Tres películas muy distintas. Un tema.

El tema es (obviamente) el tema de hoy: la inmigración. Las fronteras y la noción de cruzarlas (o no) legal o “ilegal”-mente. La zona del medio, el no-man’s land (que ahora se podría llamar no-land’s man, o nowhere man, o algo que marque la situación de gente que no logra tener el estatus oficial de refugiado, que los haría partícipes de algo, y no son ciudadanos de ningún lugar).

Las tres películas son (en la superficie) totalmente distintas. La primera es el documental Human Flow del artista chino Ai Wei Wei. La segunda es el drama alemán (dirigido por Fatih Akin; alemán hijo de turcos) Aus dem Nichts. Y la tercera es una comedia ligera llamada Madame; una de esas comedias gringoides parisinas.

María Clara al regresar caminando después de la tercera película me hizo caer en cuenta de los parecidos entre las tres.

A primera vista nada que ver las unas con las otras. Un documental (con la mano de un artista contemporáneo, famoso por sus instalaciones gigantes y sus múltiples luchas con las autoridades; también famoso por mover muchos medios y provenir de una familia riquísima que le ha financiado parte de sus obras), un drama (dirigido con el toque brutal, sin contemplaciones, sin suavidades, muy alemán y a la vez con una mirada externa muy acerada) y una comedia ligera (con Rossy de Palma y Harvey Keitel como actores principales; una comedia de ricachones gringos en París).

Pero el tema en las tres en el fondo es el ser migrante. Ai Weiwei usa medios fantásticos para mostrar los campos gigantes de Europa, de Turquía, de Líbano, de Gaza, de Eritrea – donde millones de personas están en ese estado de no land’s man tan brutal – algunos por generaciones enteras. Se involucra, habla con algunos – o bien hace planos gigantes que se van acercando lentamente hasta la bajada al mundo real. Fatih Akin muestra el racismo inherente y estructural del sistema legal de Alemania, a través de una historia donde un asesinato (bombazo) cometido por unos nazis genera toda una serie de acusaciones mal dirigidas, dudas a lo “diferente” (lo turco, la mujer), malicia de la policía cuando sin investigar decreta que el atentado “debió ser una pelea entre bandas rivales turcas, o albanesas o kurdas o de algún país de esos”… y solo cuando la evidencia del origen nazi de los ataques se vuelve ineludible lleva las cosas a proceso… Y en Madame, en medio de la ligereza (atenuada por la actuación de Rossy de Palma) de una película que casi sería olvidable, hay frases muy dicientes. Por ejemplo, cuando está el problema de hacer que una de las criadas se siente en la mesa de una cena con gente muy “elegante y fina” – el joven alcalde de Londres y su esposo, coleccionistas de arte franceses, etc. – surge el tema de si la criada filipina puede ser. La Madame hace cara de asombro y dice “nobody invites a Philipino maid to this kind of dinner”. La frase dicha así, casualmente, queda flotando. Y así con muchas otras. Terminan incluyendo a la criada española porque de alguna manera España puede ser dentro de su tercermundismo (y la percepción nórdica de Spain is different, acentuada recientemente por la propia España en su neo-autoritarismo) un país con reyes “de verdad” y gente que aunque un poco rara aún podría estar en esa mesa gringo-inglesa-parisina.


Una noticia del Guardian invitaba a los europeos a mirar el ejemplo de varios países africanos (Uganda, Kenia) en la manera como lidian con sus inmigrantes. Decían que alguno de esos países lograban de hecho incorporar a muchos migrantes en toda clase de actividades – cosa que los europeos en este momento no tienen ni idea de cómo hacer.


