diez metros / video / Canetti

Como nunca he sentido que nade muy bien (siempre percibo mi propia lentitud) a pesar de haber nadado con regularidad en varios otros momentos de mi vida, no creo que mis metáforas de natación sean buenas.

Pero en este momento del semestre, cuando falta poco (pero aún no se ha llegado; no se ha demostrado Morley en modelos, faltan los proyectos finales de los de Discretas II) la sensación es análoga para mí a esos últimos diez metros antes del borde de la piscina, cuando uno siente que no tiene más aire, que no da una brazada más.


Aproveché para aprender a usar lightworks  — un  editor de video bastante mejor que los usuales en linux, y armar un video de impresiones/trozos de la ida a París. Aquí está:


Me dijeron que la ciudad quedó un poco melancólica en ese video. En realidad es un revuelto de muchas cosas: ciclistas en la ciudad, Kiefer, Rodin, algo de vistas y caminatas, un poco de caras de gente del evento y familiares. Y el río.


La autobiografía de Elias Canetti (voy en vol. 1, La lengua salvada) es una maravilla de escritura llana y directa, de introspección seria y directa. Todo lo contrario de la introspección complejísima y supremamente mediada de Proust, en su propia “búsqueda de sí mismo” Canetti opta por un camino de luz directa, leve ironía – sobre todo mucha auto-ironía y captura de voces.

El español de su familia (que estando en Bulgaria aún usaba el español como idioma varios siglos después de la expulsión), su idioma primordial, esa versión judía del español de hace ya más de cinco siglos, parece ser la base de toda su construcción y de toda su percepción. Ese idioma de infancia está salpicado del búlgaro de las criadas campesinas, del turco de los abuelos (cuando Bulgaria era imperio otomano), del armenio y ruso y griego y rumano de vecinos, criados, amigos de infancia.

Más adelante agregaría el inglés (fueron a vivir por un tiempo en Manchester durante la infancia de Canetti) y luego el alemán de manera muy sólida (fue al colegio en Viena y en Zúrich – y la madre lo entrenó literalmente-literalmente al saber que iría al colegio en Viena. El recuento de cómo lo entrenó la mamá a sus escasos ocho años en el idioma alemán ya haría que valiera la pena asomarse.

Pero hay muchísimo más, obviamente. Las descripciones naturalistas de sus profesores en el liceo en Zúrich son verdaderas joyas de percepción y observación.

Canetti era un joven libre, que a sus trece/catorce años iba en tren o a pie desde una pensión hasta su colegio – la pensión la compartía con varias otras estudiantes mayores (él era el único hombre en esa casa regentada por cuatro señoras suizas de varias generaciones y habitada por estudiantes suecas, brasileñas, francesas, austríacas). Su descripción del lugar evoca mundo, rigor y libertad.

Leer bajo la pátina del tiempo

Paul Valéry ha aparecido en mis lecturas, conversaciones, discusiones – con frecuencia alarmante últimamente. No solamente Fernando lo menciona mucho (y me ha regalado ensayos sobre Valéry o escritos del poeta/ensayista) sino que por ejemplo en Infinity Valéry fue mencionado/citado por personas muy disímiles  –  por la magnífica Briony Fer, por el conjuntista británico Philip Welch, entre otros.

Flaneando por los muelles de buquinistas (sí, me toca usar un poco de frañol ahí; decirlo en español castizo lo haría sonar como una zarzuela) en busca de Valéry y otros autores noté extrañas reticencias. Libreros amables cambiaban de cara al preguntar yo por Valéry después de haber estado hablando con ellos unos minutos; uno de ellos me dijo ah non, moi, Valéry, j’en ai pas casi como si intentara desligarse de algo incómodo, como si mi pregunta por Valéry hubiera cruzado pese a mí algún umbral de lo correcto según él. Otros me dijeron Valéry en Pléiade c’est pas facile à trouver, on a ceci seulement — y sacaban algún fascículo – a todas luces magra representación del autor.

Luego alguien me preguntó ¿Por qué tanto interés en Valéry? … Quien me lo preguntó es el hijo de una profesora de literatura francesa en una universidad bogotana, y me dijo que ya había leído montones de Valéry cuando estaba en el colegio impulsado por su madre – traducían cosas para las clases, etc. Me miró con cierta ironía cuando le dije que como aparece por todas partes en conexión con el infinito, con disquisiciones estéticas, con su poesía, por su centenario reciente, quería leerlo más a fondo.

Finalmente en el Muelle de los Grandes Agustinos apareció un volumen de Pléiade a precio muy bajo y hermosísimo. Mirando por encima y saltando hojas del jugosísimo volumen me encontré con textos y poemas increíbles – que tengo ahora para leer después.

También había comprado ya Variété – un libro que empieza escrito durante la posguerra (de la guerra de 14-18). Valéry como todo el mundo estaba perplejo y lanza un llamado angustiadísimo.

Pero cuesta leerlo, bajo la pátina brutal de eurocentrismo, de creer genuinamente y escribir tanta sandez sobre la “centralidad” y “excepcionalidad” de Europa. Ese dejar entrever la trama de un modo de pensar es el precio a pagar cuando alguien como Valéry escribe tanto, con interés tan genuino por el mundo, por entender tantas conexiones (matemática, música, literatura, política). Algún historiador de las mentalidades podría encontrar tesoros de prejuicios (creo que algunos de los libreros reticentes con Valéry podían estar influidos por ese tema), pensamientos moldeados por su época, en esos diarios de Valéry. Hay joyas impresionantes pero también hay frases que resultan francamente molestas de leer un siglo después – y estoy seguro que alguien con la lucidez de Valéry hoy en día sería un crítico implacable del Valéry de esas frases.

