Varasanta: 200 años – libertad en proceso.

Casi dos horas de vértigo: el teatro Varasanta en Bogotá nos invita a revisitar momentos de la conformación del “ser colombiano” a través de mil actos, gritos, golpes, invitaciones al público a “paredones” de preguntas sobre el país durante los últimos 200 años, batallas, actos de conquista, de rebelión, de castigo (José Antonio Galán, por ejemplo), de euforia y borrachera de libertad, de superposición de trajes.

Como es imposible reducir a simples líneas la intensidad de hierro al blanco vivo de la interpretación teatral, la sensación de estar “jugándosela” que se percibe, el milagro del tener actores vivos ante uno usando pocos recursos materiales pero brutalmente expresivos con sus voces, con sus cuerpos, con sus ritmos, con sus melodías, con sus trajes, con su coreografía/escenografía, me limito a señalar al vuelo aspectos que me impactaron (tenue reflejo de una obra que simplemente hay que ver):

  • El uso muy dinámico de una cantidad impresionante de fragmentos de documentos importantes (discurso de José Antonio Galán, acto de las autoridades coloniales contra el mismo, condena a muerte, autos de ventas de esclavos, discursos de Gaitán, textos del manifiesto paramilitar (¿Castaño?) estridentísimamente declamados por una voz con acento antioqueño, absolutamente escalofriante – y muchos otros textos sueltos que seguramente los historiadores saben reconocer.
  • El uso lúdico de un poco de participación del público (la sala se presta bien para eso) a través de un supuesto “paredón tricolor” de colombianidad. Bien manejado.
  • La poesía (Nocturno de Silva, por ejemplo) en momentos claves de transición y cierre.
  • La música (músicas indígenas, músicas de origen africano, canciones de la Independencia, salsa caleña, etc.). Usada inteligentemente – insistentemente, duramente.
  • El espejo de la cruz/yelmo del conquistador – la destrucción de los indígenas por el reflejo.
  • La transposición de textos (canto del himno nacional traspuesto, trastocado, el himno a la bandera, etc.).
  • Las mujeres presentes en mayoría y abundancia. Indígenas, negras esclavas, mujeres de los conquistadores – y en momentos clave, Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, María Cano, Manuela Sáenz, las Ibáñez. Las mujeres agresivísimas en la Colombia “de bien” paramilitar de años recientes. La mujer cirujana del escudo, con el sagrado corazón en vivo: un verdadero corazón (¿de cerdo?) casi latiendo ahí dando vueltas junto al público – y la operación del escudo/Colombia a corazón abierto.
  • Los trajes superpuestos: desde los brazaletes de oro precolombinos hasta los chaquetones del siglo 19, de colores fuertes y brillantes, con consignas tejidas.

Fue una noche de teatro en la que se sentía fuerte la valentía del director, de los actores. Se supone que el sábado fue la última representación, por lo menos por ahora. Pero si reaparece en algún festival o ciclo, realmente vale la pena.

Heaney, away

heaney_seamus

Mi poeta contemporáneo preferido ha muerto hoy. En medio de noticias de paros, bloqueos, actitudes admirables y justas (campesinos de Boyacá), aburridas y poco imaginativas (bloqueadores de la Universidad), preocupantes (vándalos jóvenes en todas las ciudades grandes del mundo – Londres, París, Bogotá – que expresan cierta rabia tal vez justificada en algunos casos – pero la expresan destruyendo bienes públicos)… veo la noticia de la muerte de Seamus Heaney y aterrizo. Es la realidad más real.

Pocos como él logran capturar el vacío en el estómago de pasar una frontera, de encontrar una fosa común armada por paramilitares (durante el conflicto de Irlanda del Norte), de sentirse barro puro, que finalmente seremos todos. Heaney para mí es en poesía lo que en música es Dylan, sumado con la percepción de un Gracq, pero con la acción (thrust, palabra realmente intraducible) muy anglosajona que para mí logra ese ritmo y esa prosodia que nuestros idiomas latinos (más llanos, más planos, muy líricos sí pero sin la acción del hombro remando que tiene el inglés) como el francés o el español se pierden.

