Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)

Un tontarrón peligroso.

La sabiduría popular está repleta de variantes de lo anterior: “sálvame de aguas mansas, que de las bravas yo me sabré salvar…”, cosas por el estilo.

Durante esta visita del presidente electo Iván Duque a España ocurrieron dos cosas que han generado mucha risa y muchos memes: su saludo al rey Felipe VI y su visita al estadio. En ambas logró brillar por su mediocridad y por su estupidez. Además de lo dudoso de ir a saludar a un rey de un país en su primera visita semi-oficial a Europa, el electo – con un lenguaje corporal supremamente inseguro, de niño que está haciendo sus primeras gracias en el tablero – salió con frases absolutamente tontas; de esas frases que terminan siendo de antología triste para los países. Persiguiendo al rey por el recinto, el pequeño Iván Duque no atinó a decirle nada menos que “le manda saludes el presidente …”. ¿El presidente qué? debió pensar el rey. ¿El famoso ex-presidente asesino? Luego remató Duque mencionando al otro payaso Pastrana y diciendo que el ex-presidente asesino “lo quiere mucho”. El rey no es que sea muy brillante tampoco pero Duque logró verse completamente tonto al lado de él.

Luego en el estadio de Madrid salió exclamando con tono de alumno bobo de colegio: “¡qué maravilla de estadio!”. En serio… ¿nadie le sugirió nada distinto de eso? Y luego (después de hacer una gracia de perrito de circo con un balón) le pregunta a un famoso exjugador español “¿cuántas cabezas se hace?”. El exjugador le dio una respuesta memorable y muy justa (pero muy bochornoso saber que quien nos representará durante cuatro años a nivel internacional la merece): “yo usaba la cabeza para pensar, no para darme golpes”.

Hasta ahí, la farsa. Y eso que ni siquiera ha empezado.

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“… y le manda saludes el presidente …”  — “Hostias, ¿de dónde ha salido este cateto?”

 

La vez pasada que tuvimos un presidente así de tonto, así de triste, la cosa fue espantosa. De Turbay (1978-1982) se hacían chistes por su torpeza (aparente tal vez, como a lo mejor puede resultar la de Duque), chistes que perduraron no solamente a lo largo de su presidencia sino muchos años después. Que las habicuelas, que la enciclopedia, que con los dientes para arriba, que lo verde para arriba, que no es gudbay sino Turbay, que (no sigo – quienes vivieron esa época los recuerdan). Detrás de esos anteojos de ciego que no quiere ver lo que pasa en el país estaban sus respuestas como “en Colombia el único preso político soy yo” (cinismo o estupidez o algo muy raro). Y claro, los horrores del Cantón Norte, las torturas, los desaparecidos, el Estatuto de Seguridad. La gente sacaba chiste del presidente, pero la situación de chistoso no tenía nada. Fue una de las presidencias más sombrías y más brutales que recuerdo – en una Colombia que ha tenido mucho con qué competir. Fue el gobierno durante el cual el narco se consolidó en Colombia por primera vez de manera brutal y descarada. El gobierno de generales con fachada presidencial.

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“… y en Colombia, el único preso político soy yo…”

La vez anterior no me tocó a mí, pero en la memoria de la generación anterior sí quedó muy grabada. Fue la presidencia (entre 1962 y 1966) de Guillermo León Valencia, otro cretino de esos que la embarraban en público y hacían reír a la gente, mientras ocurrían cosas terribles. Ese presidente se hizo famoso por haber gritado en medio de la cena oficial en honor a De Gaulle cuando vino a Colombia… “¡viva España!”. No quiero ni imaginar la cara de incredulidad que debió hacer De Gaulle ante el grito del presidente borracho en su palacio. Aparentemente era un borrachín idiota, famoso por desplantes de tío bobo pero pesado en las fiestas. De nuevo, mientras esa farsa triste sucedía, pasaron cosas gravísimas en Colombia. Nada menos que el bom78/////////////////////////////////////////////*bardeo a Marquetalia en 1964 [la escritura de la palabra con todos esos símbolos /// extra es cortesía de Abdul que justo pasó por encima del teclado cuando estaba escribiendo eso; decidí que cuadra mejor así], que selló la consolidación de las Farc y trajo la historia que demasiado bien conocemos y hemos sufrido en Colombia varias generaciones. Varios analistas han expresado que si Colombia hubiera tenido otra respuesta menos agresiva, las Farc nunca habrían llegado a las dimensiones gigantes que tuvieron. Valencia ponía la fachada de idiota y mientras tanto el país entraba en una fase de guerra que ha durado muchas décadas y de la cual se suponía que estábamos tratando de salir. Valencia el borrachín con fama de bruto, el abuelo de Paloma Valencia Laserna – una de las lumbreras actuales del conservatismo colombiano.

