más sobre combatir la nada

El fragmento en el título de mi charla para la Solidarity Conference que hacía alusión a la nada, al néant, al nothingness, llamó la atención de algunas personas. Margarita Malagón-Kurka me preguntó al final de la intervención por qué la nada – pero no alcancé a contestar muy plenamente. El fragor del tiempo, la acumulación de preguntas y cansancio en esa semana tan llena de ideas e intervenciones hizo que esa pregunta esencial de Margarita se perdiera.

Hablando de nuevo con ella y con Don Kurka hace unos días, me invitaron a seguir la pista de la nada. He aquí las grandes líneas de mi respuesta:

  • El título hacía alusión directa al fragmento de De las babas del diablo de Cortázar. Me llamó la atención poderosamente la idea de la fotografía como manera de “aprender a combatir la nada”, y me pareció un buen punto de arranque para hablar a la vez sobre nuestra situación actual – y futura – y el rol de la lógica dado por analogía con el rol de la fotografía.
  • El cuento de Cortázar – del cual leí el fragmento a mis estudiantes justo cuando estábamos lanzándonos juntos, literalmente zambulléndonos en el mundo del infinito – es la inspiración de la película Blowup de Antonioni.
  • En esa película un joven medio zonzo (pero rodeado de un mundo muy fotogénico y él mismo un excelente fotógrafo de moda, en la Londres repleta de aperturas de 1965) logra lanzar un poco su propio vacío al usar la fotografía como medio de exploración de algún suceso grave. Empieza literalmente a leer el mundo de una manera totalmente distinta, y cambia internamente como consecuencia de su uso de la fotografía como lenguaje que abre y que tiene incluso la capacidad de romper el vacío mental que podía traer el fotógrafo de modas al inicio.
  • (Algo que nunca dije sobre esa película es el uso de muchos lentes distintos por parte de Antonioni. Durante la misma escena lleva a cabo cambios de lentes – de gran-angular a ojo-de-pez a “pancake” – y eso da sensaciones muy confusas y hermosas de cambio de distancia, de cercanía casi letal y a la vez de punto de vista elevado y lejano. Algo muy cercano tal vez a la búsqueda del horóptero de Ibn Al-Haytham (y Ptolomeo, y mucho más tardíamente Aguilonius) que trajo a colación Carlos Cardona como emblema de la horosis que Perry y Zalamea empiezan a dilucidar.)
  • Hablar de lógica para un público tan variado como el de Solidarity requería algún uso de analogía. Traté (seguramente sin mucho éxito) de usar la analogía entre la fotografía como apertura de lenguaje (combatir la nada) y la lógica. La manera como emergen cantidad de situaciones muy centrales (y potencialmente problemáticas) al empezar a tomar en serio las ampliaciones, los blowups, las superposiciones, los contrastes, el quemar y sombrear.
  • Comparaba en la conversación con Don y Margarita la fotos que tomaba yo antes de 2010 – donde si acaso una entre 100 (o entre 500) pasaría el examen hoy. Estaba todo ante mis ojos pero yo no veía absolutamente nada. Esa nada era la que había que combatir. Después, gradualmente – muy gradualmente – empecé a notar cosas. Marcos, encuadres, destellos de luz, líneas de fuerza, vacíos, colores planos, puntos blancos, sombras granulares. Ahora tengo algo de vocabulario, emergido de una práctica – tengo algunos conceptos, de nuevo surgidos de esa práctica y constante búsqueda.
  • ¿Pero qué diablos tiene que ver eso con el coronavirus, con la pandemia? Bueno, de manera muy directa obviamente nada. Pero precisamente ese nada, ese ser que no es un enemigo en el sentido tradicional (otro país, otros animales) sino un ente imperceptible, invisible pero potencialmente letal, tiene un aspecto de nada muy peculiar. Obviamente no es “una nada” pues es información con poder para destruir nuestras células, nuestros cuerpos, nuestro gran cuerpo social. Pero también nos confronta con re-conceptualizaciones (hablaba con un biólogo sobre la definición misma de vida que está siendo puesta en jaque por el virus – por este y algunos otros), con re-enfoque y re-encuadres.

