cielo(s) del Caribe

En el Caribe el cielo (cuando el sol no abrasa y deja mirar hacia arriba) puede ser brutal. Eso es archisabido. Cualquiera que haya leído trozos de García Márquez (o Carpentier, o Lezama Lima) lo intuye.

Esta vez, sobre todo en Cartagena, me sorprendió de nuevo ese cielo. No sé si las fotos alcanzan realmente a capturar el fenómeno de sensación de luz infinita. Tal vez hace falta comer algo de arepa’e huevo o algún pescado frito o posta cartagenera para quedar pasmado. O recordar frases de esos autores.

Ese sábado al final de la tarde con Roman, Tim y María Clara nos dedicamos a mirar el cielo. Y tomar fotos. Y hablar un poco de matemáticas con Roman, sobre todo de su plan de curso de modelos de la aritmética. Y de mil otros temas. Y a mirar el cielo de nuevo. Y tomar más fotos. Y bajar a nadar para refrescarse. Y volver a mirar el cielo. Y tomar más fotos. Y tomar un sorbo de mezcal de Oaxaca. Y un poco de Club Colombia. Y volver a hablar de modelos de la aritmética. Y del volumen dedicado a Jouko. Y de los artículos recibidos y los por recibir. Y volver a mirar el cielo. Y volver a mirar el cielo. Y volver a mirar el cielo.

Hoy el mar estuvo en la mente del mundo entero. Una ola gigante, un tsunami, asoló el norte de Japón, y viajó durante todo el día hasta Bahía Solano, hasta Lima, hasta Tumaco, hasta Chile.

Estoy frente al mar, al mismo mar y a la vez muy otro, en este momento. En San Andrés. Vine por razones laborales solo por un par de días. La zona se llama Cocoplum Bay (cocoplum son unos árboles frutales locales). Está al frente de Haynes Key, más o menos a mitad de camino entre el “centro” (la ciudad, en el extremo norte de la isla, con su aeropuerto, y su mar de un azul que uno nunca puede creer que sea de verdad, así lo haya visto muchas veces).

El almuerzo fue en Fisherman’s Place – la cooperativa de pescadores. Se supone que es un sitio donde el pescado es el más fresco aquí – mucha gente muy distinta va allá a almorzar. Queda a unos 500 m del aeropuerto – distancia perfecta para caminar justo después de aterrizar.

Hacia las 5 se volcó un aguacero increíble. La foto fue tomada desde mi mesa de trabajo, durante el aguacero que oscureció todo.

Es raro estar junto a un mar tan tranquilo, tan paradisiaco hoy, en este día de tsunami brutal. No puedo no pensar en ese otro mar hoy.