Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)

sigue nevando

Sigue nevando. No en cantidades brutales pero sí persistentes. Siempre me pone feliz eso.


Fui a un concierto hace dos noches. Interpretaron entre otras cosas True Fire, una obra de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, para orquesta y barítono. Son poemas (de Ralph Waldo Emerson, de Seamus Heaney, de los Tewa de Norteamérica, de Mahmoud Darwish) cantados por el barítono y acompañamiento de la orquesta.

La compositora estaba entre el público (normalmente vive en París pero por alguna razón estaba aquí – tal vez era el estreno local de esa obra).

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Desde hace años me ha sorprendido mucho la música de Saariaho. Tengo pendiente una ópera por ver (L’Amour de Loin). Me hace pensar mucho en otro compositor que me impactó mucho en otra época – Takemitsu.

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el libro extraño / del hastío

En Du côté de chez Swann, II el cambio es tan abrupto que me ha costado trabajo. Ha sido como pasar del Retrato del Artista Adolescente a Ulises sin solución de continuidad. De repente todo se tornó menos ensoñado, más real, más duro, menos metafórico.

El personaje central ahora es Swann – tal vez símbolo del Proust de edad madura – un señor judío de París que tiene acceso a altas esferas pero que por alguna razón decide dedicarse en un momento de cierta meseta de su vida a cuidar el amor por una mujer, Odette de Crécy, una mujer muy inculta y muy pendiente de las modas, muy plana y convencional en sus gustos pero por alguna razón muy atractiva para Swann en esa etapa de su vida.

El punto de encuentro durante bastante tiempo anterior a la eclosión del amor (¿tres meses?) es unas veladas donde una familia de un pequeño-burgués casi enternecedor (dueños de opiniones que ellos creen muy lanzadas, increíblemente inseguros socialmente y pendientes de temas de clases, repletos de pequeños códigos que inicialmente al narrador y a Swann les parecen objetos perfectos para ironizar) … pero ocurre un cambio interesante en Swann y es que a medida que se enamora de verdad de Odette empieza a ver con otros ojos también el salón de Mme Verdurin.

Y de nuevo la magia: el enamorarse hace ver todo con ojos distintos. Algo que parece tan obvio cobra vida (un poco como la imagen de las catleyas en asociación con Odette – y la frase faire catléya que usan Swann y Odette para referirse a hacer el amor) de manera impresionante bajo la pluma de Proust. Después de pintar magistralmente el salón pequeño-burgués visto por alguien con acceso a círculos sociales mucho más refinados de esa París de fin de siglo, después de hacer hablar al médico del salón – pequeñísimo pequeño burgués, después de revelar la estrechez mental de esa gente, pone Proust a Swann a darse mil razones para verlos bajo luz mejor que lo que llaman le monde, el “mundo”, la gente de círculos sociales más refinados.

Swann parece cansado de pertenecer a le monde y tal vez se está refugiando en Odette y en el salón de Mme Verdurin. Hasta donde voy no es claro por qué ese hastío con el mundo, con la sociedad, por qué ese refugio en otro mundo (super arribista y super inculto a la vez), por qué esa renuncia.


Escuchaba a Celibidache hablar de su fenomenología – y dirigir en Múnich obras de maneras supremamente peculiares. De alguna manera (¿voluntaria? ¿involuntaria?) Celibidache también tiene algo de renuncia, algo de hastío. Lo sacaron de dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín a finales de los años 40, lo reemplazaron por un von Karajan muy distinto, muy mediático. Al escuchar hoy parece que se invierte todo: el verdadero príncipe era Celibidache (con su orquesta de Múnich, calificada muy despectivamente por von Karajan como “una orquesta de campesinos” – pero que bajo la dirección increíble de Celibidache parece darnos versiones de verdad muy pero muy inmortales), y el señor un poco vulgar es von Karajan (pese a que hace unas décadas se comportaba como un príncipe, elegante, con sus carros deportivos, sus aviones personales, su manera ágil y rápida de dirigir y resolver cosas que sonaban más pesadas bajo otros)… me parece que queda hoy muy poco de eso – las versiones de von Karajan se oyen hoy pesadas y pasadas, y las versiones mucho más lentas, muy cuidadosas de Celibidache se oyen frescas y nuevas y terriblemente únicas.

¿Será que la renuncia puede ayudar a eso? ¿Será que Swann es metáfora del Proust que en un momento dado renuncia a ciertos brillos superficiales (“vonkarajanianos”) para dedicarse al durísimo pero verdadero brillo de estrella, de diamante para la posteridad, “celibidachiano”?

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Sergiu Celibidache (no sé quién tomó esa foto)

The seam / la costura / la ruptura

Vivir en Jerusalén (bueno, así sea por un mes) lo confronta a uno con estar sobre una frontera. De maneras a veces duras, otras veces maravillosas, otras veces dolorosas, pero siempre interesantes. Así uno no la cruce (por razones de convicción o de conveniencia), la frontera está ahí muy cerca, siempre. Y es una frontera muy porosa, muy inestable, muy sutil a veces, muy poco sutil otras veces.

Es una frontera entre modos de ver, entre momentos históricos, entre naciones (asimétrica), entre idiomas, entre sistemas de producción.

A mí me atrae mucho la sensación de estar “en el borde de” algo. El no estar a miles de kilómetros de los cambios, sino estar precisamente junto a una costura o a una ruptura. Me atrae y me aterra, puesto que simultáneamente lo que ocurre es una guerra durísima, siempre presente de alguna manera, así la dulzura de tantos aspectos de la vida diaria, o la concentración intelectual altísima que se da en Givat Ram, el campus de Ciencias de la Universidad, uno de los lugares que prefiero en el mundo entero, hagan pasar a un aparente segundo plano esa frontera.

Pero por ejemplo, la fachada, dejada intencionalmente bombardeada, del Museo “Sobre la Costura” (On the Seam):

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Museo “En la costura”, Jerusalén. Entrada principal.

Se trata de un museo de arte contemporáneo, situado justo al frente de la avenida Jeil haHandasa, que era hasta la Guerra de los Seis Días (1967) frontera entre Israel y Jordania, ubicada en un “no-man’s land” y ahora es una avenida amplia con el tranvía que une la Jerusalén occidental, judía, con la Jerusalén oriental, árabe. La exposición que vimos estaba interesante. Más aún, los documentos y materiales que tienen en su biblioteca; un verdadero archivo de las acciones de artistas israelíes y palestinos en torno a los conflictos (que son muchos distintos, y superpuestos; ciertamente no reducibles a un mero conflicto binario) de esa tierra.