Recuerdo cuando recibí el gran volumen de poemas de Heaney, las obras recolectadas hasta finales del siglo pasado, y durante meses atesoré y leí esos poemas que revelaban como cuadros viscerales – cuadros de Bacon pero acaso aún más biliosos y a la vez diáfanos – esa otra guerra en Irlanda, ese otro campo, esa turba, esas masacres – y esa vida llena de sal marina y verde y entradas del Atlántico que lograba de alguna manera mezclarse con el horror (humano, de la guerra).

Al ver la noticia volví a buscar un poco. No hay que ir muy lejos. Este poema  –  de la frontera de la escritura, vivida como un paso de una frontera (¿Israel-Palestina? ¿Irlanda-Ulster? ¿barrios católicos-barrios protestantes de Belfast? ¿Algún retén en Colombia? ¿Entrar a Estados Unidos o a la Unión Europea?) lo tiene todo. El movimiento, la duda, la expectativa, la vida subyacente, la posibilidad de errar y caer en un vacío, el rifle que puede disparar por error, la respiración contenida. La ambigüedad, a la vez peligrosa y vital. Y mucho más que yo ni veo pero usted sí notará claramente. Como en la escritura.

From The Frontier Of Writing

The tightness and the nilness round that space
when the car stops in the road, the troops inspect
its make and number and, as one bends his face

towards your window, you catch sight of more
on a hill beyond, eyeing with intent
down cradled guns that hold you under cover

and everything is pure interrogation
until a rifle motions and you move
with guarded unconcerned acceleration—

a little emptier, a little spent
as always by that quiver in the self,
subjugated, yes, and obedient.

So you drive on to the frontier of writing
where it happens again. The guns on tripods;
the sergeant with his on-off mike repeating

data about you, waiting for the squawk
of clearance; the marksman training down
out of the sun upon you like a hawk.

And suddenly you’re through, arraigned yet freed,
as if you’d passed from behind a waterfall
on the black current of a tarmac road

past armor-plated vehicles, out between
the posted soldiers flowing and receding
like tree shadows into the polished windscreen.

Seamus Heaney

Haunt(haunt(…(haunt)…))

Hotel Prado, Barranquilla
Hotel Prado, Barranquilla

During the first two days of coordination of International Mathematics Olympiad we the coordinators (and the team leaders, and the organizers) were all stationed in the Prado Hotel of Barranquilla. The contestants (high schoolers all of them) were meanwhile in Santa Marta, another city some two hours away by car.

The hotel in Barranquilla, built in the 1930s, evokes images of movies – of course, Grand Hotel, but also and foremost for me Some Like It Hot, that incredible comedy with Tony Curtis, Jack Lemmon and (of course) Marilyn Monroe. The hotel in Miami in that movie completely blended in my mind with the hotel in Barranquilla where we were stationed during those two days.

Before the actual rush of grading, discussing, coordinating, checking solutions (or bits of solutions, alas) started, there was enormous tension in the air. The balmy evenings of Barranquilla, full of humidity and breeze relieving the day heat were all mixed with expectation: expectation of the terrible amount of work waiting for us, and of possible tough discussions with team leaders.

For those of us who were there first time (not too many: Math Olympiad people seem to be a closed clique in many countries) it was an experience (of expectation, of pre-coordination, of tension, of inner questioning on the actual worth of the quest).

Reading Masha Gessen on Perelman and the way IMO and other Math Olympiads shaped him (and allowed him entrance to Leningrad’s MathMech) was crucial in this moment.

To fend the workings of memory and combat the ghosts of loneliness amid the crowd, I would haunt those wandering corridors.

