universidad Nacional. Es el recinto académico por excelencia de este país – ningún lugar como el León de Greiff simboliza para Colombia el pensamiento académico del país. Habrá muchos recintos con charlas, disquisiciones mucho más sofisticadas pero el León de Greiff es un topos máximo, un lugar de importancia crucial para el país – así muchas veces lo olvidemos. El presidente parece tener muy claro eso. Hace mucho tiempo no se daba esa presencia presidencial.
  • El diálogo entre el país y su universidad es crucial, y se da de mil maneras distintas, a través de representantes, de proyectos, de veinte mil cosas. Pero hay una expresión inglesa que cabe bien aquí: press the flesh. Apretar la carne. Saludar a alguien mirando a los ojos y dando la mano siempre es distinto de hacer un clic en una máquina. La presencia presidencial (y no de delegados o máquinas que igual siempre llegan) en el recinto hace que arranque un ejercicio difícil para los estudiantes y para el gobierno: hablar mirando a la cara.
  • Sara Abril habla duro. Para mí tanto ella como el gobierno están buscando un lenguaje, buscando una manera de hablar después de décadas de no hacerlo. Sí, suena destemplado todo. Lo grave sería que sonara todo igual de destemplado en el siguiente encuentro. Lo grave sería que no hubiera siguiente encuentro.
  • Si el presidente Santos es avieso, logrará ver que logró cosas inmensas ayer, con su presencia, con su retórica (mala pero al menos directa). Y que para el país es bueno (es vital) que esté mejor la Universidad suya, la de Colombia. En este momento confío en el presidente en ese sentido (puedo estar equivocado, como con cualquier político).
  • Si los estudiantes (¿Sara Abril?) son aviesos y despiertos, se darán cuenta de la oportunidad inmensa que se abrió ayer. Fácil no será que continúe el diálogo, pero cuando se abre es un crimen dejarlo ir. Yo confío en los estudiantes en este momento. Aquí sí no creo equivocarme: la Nacional tiene entre sus estudiantes lo mejor que da este país. De ahí saldrá algo, ojalá muy bueno.
  • Los profesores podemos ponernos bravos, indignarnos, recriminar a Sara Abril o a otros estudiantes. Seguro está bien que algunos lo hagan – como mi colega Fabián Sanabria, que en su tuiter denuncia el bajo nivel del léxico de Sara Abril. Pero lo que no podemos hacer – como nos mostró ese día en el mismo recinto Alejandro Martín – es salir corriendo. Hay que estar ahí en este momento.

sorpresa – Die Schöpfung

AbrazoSerpiente
Imagen de la película El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra) – foto: Liliana Merizalde

La película me cogió un poco por sorpresa y me emocionó mucho más de lo que esperaba. No solamente por sus imágenes impresionantes (el cuidado fotográfico del cine de Ciro Guerra es espléndido – con su control de la saturación, los reflejos, el agua, las caras) sino por la historia.

Da para muchas reflexiones. Una de sus películas anteriores, Los viajes del viento, también generó toda clase de polémica. En esta hay un poco de todo: caucheros, ecos del conflicto colombo-peruano, ecos de la Vorágine, dos historias de etnógrafos entrelazadas, una visión un poco romántica de la ayahuasca (llamada en la película con otro nombre, tal vez de manera simbólica) – pero sobre todo un personaje central con presencia escénica muy fuerte, Karamakate – un guerrero/shamán, aparentemente el último sobreviviente de su tribu.