Y de alguna manera, tras Ai Wei Wei, tras Fatih Akin y tras la ligereza de Madame, está el tema: ¿por qué pueden lidiar (a regañadientes, y finalmente no les funciona) con la migrante española pobre, pero no con la filipina? ¿Por qué Europa le paga tanto a Turquía para que se quede con los migrantes que llegan desde lugares tan lejanos como Afganistán – además de la vecina Siria – y le ofrece a los turcos poder entrar sin visa a Europa como parte de pago? ¿Por qué México procesaba tan duro las visas de colombianos y nos trata a veces con tanta desconfianza? De hecho – ¿por qué en México separan los vuelos que llegan de Suramérica de los que llegan de Norteamérica y Europa, en filas de migración distintas?

Ver la película de Ai Wei Wei es duro. Ver que hay millones de personas sin ningún tipo de protección – no son “ciudadanos” de ninguna parte y están ahí a la deriva (o mucho más a la deriva que los demás). Ver a Fatih Akin y sentir la frustración y la rabia de una mujer que entiende que Alemania es racista en su estructura, más allá de la existencia de esos nazis. Ver Madame y ver cómo construyen un humor sobre la mediocridad de la burguesía yéndose a pique (el Caravaggio que se ve a leguas falso, el mal gusto francés o franco-gringo, y finalmente el desprecio brutal de un ricachón inglés por todo lo que se salga de su esquema).


Vale la pena ver esa última película por la cara hermosísima de Rossy de Palma en las escenas finales. Ella de alguna manera salva todo y permite seguir soñando.


Agregado después: abro la página del Guardian y me encuentro con una noticia “Migrant children and families now face indefinite detention by US“. No puedo ni leerla completa. Es de lo más deprimente que hay hoy en día. Y esta otra de ayer en el Telegraph: “Up to 100 migrants, including babies, feared dead after boat sinks off the coast of Libya“. Esta última parece que era un barco que Italia no dejó amarrar a ninguno de sus puertos.

En 1906 el barco Sirio repleto de migrantes italianos que venían camino a América se hundió al frente de Cartagena (España). Hay canciones muy tristes (y muy bellas) que cuentan ese naufragio:

(Me aterra pensar que ahora hay barcos devueltos de las costas italianas; que uno de estos se hundió.)

República

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Tal vez ningún otro país usa la palabra República – République – como Francia hoy en día. Los que llegamos allá de las muchas otras repúblicas que hay (Colombia, Perú, México, etc.) nunca imaginamos el peso que esa palabra puede llegar a tener, lo contundente que puede llegar a ser el hacer parte de una república como la République Française.

El término es muy antiguo, obviamente, pero en nuestra era el país que abrió de manera más contundente (y cortante) el espacio para tantas otras repúblicas fue claramente Francia. Sin ambages.

La Plaza de la República en París es un espacio de representación perfecto para ese drama.

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diez metros / video / Canetti

Como nunca he sentido que nade muy bien (siempre percibo mi propia lentitud) a pesar de haber nadado con regularidad en varios otros momentos de mi vida, no creo que mis metáforas de natación sean buenas.

Pero en este momento del semestre, cuando falta poco (pero aún no se ha llegado; no se ha demostrado Morley en modelos, faltan los proyectos finales de los de Discretas II) la sensación es análoga para mí a esos últimos diez metros antes del borde de la piscina, cuando uno siente que no tiene más aire, que no da una brazada más.


Aproveché para aprender a usar lightworks  — un  editor de video bastante mejor que los usuales en linux, y armar un video de impresiones/trozos de la ida a París. Aquí está:


Me dijeron que la ciudad quedó un poco melancólica en ese video. En realidad es un revuelto de muchas cosas: ciclistas en la ciudad, Kiefer, Rodin, algo de vistas y caminatas, un poco de caras de gente del evento y familiares. Y el río.


La autobiografía de Elias Canetti (voy en vol. 1, La lengua salvada) es una maravilla de escritura llana y directa, de introspección seria y directa. Todo lo contrario de la introspección complejísima y supremamente mediada de Proust, en su propia “búsqueda de sí mismo” Canetti opta por un camino de luz directa, leve ironía – sobre todo mucha auto-ironía y captura de voces.

