redes del cielo

Este es un post para Fernando Zalamea, principalmente. Para María Clara, claro, también, y para Alejandro Martín y Alex Cruz. La conversación mental con ellos fue muy intensa durante cuatro días de salida forzosa de la zona Schengen por un tema de visa (como todos los temas de visas, a posteriori completamente trivial y fútil pero mientras se vive angustiante y omnipresente). Cuatro días de vueltas y caminatas por Petersburgo, por la colección de libros pintados de Bashmakov, por los vericuetos de las propiedades de levantamiento (teoría de modelos pura y crudamente homotópica) de Gavrilovich, de Arca Rusa extendida, de ensoñaciones en el jardín de Ana Ajmátova, de saber que estaba viviendo en la isla de Raskolnikov, la zona de la universidad, la zona más antigua de esa ciudad artificial rusa.

Fernando viajó ahora a Nueva York a lanzar nuevas redes, a dejar volar nuevas conexiones. Trajo una bocanada de aire fresco, abrió nuevas compuertas para quienes felices intentamos seguir a trozos la pista trazada por él. Y recordé los cielos de Petersburgo al ver sus imágenes. Hay geometrías, desde Tales hasta Mumford, ahí trazadas por cables ignaros (?), para quien quiera detenerse a verlas – hay incluso una trazada sin cables, por las nubes, para los que la puedan ver:

Mandelshtam, etc.

en realidad no conozco bien ni a Osip Mandelshtam ni a los demás acmeístas… pero de una u otra manera siempre se han aparecido por ahí, como esa gente que uno admira pero no logra entender a fondo nunca y de vez en cuando aparece donde uno no espera

Ajmátova: Juliette me recomendó fuertemente que leyera a Ajmátova antes de ir a San Petersburgo – cosa que hice parcialmente (compré unas antologías – traté de capturar un poco los temas, las preocupaciones – Volpi tiene un capítulo sumamente interesante con la visita de Isaiah Berlin a Ajmátova en su palacete (palacete-cárcel) de San Petersburgo

Bely: mis amigos rusos de Madison (eran de lejos los que tenían mejor formación matemática de pregrado, pero de lejísimos – además eran cultos y veían el aprender cosas – literatura, arte, música, matemática – primordialmente como algo supremamente divertido) siempre hablaban de Andrei Bely (o Biely – mejor dicho Андре́й Бе́лый). No logré leer la novela que compré entonces (Peterburg). Nabokov pone esa novela como una “de las cuatro mejores del siglo 20”. No sé si es la traducción o qué es – siempre que intento leerla me parece maravilloso el inicio pero luego me distraigo y me voy por las ramas. Bely además era el hijo de Nicolai Bugaev, el fundador de la gran (gran gran de verdad) escuela de matemáticas de Moscú (que incluyó a gente como Alexandrov, Kolmogórov, Luzin, y finalmente dio lugar a gente como Gelfand).

Florensky: aunque no era directamente poeta acmeísta, era (después de su pregrado en matemáticas en Moscú) un enorme místico y estudioso del arte (La perspectiva invertida). etc. etc. etc.