Ödön von Horváth – Jugend ohne Gott (o las raíces del fascismo)

Un tema que ha aparecido de manera sostenida a lo largo del siglo XXI ha sido el paralelo entre los eventos de Europa en los años 30 y lo que se está viviendo en varias partes del mundo hoy. Uno de los artículos que (hasta donde veo) han causado más impacto en esta línea hasta ahora ha sido el del historiador del holocausto Christopher R. Browning, en la New York Review of Books, The Suffocation of Democracy. En ese artículo el autor establece desde su lente privilegiada de historiador de ese período los terribles paralelos (y diferencias cruciales, también preocupantes) entre la situación actual en Estados Unidos y el período de entre-guerras y el ascenso del fascismo en Europa.

Al lado de mi interés por esos análisis de historiadores como Browning, a mí me ha llamado mucho la atención recientemente leer (o releer) la literatura de esa época que de alguna manera detecta las corrientes subterráneas sociales que van desembocando en que un pueblo entero se transforme en un monstruo fascista. Me interesa la pendiente que inicia suave y luego se vuelve imparable y que conduce gente “normal” (?) en personas que terminan votando por personajes como Hitler en la Alemania de los años 30 o por varios de esos horrores que tenemos hoy en varias partes del mundo.

Claro, Joseph Roth es una figura clave ahí, como lo es Musil (de manera inmediata en las Tribulaciones del Joven Törless, claro, y de manera en cierto sentido más honda y dura en el Hombre sin atributos). O el mismo Kafka, de manera acaso más simbólica e implícita pero no por eso menos tajante.

En días pasados descubrí otro autor que no conocía y que me dejó literalmente con las venas heladas al leerlo. Se trata de Ödön von Horvath, escritor austriaco que vivió entre 1901 y 1938 y alcanzó a dejar algunas novelas cortas y obras de teatro (llegué atraído por el apellido Horváth, de grata recordación para los matemáticos colombianos – incluso para aquellos que no llegamos a conocerlo personalmente, y por el interés por Hungría surgido de un viaje reciente a Budapest).

La obra de von Horváth que leí al inicio de vacaciones y que me dejó (como decía) con las venas heladas, sin aire, se llama en español Juventud sin Dios. Es una novela corta, de esas que se leen muy rápido, y que no le dejan a uno la mente libre ni un instante mientras uno la lee. Es una de esas novelas cortas que parecen dibujos narrados, con trazo ágil y necesariamente incompleto, esbozado.

El protagonista es sumamente ambiguo: un profesor de colegio en una ciudad arbitraria de Alemania (o Austria, ni siquiera es claro si sucede antes o después del Anschluss), que enseña la que posiblemente era entonces la materia más complicada de enseñar para una persona con consciencia: Historia y Geografía. La traductora (Isabel Hernández) explica: «el 20 de julio de 1933 se dictaron las líneas directrices para los libros de Historia, por los cuales se introdujo el concepto de “raza” como una de las bases del estudio de la disciplina». No solamente se empezó a usar la raza como una de las bases, sino que la radio entera emitía «conceptos» que oficialmente no podían ser contradichos – mucho menos por parte de un profesor de colegio.

El protagonista es ambiguo porque al narrar deja ver su doble-pensar, su inconformidad interna (pero tembleque: logró su puesto y no es fácil pensar en perderlo).

La historia narra un conflicto inicial con los alumnos de un curso (y la ingerencia de un padre muy fascista), luego un paseo (obligatorio en Pascua en la Alemania hitleriana) del colegio a un campamento de entrenamiento militar, con el profesor como acompañante, y una situación compleja (asesinato, juicio) surgida durante el campamento.

En poco más de 100 páginas la novela logra transmitir la inseguridad generalizada para los que dudaban (como el protagonista), las tensiones brutales a las que podían ser sometidos en su interactuar, sobre todo después de los eventos en el campamento.

Pero sobre todo ofrece una visión muy descarnada y directa de varios panoramas mentales – el de un profesor que asiste al desmoronamiento de su propia carrera como consecuencia remota de atreverse a decir (tímidamente) que los negros (que según la traductora en la Alemania de los años 30 eran una manera de referirse de manera genérica no solo a la gente de raza negra sino a todo lo “no ario”: judíos, gitanos, árabes, etc.) también eran seres humanos – y también el de varios jóvenes muy distintos. Panoramas mentales que llegan en casi todos los casos a un abismo o a un muro de opacidad.


Parte de lo encantador del libro es cierto estilo a la vez brutalmente incisivo pero no sobre-trabajado. Hay quienes (Werfel) achacan a la juventud del autor, muerto a los 37 años en París esta cualidad no del todo pulida, no acabada. No sé. En épocas como la nuestra creo que hay que atrapar de manera muy directa e inmediata lo que haya y nos sirva para entender esto que puede estar pasando con nuestros jóvenes.

