Vasos comunicantes: ROMA.

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Sergio Pitol al describir lo esencial de la novela rusa del siglo XIX usó la palabra polifonía. Aunque mucho se ha escrito acerca de las novelas de Tolstói, de Dostoyevski, de Gógol, el uso del concepto polifonía por Pitol me sorprendió, al pensar en lo específico de las novelas rusas. Pitol pasa entonces a describir las multiplísimas voces que se escuchan en esas novelas. Voces de la acción principal, claro, pero también una cantidad de voces al fondo, comentando, contradiciendo, repasando el momento histórico, hablando del siguiente baile en la corte. Voces. Superpuestas. Pitol lo achaca a la estructura de esos palacios o apartamentos, habitados por muchos familiares y siervos, con divisiones delgadas entre cuartos; apartamentos donde las peleas y eructos del vecino se escuchaban siempre, donde siempre se escuchaban los gemidos de placer cuando hacían el amor en los cuartos de al lado o las escenas conyugales, los nacimientos y las llantos por muertes, la vida entera.

Tal vez la primera impresión al ver ROMA, la de Cuarón, es análoga. Ha sido descrita por Magola Delgado como muchas películas en una. No solamente muchas historias superpuestas, sino realmente muchas películas puestas juntas en una sola, como si la transparencia increíble del blanco y negro, la ausencia de opacidad lograda mediante la ausencia de color lograra la primera magia: comunicar las “superficies” de las muchas películas en una sola, mediante vasos comunicantes / pasajes / singularidades / transparencias.

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El rol de las ventanas en la película hasta ahora no lo he visto en comentario escrito. María Clara, que siempre es sensible a esos temas, me lo hizo notar desde la primera vez que la vimos. Las ventanas, la mirada a través de las ventanas, es casi un personaje de la película. También las múltiples simetrías formales (como las manijas en la foto, o la presencia del avión reflejado al inicio y visto directamente al cierre de la película).

Constantemente estamos pasando de un paraje de la memoria a otro, como en una realidad medio soñada, medio irreal pero vuelta mucho más real por esa posibilidad de vasos comunicantes entre distintos tiempos. La metáfora del güerito, el niño menor, constantemente hablando de vida adulta en pasado, es la metáfora de la película ahí también.

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Hay muchos momentos de “cápsula del tiempo” en la película – un poco como en la otra película del espacio que van en familia a ver. En un carro van, con el chofer de la familia, atravesando una manifestación de estudiantes, histórica, antes de tornarse violenta ésta. El carro anda despacio, y la transparencia de nuevo se abre para evocar las durísimas manifestaciones de los años 70 en América Latina (en la de Corpus Christi en 1971 en México mataron a más de 100 manifestantes), pasan al lado de policías preparados para pegar duro, y luego llegan a una tienda de muebles a… comprar una cuna.

La cotidianidad, la familiaridad de esa tienda (que podría ser en la Calle 26 de Bogotá de los años 70) y la calle afuera al tiempo me trajeron memorias muy fuertes de mi propia infancia (yo tenía dos/tres años en la época de esos eventos) en un lugar cercano a la Universidad Nacional en Bogotá. Desde el apartamento, tercer piso, se podía ver a la policía de Colombia persiguiendo a los estudiantes en desbandada por una carrera paralela a la 30. Más de una vez algunos estudiantes se refugiaron en casa de mis padres.

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En la película la situación llega a ser más trágica – afortunadamente en lo que tuve que presenciar en esos años no llegué a ver disparos, pero sí vi policías armados golpeando a los estudiantes, claro que sí – y supe del miedo de mi madre al saber que a Química (donde estábamos) se podían entrar en cualquier momento los policías.

Sí – polifonía era para Pitol la palabra para la novela rusa. Aquí sería algo así como poliiconia, como muchas imágenes al tiempo, superpuestas pero no de manera física sino comunicadas mediante transparencias, como un haz de espigas desplegándose.

Una de esas muchas películas, una muy importante, es la de Cleo. La historia de Cleo, la primera película que la gente ve en ROMA (y que a algunas señoras emperifolladas torpes de entendimiento en el cine bogotano causó rabia – salieron diciendo “qué horror una película en honor a la empleada de la casa”), la que molesta a algunos por “condescendiente” y fascina a otros. A mí la historia me pareció contada de manera directa y llana, y espléndidamente actuada. Los reseñistas gringos se ponen bravos porque Cleo “no habla” (lo cual no es cierto; habla mucho, pero con su amiga Adela en mixteco) y no está “empoderada” (pero habría sido falso el recuerdo si hubieran puesto a Cleo como una mujer del siglo XXI).

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Las miradas de Cleo son otro de los vasos comunicantes de la película. El temor ante el futuro, la comunicación con los niños, la mirada de entendimiento tácito con la otra mujer, la madre de la familia, los silencios y los gestos. Todo eso hace parte orgánica del recuerdo de quienes nacimos en América Latina en los años anteriores a 1970, dolorosamente. La película lo pone ante nosotros sin emitir palabras.

