República

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Tal vez ningún otro país usa la palabra República – République – como Francia hoy en día. Los que llegamos allá de las muchas otras repúblicas que hay (Colombia, Perú, México, etc.) nunca imaginamos el peso que esa palabra puede llegar a tener, lo contundente que puede llegar a ser el hacer parte de una república como la République Française.

El término es muy antiguo, obviamente, pero en nuestra era el país que abrió de manera más contundente (y cortante) el espacio para tantas otras repúblicas fue claramente Francia. Sin ambages.

La Plaza de la República en París es un espacio de representación perfecto para ese drama.

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connaissance et absorption

Je n’ai donc eu qu’à traverser la rue de Bretagne pour trouver le tome III de la Recherche du Temps Perdu en Pléiade – je ne touche pas encore à la fin du tome II mais prévoyant la suite de la lecture, me voilà en tout cas ramené à acheter dès déjà ce tome III. Ma lecture est bien lente, enchevêtrée comme elle est de tout plein de travaux surtout en maths, puis un peu en philo et en certains projets éditoriaux non finis.

Bref, voilà. Aussi trouvé Jabès (enfin!) dont j’écoute tellement d’échos chez la poète vénézuélienne Jacqueline Goldberg – pour pouvoir enfin le lire à loisir – la photographe Américaine Deborah Turbeville qui m’a ébloui – du Spinoza et du sur-Spinoza, un peu d’Hervé Guibert (quel talent il avait pour décrire toutes sortes de situations !  quel vie intéressante il a eue – si méconnue hors la Francophonie, si réduite et si banalisée !  ). Un petit livre de photographies organisé en forme de roman, parfait pour Roman et Wanda et notre projet topoi, et un autre assez éblouissant en format d’érotismes à deux couples en simultanée cinématographique, l’un d’un homme baisant une femme, l’autre de deux hommes en relation sadomasochiste, les deux couples textuellement et virtuellement superposés mais en des chambres séparées, d’une façon qui se lit de façon naturelle, exhilarante bien sûr mais qui en même temps transmet une beauté très lyrique par ses descriptions, avec des échos de Proust et Rimbaud, Cocteau et peut-être aussi une culture visuelle cinématographique très présente aussi.

Ces phrases (p. 159 du tome II de LRTP – À l’ombre des jeunes filles en fleurs, II): Car on ne peut avoir de connaissance parfaite, on ne peut pratiquer l’absorption complète de qui vous dédaigne, tant qu’on n’a pas vaincu ce dédain. Or, chaque fois que l’image de femmes si différentes pénètre en nous, à moins que l’oubli ou la concurrence d’autres images ne l’élimine, nous n’avons de repos que nous n’ayons converti ces étrangères en quelque chose qui soit pareil à nous, notre âme étant à cet égard douée du même genre de réaction et d’activité que notre organisme physique, lequel ne peut tolérer l’immixtion dans son sein d’un corps étranger sans qu’il s’exerce aussitôt à digérer et assimiler l’intrus…

Un peu d’images de ces jours:

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diez metros / video / Canetti

Como nunca he sentido que nade muy bien (siempre percibo mi propia lentitud) a pesar de haber nadado con regularidad en varios otros momentos de mi vida, no creo que mis metáforas de natación sean buenas.

Pero en este momento del semestre, cuando falta poco (pero aún no se ha llegado; no se ha demostrado Morley en modelos, faltan los proyectos finales de los de Discretas II) la sensación es análoga para mí a esos últimos diez metros antes del borde de la piscina, cuando uno siente que no tiene más aire, que no da una brazada más.


Aproveché para aprender a usar lightworks  — un  editor de video bastante mejor que los usuales en linux, y armar un video de impresiones/trozos de la ida a París. Aquí está:


Me dijeron que la ciudad quedó un poco melancólica en ese video. En realidad es un revuelto de muchas cosas: ciclistas en la ciudad, Kiefer, Rodin, algo de vistas y caminatas, un poco de caras de gente del evento y familiares. Y el río.


La autobiografía de Elias Canetti (voy en vol. 1, La lengua salvada) es una maravilla de escritura llana y directa, de introspección seria y directa. Todo lo contrario de la introspección complejísima y supremamente mediada de Proust, en su propia “búsqueda de sí mismo” Canetti opta por un camino de luz directa, leve ironía – sobre todo mucha auto-ironía y captura de voces.

