Saint-Loup

La ambigüedad que permea las visiones y descripciones de Proust es algo que ha sido muy comentado, muy estudiado. Estoy en este momento con el narrador en la playa veraniega de Balbec, en algún lugar mítico entre Normandía y Bretaña. En un lugar de luz marítima y oscuridades sociales, de gente pobre mirando el hotel iluminado de noche repleto de gente rica que se observa, se trata según título o posición social, según provincianismo o parisianismo.

Después de mucha observación acompañada de mucha reticencia, mucha compañía de damas ancianas (la abuela, su amiga noble Mme de Villeparisis – lo de noble es importante en el contexto del comedor del hotel, donde observan siempre quién saluda a quién), mucha conversación y ensoñación simbólica (los tres árboles en el paseo en carro con las dos ancianas – trío de árboles que parece anunciar mucha sensualidad a futuro – que parece enredado al encuentro con el grupo de campesinas que atraen al narrador).

Ahora llegó Saint-Loup, el joven sobrino-nieto de Mme de Villeparisis al hotel. Al principio antipático con el narrador, no le pone atención – y el narrador está embobado con el pelo rubio, la claridad de los ojos, el porte a la vez altivo y despreocupado de Saint-Loup.

[Leer este pasaje justo un día después de escuchar la entrevista a Aciman hace ver la influencia muy fuerte de Proust, de este momento, del encuentro del narrador con el marqués de Saint-Loup sobre el encuentro inicial de Elio y Oliver…]

Finalmente se lo presentan y Saint-Loup pasa de la antipatía extrema a una cercanía enorme con el narrador. Empatía fuerte en gustos literarios e inclinaciones políticas hacia el socialismo en el joven aristócrata.

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trees of Yucatán

In addition to the many ancient cities and cenotes, Yucatán has a profusion of trees, a variety and perhaps a kind of respect for many of them that makes them into an intriguing presence in those sites. They seem to be part of those ruins, in ways that have an intensity that I have seldom seen in other ancient sites.

In Egypt and in the coastal cities of Peru, the absence of trees, the desert landscape was essential to my appreciation of the pyramids or cities. In Caral, at the moment the most ancient city site found in the Americas, the dryness (north Atacama desert) is brutal and brings forth many mysteries (how could a whole city survive with essentially no water? what where their sources?).

In Yucatán the ceiba is still very much a sacred tree. Check how many you can spot on the photos below. But there are many other kinds of trees – palms of various sorts, etc. They seem to be essential there – they certainly were essential to my appreciation of those cities and pyramids.

a sunken park

Right next to the conference hotel last week in Mexico City there is a park that’s known under the name Parque hundido – the Sunken Park.

It is indeed sunken with respect to the level of the street.

I don’t know why I always associate it with a stage of contemporary theater or contemporary dance.

(I went twice to Parque Hundido: once to run – they have a very nice track made of good material, the second time to walk with MC.)

 

noche – parque

Los parques en la noche pueden ser lugares de ensueño, de frontera entre el mundo racional normal y otros mundos que uno apenas atisba. Son lugares posiblemente inseguros (incluso en ciudades muy seguras) pero a la vez son lugares donde de alguna manera puede uno quedar “por fuera de la grilla” durante un rato breve. No hay carros, no hay que estar pendiente de semáforos peatonales, no hay recorrido obvio. Hay cierta libertad (seguramente usada por algunos para encuentros que no podrían darse a la luz del día, en lugares transitados). Pero sobre todo, hay árboles, prados, a veces animales (chacales en el Parque del Valle de la Cruz en Jerusalén, ululando no muy lejos de donde camina uno, o jabalíes en algunos parques de lugares del Mediterráneo), poca gente – y la posibilidad de imaginar el lugar anterior a la ciudad, de escapar de lo urbano.

El viernes por la noche pasado llegué tarde a Madrid, y tenía conexión de vuelo a Bogotá a mediodía el sábado – muy pocas horas en Madrid para hacer gran cosa. Buscar comida buena (algo fácil allá, y realmente muy barato comparado con Jerusalén e incluso con Bogotá) y caminar. Pero la ciudad se veía un poco monótona (sobre todo llegando de Jerusalén), un poco demasiado urbana estándar. Caminando de noche por las calles de Madrid la sensación (fuera del calor absurdo) era la de estar caminando por un lugar muy genérico, muy normal. Seguramente tiene magia pero no de manera tan apresurada. Decidí bajar hacia el Parque del Retiro – eran las 11:30 de la noche.

