trees of Yucatán

In addition to the many ancient cities and cenotes, Yucatán has a profusion of trees, a variety and perhaps a kind of respect for many of them that makes them into an intriguing presence in those sites. They seem to be part of those ruins, in ways that have an intensity that I have seldom seen in other ancient sites.

In Egypt and in the coastal cities of Peru, the absence of trees, the desert landscape was essential to my appreciation of the pyramids or cities. In Caral, at the moment the most ancient city site found in the Americas, the dryness (north Atacama desert) is brutal and brings forth many mysteries (how could a whole city survive with essentially no water? what where their sources?).

In Yucatán the ceiba is still very much a sacred tree. Check how many you can spot on the photos below. But there are many other kinds of trees – palms of various sorts, etc. They seem to be essential there – they certainly were essential to my appreciation of those cities and pyramids.

Stairs – Yucatán

 

stairs

stairs

Stairs

In many of those sites (Cobá, Chichen Itzá, Ek Balam, Uxmal), stairs and stairs.

The most dangerous ones now closed to the public. But still, many vertigo-inducing ones.

The most striking (to me in this visit) were the Cobá ones. But Uxmal comes close in the sheer openness of the experience.

(For a mathematician, it is a sobering thought to know that Witold Hurewicz died when he fell off one of the Uxmal pyramids in 1956, a few days after an Algebraic Topology meeting in Mexico City…)

perif

Ese Anillo Periférico del horror. Entre San Ángel y el Parque Hundido, en lugar de ir por Insurgentes, la camioneta del Itam nos llevó un par de veces por ese lugar – a veces por el segundo piso (no tenía cámara ese día), a veces por el primero.

Sin tráfico, obviamente es rápido. Pero parece que los trancones ahora son espantosos, sobre todo si lo atrapan a uno en el segundo piso.

Dos horas atrapado entre un uber en un segundo piso de esas autopistas, me contaba un amigo. Infierno.

El segundo piso se supone que es más rápido pues hay que pagar por usarlo. Pero las rampas de salida son estrechas y se acumulan los carros, como es obvio.

Es un periférico un poco apocalíptico, la verdad. Velocidad, puente, señal, puente y más puente – una “bicipista” – autopista para bicicletas paralela – mejor paso.

Anillo Periférico del horror.

Nora

Fuimos a ver Casa de muñecas el domingo pasado en el Teatro Helénico. Resultó mucho más fuerte de lo que esperaba yo. Y me sorprendió por varias razones.

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Nora (Olga González) y Torvaldo (Moisés Arizmendi)

Tal vez principalmente porque, aunque Nora es un personaje archiconocido (si uno dice “Nora” no hay que especificar cuál Nora, al igual que sucede con Sancho, Emma, Anna o Julieta) – y por lo tanto uno cree que la tiene en mente, que la conoce, que la puede “archivar” en algún anaquel de la memoria … hasta que se topa de frente con la realidad de la actuación.

En vivo (y con buen director y escena) Nora pasa en par de horas de ser una mujer-muñeca, una niñaperfectamimadaporsupadreyluegoporsumarido que dalavidaporsushijosyporsumaridonaturalmente a ser un ser humano que busca asumirse, que busca ser.

Esa búsqueda de simplemente ser, que exige momentos (o años) de soledad, o de compañías distintas, es algo que Nora nunca en su vida había tenido – y es algo que aún sigue siendo increíblemente difícil para muchas mujeres hoy.

Que una obra así haya sido escrita – con un libreto tan irrespirablemente afilado – hace ya casi ciento cincuenta años fue otra de las sorpresas. Yo pensaba que Ibsen era de finales del XIX y principios del XX – por alguna razón ubicaba mentalmente esa obra en algo así como 1905. Y ya parecía impresionantemente contemporánea así. Íbamos cuatro – María Clara yo y dos amigos nuestros – y todos creíamos que era de distintos momentos del siglo XX. Gracias a la diferencia de creencia (¿1905? ¿años 30? ¿1948?) en nuestro grupo acudimos a google y para nuestra inmensa sorpresa esa obra que acabábamos de ver resultó siendo… de 1879.

Mil ochocientos setenta y nueve es ya casi siglo y medio.

A mí me dio vergüenza que llevemos casi siglo y medio en estas – y que tengamos aún actitudes tan cercanas a las que Ibsen puso ahí. Me sentí como si la humanidad hubiera casi-dormido durante todo ese tiempo.