El español de su familia (que estando en Bulgaria aún usaba el español como idioma varios siglos después de la expulsión), su idioma primordial, esa versión judía del español de hace ya más de cinco siglos, parece ser la base de toda su construcción y de toda su percepción. Ese idioma de infancia está salpicado del búlgaro de las criadas campesinas, del turco de los abuelos (cuando Bulgaria era imperio otomano), del armenio y ruso y griego y rumano de vecinos, criados, amigos de infancia.

Más adelante agregaría el inglés (fueron a vivir por un tiempo en Manchester durante la infancia de Canetti) y luego el alemán de manera muy sólida (fue al colegio en Viena y en Zúrich – y la madre lo entrenó literalmente-literalmente al saber que iría al colegio en Viena. El recuento de cómo lo entrenó la mamá a sus escasos ocho años en el idioma alemán ya haría que valiera la pena asomarse.

Pero hay muchísimo más, obviamente. Las descripciones naturalistas de sus profesores en el liceo en Zúrich son verdaderas joyas de percepción y observación.

Canetti era un joven libre, que a sus trece/catorce años iba en tren o a pie desde una pensión hasta su colegio – la pensión la compartía con varias otras estudiantes mayores (él era el único hombre en esa casa regentada por cuatro señoras suizas de varias generaciones y habitada por estudiantes suecas, brasileñas, francesas, austríacas). Su descripción del lugar evoca mundo, rigor y libertad.

bóveda

tuve suerte el martes de la semana parisina: salí a caminar antes del amanecer, en busca de cierta luz, de cierta pulsación de la ciudad que en horas más tardías era elusiva – quería por así decirlo “tomarle el pulso” a la ciudad en las horas anteriores al tráfico, al gentío

completamente vacías estaban las calles de la zona de Odeón, subiendo hacia el río – escaparates de libros lujosos, de antigüedades, de diseñadores, todo muy chic y ahí con vidrieras sin protección – solo uno que otro furgón de reparto, pequeño, en mercadillos de frutas

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en el río – llegué por el Pont des Arts, el peatonal de madera – gente en bicicleta, gente haciendo ejercicio y las luces de la ciudad al amanecer, un poco fuera del tiempo

pensé que la París de Proust no debía verse (en este punto, con esa luz, a esa hora) tan distinta de lo que tenía ante mis ojos – excepto claro por la cantidad de gente corriendo o estirándose…

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Bajé a los muelles, caminé un poco subiendo hacia la catedral, viendo el lentísimo amanecer de octubre, sobre todo concentrado en el aumento imperceptible casi del rumor de la ciudad. Además de los corredores poco a poco más transeúntes afanados, acaso desembocados de lejanas banlieues – y gente limpiando calles, barriendo hojas. Y el río.

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Finalmente pasé frente a la catedral – justo en el momento en que la estaban abriendo al público. Había ido varias veces antes, a horas distintas, pero en los pasos más recientes por esa zona había filas interminables para entrar.

Esta vez no – estaba yo solo ahí.

Me dediqué a contemplar la bóveda central sobre todo, al igual que los rosetones. La bóveda.

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Traté de interiorizar ese tejido mil veces visto en libros, en ilustraciones, en vivo – y a la vez siempre nuevo. Me puse a hacer variaciones en tiempo muy lento, moviendo la cámara para tratar de capturar nervaduras.

Después lo mismo, pero con el rosetón (girando la cámara durante seis, ocho, diez, segundos):

En versión estable, el rosetón:

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En realidad quería hacer dos cosas: fuera de captar el “pulso” de una ciudad difícil (y maravillosa tal vez en parte por sus mil capas), quería también pensar en el tema del infinito de muchas maneras distintas, lo menos dirigidas posible. Obviamente es imposible lograr pensar en un tema así sin dirigir el pensamiento, sin dejarlo caer en la maraña de conexiones.

Pero necesitaba “limpiar la mente” en esa mañana anterior al congreso. Creo que el río y la bóveda ayudaron.

