Luz sin cámara

No traje la cámara buena esta vez a Chía. No sé bien por qué. Y me ha pesado por dos razones: por un lado, hoy sembramos el árbol para Mauricio Arturo – tomamos registro con otra cámara, pero no es lo mismo 😐 Por otro lado, como desde las 5.20 de la tarde la luz se puso extrañísima, absolutamente increíble (son las 6 y sigue, cambiando cada segundo, pero muy extraña). Hacia las 5.30 la luz estaba de un amarillo filtrado bellísimo, como una película de los años 70, con una llovizna breve y suave y mucho sol, y las montañas (la Valvanera, la Cruz, el Manjuy de Chía, etc.) pintados todos con un tono verde amarillo que parecía de esas películas o sencillamente de una acuarela mezclada de manera extraña. Luego siguió cambiando – ahora está de un vinotinto mezclado con azul claro y amarillo claro en los sitios aún iluminados por rayos de sol (ya detrás de las montañas).

No es claro que (incluso) con la (buena) cámara hubiera podido captar esos tonos. La verdad es que son nuevos para mí, aún habiendo estado aquí muchas veces. Es extraño el efecto que un cambio de luz puede tener en uno. Al tiempo salimos con María Clara a ver qué pasaba, por qué estaba tan bella la luz, por qué estaba tan extraño todo, como si el paso del tiempo se hubiera detenido.

El árbol que sembramos para poder recordar a Mauricio Arturo Moreno Guzmán es un feijoo (fraijoo – no sé bien cómo se escribe) pequeño, con un verde bellísimo. Ahí lo vendremos a cuidar.