Ecos de esas historias complejas – pero trazadas de manera muy simbólica por Ciro Guerra (como señalaba María Clara en nuestra caminata de vuelta del cine) – en mi mente:

  • el agua – mansa y a veces bravísima
  • los reflejos en la barca – solo por eso ya valdría la pena ver la película
  • la actuación del personaje principal (Karamakate)
  • la visión preciosista de las texturas de hojas – algo para lo cual el blanco y negro es medio perfecto
  • la música … sí, en un momento dado (¿spoiler?) la música juega un papel sumamente contundente en la película – en particular Die Schöpfung de Haydn, ese oratorio de la creación del mundo, una de las obras más impresionantes de toda la música de todas las épocas y de todas las culturas

Esta versión del oratorio (Eugen Jochum, Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, 1951 -con Walther Ludwig, Irmgard Seefried y Hans Hotter) es antigua y buena:

voto

Addenda (5.12 pm): alivio muy profundo. Me llamó primero el primo desde Lima a celebrar. Luego Juanita, luego mi mamá. Hay alivio fuerte en este momento.

La votación se sentía tranquila hoy por la mañana en Chía. Pura sensación de expectativa (tal vez resignada a una posible derrota, pero imposible adivinar qué piensa la gente, que parecía hermética hoy – Chía tradicionalmente era un pueblo de godos pero probablemente eso ha cambiado un poco con la gente que ha ido llegando en los últimos 20 o 30 años). Hoy nadie estaba hablando duro, nadie estaba muy efusivo, nadie nada. Todos esperando a ver qué.

Los cafés estaban casi todos cerrados en la plaza principal (la iglesia ella sí, abierta). Sol suave, olor a almojábanas y tinto, poca presencia de la policía – ciclistas en la montaña (¿a qué horas votan? ¿votan?). Y el país entero suspendido ahí.

Algo de Guasca, el fin de semana pasado (saliendo hacia Gachetá, a unos 2900 msnm):

Pink Colombia – suspended time

These days (being tired with things, end of the semester, lots of cumulated work to do, close deadlines) I seem to give up to emotional moments – I respond, when tired, when my mind mixes sheaf cohomology of ideals, generalized modular invariants, typesheaves, categories of AECs, Robinson properties… my own projects, mixed in my mind with the projects of my students in a logic class and in a discrete math class (each group its own project – from game theoretic (+ Mumford theory) image processing to second order logic applied to database theory, through many odd things – dependent logic, elliptic curves in crypto…) and organizing meetings and… , I respond emotionally to apparently simple things.

Nairo Quintana, Rigoberto Urán on stage 20 at the Giro d'Italia. Their solidarity could be part of the Latinoamérica (Calle 13) video!
Nairo Quintana (Boyacá – Colombia), Rigoberto Urán (Antioquia – Colombia) today on stage 20 at the Giro d’Italia. Their solidarity today was a beautiful lesson for all Colombians.

The Colombians’ prowess in the Giro d’Italia has been one of them. Nairo Quintana is a giant, Rigoberto Urán too. They are at this point number 1 and 2 in the giro – there is still tomorrow’s stage – hopefully they will keep these positions until Trieste. Even if that does not happen, what they have done has brought a rare moment of release of tension – symbolic and fragile – but perhaps necessary at a moment like this.

Wherever I look around in Colombia these heady days, people seem concentrated in febrile activity (“I need to finish this project, I need to submit that paper, I need to talk to these people, I need to organize these lectures”). Everybody talks about impending tasks, lectures, deadlines, papers. Yet our mind is somewhere else. We concentrate on our work, desperately these days, and crazily welcome displays of otherness in our Quintanas and Uráns, displays of fraternity in competition, of beautiful efforts in gorgeous landscapes, wearing pink (of all colors! pink because this is the color of number 1 in Italy’s giro – Quintana as I write this, and possibly till the end – but extremely symbolic in other ways). Yet our mind is worried.

And we are tired of this tension, of this suspension. And we may get very emotional. An opinion columnist in one of the main printed magazines of the country says it clearly: this is not a vote, this is a feeling. León Valencia (columnist in Semana, former guerrilla member) tells us how last Thursday he could not overcome tears when he embraced (retired) general and member of the peace committee in Havana, Jorge Enrique Mora – he wanted to thank him for what he is doing for peace in Colombia, and that the honor of representing a country in search of reconciliation is not beneath the sacrifice of having represented it in a war. This description of emotion at a moment of great danger for the peace process in many ways reflects what many of us feel here.

