Marías padre, a través de Deza

La novela Tu rostro mañana funciona en muchos planos mentales superpuestos – acción detenida y pasada cuadro por cuadro, con mil reflexiones, memorias, premoniciones interpuestas. La voz de Deza padre (que bajo la pluma de Marías es la voz de su padre Julián) llega aterradora en momentos de angustia de Deza hijo en Londres. El peso de lo visto, de lo callado, de lo relatado y lo callado abruman.

Una vez en Madison la madre de una estudiante (de Medellín; la madre la estaba visitando) dijo con absoluto desparpajo, sin rubor: “en Medellín ya limpiamos; ahora se puede salir tranquilo”. Creo que esa señora (una señora paisa seguramente muy amable a la hora de invitar a comer fríjoles, una señora que seguramente se conmovía a la hora de escuchar los tríos de cuerdas kitsch que le fascinan a la gente de esa tierra – El camino de la vida y demás horrores, suavizados con aguardiente y rosario) nunca se dio cuenta del horror que pronunció. Esa frase simple lanzada al vuelo en una reunión “ya limpiamos” resume bien qué pasó con este país, qué ha pasado en tantas partes. Dicha en 1996 esa frase, desde la perspectiva de 2010, de Don Berna, de ese horror cotidiano que es Medellín, no solo suena absurda – suena casi criminal la frase. El desparpajo, la tranquilidad, el tono de la frase – como si estuviera diciendo “ayer fuimos a la finca y trajimos limones”, son la parte más lacerante de ese horror.

Leyendo a Marías encuentro ejemplos magistrales, brutales, de esa misma actitud – referidos a ambos bandos durante la Guerra Civil española.

Un ejemplo (debe ser la voz de Julián Marías a través de su hijo Javier, y encarnada en Deza padre):

(…) No sé qué es peor, si escuchar el relato o presenciar el hecho. (…) Claro que relato es mucho decir, y mucho llamarlo, para lo que por ejemplo me alcanzó una mañana en el tranvía, un par de frases dichas al desgaire, a las pocas semanas de estallar la Guerra, las de más furia asesina y un descontrol absoluto, mucha gente cedió e iba llena de ira, y si tenía armas hacía lo que quería, y aprovechaba el pretexto político para ajustar cuentas personales y tomar venganzas exageradas. Bueno, ya lo sabes. Lo mismo en las dos zonas: en la nuestra se le puso algo de coto a eso más tarde, aunque no el suficiente; en la otra, apenas ninguno durante los tres años, ni tampoco luego, con el enemigo ya vencido. Pero tanto me impresionó aquella violencia que me fue referida -en principio no a mí sino a cualquiera que estuviera a tiro, eso es lo tremendo_, que de lo que me acuerdo perfectamente es de por dónde pasaba el tranvía en aquel momento, en el momento en que llegó a mis oídos. Torcíamos desde Alcalá para entrar en Velázquez, y una mujer que iba sentada en la fila de delante señaló con el dedo una casa, un piso alto, y le dijo a la otra con la que viajaba: “Mira, ahí vivían unos ricos que nos los llevamos a todos y les dimos el paseo. Y a un crío pequeño que tenían, lo saqué de la cuna, lo agarré por los pies, di unas cuantas vueltas y lo estampé allí mismo contra la pared. Ni uno dejamos, a la mierda la familia entera”. Era una mujer con aspecto algo bruto (…) Aquella mujer comentó su salvajada con el mismo tono en que podía haber dicho: “Mira, ahí serví una temporada, pero a los pocos meses me largué sin aviso porque eran inaguantables. Los dejé plantados, con un palmo de narices.” Con toda naturalidad. Sin darle excesiva importancia. Con la absoluta sensación de impunidad que hubo en aquellos días, le traía sin cuidado quién la oyera. Con orgullo incluso. Con jactancia al menos. Por supuesto con enorme desprecio hacia sus víctimas. Y esperar una nota de remordimiento habría sido del todo iluso, claro, de eso no había ni asomo. Me quedé helado y asqueado y me bajé en cuanto pude (…)

reseñas de Alejandro Martín

¿Qué es el cine?

Eso. Esa nada que diferencia las dos tomas, la buena y la mala. Con las mismas actrices y el mismo movimiento de cámara. Pero una es cine y la otra no.

(Alejo Martín, en su tumblr)

Me gusta leer las reseñas que escribe Alejo. Me apasiona que se apasione tanto con ciertas películas. No importa que a mí la película no me haya gustado tanto, no importa tampoco que las reseñas no me hagan mover un ápice mi percepción (la película de Almodóvar, como todas las suyas, son buenas para pasar el rato, pero poco queda de ellas después). [Agregado después: no es completamente cierto lo anterior. Las reseñas de Alejo, como todas las buenas reseñas, mueven las certezas que uno tiene. Yo no saltaría a alabar esa película, pero veo (después de pensar un rato) cosas que no veía antes de leer la reseña.]

Sin embargo, ¡qué reseñas! De hecho, me gusta la película de Almodóvar por ser capaz de extraer esas frases en las reseñas de Alejo. Ya por eso, valen la pena.