El español de su familia (que estando en Bulgaria aún usaba el español como idioma varios siglos después de la expulsión), su idioma primordial, esa versión judía del español de hace ya más de cinco siglos, parece ser la base de toda su construcción y de toda su percepción. Ese idioma de infancia está salpicado del búlgaro de las criadas campesinas, del turco de los abuelos (cuando Bulgaria era imperio otomano), del armenio y ruso y griego y rumano de vecinos, criados, amigos de infancia.

Más adelante agregaría el inglés (fueron a vivir por un tiempo en Manchester durante la infancia de Canetti) y luego el alemán de manera muy sólida (fue al colegio en Viena y en Zúrich – y la madre lo entrenó literalmente-literalmente al saber que iría al colegio en Viena. El recuento de cómo lo entrenó la mamá a sus escasos ocho años en el idioma alemán ya haría que valiera la pena asomarse.

Pero hay muchísimo más, obviamente. Las descripciones naturalistas de sus profesores en el liceo en Zúrich son verdaderas joyas de percepción y observación.

Canetti era un joven libre, que a sus trece/catorce años iba en tren o a pie desde una pensión hasta su colegio – la pensión la compartía con varias otras estudiantes mayores (él era el único hombre en esa casa regentada por cuatro señoras suizas de varias generaciones y habitada por estudiantes suecas, brasileñas, francesas, austríacas). Su descripción del lugar evoca mundo, rigor y libertad.

weeklogue [fragm. incompl. ז]

[18 de mayo de 2013]

Mind filled with fragments – this time of the semester, with courses slowly (too slowly) coming to a close, with summer activities (math visits, hiking in munros, going to museums and galleries) and of course a good deal of math being built, also very fragmentarily…

Read (really, re-read in some cracks of time made available by presleep awareness) 120, rue de la GareTardi’s BD based on a roman noir by Léo Malet – and was deeply reminded of the griseur of Lyon, of the utter provinciality of that beautiful city, and the light of Paris after Lyon. The grit of France’s life (both in the zone nono, non occupée, and in the occupied zone) during the war years seems to be rendered amazingly by Tardi in his black and white vignettes, with

Proust, sobre la personalidad social

Hace muchos años había leído varios de los libros de En busca del tiempo perdido – el recuerdo era (como siempre para mí) vaporoso, mezclado con vivencias personales. Recuerdo que me exasperaba a ratos que “no pasara nada” durante páginas y páginas.

Ahora lo retomé, lentamente y sin afán de ninguna clase. Puedo disfrutar precisamente el que “no pase nada” (aparentemente, pues como en la vida real, terminan pasando muchas cosas pero Proust no se preocupa por acelerar) y las múltiples inflexiones del tiempo (tema muy barroco, como nos enseña Deleuze – y en el fondo tremendamente matemático – de esa parte de la matemática que se ocupa de la apariencia del continuo y de su manifestación como telón de fondo de lo discreto).

Al puro principio del primer libro (p. 18 en la ed. Pléiade) sale esta descripción de la personalidad social:

Sans doute le Swann que connurent à la même époque tant de clubmen était bien différent de celui que créait ma grand-tante, quand le soir, dans le petit jardin de Combray, après qu’avaient retenti les deux coups hésitants de la clochette, elle injectait et vivifiait de tout ce qu’elle savait sur la famille Swann, l’obscur et incertain personnage qui se détachait, suivi de ma grand-mère, sur un fond de ténèbres, et qu’on reconnaissait à la voix. Mais même au point de vue des plus insignifiantes choses de la vie, nous ne sommes pas un tout matériellement constitué, identique pour tout le monde et dont chacun n’a qu’à aller prendre connaissance comme d’un cahier des charges ou d’un testament; notre personnalité sociale est une création de la pensée des autres. Même l’acte si simple que nous appelons  « voir une personne que nous connaissons »  est en partie un acte intellectuel. Nous remplissons l’apparence physique de l’être que nous voyons de toutes les notions que nous avons sur lui, et dans l’aspect total que nous nous représentons, ces notions ont certainement la plus grande part. Elles finissent par gonfler si parfaitement les joues, par suivre en une adhérence si exacte la ligne du nez, elles se mêlent si bien de nuancer la sonorité de la voix comme si celle-ci n’était qu’une transparente enveloppe, que chaque fois que nous voyons ce visage et que nous entendons cette voix, ce sont ces notions que nous retrouvons, que nous écoutons.