París y la bici

Durante la visita corta que hicimos con MC a París para un congreso la semana pasada tuvimos poco tiempo para museos, etc. – el congreso era muy intenso y estábamos además metidos en temas de organización de eventos asociados a ese. Sin embargo, algo intenté ver. De alguna manera, la bicicleta fue una ayuda para capturar fotográficamente algo del pulso de la ciudad.
Esta vez no anduve en bicicleta (de nuevo, el congreso, etc.) como otras veces. Además me fijé mucho en temas a los que me he sensibilizado (distancia de los carros, infraestructura de ciclorrutas) y vi bastante mal a París: los buses van rápido y se le echan encima a los ciclistas (me tocó ver eso varias veces), las ciclorrutas son muy estrechas y simplemente pintadas en el pavimento – me pareció peligroso andar en cicla en esa ciudad (aunque lo he hecho antes). También la sentí con un aire muy contaminado, de una manera distinta a lo que tenemos que aguantar en Bogotá. Sobre todo un olor muy persistente a gasolina, aún tarde en la noche – probablemente había inversión térmica y el exhosto de carros estaba atrapado en la ciudad.

Aún así, agradezco mucho el haber pasado esos días allá – y simplemente ver a los ciclistas es un remanso de civismo en nuestras ciudades.

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Leer bajo la pátina del tiempo

Paul Valéry ha aparecido en mis lecturas, conversaciones, discusiones – con frecuencia alarmante últimamente. No solamente Fernando lo menciona mucho (y me ha regalado ensayos sobre Valéry o escritos del poeta/ensayista) sino que por ejemplo en Infinity Valéry fue mencionado/citado por personas muy disímiles  –  por la magnífica Briony Fer, por el conjuntista británico Philip Welch, entre otros.

Flaneando por los muelles de buquinistas (sí, me toca usar un poco de frañol ahí; decirlo en español castizo lo haría sonar como una zarzuela) en busca de Valéry y otros autores noté extrañas reticencias. Libreros amables cambiaban de cara al preguntar yo por Valéry después de haber estado hablando con ellos unos minutos; uno de ellos me dijo ah non, moi, Valéry, j’en ai pas casi como si intentara desligarse de algo incómodo, como si mi pregunta por Valéry hubiera cruzado pese a mí algún umbral de lo correcto según él. Otros me dijeron Valéry en Pléiade c’est pas facile à trouver, on a ceci seulement — y sacaban algún fascículo – a todas luces magra representación del autor.

Luego alguien me preguntó ¿Por qué tanto interés en Valéry? … Quien me lo preguntó es el hijo de una profesora de literatura francesa en una universidad bogotana, y me dijo que ya había leído montones de Valéry cuando estaba en el colegio impulsado por su madre – traducían cosas para las clases, etc. Me miró con cierta ironía cuando le dije que como aparece por todas partes en conexión con el infinito, con disquisiciones estéticas, con su poesía, por su centenario reciente, quería leerlo más a fondo.

Finalmente en el Muelle de los Grandes Agustinos apareció un volumen de Pléiade a precio muy bajo y hermosísimo. Mirando por encima y saltando hojas del jugosísimo volumen me encontré con textos y poemas increíbles – que tengo ahora para leer después.

También había comprado ya Variété – un libro que empieza escrito durante la posguerra (de la guerra de 14-18). Valéry como todo el mundo estaba perplejo y lanza un llamado angustiadísimo.

Pero cuesta leerlo, bajo la pátina brutal de eurocentrismo, de creer genuinamente y escribir tanta sandez sobre la “centralidad” y “excepcionalidad” de Europa. Ese dejar entrever la trama de un modo de pensar es el precio a pagar cuando alguien como Valéry escribe tanto, con interés tan genuino por el mundo, por entender tantas conexiones (matemática, música, literatura, política). Algún historiador de las mentalidades podría encontrar tesoros de prejuicios (creo que algunos de los libreros reticentes con Valéry podían estar influidos por ese tema), pensamientos moldeados por su época, en esos diarios de Valéry. Hay joyas impresionantes pero también hay frases que resultan francamente molestas de leer un siglo después – y estoy seguro que alguien con la lucidez de Valéry hoy en día sería un crítico implacable del Valéry de esas frases.

Aún así, disfruto mucho la lectura y los tesoros de ese volumen, pues se configura algo que permite trazar mil hilos entre los temas que me interesan. Y por algo Fernando, Briony y tantos otros no solo lo leen y enseñan, sino que siguen encontrando inspiración inmensa ahí. Yo hasta ahora empiezo.