newsreel

  • (n+1)-ary predicates Q (Qomposition predicates, as John Goodrick wittily calls them) on “affine copies of groups” will haunt me for a long time, it seems…
  • They claim they will “now start” a new study for a subway for Bogotá. I don’t know a single person (in real life) who actually believes we will see a subway in Bogotá in our lifetimes (by subway I mean a real sub-way, under-ground – not the horrors they do in some cities where they build an elevated train and destroy the downtown areas). By the time they will end doing those studies, transportation in the world will have moved to something else altogether.
  • Watching Venezuela crumble almost by-the-hour is a painful activity. What seemed to remain of a dream of decency is now being demolished. Of course, Colombia crumbled also, a long time ago. These countries (where seemingly populations are “among the happiest in the world” if one believes what they claim) seem to hover perpetually between low expectation, high frantic activity that seems to lead nowhere. Brownian motion is a fair description of this part of the world. Occasionally, the odd attractor appears, and brings ever more hovering, ever more false hope, ever more disturbance, like someone who would try to move dust by banging on a table, creating a cloud, until it settles again. Hello, Latin America.
  • Yet we have these wonderful seminars and these enthusiastic students (and people working in cultural activities) all around. If there is any meaning here, it is there (and in the mountains, and in local initiatives of real people, such as amazing Don Benedicto – some other day, his story).
  • As they get older they learn less. Like students who become too old while still being students. They get too quirky. We all get too quirky.
  • The best book by far I have read recently is Lem’s Golem XIV. My earlier posts barely scratch the subject. His vision of Evolution (as making things worse and worse, as descending from creating algae that can do quantum photosynthesis to creating us human beings (who are just mechanical pumps and peristaltic motion machines and really really boring mechanical devices as opposed to wonderful algae), is for me, completely original). I am still recovering from reading the previous ten pages. No book recently has given me so much thought fodder. Not even reading Serre’s paper on Complex Multiplication in the famous Algebraic Number Theory volume (four pages of math that have kept my mind turning for a month now).
  • I can really NOT understand how people can claim that Lem was “an amalgam of some Soviet official thinkers”. If there is someone really non-Soviet (by this I do not mean anti-Soviet, I mean non-Soviet, a much more radical concept, as Taleb teaches us, when warning us about Harvard-Soviet danger), it is good old Stanisław Lem. Soviet (and official communism) is a bit like Christian thinking: scatological and Paradise-driven and… smelling of nuns in a convent. Lem is, if anything, an anarchist, a pure anarchist. Nothing less Soviet than a true anarchist. Anarchism is the state of mind of those who try to run free from slavery, like the Israelites leaving Egypt. Lem is exactly that: a pure anarchist (like Moses when he tried hard), trying to lead us (Israelite slaves) of our oppressive Egypt, unsuccessfully. We the slaves are as silly as the followers of Moses, who start adoring fake idols as soon as he (Lem, or Moses, or the few like them) turn their back on us.
A. Kiefer
A. Kiefer

Memoria de la marcha por la paz (por el maestro Dioscórides)

“… He estado en casi todas las marchas estudiantiles durante 40 años y jamás vi una manifestación más gigantesca y pacífica que ésta. En el ambiente flota un gran murmullo que tiene el sentimiento de una oración elevada con fe y esperanza rogando por el fin del conflicto. Recordé la imagen implorante de las ánimas del purgatorio que había en mi casa paterna, se me hizo un nudo en la garganta y asomó la lágrima. Colombia es un paraíso convertido por la violencia en un infierno, donde miles de desplazados buscan regresar a su tierra para levantar un techo y sembrar maíz, mientras cientos imploran la libertad de sus familiares secuestrados, otros miles buscan a sus desaparecidos y piden justicia y reparación para las víctimas. El resto levantamos los brazos en este purgatorio. …” (Dioscórides Pérez, extracto de su Memoria de la marcha por la paz.)

El maestro Dioscórides Pérez (artista, profesor en la Universidad Nacional, alguien que desde la época de estudios de María Clara siempre he seguido, desde la distancia en la Universidad, en sus acciones artísticas y su práctica del Taichí en prados de la Universidad con grupos de estudiantes) escribió una crónica impresionante de la vivencia de la marcha del pasado 9 de abril.

Aunque yo mismo participé solo por un rato corto, creo que fue una marcha realmente importante. Invito a leer el texto del maestro Dioscórides.

La primera versión de este texto circuló por facebook. Ahora esta segunda versión (un texto más complejo que la versión inicial, que me había encantado también) está aquí, para que disfruten su lectura.

