Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)

40 aprendices en Eafit

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Cildo Meireles – La Bruja I (1979-1981) – Instalación con escoba de madera y 3000 km de hilos de lana.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

(A propósito de una columna en El Espectador surgida de una noticia de fraude de 40 estudiantes de Eafit en una prueba de inglés.)

La columnista, una profesora de Eafit, trata de explicar cómo pudo pasar lo del fraude de 40 estudiantes a punto de graduarse en una prueba de inglés. En su intento de explicar lo medio obvio, me parece que se enreda.

Tiene una frase estrella: “¿Cómo obramos los profesores de Eafit? Para lidiar con una política de cero tolerancia con el fraude, empezamos por lo básico: enseñar cómo no incurrir en él.”

Enseñar cómo no incurrir en el fraude me suena como una frase absurda e ingenua. Invita a la ironía: como los catálogos de animales absurdos de Borges, que con su sonrisa nos inducía a iniciar catálogos de lo inexistente, lo impensado, lo inexplorado.

Dudo mucho que en una universidad se pueda “enseñar cómo no incurrir en el fraude”: ¿cómo organizaría usted su currículo para eso? ¿qué tipo de “cartilla” armaría?

Pues bien, en Eafit en primer semestre los estudiantes (dice la columnista, a ver si es tan cierto) “los alumnos de todas las carreras en Eafit deben aprobar cursos como Edición Textual y Prácticas textuales, cuyo contenido hace énfasis en la propiedad intelectual…” Suena como un catálogo de buenas intenciones, en el mejor de los casos, y como una ingenuidad de esas peligrosos – casi una invitación al fraude para algunos estudiantes, en la mayoría de los casos.

Cuando un niño pequeño de dos a tres años le pega a otros niños de su edad, la única manera de que aprenda que pegar no está bien, que causa daño, es que otro niño un poco mayor también le pegue, no inmiscuirse, y esperar que no le den tan duro pero entienda. Creo que el fraude, y el evitarlo, y el huirle al fraude, se aprende a esa edad, no en la universidad. A esas edades se empiezan ya a negociar cosas que determinan mucho de lo que la gente hará después.

Cuando llegan a Eafit, los estudiantes tramposos ya no pueden aprender a “no incurrir en el fraude”. Pueden si acaso aprender a temer las consecuencias.

Los mejores cursos de seguridad informática se dan armando un sistema y poniendo a los estudiantes a romper su seguridad. Es ahí donde se pueden entrenar. Creo que algo análogo pasa con el fraude.

Eafit entre sus donantes, al igual que cualquier universidad cercana al medio empresarial de un país como Colombia, de una ciudad como Medellín, probablemente debe tener algunos de los ejemplos más logrados de fraude que se han dado en este país (y bien logrados si no los han cogido en su fraude y metido presos aún). Es impensable lo contrario, desafortunadamente – basta ver alguna otra parte de El Espectador para ver que la mayoría del fraude de alto nivel en el país es perpetrado por… egresados de lugares similares a Eafit. Los que acceden a Eafit probablemente vienen de colegios que de muchas maneras han recibido toda clase de donaciones de padres ricos, cuyos hijos han recibido tratamiento “especial” – los niños perciben eso perfectamente, seguramente de manera más aguda que los adultos. Los sitios estilo Eafit y los colegios que permiten llegar ahí suelen ser escuelas de fraude casi perfectas.

La verdad, que 40 estudiantes de Eafit hayan comprado sus notas del examen de inglés, no me sorprende ni un segundo. Me sorprende (un poco) que los hayan echado – probablemente simplemente hicieron el fraude de alguna manera un poco bruta o demasiado obvia, y si no los echaban alguien hablaba duro y terminaban enredando a alguien más arriba que los 40 estudiantes.

La autora dice que “Cuando se detecta un fraude, se emprende un procedimiento disciplinario de acuerdo con el reglamento universitario. El conducto regular en cualquier universidad que se respete.”… tal vez ella no sabe que en algunas universidades de Estados Unidos, bien respetables (Stanford, otras de la costa oeste) el código prohíbe explícitamente entablar acciones legales de ese estilo. Los estudiantes de Stanford por definición no hacen fraude, y en los exámenes está prohibido que el profesor esté cuidando en el mismo salón – tiene que quedarse en el corredor, por si los estudiantes tienen preguntas -, pues el quedarse en el salón es desconfiar de los estudiantes, que por definición no hacen fraude… Cuando un estudiante no va a clase o a un examen, quienes deben escribir su excusa son… sus roommates, no un médico como en nuestras universidades. Probablemente incurren menos en mentiras fraudulentas que en nuestros sistemas.

El fraude a mi modo de ver, donde existe (en toda Colombia, con presencia peculiarmente alta en sitios estilo Eafit – en buena parte de América Latina aunque tal vez menos en Uruguay que aquí, en los países mediterráneos, en Estados Unidos a muchos niveles, en Francia, en Rusia a la vista de todo el mundo, en Japón cuando las cosas son a nivel… Fukushima) a mi modo de ver es un problema social global endémico, que no se puede resolver mediante cursos de primer semestre. Se resuelve en casos particulares mediante situaciones fuertes que enfrentan a los fraudulentos con un fraude mayor del cual pueden ser víctimas, o con situaciones que muestran de manera obvia al fraudulento que le va mejor sin hacer fraude.