La mer, la mer, toujours recommencée… (PV)

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París, al amanecer del martes de la semana pasada. Foto: AV.

right before Infinity

Right before “Infinity” (the way we called the meeting), MC and I were immersed for weeks and weeks in discussions and preparing our lectures. It is a rare occasion, being both of us invited as speakers in the same event. Also, for both of us – I would say, for all speakers of this event – it was a truly demanding task, in a way that is difficult to describe. How do you speak for a crowd of people that includes amazing mathematicians (Woodin, Steel among them), great art historians and philosophers? How do you say something at the same time as devoid as possible of local lingo, local to your little domain, and interesting? With the subject of the meeting, On the Infinite, of course, there were many possibilities.

We ended up waking up many times in the middle of the night, of many nights for weeks and weeks whispering  you know I’ve been thinking now of starting with the body and … /  … oh I was thinking of the corporeal too … / … but no, really it’s about the boundary between the undefinable and the defined … / oh, but not that way … and falling asleep again. Then breakfast with infinity, then in the middle of a discussion with one of my colleagues about abstract compactness and amalgamation in infinitary logics, surprising myself using a sentence that was also from the other conversation… then Lygia Clark and Poincaré, Leibniz and Florensky… and the need to trim it all…

The week-end before we revisited the Rodin Museum, where a Kiefer exhibition (homage to Rodin’s Cathédrales de France) was being shown. Somehow I feel the works we saw encapsule the atmosphere of our conversations for weeks on end before the meeting.

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y mucho, mucho más (pero después). Rodin es infinito. Kiefer hace un buen homenaje, pero se queda de verdad corto frente a la grandeza de Rodin. Désolé, Maître Kiefer.

La ciudad más difícil…

… de fotografiar para mí siempre ha sido París.

Tal vez por ser tan emblemática, o por ser de arquitectura tan lisa y uniforme, o por haber sido fotografiada de manera tan icónica por Cartier-Bresson, Doisneau, Atget, Kertész y tantos otros. Siempre había sentido que las fotos de París me quedaban en alguna de estas tres categorías:

  • pálidos reflejos de fotos buenas icónicas de esos grandes nombres,
  • fotos turísticas (el kitsch que siempre busco evitar pero que en París es difícil),
  • fotos que no logran romper la pátina de mobiliario urbano que en París es tan pesado, tan omnipresente.

A sabiendas de estas limitaciones previas, salí ayer con la cámara, recién llegados a la ciudad con María Clara para participar (activamente) en On the Infinite en el Henri Poincaré. Al principio me desesperó no ver nada, no poder romper la pátina superficial de mobiliario urbano, no poder transmitir realmente la emoción de estar aquí.

Sin embargo esta vez las bicicletas y Rodin me han ayudado.

Como vamos a hablar sobre el infinito María Clara y yo, y hemos estado desde hace días, semanas preparando nuestras charlas, el viaje ha sido teñido de una inmersión extraña en textos y conversaciones sobre charlas difíciles de dar para ambos. Tenemos que hablar para público mezclado entre matemáticos, artistas, filósofos – en un lugar tan icónico y emblemático como el Henri Poincaré. ¡No es para nada obvio! Creo que nuestra percepción de la ciudad en esta visita ha estado muy teñida de nuestras lecturas, búsquedas, discusiones (a veces duras) sobre infinito en arte, en matemática y filosofía.

Los ciclistas me permiten empezar a ver la ciudad de manera distinta.

Rodin (después) también. Es una serie larga – nos pareció brutal la exposición de Kiefer pero aún más ver después de Kiefer tantas obras de Rodin. Las habíamos visto varias veces, pero hacía bastante tiempo ya. Esta vez las sentí de manera muy visceral. Después colgaré fotos.

Pronto: ∞ en París (IHP)

El próximo mes de octubre tendrá lugar un simposio interdisciplinario sobre el infinito en el Institut Henri-Poincaré en París: http://www.i-n-f-i-n-i-t-y.org/. Participaremos María Clara y yo en ese evento.

Será parte de una serie de encuentros interdisciplinarios entre matemática, arte y filosofía que ya ha tenido versiones en Utrecht (2007: Untamed Logic, Aesthetics and Mathematics), Nueva York (2012: Simplicity: Ideals of Practice in Mathematics & the Arts), Bogotá (2014: Mapping Traces / Rastrear Indicios: Representation from Categoricity to Definability) y Helsinki (2015: Getting There and Falling Short: Around Complex Content).