El párrafo anterior se puede leer en clave fenomenológica, si uno quiere. En cierto sentido va en contravía de la noción primaria en fenomenología, y superpone a esta nuestros prejuicios. Los prejuicios determinarían la percepción. He notado que al pensar en mucha gente, el párrafo de Proust parece aplicar tal cual. Son pocas las veces en que alguien logra sacarnos de ese “error de percepción”.

Traduzco (libre y no profesionalmente) el pasaje:

Sin lugar a dudas el Swann que conocieron en la misma época tantos socios de club era muy distinto del que creaba mi tía abuela cuando por las noches, en el pequeño jardín de Combray, después del tintinar doble de la campanita, ella inyectaba y vivificaba a partir de todo lo que sabía sobre la familia Swann, al oscuro e incierto personaje que se desprendía, seguido de mi abuela, sobre un fondo de tinieblas, y que reconocíamos por la voz. Pues incluso desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida, no somos un todo materialmente constituido, idéntico para todo el mundo y que cada quien podría conocer como mirando un cuaderno de cuentas o un testamento; nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Incluso el acto tan simple que llamamos “ver a una persona que conocemos” es en parte un acto intelectual. Llenamos la apariencia física del ser que vemos de todas las nociones que tenemos de éste, y en el aspecto total que nos representamos, estas nociones ciertamente juegan el rol principal. Terminan por rellenar tan perfectamente las mejillas, por seguir en una adherencia tan exacta la línea de la nariz, se involucran tan perfectamente en matizar la sonoridad de la voz como si esta no fuera más que un envoltorio transparente, que cada vez que vemos esa cara y oímos esa voz, nos esas nociones las que encontramos, las que escuchamos.


 

Otro libro que habla con la novela de Proust, y de alguna manera parece una respuesta contemporánea digna, es la novela de David Grossman, אישה בורחת מבשורה, Ishá borajat mivsorá, es decir La mujer que huye del anuncio. Sobre esa tengo también mucho qué decir – pero no hoy.

de Niépce a Zajfert – capturar el tiempo

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catskills 044/2 R.K. / W. S.

El Proyecto de Cámera Estenopeica de Przemek Zajfert lleva ya unos cuantos años, y de ahíCatskills2 han surgido muchas imágenes interesantes (como ésta de arriba, con la curva extraña del sol en dos semanas de apertura). También han surgido constelaciones bien sorprendentes de imágenes, como esta a la derecha – cada uno de los “puntos” es realmente una imagen de cámara estenopeica.

En la etapa “Catskills” del proyecto, Zajfert entrega directamente un kit de cámara estenopeica a cada participante y da instrucciones. Las fotos son de exposición muy larga (semanas, en general). Terminan capturando lo “menos efímero”. Si pasa una persona o un perro no quedará registro. Pero el sol, los objetos grandes, los árboles, de pronto una persona (o animal) que sí pasara mucho tiempo en un punto de la foto sí quedaría registrada.

De los árboles el registro es por razones obvias de la forma general (casi el “aura”) del árbol pero no de sus ramificaciones menores, que se mueven con el viento y no quedan en esas imágenes.