La Puerta de Damasco es el inicio de la Jerusalén árabe, si uno llega desde el centro y desde fuera de los muros de la Ciudad Vieja. Es claramente perceptible en el aire el cambio de atmósfera al acercarse a ese lugar emblemático.

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Con frecuencia pasa uno por ahí – al salir de la Ciudad Vieja, por el mercado árabe, o sencillamente porque una de las estaciones del tranvía está justo al lado. Con frecuencia se oye que fue acuchillada una persona (por lo general alguien con atuendo judío) en ese mismo lugar. Al pasar no se percibe nada particularmente extraño, fuera de la presencia de policías o militares israelíes armados – y probablemente temerosos de algún otro atentado. Pero miles y miles de personas pasan por ahí todo el tiempo. Es extraño y muy triste saber que ocurren esos atentados aislados contra gente en ese lugar.


Desde la Cinemateca (un lugar de encuentro de intelectuales judíos y árabes, muy cercano también a una de las líneas de frontera) la vista de la Ciudad Vieja es impresionante.

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También se ve la ciudad árabe, la zona de Silwan, si uno mira hacia el otro lado. Se ve mucho menos arborizado todo, se siente mucho más la presencia del desierto gigante (en realidad, ese desierto que asoma atrás sigue y sigue hasta la península arábiga, y conecta por el Sinaí con el Sahara – es básicamente el mismo desierto gigantesco). Detrás del borde, la bajada abrupta hacia el Mar Muerto y al otro lado Jordania y el Moab.

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Si uno mira con cuidado ve ésto:

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Y ésto:

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Es el muro que separa Cisjordania de Israel (aunque sigue una línea distinta de la frontera oficialmente reconocida por Naciones Unidas). De nuevo la frontera es extraña, puesto que lo que está del lado de acá de ese muro también son barrios árabes. Es decir, es un muro que pasa por el medio entre dos zonas árabes, pero una con estatus “dentro de Israel” y la otra no.


Son fronteras muchísimo más porosas de lo que uno normalmente supone. El muro en realidad sigue una línea muy complicada. Uno quisiera que no hubiera muro, que el país fuera una construcción común con todos sus pueblos. Pero muchos no quieren eso, y países relativamente lejanos se meten en ese conflicto. El muro posiblemente tranca algunos de los peores atentados que podrían ocurrir; seguramente resuelve a corto término varias cosas. ¿Pero a largo plazo?


Otro punto de contraste — también tiene que ver con la frontera pero en este caso de manera feliz, sin alusión a bombardeos de 1948, el no-man’s-land terrible que dividió la ciudad en dos entre 1948 y 1967, la retoma complicada de la ciudad en junio de ese año, el estado tan distinto aún del este y el oeste de Jerusalén (pese a estar bajo la misma administración, la misma alcaldía), la presencia del campo de refugiados de Shuafat a meros dos kilómetros de la ciudad vieja. En el video que se ve a continuación, tomado durante la proyección de Cinema Paradiso en la Plaza Muristán de la Ciudad Vieja una bellísima noche de verano se ve otro tipo de convivencia, a mi modo de ver ideal. Hay familias árabes y judías, hay público mezclado, no se siente tensión. A menos de un kilómetro de ese lugar están las mezquitas y esa misma semana había mucha tensión allá. Durante el día miles de palestinos estaban haciendo una protesta contra los detectores de metal – protesta finalmente pacífica frente a la Puerta de los Leones, pero muy tensionante estando allá. En la plaza, en el video, nada de eso. Simplemente, la magia de la convivencia tranquila posible.


Y finalmente, en uno de los días más complicados de todo el episodio de los detectores de metal, uno de esos días con amenaza de volverse todo más complicado, me encontré por azar con una manifestación de mujeres árabes y judías en un lugar desde donde se ve maravillosa la Ciudad Vieja, desde el sur. Cantaban y daban discursos por la paz, en hebreo y en árabe. La frontera difícil también tiene esos momentos maravillosos. Las imágenes tal vez cuentan más…

 

sonata / sine materia

Uno de los pasajes más famosos es la primera descripción de la sonata de Vinteuil. Lo increíble es que después de unas páginas que van armando un escenario muy social, muy lleno de interacciones, frases implícitas y explícitas – el mundo del logos y del contacto, llega una melodía del andante de esa sonata y logra desprender por completo a Swann de su mundo de salón y lo lleva (con uno) a un terreno de sensualidad, de recuerdo, de enamoramiento brutal y de nuevo muy cargado de erotismo, muy tenso y muy tierno a la vez.

Se trata de algo que a priori hubiera debido ser transaccional, hubiera debido ser banal: en una reunión social en el salón de Madame Verdurin, entre gente muy pendiente de pequeñeces, termina un pianista tocando un pasaje de una obra que Swann reconoce. La reconoce sin conocer su nombre; la reconoce porque la había escuchado el año anterior. Y empiezan unas páginas increíbles en que el amor de Swann por una frase musical, por sus volutas y subidas y luces, florece y cobra vida como si fuera amor físico por otra persona. Proust logra elevar una frase musical de una sonata semi-desconocida para Swann al rango de una persona que genera en él una pasión brutal.

Lo más interesante es que mientras la escucha sabe que conoce la frase pero no la puede ubicar, no sabe de qué obra es. Tal vez por eso es tan poderoso el pasaje.

