No ônibus, da Barra ao Pelourinho.

A través de la utopía modernista brasileña – versión Salvador de Bahía. Esta es una parte de la ciudad que atraviesa el bus yendo hacia el centro – construida toda en el siglo XX, con una arquitectura muy aérea, donde la brisa del Atlántico se deja pasar entre torres. No es ésta la ciudad “de la bahía de todos los santos” que sí es la parte antigua. (Ésa requiere otro tipo de fotos.)

Международный женский день

Se lee (más o menos) mezhdunarodnyi zhenskii dyen – con las zh similares a la j francesa. Narodnyi es “nacional”, mezhdu supongo que da el “inter”, zhenskii es genitivo de mujer, dyen es día.

Y no sé qué pensar. Siempre quedo perplejo el ocho de marzo. Es una celebración de algo que a la vez parece muy fuerte pero también parece pensado por otra gente, en otra época.

Nunca lo hemos “celebrado” aquí (sin embargo, ahora María Clara bromeando me hace el reclamo cuando ella ve algo sobre el tal ocho de mayo).

Para mí es un día muy ruso, en realidad muy ruso y a la vez muy soviético. Muy ruso, porque literalmente nos enteramos de manera fuerte y vívida de la importancia de ese día, hoy hace exactamente cuatro años, el ocho de marzo de 2007, cuando entramos en tren llegando de Helsinki a la estación “Finlandia” de San Petersburgo.

Es un lugar aún repleto de energía soviética primordial, ese tal Финля́ндский вокза́л. Al inicio de los rieles, está bajo una urna de vidrio la locomotora que llevó a Lenin de Támpere, Finlandia a Petrogrado en 1917. Apenas llega uno en tren (desde Helsinki) a Petersburgo lo primero que ve es eso. Luego la plaza Lenin con un ambiente que podría ser de hace cincuenta años.

Y flores ese día, a todas las mujeres que salían de la estación. Rusos de sonrisa irónica, con sus gorros y su manera de vestir tan distinta de la finlandesa, entregaban una rosa a cada mujer que iba saliendo. Preguntamos qué pasaba, arquearon las cejas y nos dijeron “Woman’s Day! Important thing in Russia!!

MC decidió tomar la cosa ligeramente, recibir la rosa con otra sonrisa y comentarme que en aras de la igualdad debería haber un Día Internacional del Hombre también.

Al abandonar la zona de la Plaza Lenin y entrar en la zona más espléndida (pero más turística) de San Petersburgo, al perderse en el Ballet Marinskyy, en el Hermitage, o al pasar por los canales y los puentes, uno puede llegar a olvidar por momentos que pasó el siglo XX por allá, y engañarse durante días enteros creyendo que Rusia sigue siendo la tierra de Pushkin y Dostoyevski, de Tólstoi y Chéjov, de Chaikóvski y Repin. Muchos petersburgueses ya quisieran que así fuera (o por lo menos dan la impresión de querer negar fuertemente el paso del siglo XX por su ciudad).

Pero en esa rosa del siglo XX ruso (y anarquista alemán, y de Clara Zetkin y Rosa Luxemburg, y los trotskistas de Coyoacán) se concentraba algo.

Clara Zetkin, Rosa Luxemburg

Clara Zetkin, Rosa Luxemburg – Clara Zetkin fue quien propuso la creación del Международный женский день

La rosa (y el gorro del ruso que la entregaba en la estación Finlandia de la Plaza Lenin) concentraba algo del idealismo increíble que entró en nuestro sistema por los biberones del 68 – madres feministas, Our Bodies Ourselves, padres anticonsumistas (cuando no tenían plata, bastante consumistas después), reuniones de estudio en que a la par con sus actividades académicas discutían (fumando siempre) tomos y tomos (¿qué hacer?) y criticaban a la generación de la guerra mundial de sus padres por complacientes y aburguesados (para saber que ahora son *mucho* más aburguesados que sus propios padres).

En todo caso, sea lo que sea, rosas soviéticas o no, reuniones de estudio mezcladas en el recuerdo con los gases lacrimógenos y los estudiantes refugiándose en el apartamento de mis padres, que quedaba al frente de la Universidad y tenía fachada respetable – y muchos libros casi prohibidos en esa época – comparo hoy la *vida* de varias abuelas con la vida actual de muchas mujeres. Y creo que hay que reconocer que en ese siglo XX (soviético, latinoamericano, gringo, parisino) al lado de los horrores algo muy interesante pasó.

No me puedo imaginar cómo sería la vida de las mujeres que significan algo fuerte para mí (María Clara, mis dos hermanas, muchas amigas) si su vida fuera como la vida de (la mayoría de) las abuelas.

Es imposible saber qué determinó que en 2011 (a pesar de múltiples limitaciones, desigualdades, injusticias que hay) las mujeres vivan como viven ahora. Movimientos soviéticos un poco, movimientos californianos mucho, la segunda guerra mundial muchísimo, la generación de una clase media enorme norteamericana en los cincuentas también.

La tal rosa del 8 de mayo, que aún parece vivir en la Plaza Lenin de la ciudad que ya no es Leningrado no es más que un gota (bien roja) de ese siglo XX tan extraño (a veces tan lejano ya).

Las (múltiples) menciones a la casa de Wittgenstein (post de DieGrausamkeit) en tuiteo cruzado con Javier Guillot terminaron trayendo a mi mente el aroma a piso de buena madera recién encerado del Departamento de Filosofía … una clase que daba allá arriba a las 8 de la mañana. Dar clase allá es muy distinto de dar clase en un salón usual. No sabría decir por qué exactamente, pero llegar, oler la cera, tener un grupo pequeño de estudiantes de filosofía, oler el tinto recién preparado, abrir la ventana y sentir el clima aún frío de esa hora… todo eso tenía algo delicioso. ¿Por qué?

El grupo era bueno – Javier era el monitor. Proponían películas, blogs, eran muy entusiastas. Lo que estudiábamos era material tal vez básico (Lógica I – una historia volando de la Lógica desde presocráticos hasta Boole … pasando por Aristóteles, Ibn-Sina, Leibniz, etc. etc. etc. para estudiantes de primer semestre de filosofía) … tal vez básico pero potencialmente muy poderoso (en manos de estudiantes que pudieran reconocer eso).

En esa casa lejanamente Bauhaus, con esa escalera… fue un semestre feliz.

Yo sí creo fuertemente que la arquitectura es poderosísima sobre el estado de ánimo, la visión de las cosas, la interacción entre la gente. En Bogotá hay recodos de felicidad arquitectónica/física (esquinas de la 39 junto al Arzopisbo, la luz de los cerros al atardecer, la fuente detrás de las Torres del Parque a las 5.30 de la tarde, la calle preferida de Álex en La Soledad (¿un par de cuadras en la carrera 18?), el Parque del Brasil en Teusaquillo, el Parque de Portugal en Chapinero, el Parque de la 11 con 70 al frente del Carulla, trozos de Quinta Camacho, el frente sur del Parque Nacional). Mucho de eso fue armado por la misma gente que armó ese edificio de Filosofía, por gente cuya formación en arquitectura y diseño no era muy lejana de la que motivó a Wittgenstein a hacer esas chapas, esos radiadores, esa casa tan maravillosa.

La foto fue tomada por Javier Guillot.