[Soñaba que como consecuencia misteriosa de la pandemia la gente ahora a veces se desnudaba en público – en restaurantes – y era parte normal y llana del nuevo comportamiento. No era claro en el sueño por qué lo hacían – o en qué momento se volvía importante. En el restaurante en que estaba de repente el muchacho de la mesa de al lado se desnudaba y enarbolaba su erección con tranquilidad y naturalidad. El restaurante no se inmutaba. Era parte obvia y plena del “nuevo estar” – y en el sueño tenía que ver con la pandemia. María Clara me miraba un poco extrañada pero nada parecía ya muy raro. Una chica en la otra mesa, sentada en cuclillas, también desnuda se movía con naturalidad, abriendo las piernas y disfrutando mucho la situación – no había ningún tipo de recato ni morbo – en lo que sencillamente era el nuevo placer de estar en compañía en un restaurante después de la pandemia. (Yo mismo creo que no estaba desnudo. Pero varios clientes, sobre todo los más jóvenes, sí lo estaban.) El restaurante se parecía un poco a los cafés de Chapinero – al Árbol del Pan.]


Antier estaba yo un poco asfixiado por la situación. Salí (al jardín) a tomar fotos para tratar de ver algo de mundo más allá de las pantallas y el (que se siente eterno) confinamiento. He aquí algo de lo que salió de ahí (de un intento de a-percepción):

resonancia / reflejos

No he logrado entender por qué en esta época de confinamiento han sido tan fuertes los sueños (para mucha gente, según concluyo). Para mí han sido sobre todo semi-vigilia. El lento y dulce despertar y descubrir que hay aura, la naturaleza está ahí – la montaña – seguimos vivos, a pesar de la incertidumbre. Disfruto intensamente los aromas de los cuerpos medio dormidos, ese olor dulzarrón de seres humanos y los rastros de sus fluidos, tan similar a los aromas del pan horneándose. Y disfruto abrir la ventana y sentir el frío de la noche anterior al amanecer, y la luz que inicia lentamente mientras Abdul sale a cazar en la madrugada sabanera – y vuelvo a dormir, a semi-dormir, a medio-dormir y pienso en las fotos no tomadas (ese gris matutino, esa niebla, ese Abdul, el olor de nuestros cuerpos que me embriaga, la perspectiva de hornear el pan) y no pienso mucho en matemática a esa hora (aunque no es verdad: siempre pienso de alguna manera en algún fragmento de construcción o de prueba), y retomo etapas remotas de la vida: la presencia de mis padres, su protección, las rupturas con ellos, la salida.

Y arranca el día, semi-igual a todos. No habrá salidas, no habrá viajes, no habrá idas a cine o a restaurantes o a montar en bicicleta. No habrá nada de eso. No habrá salida a jugar a colgarse en las barras del barrio, no habrá ida a caminar/correr con María Clara por las calles de una ciudad. No habrá parada en ninguna tienda. No hay tiendas – o las que hay parecen más refugios de guerra. Carullas con ambiente de cooperativa polaca socialista de las películas (aunque con precios aún más caros que nunca), tiendas de vereda con lo básico, y sobre todo nada de flâner, nada de lingering, nada de detenerse a mirar y comparar frutas o productos: entre el tiempo limitado de salida, el fastidio con tanta máscara y tanto cuidado con cualquier moneda, cualquier roce, cualquier pago con tarjeta, no quedan ganas de mirar muchos productos, comparar, imaginar.

Arranca, pues, el día semi-igual a todos. Hay belleza también en la no-salida, en las vueltas por el pequeño jardín, repetidas igual siempre, corriendo intervalos o caminando y caminando y caminando y contándonos lecturas y sueños y libros. Y parar a tratar de hacer “calistenia” en suelo, difícil (los burpees me dejan los tobillos inservibles) sin las maravillosas barras de los parques bogotanos. Y ver a Abdul por fin libre revolotear entre árboles y tratar de concentrar la mirada y empezar a notar nudos y zarcillos.