Hay escenas misteriosas en la película. Una de esas es, durante un incendio en una finca en Año Nuevo, el gringo disfrazado de monstruo cantando borracho una balada en inglés. Presiento alguna referencia a algo ahí; la borrachera de Nerón mientras Roma se quema, alguna metáfora a Estados Unidos. Misterio (para mí). Otra es en Ciudad Neza (Netzahualcóyotl, la Ciudad Bolívar de Ciudad de México, parte del cinturón de miseria común a todas las grandes urbes de América Latina). Al llegar, lanzan a un hombre como un cohete en un espectáculo de circo de barrio…

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en una imagen poderosísima y cargada de algún significado metafórico. Es la época de las películas de viajes al espacio, de los Apollos visitando la luna, los hombres gringos o rusos perdidos en el espacio. En ese barrio de calles de barro esa imagen del hombre disparado parece algún homenaje al Fellini de Amarcord o de La Strada, traspuesto a Neza y visto (de nuevo) desde la lejanía del recuerdo reconstruido, desde el vaso comunicante, la singularidad de cierta incoherencia.

Mientras tanto, Cleo está buscando a su novio Fermín desaparecido—desaparecido al contarle Cleo que será padre. Fermín el practicante de artes marciales de Ciudad Neza, que salió huyendo de un cine cuando Cleo le contó que “tenían encargo”, que estaban esperando a un hijo.

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Desaparece Fermín (que solo conocíamos por su escena memorable meses antes—desnudo haciendo movimientos de kendo con una vara arrancada de una cortina en un hotel y contando a Cleo su historia: muerta su madre, lo llevan a vivir a Neza y lo salvan las artes marciales de la delincuencia…

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… mientras de nuevo las ventanas del hotel y el espejo nos dan ese doble reflejo del mundo (la fotografía es impresionante ahí – no es solamente la corporeidad de Fermín, el encarnar su ser de manera tan directa, sino el reflejo de todo un universo ahí en esas ventanas)).

Fermín (que todo el mundo parece odiar, pues encarna el machismo más básico – muy agresivo con Cleo cuando esta le cuenta en Neza que están embarazados) en realidad es una víctima doble. Crece en un lugar desgraciado de América Latina y realmente encuentra en la práctica de las artes marciales, como tantos jóvenes del mundo, una salvación… para ser luego usado por el mismo gobierno mexicano como fuerza de choque contra los estudiantes. Fermín encarna la historia de tantos paramilitares de América Latina, de tantos guerrilleros o militares que encuentran un respeto a sí mismos en la práctica de artes marciales – pero terminan siendo convertidos en máquinas de muerte por el mismo sistema que generó (genera) las Ciudades Neza de América Latina.

La muerte aparece en varios momentos, con fotografía muy anclada en la gran tradición de México, en Juan Rulfo y Tina Modotti. En uno de los momentos centrales de esa película que no tiene momento central único (pues son muchísimas películas comunicadas) aparece esta escena casi aislada del resto, casi sin comunicación con nada…

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… casi sin comunicación con nada pero a la vez con todo. La abuela, Cleo y el chofer salen de la tienda, no ven este primer plano pues están viviendo su propia otra película en paralelo… y México en 1971 está viviendo desangres como este.

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Una historia muy personal (y que no sucedía en todas las familias) es la solidaridad entre dos mujeres, las dos mujeres principales, la señora Sofía y Cleo – ambas abandonadas, aunque de maneras distintas, por sus hombres. Pese a las diferencias de clase inmensas entre las dos, hay un vínculo de cierta empatía entre ambas.

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En muchas familias latinoamericanas la reacción inmediata en esa época habría sido expulsar a Cleo apenas esta cuenta que está embarazada. De hecho, es lo primero que pregunta Cleo—¿no me va a correr? Hay cierta sutileza en la respuesta y un entendimiento de la situación de Cleo; tal vez causada por el saber que su esposo la había abandonado.

Era tan común tanto la primera como la segunda historia—esposos que se “iban a Quebec” a congresos para nunca volver (en mi familia no inmediata sucedió algo similar, y los hijos quedaron con traumas fuertes), empleadas que quedaban preñadas por sus respectivos “Fermines”, que aquí la parte de memoria es realmente directa y tal vez menos mediada por las ventanas y reflejos.

Fernando Zalamea ha escrito inmensas páginas sobre otro tipo de vasos comunicantes en el cine, en Tarkovsky — y en la matemática, en Riemann o en Grothendieck. La película es manifold, es multiplicidad/variedad repleta de pliegues, memorias de otras películas (¿cómo no pensar en Buñuel al ver a los ricos de la finca disparando al vacío, siendo el vacío?…

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… ¿cómo no recordar escenas similares vividas en fincas donde primos ricos en épocas de infancia?), repleta de ramificaciones, de singularidades que intercomunican distintas películas independientes – pero que Cuarón logra mediante sus ventanas, reflejos y ojos—la mirada de Cleo sobre todo, y repleta de escaleras espléndidas (las de la casa y sobre todo las de la hacienda, que conectan el mundo “de arriba”, de los ricos y sus pistolas y su whisky y sus cigarrillos y sus criadas, con el “de abajo”, el del pulque y las historias de los ejidos y la música popular).