Claro, han pasado miles de cosas – las suffragettes, el voto a las mujeres, la revolución cultural de los años 1960, miles y miles de otras cosas. Claro.

Pero a la luz de los escándalos de 2017 parece que no son tantas cosas, y que Ibsen sigue ahí, muy muy vigente.

Nora en un momento dado en la versión que vimos se asoma por la ventana de la casa de muñecas/cárcel y grita a los espectadores ¡¡¡Puta mierda!!!

Y sí. Tiene razón. En el momento en que llega ese grito yo simplemente contenía la respiración, esperando ver lo que ya sabía que iba a ver, y a la vez absolutamente conmovido.

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del día a día – México – curadurías – vibraciones – sonoridad

El Zócalo, 20.11.2014. Imagen de twitter.
El Zócalo, 20.11.2014. Imagen de twitter.
  • La protesta en México por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa continúa. Hoy 20 de noviembre en el Zócalo hay miles de personas en manifestación pacífica – probablemente mezclados con alborotadores de la policía o de grupos de esos que (como en Colombia, como en nuestra Universidad) logran arruinar la genuina y legítima protesta. A esta hora parece que los manifestantes fueron sacados por los “granaderos” (el ESMAD de allá), y que lograron transformar una protesta pacífica de una tarde entera en unos incidentes terribles. Dice una tuitera desde allá (la periodista V. Calderón) que “la salida fue muy abrupta, pero (dentro d lo q cabe) tranquila. Una tristeza para una tarde q había transcurrido en paz “. Desde Bogotá seguimos muchos pendientes de todos esos eventos. Mucha gente se pregunta qué pasará si cae Peña Nieto. Yo mismo obviamente no sé, pero percibo que a estas alturas la gente sabe que el problema va mucho más allá de la permanencia o no de Peña Nieto en la presidencia de México.
  • Hoy fue uno de esos días espléndidos de muchas exposiciones (algunas excelentes, todas tuvieron algo interesante) de Discretas 2 y de Tópicos Avanzados de Lógica. En Discretas 2 hicieron análisis con aprendizaje de máquinas del juego del go (entrenaron un sistema basándose en bases de datos de maestros del go, y lograron llegar a varias limitantes del proceso); otro grupo presentó un análisis de sudoku en términos de geometrías finitas (afines y proyectivas) y otro grupo habló de evolución de poblaciones de virus. En Tópicos Avanzados de Lógica un estudiante presentó brevemente la prueba de indefinibilidad del buen orden en L_{\infty,\omega} (en realidad hizo el caso L_{\omega_1,\omega} pero indicó correctamente la idea para el caso más general), un teorema de Morley y López-Escobar que no solo es muy bonito (probado con propiedades de consistencia, o sea forcing modelo-teórico) sino tiene consecuencias profundas en el desarrollo de clases elementales abstractas. Otro estudiante en la segunda hora presentó la dicotomía (MA o diamante débil) para la categoricidad en clases elementales abstractas. Llegó a un punto interesante en ese tema que rápidamente se puede volver muy difícil y serio. Además hablamos con Alex Cruz de invariantes j y del Alterstraum de Manin (y el Jugendstraum, y Kronecker, y Klein). Finalmente fui al inicio de un homenaje a Grothendieck que hicieron tres estudiantes de maestría. Uno de ellos presentó una charla en la que enlazó varios trabajos de Riemann con la “prehistoria” de los haces, esos objetos que me son tan cercanos por la lógica, y que nacieron en la mente de Leray cuando estaba preso en un campo de concentración en Austria. Un francés puesto preso por los alemanes en 1942 fue el inventor de uno de los objetos más importantes de toda la matemática del último siglo (las gavillas – los haces topológicos). Solo puedo sentir inmensa y absoluta admiración por Leray. La charla del estudiante fue muy interesante. Buen día en la Universidad hoy (mientras en la 26 había un dril soso y aburrido de un par de grupos militares, adentro de la universidad había un festín intelectual, como debe ser).