Saber que las fotos serán siempre fotos de lo mismo: la comida preparada, la vegetación siempre sorprendente. No serán fotos de ciudad, pues no hay ciudad en este momento. No serán fotos de gente pues la gente no está para fotos – entre máscaras y nerviosismo, cierta tristeza implícita se deja ver en las fotos que ve uno estos días (veía unos videos de gente haciendo ejercicio en la Barceloneta y gente en la playa – nadie se ve muy contento pese a estar en principio en sitios muy ideales).

Entrar a clase en zoom – y aprender a percibir a los estudiantes a través de sus voces, sus dudas, sus frases, sus silencios. Qué difícil. (Pero qué maravilla algunos estudiantes.)

Y odiar zoom al final del día largo. Y agradecer que zoom existe porque ¿cómo habría sido el desayuno tal con amigos en Nueva York sin zoom? ¿cómo habría sido el seminario tal, el curso tal, la reunión de amigos, sin zoom?


De nudos (zarcillos, trenzas, poleas)

El confinamiento trae mucha introspección. Hay muchas ventanas al mundo, en forma de seminarios, clases, conversaciones a veces sumamente interesantes – pero tal vez lo más extraño es la atención a detalles que normalmente uno tiene como secundarios.

En el jardín hay universos enteros. Hace unos días María Clara me pidió que le ayudara a cavar un hueco para enterrar una estaca y lanzar una cuerda, pues una calabaza que nació silvestre se estaba enredando en un peral y lo iba a asfixiar. La idea era que la calabaza se enredara en el hilo y la estaca nuevos.

Nunca imaginé que a los muy pocos días el enredo nuevo de la calabaza iba a ser de ese orden. Tampoco imaginé que en lo que uno podría llamar “gratitud” de manera un poco antropocentrista, la calabaza empezó a arrojar flores y frutos. Y todo en muy pocos días.

Los nudos (y los zarcillos y urilos, trenzas y verdaderas poleas) trazados por la calabaza en meros días han sido aterradores. Si esa planta fuera grande lo podría asfixiar a uno fácilmente.

[Hoy celebramos con unas flores de calabaza rellenas (receta judía romana – se rellenan con ralladura de pan, queso parmesano rallado y anchoa y se sofríen, después de haberlas pasado por un poco de huevo y harina).]


dreams / wax (unstructure)

Now the dream was near a river – unfortunately a polluted river. We were with Jaime and María Clara, with several other people. Swimming naked with people who normally one wouldn’t imagine skinny dipping. It was somehow related to the pandemia, to having gone back. Awareness of the pandemia was inside the dream, somehow. And the return to swimming in public had somehow made people shed swimsuits. It felt natural and obvious and was part of our internal changes. The only thing that seemed odd in that dream was the pollution in the river. Otherwise it would have been great.


I wrote dram instead of dream. Dram is a measure – of alcohol quite often. It is also dynamic random access memory. And also an abbreviation of dramatism.


When I woke up I didn’t quite wake up. I mean, I stayed in a sort of semi-dreamy semi-awake state. A sense of strong lack of structure in my mind pervaded me, and I enjoyed it. It felt as if I had become a kind of floating wax, with no structure whatsoever. (I thought about the state one should reach with meditation, with yoga – a state I very seldom attain. I enjoyed not having structure, just being like a wax block about to melt.)

Valéry, y la mirada a las cosas

Un regard charitable

Que de choses tu n’as même pas vues, dans cette rue où tu passes six fois le jour, dans ta chambre où tu vis tant d’heures par jour. Regarde l’angle que fait cette arête de meuble, avec le plan de la vitre. Il faut le reprendre au quelconque, au visible non vu — le sauver — lui donner ce que tu donnes par imitation, par insuffisance de ta sensibilité, au moindre paysage sublime, coucher de soleil, tempête marine, ou à quelque œuvre de musée. Ce sont là des regards tout faits. Mais donne à ce pauvre, à ce coin, à cette heure et choses insipides, et tu seras récompensé au centuple.