Aún así, disfruto mucho la lectura y los tesoros de ese volumen, pues se configura algo que permite trazar mil hilos entre los temas que me interesan. Y por algo Fernando, Briony y tantos otros no solo lo leen y enseñan, sino que siguen encontrando inspiración inmensa ahí. Yo hasta ahora empiezo.

La mer, la mer, toujours recommencée… (PV)

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París, al amanecer del martes de la semana pasada. Foto: AV.

right before Infinity

Right before “Infinity” (the way we called the meeting), MC and I were immersed for weeks and weeks in discussions and preparing our lectures. It is a rare occasion, being both of us invited as speakers in the same event. Also, for both of us – I would say, for all speakers of this event – it was a truly demanding task, in a way that is difficult to describe. How do you speak for a crowd of people that includes amazing mathematicians (Woodin, Steel among them), great art historians and philosophers? How do you say something at the same time as devoid as possible of local lingo, local to your little domain, and interesting? With the subject of the meeting, On the Infinite, of course, there were many possibilities.

We ended up waking up many times in the middle of the night, of many nights for weeks and weeks whispering  you know I’ve been thinking now of starting with the body and … /  … oh I was thinking of the corporeal too … / … but no, really it’s about the boundary between the undefinable and the defined … / oh, but not that way … and falling asleep again. Then breakfast with infinity, then in the middle of a discussion with one of my colleagues about abstract compactness and amalgamation in infinitary logics, surprising myself using a sentence that was also from the other conversation… then Lygia Clark and Poincaré, Leibniz and Florensky… and the need to trim it all…

The week-end before we revisited the Rodin Museum, where a Kiefer exhibition (homage to Rodin’s Cathédrales de France) was being shown. Somehow I feel the works we saw encapsule the atmosphere of our conversations for weeks on end before the meeting.

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y mucho, mucho más (pero después). Rodin es infinito. Kiefer hace un buen homenaje, pero se queda de verdad corto frente a la grandeza de Rodin. Désolé, Maître Kiefer.

Pronto: ∞ en París (IHP)

El próximo mes de octubre tendrá lugar un simposio interdisciplinario sobre el infinito en el Institut Henri-Poincaré en París: http://www.i-n-f-i-n-i-t-y.org/. Participaremos María Clara y yo en ese evento.

Será parte de una serie de encuentros interdisciplinarios entre matemática, arte y filosofía que ya ha tenido versiones en Utrecht (2007: Untamed Logic, Aesthetics and Mathematics), Nueva York (2012: Simplicity: Ideals of Practice in Mathematics & the Arts), Bogotá (2014: Mapping Traces / Rastrear Indicios: Representation from Categoricity to Definability) y Helsinki (2015: Getting There and Falling Short: Around Complex Content).

De nuevo será todo un reto hablar sobre un tema matemático para un público que mezcla gente como Woodin y Magidor con gente como Juhani Pallasmaa o Briony Fer.

Nunca es fácil ese equilibrio.

[Tal vez lo que se va configurando a través de estos encuentros/reencuentros es la idea de un diálogo extendido en el tiempo; creo sinceramente que el evento de Utrecht hace diez años, aunque muy bueno en su organización, tuvo charlas más ingenuas, menos cortantes que los siguientes. Aunque no es algo explícito en la manera como están planteados los eventos, sí parece irse configurando algo de conversación extendida. No es nada fácil.]

El evento de Utrecht fue muy tantear terreno, con algunas cosas buenas y un par de charlas muy extrañas. El de Nueva York fue gigantesco, con una cantidad de artistas y gente de las universidades que llegó ahí; todos hacían preguntas ingenuas o sabias, era un poco caótico, gigante y maravilloso, como esa ciudad. La presencia irreverente de Gromov fue impresionante: terminó pareciendo una estrella de rock. El libro Simplicity… salió de ese encuentro y tiene ensayos muy interesantes. El de Bogotá en 2014 lo organizamos nosotros o sea que no puedo juzgar mucho pero me parece que tuvo un carácter más íntimo que el de Nueva York. Tuvo el entusiasmo increíble de los estudiantes de aquí, y sobre todo una empatía y profundización del diálogo que creo que no se había logrado hasta ahí (una mesa redonda con Xavier Caicedo, John Baldwin, Jouko Väänänen y Fernando Zalamea discutiendo libremente ante el público fue un punto alto de ese evento – pocas veces he escuchado a Xavier hablar con tanta libertad y poesía; otro fue el conversatorio Signos indéxicos y complejidad social, política y artística de Clemencia Echeverri, Margarita Kurka-Malagón y Beatriz Vallejo). El evento de Helsinki luego fue más maduro, sin los extremos de Nueva York, ya una conversación en un punto más avanzado. Este de París creo que será un gran reto para los que hablaremos… (y espero estar a la altura 🙂 ).

Habrá una exposición de Fred Sandback asociada al evento, en las instalaciones del Henri Poincaré.