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“… Putain, quel con ce mec, comment il s’appelle encore?”

Esos presidentes payasos (o títeres, o borrachines, o simplemente azorados, clueless tal vez expresa bien la situación) han sido muy peligrosos. En Estados Unidos George W. Bush era así también. Claro, también nos burlamos planetariamente de él por su estupidez, por su leer libros patas arriba, por su aparente ineptitud. Y durante su gobierno una caterva de patanes se subió e ideó una invasión a otro país – y terminaron generando ese caos espantoso de todos los países de esa región que sigue produciendo problemas con solución cada vez más remota.


Peña Nieto, George W Bush, Duque, Turbay, Valencia. Tontarrones o fachada de tontarrones, hazmerreíres de la gente. Y peligrosos todos. Hay que estar alerta. Aguas mansas que pueden hacer bajar la guardia a la gente…

 

Bellow, To Jerusalem and back

Security measures are strict on flights to Israel, the bags are searched, the men are frisked, and the women have an electronic hoop passed over them, fore and aft. Then hand luggage is opened. No one is very patient. …

Saul Bellow, To Jerusalem and Back, Secker & Warburg, London, 1976.

Reading a memoir written by someone as incredibly able to conjure up images as Saul Bellow is always striking. But it is much, much more striking if the memoir is about a city where you have spent a significant amount of time, also as a visitor, albeit in quite different moments of time. And (I think) it is even much, much more striking if that city happens to be none less than Jerusalem.

… before I left Chicago, the art critic Harold Rosenberg said to me, “Going to Jerusalem? And wondering whether people will talk freely? You’ve got to be kidding, they’ll talk your head off.” (…) In flight, if the door of your plane comes open you are sucked into space. Here in Jerusalem, when you shut your apartment door behind you you fall into a gale of conversation—exposition, argument, harangue, analysis, theory, expostulation, threat and prophecy. …

Bellow spent six months in Jerusalem in the fall and winter of 1976. During those momentous months he meets many people, among them politicians (Yitzhak Rabin who was then the prime minister, Teddy Kollek who was then the mayor – and who officially invited Bellow, as we learn at some point during the memoir, some others – although not Golda Meir), writers (young – back then – A. B. Yehoshua and Amos Oz at some point but also several less-well-known poets) and many other intellectuals, journalists (Jewish and Arab), family members (Russian immigrants), people like his masseur, the Armenian Patriarch. He even goes for dinner with mathematicians and meets Ilya Rips – Bellow’s wife at the time was the Romanian mathematician Alexandra Bellow and she was visiting the Math Institute at Hebrew U while he was on his official visit to people in the city.

… We are invited to dinner by some of Alexandra’s friends—like her, teaching mathematics at the Hebrew University. Pleasant people. … The conversation, as usual, quickly becomes serious. You do not hear much small talk in Jerusalem. Inflation, high taxes, the austerity program make moonlighting necessary. … Alexandra has noticed how busy mathematical colleagues have become. They have to do more teaching; they have less time for research.

After dinner two more guests arrive, Dr. and Mrs. Eliahu Rips. Rips comes from Riga. When the Russians went into Czechoslovakia, Rips, a mathematics student, set himself on fire in protest. The flames were beaten out and Rips was sent to an insane asylum. While there, without books, he solved a famous problem in algebra. When he was released, he emigrated and reached Israel not long before the Yom Kippur War. Since he had no army training, he went to a gas station and offered to work for nothing, feeling that he must make a contribution to Israel’s defense. So for some months he pumped gas, unpaid. He is now teaching at the Hebrew University. He has become not only Orthodox but very devout. Four days a week he studies the Talmud in a yeshiva. …

All this is interspersed with walks in the Old City, with meetings with people in West and East Jerusalem, with living in Mishkenot Sha’ananim in front of the Old City, visiting kibbutzim or even a settlement (Kiryat Arba!) near Hebron.

… Later in the day my friend Professor Joseph Ben-David takes me to the swelling Souk, the public market. On Fridays it closes early. We watch the last-minute pre-Sabbath rush. Perishables are cheap as zero-hour approaches. …

… On my way home, feeling the vodka I’ve drunk with Silk and Schimmel, I pass through the tourists’ lines. But I’ve just had a holiday with two poets (…) The transforming additive: the gift of poetry. You think yourself full of truth when you’ve had a few drinks. I am thinking that some of the politicians I meet are admirable, intelligent men of strong character. But in them the marvelous additive is lacking. It is perhaps astonishing that they aren’t demented by the butcher problems, by the insensate pressure of crisis.

