representar lo irrepresentable

En otro pasaje Proust termina hablando de manera indirecta sobre la diferencia entre representar la bondad y la verdadera cara de la bondad.

Llega de esta manera: está recordando momentos de infancia en que la empleada principal de la tía Léonie pide ayuda a la fille de cuisine que en su recuerdo no tiene nombre pues cambiaba como cada mes o dos meses. La fille de cuisine en su recuerdo era alguna campesina de la región, muy joven, en embarazo muy avanzado y puesta a trabajar como ayudante en la cocina. El recuerdo de infancia de Proust la tiene pelando espárragos prácticamente todos los días, y cargando bultos (recuerdo que él después encuentra incoherente con el estado tan avanzado de embarazo en que estaba la fille de cuisine).

Pero lo que termina siendo esa reflexión sobre la representación de algo tan irrepresentable como la bondad es el recuerdo de cuando llegaba el señor Swann de visita y preguntaba por la fille de cuisine así:

« Comment va la Charité de Giotto ? »

Empieza Proust a hablar de esos frescos y del parecido entre la fille de cuisine y la Caridad de Giotto (d’ailleurs elle-même, la pauvre fille, engraissée par sa grossesse, jusqu’à la figure, jusqu’aux joues qui tombaient droites et carrées, ressemblait en effet à ces vierges, fortes et hommasses, matrones plutôt, dans lesquelles les vertus sont personnifiées à l’Arena – entre otras ella misma, la pobre chica, engordada por su embarazo, hasta la cara, hasta las mejillas que caían rectas y cuadradas, se parecía en efecto a esas vírgenes, fuertes y hombrunas, o más bien matronas, en quien se personifican las virtudes en la Arena).

A Proust en la infancia no le gustaban esas láminas de las virtudes de Giotto, pero sí les veía el parecido con la fille de cuisine (seguramente agotada de cargar bultos – l‘attention n’était-elle pas sans cesse ramenée à son ventre par le poids qui le tirait – pensando en su vientre – luego la pensée des agonisants est tournée vers le côté effectif, douloureux, obscur, viscéral, vers cet envers de la mort qui est précisément le côté qu’elle leur présente…).

Remata de manera impresionante el pasaje hablando de la realidad de las Virtudes y los Vicios de Pádova: según él tan vivos como la criada embarazada – o tal vez ella tan alegórica como estos. Y sigue “y tal vez esta no-participación (al menos aparente) del alma de un ser en la virtud que a través de este actúa, también tiene fuera de su valor estético una realidad que tal vez no alcanza a ser psicológica sino al menos, como se dice, fisionomónica (physiognomonique)”.

Luego compara con la verdadera cara de la bondad (encontrada más tarde en su vida), encarnaciones santas de la caridad activa: “con aire alegre, positivo, indiferente y brusco de cirujano apurado, esa cara donde no se lee ninguna conmiseración, ninguna blandura ante el sufrimiento humano, ningún temor de golpearlo, y que es la cara sin dulzura, la cara antipática y sublime de la verdadera belleza”.

La representación es fuerte por la alegoría (en este caso la referencia a la cara de una campesina embarazada y atareada que ayuda en la cocina de una casa de familia burguesa) pero no tiene nada que ver con la cara (¿irrepresentable?) de la verdadera caridad.

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