Paul Valéry – Mélange (Instants) – p. 383 ed. Pléiade

Va una traducción al vuelo del pasaje valeriano:

Una mirada caritativa

Cuántas cosas has dejado de ver, en esta calle por la que pasas seis veces diarias, en tu cuarto donde vives tantas horas cada día. Mira el ángulo que forma este borde de mueble con el plano del vidrio. Hay que arrancárselo a lo banal, a lo visible no visto — salvarlo — darle aquello que das por imitación, por insuficiencia de tu sensibilidad, al mínimo paisaje sublime, atardecer, tempestad marina u obra cualquiera en un museo. Esas son miradas ya trilladas. En cambio, dale a ese pobre, a ese rincón, a esta hora y estas cosas insípidas, y serás recompensado cien veces.

texture of life

Boiling milk, making arepas for Easter Breakfast with Roman and Wanda, making cream cheese, baking a (small!) chocolate cake, grinding pork rinds, chopping onions, sharing our breakfast on zoom with Roman and Wanda, watching Abdul walk into the playful light, escaping into the shadows of the garden, participating in an art event hosted by Miri Segal (on zoom, of course) in Tel Aviv, collecting fruit, watching organic-looking patterns on the drying (recycled and washed) plastic bags, watching time slip by, talking to a friend on zoom…

What else is there?

Amaneceres

Todo esto ha cambiado fuertemente nuestro horario de sueño. Mucho más temprano todo: colapso nocturno, despertar. Abdul siempre nos despierta a las 4:30 o 5:00, pero ahora es mucho más común no limitarme a darle la comida a esa hora sino despertar y mirar el amanecer.

Se convierte todo en un tema de percibir luz, hojas frecuentemente trémulas, ires y venires de especies de aves, saltos de frecuencia vitales, sombras extendidas y refractadas, tálamos mentales y sueños esparcidos.

Y ese momento de dolor compartido al despertar – y preguntarse por un segundo a dónde va todo esto – antes de arrancar un nuevo día de cursos en zoom o meet, de escrituras al viento, de seminarios online, de intento de guiar a quienes tal vez ya se saben guiar, e intentos de andar hacia adelante a pesar de la sensación brutal de ausencia de futuro (o de peligro en este).

Notas de voces internas (como las de ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639) parecen dar claves…

tres días en ese otro mundo / crónica en reverso

No es fácil hacer crónica de este momento. Lo que he visto hasta ahora corre como hojas llevadas por el viento: ya el ensayo de Arundhati, que hace menos de un mes era de lo mejor para describir la época, es obsoleto y avejentado. Y eso sin hablar de los mil veces más obsoletos y avejentados “ensayos” de Zizek, Han y demás señores comentaristas de la época (no quiero [ab]usar de la palabra llamándolos filósofos).

Examino días anteriores. Solo tres días anteriores. Y lo que veo sirve (al menos para mí) como una especie de crónica en reverso – mal cronicada, obviamente, sin ningún intento de control temporal. (Sí, parece que no logro hacer nada por ahora con el maravilloso curso de Sinar… ese curso de crónica en la segunda semana de marzo, en un pasado que parece casi tan remoto como la infancia mía…)


Va entonces ese autoexamen / (pseudo-)crónica en reverso.