Slowly, Bellow weaves in a very personal perspective of the Israeli-Palestinian problem, allowing many opposing voices to sift through, capturing the pain and harshness of differing viewpoints (the Israeli parents whose son was recently killed, the fields of ’67 and ’73, strewn with corpses, the existential threat to Israel, the memory and fear  –  all of that very real back then and real now, but also the Palestinian girl who proudly stands in front of well-intentioned Jews and tells them she simply doesn’t want them there).

In other hands this sort of memoir could easily become cartoonish, or with viewpoints too narrow or voices confined to the author’s opinions. The author’s opinions are there, to be sure, but they are so cleverly woven into the Jerusalem tapestry of opinions, plans, harsh stories, that a sort of collective call, of collective worry for the city becomes the voice of Jerusalem.

In the end this makes the reading more difficult. The first encounters, peppered by the presence of luminaries such as Isaac Stern, invited roughly at the same time, slowly become heavier. And here is where the memoir becomes a sort of living in Jerusalem testimony: the ever-increasing heaviness of living there, as if gravity was constantly increasing, as if leaving Jerusalem – forgetting its problems, leaving it behind scenes – became impossible after a while.

The memoir formally follows that path. The sadness of leaving such a city is there, very well depicted, but also the sense of relief I am sure many of us have experienced when going back to “normal cities” (London, Chicago, Bogotá) after time spent in Jerusalem. The fact that it takes him a long time to leave the memoir and it goes on and on after having returned to Chicago via London: the conversations with friends, with other politicians, in those two cities but also in a subsequent visit to Stanford, all of them give the impression of lingering Jerusalem, even as far away as California. The appearance of ever differing, ever shifting positions, some of them quite hawkish, some dovish, some more somber about Israel’s future (in 1976), some more positive…


When you visit the Old City of Jerusalem in search of some specific place you might have visited but whose exact location you don’t quite remember, or a place you saw described in some book or a friend mentioned, finding it can be next to impossible. Which alley? Which little door? Was it in the upper passage or in the lower one? Yes, I do remember it was after the shop where olive lamps – wait, the shop with the guy who offered tea but then haggled crazily? No, the one where the guy switched to Spanish and said he has a Ph.D. in history but is just selling sweets. You almost never can find what you look for yet you always emerge with a sense of having been to a magic (dangerous) place.

Of course, this also happens to Bellow:

… Schimmel and Silk are looking for the weavers’ alley. What they find instead is a big stone stable, once part of a princely establishment. The carved ornaments, all blackened, go back to the fourteenth century, so we are told by two friendly young Arabs who are tinkering with machinery here. Oh, yes, the stable is still used, but the donkeys and mules are out for the day. Dennis Silk sensitively interrogates the young men. They speak Hebrew well enough to give information. The information is for me, of course. (…)

We never do find the looms. Perhaps the weavers have taken a holiday. We buy round sesame buns and…


… Kahn insists on showing me some ancient baths at the lower end of the Old City and we ask our way through endless lanes, where kids ride donkeys, kick rubber balls, scream, fall from wagons (…) Kahn asks again for his Turkish baths. A candy seller, cutting up one of his large flat sticky cakes, a kind of honeyed millstone, appears indignant. His business is to sell cakes, not to give directions. We get into an arcade where a money changer in a turtleneck tells us to retrace our steps and turn left. He offers to pay me two pounds to the dollar over the official rate. (…) We make our way out of the arcade and inquire of a stout, unshaven storekeeper in Arab headdress and busted shoes who deals in chipped green glassware. He lights up at our question. Yes, of course, he knows.

After conversation (and coffee, and mentioning Chicago where the shopowner’s son studies medicine and the “friendship” with Bellow when he hears he comes from that city), he leads Kahn and Bellow to the baths and…

… I find myself to my joy in an ancient beautiful hot sour-smelling chamber. Divans made up with clouts and old sheets are ranged against the walls for the relaxing clients (…)
“This is not the place I had in mind. The one I wanted to show you is much older,” says Kahn. But I rejoice greatly in this one and ask for nothing better. (…) “I suppose we must give up on the still older bath,” says Kahn. He compensates himself by telling me about Max Nordau.