The whole country feels like being on a plane whose engine may have stalled, we do not know for sure. We hold our breaths until June 15. Nobody can say for sure what will happen that day – which one of the two candidates will become the president. The current president was elected on the opposite platform, but his enormous work in bringing Colombia to this peace process, and the depth of difficulties faced since the process started – complex reasons underscoring these of course, but the brutally fierce opposition of the extreme right of the country – now materialized in the opposing candidate, and possibly (hopefully not) getting the presidency for the next four years have brought the process to a possible halt.

One should like to think that a process at this stage, and of this depth of consequences, should not depend on who is president of Colombia at a given moment. Yet reality has shown that the hatred, vengeful attitude and complete disregard for rules of any kind (even of the most basic) is what moves the opposing candidate. And a serious portion of the country follows them.

That is perhaps one of the reasons why seeing Quintana and Urán being number one and two in the giro, at the same time extremely competitive but also collaborative beyond their differences, has been watched with such hopefulness and such emotion in this country. Not only is it an incredible respite from tension around the country but also a reminder of how dedicated work, not too many words, serious face, strong work (but knowing when to release, not mere working, working, working as the stupidest of all Colombians living used to boast when he was president – rather, working cleverly, going up knowing when to accelerate, concentrated, and also knowing when to unwind and to look at the big picture) can sometimes bring those summits.

But pink is also the symbol of the winner in Italy’s giro: the number one runner wears a maglia rosa – a pink cycling outfit. In his hometown (Cómbita) in Boyacá people (men, women, old, young) decide to dye in pink their ruanas – their typical ponchos. The effect is a bit hilarious, and becomes a modest symbol of release in this tension.

Addenda: through youtube’s recommendations (something I never look at, usually), I fell into listening to a singer I didn’t know: Stromae. Belgian (the son of a Rwandan father and a Flemish mother – he grew up in a French-speaking neighborhood of Brussels), in his song Alors on danse his pronunciation of French, and the brutal contained energy made me think of early Brel – I later realized this is an extremely talented young singer/performer – who combines his Belgian closeness to Brel with many other worlds: hip-hop of course, but at times Western African rhythms (his song-homage to Cesária Évora, Ave Cesaria watch the beautiful tango dancing! – is completely different from his Alors on danse), serious French wordplay (oulipien at times, as in Moules Frites, where the wordplay has a completely innocent face [eating mussels and fries…] yet describes a guy who likes to have unprotected sex, and gets AIDS as a result, the whole sing sung in a way that could be heard many times without ever dreaming the point), strong parody (as in Carmen – where he sings on the universally known melody of Bizet’s Carmen – l’amour est comme l’oiseau de twitter…), Cuban-like sadness with Quand c’est, a song (of rage) to cancer, which in French almost sounds like “when is it/quand c’est”, or just a song about a boy looking for his (missing, as his own father who was killed in the Rwanda genocide) father in Papaoutai – Brel again in the rage and West Africa in the rhythms.

The playing part reaches a strange paroxysm in Formidable – a strange (and unsettling) impersonation of a drunk man in a street (of Brussels or Montreal, where he acted the song in the metro), talking to people the way completely drunk (bourré) people speak to people in the street. Apparently the first version was filmed in the Rond-point Louise in Brussels, with hidden camera, next to a tram stop – as he is famous, people saw him, took his pictures on their phones and twitted about “Stromae being completely drunk in the street” before the (official) release of the song. Of course, at this point, the whole thing could be a story, the whole strategy to release through twitter is most probably a stunt carried by his producers.

Yet there is some sadness in the piece – some possible truth and comment on this loneliness, by the (Belgian) son of a Rwandan victim and a Flemish mother – that (I think) permeates the video. I wonder where this will go – Stromae is very talented and versatile. I just hope he will hold on and will not allow himself to fall through the cracks and dangers.