De nuevo será todo un reto hablar sobre un tema matemático para un público que mezcla gente como Woodin y Magidor con gente como Juhani Pallasmaa o Briony Fer.

Nunca es fácil ese equilibrio.

[Tal vez lo que se va configurando a través de estos encuentros/reencuentros es la idea de un diálogo extendido en el tiempo; creo sinceramente que el evento de Utrecht hace diez años, aunque muy bueno en su organización, tuvo charlas más ingenuas, menos cortantes que los siguientes. Aunque no es algo explícito en la manera como están planteados los eventos, sí parece irse configurando algo de conversación extendida. No es nada fácil.]

El evento de Utrecht fue muy tantear terreno, con algunas cosas buenas y un par de charlas muy extrañas. El de Nueva York fue gigantesco, con una cantidad de artistas y gente de las universidades que llegó ahí; todos hacían preguntas ingenuas o sabias, era un poco caótico, gigante y maravilloso, como esa ciudad. La presencia irreverente de Gromov fue impresionante: terminó pareciendo una estrella de rock. El libro Simplicity… salió de ese encuentro y tiene ensayos muy interesantes. El de Bogotá en 2014 lo organizamos nosotros o sea que no puedo juzgar mucho pero me parece que tuvo un carácter más íntimo que el de Nueva York. Tuvo el entusiasmo increíble de los estudiantes de aquí, y sobre todo una empatía y profundización del diálogo que creo que no se había logrado hasta ahí (una mesa redonda con Xavier Caicedo, John Baldwin, Jouko Väänänen y Fernando Zalamea discutiendo libremente ante el público fue un punto alto de ese evento – pocas veces he escuchado a Xavier hablar con tanta libertad y poesía; otro fue el conversatorio Signos indéxicos y complejidad social, política y artística de Clemencia Echeverri, Margarita Kurka-Malagón y Beatriz Vallejo). El evento de Helsinki luego fue más maduro, sin los extremos de Nueva York, ya una conversación en un punto más avanzado. Este de París creo que será un gran reto para los que hablaremos… (y espero estar a la altura 🙂 ).

Habrá una exposición de Fred Sandback asociada al evento, en las instalaciones del Henri Poincaré.

cierre de I, II en dcdcS

Es como un atardecer larguísimo, con el sol pintando todo y cerrando un día de verano intensísimo. Es el final de capítulo (de primer libro) más impresionante que uno puede imaginar, con retoma de todo lo esencial en un vendaval que empieza a girar y proyectar la memoria hacia el futuro, y tiñe todo lo vivido durante el largo día de una luz distinta, malva, dorada, oscura a la vez, el inicio de la noche. Así me parecieron esas tres o cuatro páginas finales de I, II en Du côté de chez Swann.

Es además el final del capítulo de infancia y adolescencia, de descubrimiento de la sensualidad, de la ensoñación confundida de la niñez (de esa niñez hiperconsentida del narrador proustiano, hiperconsentido y a la vez rodeado de adultos severos), de ese verano inacabable con sus caminatas “de ambos lados” – el lado de Swann, el de Guermantes, de esos personajes míticos como la tía Léonie y su criada Françoise, la ayudante de cocina que parecía de algún cuadro medieval, y las visitas eternas de personajes como Swann. El abuelo y sus innuendos antisemitas cuando llegaba el amigo de infancia Bloch, judío muy joven y muy arquetípico en el relato del judío que era Proust, muy rebelde contra el convencionalismo – esos amigos de fin de la infancia e inicio de la adolescencia que abren tantas posibilidades – pero que terminó desterrado de la casa del narrador en parte tal vez por el antisemitismo velado del abuelo (que sin embargo era amigo de Swann, otro judío), tal vez por su propia actitud tan antiburguesa en medio de esa familia tan pequeño-burguesa.