Ödön von Horváth

edge of irony

Started reading Marjorie Perloff’s Edge of Irony (Modernism in the shadow of the Habsburg Empire). Very eye-opening. She herself grew up as a Jewish child in Interwar Vienna, in what were the ashes of the former empire, and then emigrated with her family; they found refuge in the United States. Writing recently on the city that finally regained its former splendor, she stresses in Viennese literary modernism the crucial role of being on the edge: although German was the language in which people as varied as Musil (born in Brno), Canetti (born in Bulgaria, but really formed in Vienna), Celan (born in Bukovina), Kraus, etc. wrote, they all were immersed in many languages, in the peculiarity of being Jewish in a cosmopolitan city at a time where anti-Semitism was growing.

In the Introduction, amid many names one would expect (Wittgenstein, Musil, Canetti, etc.), Perloff includes as an interesting case of study the truly painful to read Gregor von Rezzori who wrote his Memoirs of an Anti-Semite in 1979. The directness of his account of anti-Semitism in Vienna between the wars is both horrific and eye-opening. There seems to be a short story of “himself when young” living with his very anti-Semite grandmother in Vienna as a student, and falling in love with Minka, the Jewish young women in the apartment upstairs. What is scary is the description of the mind of a young anti-Semite with a Jewish girlfriend, and the juxtaposition of (on one hand) thinking “if… the Germans want to conquer Austria, so much the better. The German-speaking peoples would be united again, as they had been in the Holy Roman Empire of Charlemagne”… but at some point he goes with Minka to a beer cellar and “a huge, rather shabby-looking young man roared in our faces, ‘Juden Raus!’ … I felt frightfully sorry for Minka and all our friends, but it was not my fault that they happened to be Jews, and in the event that they got into serious trouble I could use my connections with the SS to help them out again”, so the narrator continues.

What is most chilling in the passage above is the kind of “normalization” of anti-Semitism, of fascism, and to realize it happens daily in the 21st century. Of course, against the backdrop of what we know happened later, the last sentence is brutal.


I saw Perloff’s book first in the bookstore at the Freud Museum in Vienna. It seemed like a perfect gift for my father, except he wasn’t reading by then. I kept the name and decided finally to order it a few weeks ago, to continue the sort of dialogue he was so fond of, the sort of dialogue he started years ago when I was still living at the home of my parents.

the back yard of Freud’s apartment, summer of 2018 (photo: avn)
summer of 1979, in Schönbrunn, Vienna (photo: jlv)

El espejo donde mirarnos.

Hoy escribió un post Gabriel Padilla en su blog, donde con enorme lucidez responde a un mensaje mío y a una columna de María Jimena Duzán salida ayer – mensaje mío de desesperación ante el resultado triste de las elecciones presidenciales (primera vuelta) en Colombia ayer 25 de mayo, y columna de María Jimena en la que trata de desglosar el “método Uribe” para lograr esos resultados. María Jimena hace una lectura del libro de Hitler (Mi lucha) y – cuidándose de decir que Uribe sea Hitler, María Jimena es más refinada que eso – sí esboza un análisis de los paralelos aterradores entre frases de Hitler y lo que ha terminado haciendo Uribe en Colombia.

Gabriel lleva el análisis a un grado mejor – muestra los paralelos con Goebbels (el “genio de la propaganda” de Hitler, en gran medida co-responsable de ese horror), pero ahonda también en las raíces de la destrucción de la democracia – a manos liadas entre marxismo y fascismo. La generación de masas no pensantes, pero muy actuantes, el uso brutal de slogans en lugar y reemplazo de pensamiento independiente, la birla y burla sistemática de lo que ambos llaman “intelectualismo pequeño-burgués” de casi cualquiera que trate de mantener una posición independiente, se alimentan mutuamente.

Y  héte aquí que, entonces, aparece el fascismo. No aparece por arte de magia. Surge cuando hemos confundido a nuestra propia población votante de tal modo que el 60% de ella se abstiene de participar o deja de importarle el destino de nuestra sociedad. Surge cuando decidimos suicidarnos colectivamente, como las ballenas que encallan en la playa. El fascismo asoma los colmillos el día que nos cansamos de no pensar, por esa desesperanza aprendida que nos han enseñado los Marxistas.

Nos invita, finalmente, a mirarnos con más cuidado en nuestro espejo/Venezuela, en el “hermano país” que se parece a nosotros más de lo que normalmente creemos, y a notar cómo la destrucción de la sociedad civil por parte de políticos (de derecha o izquierda) o de guerrillas estilo las FARC terminó llevando el país (ambos: Venezuela y Colombia) al estado actual de fascismo – y del crecimiento de un monstruo similar en Colombia (monstruo que ya estuvo ocho años en el poder, y si nos descuidamos puede reinstalarse de manera aún peor).

Para decirlo más claro: En Venezuela; la derecha conspiró en contra de la democracia durante décadas. Como respuesta; se alzó un fascismo de corte y discurso izquierdista; pero fascismo al fin. En Colombia; la izquierda extrema (FARC) durante décadas ha mantenido en zozobra y penurias a buena parte de la población, especialmente rural, mientras la izquierda “moderada” torpedea, con su discurso y su forma de actuar (Petro), al mismo sistema democrático. Como respuesta, ya una vez se alzó un fascismo de ultra derecha, mismo que ahora amenaza con alzarse de nuevo.