Cada vez gente más cercana… un amigo y profesor de Jouko, en Noruega.
Esto obviamente no es posición oficial en muchas universidades. Pero se está discutiendo seriamente.
De un curso que me trae felicidad.
Y de lo más bello que uno puede ver: cine de Pasolini.
Simple y obvio. Pero hay que decirlo. Los políticos no entienden este hecho simple.
Claro, la digitación es difícil. Pero la transcripción de Kempff es buena y se deja. Las voces internas son – me decía alguien – como la voz del corazón de uno mismo. He sentido que me congelo por dentro, de verdad.
Ole sí, qué mamones. Por mí que los estudiantes estén en su bañera (si es que tienen) o felices en su cobija con un buen café. Si les pregunto y contestan algo razonable tengo más que suficiente. ¿Por qué será que hay gente tan insensible?
Bueno, esto se aplica a tantas cosas… Es una de las razones que me han llevado a donde estoy – para mi propia incomodidad y felicidad.
Fernando Zalamea ha sido un amigo, casi un hermano mayor, en estas circunstancias. Ir a sus clases de los miércoles ha sido increíble, y participar de las tertulias con él y con Alex Cruz. Es ejemplo de cómo ir guiando a la nueva generación, exigiendo mucho y a la vez siendo brutalmente generoso. Al leer su mensaje a los alumnos, veo que Fernando entiende seriamente la gravedad impresionante de este momento, nuestra a la vez ínfima capacidad de acción real e infinita responsabilidad.
(Alguien así requiere una universidad muy libre y muy seria.)
Otro. No llevo bien la cuenta. Pero es duro ver esto.
Purcell, Dido and Aeneas. Esta versión es maravillosa. – Tengo un recuerdo muy bello del concierto de Alfonso Correa con esa orquesta de estudiantes de la Universidad de los Andes – que tocaban violín con vibratos decimonónicos muy chistosos. Parece que Alfonso les estuvo tratando de explicar cómo era la cosa en tiempos de Purcell…
Sí: L¹_\kappa.
Una charla preciosa – otro de esos momentos nuevos increíbles.
Obviamente insuficiente. Pero por fin se están espabilando las empresas de este país.
Este tuvo muchos retrinos, muchísimos likes. Creo que todo el mundo, en medio de esta pandemia, cree alguna variante de esta frase.
Toca hacerle algo de propaganda a la versión virtual de nuestras tertulias…
Yo no debería quejarme por la propaganda gratis que le hacen al senador (y precandidato) Petro. Menos ahora que está en situación difícil. Aunque miles de veces me ha parecido una persona afectada por un gran ego, también me parece que en la campaña de 2018 era el único candidato que parecía entender que ya no estamos en el siglo XX, el único que trajo problemas serios del país y del mundo. Que tenga ego inflado es mamón. Pero de verdad, no hay mucho más. Ojalá llegue algún día a la presidencia, o llegue alguien por lo menos tan bueno.
ah… el sabor dulzón de los tomates cocinados en pancetta…
cada cierto tiempo, esos números – y las imágenes horrendas

No sé cómo veré más adelante esta época. Alguien preguntaba si era una época feliz, y pues a quienes dijeron que sí les cayeron (pues claro: no es una “época feliz”; es una época muy difícil y triste en muchos sentidos). Pero que tiene momentos felices, pues claro que los tiene. De hecho, este minimalismo de no viajes, no salgas, no corras, no montes en bicicleta nos ha obligado a todos a buscar el momento simpático por donde esté. ¡Pero cómo me hace falta la bicicleta, sí!

a (relatively brief) pause

Frankly, if an educational system (and for that matter, an economy, democracy, society) is so delicately balanced that it can’t take a (relatively brief) pause to keep people physically and emotionally healthy, then it is fundamentally broken.

Gordon Brooks

(Muy de acuerdo [excepto con incluir la democracia en esa lista]. En algunas sociedades antiguas dejar reposar la tierra un año de cada siete [el sabático], un día de cada siete [el shabat], etc. era algo fundamental. Nuestro mundo, nuestra economía, nuestra sociedad, nuestro sistema educativo, olvidaron eso y ahora están obligados a redescubrirlo, a las malas.)

They are going through history, live!

Sifting through the mass of phrases, essays, long thoughtful (and not very thoughtful) pieces, one finds some sentences that clarify the picture. A sip of clear water in the middle of so much mud.

One such sentence was a comment by Bernardo Recamán to a facebook post of an NPR piece titled “4 In 10 U.S. Teens Say They Haven’t Done Online Learning Since Schools Closed”. Going beyond the details, the massive reasons (technological, cultural, sociological, psychological, economic) why in the United States (where online education has been seriously pushed and where one would think resources are not a problem) almost half the students are not following their online classes, Bernardo’s reply was perfect:

They are going through history, live!

Yes, absolutely. And we as faculty need to remember that and (hopefully) make some good use of this. Students worldwide are going through history, live, to a degree we older people only vaguely fathom.

at this point …

… too much writing, too much wringing, too many possibilities these days …


Perhaps the young ones will know in their skin they can actually stop the world if need be! (I heard this on a zoom cocktail party with colleagues. I agree. I hope.)


Best understatement so far: Ayhan’s message.


Some images of our complete exhaustion (from confinement, from repetition, from …):