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Boris Zilber, during a long walk, at the Gate of Lions. 2016.
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Old City…
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The “new” city
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Tel Aviv – winter – beach

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pseudointelectuales

Ayer mientras iba en un bus leí un trino indignado de un matemático joven. Uno de esos trinos que aluden a temas que tienen que ver con muchos años de mi propia formación, con tiempo vivido.

Santa El joven matemático (@I_Santa_ en twitter) manifestaba estar aterrado con que alguien en esta contienda política hubiera tenido el atrevimiento increíble de describir a Sergio Fajardo como un “pseudointelectual” (escribió “seudointeligente” pero para el tema da exactamente lo mismo).

A mí me pareció tan absurda la frase que decidí indagar un poco más – y resultó que la frase era de la famosa dama de apellido Cabal, en entrevista con otra dama famosa de apellido Dávila – en un programa radial de la famosísima emisora “la W”.

Famosas las tres, las señoras Cabal y Dávila y la emisora por… ¿qué exactamente? ¿Por lo picante de sus chismes? ¿Por la profundidad de sus análisis? ¿Por su capacidad de no reducir temas complejos a frases de efecto? ¿Por su sutileza a la hora de escoger títulos para sus programas? (En este caso el programa se llama algo así como “Premios Mamertos” o algo similar.)

Mi primera reacción: esas tres (en cualquier orden, la W, la Dávila, la Cabal – ¿cuál de las tres es la esposa del señor de Fedegán? ¿cuál la emisora? ¿cuál la “sesuda analista”? creo que ni siquiera es claro cuál es cuál) – esas tres son una cosa ahí amorfa – una entelequia que si no fuera porque la frase trajo a mi memoria un tema sobre el que he escrito por lo menos dos veces antes ni siquiera merecería más de un segundo de la vida de una persona.

Mi primera reacción fue simplemente observar que el trabajo de Fajardo y Keisler en teoría de modelos de probabilidades adaptadas y fajardokeisler procesos estocásticos es referencia a nivel mundial. Que atreverse a ir por la vida como cualquier hijo de vecino diciendo que el autor de ese libro es un “pseudointelectual” implica una de dos cosas: o es alguien que sabe mucho más que Keisler y Fajardo sobre el tema, es alguien que legítimamente puede lanzarse a hacer críticas (¿por qué no?)… o es alguien no solamente absolutamente ignorante sino además completamente ciego ante su propia ignorancia. Nada más qué decir… pero conviene de vez en cuando recordar que cuando se habla sobre gente como Fajardo la cosa es a otro precio. (Esté uno de acuerdo o no con sus ideas o con su estilo.)

Como las señoras W (¿o Dávila?) no pueden decir sino “Fajardo es mamerto” (como si ser mamerto fuera algo ordinario o feo o inmoral) y para subrayar su argumento dicen que es “pseudointelectual” pero luego no pueden explicar por qué,  terminan refiriéndose a la pinta de Fajardo, y a la opinión de una ex-reina (alguien tenía que completar el cuarteto amorfo) sobre ésta. No pueden ir más allá.

Luego recordé estas líneas, escritas en 2003 (¡increíble como pasa el tiempo) en mi blog de esa época – y decidí retomar el tema a la luz de lo que pasa hoy (pues para las generaciones más jóvenes como la de @I_Santa_ 2003 es algo muy remoto e incluso 2009 – el texto más abajo – corresponde a una época muy distinta):

Podrán decir muchas cosas, pero es un hecho muy fuerte el que uno de los dos autores de Model Theory of Stochastic Processes sea el alcalde electo de Medellín. Me llena de alegría que no solo un matemático, sino alguien formado en teoría de modelos (en mi misma alma mater de doctorado 🙂) esté ahí. Me llena de alegría agridulce, pues la carrera política de Sergio significa un matemático activo menos – pero puede (ojalá) significar un alcalde mucho más interesante para Medellín.

También en Fajardo: teoría de modelos y política (2009) escribí algunas notas sobre esta frase de Fajardo:

Somos un movimiento cívico independiente que tiene tres componentes: un conjunto básico de principios, una propuesta para la sociedad y una forma de hacer la política.

Fue en la aciaga época de la hegemonía uribista, cuando el país nada que lograba quitarse de encima a esa pesadilla dual que eran Uribe y las Farc de entonces (las Farc ahora son la Farc y parecen seriamente haber cambiado, Uribe simplemente ha ido empeorando) – y la propuesta de Sergio se perfilaba como algo aún muy remoto, pero me permitía soñar:

“Yo sigo pendiente de ver qué sigue proponiendo Sergio, qué sigue haciendo. Mi voto aún no está decidido, pues falta mucho. Me gusta por razones estéticas el que piense aún inspirado por la matemática.