Versiones anteriores del proyecto de Zajfert eran con las fotos en blanco y negro. Esta última tiene papel sensibilizado con químicos, y las fotos son a color, pero colores que no corresponden con la “realidad”, pero que dan fotos realmente interesantes:

Tal vez lo mejor del proyecto es que, dado que es hecho por mucha gente distinta y con resultados muy variables, muchos no necesariamente muy “controlados”, termina dando un “panóptico” de una región, un faneroscopio muy peculiar, con registro no dinámico del paso del tiempo. Esto es algo muy sólido cuando el conjunto de fotos armadas así es grande.

Explica Zajfert en su página que en mayo de 1816 (sí, ¡casi dos siglos ya!) Niépce logró por primera vez este tipo de imágenes, usando nitrato de plata – pero al principio cuando las sacaba a la luz se velaban; el proceso químico seguía. Aparentemente esto desesperó a Niépce porque sabía que tenía algo maravilloso pero no lo podía realmente mostrar al mundo, de manera directa. En el proyecto actual Zajfert de hecho no aplica fijador: simplemente escanea las imágenes cuando están activas, al final de la exposición de muchos días o semanas.

En abril de 2016 habrá una exposición en The Painters Gallery (Fleischmanns, NY) con esta obra (el proyecto Catskills).

La gravedad y la gracia (Simone Weil)

Me ha sorprendido el libro. Había leído a Weil (Simone – los matemáticos debemos aclarar esto pues si decimos “leer a Weil” se sobreentiende que nos referimos leer a André Weil, el hermano mayor de Simone) exactamente dos veces antes: una vez en el colegio, unas pocas frases sueltas en clase de francés en sexto (no sé bien por qué aparecía en ese texto, pero sabía quién era Simone Weil, mucho antes de tener preocupaciones que me llevaran a su lectura, y mucho antes de conocer la obra de su hermano André), y una vez en el doctorado, en Wisconsin (conseguí en una librería de segunda de Madison un libro que leí a trozos, por curiosidad, un poco fascinado por su fascinación por el griego y la liturgia ortodoxa) … pero debió ser a finales del doctorado. Abandoné desde entonces esos temas.

Hace unos días compré una edición de Trotta con escritos de Weil llamada La gravedad y la gracia. Es una selección de La pesanteur et la grâce, obra publicada por Plon en 1947, cuatro años después de la muerte de Weil. Contrario a mi costumbre de comprar siempre en idioma original cuando lo puedo leer, algo en el libro me llevó a comprarlo de una en español (dejando abierta la puerta para leer a Weil en francés después), pues fue un poco como esas veces que el libro parece pan recién salido del horno en un lugar maravilloso, y uno no puede dejar de probar bocado de manera instantánea.

Weil me desbalancea. Pone a prueba mi creencia en no-creencia, mi intento de lejanía de todo lo religioso, de manera inteligentísima y a la vez sensibilísima. Donde espera uno misticismo aparece racionalidad, pero racionalidad que da la vuelta a cualquier asomo de ironía en uno, que se le adelanta por completo. Imaginar las conversaciones de infancia y adolescencia entre Simone y su hermano André ya da para mucho – cuando ambos andaban descubriendo la complejidad del mundo, él debatiéndose entre la matemática y el sánscrito (contempló la posibilidad de ser un filólogo e incluso se inició simultáneamente en el tema), ella entre socialismo, misticismo, filosofía cercana a los estoicos y a Platón, a los dramaturgos de la Francia del 17 (Racine sobre todo), a Rousseau y a Spinoza, a Alain y Marco Aurelio y Lucrecio, acaso a Schopenhauer – debía ser algo muy fuerte esa mesa de discusión entre esos dos hermanos.

Simone es famosa sobre todo por su absoluta coherencia: llevó a la práctica su teoría del conocimiento del mundo, del abrazo al mundo a través del hacer – se metió de obrera en Francia para vivir en pleno, sin ambages, la condición de los trabajadores. Más tarde durante su exilio en Inglaterra durante la invasión nazi, comía tan solo la ración que sabía que sus conciudadanos podían comer en la Francia invadida – es posible que su muerte temprana, a los 34 años, se haya debido a esas limitaciones.