  • Alejandro Martín me puso a pensar qué quiere decir hacer una curaduría. Un poco a pesar de él: mi primera reacción ante la exposición El diablo nos guía que está en una galería del centro de Bogotá es de rechazo a tanta curaduría. Cortinas rojas, biombos, tapetes con líneas  – todo eso aparece inmediatamente al subir a ver la exposición, y mi primera pregunta es: “¿y las obras qué? ¿y los artistas qué?”. Supongo que Alejo me diría “¡es que a veces el curador es el artista principal de una exposición!”. Y yo diría (en ese diálogo imaginario que mantengo con él, como con muchos otros, permanentemente): “¿y por qué?”. Le diría “¿no es el curador más bien como una partera, que debe ayudar a llegar al mundo a los artistas, pero debe retirarse, hacerse a un lado, una vez el bebé – la obra del artista – recién nacido está sano y salvo, y su madre – el artista, la galería tal vez – también sobrevive? ¿Quién quiere seguir con la partera ahí en el cuarto una vez ha nacido la niña o el niño?”. Pero Alejo me diría de alguna manera que soy un anticuado, que ese ideal de curaduría mío es ochentero o setentero o del siglo antepasado, y que ahora el rol de un curador es otro – como el de un super-dj que empieza a ser más importante aún que los músicos que grabaron los discos. Y yo, que sigo sin entender de verdad qué diablos es un dj, fuera de una persona que pone discos y medio sabe escogerlos según la temperatura anímica de la fiesta, le diría “ok, pero en ese caso, ¿no sería bueno hacer distinciones? ¿llamar las nuevas curadurías con otro nombre? ¿performance-curatorial? ¿de pronto ya existe el nombre en alguna parte y yo no me he enterado?”. Al fin empiezo a entender que con semejante despliegue de medios materiales y de recreación de ambientes el curador nos está creando una atmósfera y un punto de reflexión desde lo extremo. En lugar de plantearlo desde un ensayo, lo plantea desde la obra curatorial misma. … Yo confieso aquí que aún quedo muy confundido, y pude ver solo tal vez la mitad de las obras (la película del director de La tierra en la lengua, los dibujos giratorios espléndidos de María Isabel Rueda, la escultura en el cuarto final). El cuarto inicial, con muchas fotos y muñecos alusivos a la guerra. … La curadoría también me trajo a la mente la película de Greenaway The Cook, The Thief, His Wife and Her Lover por la estética roja y los vericuetos. Y obviamente me trajo a la mente la obra de teatro / curaduría en el Hotel McKittrick de Nueva York – la obra Macbeth interpretada en ese lugar gigante repleto de recovecos. … Intentaré ir mañana que todavía está la exposición para verla de nuevo. Pensé en la oferta de Alejo de usar las mesas para alguna charla, pero entre Mapping Traces y el final de mis cursos, con esas exposiciones ya listas, no queda mucho tiempo y ya casi se acaba.
  • Tal vez últimamente me siento más cómodo con estéticas minimalistas. (Pero reconozco el valor del “ensayo curatorial” al ponerme a pensar en esto que estoy tratando de articular por escrito.) En todo caso, todo esto ha sido una buena invitación a repensar en temas curatoriales. Estoy feliz con la curaduría de Mapping Traces que hizo María Clara (me parece interesante que parta de un problema matemático y filosófico, me encanta el minimalismo en esa sala, me parece que las obras vibran mutuamente ahí y dialogan todas entre sí)… pero soy demasiado cercano para juzgar éso. Y estoy incómodo e inquieto (tal vez la mejor postura intelectual para pensar nuevas cosas) con la curaduría de Alejo, pero incómodo por razones (como siempre) interesantes.
  • Sigo inmerso, lenta pero inexorablemente, en la lectura de Schopenhauer. De lejos lo más lúcido que he leído en mucho tiempo. Obviamente, la teoría de la representación en su estado prístino inicial. Pero el contraste con el rol de la voluntad. El ojo.
  • Retomé el piano hace como un mes y medio, con el piano francés Furstein que era de Jaime Cortés y luego de Álvaro Cortés. Ahora está aquí. Vendí el piano eléctrico y está solo éste. Me encanta el sonido (pese a que hay que afinarlo ya pronto). Me encanta por lo orgánico, lo madérico, lo no-electrónico – ando feliz reduciendo el exceso de tecnología en mi vida cotidiana: discos de vinilo cuando se pueden oir bien, piano de cuerdas y madera que suena mil veces mejor (más complejo) que el mundo electrónico. La pura sonoridad me llevó a retomar lo que sabía tocar (no mucho, pero ahí está) y a estudiar nuevas cosas. La pura sonoridad. (Ahora necesito volver a tomar clases.)
  • Yuxtaposición. Poner las cosas juntas y dejarlas hablar a veces vale la pena. Mapping Traces fue un ejercicio un poco extremo de eso. Pero ahora mismo con Álex Cruz estamos tratando de poner junto a Manin con Zilber, a j con {\mathbb F}_1, a los haces de Zilber (álgebras de Weyl) con haces modulares. No es claro qué puede surgir de ésto. Por lo pronto quiero entrar a re-estudiar el cálculo (de Dirac) hecho por Åsa y Tapani, pues creo que ahí está la clave de algunas de esas yuxtaposiciones.
  • Transposición. Mejor aún que yuxtaposición. Inicio de…