D’abord, il n’avait goûté que la qualité matérielle des sons sécrétés par les instruments. Et ç’avait déjà été un grand plaisir quand, au-dessous de la petite ligne du violon, mince, résistante, dense et directrice, il avait vu tout d’un coup chercher à s’élever en un clapotement liquide, la masse de la partie du piano, multiforme, indivise, plane et entrechoquée comme la mauve agitation des flots que charme et bémolise le clair de lune. (…) Peut-être est-ce parce qu’il ne savait pas la musique qu’il avait pu éprouver une impression aussi confuse, une de ces impressions qui sont peut-être pourtant les seules purement musicales, inétendues, entièrement originales, irréductibles à tout autre ordre d’impressions. Une impression de ce genre, pendant un instant, est pour ainsi dire, sine materia. Sans doute les notes que nous entendons alors, tendent déjà, selon leur hauteur et leur quantité, à couvrir devant nos yeux des surfaces de dimensions variées, à tracer des arabesques, à nous donner des sensations de largeur, de ténuité, de stabilité, de caprice. Mais les notes sont évanouies avant…

(En traducción mía: Al principio solo había degustado la cualidad material de los sonidos emanados de los instrumentos. Y ya había sido un gran placer cuando, bajo la pequeña línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, había visto de repente buscar subir en un chapoteo líquido, la masa de la parte del piano, multiforme, indivisa, plana y entrelazada como la malva agitación de las olas que encanta y matiza el claro de luna. (…) Tal vez es porque no conocía esa música que pudo vivir una impresión tan confusa, una de esas impresiones que tal vez sin embargo son las únicas puramente musicales, inextensas, enteramente originales, irreducibles a cualquier otro orden de impresiones. Una impresión de ese estilo, durante un instante, es por así decirlo, sine materia. Sin duda las notas que entonces escuchamos tienden ya, según su altura y su cantidad, a cubrir ante nuestros ojos superficies de dimensiones variadas, a trazar arabescos, a darnos sensaciones de amplitud, tenuidad, estabilidad, capricho. Pero las notas se desvanecen antes…)


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Una esquina en el barrio de Talbyeh, Jerusalén. Verano de 2017.

fragmentos de conversación [fragm. incompl. ה]

[3 de diciembre de 2013]

Al final del semestre la mente parece fragmentarse: el síndrome de déficit de atención parece acentuarse, y sostener la caña parece más difícil que lo usual. La mente funciona a retazos, casi como un computador afectado por el virus microsoft, que le fragmenta la memoria por su carencia de sistema de archivos decente. Algunos trozos de conversación (hablada real, o mental):

… el sistema musical persa funciona por dastgahs – unidades dentro de las cuales puede haber una cantidad de experimentación/improvisación…

… músicos como

Capilla de Kamppi / silencio

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Hoy de mañana fui a la capilla de Kamppi. Nunca había ido, extrañamente. Kamppi es el centro centro de Helsinki. El arquitecto Juhani Pallasmaa lideró hace unos diez o quince años un proyecto grande de reforma de esa zona: la estación de buses quedó subterránea y por donde uno pasa hay mezcla de espacios comerciales, plazas públicas, vivienda (apartamentos que se ven muy bien). Es un lugar que conecta la zona de la Estación Central de trenes con la estación de buses y barrios del centro (y atrás, el puerto occidental).

Había visto muchas veces al pasar (a pie, en tranvía, en bicicleta) el módulo (como un barco o un huevo gigante) de la capilla pero no sabía qué era y nunca había entrado. Esta semana leí que es una capilla (sin denominación – para cualquier religión o no-religión) y que el punto principal es el silencio.

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Esa combinación (silencio, arquitectura de madera, espacio de recogimiento) resulta irresistiblemente atractiva para mí y decidí pasar apenas pudiera. Hoy iba camino al museo Amos Andersen y decidí parar ahí. Fue una experiencia hermosa y fuerte.

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Fuerte porque el silencio en nuestra sociedad repleta de ruido es una propuesta radical. Los arquitectos (estudio K2S, Mikko Summanen, Niko Sirola, Kimmo Sintula) incluyeron el silencio como parte fundamental del espacio. De alguna manera logran aislar la capilla, ubicada en una de las zonas de mayor tráfico y tránsito (de todos los modos que hay) en la ciudad, un punto por el que pasan miles y miles diariamente.

Los materiales son maderas locales (abeto, aliso, fresno). No sé con qué aislaron la capilla del ruido – leí en unas notas que usaron una placa de escayola – no tengo ni idea de qué puede ser eso.

Pensé mucho en nuestro apartamento de Bogotá, tan desprotegido del ruido (como casi todo en todas partes). Pensé en el estado de meditación del sauna en Finlandia (los materiales de construcción son casi los mismos aunque obviamente las dimensiones no y tampoco la forma curva).

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Pensé en la irreverencia fuerte que en todo caso hay en hacer un espacio altamente no comercial, sin nada para la venta, en plena zona de tránsito. Lo único que ofrece el espacio es la posibilidad de meditación, de silencio, de búsqueda interior.

Hay una cruz casi invisible (Finlandia, al igual que los demás países nórdicos, es país luterano – aunque no es un lugar religioso y mucho menos fundamentalista, sí está ahí la presencia de esa forma de cristianismo). La cruz es delgada, de plata. La puede encontrar si busca bien en una de las fotos de arriba. Pero no más. Hay un lugar para poner velas (algo común a muchas religiones).

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La única iluminación proviene de esa ranura en el techo. Es ampliamente suficiente (y seguramente necesaria para la insonorización). La vista global, con las bancas sencillas de madera, el altar, la madera y esa luz, da una idea del recogimiento (agregue el silencio para imaginar este espacio que podría estar al borde de un lago de Carelia si no estuviera en pleno centro de la capital).

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El silencio es un bien impresionante, como el agua pura, como el aire puro. La música funciona como su contraparte, pero la música que sabe escuchar el silencio es la que ha ido quedando. La que sabe que no es más que una fluctuación de este. En nuestro mundo repleto de ruidos de horror (en todas partes – un poco peor en países como Colombia pero esencialmente igual de horrible en todas partes), el silencio es como un lujo increíble. No debería ser así – podría suceder como pasó con el aire viciado de humo de cigarrillo que la gente tomaba como algo normal hace veinte o treinta años, y que de alguna manera aprendimos como sociedad a reubicar para poder respirar. Si pasó con el cigarrillo, ¿por qué no puede pasar con el ruido?

