Donau / Duna / Danubio

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The flight from Paris to Vienna, looking on the left, had this wonder: for about an hour, the last hour, you see the Danube – appearing and disappearing, meandering and shooting straight, curving and arching, glowing and slowly slowly widening.

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Of course all of this was just the opening, and it is only the upper part, the narrow part, of the river. The real thing, the majestic Danube, would appear later in this trip, in Budapest.

But before getting there, I have my own personal story with the Danube. For some really odd reason, I had not seen it since 1981 – when we stopped with my parents at the source, at Donaueschingen. I had managed to go many times to Europe – but always further south, west, north or even east but further north – I had not seen this river for more than three decades! The re-encounter was fulled of memories, of emotion, for me.

The first memory of the Danube I have was at Passau – at the border between Germany and Austria. Not too far from Passau, there was this picture at a camping where the Austrian keeper made my father sign the book – it was the first time in his life he saw South Americans. He couldn’t quite even place South America, let alone faraway Kolumbien. Bitte bitte, unterschreiben das Gastbuch! Zum erstmal hab’ich hier Gäste aus Südamerika…


After landing the presence of the river in Vienna is somehow always there, very clearly but not very visible in the town itself. The center offers so many glories that you might be excused for not missing the river so much. Yet the richness of the culture there is inextricably linked to Vienna’s position on the river, at the opening of downstream Pannonia and the many lands, the amazing variety of peoples who just up to a century ago were converging on Vienna for many reasons. The river there is felt there, in the variety of food, of peoples – in the presence of Slavic (Serbian, Czech, Slovak), Hungarian and even North Italian influences. The physical presence of the Danube in Vienna is scarce and a bit narrow for all the glory, though.


And then, the Danube in Budapest:

I have to quote from Magris here:

Budapest è la più bella città del Danubio; una sapiente automessinscena, come Vienna, ma con una robusta sostanza e una vitalità sconosciute alla rivale austriaca. Budapest dà la sensazione fisica della capitale, con una signorilità e un’imponenza da città protagonista della storia, nonostante il lamento di Ady per la vita magiara «grigia, color della polvere». Certo, la Budapest moderna è una creazione recente, ben diversa della città ottocentesca che, come scriveva Mikszáth, negli anni Quaranta del secolo scorso beveva vermut serbo e parlava tedesco. La magnifiscenza metropolitana di Budapest, che si basa sulla solida realtà di una crescita politico-economica, presente anche il volto di un seducente illusionismo, che l’arte fotografica di György Klösz ha colto con magica lucidità. Se la Vienna moderna imita la Parigi del barone Haussmann, con i suoi grandi boulevards, Budapest imita a sua volta questa viennese urbanistica di riporto, è la mimesi di una mimesi; forse anche per questo assomiglia alla poesia nell’accezione platonica, il suo paesaggio suggerisce, più che l’arte, il senso dell’arte.

(My own free translation: Budapest is the most beautiful city on the Danube; a conscious self mise-en-scène, like Vienna, but with a robust substance and a vitality unknown to the Austrian rival. Budapest gives the physical feel of the capital, with a panache and an imponence of a city which was the central character of a story, in spite of Ady’s lament for Magyar life as “gray, powder-colored”. True, modern Budapest is a recent creation, very different from the 19th century city that, as Mikszáth wrote, in the Fourties of the past century drank Serbian vermouth and spoke German. The metropolitan magnificence of Budapest, based on the solid reality of a political and economic growth, also presents the face of a seducing illusionism, which the photographic art of György Klösz has captured with magical lucidity. If modern Vienna imitates the Paris of Baron Haussmann, with its great boulevards, Budapest in its turn imitates that Viennese repertoire urbanistic, it is the mimesis of a mimesis; perhaps this is exactly why it resembles poetry in the Platonic sense; its landscape suggests, more than art, the sense of art.)

In some sense I (mostly) missed all that: I spent the day (a wonderful day!) doing math and talking with Péter Kómjath in an amazing Jazz Bar, IF, in the center of the city. I did then very little tourism in the city, for I only had one day there – but I talked and talked with two locals – one a mathematician, a colleague whom I needed to consult for an issue in infinite combinatorics, the other another mathematician who now runs that incredible café and Jazz Bar.

However, the River, the Danube was there, and I did go see it in the final two hours of my one-day visit to Budapest. I essentially walked back and forth on one of the bridges in trying to capture a bit of the vibrancy of the city. Here is a video with notes:

et in Arcadia erat

La caída del paraíso para Canetti tuvo que ver con su madre, con cierto fastidio que le cogió ella a Suiza y que terminó haciendo que cortara de tajo con la pensión idílica de Zúrich donde vivía el adolescente Elias mientras estudiaba miles de temas.