Here is the Montreal version (the Brussels one has better sound, and is better produced – with the backdrop of Louise):

Versatility, flexibility, experimentation, à fleur de peau – those are some ingredients of Stromae’s talent. Consider Te quiero – ceci n’est pas un clip:

Cifras y gráficas

Aquí, y aquí, y seguramente en futuros posts en su blog, Javier Moreno (y, creo, también Daniel Moreno) analizan las elecciones (y muchos otros indicadores importantes en Colombia, en temas de educación por ejemplo) usando diversos métodos estadísticos. Desglosan en particular el peso particular que pueden tener (o no) los abstencionistas de ayer.

Tratar de leer esos datos puede ser desolador (en cierto sentido son aún más duros que todos los análisis que uno ve por ahí). Pero creo que el ejercicio es muy interesante, y puede indicar puntos sutiles (en algunos casos confirmar lo que uno “ya sabe”, en otros simplemente indicar novedades sorpresivas).

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El espejo donde mirarnos.

Hoy escribió un post Gabriel Padilla en su blog, donde con enorme lucidez responde a un mensaje mío y a una columna de María Jimena Duzán salida ayer – mensaje mío de desesperación ante el resultado triste de las elecciones presidenciales (primera vuelta) en Colombia ayer 25 de mayo, y columna de María Jimena en la que trata de desglosar el “método Uribe” para lograr esos resultados. María Jimena hace una lectura del libro de Hitler (Mi lucha) y – cuidándose de decir que Uribe sea Hitler, María Jimena es más refinada que eso – sí esboza un análisis de los paralelos aterradores entre frases de Hitler y lo que ha terminado haciendo Uribe en Colombia.

Gabriel lleva el análisis a un grado mejor – muestra los paralelos con Goebbels (el “genio de la propaganda” de Hitler, en gran medida co-responsable de ese horror), pero ahonda también en las raíces de la destrucción de la democracia – a manos liadas entre marxismo y fascismo. La generación de masas no pensantes, pero muy actuantes, el uso brutal de slogans en lugar y reemplazo de pensamiento independiente, la birla y burla sistemática de lo que ambos llaman “intelectualismo pequeño-burgués” de casi cualquiera que trate de mantener una posición independiente, se alimentan mutuamente.

Y  héte aquí que, entonces, aparece el fascismo. No aparece por arte de magia. Surge cuando hemos confundido a nuestra propia población votante de tal modo que el 60% de ella se abstiene de participar o deja de importarle el destino de nuestra sociedad. Surge cuando decidimos suicidarnos colectivamente, como las ballenas que encallan en la playa. El fascismo asoma los colmillos el día que nos cansamos de no pensar, por esa desesperanza aprendida que nos han enseñado los Marxistas.

Nos invita, finalmente, a mirarnos con más cuidado en nuestro espejo/Venezuela, en el “hermano país” que se parece a nosotros más de lo que normalmente creemos, y a notar cómo la destrucción de la sociedad civil por parte de políticos (de derecha o izquierda) o de guerrillas estilo las FARC terminó llevando el país (ambos: Venezuela y Colombia) al estado actual de fascismo – y del crecimiento de un monstruo similar en Colombia (monstruo que ya estuvo ocho años en el poder, y si nos descuidamos puede reinstalarse de manera aún peor).

Para decirlo más claro: En Venezuela; la derecha conspiró en contra de la democracia durante décadas. Como respuesta; se alzó un fascismo de corte y discurso izquierdista; pero fascismo al fin. En Colombia; la izquierda extrema (FARC) durante décadas ha mantenido en zozobra y penurias a buena parte de la población, especialmente rural, mientras la izquierda “moderada” torpedea, con su discurso y su forma de actuar (Petro), al mismo sistema democrático. Como respuesta, ya una vez se alzó un fascismo de ultra derecha, mismo que ahora amenaza con alzarse de nuevo.