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Los cojines de la iglesia son esas piedras – en realidad cojines cómodos para sentarse si uno prefiere su suavidad a las bancas de madera – o simplemente para llevarlos a las bancas de madera. Parte del diseño es esa forma de piedras amontonadas, que evocan el kivas de los saunas.

basso ostinato

A veces soy un simple basso ostinato. Una voz que se mueve cercana al centro tonal del momento por allá abajo, repitiendo y repitiendo patrones rítmicos-armónicos, de soporte del contrapunto de las voces que sí se dan el lujo de volar. (Ayer por ejemplo, me obstiné en una versión falsa de un teorema que trataba de acotar; mi contrincante-conversador me mostraba claramente por qué estaba erradísimo yo y aún así me obstiné, aunque sabía que el contrincante tenía razón en su argumento – yo simplemente sabía que en algún contexto similar la cosa daría la vuelta pero durante un rato no lo ví; era un simple cambio de parámetros de \mathbb Z a \mathbb Q que logré eludir absurdamente…). Basso ostinato.

Otras veces no. Otras veces logro cantar y despegarme de la obstinación del bajo, subir y fugar. ¿Por qué no es siempre así?

La gravedad y la gracia (Simone Weil)

Me ha sorprendido el libro. Había leído a Weil (Simone – los matemáticos debemos aclarar esto pues si decimos “leer a Weil” se sobreentiende que nos referimos leer a André Weil, el hermano mayor de Simone) exactamente dos veces antes: una vez en el colegio, unas pocas frases sueltas en clase de francés en sexto (no sé bien por qué aparecía en ese texto, pero sabía quién era Simone Weil, mucho antes de tener preocupaciones que me llevaran a su lectura, y mucho antes de conocer la obra de su hermano André), y una vez en el doctorado, en Wisconsin (conseguí en una librería de segunda de Madison un libro que leí a trozos, por curiosidad, un poco fascinado por su fascinación por el griego y la liturgia ortodoxa) … pero debió ser a finales del doctorado. Abandoné desde entonces esos temas.

Hace unos días compré una edición de Trotta con escritos de Weil llamada La gravedad y la gracia. Es una selección de La pesanteur et la grâce, obra publicada por Plon en 1947, cuatro años después de la muerte de Weil. Contrario a mi costumbre de comprar siempre en idioma original cuando lo puedo leer, algo en el libro me llevó a comprarlo de una en español (dejando abierta la puerta para leer a Weil en francés después), pues fue un poco como esas veces que el libro parece pan recién salido del horno en un lugar maravilloso, y uno no puede dejar de probar bocado de manera instantánea.

Weil me desbalancea. Pone a prueba mi creencia en no-creencia, mi intento de lejanía de todo lo religioso, de manera inteligentísima y a la vez sensibilísima. Donde espera uno misticismo aparece racionalidad, pero racionalidad que da la vuelta a cualquier asomo de ironía en uno, que se le adelanta por completo. Imaginar las conversaciones de infancia y adolescencia entre Simone y su hermano André ya da para mucho – cuando ambos andaban descubriendo la complejidad del mundo, él debatiéndose entre la matemática y el sánscrito (contempló la posibilidad de ser un filólogo e incluso se inició simultáneamente en el tema), ella entre socialismo, misticismo, filosofía cercana a los estoicos y a Platón, a los dramaturgos de la Francia del 17 (Racine sobre todo), a Rousseau y a Spinoza, a Alain y Marco Aurelio y Lucrecio, acaso a Schopenhauer – debía ser algo muy fuerte esa mesa de discusión entre esos dos hermanos.

Simone es famosa sobre todo por su absoluta coherencia: llevó a la práctica su teoría del conocimiento del mundo, del abrazo al mundo a través del hacer – se metió de obrera en Francia para vivir en pleno, sin ambages, la condición de los trabajadores. Más tarde durante su exilio en Inglaterra durante la invasión nazi, comía tan solo la ración que sabía que sus conciudadanos podían comer en la Francia invadida – es posible que su muerte temprana, a los 34 años, se haya debido a esas limitaciones.

Algunas frases del libro:

Todos los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la constituye la gracia.

No juzgar. Todos los defectos son iguales. No hay más que un defecto: carecer de la facultad de alimentarse de luz.

Tendencia a extender el sufrimiento más allá de uno mismo. Si por un exceso de debilidad no puede provocarse la compasión ni tampoco hacer daño al prójimo, se daña la representación del universo en uno mismo.

La búsqueda del equilibrio es mala porque es imaginaria.

Toda forma de recompensa supone una degradación de energía.

Necesidad de una recompensa, necesidad de recibir el equivalente de lo que se da. Pero si, al forzar esa necesidad, se deja un vacío, entonces se produce una especie de corriente de aire, y surge una recompensa sobrenatural. Esta no aparece mientras se posea otro salario: el vacío logra que aparezca.

Es necesaria una representación del mundo en la que exista el vacío, con el fin de que el mundo tenga necesidad de Dios. Eso entraña dolor.

Amar la verdad significa soportar el vacío y, por consiguiente, aceptar la muerte. La verdad se halla del lado de la muerte.

Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir. Pero sólo lo que se ama.

La imaginación trabaja continuamente tapando todas las fisuras por donde pueda pasar la gracia.

Nada poseemos en el mundo -porque el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.

Las contradicciones con que topa el espíritu, las únicas realidades, el criterio de lo real. No hay contradicción en lo imaginario. La contradicción constituye la prueba de la necesidad.

Es un error desear ser comprendido antes de explicarse uno ante sí mismo. Como el caso del que busca placeres en la amistad sin merecerlos. Se trata de algo todavía más corruptor que el amor.

No dejes encarcelarte por ningún afecto. Preserva tu soledad.

El amor es un indicio de nuestra miseria. Dios no puede sino amarse a sí mismo. Nosotros no podemos sino amar algo distinto de nosotros.

De todos los seres humanos, sólo reconocemos la existencia de aquéllos a quienes amamos.

Minimal notes.

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Fragment of a topos: Through a glass, blurredly. June 2014.
  • Aotearoa, next 10 days. To dive into conversation with a mathematical couple (he, an opener of Shelah’s “third way” (according to the Lazy Model Theoretician guide), she, an algebraic geometer). Will try to pay honor to Ruapehu, if time allows it.
  • Back to LPs for sound (now, with USB connection). Warmer? Different sampling?
  • Neighbor is a fan of Mos Def. While I shower I hear his Mos Def – not sure if I like it that way, but at least I know the song (and like it). Being a model theorist, seeing the words Mos Def, I cannot help thinking what kind of definability is he implying in his works. I cannot not see definability whenever it is hinted at, even unwillingly or unawares.
  • Extreme fatigue caused by election nervousness: the state of all around me, myself included. Brutal weariness.
  • Guasca: veredas ondulantes a 2900 metros. Fin de semana idílico, en un paisaje que ya empieza a dejar la Sabana, sin ser realmente el Páramo.
  • Pleasantly surprised by Bovykin’s approach to Paris-Harrington, presented in my logic class by three students. I asked each group (at the start of the semester) to find their own project subjects – they had freedom to discover it, but then had to work on what they chose. This group chose to work on Paris-Harrington (we saw Gödel’s Incompleteness by the middle of the semester and I had been mentioning the more “close to real mathematics” result by Paris and Harrington). They found Bovykin’s approach to be much more readable – one of them seems to have gotten well the role of cuts and minimal initial segments.
  • Backlog in almost everything.
  • (Godement (following Cartan and Grothendieck))’s treatment of classical construction of sheaves veers close to invariant sheaves in model theory.
  • Zalamea (Fernando) has managed to write a letter that is at the same time personal and a work of art – close to the style of his late brother Gustavo. I received that letter, and I feel I have a version of a “dual Zalamea”, a kind of hybrid of the talents of the two brothers. I have tried to photograph it in a way that blurs the personal, yet allows the “tree” structure, the “pictorial” background to be seen and appreciated. No success: my abilities as a photographer, when trying to “mod out” reality, are too limited.
  • In our project topoi (where we have been slower than at the beginning, for good reasons that have to do with internal dynamics of the project itself), we have been trying to capture dynamic topoi  –  “dynamic systems” that like the other topoi, bridge the (almost impossible, yet almost obvious) conversation between two artists and two mathematicians. So far, the project has been building up, slowly really slowly, the new path toward dynamic topoi.
  • I truly liked my other student’s presentation of Hrushovski’s cryptic line in the Covers and EI paper – ninety minutes of Galois theory to cover up a sentence. Beers after seminar were welcome, and good.
  • I see more and more young parents around me (well, not really young – compared to my own parents when they became parents, they are really old, but I mean “young parents” as in “parents of small children”) incredibly concerned about every little detail of their children’s life, to an insane degree. Unhappy with all school systems, unhappy with vaccines in some cases, unhappy with possible germs in schools, they utter sentences such as “how can I trust my dear child to unreliable teachers, horribly bad influence of society, strange people’s children?”. They ponder and discuss and are concerned endlessly about wanting their children to be atheistic and free from bad influence from religion, or wanting their children to be free from violence in movies or TV, or maybe decide to home-school their children because schools are “all so terrible”. Those poor children are the center of too many concerns, and I worry they will react sharply to their parents’ extreme insecurities. While they may not hear their parents’ constant concern being voiced over, they for sure can feel it and may absorb the excess insecurity of our times. Too much helicoptering doesn’t forebode well for those poor children of over-concerned parents.
  • For a month now, have listened to no hip-hop and no rap (except for my neighbor’s Mos Def). Cleansing my own ears and mind is good, to appreciate better. Now Mahler and Bruckner and Schoenberg are filling the void.
  • Like our ancestors, I always feel that when the semester ends I crawl, slowly, out of a boiling pool of water, slowly into open air. While I like very much teaching (and consider it a privilege), I also love being freed from teaching obligations, at the end of the semester. Both feelings seem contradictory, but both are important. עֵת לִפְרוֹץ וְעֵת לִבְנוֹת.

Pink Colombia – suspended time

These days (being tired with things, end of the semester, lots of cumulated work to do, close deadlines) I seem to give up to emotional moments – I respond, when tired, when my mind mixes sheaf cohomology of ideals, generalized modular invariants, typesheaves, categories of AECs, Robinson properties… my own projects, mixed in my mind with the projects of my students in a logic class and in a discrete math class (each group its own project – from game theoretic (+ Mumford theory) image processing to second order logic applied to database theory, through many odd things – dependent logic, elliptic curves in crypto…) and organizing meetings and… , I respond emotionally to apparently simple things.

Nairo Quintana, Rigoberto Urán on stage 20 at the Giro d'Italia. Their solidarity could be part of the Latinoamérica (Calle 13) video!
Nairo Quintana (Boyacá – Colombia), Rigoberto Urán (Antioquia – Colombia) today on stage 20 at the Giro d’Italia. Their solidarity today was a beautiful lesson for all Colombians.

The Colombians’ prowess in the Giro d’Italia has been one of them. Nairo Quintana is a giant, Rigoberto Urán too. They are at this point number 1 and 2 in the giro – there is still tomorrow’s stage – hopefully they will keep these positions until Trieste. Even if that does not happen, what they have done has brought a rare moment of release of tension – symbolic and fragile – but perhaps necessary at a moment like this.

Wherever I look around in Colombia these heady days, people seem concentrated in febrile activity (“I need to finish this project, I need to submit that paper, I need to talk to these people, I need to organize these lectures”). Everybody talks about impending tasks, lectures, deadlines, papers. Yet our mind is somewhere else. We concentrate on our work, desperately these days, and crazily welcome displays of otherness in our Quintanas and Uráns, displays of fraternity in competition, of beautiful efforts in gorgeous landscapes, wearing pink (of all colors! pink because this is the color of number 1 in Italy’s giro – Quintana as I write this, and possibly till the end – but extremely symbolic in other ways). Yet our mind is worried.

And we are tired of this tension, of this suspension. And we may get very emotional. An opinion columnist in one of the main printed magazines of the country says it clearly: this is not a vote, this is a feeling. León Valencia (columnist in Semana, former guerrilla member) tells us how last Thursday he could not overcome tears when he embraced (retired) general and member of the peace committee in Havana, Jorge Enrique Mora – he wanted to thank him for what he is doing for peace in Colombia, and that the honor of representing a country in search of reconciliation is not beneath the sacrifice of having represented it in a war. This description of emotion at a moment of great danger for the peace process in many ways reflects what many of us feel here.

The whole country feels like being on a plane whose engine may have stalled, we do not know for sure. We hold our breaths until June 15. Nobody can say for sure what will happen that day – which one of the two candidates will become the president. The current president was elected on the opposite platform, but his enormous work in bringing Colombia to this peace process, and the depth of difficulties faced since the process started – complex reasons underscoring these of course, but the brutally fierce opposition of the extreme right of the country – now materialized in the opposing candidate, and possibly (hopefully not) getting the presidency for the next four years have brought the process to a possible halt.

One should like to think that a process at this stage, and of this depth of consequences, should not depend on who is president of Colombia at a given moment. Yet reality has shown that the hatred, vengeful attitude and complete disregard for rules of any kind (even of the most basic) is what moves the opposing candidate. And a serious portion of the country follows them.

That is perhaps one of the reasons why seeing Quintana and Urán being number one and two in the giro, at the same time extremely competitive but also collaborative beyond their differences, has been watched with such hopefulness and such emotion in this country. Not only is it an incredible respite from tension around the country but also a reminder of how dedicated work, not too many words, serious face, strong work (but knowing when to release, not mere working, working, working as the stupidest of all Colombians living used to boast when he was president – rather, working cleverly, going up knowing when to accelerate, concentrated, and also knowing when to unwind and to look at the big picture) can sometimes bring those summits.

But pink is also the symbol of the winner in Italy’s giro: the number one runner wears a maglia rosa – a pink cycling outfit. In his hometown (Cómbita) in Boyacá people (men, women, old, young) decide to dye in pink their ruanas – their typical ponchos. The effect is a bit hilarious, and becomes a modest symbol of release in this tension.

Addenda: through youtube’s recommendations (something I never look at, usually), I fell into listening to a singer I didn’t know: Stromae. Belgian (the son of a Rwandan father and a Flemish mother – he grew up in a French-speaking neighborhood of Brussels), in his song Alors on danse his pronunciation of French, and the brutal contained energy made me think of early Brel – I later realized this is an extremely talented young singer/performer – who combines his Belgian closeness to Brel with many other worlds: hip-hop of course, but at times Western African rhythms (his song-homage to Cesária Évora, Ave Cesaria watch the beautiful tango dancing! – is completely different from his Alors on danse), serious French wordplay (oulipien at times, as in Moules Frites, where the wordplay has a completely innocent face [eating mussels and fries…] yet describes a guy who likes to have unprotected sex, and gets AIDS as a result, the whole sing sung in a way that could be heard many times without ever dreaming the point), strong parody (as in Carmen – where he sings on the universally known melody of Bizet’s Carmen – l’amour est comme l’oiseau de twitter…), Cuban-like sadness with Quand c’est, a song (of rage) to cancer, which in French almost sounds like “when is it/quand c’est”, or just a song about a boy looking for his (missing, as his own father who was killed in the Rwanda genocide) father in Papaoutai – Brel again in the rage and West Africa in the rhythms.

The playing part reaches a strange paroxysm in Formidable – a strange (and unsettling) impersonation of a drunk man in a street (of Brussels or Montreal, where he acted the song in the metro), talking to people the way completely drunk (bourré) people speak to people in the street. Apparently the first version was filmed in the Rond-point Louise in Brussels, with hidden camera, next to a tram stop – as he is famous, people saw him, took his pictures on their phones and twitted about “Stromae being completely drunk in the street” before the (official) release of the song. Of course, at this point, the whole thing could be a story, the whole strategy to release through twitter is most probably a stunt carried by his producers.

Yet there is some sadness in the piece – some possible truth and comment on this loneliness, by the (Belgian) son of a Rwandan victim and a Flemish mother – that (I think) permeates the video. I wonder where this will go – Stromae is very talented and versatile. I just hope he will hold on and will not allow himself to fall through the cracks and dangers.

Here is the Montreal version (the Brussels one has better sound, and is better produced – with the backdrop of Louise):

Versatility, flexibility, experimentation, à fleur de peau – those are some ingredients of Stromae’s talent. Consider Te quiero – ceci n’est pas un clip:

Rhythm: Hip-hop – Epistemology and Ethics – Deleuze

A short post, on (for me, important) subjects for later more detailed use:

  • Rhythm makes following Deleuze speaking about Leibniz and baroque a wonderful experience of mind opening, mind pleasure and insight. If it weren’t for his pauses, his points d’orgue at the end of long “paragraphs”, his waiting times, his sudden accelerations and apparently unneeded slow motion passages, following him would be totally different. A serious part of his greatness is given by the way he delivers. (Thanks to Zalamea for pointing out these incredible lectures!)
  • Rhythm makes following hip-hop a possible endeavor. The music is really bass underlining (something that has been happening since Perotin at least, since the Parisian composers in the Western tradition), simple melodic lines. The lyrics of Mos Def, Wu-Tang Clan, RUN-DMC but even more so Aesop Rock and (king of kings) Saul Williams are among the best poetry being done at the moment, universally. Try reading some aloud. Try, stumble and fail, try again. Now imagine those guys sometimes being able to ad-lib, to invent (or carve out?) these lyrics out of their minds. Adam Bradley has written The Book of Rhymes – The Poetics of Hip-Hop – an insightful book, perhaps longish to read – maybe the best is just listening to some Wu-Tang, some Williams and some Mos Def to get a sense of the best poetry being written (and recited, and ad-libbed, and in some cases made into music or a nice video). Best poetry in terms of rhythm, mostly (in many cases the lyrics seem the least important part of the song/singspiel): something else is being sung, something pertaining to growing up in Brooklyn or the Bronx, to under-standing a city like New York in a world of prisons, of danger, of complicated racial politics, of self-assertion. Much more seems to be said by the rhythm proper than by the lyrics themselves. (Thanks to Michael Kowalski, Javier Moreno and Paola Vargas for their pointing out great hip-hop recommendations (and, in Michael’s case, for leading me in that direction from his description of his new opera)!)
  • And back to Jan Zwicky, on Plato. After leading her readers through heightened awareness of the rhythm of the dialogue (as in Deleuze or as in hip-hop): the pauses, the hesitations, the convoluted backtracking, the exposure of new ideas and expectation of a reaction, fulfilled in some cases only, she goes back to the role of mathematics (as measure of learning morality for Plato!). Zwicky: The notion that mathematical truth and moral insight were connected was not itself the result of immature idealism nor of geeky tinkering in the workshop of nutty ideas. Plato must have seen and experienced the connexion in a way that could not be gainsaid by his acute observation of the human pageant. … We become virtuous by believing what the mathematical demonstration suggests but does not prove; we awaken excellence, actually produce it in ourselves, by rejecting skepticism about it. Skepticism, in blunting philosophical desire, makes us morally unattractive. It is a very surprising turn and must, I think, affect our sense of Plato’s overall project (negrilla mía). In contemporary North American philosophy, we often imagine that the correct epistemology and metaphysics will provide the foundation for an adequate ethics. Plato suggests otherwise: we must choose our metaphysics and epistemologies on the strength of their moral outcomes. This choice requires unencumbered eros – unfettered, it only ever desires the good. If this extremely strong conclusion drawn by Zwicky holds water (I believe it does), it is through a lengthy, weighted argument developing awareness to listening to, to feeling the rhythm in Plato’s dialogue that one can draw the conclusion – and that the conclusion becomes unavoidable.

All this presence of rhythm, from those wonderful lectures given by Deleuze (and which would be reduced terribly were it not for the rhythm he uses to deliver them), through the craziness (and liveliness and strength) of hip-hop, all the way to Zwicky’s ear for rhythm in Plato – all of this is perhaps far-fetched, but it seems to glue correctly some insights.

Alejandro Martín has sometimes expressed serious doubts about the role of metaphysics in epistemology, about the way we reach knowledge. Not in writing – these have been informal conversations. Perhaps his questions can be re-read through Zwicky’s eyes.

(Added: Release – Saul Williams & Blackalicious  – Lyrics here: http://www.azlyrics.com/lyrics/blackalicious/releasepart123.html)

שיר ליל שבת (canción de la noche de shabat) – þ-ø-ø

De nuevo una traducción mía (mezclando un poco de la traducción al francés de Francine Kaufman que canta M. Tauber aquí – buscar Shir Leyl Shabbat en la lista de canciones junto a ese video para otra versión bellísima – una versión durante un evento de apoyo a Palestina en Tucumán es también interesante, aunque la grabación es menos buena – es bonita en todo caso esa otra versión, con guitarra argentina, medio chacareada en la segunda parte).

Þ-Ø-Ø   Camino a la Uni, paso por el Colegio de La Salle (ahora convertido en Universidad), sigo por la Carrera 6 evitando tráfico hasta Calle 53, zigzagueando – tarareo o vocalizo mientras bajo por la 53 en la bici este poema/canción para ir aprendiendo

Estas traducciones hacen parte de esa mezcla de poema y canción (en hebreo la palabra shir [שיר] significa a la vez poema y canción – lo cual es increíblemente apropiado) – en este caso el poeta es el enorme Yehudá Amijai (ver notas detalladas y cuidadosas en Le Nouvel Observateur sobre Amijai, escritas por Jean-Luc Despax en 2008) que está ahí en el trasfondo de la cultura de Israel – la música siempre presente, desde ámbitos muy populares hasta Mahler, hasta Mendelssohn, hasta los jazanes/jazaním de sinagoga – los cantores que pueden invocar visiones de hace tres mil años en sus entonaciones de salmos.

Þ-Ø-Ø   Hi ajshav be makom ajer — frenar para dejar pasar peatones, por el andén compartido con cicloruta, carros completamente trancados en nudo en la Carrera 16, en la bici puede uno pasar por el lado — ¿parar en la chocolatería del belga a la vuelta? — veyadaanu heitev ki hagvul — olvido la frase siguiente, ¿era karov veasur o asur solamente? – semáforo pasó a verde, apuro el paso pues estoy a una cuadra de esa esquina

Despax habla en su bello texto/homenaje de los temas de la poesía de Amijai, de la presencia constante de Jerusalén, de la manera como poetas como él lograron abrir un espacio lingüístico para un Israel que lo necesitaba desesperadamente a la hora de su inicio como país. Más importante acaso que la defensa del espacio físico era el crear ese espacio lingüístico absolutamente necesario para la supervivencia y el crecer.

Amijai tiene un manejo de las imágenes y la sorpresa que son increíbles. Pinta a Dios como un mecánico debajo de un carro, el mundo, lleno de grasa, tratando de repararlo. O como un mago en gira. Exprime el amargo de las uvas. La sensación de darse contra la piedra, de piedra estallando, de piedra seca, de Jerusalén. Captura de alguna manera extraña la soledad, la perdición, el amague de entender y la imposibilidad de concluir.

Þ-Ø-Ø   hamitsvá ba shamaim hitjilu — puente peatonal sobre la 30, de Transmilenio: bajar de la bicicleta. Y descansar por un par de minutos, caminando, antes de la recta final por el andén de la 30 hasta el campus – entrada rápida y volar a clase, siempre y cuando se pueda parquear rápido [ahora el 40% de mis estudiantes van en bici a la UN – consecuencia tal vez del mal transporte público, pero seguramente fuente de bien y de salud y de despertar mental]

Un poeta menos central que Amijai, pero también una presencia intelectual importantísima a la hora de crear el país, fue Yonatán Ratosh (nombre de poeta). Uno de sus hijos, Saharon Shelah, se convertiría en décadas siguientes en uno de los mayores abridores de espacios mentales de toda su generación en matemática.

Ignoro si de Ratosh hay poemas transformados en canciones. Me encantaría encontrar. Hasta ahora la mayoría de los poemas convertidos en canciones que he encontrado son de Bialik, de Natán Alterman, de Natán Yonatán, de Yehudá Amijai…

Esta canción/poema, la canción de la noche del shabat, musicalizada por Moshé Wilensky, es fuerte. Los temas son el descanso único de la entrada del shabat, el dejar la guerra de lado aunque sea por un momento, el encerrarse en casa con todo lo bueno y lo malo, el sentir tan cercana la frontera (¿de Palestina? ¿de Egipto? ¿de Siria? ¿de la muerte? ¿de lo misterioso? ¿de lo desconocido? ¿de uno mismo y sus locuras?),  y finalmente, del placer intensísimo que se supone que es la esencia última del shabat. La versión abajo la canta Nurit Galron:

Ven y acompáñame esta noche Hatavoi elai halaila התבואי אלי הלילה
Las sábanas ya secas en el patio Kvasim kvar yavshu bejatser כבסים כבר יבשו בחצר
La guerra que nunca se sacia Miljamá sheaf paam lo dai la מלחמה שאף פעם לא די לה
Ahora está en un lugar distinto Hi aajshav bemakom ajer היא עכשיו במקום אחר
Y los caminos que siempre vuelven Ujvishim shavim bli heref וכבישים שבים בלי הרף
Solitarios como caballo sin jinete Levadam kesus bli rojvó לבדם כסוס בלי רוכבו
Y la casa se cierra de noche Vehabait nisgar baerev והבית נסגר בערב
Sobre el bien y el mal que hay en ella Al hatov veharaa shebo על הטוב והרע שבו
Y bien sabíamos que la frontera Veyadaanu heitev ki hagvul וידענו היטב כי הגבול
Estaba cerca y no podíamos pasar hu karov veasur lanu sham הוא קרוב ואסור לנו שם
Padre rezaba y convocaba Avi hitpalel vayejulu אבי התפלל ויכולו
La tierra y todos sus ejércitos Haarets vejol tsvaam הארץ וכל צבאם
Ejército y tierras usurpadas Tsavá vehaarets heefilu צבא והארץ האפילו
Pronto se apaga la luz Od meaat vejavá haor עוד מעט וכבה האור
La maravilla iniciada en el cielo hamitsvá ba shamaim hitjilu המצווה בה שמיים התחילו
Ambos tendrán que terminarla Shuv hashnaim tsrijim ligmor שוב השניים צריכים לגמור

Back to the USSR (not quite)

Russia always looms in the back – its brutal energy can sometimes devour its neighbors, can sometimes unbalance (or rebalance) the rest of the world. And its past avatars (the Russia of Peter the Great, of Catherine, of Alexander I, of Alexander III, of Lenin, of Stalin and now of Putin) always seem to rebuild and repeat and rehash and recrush. Something. Very often itself.

For all one can say of Russia, of its power drunkenness, of its supposed collapses (apparently, West Germany former chancellor Helmut Schmidt said in the late 1970s “the USSR was Upper Volta with nuclear power”, referring to the state of its economy – I wonder what Merkel thinks now – she could certainly not say such an absurdity, when Germany’s energy depends so much on Russia).

Beyond political differences, Russia’s way of doing mathematics is something I wish I could have lived – in many ways the most inspired (and inspiring) mathematicians are Russians, or people attached in some way or another to the “Russian school”. Perhaps in no other country as in Russia can you find such a true continuum of knowledge, ranging from cinema, visual arts, poetry, music, linguistics… all the way to physics and mathematics. Many, if not all, Russian mathematicians I have had the chance to deal with are not only greatly original in their mathematics, but they seem to see their work as embedded, entangled in a web that sometimes connects to some films, sometimes to poetry, sometimes to linguistics. Of course, this is a terrible oversimplification of a situation that has many more angles to it. Russians are not the only ones with those connections, and not all Russians like to see things that way. But overall, one can safely say that as a mathematical culture (if such a thing exists), Russians are those most sensitive and acquainted with “the rest of knowledge”.

Walking (while doing math, while discussing, while thinking) is also very linked to Russian culture. In that sense, St. Petersburg is a paradise. You walk and walk, tread the canals, cross the bridges, salute lions, see the Admiralcy from many angles, encounter the arches of the Hermitage – the Russian Ark – go back to Fontanka, check out Idiot for some borscht or vodka or pivo or blini – and walk and do math (or think movies or take photographs or recite poetry or sing or…) and walk.

Here are some notes of those walks (and train from Finland), in five marvelous days we had in March of 2007 with MC, in St. Petersburg:

Don’t Think Twice, It’s Alright.

The three versions extract different pains, different moods. The song, among the earliest written by Dylan, and initially covered by Peter, Paul and Mary, seems to bridge the energy of country from the mountains (Southern Appalachian, thinking of Mother Maybelle and Carter Family songs) with the individuality of rock that was emerging during the 1960s.

When the rooster crows at the break of dawn, look out your window and I will be gone…

He wrote this song (and Blowin’ in the Wind, and Girl from the North Country) when he was about 20 years old – freshly arrived to New York City from Minnesota – with a “farm boy” allure still present but already a poet capable of churning out those haunting sentences that we saw printed on the wall of a beautiful cafe in Oxford, those supremely lyrical melodies – balanced up to some point by his unruly voice and tuning. He used the name of a famous poet when he chose his own artistic name (Dylan Thomas -> Bob Dylan).

It ain’t no use turning on your light babe, the light I never knowed, and it ain’t no use turning on your light babe, I’m on the dark side of the road…

Of the three versions I at present feel closest to the “rawest one”: Dylan, his seemingly untrained voice and his guitar (no harmonica yet, apparently, at that point), and no production, so to speak. Of course, I can see how the beautiful rendering by PP&M, with its carefully inflected voice, its balanced production, the harmonic blending of the three voices, the stresses coming from careful use of head-singing at crucial points, was a boost to the song, for audiences that apparently were not quite ready for Dylan’s own highly idiosyncratic way of singing. Then, of course, the freewheeling version – the best known today perhaps, the first I heard, with Dylan himself, now with his harmonica, with more polished and balanced use of voice of guitar. Every version I hear I love, but of the three at this point I am preferring the rawest, the least produced, the most “brouillon-like”.

Don’t think twice, it’s alright. So long, honey babe … where I’m bound, I can’t tell. Goodbye is too good a word, babe, so I just say fare thee well…

Of course, different sadnesses, of different kinds – different departures (in a way, we are always saying those words, even when we “stay”: we are constantly “on the dark side of the road” with respect to something, to someone, to oneself, to one’s former versions). I can’t really say, can’t really imagine how many times I have had to say a version of those words to myself, to my infant self, to my young self, to my friends, to countries (to Belgium, to Israel, to Finland on a boat heading for Stockholm in the dark night of winter).

Even mathematically (or mostly mathematically) this is something that (painfully) happens more often that we would like.

How could someone at age 20 know all that?

http://www.tumblr.com/audio_file/andresvillaveces/25306037012/tumblr_m5rylhj6Li1qa73qh?plead=please-dont-download-this-or-our-lawyers-wont-let-us-host-audio

Lokki – Annikki Tähti.

La canción Lokki (gaviota), aparentemente un romance ruso pero aquí en versión finlandesa, juega un papel importante en la película de Kaurismäki “El hombre sin pasado”.

Aquí la canta nada menos que la gran Annikki Tähti (que actúa y canta en la misma película la canción Muistatko Monrepos’n – canción de nostalgia por la Viipuri (Vyborg) finlandesa perdida.