Él andaba feliz con lo que iba leyendo, las conferencias en la Universidad, el colegio con algunos profesores muy buenos, remar en el lago, vivir mimado por las cuatro señoritas suizas que regentaban la pensión y por las estudiantes suecas, inglesas, checas, etc. que ahí residían. Vivía engolosinado con los valles alpinos – sobre todo con sus paseos arduos al Val d’Anniviers en el Valais donde se podía escuchar aún un francés muy arcaico, o el valle al lado de ese donde se podía escuchar alto-alemán también muy antiguo.

La madre, mientras, estaba en su sanatorio de Arosa. En un momento dado vuelve a Zúrich y en plena pensión le pega una reorganizada completa al hijo de dieciséis años que se sentía tan independiente y tan libre. Le dice que nunca ha trabajado, que él desprecia a los tíos por negociantes pero que él no tiene ni idea de dónde viene la plata que lo sostiene; básicamente le dice que es un parásito de la sociedad. En varias páginas cuenta Canetti la impresionante rabia de su madre primero con él (adolescente mimado, lector que nunca ha trabajado y se permite despreciar lo que no conoce) y su incapacidad de dar respuesta seria a la vaciada. Su caída de su propio pedestal.

La madre le dice que lo tiene que sacar de Suiza ya, pero YA mismo. Que se tienen que ir ipso facto a Alemania, a un país en posguerra con inflación y pobreza, donde la gente ha vivido cosas y donde la actitud complaciente suiza sencillamente no tiene cabida. Que se dio cuenta de que su hijo en tanta aparente libertad y tanto primor se está convirtiendo en un pequeño monstruo, que en Suiza será imposible trancar ese horror. Que ella vio en Viena lo que era pasar hambre por la guerra y ser refugiado, y que le parece que a su hijo adolescente le hace falta vivir en un país así.

Y se lo lleva a vivir en condiciones de semi-penuria económica a Frankfurt, a una pensión repleta de gente bastante golpeada y curtida por la guerra aún reciente.


Algunas veces en la vida hemos tenido personajes que han logrado sacarnos, pese a nosotros mismos, de nuestra falsa sensación de libertad, de primor, de tener el mundo ante uno. Muchas personas, en distintos momentos.


Yo aún no tengo las agallas de Canetti de contar en primera voz la manera como me han destruido el ego en el pasado (cosa que agradezco a posteriori pero que no es agradable). Este relato de la caída de Arcadia de su ego es impresionante y se siente que le fue doloroso a él llegar ahí. La voz de la madre es muy cortante, muy contundente. Uno sabe que él sabe que uno sabe que la madre tenía razón, pero como está contado en la primera persona del adolescente uno también siente el dolor del orgullo herido, del entender que pese a sus mil lecturas y proyectos y temas, la mamá le lleva una ventaja inmensa en vida. La mamá definitivamente lo salva de algo que lo habría trancado ahí en Zúrich – probablemente ella tampoco puede articular exactamente de qué lo salva, pero lo hace.


Canetti regresaría mucho más tarde a vivir en su Arcadia, en Suiza, en Zúrich. La ciudad aparentemente lo recibió muy bien y él, ya curtido por su Auto-da-fe, logra regresar de otra manera. Aún así, se siente algo como la caída del paraíso terrenal, el fin de Arcadia. Dice Canetti que salir de Suiza a los dieciséis años e irse a vivir a esa Frankfurt empobrecida, con gente sumamente golpeada por la guerra y la inflación de los años veinte en Alemania, es de lejos el traslado en que más le costó adaptarse.

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Meseck: Hymnen an die Nacht I (inspirado por los himnos a la noche de Novalis)

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Claro, Novalis es sobre todo conocido como un poeta inmenso del romanticismo. Pero sus frases escritas hace dos siglos sobre miles de temas en el Borrador general para una enciclopedia tienen resonancias futuras absolutamente devastadoras. Leyendo a Novalis realmente parece que alguien del siglo 21 se hubiera colado allá y hubiera conversado con él.

Un ejemplo:

645 – Mathematics and Grammar: The difference in the Leibnizian and Newtonian manner of conceiving the infinitesimal calculus rests on the same foundation as the difference between the atomistic theory and the vibration or etheric theory. The fluxion and the differential are opposite conceptions of the mathematical element – together they constitute the mathematical substance. They are based on the proposition x. × y. = +. This plus is the differential or the fluxion of the function of x and y. The proportional division of this plus is the main difficulty for this calculus.