Si algo enseña la matemática es cierta humildad ante los verdaderos problemas. No hay matemático serio que no haya sido completamente doblegado por un problema insoluble (o muy duro). La inmensa mayoría de los finales de día, para un matemático de verdad, tienen una lista larga de “por hacer” y pocos logros… Eso mantiene viva la disciplina y con mente juvenil al matemático. Cualquier asomo de creer que uno sabe puede ser tumbado al día siguiente por algún jovencito con mayor lucidez.

Para mí eso es muy sano – es duro, pero es sano. Si un político llega a resolver problemas (digamos, los tres problemas que menciona Sergio) con actitud de matemático, puede que al final no nos trate de vender espejismos como tantos han hecho, como tantos están haciendo.

Muchos colombianos estamos pendientes, Sergio.”

Hoy en 2018 muchas cosas han cambiado, me parece que para bien en general (pero con riesgos muy altos y, como vemos en programas radiales como el mencionado, con mucha estupidez en el aire). Fajardo hace rato es un político muy sólido que puede perfectamente llegar a ser presidente de la república de Colombia pronto. Su visión de matemático no creo que haya cambiado – alguien tan matemático como él (en otra etapa) no abandona esa visión; simplemente la habrá enriquecido enormemente con sus experiencias de estas últimas dos décadas.

Pero conviene recordar (para aquellos que no tuvieron la fortuna – difícil – de ser sus estudiantes en sus cursos o la fortuna aún mayor de hablar con él antes de su transición a la política) lo siguiente:

  • Fajardo es un excelente profesor. De hecho, puedo decir ahora con propiedad que es uno de los mejores que he tenido (en dos universidades en Colombia, en mi alma mater de doctorado en Estados Unidos – la misma de Fajardo – y en cursos tomados después durante un tiempo ya no tan corto de investigación). Si me preguntaran elaborar el tema, diría: Fajardo es uno de los profesores que (cuando les gusta el tema) pueden iluminar con mayor claridad un tema. Cuando estaba inspirado, Fajardo era prácticamente insuperable. Recuerdo aún con emoción su explicación del teorema de Vaught según el cual una teoría contable no puede tener exactamente dos modelos no isomorfos contables. Si tiene dos modelos no isomorfos, tiene que tener un tercero. Fajardo era también un profesor con temas muy definidos (“no me gusta el álgebra, me gusta el análisis”, nos decía – y si la demostración era muy algebraica hacía mala cara). Eso puede ser cuestionable, pero no le quita lo de excelente profesor. Además lo de ser excelente profesor es algo que seguramente todavía le funciona – pero en sus temas actuales (por eso lo escribo en presente),
  • Fajardo es un matemático. Con teoremas demostrados, con tesis doctoral, con su libro con Keisler, con sus artículos – y seguramente con lo más importante: la pasión brutal intacta (me encantaría volver a hablar con él algún día de matemática). Eso lo pone en un plano supremamente interesante con respecto a las “intelectualidades”. No es que implique (o no) el ser intelectual – pero es claro para mí que su paso a la política desde la matemática es una jugada de carácter intelectual (combinada con otras cosas).

Nota final: lo anterior es expresión de mi máximo respeto por la persona, por el matemático y por el candidato Sergio Fajardo. En realidad la frase idiota de la W (o de la Dávila o de la… ya olvidé el apellido) es irrelevante ante la construcción de un país, la propuesta política impresionante de Fajardo. Adicionalmente, mi defensa de Sergio Fajardo como persona y como matemático no es una declaración de adhesión a sus ideas políticas. Mantengo mi independencia – y en 2018 prefiero opciones más a la izquierda. Políticamente en 2018 Fajardo representa cierto continuismo con estilo sofisticado. No se trata del continuismo burdo (y deshonesto) de Peñalosa, tampoco se trata del continuismo eterno de Vargas Lleras. Es otro tipo de continuismo – tal vez más cercano al estilo del actual ministro de salud (Alejandro Gaviria) – de personas con buena formación, con referencias sofisticadas (literatura, algo de filosofía, mucha matemática en el caso de Fajardo) pero incapaces de imaginar mover las estructuras anquilosadas y muy temerosos (¿tibios?) frente a los retos mayores que tiene nuestro país en este momento. Gaviria da peleas bonitas (por reducir precios de drogas, por campañas de vacunación para prevenir el cáncer cervical o de promoción de uso de condón para prevenir enfermedades venéreas y sida – campañas que le han traído enemigos y en las cuales lo apoyo fuertemente) pero nunca se mete con problemas estructurales del sistema de salud. Fajardo proyecta una imagen similar: muchas campañas bonitas (contra la corrupción, por la educación, etc.) pero mucho continuismo estructural.