Hacer clic en la imagen para ir al texto completo.

dioscoridesp

tránsitos

Vuelvo después de un hiato de un mes largo en que estuve bastante alejado de internet. Cosas maravillosas pasaron (nació Laia, Javier se salió de twitter y está dedicado a tocar un instrumento musical, con María Clara viajamos a visitar amigos – un periplo intenso y hermosísimo que incluyó una semana de trabajo muy buena con el maravilloso John Baldwin, reencuentros con David y Stella en Madison, conversaciones y un buen almuerzo con María Monterroso allá también, regreso a Chicago a recorrer museos y la ciudad con Don y Margarita – terminamos yendo a blues con John y Sharon también, comiendo buenas cosas y disfrutando de la ola de calor intensísimo – y finalmente bajamos en carro pasando por un pueblo shaker de Kentucky (primera utopía), visitando a Don y Margarita en Knoxville y las Smoky Mountains (segunda utopía en un valle perdido que fue secreto) y bajando con MC hasta Savannah (tercera utopía – socialismo del siglo 18 en plenas colonias del sur) y Charleston, y una playa de parque estatal (Hunting Island) que es uno de los lugares más hermosos que he visto recientemente).

Mientras tanto, el país siguió su curso extraño, con el cuasi-colapso del gobierno (no entiendo aún qué pasó entre el congreso y el país y la famosa reforma a la justicia.

Y en el Cauca, las comunidades indígenas decidieron sacar al gobierno y a la guerrilla. No puedo no admirar a quienes son capaces de tomar su destino en sus manos, en un lugar donde han sido eternamente vapuleados, desde mucho antes de tiempos de la República. Creo que en el fondo los indígenas del Cauca tienen la razón en lo que están haciendo (aunque sea duro ver las imágenes de enfrentamientos con el ejército), y que si el gobierno quiere, puede aprovechar esta oportunidad de hacer algo de verdad. Pero ante todo, admiro enormemente la valentía de los indígenas que se atreven a intentar sacar a los actores armados de su territorio – sin armas.

Algunas lecturas se beneficiaron de la lejanía de la red: Evelio Rosero (tanto La Carroza de Bolívar como Los ejércitos – libros que ayudan a ver con ojos distintos lo que está pasando), O’Neill (con su Netherland, que recomendó Javier para palpar el ambiente en Estados Unidos en la época del 11 de septiembre – aunque a veces la novela patina un poco, de verdad capta mucho de ese hastío, esa desorientación, esa sensación de absurdo de 2001, 2002 y 2003). Y luego el espléndido Aharon Appelfeld (de lejos lo mejor que he leído recientemente) a quien llegué por culpa de (gracias a) Philip Roth.

No hay mejor escritor del desplazamiento humano, de los sueños despierto y de las conversaciones que uno tiene con sus cercanos, estén vivos o no, de los cuentos que se arma uno para sobrevivir, que Aharon Appelfeld. Quedé anonadado (como le pasó a Roth antes) con la escritura absolutamente prístina, clara, precisa y profunda de Appelfeld. Para mí fue una revelación impresionante.

De resto, fotos (muchas), caminatas, montañas, mar, libros, conversaciones, comida.

Utopías norteamericanas: los shakers y la igualdad hombre/mujer mucho tiempoavant la lettre, Savannah en su primera encarnación y el experimento social de redención de los presos ingleses a través del trabajo, sin esclavitud en pleno sur en el siglo 18, y la realización de la ciudad ideal de arquitectos italianos del siglo 16 – ciudad ideal para el biencomún- un especie de socialismo real que se vivió en medio de una de las regiones con peores récords de desigualdad en la historia (y que fue completamente suplantada – la Savannah que vemos es la ciudad lujosa esclavista sureña del siglo 19 – pero armada sobre planos idealistas del siglo 18). Otra casi-utopía: la música de Joe Hill, de finales del 19 y principios del 20, hecha para apoyar los movimientos obreros de Estados Unidos. Baladas escocesas transplantadas a la lucha obrera de esa época – hermosísimas y según Joe Hill, mil veces más efectivas que los panfletos (que se olvidan apenas nos leídos, a diferencia de canciones bien compuestas).

Las fotos enlazadas arriba recuentan lo mismo que este post, pero tal vez mejor.

Un poco de esto…: Viaje al fondo de Cuervo

alemartin:

Viaje al fondo de Cuervo
Alejandro Martín Maldonado

La exposición se trata de un múltiple juego de reflejos: Rufino José Cuervo, su Biblioteca y su Diccionario; y a través de los tres, la lengua castellana, su historia y el mundo (nuestro mundo) que por entre ella se habla y se…

Un poco de esto…: Viaje al fondo de Cuervo

Day 2: the song I hate the most

(El camino de la vida.)