Déjà-vu una vez más (educación “por proyectos”)

y me asalta una sensación fuerte de déjà-vu.

  • El rector habla sin rubor de “educación occidental” versus educaciones africanas, latinoamericanas, asiáticas… podría uno devolver el reloj 100 o 200 años y encontrar frases análogas. ¿Qué nos ha dejado esa manera de pensar y de repetir lo mismo?
  • El rector y el alumno de Los Caobos, muy elegantes de corbata ambos, hablan de “aprender por proyectos” como “la educación del siglo XXI”. ¿No han oído hablar de los múltiples experimentos hechos en diversas partes del mundo desde… desde que la educación empezó a masificarse, hace tal vez 150 años, y empezaron a aparecer los problemas que vemos hoy? ¿Sabrán que Wittgenstein-(profesor de escuela) ponía a sus estudiantes a hacer proyectos difíciles (aunque fallara estrepitosamente si hemos de creer la opinión de los padres – campesinos de Carintia, la región más pobre y atrasada de Austria – de sus alumnos), en la década de 1920? ¿Han oído hablar de Freinet, de Waldorf,… y de las múltiples implementaciones a muchos niveles, incluida nada menos que la Bauhaus de la república de Weimar?
  • El nivel periodístico de Semana muestra su capacidad nula de crítica/investigación frente a esas cosas. No solamente no ponen nada en contexto sino se limitan a emitir “cápsulas de realidad” dirigidas a un público que quiere desesperadamente seguir pagando millonadas por que sus hijos tengan “una buena educación” (principalmente, conexiones y acceso a ciertas universidades, y aprender a manejar ciertas herramientas básicas de pertenencia a su medio social). Pero visión crítica nula, pura repetición de verdades encapsuladas – Cajitas Felices de McThought o McEd.
  • Un punto a rescatar: el rector asume una posición levemente crítica frente a la interpretación de PISA. No se puede saber qué tan crítica, pues los McPods de información de Semana duran muy poco. Pero de pronto hasta es un personaje interesante. Lo que alcanza a decir suena muy banal, casi como Llinás, pero no es posible saber de verdad quién es o qué piensa. Detrás de la fachada/corbata no se sabe si hay un cerebro o no.
  • Los sitios que han logrado hacer cosas buenas en general han mirado mucho hacia adentro. Usan lo de “afuera” no para copiarlo sino para mirar más seriamente lo de adentro. No se ponen a imitar modelo Singapur, ni australiano, ni francés ni suizo. Se ponen a hacer cosas con lo local, muy seriamente. Eso les da un “filo” cortante que después permite conectar en muchas direcciones bien. No es claro con el McPod de Semana qué tanto están haciendo eso los de Los Caobos con sus proyectos, tan “novedosos” siempre (ahora o en 1920).

El Ocaso: bromelias reptantes

Aunque no sea viable capturar planos distintos, en El Ocaso sí que es fácil encontrar detalles: bromelias, cintas, urilos, zarcillos, orquídeas de mil formas y tamaños, quiches, tilantsias – todo un mundo reptante sobre los árboles que además evoca serpientes (no vi ninguna esta vez). No hay planos distintos, pero sí hay detalles que se fracturan, se enroscan, se reflejan, se urden, se traman, se osculan, se traquean, se reptan, se tocan. Carpentier y Lezama Lima describen bien eso.

Tal vez lo mejor de todo no es ni siquiera la acumulación impresionante de variantes milimétricas de especies – muchas no catalogadas aún. Lo que más impacta de entrada es la manera como tamizan, distribuyen la luz. No solo es la variedad de verdes, es tal vez de manera más milagrosa la transparencia del verde, membranosa, venosa, hecha de vasos comunicantes.

40 aprendices en Eafit

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Cildo Meireles – La Bruja I (1979-1981) – Instalación con escoba de madera y 3000 km de hilos de lana.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

(A propósito de una columna en El Espectador surgida de una noticia de fraude de 40 estudiantes de Eafit en una prueba de inglés.)