Pero sobre todo, ¿cómo no soñar con esta imagen? (Tal vez la más emblemática: ¿las cabezas conectadas, el niño que recuerda y la mujer que quiere estar muerta, los techos de Roma y la ropa como un haz de transparencias – lavada de las miserias humanas que se adivinan, las secreciones, sudores y humores de nuestra condición humana en manchas en calzoncillos y medias y brasieres – y la luz difusa infinita?)

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Larga pausa (hasta aquí)

El porqué de una larga pausa nunca es obvio, y nunca es fácil de explicar. Pero este segundo semestre de 2018, sobre todo desde mediados de octubre, fue todo menos “normal” en la Universidad. Suspendimos clases (no exactamente por voluntad directa nuestra sino porque las dinámicas del Movimiento Estudiantil, de importancia crucial, llevaron a esa suspensión (no uniforme, no igual en todos los cursos).

Mi octubre fue muy peculiar: tres viajes a ciudades distintas de Colombia (Medellín, Bucaramanga, Popayán) a dar charlas para estudiantes. En Medellín fue sobre el rol distinto de la teoría de conjuntos y la teoría homotópica de tipos. En Bucaramanga sobre problemas para la matemática provenientes de la Química y las diferencias y analogías con problemas venidos de la Física reciente. En Popayán fue un minicurso de cuatro horas muy intensas sobre Cuatro Conexiones entre Matemática, Arte y Filosofía.

Más allá de los temas específicos, en esos viajes en octubre vi cómo sucedía en la UN-Medellín, en la UIS, en la Univ. del Cauca el Movimiento Estudiantil. Cómo se sentía de agresivo el ESMAD en Popayán comparado con lo que veía en Bogotá al mismo tiempo. Cómo la UIS se sentía un poco “tranquila”, en calma chicha, comparada con Bogotá. Cómo en Medellín les sorprendía que en Bogotá aún no hubiéramos empezado a principios de octubre.

El 10 de octubre hubo una marcha en todo el país, que registré aquí (desde mi ángulo muy restringido – el video realmente es solo el testimonio de un marchante):

 


 

Luego llegó noviembre con un giro en el Movimiento de la euforia al paro duro, a cierto enfrentamiento (leve, por fortuna) entre colegas. Fue el mes de los bloqueos y el congelamiento y las discusiones duras a muchos niveles. A nivel personal fue muy tensionante ver que la cosa se empantanaba – o que actores desconocidos se estaban tomando el otrora Movimiento.

Por otro lado una parte de mí presentía que era importante pasar lo mejor posible por esa etapa dura. Aunque compartía racionalmente los argumentos de mis colegas que querían evitar ese parto (paro – se me fue la “t” pero la dejo, pues el desliz freudiano de teclado cuadra ahí) a toda costa, algo en mí me decía también que esa etapa dura iba a ser necesaria. Seguí hablando mucho con los estudiantes de Teoría de Conjuntos (la avanzada), mucho menos con los menores. Por diez días me fui del país, al maravilloso Montseny en Cataluña y luego a París a clavarme a trabajar con Jouko y Boban sobre L^1_\kappa (después tal vez escribiré por qué).

En el Montseny celebramos los 60 años de Joan Bagaria, el conjuntista catalán repleto de energía y arrojo e ideas. Fue hermosísimo vivir por unos pocos días entre conjuntistas famosos en un hotel viejo en esas montañas – y sentir que estábamos plenamente en Cataluña y punto (no se mencionó nunca el país vecino al suroeste durante ese congreso, pero sí se enfatizó mucho el rol de Cataluña misma). Fue cuatro días de sueño, de maravilla. Hablé de lógica infinitaria, propiedades de reflexión y L^1_\kappa.

Al retorno de esos diez días que viví tan intensamente (también trabajamos en el MA Collective, que debe salir pronto) me reencontré con el Movimiento.

Con Fernando Zalamea, con María Clara, con muchos otros profesores, desde el puro inicio del Movimiento habíamos hecho clases al aire libre. En el Parque Nacional (Matemáticas, Arte, Derechos Humanos y el Problema de lo Público), en el Jardín Botánico (Dibujo de Plantas y Política – María Clara Cortés), (Árboles y Combinatoria Infinita, en el Parque de la Independencia), etc. etc.

También continuamos el Seminario de Lógica y Geometría (pese al “Paro”), con participación por videoconferencia de Scanlon (eso fue fantástico)… e incluso…

Incluso llegamos a estrenar Köy (La Aldea), la película de Tülay Dikenoğlu hecha en Sirinçe, en Turquía. El estreno fue otro evento increíble.


Pero curiosamente todo eso (y mucho más) fue muy agotador. Energéticamente es más exigente no hacer clase, posponer (pero seguir pendiente, hablar con los estudiantes) que hacer clase. El semestre terminará a mediados de marzo (!!!). Se lograron cosas importantes, afortunadamente. Pero ahora empieza el Movimiento en serio. En una materia ya casi terminamos, en otra nos falta un poco de tema. Pero sigue la tensión.


En medio de tanta cosa simple y llanamente no me quedó tiempo (ni energía) para el blog – que tanta falta me hizo.