Finalmente, la columnista habla de rankings, y subraya que “Eafit está de quinta en el país”. Ese mundo de los rankings universitarios sí que ha generado fraudes de toda clase, y brutales.

Morton Feldman - XXX - anécdotas y dibujos. 1984. Lyon, 2011 - foto: Andrés Villaveces
Morton Feldman – XXX – anécdotas y dibujos. 1984.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

Visita al MAMM

Hace un mes y medio fueron María Clara, Margarita Malagón, Alejandro Martín, Alicia de Malagón, etc. a Medellín, a la inauguración de una retrospectiva de la obra de Luis Caballero (Deseo y tormento) en que Margarita daba una charla fundamental y Alejandro hablaba sobre distintas maneras de ver un cuadro. Yo no pude ir esa vez, y me quedé con las ganas. Debió ser fantástico.

Esa vez la visita giró en torno al MAMM, el Museo de Arte Moderno de Medellín – una antigua fábrica (aún se ve el letrero “Robledo” en la fachada) reconvertida en museo.

María Clara había quedado muy contenta con esa zona de Medellín (Ciudad del Río) – con el museo mismo, y también con la restauración de una zona industrial. Nos quedamos en un hotel al lado del museo (coincidencia… ¿coincidencia? [Fernando dice que esas coincidencias no son verdaderas coincidencias – son co-incidencias, caminos que se cruzan como en geometría, por razones que uno puede no ver desde el camino mientras lo recorre pero que hacen parte de una geometría global que las determina]… coincidimos con Goyo y Adriana en el hotel al lado del museo, sin haber planeado nada y sin siquiera saber que allí estaríamos todos).

Yo iba a un taller de Teoría de Modelos en la Universidad Nacional. María Clara (otra “coincidencia”) tenía que ser par evaluadora de un programa de fotografía en Medellín justo el mismo fin de semana.

Total ahí llegamos. Como en una película. Cenamos en Medellín con Alexander Berenstein y María del Rosario Ferro, con Juan Diego Vélez y María Eugenia, con David Blázquez-Sanz y su visitante Guy Casale de Francia, con Goyo Mijares y Adriana Rondón y con los dos estudiantes de doctorado de Juan Diego. Comida muy memorable y agradable… y casi imposible de organizar sin las geodésicas co-incidentes.

Al MAMM llegué a la una de la tarde el sábado, bajo un sol inclemente en el metro (mis fotos del centro fueron tomadas entonces). Ahí me encontré con María Clara y Magdalena Monsalve (otras co-incidencias: Magdalena conoce a la mitad de la gente que conocemos en Bogotá, desde los Berenstein hasta los Martín, desde Pablo Kalmanovitz hasta… sus tíos los fotógrafos Monsalve, pasando por muchos otros personajes del arte o de la historia del arte en Bogotá – pero a Magdalena la fuimos a conocer ahí en Medellín en ese fin de semana extraño y mágico).

En el MAMM había una exposición del dibujante de cómics Truchafrita – miles de planchas, miles de viñetas de ese personaje extraño.

Pero lo que más vi fue la exposición de Taller 4 Rojo, ese grupo del que conocí integrantes después de su desintegración. Taller 4 Rojo hacía gráfica (y qué calidad tan increíble de gráfica) en Bogotá por allá en mis años de infancia – principios de los setentas. Arte hiperpolitizado, gráfica “al servicio del pueblo” o “de la revolución”, Alternativas que ví mil veces en la casa paterna-materna, que podían causar ansiedad a ciertos tíos tal vez, pero ahí estaban. Me *impactó* ver las fotos de Nirma Zárate (que no recordaba así) frente a sus murales, las carátulas de Alternativa, los grabados de Umberto Giangrandi. La vieja bohemia intelectual del barrio La Macarena de Bogotá, ahí plasmada en el MAMM.

Medellín: metro view of the downtown.

Towns with metro systems are so much easier to navigate! In Medellín there are just two metro lines (not too dense) but the city being essentially linear, with the exception of going west from the downtown, the metro system actually is quite useful.

The view from the metro is fascinating. Ville éventrée, the bowels of the city, especially around the Downtown area. The San Antonio, Cisneros, Suramericana stations and everything in between has a density character that seems high.

I was taking those pictures from the train, and a young guy told me that was “the only way of taking those pictures”. I looked in disbelief – he said the areas around Cisneros and San Antonio are just too dangerous for pictures. Not sure… but I didn’t try (I had to arrive to the Museum of Modern Art soon…).

The pictures were taken on Friday morning (when going from Industriales Station, near El Poblado to Suramericana Station, near National University) and on Saturday morning and at noon (again going back and forth). The first day, an undergraduate student, Juan Ruiz, accompanied me – I somehow felt more secure using my camera when he said it would be ok. On the second day, I was on my own, and felt completely safe taking those pictures.

Watching them back, I feel I have begun to like more and more Medellín and its metro.