La columnista, una profesora de Eafit, trata de explicar cómo pudo pasar lo del fraude de 40 estudiantes a punto de graduarse en una prueba de inglés. En su intento de explicar lo medio obvio, me parece que se enreda.

Tiene una frase estrella: “¿Cómo obramos los profesores de Eafit? Para lidiar con una política de cero tolerancia con el fraude, empezamos por lo básico: enseñar cómo no incurrir en él.”

Enseñar cómo no incurrir en el fraude me suena como una frase absurda e ingenua. Invita a la ironía: como los catálogos de animales absurdos de Borges, que con su sonrisa nos inducía a iniciar catálogos de lo inexistente, lo impensado, lo inexplorado.

Dudo mucho que en una universidad se pueda “enseñar cómo no incurrir en el fraude”: ¿cómo organizaría usted su currículo para eso? ¿qué tipo de “cartilla” armaría?

Pues bien, en Eafit en primer semestre los estudiantes (dice la columnista, a ver si es tan cierto) “los alumnos de todas las carreras en Eafit deben aprobar cursos como Edición Textual y Prácticas textuales, cuyo contenido hace énfasis en la propiedad intelectual…” Suena como un catálogo de buenas intenciones, en el mejor de los casos, y como una ingenuidad de esas peligrosos – casi una invitación al fraude para algunos estudiantes, en la mayoría de los casos.

Cuando un niño pequeño de dos a tres años le pega a otros niños de su edad, la única manera de que aprenda que pegar no está bien, que causa daño, es que otro niño un poco mayor también le pegue, no inmiscuirse, y esperar que no le den tan duro pero entienda. Creo que el fraude, y el evitarlo, y el huirle al fraude, se aprende a esa edad, no en la universidad. A esas edades se empiezan ya a negociar cosas que determinan mucho de lo que la gente hará después.

Cuando llegan a Eafit, los estudiantes tramposos ya no pueden aprender a “no incurrir en el fraude”. Pueden si acaso aprender a temer las consecuencias.

Los mejores cursos de seguridad informática se dan armando un sistema y poniendo a los estudiantes a romper su seguridad. Es ahí donde se pueden entrenar. Creo que algo análogo pasa con el fraude.

Eafit entre sus donantes, al igual que cualquier universidad cercana al medio empresarial de un país como Colombia, de una ciudad como Medellín, probablemente debe tener algunos de los ejemplos más logrados de fraude que se han dado en este país (y bien logrados si no los han cogido en su fraude y metido presos aún). Es impensable lo contrario, desafortunadamente – basta ver alguna otra parte de El Espectador para ver que la mayoría del fraude de alto nivel en el país es perpetrado por… egresados de lugares similares a Eafit. Los que acceden a Eafit probablemente vienen de colegios que de muchas maneras han recibido toda clase de donaciones de padres ricos, cuyos hijos han recibido tratamiento “especial” – los niños perciben eso perfectamente, seguramente de manera más aguda que los adultos. Los sitios estilo Eafit y los colegios que permiten llegar ahí suelen ser escuelas de fraude casi perfectas.

La verdad, que 40 estudiantes de Eafit hayan comprado sus notas del examen de inglés, no me sorprende ni un segundo. Me sorprende (un poco) que los hayan echado – probablemente simplemente hicieron el fraude de alguna manera un poco bruta o demasiado obvia, y si no los echaban alguien hablaba duro y terminaban enredando a alguien más arriba que los 40 estudiantes.