Algunas frases del libro:

Todos los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la constituye la gracia.

No juzgar. Todos los defectos son iguales. No hay más que un defecto: carecer de la facultad de alimentarse de luz.

Tendencia a extender el sufrimiento más allá de uno mismo. Si por un exceso de debilidad no puede provocarse la compasión ni tampoco hacer daño al prójimo, se daña la representación del universo en uno mismo.

La búsqueda del equilibrio es mala porque es imaginaria.

Toda forma de recompensa supone una degradación de energía.

Necesidad de una recompensa, necesidad de recibir el equivalente de lo que se da. Pero si, al forzar esa necesidad, se deja un vacío, entonces se produce una especie de corriente de aire, y surge una recompensa sobrenatural. Esta no aparece mientras se posea otro salario: el vacío logra que aparezca.

Es necesaria una representación del mundo en la que exista el vacío, con el fin de que el mundo tenga necesidad de Dios. Eso entraña dolor.

Amar la verdad significa soportar el vacío y, por consiguiente, aceptar la muerte. La verdad se halla del lado de la muerte.

Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir. Pero sólo lo que se ama.

La imaginación trabaja continuamente tapando todas las fisuras por donde pueda pasar la gracia.

Nada poseemos en el mundo -porque el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.

Las contradicciones con que topa el espíritu, las únicas realidades, el criterio de lo real. No hay contradicción en lo imaginario. La contradicción constituye la prueba de la necesidad.

Es un error desear ser comprendido antes de explicarse uno ante sí mismo. Como el caso del que busca placeres en la amistad sin merecerlos. Se trata de algo todavía más corruptor que el amor.

No dejes encarcelarte por ningún afecto. Preserva tu soledad.

El amor es un indicio de nuestra miseria. Dios no puede sino amarse a sí mismo. Nosotros no podemos sino amar algo distinto de nosotros.

De todos los seres humanos, sólo reconocemos la existencia de aquéllos a quienes amamos.

rivulets and maki

These have been slightly schizo days: on the one hand, the hiatus in teaching caused (again, how boring and unimaginative) by a blockade of the campus (this time, however, I decided against getting too involved, both emotionally and at the level of writing – I just did a few hangout session with my students and tried to optimize things for which I normally do not have enough time). On the other hand, projects – many of them. Dreary situations right in front of the richness of possibilities.

And an unfolding eight-hand project, combining art and math (more on this, if successful, later).

So, a research proposal (if successful, will post on it) that leads to new directions, a Geometry and Model Theory seminar in Bogotá (first week with lectures by Hugo Mariano from Sao Paulo, Alex Cruz from Tokyo, Pedro Zambrano from our university and Johan García, my master’s student who is working in Tannakian formalism). Organization of the next session (with Zilber, in October). And my own lectures on model theory and modularity, next two weeks.

Reading in the nick of time André Aciman’s Harvard Square – much better than I imagined it! I really regretted Aciman’s late cancellation of participation in Simplicity – I really believe he could have added much to the conference in terms of balancing toward writing, toward literature.

Outsideness (personal, sentimental, cultural) could be one of the topics that Aciman explores best. His former novels Out of Egypt and Call Me by Your Name were two incredible exercises – the first, a memoir on a Jewish family from Alexandria being forced to leave Egypt (but not only “Egypt” as a country – they really left a cosmopolitan life that could only exist in a place in North Africa that mixed Italian, Turkish, Greek, Jewish from different origins, Syrian, Coptic, what else? communities in a tapestry of languages, culinary traditions being interwoven – people like Claudia Roden, like André Aciman, Lawrence Durrell, Edward Said while growing up, Rogelio Salmona’s parents, Cavafis, Moustaki – just to name some of those who pop to mind without recurring to Wikipedia or internetelse, just my own mind without effort – they left all that for drab quarters in Paris or Cambridge, MA), the second, a coming-of-age and love novella, one of the most thoroughly accomplished short novels on the utter outsideness a person lives when falling in love (but read on Call Me by Your Name if you want to experience first-hand a mental, sensorial and intellectual treat), and now Harvard Square, a novel of two North Africans lost in Cambridge, MA – one of them a Harvard graduate student whose presence at the University seems to be hanging on preliminary exams that he has to take a second (and last possible) time after a first failure, the other a cab driver from Tunisia – the first a Jewish boy from Alexandria, the second a Berber from the desert – both of them thrown into one another by Harvard’s manigances and by the ideal of France and the French language – a France of their minds and memories, different from real France, in many ways better than real France…