A 43 estudiantes.

ayotzinapa

En realidad todos seguimos siendo estudiantes – por lo menos todos los que seguimos estudiando cosas, persiguiendo ciertos ideales cambiantes y difuminados, maravillándonos con algún concepto nuevo que nos damos cuenta no haber entendido durante años a pesar de haber creído que estaba ahí, peleando con malentendidos de nuestros colegas, esos otros estudiantes a veces revoltosos, revoltosos claro está en los mejores casos. La única, la única diferencia entre aquellos que ostentan en su carnet universitario el rótulo “estudiante” y aquellos que ya no lo podemos ostentar es la etapa en la que estamos en nuestros estudios (y el hecho de que para nosotros los profesores la universidad es un modo de vida y un sustento). Pero en lo esencial no hay diferencia.

Hoy se confirmó en México la masacre brutal y descarnada de 43 estudiantes de una escuela normal en el estado de Guerrero. Escribir la palabra Ayotzinapa, pensarla, decirla, se volvió dolorosísimo – a pesar de que esa palabra entró en nuestro vocabulario hace apenas un mes y seguramente representó un lugar de sueños y belleza para muchos antes. Pensar en el número 43 hoy también produce ese efecto.

Los 43 estudiantes de Ayotzinapa eran (¿son? sus padres se niegan a aceptar que digamos que ya no están, y por respeto a ellos temo conjugar el verbo en el tiempo incorrecto) mucho más parecidos a nuestros estudiantes, a nosotros cuando éramos estudiantes, a nosotros que queremos seguir siendo estudiantes, que lo que a primera vista creeríamos. Con sus sueños de estudiantes para ser maestros en zonas rurales de México – de ese estado de Guerrero que suena con sus historias tan parecido a tantas zonas de Colombia – los 43 estudiantes estaban ahí formándose en algo que poca gente valora – enseñar en el campo, en condiciones dificilísimas. Para sus familias probablemente muchos, aún con todas esas dificultades, eran la esperanza de salida de situaciones de pobreza que vienen desde siempre.

Más allá de las circunstancias específicas de los 43 estudiantes (de sus nombres, de sus historias familiares, de sus padres, de los que se salvaron de milagro, de su región, de su nacionalidad, de lo que estaban aprendiendo – todos esos detalles claves que iremos probablemente aprendiendo en los días que vienen), más allá de esas circunstancias específicas, me han llamado mucho la atención dos cosas:

  • La respuesta de buena parte de la sociedad mexicana. La participación de gente tan distinta en las marchas, en las manifestaciones, en el movimiento de indignación visceral. El contraste con Colombia cuando casos comparables han tenido lugar.
  • El continuo que hay entre nosotros y los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Casi todos los que leemos estos blogs, los que participamos en eventos como Mapping Traces que empieza hoy sábado en pocas horas, todos prácticamente somos estudiantes (o lo fuimos formalmente en alguna universidad y lo seguimos siendo de otras maneras). Es imposible no sentir que en nuestro ser estudiantes hemos sido vulnerados a un nivel muy fundamental. Además del ataque brutal a seres humanos, el saber que estudiantes (de lo que sea, donde sea) han sido atacados y asesinados de esa manera, nos atañe a todos – a todos los que de alguna manera seguimos siendo estudiantes, a todos los que trabajamos con estudiantes todos los días, a todos los que sabemos secretamente que lo mejor de una universidad como la Nacional son sus estudiantes – mejores aún que sus mejores profesores, mejores aún que su mejor arquitectura, sus Bauhaus de Rother o su Salmona, sus prados, su hermosísimo campus.