“Hating” a specific kind of music, as in “hating” a specific kind of plastic art (or food, or math) is a strange category these days. “Hating” is a difficult verb in this context – usually one just “doesn’t care for” some music (or art or food), or just “avoids” listening to it.

I cannot “hate” musics that I don’t really care much for (reggaeton, champeta). I am always open to the possibility of hearing a great reggaeton song – remote for me, but still.

Perhaps hatred for a song is only possible in connection to other hatreds. I hate sentimentality, I hate kitsch, I hate the parts of Colombian culture that enhance stupid patriotism (really, all patriotism), I just have a kind of network of little hatreds (each one of them almost irrelevant – like my hatred for the plaintive-cum-threatening (passive aggressive) tone of the former president of Colombia or other politicians – or my intense dislike of many forms of stupidity/racism/kitsch) that in the end just pour themselves onto some object.

In this order of ideas, a song that I can really say I hate is El camino de la vida (http://www.youtube.com/watch?v=yp3DiXatvlQ) a Colombian bambuco that seems to concentrate my many hatreds toward many localities (fatalism, paisa kitsch, aguardiente culture). I could not even bring myself to link this in video format, sorry. If you want to torture yourself, just click on the link.

They play this absolute horror of a song at Colombian parties, weddings, etc. I just sit up and leave the room when it happens.

vêpres de Jeudi Saint dans les Espagnes

Hoy el aire en Bogotá estaba distinto. Era día laboral “normal” pero había poca gente (es extraño pensar que a pesar de tener las carreteras cerradas, a pesar de estar la mitad del país literalmente bajo metros de agua, la gente se las apañó para salir de la ciudad). Chapinero estaba medio vacía – la Quinta que en un miércoles normal por la tarde tiene tanto tráfico estaba suave.

Como un domingo pero más agradable que un domingo.

Como mi gripa no cede (retornó bajo otro formato en estas lluvias), decidí ir al Baño Turco a pasar un par de horas tranquilamente (ese es otro post que algún día de pronto escribiré: lo difícil que es conseguir baños turcos en Bogotá donde uno pueda estar tranquilo). Hay uno muy bueno en la 66 con 11 (se llama, ostentosamente, Club Familiar El Paraíso). El sauna estaba a buena temperatura, los baños turcos también.

Recorrer Chapinero (esa parte tradicionalísima – bajar por el parque del CAI de la 64, pasar frente al club militar, luego desembocar en la Séptima a la altura de Boditech Gym, seguir por la 64 después de pasar la Séptima medio desocupada, cruzar por esas calles agradables, la 65, la Novena, la Décima – que me hacen pensar en la Colonia Del Valle (por División del Norte) en Ciudad de México, o en trozos de Barcelona cercanos a la Sagrada Familia, hasta desembocar en la 11) a pie tenía algo increíble hoy.

El ser víspera de Jueves Santo (y no un vulgar Jueves o Viernes Santo – iguales a cualquier domingo en términos prácticos) le daba al aire algo misterioso. No festivo, claro que no. Tampoco dolido – menos mal. Simplemente tranquilo – como si Bogotá por un día al año pudiera vivir no ser como Bogotá, sino como algún barrio de Helsinki.

Al regresar, estaban Apolo y María Clara paseando por la 64, cerca al apartamento. Apolo me recibió corriendo como un loco una cuadra, hasta la Carrera Quinta. Los de Amor Perfecto estaban trabajando hasta las 7, como cualquier miércoles.

Definitivamente, nada como estas vísperas de jueves santo en las Españas – antes de la tragedia del jueves, cuando la gente no está por ahí.

—-

Me acompañó la Pasión según Mateo, de Bach, en la versión de Herreweghe, durante varias partes del día.

Alex U. asks about postdocs in Colombia – Alf says “oh, now lots of people in Colombia have been postdocs somewhere…” —- Ana and María Clara look surprised and say “oh sure, around this table, that’s true, in real Colombia, we beg to differ”…

(With Alex U., John, Alf, Ana, MC, Luna and Sara Lu)