Aussi le côté de Méséglise et le côté de Guermantes restent-ils pour moi liés à bien des petits événements de celle de toutes les diverses vies que nous menons parallèlement, qui est la plus pleine de péripéties, la plus riche en épisodes, je veux dire la vie intellectuelle. Sans doute elle progresse en nous insensiblement et les vérités qui en ont changé pour nous le sens et l’aspect, qui nous ont ouvert de nouveaux chemins, nous en préparions depuis longtemps la découverte ;  mais c’était sans le savoir ;  et elles ne datent pour nous que du jour, de la minute où elles nous sont devenues visibles. Les fleurs qui jouaient alors sur l’herbe, l’eau qui passait au soleil, tout le paysage qui environna leur apparition continue à accompagner leur souvenir de son visage inconscient et distrait ;  et certes quand ils étaient longuement contemplés par cet humble passant, par cet enfant qui rêvait — comme l’est un roi, para un mémorialiste perdu dans la foule —, ce coin de nature, ce bout de jardin n’eussent pu penser que c’était grâce à lui qu’ils seraient appelés à survivre en leurs particularités les plus éphémères … 

Tal vez la clave está precisamente en esos detalles, esas “flores que jugaban sobre la hierba, el agua al paso del sol, el paisaje que ambientó su aparición” lo que permite reconstruir.

Habla también Proust del engaño, de las veces que uno quiso volver a ver a alguien sin darse cuenta que en realidad solo era porque la persona le recordaba un seto de espinas.

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Viento en el Somontano de Huesca – a.v., 2017

El siguiente libro inicia en los salones semi-mundanos, y en el juego sutil de balancines y pesas en que consiste anunciar cosas en sociedad, decir que uno sale con tal persona, que es amigo de tal otro, que tiene recomendación de sutano. El significado no dicho de no asistir a ciertas cenas, o anunciar que no se va, o llegar de repente. La manera como Swann es a la vez negligente con los nobles, se hace el chambón con la gente que considera “superior” socialmente, pero es muy estricto consigo mismo en presencia de los que considera sus “inferiores” sociales; con sus amantes de clases más populares no se permite la misma dejadez que exhibe ante las de clases más altas.

El lugar de la ensoñación, de la percepción pura y directa, de la pura fenomenología primaria (y del campo y el río y los setos de espinas y los rastros dejados por las primeras exploraciones de sí mismo) que era dcdcS I,II ahora es reemplazado por la luz de los salones parisinos, la pequeña intriga social, el saber qué decir, a quién no saludar, a quién sí, de la vida de la ciudad.

Por ahora estoy en adaptación ante ese cambio profundo… 🙂

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Una ciudad: Bogotá, Av. Jiménez. a.v., 2017.

la vida / instrucciones

En una carpa leímos con María Clara un buen trozo de La Vie mode d’emploi hace 23 años. Estábamos recorriendo buena parte de Estados Unidos – desde Madison hasta San Francisco – en un carro no muy robusto, con medios limitados, acampando o quedándonos donde amigos – y evitando en la medida de lo posible las Interstate – yendo por puras carreteras pequeñas. El regreso no pudo ser así porque el carro se varó gravemente en Santa Cruz, California – y casi fue necesario dejarlo botado – finalmente pudimos devolvernos pero ya menos tranquilos.

perec

La vida / Instrucciones es una novela de Perec que sigue más o menos el corte de la carátula: va contando un montón de historias encasilladas de habitantes de un inmueble parisino. Sus miserias, sus sueños, sus exabruptos, sus engaños, sus dolencias, sus fiestas, sus sudores, sus ecos, sus humores, sus fracasos.

Pensé mucho en esta carátula por un proyecto que estamos haciendo ahora como parte del Proyecto Topoi, para una galería/café en Kingston, Nueva York. El trabajo para Kingston aún no ha salido (es en agosto), de modo que hasta ahora estamos haciendo material, pero puedo adelantar que serán cuatro videos en cuatro pantallas, hechos por los cuatro “topoistas” (Wanda Siedlecka, Roman Kossak, María Clara Cortés y yo), que explorarán de alguna manera la idea de “cámara de vigilancia” – de esas innumerables cámaras que están ahora por todas partes. Nuestro proyecto será algo relacionado con eso.

Ese “corte” de Perec del edificio inspira por lo menos mi cuarta parte del proyecto. No digo más (por ahora).

weeklogue [fragm. incompl. ז]

[18 de mayo de 2013]

Mind filled with fragments – this time of the semester, with courses slowly (too slowly) coming to a close, with summer activities (math visits, hiking in munros, going to museums and galleries) and of course a good deal of math being built, also very fragmentarily…

Read (really, re-read in some cracks of time made available by presleep awareness) 120, rue de la GareTardi’s BD based on a roman noir by Léo Malet – and was deeply reminded of the griseur of Lyon, of the utter provinciality of that beautiful city, and the light of Paris after Lyon. The grit of France’s life (both in the zone nono, non occupée, and in the occupied zone) during the war years seems to be rendered amazingly by Tardi in his black and white vignettes, with

Sunday in the city.

