Al viento

La canción famosísima (e infinita) de Dylan… en una interpretación bellísima de Peter, Paul and Mary cuando los famosos eran ellos y Bob Dylan aún era visto más como un autor que como un cantante. La voz de Mary Travers en frases de entrada de la canción es impresionante. Igual la armonía del trío vocal. Gloriosos 1960s.

Semana de ausencias y presencias, de cavar y buscar, de sentir vacío y sentir felicidad, en montaña rusa emocional. Semana de búsqueda de ir más allá de lo puramente emocional (a veces es muy difícil) y captar. Semana de puertas cerradas, de narices frías presentidas pero no sentidas, de montaña llena de gente y vacía, de interrogantes y salves. Y de encuentros impresionantes con amigos de los tres, que estuvieron ahí, abrazando desde Bogotá, Chía, Nueva York, Knoxville, Pittsburgh, Ontario, Francia, el Báltico.

Y la lectura de una bande dessinée de Marc-Antoine Mathieu: Dieu en personne, un relato curiosísimo y muy emparentado con Lem, con el Lem de Golem XIV. Dios en persona se aparece aquí abajo en esta época, lo censan, no les cuadra y comienzan a estudiarlo, a tratar de clasificarlo. Lo meten en un especie de reality francés, de horror puro. Lo meten en un lawsuit norteamericano de proporciones universales, lo convierten en un ser mediático – una cárcel de lujos. El Dios de Mathieu nunca pelea – tiene una ironía suave con todo lo que le pasa, como alguien que vería los juegos locos, loquísimos (hasta divertidos si no fueran de esa tristeza tan brutal de la estupidez humana). No los juzga nunca: es un especie de Dios-ser puro que simplemente se contenta con ser, con haber creado todo, incluso esa locura de mundo.

DIEU_en_personne

Mathieu tiene otras BDs muy peculiares – de un lente casi belga en su sutileza y su gusto por los espacios mentales ideales – los belgas son herederos de Magritte al hacer cómics (Schuiten-Peters), pero a la vez muy parisino en su verbosidad y dialéctica. Una (3″) sobre un rayo de luz que recorre durante 3 segundos … la cantidad de kilómetros que debe recorrer un rayo de luz en ese tiempo larguísimo – y a través de reflejos puros va contando la historia de un crimen de corrupción, de mafia, de asesinato, de traición. El rayo de luz cuenta directamente todo eso al reflejarse en relojes, ojos, espejos, vidrios, fuselajes, telescopios, planetas, lágrimas, teléfonos celulares.

Caminatas de la ausencia, pero importantísimas. Pala, tierra, azadón – a través de la greda de Chía. Cal viva. Una rosa – la mejor de todo ese jardín, para el viaje a otro plano de realidad. Sudor, cabeza repleta de tierra y greda, mejor tal vez el ejercicio físico extraño para la enajenación. Lo peor es quedarse en la casa.

Hoy fuimos con María Clara y con Teo (el sobrino, pequeño de dos años) a La Calera, por la lluvia. Nos metimos (al azar) por las carreteras veredales de ese municipio de verdes y montañas, oyendo rajaleñas, torbellinos, joropos, rumbas y guabinas boyacenses – bien cantadas y con letras adaptadas a edades distintas de las usuales (un ejercicio impresionante de adaptación de repertorio de regiones de Colombia, con letras que pueden sacar una sonrisa, dar refranes que puede repetir alguien que está empezando a hablar pero a la vez no insultar la inteligencia adulta y sonar bien para la manejada bajo la lluvia). El bajo continuo, ostinato, chaconudo, walking blues de la lluvia y el gris sobre el verde de esas montañas definitivamente permite una desconexión y abstracción de uno mismo, necesaria así sea por un rato al día. Hipnosis del gris, en momento dowlándico.

Sorpresa con Nozick: hace preguntas sobre lógica temporal que me parece que no se pueden reducir a los meros modelos de Kripke – requieren posiblemente haces, pero creo incluso que no se pueden reducir al caso topológico – habrá que generalizarlos. En las hendiduras curiosas Nozick pregunta de manera muy seria sobre la propiedad de eventos en física que si bien ocurrieron de tal manera (sin superposición) en tiempo t_0, en algún tiempo posterior t_1 pueden de nuevo no haber ocurrido – o por lo menos no de la manera medida en tiempo anterior t_0. La semántica usual de haces en ese sentido es demasiado clásica por ser acumulativa en subabiertos. Claramente esos experimentos que menciona Nozick no pueden reducirse a nuestros buenos y bellos haces, y requieren una matemática acaso más “torcida sobre sí misma”.