Compilé un video con imágenes bastante personales de este año que termina el lunes. Aquí está (creo que solo es interesante verlo para aquellos que cruzaron físicamente su camino con el mío este año; de resto es simplemente una colección de impresiones personales):

 

 


Nota importante: Abdul fue compañía maravillosa durante este semestre. Helo aquí:

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redes del cielo

Este es un post para Fernando Zalamea, principalmente. Para María Clara, claro, también, y para Alejandro Martín y Alex Cruz. La conversación mental con ellos fue muy intensa durante cuatro días de salida forzosa de la zona Schengen por un tema de visa (como todos los temas de visas, a posteriori completamente trivial y fútil pero mientras se vive angustiante y omnipresente). Cuatro días de vueltas y caminatas por Petersburgo, por la colección de libros pintados de Bashmakov, por los vericuetos de las propiedades de levantamiento (teoría de modelos pura y crudamente homotópica) de Gavrilovich, de Arca Rusa extendida, de ensoñaciones en el jardín de Ana Ajmátova, de saber que estaba viviendo en la isla de Raskolnikov, la zona de la universidad, la zona más antigua de esa ciudad artificial rusa.

Fernando viajó ahora a Nueva York a lanzar nuevas redes, a dejar volar nuevas conexiones. Trajo una bocanada de aire fresco, abrió nuevas compuertas para quienes felices intentamos seguir a trozos la pista trazada por él. Y recordé los cielos de Petersburgo al ver sus imágenes. Hay geometrías, desde Tales hasta Mumford, ahí trazadas por cables ignaros (?), para quien quiera detenerse a verlas – hay incluso una trazada sin cables, por las nubes, para los que la puedan ver:

Minimal notes.

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Fragment of a topos: Through a glass, blurredly. June 2014.
  • Aotearoa, next 10 days. To dive into conversation with a mathematical couple (he, an opener of Shelah’s “third way” (according to the Lazy Model Theoretician guide), she, an algebraic geometer). Will try to pay honor to Ruapehu, if time allows it.
  • Back to LPs for sound (now, with USB connection). Warmer? Different sampling?
  • Neighbor is a fan of Mos Def. While I shower I hear his Mos Def – not sure if I like it that way, but at least I know the song (and like it). Being a model theorist, seeing the words Mos Def, I cannot help thinking what kind of definability is he implying in his works. I cannot not see definability whenever it is hinted at, even unwillingly or unawares.
  • Extreme fatigue caused by election nervousness: the state of all around me, myself included. Brutal weariness.
  • Guasca: veredas ondulantes a 2900 metros. Fin de semana idílico, en un paisaje que ya empieza a dejar la Sabana, sin ser realmente el Páramo.
  • Pleasantly surprised by Bovykin’s approach to Paris-Harrington, presented in my logic class by three students. I asked each group (at the start of the semester) to find their own project subjects – they had freedom to discover it, but then had to work on what they chose. This group chose to work on Paris-Harrington (we saw Gödel’s Incompleteness by the middle of the semester and I had been mentioning the more “close to real mathematics” result by Paris and Harrington). They found Bovykin’s approach to be much more readable – one of them seems to have gotten well the role of cuts and minimal initial segments.
  • Backlog in almost everything.
  • (Godement (following Cartan and Grothendieck))’s treatment of classical construction of sheaves veers close to invariant sheaves in model theory.
  • Zalamea (Fernando) has managed to write a letter that is at the same time personal and a work of art – close to the style of his late brother Gustavo. I received that letter, and I feel I have a version of a “dual Zalamea”, a kind of hybrid of the talents of the two brothers. I have tried to photograph it in a way that blurs the personal, yet allows the “tree” structure, the “pictorial” background to be seen and appreciated. No success: my abilities as a photographer, when trying to “mod out” reality, are too limited.
  • In our project topoi (where we have been slower than at the beginning, for good reasons that have to do with internal dynamics of the project itself), we have been trying to capture dynamic topoi  –  “dynamic systems” that like the other topoi, bridge the (almost impossible, yet almost obvious) conversation between two artists and two mathematicians. So far, the project has been building up, slowly really slowly, the new path toward dynamic topoi.
  • I truly liked my other student’s presentation of Hrushovski’s cryptic line in the Covers and EI paper – ninety minutes of Galois theory to cover up a sentence. Beers after seminar were welcome, and good.
  • I see more and more young parents around me (well, not really young – compared to my own parents when they became parents, they are really old, but I mean “young parents” as in “parents of small children”) incredibly concerned about every little detail of their children’s life, to an insane degree. Unhappy with all school systems, unhappy with vaccines in some cases, unhappy with possible germs in schools, they utter sentences such as “how can I trust my dear child to unreliable teachers, horribly bad influence of society, strange people’s children?”. They ponder and discuss and are concerned endlessly about wanting their children to be atheistic and free from bad influence from religion, or wanting their children to be free from violence in movies or TV, or maybe decide to home-school their children because schools are “all so terrible”. Those poor children are the center of too many concerns, and I worry they will react sharply to their parents’ extreme insecurities. While they may not hear their parents’ constant concern being voiced over, they for sure can feel it and may absorb the excess insecurity of our times. Too much helicoptering doesn’t forebode well for those poor children of over-concerned parents.
  • For a month now, have listened to no hip-hop and no rap (except for my neighbor’s Mos Def). Cleansing my own ears and mind is good, to appreciate better. Now Mahler and Bruckner and Schoenberg are filling the void.
  • Like our ancestors, I always feel that when the semester ends I crawl, slowly, out of a boiling pool of water, slowly into open air. While I like very much teaching (and consider it a privilege), I also love being freed from teaching obligations, at the end of the semester. Both feelings seem contradictory, but both are important. עֵת לִפְרוֹץ וְעֵת לִבְנוֹת.