Dentro de unas horas arrancará un evento singular. Mapping Traces pone junta a gente que usualmente anda por ahí concentrada en sus propias cosas. Matemáticos, artistas, politólogos, filósofos, historiadores del arte, físicos, músicos. A ver qué es la cosa. A yuxtaponer, oponer, desmenuzar y acercar inquietudes de todos esos lados en torno a una problemática aparentemente muy abstracta (categoricidad, representación, definibilidad) pero manifestada en la traza, en la huella. La matemática ha sido brutalmente útil para entender trazas, pero el arte también – y por lo menos desde Leibniz y Schopenhauer la filosofía lleva dándole vueltas a esos problemas. No es un tema fácil, y está por verse cómo sale todo hoy, el lunes y el martes, pero confiamos fuertemente en que ese grupo de personas que aceptó participar (con generosidad, con alegría, con fuerza) nos ayude a todos a enfocar esa problemática y sobre todo empiece a hablar un poco entre sí – cosa usualmente difícil.

Pensando en cómo iniciar (en breves minutos solamente) un evento así, se me vino a la mente una imagen (en sueños) de la Divina Comedia: el infierno y sus círculos, y las voces. Las voces diciendo “venite, venite” – “vengan, vengan”. Nos estaban invitando al infierno de Dante a todos, a los matemáticos, a los artistas, a los filósofos, a los politólogos. Al despertar me preguntaba cómo sería un lugar donde todo se ve en círculos concéntricos como en un teatro de ópera gigantesco, donde uno pueda escuchar las voces de todos al tiempo. Desde el círculo del infierno habitado por los matemáticos hasta el habitado por los artistas. Etcétera.

La imagen me acompaña ahora, y tal vez (no estoy seguro) la invocaré brevemente. Si lo hago, será con un verso del inicio de Purgatorio, la salida de Infierno, las llaves de la ida hacia fuera:

“Chi v’ha guidati, o che vi fu lucerna,
uscendo fuor de la profonda notte
che sempre nera fa la valle inferna?
Son le leggi d’abisso così rotte?”…
Lo duca mio allor mi diè di piglio,
e con parole e con mani e con cenni…

Pero aún no sé – de hecho no creo tener tiempo de citar a nadie fuera de los agradecimientos usuales. Pero si cito algo sería a Dante con la llave de salida del infierno.

De hecho, el último verso se podría traducir libremente “y con palabras y con gestos y con trazas…”.

Lo que sí es claro para mí es que estos eventos deben ser dirigidos primordialmente a los estudiantes, a los de verdad con su carnet y no tanto a los que aún lo somos pero de otra manera. Son los estudiantes los verdaderos receptores de estos esfuerzos – o así debe ser.

Y estando en América Latina, en Colombia, en la Universidad Nacional de Colombia, en ese mundo tan hermoso y a la vez tan tocado por todo lo que sucede en el país (¿cómo medir el “valor agregado” (como dicen los economistas) inmenso que es que un estudiante además de aprender física cuántica o el teorema de Morley o cine o medicina pueda también vivir la experiencia de país que viven los de la Nacional? ¿cómo lograr tener la seguridad de que sí, sus muchachos tendrán días de cierre y zozobras y angustias y encontrones desagradables, pero se formarán como en ningún otro lugar de este país, a nivel humano amplio además de nivel académico?)… ¿cómo no mencionar a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que aunque tal vez estaban en búsquedas distintas de Mapping Traces / Rastrear Indicios en el fondo probablemente estaban más sintonizados con nuestros temas que lo que usualmente creemos/queremos/sabemos?

El dolor de hoy es brutal. No pude terminar de ver el video de los verdugos contando lo que hicieron. No en este momento. Saber lo que pasó, imaginarlo, es suficiente, es demasiado (y obviamente es completamente insuficiente y fútil, mientras sepamos que eso sigue pasando). De alguna manera quiero dedicar (también) este evento académico que ha causado tantos momentos de comunicación bellísima con Fernando, con Jouko, con John, con Juliette, con Nicolás, con Estefanía, con Margarita, con Carmen María, con Jorge, con Rafael, con Bernardo, con Ignacio, con muchos otros y por supuesto con María Clara, quiero dedicar todo esto también a 43 estudiantes de otros lugares y otros temas y que fueron víctimas de una brutalidad descarnada que aún no logro ni siquiera conceptualizar.

43

Addenda:

El inicio de unos días hermosísimos y sumamente felices, el 8 de noviembre de este año, Mapping Traces, coincidió con la tristeza y el horror de la noticia de Ayotzinapa. No supe bien cómo enlazar los dos extremos, de belleza y de horror – me parecía constantemente estar escindido en dos partes irreconciliables.

