Souvenir de Belgique – Dessin à l’encre – Victor Hugo

El libro La Belgique selon Victor Hugo me lo regaló Manu Heuse, un compañero de colegio en Lovaina-la-Nueva, cuando regresó la familia a Colombia, a mis trece años.

Es un compendio armado por Víctor Hugo durante sus muchas visitas a Bélgica (varias durante su exilio que duró veinte años – entre 1851 y 1871) – repleto de anotaciones, cartas y dibujos en tinta maravillosos.

Curiosamente, en la red casi no se consiguen esos dibujos. El compendio es increíble, lleno de torres de campanarios, de casas semi-derruidas, molinos, castillos, puentes, escaleras. Una joya de la producción de Víctor Hugo, relativamente poco conocida. Algún día con tiempo escanearé algunos de esos dibujos.

Trozos de texto en cartas:

Je l’aime votre Belgique, elle a pour moi cette beauté suprême: la liberté.

(Quiero a su Bélgica, pues tiene para mí esa belleza suprema que es la libertad.)

(en carta a Paul Voituron – claro: en ese momento Francia era tierra de represión y persecución, y Bélgica ofrecía refugio a muchos intelectuales franceses)

… Je ne suis parmi vous qu’un passant, mais un passant ami de votre histoire, de votre art et de votre pays. Vous le savez, j’aime cette terre libre où il y a tant de belles choses et tant de nobles coeurs; ce n’est pas la première fois que je l’écris, et que je le dis hautement…

(… Solo estoy entre ustedes de paso, pero aún así soy amigo de su historia, de su arte y de su país. Ya lo saben: me gusta esta tierra libre con tantas cosas bellas y corazones nobles; no es la primera vez que lo escribo y lo digo en voz alta… )

(en carta a Luesemans – de nuevo la admiración por la tierra de libertad que era Bélgica para él)

En las cartas a Adèle, su esposa, varía más el tono: muchas veces se entusiasma con campanarios, naves góticas, detalles – pero también adopta tono crítico con algunas costumbres flamencas (esta, de la limpieza de las fachadas y la suciedad de las mujeres, es deliciosa):

Quant à la propreté flamande, voici ce que c’est: toute la journée, toutes les habitantes, servantes et maîtresses, duègnes et jeunes filles, sont occupées à nettoyer les habitations. Or, à force de lessiver, de savoner, de fourbir, de brosser, de peigner, d’éponger, d’essuyer, de tripoliser, de curer et de récurer, il arrive que toute la crasse des choses lavées passe aux choses lavantes; d’où il suit que la Belgique est le pays du monde où les maisons sont les plus propres et les femmes les plus sales.

(En cuanto a la limpieza flamenca, de esto se trata: todo el día, todas las habitantes, criadas y señoras, dueñas y muchachas, están ocupadas limpiando las habitaciones. Así, de tanto remojar, enjabonar, trapear, cepillar, exprimir, esponjar, limpiar, encerar, curar y recurar, termina pasando que todo el mugre de las cosas lavadas se pasa a las cosas lavantes: de aquí se sigue que Bélgica es el país del mundo donde las casas son más limpias y las mujeres más sucias.)

Uno sigue leyendo y leyendo los detalles en las cartas – las cosas que le ocurren al intentar ir a caballo o en diligencia de una ciudad a otra, la sorpresa maravillosa de Lovaina o de Bruselas, las mujeres (Víctor Hugo debía ser un gran seductor – era aparentemente un verdadero fauno – cuentan él y su esposa Adèle que la noche de bodas la “llenó” nada menos que ocho veces, “para compensar el tiempo perdido”), la burguesía brabanzona (que a Hugo le debía parecer bien provinciana), las playas de Ostende (una descripción deliciosa de la manera como al mojarse el traje de cuerpo entero de las mujeres se les queda pegado y revela formas –…il y avait une jeune femme qui était fort belle ainsi, trop belle peut-être. Par moments c’était comme une de ces statues antiques de bronze avec une tunique à petits plis. Ainsi entourée d’écume, cette belle créature était tout-à-fait mythologique. – había una joven que se veía muy bien así, tal vez demasiado bien. Por momentos parecía como una de esas estatuas antiguas de bronce con una túnica de pequeños pliegues. Así rodeada de espuma, esta bella criatura era totalmente mitológica.).

Pero los sesenta y pico dibujos de Bélgica de la pluma de Víctor Hugo son la delicia máxima.