recap – tarte tatin – stream of

Having no time to compose posts – to com-post, as it were – during these past days, I reduce my comments to some photographic hints of a few moments of these past heady days. No glimpse of a six-day immersion into the world of modular invariants with Tim – quantum and classical – one of the most beautiful times of my mathematical life so far. This is what I want to do, that is what I want to solve. On Sunday mere extreme, but elated, fatigue:

OLYMPUS DIGITAL CAMERADays before, a meeting with our friends F and ME, accompanied by tarte tatin [now made symbolic of all that’s not green jelly=analytic philosophy, tarte tatin is continental, phenomenological, husserlian, merleau-pontyian, perhaps even, in a twisted way, peircian! (I need to add the quote from F’s essay, of course…)] and fishpie – a meeting to reminisce the harshnesses and porosity of the Scottish coastline, all the while visiting beloved movies in our palates and minds, evoking Riemann surfaces and antinomian roots and branches (and so many trees, so many shapes in ME’s incredible collection). An infinite conversation, infinitely branching and porous and twisting and self-reflecting. An evening made of expectations, discoveries, much more unsaid than said, much more implied than stated. Like walking on the upper decks of those abandoned abbeys of Yorkshire and Scotland, made similar to the coastline by cumulated winds and storms, and glimpsing at the abysses, the fall, the vertigo. It was vertigo!

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No time to read: barely 30 pages of Gombrowicz: the fall into immaturity as told in Ferdydurke – one cannot read too fast such topics. It seems to speak of my own (daily) falls into immaturity, my own inner struggles between a mature AV and the many immature versions of AV that co-exist and resurface and bully the mature one as in the novel. The novel creates streams of consciousness, pro-bono.

Of course, a couple of articles for my logic course – among them, one by Schiemer and Reck called Logic in the 1930s: Type Theory and Model Theory. The very least I can do for my students if starting to teach mathematical logic for the n-th time is to renew sources, at least a little bit – and read about the origins (ideally, some original material as well). Juliette’s paper for the Bulletin is of course, another important source.

Teo visited today. MC took him to the big park at Museo del Chicó, to be in the park, to play. And then, afternoon, he stayed here, talking a bit, playing a lot, laughing and looking at labyrinths and building houses and car runs. He is almost impossible to photograph – he moves too fast for the low light of Bogotá, for my lack of flash in the camera.

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Снился мне путь на Север – amigos – Grebenshikov

Este es un post para María Clara – para recordar el invierno infinito que tuvimos en Finlandia, cuando surcábamos entre la nieve en tren los bosques y los campos entre Helsinki y Tampere, cuando íbamos a las charlas del otro seminario, a caminar por 30 grados bajo cero acompañados por Meeri hacia el museo de arte de Tampere, perdido en alguna casita sueca en medio de los lagos y la tundra de esa ciudad – cuando íbamos hacia Hanko y hacia Tammisaari buscando el Báltico congelado y sus mil formas, cuando tomamos ese tren mítico hacia San Petersburgo y nos encontramos con las canciones de Гребенщиков allá, y cuando volvíamos agotados y parábamos en Stockmann a comprar huevitos de trucha y de salmón y de esturión y no nos cansábamos de comer y comer blinis con esos huevos y crema smetana y cerveza y vodka.

Y este es un post para Alejo, ese amigo que se nos desaparece a veces por períodos largos y reaparece con cuentos siempre más extraños y más locos y nos invita a ir con él a Nueva York (no sabemos bien a qué – a pasarla bueno, porque qué más – con Alejo siempre es ese el plan – entre mil conversaciones y libros y exposiciones y proyectos y locuras y comilonas y caminatas por el frío o entradas al sauna navideño en Finlandia o discutir por mil temas etéreos y efímeros que pueden llevarnos a peñascos peligrosos en La Vieja o en los confines de Savonia – con paisajes como los de ese tren de Grebenshikov). Alejo podrá desaparecerse a veces, pero es finalmente el único que ha llegado a buscarnos hasta el fin de Europa, el fin del mundo casi, y además se aguantó que lo lleváramos de bienvenida a un lugar en la frontera rusa, completamente perdido y remoto.

