Fragmentos de témpanos

Finalmente hay red decente, en Buenos Aires. Ya llegamos físicamente a la ciudad, ya no estamos en el Sur Sur del planeta y del continente, pero creo que seguimos por allá dando vueltas en la Laguna de la Torre, o recibiendo el agua helada en el Salto del Chorrillo, o viendo los témpanos que dejan los glaciares y que poco a poco se van derritiendo, muy lentamente, bajo la acción del sol (que en este verano en El Chaltén apenas llegaba a 3° C, y nos dio un par de nevaditas pequeñas de mitad de verano, a solo 400 msnm), y que quedan como la marca, el recuerdo del glaciar absolutamente inmenso y tan poderoso que muele montañas enteras abriendo valles (y deja trazas visibles fuertes: las morenas glaciares y la cantidad absurda de ripio (piedras molidas) en el fondo de los ríos, en el piso de los valles en forma de olleta, base plana).

Las fotos me hacen pensar en esos témpanos: meros testigos desprendidos de algo muy grande, meros recordatorios de la existencia de un glaciar por ahí, gigante, arrollador. Para nosotros los días en El Chaltén están aún ahí, y fueron inmensos – las fotos son témpanos desprendidos: hay un cóndor volando altísimo (aunque la foto no deja saber qué tan alto ni qué tan grande es – todo está en el recuerdo y la foto es una mera seña), un aguilucho que nos saludó en una laguna, vistas de témpanos flotando).

Sur 2: El Calafate, el Perito Moreno.

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Llegada, hacia las 11 de la noche, al Aeropuerto de El Calafate.

Tundra de la pampa aquí. Luego matorral pre-andino. Y finalmente bosque magallánico (tendré que revisar los nombres de los árboles: son especies de árboles altos muy australes, que crecen ya entrado uno en la Cordillera de los Andes).

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De El Calafate al Perito Moreno son 80 kilómetros, durante los cuales uno recorre inicialmente pura tundra (matas de 30 cm de alto si acaso). Algo similar a lo que vimos al norte de Laponia hace unos años, pero más desértico aquí, más lleno de tierra de la pampa. Luego el matorral pre-andino, colorido. Y finalmente los bosques magallánicos. Y los témpanos que desprende el glaciar, en uno de los brazos que bajan al Lago Argentino.

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Nada es dejado al azar, si de argentinidad se trata: la frontera con Chile está cercana, y aunque hoy en día no hay problemas aparentemente, se siente que cada país establece sus parques nacionales como estacas de poder, con bandera, con todo muy bien demarcado para que nadie se vaya a confundir entre Torres del Payne (Chile) y El Chaltén (Argentina).

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Frío veraniego: entre 0°C y 8°C hemos tenido aquí – claro, no es frío de verdad, pero es muy frío para estar en pleno inicio del verano austral. Buenos Aires se está asando a 38°C, nosotros recibimos viento helado al salir a ver la laguna, al ir a ver el glaciar, al salir a comer cualquier cosa. Viento y humedad y lluvia. En el Perito nos tocó ponernos varias capas, chaquetas, bufandas. Las manos las dejé por fuera para tomar fotos, y el viento las iba congelando.

Luego llegamos al hotel y la ventana no cierra bien – deja pasar chiflón helado. Hay una caldera que tenemos que prender para sacar el frío interior. Y tomar chocolate y comer alfajores, y devorar cordero a la parrilla patagónico, y completar con Malbec de más al norte, que aquí vale la tercera o cuarta parte de lo que cobran en Colombia.