Pero aún estamos en etapa muy primitiva: entendí el lunes pasado por qué son necesarias categorías abelianas para hacer cohomología (o teoría de modelos) de G-estructuras (estructuras sobre las cuales actúa un grupo fijo G). Algo que no está directamente en ninguna parte, pero que está seguramente implícito en trabajos de hace más de cuarenta años.

Leyendo a Lem (II): libertad (?)

“Habéis amenazado a la biosfera, que es vuestro nido y vuestro anfitrión. No obstante, al final os habéis echado atrás. Con mayor o menor suerte conseguiréis revertir el proceso, pero ¿qué pasará luego? Seréis libres. No os estoy predicando una utopía genética ni un paraíso autoevolutivo, sino un escenario en que la libertad se revelará como la tarea más dura, dado que, por encima de la planicie de balbuceos emitidos por la millonagenaria y locuaz Evolución hacia la Naturaleza con carácter de aide-mémoire, por encima de este bajo mundo entrelazado en uno solo, se abre un universo de oportunidades aún no alcanzadas. Os lo mostraré como mejor sé: de lejos.

Vuestro dilema reside entre la magnificencia y la miseria. La elección es difícil dado que, para elevarse a la altura de las oportunidades desperdiciadas por la Evolución, tendréis que abandonar la miseria. En otras palabras y por desgracia: a vosotros mismos.

¿Y ahora qué? Diréis: no entregaremos nuestra miseria a este precio. Jamás. Que el genio omnífice permanezca encerrado dentro de la botella de la ciencia: ¡de ninguna manera lo dejaremos salir!”

Golem XIV, en Golem XIV de Stanisław Lem (1982)

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The Gowanus Canal – Brooklyn, April 2013

Vacíos culturales míos: Lem

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Ya varias personas me lo habían indicado: mi vacío cultural al no conocer a Stanisław Lem es escandaloso. Javier Moreno, Roman Kossak, mi padre, entre otros, me habían hablado tanto de Lem, que me parecía un poco vergonzoso no haber leído nada de él aún.

En la Feria del Libro de Bogotá hace una semana había (en el puesto de Siglo del Hombre Editores) una cantidad inmensa de libros interesantes, a muy buen precio. Había varios de Lem, editados en Impedimenta: libros bonitos, que se ven confiables – no puedo juzgar la traducción al no saber polaco, pero hasta ahora la lectura ha sido una inmersión en un universo mental constantemente sorprendente, constantemente abrumador y a la vez lleno de opiniones con las que normalmente estaría en desacuerdo fuerte, pero están formuladas de manera tan convincente y certera que me obligan a replantear mis propias respuestas.

Eso último es una señal del nivel increíble de Lem. Aparente “ciencia ficción” (situada en un futuro cercano, con Golem XIV, un computador originalmente programado para fines militares, que logró generar él mismo nueva inteligencia, a niveles impresionantes que lo hicieron dejar atrás, muy atrás, nuestro limitado nivel de humanos – y decidió abandonar los estrechos fines originales para los que había sido construido).

En realidad, más allá del nivel “ciencia ficción” el libro es un verdadero tratado filosófico, en este caso sobre la historia de la inteligencia humana, sobre su evolución y adaptación desde el Paleolítico (aparentemente tan lejano de nosotros, pero tan cercano desde el punto de vista de Golem XIV), sobre la invención de las culturas a lo largo de esa evolución, sobre lo sentimental/emocional en la construcción del “yo”, y la posibilidad (y necesidad) para una máquina como Golem XIV de simular esas dos categorías.

“Desde el punto de vista de vuestro paleolítico, el ser humano es casi tan perfecto como desde el punto de vista de vuestra tecnología actual. Y esto se debe a que el progreso acumulado entre el paleolítico y el cosmolítico es muy pequeño comparado con la concentración de inventiva ingenieril aplicada a vuestros cuerpos. Al no poder crear a un Homo sapiens artificial de carne y hueso, ni mucho menos a un Homo superior, de la misma manera en que no hubieran podido lograrlo los cavernícolas, simplemente porque la tarea -tanto ahora como entonces- resulta impracticable, admiráis la tecnología evolutiva por haber conseguido dar saltos de tamaña magnitud.

Sin embargo, la dificultad de cualquier tarea es relativa, dado que depende de la destreza motivadora del evaluador. Insisto en recordaros que voy a aplicar al ser humano medidas tecnológicas, es decir, reales, en lugar de términos provenientes de vuestra antropodicea.”

Golem XIV, en Golem XIV de Stanisław Lem – año 2027