Y este es un post para los demás – para Alex Usvyatsov con quien escucháramos en La Macarena hace mil años otra versión de esas canciones de Гребенщиков, tomando vino con Sharon y con Apolo (nunca logro expresar suficientemente el Спасибо, el תודה רבה adecuadamente por todos sus regalos increíbles que envía desde Israel o desde Portugal) – para Javier, que ve paisajes similares cuando va en tren en invierno allá en Ontario, y que hoy mismo está descubriendo de nuevo la nieve con su hija Laia (uno siempre vuelve a descubrir la nieve como si la viera por primera vez en la vida – me dan una nevada y me pueden poner feliz como si tuviera la edad de Laia), el Javier que siempre se aguanta mis mensajes largos llenos de disquisiciones medio absurdas y me da respuestas maduras y bien pensadas – para los muchos otros con quienes compartimos a Helsinki (virtual o real) o Rusia: Juan y Patricia de México (que fueron hasta allá también pero encontraron un invierno más brutal que lo normal y tuvieron que refugiarse en… San Petersburgo); Gabriel el caraqueño ahora bogotano más אינטנסיבי e inteligente que conozco (el Gabriel que me dice que más que venezolano es caraqueño, y más que caraqueño es de la Parroquia de La Pastora – a lo cual yo contesto que más que colombiano soy bogotano, y más que bogotano soy del corredor que hay entre la Universidad Nacional y los cerros), el músico que puede conjurar con su flauta los nigunim de Besarabia o la dulzura de un postre sefardí al improvisar con Alfonso – par de pseudo-cripto-sefardíes ambos ocultos en los corredores de la Universidad Nacional, dos de los seres más impresionantes que he conocido – tan similares y tan distintos – que lograron el mejor diálogo que he escuchado en mucho tiempo con una viola da gamba y una flauta – Alfonso el compañero junto con Francia y León de aventuras mentales y muy vívidas en otras nevadas, en el desierto de Jordania buscando a Petra como si fuera el arca perdida; y es un post para Fernando, el mosquetero principal de las batallas de ideas y síntesis y tríadas e imágenes retorcidas del románico (Fernando increíblemente enérgico siempre, con sus libros, sus batallas en la Universidad, sus viajes a los confines más remotos del Medioevo tardío, de la Modernidad, del Ampurdán románico o las bocas del Ebro, por los topoi y las homotopías de tipos, y mil otros temas que me tomaría el blog entero abarcar).

Sí: Grebenshikov genera esos estados de ánimo – un poco troika rusa, un poco embriagados de pura música y nieve y trenes y pensar en lo que Pitol llama la “enorme polifonía” de la novela rusa, el gran descubrimiento que hicieron esos autores: meter mil voces al tiempo en una novela, como los palacetes que tenían llenos de gente (familiares, visitantes, siervos) y con divisiones de madera delgada que dejaban pasar todos los ruidos con lo cual uno se enteraba siempre de toda la intimidad de todo el mundo, como en las obras de esos autores. Grebenshikov genera ese estado de ánimo. Tal vez la mención de la nieve en Ontario por Javier, tal vez el pedido de Alejo de pensar en la Macarena para su edición del diario (pero en vez de llegar a la Macarena llegué a Grebenshikov y a Finlandia y a la nieve)…

Decía yo en 2007, en otro blog:

La música de Boris Grebenshikov me acompañó (en la mente) durante todo el viaje a San Petersburgo, hace ya siete meses. Tal vez por las sonoridades repetidas de las difíciles vocales y consonantes rusas que oíamos por doquier y me recordaban las canciones de Grebenshikov, tal vez por los trozos en ruso de Après moi le déluge de Regina Spektor – tal vez porque Grebenshikov (Barís, no Boris, le grita varias veces el público feliz – como en la representación teatral de La guerra y la paz que vimos hace año y medio en Bogotá – Natasha y Sonia jugando con Boris, persiguiéndolo por la casa enorme, gritando Борис, Борис!, en algo que me sonaba a Barís, Barís, Barís!) tal vez porque Grebenshikov está tan íntimamente ligado con San Petersburgo (ahora bien – el video que colgué, Masha i medved, no sucede en San Petersburgo – me parece que tiene lugar en la (distintísima) Moscú). Recuerdo también que Alex Usvyatsov se puso muy contento de oir a Grebenshikov en la Macarena, en su primera ida a Colombia. Finalmente nos animamos: vamos la semana entrante a Laponia. Vimos el viernes pasado (por segunda vez, después de muchos años) Los amantes del círculo polar ártico. Cuando la vimos en Bogotá por primera vez, yo sentía que Laponia era lejísimos, y no la asociaba a ningún país real. Sencillamente sabía que parte de la historia tenía lugar en la porra. Fue muy simpático (y extraño) verla y notar que es realmente hecha en Finlandia, en Rovaniemi – que no es más que el inicio de Laponia, y que es a esa tierra que se sentía absurdamente lejana cuando la vimos en Bogotá (sin sospechar acercarnos jamás por allá, y menos vivir por un tiempo en el mismo país) que iremos la semana que viene. Cuando Ana le dice a la mamá en la película que se larga para Laponia, la mamá la mira incrédula como si no tuviera ningún sentido lo que Ana acaba de decir. La verdad, hace pocos años no me la hubiera creído.

Aguas estrechas / El cordón umbilical

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Con los libros franceses clásicos (y los modernos editados por gente como José Corti) la expectativa de la lectura se hace muy fuerte por las páginas no cortadas: se supone que uno va cortando a medida que va leyendo (y por ende puede uno saber, si suspendió la lectura hace meses o años, exactamente hasta qué punto había llegado). La sensación física de las páginas (sensual, olorosa) es aún más intensa con estos libros que uno tiene obligatoriamente que ir cortando, rasgando, trozando, para poder seguir leyéndolos.