Una de las charlas del evento me dio claves iniciales para empezar a entender. El último día del evento, el martes 11 de noviembre, la penúltima charla fue realmente un conversatorio organizado por María Margarita Malagón, llamado Signos indéxicos y complejidad social, política y artística, con Clemencia Echeverri (la video-artista) y Beatriz Vallejo (la politóloga). El conversatorio tuvo momentos impresionantes y enfocó preguntas no tan distintas de las que me estaba haciendo yo: ¿cómo reconstruir a partir de fragmentos una “verdad” en medio de un panorama destrozado por guerra, violaciones, vejaciones, víctimas y victimarios? Agradecí enormemente a las tres, a María Margarita, Clemencia y Beatriz, el haber dado claves para poder intentar reensamblar fragmentos.

sobrevolar montañas – Popocatépetl

Nunca tendré suficiente: sobrevolar montañas es uno de los momentos fugaces, difíciles de lograr – pero milagrosos cada vez que se vuelven a dar. Nunca son seguros: basta que el puesto en el avión sea sobre un ala, que uno no consiga ventanilla, que haya demasiadas nubes, que el avión salga tarde y vuele de noche para que la promesa increíble de ver montañas no se cumpla. Por eso cuando sucede [cuando aparece la Cordillera Blanca de Huaraz al volar de Bogotá a Lima, o la gigantesca puna de Bolivia al volar de Buenos Aires a Bogotá, o el Illimani (gigantesco, parece un monte de otro planeta más grande) al volar de Lima a São Paulo … o la espina dorsal de Aotearoa o los montes de Alaska o los siempre postalescos Alpes de Suiza (almanaque de panadería bogotana), o las montañas un poco salvajes del Peloponeso – o simplemente el Nevado del Tolima o la Sierra del Cocuy al salir de Bogotá o la Sierra Nevada al aterrizar en Santa Marta] aprovecho el milagro.

Recuerdo mucho una broma pesada que nos gastó un piloto venezolano en Mérida una vez, hace dos décadas, cuando volar todavía era medio informal. Mientras uno está en Mérida está constantemente abrumado por la cordillera: como tener el Cocuy a la distancia de Monserrate en Bogotá. Los picos de Mérida (el más alto se llama, oh sorpresa, Pico Bolívar) están a 5000 msnm, la ciudad está a la altura de Medellín, y uno todo el tiempo está pendiente de los picos: si amanecieron con más nieve, si se va a poder usar el teleférico. Es una presencia casi angustiante por las dimensiones absurdas de la cordillera allá. Al salir hacia Caracas, el avión debe buscar el único hueco entre los picos – como salir del Olaya en Medellín pero con montes 3000 metros más altos alrededor. El piloto (jovial venezolano, bromista) hablaba del pico tal a la izquierda, el pico tal a la derecha, que miráramos y disfrutáramos. Pero el pico Bolívar, el más alto de todos, estaba… de frente. Varios pasajeros nos pusimos nerviosos: estábamos volando directo hacia el Bolívar. Por unos segundos eternos callamos y preguntábamos a los pasajeros del otro lado “¿ustedes lo ven?” (“no, ¿y ustedes?”). Luego giró bruscamente y el piloto rió y dijo “ajá, tranquilos, ahora sí lo pueden ver”. Una escena impensable en los vuelos hoy en día.

Ya sé que si uno sale de Ciudad de México hacia Bogotá y tiene ventanilla del lado izquierdo (y está de buenas y no hay nubes y es de día y…) uno puede ver esa cadena mágica de volcanes nevados – el eje volcánico central, lo llaman allá. El Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, a lo lejos el Orizaba, el más alto, y un montón de picachos de 4500 metros que definen completamente el espacio central mexicano. El Popocatépetl, que está tan cercano a la Ciudad de México pero casi nunca se puede ver – y sin embargo arroja de vez en cuando ceniza densa y pegajosa sobre la ciudad entera, aparece al despedirse, como recordándole a uno que finalmente es la razón principal por la cual apareció esa ciudad de lagos y canales y hoy paseos e insurgentes.

La Roma, fugazmente desde un carro

La colonia del porfiriato para el primer éxodo urbano de la plutocracia fuera del Centro Histórico. Luego, desde cuando se fueron los habitantes originales durante la Revolución, ha mudado muchas veces: inmigrantes españoles hace 50 años, decadencia fuerte en la época del terremoto, y ahora resurgimiento como zona hipster, llena de tiendas de diseñadores y restaurantes – algunos muy buenos. [También fue el sitio donde se instalaron los poetas de la generación beat, que encontraban en Mexico City el terreno de libertad y experimentación que les era vedado en Estados Unidos (vivían una Ciudad de México distintísima de la de los locales – lejos ellos de los escritores mexicanos, de los intelectuales, cercanos a placeres más directos, intensos y brutales).]