How close to my own feeling of outsideness living in this country…

Nouveautés

Une petite boîte venue de France nous a emmené quelques livres qui doivent être vraiment intéressants:

  • Le rivage des Syrtes – un roman de Julien Gracq, écrit en 1951. Plusieurs gens (entre autres, Taleb) mentionnent ce roman parmi les meilleurs ouvrages littéraires jamais écrits. Si l’hyperbole est trop poussée, je ne le saurai qu’après l’avoir lu. Je n’en ai pas le temps pour le moment, mais après des recommandations pareilles… faudra bien le lire !
  • Sous le soleil – vanité des vanités de Jacques Roubaud. Celui-ci m’intrigue pour bien d’autres raisons. L’auteur (membre d’Oulipo, poète, prosateur, traducteur, philosophe, mathématicien, directeur d’études à l’École des hautes études en sciences sociales) semble vivre un de ces mélanges qui sont tellement à l’ordre du jour pour “nous” (nous ! les disciples de Saïs) en ce moment. Cet ouvrage porte sur Qohélet, ce livre écrit voici au moins 2500 ans quelque part au Moyen Orient, qui d’après Steiner serait le “Samuel Beckett de la Bible hébraïque”. Qohélet (ou Ecclésiaste, mais je préfère Qohélet par fidélité au nom original en hébreu) est un de ces livres infinis, qui portent sur le monde depuis son ouverture et seront sûrement là quand le point d’orgue final sonnera. Bref, Roubaud (dont d’autres livres ont pour titre Traduire, journal, ou encore Grande kyrielle du sentiment des choses, ou Mono no aware: le sentiment des choses (143 poèmes empruntés au japonais), ou (encore?) Mathématique (partie d’un Projet dont les autres titres sont Le Grand Incendie de Londres, récit avec incises et bifurcationsLa bouclePoésieImpératif catégoriqueLa dissolutionLa Bibliothèque de Warburg. Version mixte)… De quoi rêver, en tout cas !  Ne l’ayant non plus jamais lu, je crois être prêt à des surprises. Déjà les images d’art dans Sous le soleil m’intriguent: Nature morte avec tulipes, Maria van Osterwyck (XVIIe siècle), Trompe-l’oeil , Cornelius Gijstrechts (XVIIe siècle), Christian Boltanski (XXe siècle).
  • Le reste, des BDs de Tardi (de la série basée sur les romans noirs de Léo Malet). J’ai lu et relu 120, rue de la Gare – une des BDs les mieux réussies. Le stalag près de Hambourg, puis Lyon en décembre (une ville que je sens déjà proche à cause de mes deux visites, surtout la première qui a duré près d’un mois), puis Paris, le tout pendant la II Guerre Mondiale. Ici, les deux BDs nouvelles (pour moi, en tout cas) sont Brouillard au Pont de Tolbiac et M’as-tu vu en cadavre? – les deux semblent aussi merveilleuses que 120, rue de la Gare

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Il y a une phrase très, très belle…

(Escena del film Le petit soldat de Jean-Luc Godard [1960] – los dos actores principales Michel Subor y Anna Karina están en una habitación y habla él – un monólogo fabuloso y completamente actual cincuenta años después; el juego de miradas, las manos de Anna Karina, sus ojos – todo es un placer visual inmenso.)