Ésta es una novela muy corta (74 páginas, regalo maravilloso que me dio Fernando Zalamea el jueves antes de entrar al minicurso de Álex Cruz) escrita por Julien Gracq, el autor de Le rivage des Syrtes, esa novela que algunos describen como de lo mejor de todo el siglo XX. Aún no he iniciado su lectura, pero promete ser fascinante. Inicia con la frase siguiente:

[Pourquoi le sentiment s’est-il ancré en moi de bonne heure que, si le voyage seul — le voyage sans idée de retour — ouvre pour nous les portes et peut changer vraiment notre vie, un sortilège plus caché, qui s’apparente au maniement de la baguette de sourcier, se lie à la promenade entre toutes préférée, à l’excursion sans aventure et sans imprévu qui nous ramène en quelques heures à notre point d’attache, à la clôture de la maison familière?]

(¿Por qué  se instaló en mí  tempranamente el sentimiento de que, si solo el viaje — el viaje sin idea de retorno — abre para nosotros las puertas y puede cambiar de verdad nuestra vida, un sortilegio más oculto parecido al manejo de la varilla del zahorí, se enlaza con el paseo preferido entre todos, con la excursión sin aventuras ni imprevistos que nos lleva en pocas horas a nuestro punto de amarre, a la clausura de la casa familiar?)

La frase inicial pone a este texto inmediatamente al lado de textos como Aurélia de Nerval, donde se inicia la segunda vida que es el sueño: Le rêve est une seconde vie. Je n’ai pu percer sans frémir ces portes d’ivoire ou de corne qui nous séparent du monde invisible. Les premiers instants du sommeil sont l’image de la mort ; un engourdissement nébuleux saisit notre pensée, et nous ne pouvons déterminer l’instant précis où le moi, sous une autre forme, continue l’œuvre de l’existence. C’est un souterrain vague qui s’éclaire peu à peu, et où se dégagent de l’ombre et de la nuit les pâles figures gravement immobiles qui habitent le séjour des limbes. Puis le tableau se forme, une clarté nouvelle illumine et fait jouer ces apparitions bizarres : – le monde des Esprits s’ouvre pour nous. — Trad. libre mía: El sueño es una segunda vida. Jamás he podido atravesar sin temblar esas puertas de marfil o de cuerno que nos separan del mundo invisible. Los primeros instantes del sueño son la imagen de la muerte; un embotamiento nebuloso se apodera de nuestro pensamiento, y y no podemos determinar en qué instante preciso el yo, bajo otra forma, continúa la obra de la existencia. Es un subterráneo baldío que se aclara poco a poco, del cual se desprenden de la sombra y de la noche las pálidas figuras gravemente inmóviles que habitan la morada de los limbos. Luego se forma el cuadro, una claridad nueva ilumina y hace que jueguen esas apariciones extrañas: se abre para nosotros el mundo de los Espíritus.

Tengo que conseguir el cortador para ir abriendo el libro, literalmente.

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La otra compra reciente de libros es otro regalo (este, mío, a María Clara): El cordón umbilical de Jean Cocteau. Parece ser también un libro de ensayos, mezclado con dibujos hechos por Cocteau y trozos de diarios, con fotos de la gente que cruzaba el camino de Cocteau y de él mismo.

En el viaje, el primer día de carretera cruzando el Norfolk saliendo de Norwich, yendo primero hace Ely, luego hacia Cambridge y finalmente poco a poco hacia Oxford (qué revoltijo de carreteras pequeñas, de auténticos mazes ingleses como los laberintos de las iglesias románicas, parece ese tramo: en el mapa se ve cercano pero toma horas y horas – un poco como la película que vimos con Alejandro y María Clara anoche, basada en Los anillos de Saturno de W. Sebald), compré un disco de Delius en la tienda de la catedral de Ely.

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A Ely llegamos indirectamente por una conversación con Fernando, también en el Departamento de Matemáticas, justo antes de nuestro viaje (tan paralelo, cuasi-sincrónico, con el de ellos) a Inglaterra y Escocia. Primera parada importante después de Norwich (la ciudad de las 350 iglesias románicas – o por lo menos así se siente), en Ely hay sencillamente una catedral sumamente imponente. Describirla está un poco fuera de lugar para mí aquí. Creo que lo mejor es imaginar algo que requiere la pluma de un Proust – y por ahora dejarlo así.

En la tienda de esa catedral compré un par de discos: uno de Delius (el compositor británico de principios del siglo XX que inspira el capítulo 2 de Cloud Atlas de Mitchell – no he visto la película, pero el libro me impactó mucho) y otro que tal vez no me impresionó mucho pues no lo recuerdo ahora mismo. El de Delius es increíble, como toda su música. Un poco inclasificable, como buen inglés: fuera de los grandes movimientos vieneses/franceses de su época. El paisaje de la campiña de Norfolk (tan bien evocado en la película sobre Sebald) me hizo dar ganas de escuchar de nuevo a Delius. A Delius lo había escuchado en Educación musical – un curso obligatorio del Colegio Réfous, tal vez el mejor curso que se impartía en ese colegio, junto con MM7 [un inicio de análisis vía topología básica repleta de dibujos en verde y rojo – análisis hecho con topologías raras, la “usual” no era particularmente usual en ese curso]… pero Delius entonces me había aburrido infinitamente. Por Mitchell lo volví a escuchar y ahora me impresiona mucho. Fue el mejor companion sonoro de la campiña inglesa del sur.