Leibniz also terms the infinitesimal calculus: analysis indivisibilium.
(Constant quantities – constant transitive quantities.)

Infinitesimal calculus really means calculation, division or measurement
of the nondivisible – noncomparable – immeasurable. Analysis indivisibilium = analysis of an individuum – individual calculus – genuinely physical calculus.

(Much) more here.

Lo que va de Le Corbusier a Aldo Rossi, según Peter Stamm

Una de las compras felices de la Feria del Libro terminó siendo una novela de Peter Stamm publicada por Acantilado: Siete años. Me agarró sin piedad, y no me logré soltar hasta terminar de leerla. La historia es aparentemente muy sencilla (un hombre llamado Alexander – un arquitecto – casado con otra arquitecta (Sonja) exitosa, pila, bonita, perfeccionista) nunca logró zafarse de una historia de amor que le parecía un poco absurda, con una inmigrante polaca pobre, fea, desabrida, simplona – pero por alguna razón el escape del mundo “demasiado perfecto”, demasiado “beautiful people” del arquitecto. Sin embargo, la novela no se juega en ese plano, no tiene realmente lugar en los eventos externos: todo el jugo, la razón de ser de la novela está en el entramado de dudas, de fachadas, de certezas falsas o tal vez verdaderas – termina uno por no saber que se arma el personaje al ir tejiendo su vida. Ir leyendo su vida laboral, su vida sexual, su vida sentimental, todo eso va armándose ante uno – la manera como cuenta a una antigua amiga (también amiga de su esposa) los porqués cruzados, los porqués contradictorios de su relación con “la polaca” es una de las experiencias de lectura a la vez más placenteras, más angustiantes, más llenas de voces paralelas y más estéticamente satisfactorias que he tenido recientemente.

El estilo de Stamm es llano y directo. Va contando directa y sencillamente cosas que afectarían a cualquiera de manera muy fuerte, como quien ve su propia vida desde afuera. En ese no-énfasis logra Stamm una voz impresionantemente convincente. Podría ser uno, alguna versión de uno, ahí pensando al fondo, ahí mirándolo a uno mientras se da razones para hacer o no hacer o decir que va a hacer pero finalmente no hacer o hacer pero no querer en últimas hacer lo que se hace.

Siete años da duro si se lee a la edad de narración, que es más o menos mi edad actual. O sea, la de alguien que está en medio del enredo fuerte en su vida laboral/creativa y no ve por dónde desenredar las cosas – así estamos más o menos todos en esta etapa, seamos o no muy productivos. La sensación de riesgo alto, de estar jugando las cartas en un momento de trama muy violentamente agresiva y a la vez muy interesante (pero potencialmente muy destructiva) es vivencia de todos los que conozco que tienen más o menos esta edad – y la narración de Stamm en el libro tiene exactamente la misma voz interna. Ya somos víctimas de muchas decisiones tomadas antes (sobre las cuales a veces nos decimos que era una buena decisión, cosa que en realidad nunca se sabe como bien queda plasmado en Siete Años), de muchos errores, y a la vez estamos en etapas de muchas posibles reconstrucciones y muchas posibles reconversiones.

Proyecto de Étienne-Louis Boullée para la Biblioteca Real de Francia. 1786.

La arquitectura juega un rol muy poderoso en la novela – comparable tal vez al de la música en Vikram Seth y su Música constante. (Re-)descubrí a Étienne-Louis Boullée leyendo este libro – Boullée, arquitecto francés del siglo XVIII casi completamente mental de lo brutalmente idealista que era (con proyectos utópicos sociales impresionantes sobre los cuales había oído hablar, pero que en Siete años hacen parte de la configuración mental del arquitecto (su mundo de posibilidades, su ausencia de concreción comparado con su esposa modernista, su posibilidad de tender puentes).

La cité radieuse de Le Corbusier (por fuera es mucho más “normal” y parece un edificio genérico sesentero – en el libro Sonja insiste que esos edificios de Le Corbusier son increíbles por dentro, en los espacios interiores y la vista hacia fuera). Marsella.