Al principio, la reja inmensa y nada adentro. Pensé que estaría cerrado – yo en esa vía desalmada que es la Calle de Alcalá, típica de una ciudad muy carrocentrista (Madrid de verdad optimiza demasiado todo para los carros y no lo suficiente para los peatones – los carros van raudos por avenidas inmensas con andenes muy estrechos) y el parque, misterioso, tras la reja.

Pero un par de cuadras adelante vi que estaba abierto el parque. Entré al lugar de ensueño, de maravilla, de felicidad, de misterio que es un gran parque urbano a esa hora.

Me dediqué a tratar de captar con la cámara esa atmósfera de gran felicidad y tranquilidad (y misterio).

El epílogo fue ligeramente traumático: cuando fui a salir, tal vez hacia las 12:30, habían cerrado la puerta. Me puse a andar y me encontré con un grupo de franceses y otro de argentinos que también buscaban la salida. Pasaron unos ciclistas españoles también buscando la puerta. Que si por Atocha, que si por la Puerta de Alcalá, que todo cerrado. Nos tocó pasar la reja (puntuda – qué susto) entre varios, ayudándonos a no resbalar. Nunca apareció ni un guarda, ni un policía, ni nada. Tampoco parece haber información de ninguna clase. España no es un país bien señalizado.

 

reserva

El domingo pasado subimos bien de mañana con María Clara al borde nor-occidental de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen. Técnicamente, caminamos por la cadena de montañas entre Chía y Cota – la reserva estaba un poco más al sur de donde llegamos.

La intención no era ir a la reserva propiamente dicha: era simplemente caminar por una zona a la que no habíamos ido. Pero en un momento dado notamos que estábamos realmente muy cerca del borde nor-occidental.

He aquí un poco de lo que pudimos ver (lejos, lejos, de ser esto los “potreros” que algunos zoquetes han querido ver ahí – en algunas fotos, hacia abajo se adivina la franja de la reserva):

Planeador

El ideal para mí sería planear y planear, como esos pájaros que ve uno rozando las montañas cercanas al mar, que durante horas y sin mover casi las alas van subiendo y bajando con las corrientes de aire. Solitarios pero a la vez acompañados, libres de subir y bajar cuando quieran, sin horarios ni fechas límite ni marchas de hormigas. A veces veloces, a veces lentos, a veces rozando el filo, a veces seguros. Pero libres.

El Ocaso: bromelias reptantes

Aunque no sea viable capturar planos distintos, en El Ocaso sí que es fácil encontrar detalles: bromelias, cintas, urilos, zarcillos, orquídeas de mil formas y tamaños, quiches, tilantsias – todo un mundo reptante sobre los árboles que además evoca serpientes (no vi ninguna esta vez). No hay planos distintos, pero sí hay detalles que se fracturan, se enroscan, se reflejan, se urden, se traman, se osculan, se traquean, se reptan, se tocan. Carpentier y Lezama Lima describen bien eso.

Tal vez lo mejor de todo no es ni siquiera la acumulación impresionante de variantes milimétricas de especies – muchas no catalogadas aún. Lo que más impacta de entrada es la manera como tamizan, distribuyen la luz. No solo es la variedad de verdes, es tal vez de manera más milagrosa la transparencia del verde, membranosa, venosa, hecha de vasos comunicantes.

Saturday in Coyoacán: Late afternoon walk.

Mexico City means lists to me. Lists of books I find at bookstores (both new books and old books), lists of streets, lists of movies I find on the street, even lists of trees in the many parks and wooded alleys, lists of ills of the city as described by some of its denizens, lists of wonders as described by Humboldt among many others, lists of portents as in the books by the many writers named Carlos (Monsiváis, Fuentes being the most prominent).

A short walk from here to Coyoacán yesterday ended with a list of movies purchased on the sidewalk (Werner Herzog’s White DiamondCave of Forgotten Dreams, Fata Morgana, También los enanos empezaron pequeños and Aguirre, der zorn Gottes, Liany Lunson’s Leonard Cohen, I’m Your Man, Béla Tarr’s Damnation, Kanato Shindo’s Kuroneko, Eliseo Subiela’s El lado oscuro del corazón, Antonioni+Soderbergh+Wong Kar Wai’s Eros, Ulrich Seidl’s Paradise: Love, all of David Lynch’s short films, Margarethe von Trotta’s Hannah Arendt, Peter Schamoni’s Max Ernst, Abbas Kiarostami’s Certified Copy, Denys Arcand’s L’Âge des ténèbres, Roman Polanski’s Nóz w wodzie, The Brothers Quay’s collection.

All of these just picking randomly for five minutes in a sidewalk – Mexico City’s porosity, etaleness and sheer saturation requires perhaps these lists.

Here is what happens along Tecoyotitla Street: