el poema entero

Mencionaba en el título del post anterior el poema de Borges A un gato.

Aquí está entero:

No son más silenciosos los espejos
Ni más furtiva el alba aventurera;
Eres, bajo la luna, esa pantera
Que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
Divino, te buscamos vanamente;
Más remoto que el Ganges y el poniente,
Tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la amorosa
Caricia de mi mano. Has admitido
Desde esa eternidad que ya es olvido,
El amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
De un ámbito cerrado como un sueño.

 

sorpresa – Die Schöpfung

AbrazoSerpiente
Imagen de la película El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra) – foto: Liliana Merizalde

La película me cogió un poco por sorpresa y me emocionó mucho más de lo que esperaba. No solamente por sus imágenes impresionantes (el cuidado fotográfico del cine de Ciro Guerra es espléndido – con su control de la saturación, los reflejos, el agua, las caras) sino por la historia.

Da para muchas reflexiones. Una de sus películas anteriores, Los viajes del viento, también generó toda clase de polémica. En esta hay un poco de todo: caucheros, ecos del conflicto colombo-peruano, ecos de la Vorágine, dos historias de etnógrafos entrelazadas, una visión un poco romántica de la ayahuasca (llamada en la película con otro nombre, tal vez de manera simbólica) – pero sobre todo un personaje central con presencia escénica muy fuerte, Karamakate – un guerrero/shamán, aparentemente el último sobreviviente de su tribu.

Ecos de esas historias complejas – pero trazadas de manera muy simbólica por Ciro Guerra (como señalaba María Clara en nuestra caminata de vuelta del cine) – en mi mente:

  • el agua – mansa y a veces bravísima
  • los reflejos en la barca – solo por eso ya valdría la pena ver la película
  • la actuación del personaje principal (Karamakate)
  • la visión preciosista de las texturas de hojas – algo para lo cual el blanco y negro es medio perfecto
  • la música … sí, en un momento dado (¿spoiler?) la música juega un papel sumamente contundente en la película – en particular Die Schöpfung de Haydn, ese oratorio de la creación del mundo, una de las obras más impresionantes de toda la música de todas las épocas y de todas las culturas

Esta versión del oratorio (Eugen Jochum, Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, 1951 -con Walther Ludwig, Irmgard Seefried y Hans Hotter) es antigua y buena:

Gandini

Dejemos que Piglia hable de Gandini:

Cuando lo conocí, el compositor Gerardo Gandini tenía su estudio en un viejo departamento de la calle Cochambamba que había sido (y volvió a ser luego) de un amigo común (…) Gandini tocaba para mí la música que había terminado de componer. Eran fragmentos de una compleja obra en marcha, cuya realización me parecía cada vez más milagrosa. Como era verano las ventanas estaban abiertas y la música surgía en medio del rumor de la ciudad. Siempre que pienso en Gandini, lo recuerdo en ese cuarto en el que sólo había lugar para el piano, componiendo una obra extraordinaria en medio de las voces y los rumores de la calle. (…) Nadie encarna mejor que los músicos la doble relación del arte con el presente y con la tradición. (…) la deuda con un pasado de altísima perfección como es el de la herencia musical y, por otro lado, la tensa relación con la carga de cinismo, trivialidad y demagogia de la cultura actual.

(…) La música debe más a la tradición musical que a cualquier otra experiencia y esa tradición a veces actúa como un legado que paraliza toda innovación. Al mismo tiempo, los músicos contemporáneos comprueban y dicen lo que nadie sabe: que la cultura de masas no es una cultura de la imagen, sino del ruido [itálicas y negrillas mías – AV]. (…)

(…) Por la ventana abierta del estudio de Gandini llegaban los rumores del mundo. Una confusa profusión de sonidos inarticulados, cortinas musicales, alaridos políticos, voces televisivas, sirenas policiales, anuncios de conciertos internacionales de rock and roll. (…)

(…) La risa de Gandini, cuando dejaba de tocar, me hacía pensar que la mítica sordera de Beethoven había sido la primera elección de un artista [itálicas mías – AV] ante la creciente presencia de la cultura de masas como infierno sonoro. (…)

(…) Las piezas para piano de Gerardo Gandini me hacen pensar en esa imagen; un pianista insomne busca, en la noche, los restos de una música que se ha perdido. (…)

Ricardo Piglia – Formas breves – extractos de págs. 43 a 45.

Gandini tocó muchos ámbitos distintos de la música contemporánea. Trabajó en la orquesta de Piazzolla. Es autor también de obras muy “abstractas” de música contemporánea (Eusebius, Soria moria, etc.). Compuso una ópera (La ciudad ausente) con libreto de Ricardo Piglia – no la he escuchado. Debe ser interesantísima, pero quién sabe en qué circuitos aparece. Y finalmente, tiene una serie increíble llamada Postangos, de tangos muy “deconstruidos” – tocando él mismo al piano, tal vez ad libitum en algún concierto, va a la estructura pura de obras como La Cumparsita. Qué vaina no haber descubierto a Gandini cuando aún estaba vivo, hasta hace menos de un año. Habría sido fantástico ir en alguna parte del mundo a uno de esos conciertos suyos al piano.

Y sí, Piglia da en el clavo sobre el ruido de la cultura de masas contemporánea (mucho más que la imagen).

Varios amigos recientemente han comentado que el derecho al silencio será la próxima frontera a conquistar – muy análogo a la conquista del derecho a aire sin humo. Los fumadores hasta hace pocos años se sentían con pleno derecho a fumar donde quisieran, e imponían su ceguera a los demás. Finalmente se ha ido logrando conquistar aire sin humo, en casi todos los países (curiosamente, es de las cosas que funcionan sin mayor problema en América Latina, y en general menos bien en Europa o Estados Unidos – nadie ha explicado convincentemente por qué la adopción de la ley anti-humo fue tan efectiva en países como México o Colombia, comparando con países usualmente más seguidores de las leyes, como Alemania – allá ha costado más trabajo esa conquista). El siguiente paso será convencer a los ruidosos del derecho de los demás al silencio. La analogía es perfecta. Aún es difícil, y lo miran a uno como si estuviera loco cuando reclama que los ruidosos escuchen sus cosas en privado y sin imponer a los demás. Pero ya empezamos esa conquista.

De Gandini, dos piezas muy distintas:

(Nostalgias), y también

(El choclo).

enganchando

… como la bicicleta al enganchar un cambio, al cambiar de piñón, al iniciar la subida, el semestre inicia, esta vez en desfase con los ritmos usuales de la ciudad…

(confieso que disfruto mucho en este momento el no tener que iniciar clases ya, el no tener que adaptar el syllabus, el pretender que estoy por unas semanas en una universidad donde solo se hace investigación, donde lo único que cuenta es el seminario, las tesis de postgrado, la investigación propia – aterrizaremos en la vida real al final de este mes, y seguramente vendrá de nuevo un semestre largo, estimulante como siempre [a pesar de todos los problemas y las estupideces de (algunos) colegas o administradores, la Nacional tiene un río subterráneo de energía que uno no sabe de dónde viene, pero que termina haciendo que uno sea feliz al hablar con los estudiantes (casi siempre)], pero largo y enredado)

nos hablaba Fanny, la suegra de Álex, el viernes pasado, sobre Andrés Orozco, el director joven colombiano que la impactó tanto en un concierto en el Julio Mario – la energía, irreverencia, felicidad de Andrés Orozco al dirigir la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia parecen ser contagiosas – parece que reemplazó a Dudamel en algún lugar (no sé si Viena o Berlín) alguna vez que no pudo llegar el gran venezolano, y logró conectar – ahora Orozco es director de la orquesta de Houston (“Colombian-born, Vienna-trained”), y parece que electrifica a su público :: este fragmento del Requiem de Verdi con la Filarmónica de Bogotá dirigida por él realmente suena, y le comunica a uno esperanza con los músicos de aquí (en realidad esto ha cambiado mucho – en una época ir a concierto de las orquestas locales era una experiencia que solía ser triste – últimamente suenan – los músicos jóvenes tienen más confianza, disciplina, han viajado y estudiado en buenos sitios – poco a poco mejora eso) :: la verdad, me da una felicidad tremenda ver a Andrés Orozco allá en Houston: aunque siempre me parece absurdo el nacionalismo, y no sé en realidad qué quiere decir “ser colombiano”, me pone feliz oír a alguien que habla con ese acento y logra energizar de esa manera a su público (además, es un tocayo con nombre muy colombiano … cosa de nuevo boba, pero si se llamara Patricio sería chileno, si se llamara Marcelo sería argentino, si se llamara José Luis sería mexicano… y no está mal que de vez en cuando alguien con nombre Andrés sea pilo y cautive a su público : )

releer libros es difícil (entre la impaciencia y la felicidad de confirmar mil cosas que uno por zoquete no ve la primera vez se puede enredar) – releer libros justo después de haberlos leído la primera vez es tal vez aún peor; sin embargo, al terminar mi primera lectura de Respiración artificial de Ricardo Piglia me tocó releerla – quedé tan feliz, y a la vez tan intrigado por la trama, que me tocó releerla, no hubo nada que hacer (parte de mí pataleaba en contra: si están estos otros libros por leer, etc. – pero nada) – es impresionante la historia, pero aún más el homenaje tangencial al polaco (porteño) Witold Gombrowicz – no pude no releer, y tendré que leer ahora sí bien al polaco (aparentemente, hay una traducción porteña de Ferdydurke, una traducción hecha en algún cafetín de Buenos Aires por el mismo Gombrowicz [que no hablaba casi nada de español] ayudado por sus amigos, tal vez por Macedonio Fernández, por Borges, por Silvina Ocampo, por Bioy Casares – todos ahí traduciendo con él en el cafetín – se supone que está publicada en Corregidor y (obviamente) no se consigue, a menos que uno vaya a los estantes nocturnos de la Avenida Corrientes) – aparentemente también Gombrowicz alguna vez que estaba varadísimo en Buenos Aires (qué lugar tan extraño – a la vez tan perfecto y tan angustiante – para estar varado, supongo) y decidió que iba a escribir una novela autobiográfica hecha exclusivamente con fragmentos de textos de otros (un poco como el “plagio insuperable”: ninguna frase es propia en mi novela, ninguna puede serlo)… le pregunté a Roman (el amigo polaco, que obviamente es un gran conocedor de Gombrowicz [¿no lo son todos los polacos?]) y me dijo que no existe esa novela – que es o bien invento de Piglia o bien invento de Gombrowicz no llevado a cabo – igual alguien debería escribir esa novela de Gombrowicz, supongo

y para contrapuntear me puse a leer Mercier y Camier de Beckett – una de esas novelas publicadas mucho después de haber sido escritas, y con reseñas muy negativas en Amazon – pero a mí me parece divertidísimo leerla – es como un Bouvard et Pécuchet pero irlandés (tamizado por Francia y escrito durante la posguerra), repleta de desencuentros, de falsos caminos, de situaciones no resueltas, como la vida de todos – un par de amigos que deciden irse de viaje; el viaje no se sabe si es en tren o a pie o en bicicleta (andan con una bicicleta pero uno no sabe muy bien para qué porque siempre van a pie y se les pierde), salen de Dublín (o aparente amalgama de Dublín con París sobre Beckett más Joyce) pero siempre tienen que volver porque se les perdió algo, o los robaron, o el tren era muy lento y un campesino los desesperó, o tienen ansia sexual y deciden ir al burdel de su amiga Helen (aunque en otras partes de la novela no tienen problema en lograr el alivio sexual entre ambos), o está lloviendo mucho, o alguna otra cosa les pasa que termina devolviéndolos al punto de partida – la novela es corta y se lee fácilmente y sin esfuerzo (un reseñista de amazon decía “head somewhere else if you want human pathos – better read some Shakespeare”, y pues sí, no hay “human pathos” en esta novela de Beckett, pero hay algo distinto y muy siglo XX, muy inicios no logrados, iniciativas que dan al traste, energía malgastada – una descripción agudísima de la época) – la lectura ha sido verdadero solaz lateral

y mientras, el retorno a seminarios, temas de investigación, a muchas cosas – pero esas serán tema de otros posts, de otros lugares

Al viento

La canción famosísima (e infinita) de Dylan… en una interpretación bellísima de Peter, Paul and Mary cuando los famosos eran ellos y Bob Dylan aún era visto más como un autor que como un cantante. La voz de Mary Travers en frases de entrada de la canción es impresionante. Igual la armonía del trío vocal. Gloriosos 1960s.

Semana de ausencias y presencias, de cavar y buscar, de sentir vacío y sentir felicidad, en montaña rusa emocional. Semana de búsqueda de ir más allá de lo puramente emocional (a veces es muy difícil) y captar. Semana de puertas cerradas, de narices frías presentidas pero no sentidas, de montaña llena de gente y vacía, de interrogantes y salves. Y de encuentros impresionantes con amigos de los tres, que estuvieron ahí, abrazando desde Bogotá, Chía, Nueva York, Knoxville, Pittsburgh, Ontario, Francia, el Báltico.

Y la lectura de una bande dessinée de Marc-Antoine Mathieu: Dieu en personne, un relato curiosísimo y muy emparentado con Lem, con el Lem de Golem XIV. Dios en persona se aparece aquí abajo en esta época, lo censan, no les cuadra y comienzan a estudiarlo, a tratar de clasificarlo. Lo meten en un especie de reality francés, de horror puro. Lo meten en un lawsuit norteamericano de proporciones universales, lo convierten en un ser mediático – una cárcel de lujos. El Dios de Mathieu nunca pelea – tiene una ironía suave con todo lo que le pasa, como alguien que vería los juegos locos, loquísimos (hasta divertidos si no fueran de esa tristeza tan brutal de la estupidez humana). No los juzga nunca: es un especie de Dios-ser puro que simplemente se contenta con ser, con haber creado todo, incluso esa locura de mundo.

DIEU_en_personne

Mathieu tiene otras BDs muy peculiares – de un lente casi belga en su sutileza y su gusto por los espacios mentales ideales – los belgas son herederos de Magritte al hacer cómics (Schuiten-Peters), pero a la vez muy parisino en su verbosidad y dialéctica. Una (3″) sobre un rayo de luz que recorre durante 3 segundos … la cantidad de kilómetros que debe recorrer un rayo de luz en ese tiempo larguísimo – y a través de reflejos puros va contando la historia de un crimen de corrupción, de mafia, de asesinato, de traición. El rayo de luz cuenta directamente todo eso al reflejarse en relojes, ojos, espejos, vidrios, fuselajes, telescopios, planetas, lágrimas, teléfonos celulares.

Caminatas de la ausencia, pero importantísimas. Pala, tierra, azadón – a través de la greda de Chía. Cal viva. Una rosa – la mejor de todo ese jardín, para el viaje a otro plano de realidad. Sudor, cabeza repleta de tierra y greda, mejor tal vez el ejercicio físico extraño para la enajenación. Lo peor es quedarse en la casa.

Hoy fuimos con María Clara y con Teo (el sobrino, pequeño de dos años) a La Calera, por la lluvia. Nos metimos (al azar) por las carreteras veredales de ese municipio de verdes y montañas, oyendo rajaleñas, torbellinos, joropos, rumbas y guabinas boyacenses – bien cantadas y con letras adaptadas a edades distintas de las usuales (un ejercicio impresionante de adaptación de repertorio de regiones de Colombia, con letras que pueden sacar una sonrisa, dar refranes que puede repetir alguien que está empezando a hablar pero a la vez no insultar la inteligencia adulta y sonar bien para la manejada bajo la lluvia). El bajo continuo, ostinato, chaconudo, walking blues de la lluvia y el gris sobre el verde de esas montañas definitivamente permite una desconexión y abstracción de uno mismo, necesaria así sea por un rato al día. Hipnosis del gris, en momento dowlándico.

Sorpresa con Nozick: hace preguntas sobre lógica temporal que me parece que no se pueden reducir a los meros modelos de Kripke – requieren posiblemente haces, pero creo incluso que no se pueden reducir al caso topológico – habrá que generalizarlos. En las hendiduras curiosas Nozick pregunta de manera muy seria sobre la propiedad de eventos en física que si bien ocurrieron de tal manera (sin superposición) en tiempo t_0, en algún tiempo posterior t_1 pueden de nuevo no haber ocurrido – o por lo menos no de la manera medida en tiempo anterior t_0. La semántica usual de haces en ese sentido es demasiado clásica por ser acumulativa en subabiertos. Claramente esos experimentos que menciona Nozick no pueden reducirse a nuestros buenos y bellos haces, y requieren una matemática acaso más “torcida sobre sí misma”.

Pero aún estamos en etapa muy primitiva: entendí el lunes pasado por qué son necesarias categorías abelianas para hacer cohomología (o teoría de modelos) de G-estructuras (estructuras sobre las cuales actúa un grupo fijo G). Algo que no está directamente en ninguna parte, pero que está seguramente implícito en trabajos de hace más de cuarenta años.

lunes

Lunes de correría y sin clases: ida a donde la bio-energética (Martha) por la mañana, para ayudar a cuadrar la cadera lastimada en judo hace tiempo ya – UniLago (lugar que siempre me hace pensar en John y sus elucubraciones sobre el capitalismo) a averiguar por teléfonos que sirvan para enviar datos, twitter, emacs, etc. (nada de lo que vi me convence) y salir de mi arcaismo telefónico, ida a clase con Bibiana a corregir la pieza de Scarlatti y la de Schumann (en estos días no avancé mucho) – Bogotá semi-desocupada pero con busetas más salvajes que nunca pasándose semáforos en rojo (casi me estrella una en la Séptima con 75) – llegada a casa a almorzar un salmón con cebolla caramelizada que hizo María Clara, con arvejas y arroz – almuerzo reconfortante y delicioso. Llegó el tesoro de pedido de té, con el White Pekoe y GenMaiCha de Japón, y con buen Earl Gray y Darjeeling (una de las cosas de haber vivido en Estados Unidos es la adicción a recibir cosas por correo – libros, discos, té, lo que sea, pero por correo – la sensación de llegar a la casa y encontrar una caja de Amazon ahí esperándolo a uno o una caja de Upton Tea repleta de maravillas de té es indescriptible). Tarde de lecturas (nada duro hoy – esta noche tal vez me le mido a algo serio pensando en el congreso de la UNAM), ejercicios para el blog de los estudiantes de segundo semestre (tratando de enseñar cosas que yo hubiera querido aprender en esa época, a mis 17), y luego una serie de vaivén tuitero impresionante en torno a la pregunta lanzada a Mockus sobre su congresista Gilma Jiménez, con @ritacuba, @bluelephant, @Die_Grausamkeit, @AMAV, @ovidio, etc. A veces aprendo mucho de ese grupo en twitter – los temas que plantean son en muchos casos mejores que casi todo lo que veo en la prensa (y además, son divertidos casi siempre).

Ahora mismo… pensar en ligar notas del coral de Schumann, con un dedo mientras otro dedo de la misma mano viaja, y luego liga a su turno mientras el que ligaba antes procede a pasar encima o debajo a otras notas.

Y organizar semana en Chía. Caminata a Tabio el miércoles con Alejo y Olguita. Algo de cine (¿isla siniestra? ¿cinta blanca?), algo de lectura, mucho trabajo hacia el encuentro en México (retos duros ahí). Ahora oyendo los cuentos y conspiraciones del grupo de trabajo de María Clara (qué juiciosos son ellos comparados con la anarquía típica de los matemáticos al trabajar).

Calcular intereses óptimos de un préstamo, seguir trabajando con Alex en ese proyecto, mil y mil temas acumulados en esta semana.

Sigo recogiendo opiniones extremas sobre Un hombre serio. A la gente (a gente muy distinta) le encanta o le fastidia profundamente, por motivos muy distintos siempre. Me impresiona la manera como los hermanos Coen logran dividir al mundo en esas posiciones extremas, que parecen ir más allá de las películas mismas.