Semestre casi sin posts + selfies con mc

Sí, a veces me hace falta, obviamente. ¿A quién no? Cualquier cosa, escribir, fotografiar, poner selfies (que las hay, en los museos, y muchas), poner retratos, contar cosas semi-íntimas o incluso muy íntimas (como finalmente los blogs los leen solamente dos o tres amigos, uno que otro curioso desocupado y sobre todo uno mismo, pues da lo mismo).

Excusa (yo, que no aguanto mucho que den excusas) parcial: armé de nuevo una página web (por interés comercial, obviamente, como todo en estos pagos – aunado a llevar la capa de invisibilidad en la red por demasiado tiempo) y he estado escribiendo otras cosas (artículos, dos o tres – un ensayo), y organizando (junto con MC y con apoyo bello de FZ y de Alejo) mapping traces, ese evento que pinta extraño y ha tenido respuesta conmovedora de artistas, matemáticos, politólogos, filósofos, físicos, músicos, historiadores del arte – ¡respuesta además completamente fuera de lo que imaginábamos!

Tomé fotos en este viaje a México. No me dan ganas de armar un video esta vez. Quisiera simplemente ir poniendo fotos, como si esto fuera un fotoblog, sin mucho ton ni son. Me parece que México da para tanto visualmente que uno podría ir armando álbumes con puras fotos de ese país, de la gran ciudad, simplemente pegando ahí.

Arranco con un par de selfies que nos tomó MC en el baño de un museo, en la parte de los lavamanos. Las dos me gustan, por razones distintas. Prometo más: manifestación de estudiantes de medicina en Reforma, grafitis interesantes y curiosos, sombras en la Roma, atardecer en el Centro Histórico desde la terraza del Centro de Cultura de España en México, Tepoztlán y la mente viajera, la calle, la calle, la calle, un letrero de un sitio donde ofrecen “clases de strip-tease”, parajes de árboles puros, museos. Prometo tal vez demasiado. De pronto cumplo algo de todo eso. Ah… muchas más selfies, obviamente.

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Saturday in Coyoacán: Late afternoon walk.

Mexico City means lists to me. Lists of books I find at bookstores (both new books and old books), lists of streets, lists of movies I find on the street, even lists of trees in the many parks and wooded alleys, lists of ills of the city as described by some of its denizens, lists of wonders as described by Humboldt among many others, lists of portents as in the books by the many writers named Carlos (Monsiváis, Fuentes being the most prominent).

A short walk from here to Coyoacán yesterday ended with a list of movies purchased on the sidewalk (Werner Herzog’s White DiamondCave of Forgotten Dreams, Fata Morgana, También los enanos empezaron pequeños and Aguirre, der zorn Gottes, Liany Lunson’s Leonard Cohen, I’m Your Man, Béla Tarr’s Damnation, Kanato Shindo’s Kuroneko, Eliseo Subiela’s El lado oscuro del corazón, Antonioni+Soderbergh+Wong Kar Wai’s Eros, Ulrich Seidl’s Paradise: Love, all of David Lynch’s short films, Margarethe von Trotta’s Hannah Arendt, Peter Schamoni’s Max Ernst, Abbas Kiarostami’s Certified Copy, Denys Arcand’s L’Âge des ténèbres, Roman Polanski’s Nóz w wodzie, The Brothers Quay’s collection.

All of these just picking randomly for five minutes in a sidewalk – Mexico City’s porosity, etaleness and sheer saturation requires perhaps these lists.

Here is what happens along Tecoyotitla Street:

Corridos mexicanos

Corridos from Mexico: they are part of what could be called our “Latin American cultural DNA”.  Virtually anyone I know from Mexico down to Argentina, aged 20 or 30 to … 100 knows these songs and relates somewhat strongly to them. Many do not like them, many just love them, they leave few people here completely indifferent. They are among the few expressions that seem to go across social boundaries and across physical borders.