La autora dice que “Cuando se detecta un fraude, se emprende un procedimiento disciplinario de acuerdo con el reglamento universitario. El conducto regular en cualquier universidad que se respete.”… tal vez ella no sabe que en algunas universidades de Estados Unidos, bien respetables (Stanford, otras de la costa oeste) el código prohíbe explícitamente entablar acciones legales de ese estilo. Los estudiantes de Stanford por definición no hacen fraude, y en los exámenes está prohibido que el profesor esté cuidando en el mismo salón – tiene que quedarse en el corredor, por si los estudiantes tienen preguntas -, pues el quedarse en el salón es desconfiar de los estudiantes, que por definición no hacen fraude… Cuando un estudiante no va a clase o a un examen, quienes deben escribir su excusa son… sus roommates, no un médico como en nuestras universidades. Probablemente incurren menos en mentiras fraudulentas que en nuestros sistemas.

El fraude a mi modo de ver, donde existe (en toda Colombia, con presencia peculiarmente alta en sitios estilo Eafit – en buena parte de América Latina aunque tal vez menos en Uruguay que aquí, en los países mediterráneos, en Estados Unidos a muchos niveles, en Francia, en Rusia a la vista de todo el mundo, en Japón cuando las cosas son a nivel… Fukushima) a mi modo de ver es un problema social global endémico, que no se puede resolver mediante cursos de primer semestre. Se resuelve en casos particulares mediante situaciones fuertes que enfrentan a los fraudulentos con un fraude mayor del cual pueden ser víctimas, o con situaciones que muestran de manera obvia al fraudulento que le va mejor sin hacer fraude.

Finalmente, la columnista habla de rankings, y subraya que “Eafit está de quinta en el país”. Ese mundo de los rankings universitarios sí que ha generado fraudes de toda clase, y brutales.

Morton Feldman - XXX - anécdotas y dibujos. 1984. Lyon, 2011 - foto: Andrés Villaveces
Morton Feldman – XXX – anécdotas y dibujos. 1984.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

Varasanta: 200 años – libertad en proceso.

Casi dos horas de vértigo: el teatro Varasanta en Bogotá nos invita a revisitar momentos de la conformación del “ser colombiano” a través de mil actos, gritos, golpes, invitaciones al público a “paredones” de preguntas sobre el país durante los últimos 200 años, batallas, actos de conquista, de rebelión, de castigo (José Antonio Galán, por ejemplo), de euforia y borrachera de libertad, de superposición de trajes.

Como es imposible reducir a simples líneas la intensidad de hierro al blanco vivo de la interpretación teatral, la sensación de estar “jugándosela” que se percibe, el milagro del tener actores vivos ante uno usando pocos recursos materiales pero brutalmente expresivos con sus voces, con sus cuerpos, con sus ritmos, con sus melodías, con sus trajes, con su coreografía/escenografía, me limito a señalar al vuelo aspectos que me impactaron (tenue reflejo de una obra que simplemente hay que ver):

  • El uso muy dinámico de una cantidad impresionante de fragmentos de documentos importantes (discurso de José Antonio Galán, acto de las autoridades coloniales contra el mismo, condena a muerte, autos de ventas de esclavos, discursos de Gaitán, textos del manifiesto paramilitar (¿Castaño?) estridentísimamente declamados por una voz con acento antioqueño, absolutamente escalofriante – y muchos otros textos sueltos que seguramente los historiadores saben reconocer.
  • El uso lúdico de un poco de participación del público (la sala se presta bien para eso) a través de un supuesto “paredón tricolor” de colombianidad. Bien manejado.
  • La poesía (Nocturno de Silva, por ejemplo) en momentos claves de transición y cierre.
  • La música (músicas indígenas, músicas de origen africano, canciones de la Independencia, salsa caleña, etc.). Usada inteligentemente – insistentemente, duramente.
  • El espejo de la cruz/yelmo del conquistador – la destrucción de los indígenas por el reflejo.
  • La transposición de textos (canto del himno nacional traspuesto, trastocado, el himno a la bandera, etc.).
  • Las mujeres presentes en mayoría y abundancia. Indígenas, negras esclavas, mujeres de los conquistadores – y en momentos clave, Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, María Cano, Manuela Sáenz, las Ibáñez. Las mujeres agresivísimas en la Colombia “de bien” paramilitar de años recientes. La mujer cirujana del escudo, con el sagrado corazón en vivo: un verdadero corazón (¿de cerdo?) casi latiendo ahí dando vueltas junto al público – y la operación del escudo/Colombia a corazón abierto.
  • Los trajes superpuestos: desde los brazaletes de oro precolombinos hasta los chaquetones del siglo 19, de colores fuertes y brillantes, con consignas tejidas.