Sin embargo, a pesar de no necesariamente estar de acuerdo con muchas de sus ideas me parece crucial responder al trino de (muy justificada) indignación de @I_Santa_ … y volver a contar por qué Sergio Fajardo (pese a mis críticas – que seguramente seguirán si gana la presidencia) es alguien muy, pero muy, por encima de lo que algunas personas muy ciegas quieren decir allá en la radio colombiana.

La culture du “moi”. Frédéric-Auguste Cazals – avec la figure de Barrès.

El primer Barrès tenía una teoría (tal vez ingenua, pero aparentemente muy influyente en la siguiente generación de escritores, incluido André Gide): el culto del “yo”. Una versión francesa de un culto libertario que tal vez asociamos más frecuentemente con los pensadores norteamericanos del XIX, el Barrès juvenil arma una trilogía con elementos que se ven fascinantes (digo “se ven” porque no tengo esos libros, no los he leído más que en fragmentos en la red).

El personaje se vuelve espantoso más adelante, durante el asunto Dreyfus. Arma un culto ultra-nacionalista muy similar a ciertas manifestaciones que vemos en la Europa contemporánea. Se hace adalid del antisemitismo francés del inicio del siglo XX y termina influyendo enormemente en personajes como Maurras (uno de los fundadores de Action Française – lugar de formación de personajes como Boutang más tarde).

In a world of giants, it helps to be a giant yourself. But a rationale, an intellectual argument, is not the same as an emotional driving force, based on direct personal experience and an immediate sense of threat. We don’t have that sense in today’s Europe. For standard of living and quality of life, most Europeans have never had it so good. They don’t realise how radically things need to change in order that things may remain the same. It would take a new Winston Churchill to explain this to all Europeans.

Europe is sleepwalking to decline (via The Guardian) (via detectivesalvaje)

(Por Timothy Garton Ash – la frase “The current and emerging great powers of the 21st century, from the United States and China to Brazil and Russia, already treat European pretensions to be a major single player on the world stage with something close to contempt” es fuerte) ¿Será justificado todo ese euro-pesimismo de 2010?

different kinds of abstraction

ok – I won’t speak (really!) about different kinds of abstraction – it would take volumes and volumes to tackle the subject! (abstraction where? in art? in math? just dealing with those two abstractions is complicated enough as we know well…)

there is however, a kind of abstraction that utterly puzzles me: abstraction in real life. I mean, you go to the basic newspaper (whatever fits the bill: USA Today, El Tiempo, Maariv, something really really basic, meant to be read by anyone whose vocabulary spans at most 3000 words)…

and even there in those horrible newspapers (without going where we expect abstraction, to Classification Theory or some Séminaire de Géométrie Algébrique, or some beautiful piece on Tower Forcing) you find a kind of abstraction that baffles me, when I try to think of it

they say there in the basic newspapers that everybody reads “there is a new 3-D rendering of Bogotá’s underground layers, ready for Bogotá’s metro” (with the headline “Nuevo trazado para el metro de Bogotá”) – the mayor said a few months ago on television “llegó el metro a Bogotá” – the metro has arrived to Bogotá … the phrase “llegó el metro” actually meant some new study had been given money – they offer you all sorts of videos on Transmilenio on 7th Ave – but we never see anything real! we never see any metro here materializing! (or is it just my lack of abstraction ability?)

I remember having read (years ago) some article by Umberto Eco, where he said that one good thing about Catholicism is that it somehow opened the ground, fertilized the soil for abstraction – a virgin mother (of all humankind, of course) – three equals one – wine becomes blood magically and bread becomes flesh every Sunday – ascension and assumption – resurrection from the dead. According to Eco (I believe), those centuries and centuries of virgin mothers and mysteries galore somehow opened the ground (he said) to the abstraction we actually need for mathematics, for science…

Yet, to me, speaking on the news about “Bogotá’s metro” and saying phrases such as “nuevo trazado para el metro de Bogotá” are of the same level of abstraction of “immaculate conception” or believing that Jesus had 3000 foreskins (as there are at least so many “praeputia christi” in churches between Italy and Spain).