Una frase interesante (casi una declaración/manifiesto) que incluye Godard en esta película es esta: “La photographie c’est la vérité. Et le cinéma c’est vingt-quatre fois la vérité par seconde.”

Es una de las películas más impresionantes que hemos visto recientemente con María Clara.

Eva Joly. Sobre el ser “outsider”, no ser del círculo formado por las “destilerías de élites políticas” que son ciertas “grandes escuelas” de Francia. El problema es que hasta ahora el único que ha logrado romper ese molde ha resultado un desastre absoluto. A mí me encantaría que a alguien como Eva Joly (sin el estilo sobrado de Hollande, sin la arrogancia ciega de DSK, sin el estilo absurdamente estúpido de tantos políticos estilo Ségolène Royal, estilo tontamente copiado por otra salida de esos mismos moldes, Íngrid Betancourt —- y sin la paranoia estilo Uribe de Sarkozy) ganara alguna vez en Francia. Me gusta la persona (en el sentido teatral) de Eva Joly. Me parece que alguien así puede representar a mucha gente pila de Francia que no es de ENA o de Sciences-Po, y que tampoco son los bling-bling asquerosos de Sarkozy.

Mi lectura de Pérec siempre ha sido tortuosa, nunca una lectura rápida y engolosinada. La vie mode d’emploi lo leí en las carpas de un viaje que hicimos con María Clara en carro de Madison a San Francisco, en una época en que así no más nos aventurábamos a salir con un carro que podía tener problemas graves a recorrer casi diez mil kilómetros (el viaje no fue por autopistas a la ida sino por rutas pequeñas, entre esas la famosa 66, y miles de paradas en lugares (pueblos perdidos que parecían haber sido abandonados y olvidados desde el siglo 19, Silverton y la plata oculta detrás de las montañas rojo tiza) de Colorado, Nuevo México, Arizona y California).

En la carpa de noche yo leía La vie mode d’emploi con una linterna, mientras recapitulábamos un día entero de álamos, bosques, lagos, montes colorados, ríos, sopaipillas, maíz morado.

Los pasadizos entre las chambres de bonne, los étages nobles y los estudios improvisados de ese inmueble parisino están atados para siempre en mi mente a esa noche en June Lake (California, un poco al oeste de Yosemite, a la altura de Bogotá, helado en verano) cuando el viento casi se lleva todas las carpas y nos lanzó ramas de los árboles circundantes encima. El aroma increíble de esos bosques de la Sierra Nevada de California está revuelto en mi mente con el descifrar los pasadizos y corredores del inmueble de La vie mode d’emploi.

Otras novelas/obras de Pérec leí pero por lo visto me impactaron menos.

La foto de Pérec me encanta. Su cara, con el pelo revuelto y la barba hirsuta, los ojos saltones. El niño judío de Belleville de los años 30, espiègle seguramente y luego enviado por su madre viuda a salvar la vida donde algunos cristianos caritativos (la madre enviada a Auschwitz y muerta allá – el padre muerto en alguna escaramuza inicial con Alemania en 1940) – luego el oulipien, y finalmente el parisino emblemático intelectual (e irreverente) que representa – todo ahí revuelto en esa foto.

Más que leer directamente sus obras, me gusta pensar en todo ese universo de posibilidades, de juegos, de miradas y ardides combinatorios que nos dejó Pérec. Me parece que lo que abren es aún más fuerte, si cabe, que sus propias obras.

Pérec/Peretz/Pérez

Diego Cortés me llevó a esta librería (Un regard moderne) cerca de St. André des Arts. Nunca había estado en un lugar donde los libros estuvieran tan densamente dispuestos. Ningún orden, ninguna seña de nada. Solo libros magníficos sobre miles de temas. El dueño conocía perfectamente su librería: las cosas que pregunté las iba sacando de alguna pila con veinte mil libros encima. Me impresionó el sitio.