Fue una noche de teatro en la que se sentía fuerte la valentía del director, de los actores. Se supone que el sábado fue la última representación, por lo menos por ahora. Pero si reaparece en algún festival o ciclo, realmente vale la pena.

Heaney, away

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Mi poeta contemporáneo preferido ha muerto hoy. En medio de noticias de paros, bloqueos, actitudes admirables y justas (campesinos de Boyacá), aburridas y poco imaginativas (bloqueadores de la Universidad), preocupantes (vándalos jóvenes en todas las ciudades grandes del mundo – Londres, París, Bogotá – que expresan cierta rabia tal vez justificada en algunos casos – pero la expresan destruyendo bienes públicos)… veo la noticia de la muerte de Seamus Heaney y aterrizo. Es la realidad más real.

Pocos como él logran capturar el vacío en el estómago de pasar una frontera, de encontrar una fosa común armada por paramilitares (durante el conflicto de Irlanda del Norte), de sentirse barro puro, que finalmente seremos todos. Heaney para mí es en poesía lo que en música es Dylan, sumado con la percepción de un Gracq, pero con la acción (thrust, palabra realmente intraducible) muy anglosajona que para mí logra ese ritmo y esa prosodia que nuestros idiomas latinos (más llanos, más planos, muy líricos sí pero sin la acción del hombro remando que tiene el inglés) como el francés o el español se pierden.

Recuerdo cuando recibí el gran volumen de poemas de Heaney, las obras recolectadas hasta finales del siglo pasado, y durante meses atesoré y leí esos poemas que revelaban como cuadros viscerales – cuadros de Bacon pero acaso aún más biliosos y a la vez diáfanos – esa otra guerra en Irlanda, ese otro campo, esa turba, esas masacres – y esa vida llena de sal marina y verde y entradas del Atlántico que lograba de alguna manera mezclarse con el horror (humano, de la guerra).

Al ver la noticia volví a buscar un poco. No hay que ir muy lejos. Este poema  –  de la frontera de la escritura, vivida como un paso de una frontera (¿Israel-Palestina? ¿Irlanda-Ulster? ¿barrios católicos-barrios protestantes de Belfast? ¿Algún retén en Colombia? ¿Entrar a Estados Unidos o a la Unión Europea?) lo tiene todo. El movimiento, la duda, la expectativa, la vida subyacente, la posibilidad de errar y caer en un vacío, el rifle que puede disparar por error, la respiración contenida. La ambigüedad, a la vez peligrosa y vital. Y mucho más que yo ni veo pero usted sí notará claramente. Como en la escritura.

From The Frontier Of Writing

The tightness and the nilness round that space
when the car stops in the road, the troops inspect
its make and number and, as one bends his face

towards your window, you catch sight of more
on a hill beyond, eyeing with intent
down cradled guns that hold you under cover

and everything is pure interrogation
until a rifle motions and you move
with guarded unconcerned acceleration—

a little emptier, a little spent
as always by that quiver in the self,
subjugated, yes, and obedient.

So you drive on to the frontier of writing
where it happens again. The guns on tripods;
the sergeant with his on-off mike repeating

data about you, waiting for the squawk
of clearance; the marksman training down
out of the sun upon you like a hawk.

And suddenly you’re through, arraigned yet freed,
as if you’d passed from behind a waterfall
on the black current of a tarmac road

past armor-plated vehicles, out between
the posted soldiers flowing and receding
like tree shadows into the polished windscreen.

Seamus Heaney