Amaneceres

Todo esto ha cambiado fuertemente nuestro horario de sueño. Mucho más temprano todo: colapso nocturno, despertar. Abdul siempre nos despierta a las 4:30 o 5:00, pero ahora es mucho más común no limitarme a darle la comida a esa hora sino despertar y mirar el amanecer.

Se convierte todo en un tema de percibir luz, hojas frecuentemente trémulas, ires y venires de especies de aves, saltos de frecuencia vitales, sombras extendidas y refractadas, tálamos mentales y sueños esparcidos.

Y ese momento de dolor compartido al despertar – y preguntarse por un segundo a dónde va todo esto – antes de arrancar un nuevo día de cursos en zoom o meet, de escrituras al viento, de seminarios online, de intento de guiar a quienes tal vez ya se saben guiar, e intentos de andar hacia adelante a pesar de la sensación brutal de ausencia de futuro (o de peligro en este).

Notas de voces internas (como las de ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639) parecen dar claves…

waking up

2nd January 2020. As the city wakes up, I walk the streets. Loneliness… except at some point a cat joins me and follows for some three or four blocks. We converse. Then something attracts his attention and disappears. A moment later a male stray dog arrives. I am fearful, as he comes very close to me. But the dog is friendly. He follows me for some two or three kilometers – or rather than following me, he walks with me. We converse. Other dogs bark at him; I tell them I am walking with him (noname).

A slideshow.

The city is Valdivia, destroyed in 1960 by the most powerful earthquake ever recorded since they are recorded: 9.5 on Richter’s scale. Followed by a tsunami that created enormous bodies of water around the city. A city of dreams, of mist (not in summer, but somehow there are there), of the south. Of immigrants arrived from Germany around 1850.

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