Their history seems to go back to various kind of Spanish romances, although of course musicologists make a finer and deeper analysis of these origins. But what could have been yet another local genre of mixed origins somehow acquired the status of the music of a whole subcontinent, through various stages. What follows is my own intuitive reconstruction of what could have caused this phenomenon. The Mexican Revolution was a fantastic source of lyrics – from heroic battles to ironic comment on defeats, through characters who had strong impact on local life (Juan Charrasqueado, Rosita Alvírez). Thereafter, and for various decades, the Mexican film industry produced movies that went back and back to the construction of their country  –  epic feats, tragic events (the death of Zapata), burlesque/sad situations (Carranza calling US troops into Mexico to look for Pancho Villa). These movies (and the singers featured there) had enormous impact in society at large, first through the strong appeal to the lower social classes. Women who did domestic work (empleadas domésticas, until a couple of decades cheap labor prevalent in most parts of Latin America – the empleadas who lived for six days a week in the house of the patrones and who, depending on the family for which they worked, were in a state halfway between some sort of mild slavery or harsher situations, but who were instrumental in the education of young children) – they loved those movies and some of them even went as far as killing themselves when one of the great actors died. The arrival of the transistor gave all these people (domestic workers, policemen, guards, workers) access to listening to songs while working – I still remember those policemen in my childhood neighborhood, the empleadas in the parks, listening on their radios to Mexican music…

Upper middle classes and upper classes initially frowned upon this “workers’ music” – in many houses it was somehow “officially forbidden” by the pater familias. But young children of those families spent long time with the empleadas and ended up listening to a lot of corridos, rancheras. The music was so intense emotionally, and the empleadas would be so invested in their lyrics that after endless repetition it somehow got into their (own) cultural DNA – at least for two or three generations. The 1970s and 1980s brought big changes: in big cities domestic work started to change (fortunately for all, of course – the semi-slavery situation was a big shame and its slow demise in the main urban centers helped bring about the more progressive attitudes one sees in (parts of) Mexico City, Bogotá, Caracas…) and cultural attitudes became more open: the children who had secretly grown up listening to this “illegal” music (illegal for their strict parents) ended up singing these songs in parties with friends and opening the possibility of a cultural link across social classes.

Nobody knows for how long this will still happen. It may very well be that young people now, teenagers, have no idea of what this music is. It is already so old, so replaced by other musics, that it will be soon completely purely museum music. But that is not completely the case yet. Whether you look at places like Garibaldi in Mexico City, or the mariachis on Caracas Avenue at 51st Street in Bogotá (where people hire mariachi groups for parties), or whether you witness the incredible joy that these songs still bring to parties, with grandmothers singing along (somewhat) young people, there is still life in this repertoire.

The lyrics of Persecución de Pancho Villa (by Antonio Aguilar) are a very good example of the burlesque/heroic – that sense of humour that may perhaps be the ultimate reason of why these songs have survived for so long, alive:

In our Mexico on February (19)23, Carranza let Americans come in, ten thousand soldiers, six hundred airplanes, looking for Villa across the whole country. They started to throw expeditions, the airplanes started flying, in varied and different directions, looking for Villa, ready to kill him. The soldiers who came from Texas and couldn’t find Pancho Villa, exhausted after walking for twenty hours, the poor men wanted to go back, those on a horse could not sit down, those on foot could not walk, then Villa passed over them in his airplane and told them good bye [in English] from above. So they started to launch the airplanes, then Villa had a great plan, he dressed up as an American soldier and also transformed his troops. In our Mexico on February (19)23, Carranza let Americans come in, ten thousand soldiers, six hundred airplanes, looking for Villa across the whole country.

The compatibility of this sort of lyrics with Irish and Scottish ballads (same sort of wounded pride, against the English in their case) has been exploited by The Chieftains in this wonderful version – mixed with Mariachi Santa Fe de Jesus (Chuy) Guzman – in their album San Patricio.

It is impossible not to think about geometry (really, some very twisted version, with very variable metric) when riding a taxi in Taxco.

The only cars that fit those streets are “vochos”, i.e. little old Volkswagen beetles that used to pepper Mexico City and now have been banned from there. They gather enormous speed and momentum considering their size. The slopes of Taxco seem to be of at least 45º of inclination, and with so many bends and twists and possibilities of meeting right in front another such taxi, going as well at high speed, particle collision comes to mind. Pedestrians have about 30 cm (really, 20 cm or even less) to avoid the vochos going up so quickly and passing by them without decelerating, at LHC-like speeds. It does take some geometry to master that, I am sure, but also to be a passenger in such little cars and keep sang froid.