Los otros dos arquitectos cruciales en la novela son Le Corbusier (que es el preferido de Sonja – hacen una visita espléndida a la Cité Radieuse de Marsella, edificio tan difícil de entender – mucho mejor desde adentro que desde afuera según la voz de Sonja) y Aldo Rossi (la inspiración inicial de Alexander, muy criticado por sus compañeros de universidad y por Sonja – creo que con toda la razón: Rossi me produce a mí también escozor y desazón, tal vez por mi propia reacción fuerte en contra del exceso postmoderno).

Algún proyecto de Aldo Rossi, realizado en Berlín. (Para mí esta arquitectura está irremediablemente ligada a nuestro esperpento bogotano del Centro Comercial Bulevar Niza.)

Dada esa tensión brutal entre Alex y Sonja (representada arquetípicamente en la tensión entre Aldo Rossi y Le Corbusier, pero triangulada de manera increíble por Étienne Boullée), uno podría concluir que la novela sucede en un plano arquitectónico perfecto. Y parte está, claro, ahí. Pero eso no es más que una proyección. La vida interna de Alex, la imposibilidad de entender de verdad a Sonja incluso después de más de quince años de vida en común, las conversaciones entre amigas que él no puede realmente entender (percibe el silencio e intuye que las amigas – su esposa y la amiga común – tienen un plano de amistad que le será siempre vedado), el rol de la lectura, todo eso da carne a una novela que ocurre con semejante trasfondo de tensión entre arquitectos-arquetipos.

Carne hay mucha más en la novela – hay que leerla para vivirla. Hay textura de rostros mal afeitados frotándose mutuamente, hay el olor a apartamento de soltero que se queda terminando un proyecto durante días de verano encerrado en el calor sin aire acondicionado de una residencia estudiantil en Múnich, en calzoncillos días enteros y probablemente sin bañarse y con salidas única y exclusivamente a traer cervezas y sándwiches, hay el ambiente muy preñado de misterio de un apartamento de una artista en Marsella y su mundo cuidado y a la vez muy experimental – hay una escena deliciosa en el Jardín Inglés de Múnich, un parque central donde es común como en tantos parques de Alemania el desnudarse completamente en público y darse un baño refrescante en el lago – escena del contraste entre la tranquilidad con que Alex y su amigo Rüdiger se desnudan y van a nadar – y los ojos arqueados aterrados de la polaca al verlos regresar desnudos ambos a hablar con ella (“…me miró con sus ojos perplejos y mi desnudez me resultó embarazosa, por lo que me puse los calzoncillos y el pantalón. Luego empecé a jugar con Rüdiger al frisbee”). Las chicas no parecían interesarse por nosotros, probablemente estuvieran hablando sobre lo que harían por la noche, y yo estaba seguro de que nosotros no jugábamos ningún papel en sus planes…”) – hay escenas tensas de clases sociales (Sonja es de una versión de clase alta, Alex es pequeñoburgués, de clase media), etc.

Y los contrastes entre la arquitectura soñada (hablan y hablan de Le Corbusier y de muchos otros, y Alex piensa siempre en Étienne Boullée y sus palacios dieciochescos imposibles) y la arquitectura real que terminan ejecutando (proyectos reales y concretos, repletos de dificultades y concesiones al precio de los materiales, a modas o ideas absurdas o muy sensatas de los clientes, etc.

Este trozo también me llegó muy de cerca: “Con el tiempo, empezó a parecerme divertido visitar pisos que ni siquiera podía permitirme. Cuando les decía a los arrendadores que era arquitecto, me trataban con respeto y se tomaban su tiempo conmigo. Algunos de esos pisos aún estaban ocupados, y era fascinante qué diferente era la manera de decorar de las personas y cuánto revelaban un par de objetos sobre ellas. Siempre resultaba un poco embarazoso que los inquilinos anteriores te mostraran la vivienda y mirar aquellos armarios repletos de cachivaches, o ver cocinas donde la vajilla estaba sin fregar, con restos de comida o plantas secas sobre los alféizares.”