The garden of forking paths

Reading a sentence like this about a friend, also a colleague three doors down the corridor, written by someone I do not know, in a blog devoted to interpretation “with-and-beyond Novalis” gives me hope for many good things:

I have no hesitation in saying that Fernando Zalamea’s book Synthetic Philosophy of Contemporary Mathematics is the most important one today in the field of philosophy of mathematics — not so much for its uniquely Goethean discoveries and sheaf theory — but for its explicit call to dialogue and exploration of the wild heart of life whose name is Satyagraha of which the world of mathematics is but a ever-significant microcosm.

(The author of inthesaltmine)

Of course, I am not surprised: Zalamea’s book is the main eye-opener in this generation in Philosophy of Mathematics. I can only feel deep gratitude to have crossed his path at an early age (when I met him, I was 22 years old; Zalamea was the reader of my Master’s Thesis with Xavier Caicedo: his comments to my thesis were at the same time incredibly encouraging, and they allowed my to glimpse and have a sense of the potential of the theories I was starting to study at the time). Our paths have crossed in different places (oddly, not so much in the Math Department of Bogotá, although we have been members of the same committees and have offices in the same corridor, just three doors apart): Catalonia, for several intense days during which Fernando drove with MaríaElsa, and María Clara and me through minimal roads leading through gorges and precipices to the wildest dreams of imagination of the Romanesque Period in the monasteries of Catalonia, or Finland (where we had to leave before his arrival – the paths did not quite cross but almost did – we connected through aspects and places in Helsinki). Or, oddly enough, in New York – crossing paths in a weird way earlier this year. Or else through the volume Rondas en Sais, edited by Fernando, with papers by Javier Moreno, Alejandro Martín, Alex Cruz, Francisco Vargas, myself and of course Zalamea himself… Or in El Vendrell…

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A few years back, María Clara Cortés and Fernando Zalamea, by the sinking boat…

The search for Lautman (physical, in a street of Toulouse; conceptual, through the years), the use of new frames of mind, all this is a sort of dialogue that the author of inthesaltmine proposes after his reading of Zalamea’s volume.

Dialogue with Zalamea is of a weird kind: he is not (often) devoted to direct exchange of ideas: to engage dialogue with Zalamea, you essentially have to do a lot of work, give some lectures, and after that you will get a response in the form of a comment to some aspect of your lecture; or else write an essay (or even better, publish a paper or a book!) and you will get incredible feedback. Zalamea is (also) an extremely keen and sharp reader – one of those readers who may discover many things in your own text that “were there but you didn’t notice until he pointed them out”.

Recently, the “phenomenological sheaf” has started to twist itself: in later musings, we (with Gabriel Padilla, with Tim Gendron, etc.) have started to include the effect of actions by groups on the fibers – actions coherent and exact themselves – sheaf actions and their quotients. These give rise to new objects, quotients of sheaves, contorted sheaves, torsion incorporated in a sheaf-like way. A first (mathematical) foray, done with Gabriel, already extends the Generic Model Theorem to this new realm, and opens the way to twisted objects. With Tim, the work connects these objects with problems in number theory (no paper yet there).

Rondas en Sais

Rondas
Rondas en Sais – Ensayos sobre Matemáticas y Cultura Contemporánea

No lo había comentado: en enero salió impreso (en edición fantástica de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia) el volumen Rondas en Sais – Ensayos sobre Matemáticas y Cultura Contemporánea, editado por Fernando Zalamea, con ensayos sobre Matemática y temas distintos.

Hay un buen número de ensayos (incluído uno mío sobre Creatividad matemática y hermenéutica en Shelah y Zilber), pero destaco especialmente algunos que me encantaron:

Francisco Vargas (Aritmología, infinito y trascendencia: hacia el lugar de las matemáticas en la filosofía de Pavel Florenski),

Javier Moreno (Auge, muerte e inesperada resurrección de una teoría matemática de la narrativa)

Alejandro Martín (Algunas conexiones sueltas entre cine contemporáneo y matemáticas).

También me parece bueno el de Alex Cruz (Hacia una filosofía galoisiana de las matemáticas) – creo que Alex, ahora que está haciendo su doctorado en Geometría en Tokio, está absorbiendo cantidades impresionantes de material y de ideas que harán que su ensayo sea realmente obra en movimiento.

La edición es sumamente original – trabajo de Fernando Zalamea, que combina la mezcla de temas y el uso de fragmentos (distorsionados) de yellow pages de Shelah, apuntes de otros matemáticos (Grothendieck), y obras de la brasileña Regina Silveira y de María Clara Cortés (la serie Los regalos perfectos, principalmente).

Es uno de esos eventos/mezcla (como Simplicity en Nueva York) que rara vez se dan – pero cuando se dan pueden producir cosas interesantísimas.