Arriving, I couldn’t refrain from taking a picture inside and outside the waiting room at the Newark Airport train connection to the city. No one reacted to the camera this time. The train to the city arrived 75 minutes late. The announcement kept saying the train was delayed “8 minutes”. After 8 minutes the announcement repeated and said “another 8 minutes”. And so on. (Welcome to public transportation in North America, where they announce what they want when they want, cancel the train if they want, and nobody ever seems to bat an eyelid. We were too tired and hungry to even move.)

But then, the city:

The next day, Sunday, we met Daniela and Alejo to be inspired by Gauguin’s Metamorphoses, photographic practices in the studio [a brutal series with many photographers of the 19th, 20th and 21st centuries], Wright’s sketches and floorplans, Jasper John’s latest series. What struck me most was (perhaps) the current emphasis on documentation in those exhibitions. The reading is not limited to finished works – it included lots of “unfinished” plates, prints on paper that would most likely have been discarded a few years ago for a main exhibition at a main museum – and now constitute perhaps the most important, the most exciting aspect of the exhibits.

Then, somewhere else, Kentridge’s The Refusal of Time, and perhaps the most wonderful set of photographs of Paris I remember having seen in a very very long time: Marville. Marville, by showing us how Paris lost an enormous lot to “modernization” by Hausdorff, by showing how Paris could have evolved into so many marvels and instead became… what it is (with its own greatness but also its pettiness and too corporate style), is incredibly contemporary. Painful to see, but how important nowadays, in our time of city blight, of city disaster, of destruction of trees. He saw, in the “Paris éventrée” of his photographs, our 21st century – more than 150 years ago.

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Nouveautés

Une petite boîte venue de France nous a emmené quelques livres qui doivent être vraiment intéressants:

  • Le rivage des Syrtes – un roman de Julien Gracq, écrit en 1951. Plusieurs gens (entre autres, Taleb) mentionnent ce roman parmi les meilleurs ouvrages littéraires jamais écrits. Si l’hyperbole est trop poussée, je ne le saurai qu’après l’avoir lu. Je n’en ai pas le temps pour le moment, mais après des recommandations pareilles… faudra bien le lire !
  • Sous le soleil – vanité des vanités de Jacques Roubaud. Celui-ci m’intrigue pour bien d’autres raisons. L’auteur (membre d’Oulipo, poète, prosateur, traducteur, philosophe, mathématicien, directeur d’études à l’École des hautes études en sciences sociales) semble vivre un de ces mélanges qui sont tellement à l’ordre du jour pour “nous” (nous ! les disciples de Saïs) en ce moment. Cet ouvrage porte sur Qohélet, ce livre écrit voici au moins 2500 ans quelque part au Moyen Orient, qui d’après Steiner serait le “Samuel Beckett de la Bible hébraïque”. Qohélet (ou Ecclésiaste, mais je préfère Qohélet par fidélité au nom original en hébreu) est un de ces livres infinis, qui portent sur le monde depuis son ouverture et seront sûrement là quand le point d’orgue final sonnera. Bref, Roubaud (dont d’autres livres ont pour titre Traduire, journal, ou encore Grande kyrielle du sentiment des choses, ou Mono no aware: le sentiment des choses (143 poèmes empruntés au japonais), ou (encore?) Mathématique (partie d’un Projet dont les autres titres sont Le Grand Incendie de Londres, récit avec incises et bifurcationsLa bouclePoésieImpératif catégoriqueLa dissolutionLa Bibliothèque de Warburg. Version mixte)… De quoi rêver, en tout cas !  Ne l’ayant non plus jamais lu, je crois être prêt à des surprises. Déjà les images d’art dans Sous le soleil m’intriguent: Nature morte avec tulipes, Maria van Osterwyck (XVIIe siècle), Trompe-l’oeil , Cornelius Gijstrechts (XVIIe siècle), Christian Boltanski (XXe siècle).
  • Le reste, des BDs de Tardi (de la série basée sur les romans noirs de Léo Malet). J’ai lu et relu 120, rue de la Gare – une des BDs les mieux réussies. Le stalag près de Hambourg, puis Lyon en décembre (une ville que je sens déjà proche à cause de mes deux visites, surtout la première qui a duré près d’un mois), puis Paris, le tout pendant la II Guerre Mondiale. Ici, les deux BDs nouvelles (pour moi, en tout cas) sont Brouillard au Pont de Tolbiac et M’as-tu vu en cadavre? – les deux semblent aussi merveilleuses que 120, rue de la Gare