Aciman – on Mainhattan and Frankfurt-on-the-Hudson

… They made me think of 1950s pictures of New York, where it seems to grow darker much sooner in the evening than it does nowadays, where everyone wears long gray overcoats because winters were much colder then, and when the Upper West Side teemed with people who had come from Europe before the war and then stayed on, building small, cluttered lives, turning this neighborhood into a reliquary of Frankfurt-am-Main —- their Frankfurt-away-from-home, Frankurt-on-the-Hudson, as the old joke goes, but not an inappropriate name for a city which, in Germany today, dubs itself Mainhattan, and which is, ironically enough, a far stranger city to them, now that it imitates Manhattan, than their adopted Manhattan imitating old Frankfurt. …

André Aciman – Shadow Cities – False papers

65 years

Yesterday night, I was listening (with rapture) to the Terezín/Theresienstadt CD I received on the mail yesterday. One of the composers, Ilse Weber, who was a writer of stories and songs for children in Prague before the war, composed four of the songs in the compilation while she was in the Theresienstadt camp. She went to join her husband with their son in Auschwitz (only her husband survived – he devoted part of the rest of his life to collecting his wife’s writings and songs). Listening to the beauty of her lullaby (Wiegala wiegala weier – click on the Ilse Weber link above to hear a rendering), or listening to Ade, Kamerad – a farewell song of two friends when one of them is about to go on the Polentransport, the train to Poland, left me airless.

Here is Todesfuge by Paul Celan, as found in Entartete Musik and with the translation from this blog with translations into English of many poems (I am following Gavin Plumley’s idea of posting Paul Celan – essentially, reblogging, as it were – the starkness of Celan’s words in the Todesfuge is irreplaceable):

Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends
wir trinken sie mittags und morgens wir trinken sie nachts
wir trinken und trinken
wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng
Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete
er schreibt es und tritt vor das Haus und es blitzen die Sterne er pfeift seine Rüden herbei
er pfeift seine Juden hervor läßt schaufeln ein Grab in der Erde
er befiehlt uns spielt auf nun zum Tanz

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts
wir trinken dich morgens und mittags wir trinken dich abends
wir trinken und trinken
Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete
Dein aschenes Haar Sulamith wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng

Er ruft stecht tiefer ins Erdreich ihr einen ihr andern singet und spielt
er greift nach dem Eisen im Gurt er schwingts seine Augen sind blau
stecht tiefer die Spaten ihr einen ihr andern spielt weiter zum Tanz auf

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts
wir trinken dich mittags und morgens wir trinken dich abends
wir trinken und trinken
ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete
dein aschenes Haar Sulamith er spielt mit den Schlangen
Er ruft spielt süßer den Tod der Tod ist ein Meister aus Deutschland
er ruft streicht dunkler die Geigen dann steigt ihr als Rauch in die Luft
dann habt ihr ein Grab in den Wolken da liegt man nicht eng

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts
wir trinken dich mittags der Tod ist ein Meister aus Deutschland
wir trinken dich abends und morgens wir trinken und trinken
der Tod ist ein Meister aus Deutschland sein Auge ist blau
er trifft dich mit bleierner Kugel er trifft dich genau
ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete
er hetzt seine Rüden auf uns er schenkt uns ein Grab in der Luft
er spielt mit den Schlangen und träumet der Tod ist ein Meister aus Deutschland

dein goldenes Haar Margarete
dein aschenes Haar Sulamith

Black milk of daybreak we drink it come evening
we drink it come midday come morning we drink it come night
we drink it and drink it
we spade out a grave in the air there it won’t feel so tight
A man lives at home who plays with the vipers he writes
he writes in the Teutonic nightfall
the gold of your hair Margarete
he writes it and steps out of doors and the stars are aglitter he whistles his hounds out 
he whistles his Jews off has them spade out a grave in the ground
he orders us play up for the dance

Black milk of daybreak we drink you come night
we drink you come midday come morning we drink you come evening
we drink you and drink you
A man lives at home who plays with the vipers he writes
he writes in the Teutonic nightfall the gold of your hair Margarete
the ash of your hair Shulamith we spade out a grave in the air there it won’t feel so tight

He yells you there dig deeper and you there sing and play
He grabs the nightstick at his belt and swings it his eye has gone blue
You there dig deeper and you there play loud for the dance

Black milk of daybreak we drink you come night
We drink you come midday come morning we drink you come evening
We drink you and drink you
a man lives at home the gold of your hair Margarete
the ash of your hair Shulamith he plays with the vipers
he yells play sweeter for death Death is a German-born master
yells scrape the strings darker you’ll rise through the air like smoke
and have a grave in the clouds there it won’t feel so tight

Black milk of daybreak we drink you come night
we drink you come midday Death is a German-born master
We drink you come evening come morning we drink you and drink you
Death is a German-born master his eye has gone blue
He shoots with lead bullets he shoots you his aim is so true
a man lives at home the gold of your hair Margarete
he lets his hounds loose on us grants us a grave in the air
he plays with his vipers and dreams a dream Death is a German-born master

The gold of your hair Margarete
The ash of your hair Shulamith