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Mi lectura de Pérec siempre ha sido tortuosa, nunca una lectura rápida y engolosinada. La vie mode d’emploi lo leí en las carpas de un viaje que hicimos con María Clara en carro de Madison a San Francisco, en una época en que así no más nos aventurábamos a salir con un carro que podía tener problemas graves a recorrer casi diez mil kilómetros (el viaje no fue por autopistas a la ida sino por rutas pequeñas, entre esas la famosa 66, y miles de paradas en lugares (pueblos perdidos que parecían haber sido abandonados y olvidados desde el siglo 19, Silverton y la plata oculta detrás de las montañas rojo tiza) de Colorado, Nuevo México, Arizona y California).

En la carpa de noche yo leía La vie mode d’emploi con una linterna, mientras recapitulábamos un día entero de álamos, bosques, lagos, montes colorados, ríos, sopaipillas, maíz morado.

Los pasadizos entre las chambres de bonne, los étages nobles y los estudios improvisados de ese inmueble parisino están atados para siempre en mi mente a esa noche en June Lake (California, un poco al oeste de Yosemite, a la altura de Bogotá, helado en verano) cuando el viento casi se lleva todas las carpas y nos lanzó ramas de los árboles circundantes encima. El aroma increíble de esos bosques de la Sierra Nevada de California está revuelto en mi mente con el descifrar los pasadizos y corredores del inmueble de La vie mode d’emploi.

Otras novelas/obras de Pérec leí pero por lo visto me impactaron menos.

La foto de Pérec me encanta. Su cara, con el pelo revuelto y la barba hirsuta, los ojos saltones. El niño judío de Belleville de los años 30, espiègle seguramente y luego enviado por su madre viuda a salvar la vida donde algunos cristianos caritativos (la madre enviada a Auschwitz y muerta allá – el padre muerto en alguna escaramuza inicial con Alemania en 1940) – luego el oulipien, y finalmente el parisino emblemático intelectual (e irreverente) que representa – todo ahí revuelto en esa foto.

Más que leer directamente sus obras, me gusta pensar en todo ese universo de posibilidades, de juegos, de miradas y ardides combinatorios que nos dejó Pérec. Me parece que lo que abren es aún más fuerte, si cabe, que sus propias obras.

Pérec/Peretz/Pérez

Diego Cortés me llevó a esta librería (Un regard moderne) cerca de St. André des Arts. Nunca había estado en un lugar donde los libros estuvieran tan densamente dispuestos. Ningún orden, ninguna seña de nada. Solo libros magníficos sobre miles de temas. El dueño conocía perfectamente su librería: las cosas que pregunté las iba sacando de alguna pila con veinte mil libros encima. Me impresionó el sitio.

Mrs Tsk *: Seeing this beautiful Suhrkamp edition of Walter Benjamin’s writings…

Momus, writing on his visit to the Walter Benjamin exhibition (Jewish Museum, Le Marais) brought back strong memories of my own visit there a couple of months ago.

mrstsk:


Seeing this beautiful Suhrkamp edition of Walter Benjamin’s writings at the Jewish Museum in Le Marais yesterday rekindled in me a nostalgia not just for the time when my intellectual life was dominated by German-speaking Jews, but for a time (before I was born) when to be an intellectual…

Mrs Tsk *: Seeing this beautiful Suhrkamp edition of Walter Benjamin’s writings…

(photo: Yvon)

Encore Paris, toujours Paris: Luc Sante nous régale d’une récension de deux livres (Hazan, Robb) sur les changements (parfois brutaux, comme sous Pompidou et Malraux) que la ville a subis le long des siècles – malgré que beaucoup des détails que Sante raconte sont assez bien connus, il y a aussi pas mal de données qui m’ont surpris.

(Suivez le lien sur la photo pour lire la récension de Sante parue à la New York Review of Books.)