even more Magris

(But why? well, a twisting story, like the river itself. I got to Magris through an exhibition we saw with MC in Barcelona already seven years ago (!!!) – it was one of those strange exhibitions on a city and an author – in that case it was about Trieste and Magris. We were so intrigued, so taken in, that we bought several books by Magris, in Spanish and Catalan then and later in Italian, like my edition of Danubio. And we were engrossed by the idea of visiting Trieste and a bit of Istria and that amazing (now) border region – something we could finally do for a few days in 2015.

Three years after that, I was in Warsaw for a few days with Roman and Wanda, and during that visit full of conversations, of exchanges, of walks, of visits to galleries and museums, of mathematics and art, somehow I felt immersed in another side of the same world described by Magris. I mentioned him, I mentioned his books – and oddly enough, Roman and Wanda hadn’t read him. Oddly but fortunately, and synchronically: right after talking about him, I saw on a stall of the bookshop of a museum the words Dunaj and Magris. I immediately gave it to them, knowing it would help continue many conversations.)

Danube is not an easy book to read. At least in my case: it meanders, it makes me pause, it makes me remember and write, it makes me dream and continue long-forgotten conversations, some from decades ago. The book in itself changes quickly enough that it is not really an essay – although many parts could constitute many excellent essays, it is not a story – although it is full of short stories, it is not gossip of course – although it contains a delightful dose of insider gossip, it is not a travelogue – although in a way the whole book presents itself as a huge travelogue.

Roman mentioned he had been reading the Hungarian part of Danubio these past days – exactly at the time of that very short but very intense visit to Hungary, to Budapest. Reading it now myself, it has been like reliving (through unrealized possibilities) many aspects of my own visit. I cannot quite explain it. An example: I took a photograph of a “random station” where the train stopped for a few seconds. Then it turned out that that name (Mosonmagyaróvár) is prominent in Magris’s book – for an intense paragraph. Many other parts of Danubio read like a priori/a posteriori representations of what my eyes, what my camera (whose memory is greater than mine – for I would have forgotten a name like Mosonmagyaróvár were it not for the fact my lens, my camera recorded it, and then I saw it in Magris’s book) registered!

Every now and then, you reach a paragraph like this one:

«Delle ottocento famiglie giunte col patriarca, ora restano sessanta o settanta. Un viaggio è sempre anche una spedizione di salvataggio, la documentazione e la raccolta di qualcosa che sta estinguendosi e fra poco sparirà, l’ultimo approdo a un’isola che le acque stanno sommergendo.»

(“Of the eight hundred families arrived with the patriarch, now sixty or seventy remain. A trip is always a kind of saving expedition; the documentation and the collection of something on the way to extinction that will soon disappear, the last landing on an island that is sinking in the waters.”)

How true. Any time we travel we are in some sense visiting a place that is disappearing, sinking in the waters.

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The Magdalena River, near Honda

Umberto Saba, el poeta

sabaConocía a Saba solamente como novelista – en Barcelona conseguimos su Ernesto – una novela sin terminar, tal vez autobiográfica en inspiración; una de esas novelas de iniciación (al amor, al sexo, a la vida de experimentación) del protagonista – escrita en un lenguaje llano y directo. Ernesto se inicia en el sexo primero con otro hombre (mucho mayor, como un erastes pero a la inversa, pues Ernesto tiene mejor formación (formal) que el hombre mayor, un carguero) y luego con una prostituta – ambas escenas contadas con una sencillez y un respeto por la experiencia del momento realmente impresionantes. También se va formando Ernesto en la lealtad, la amistad, el dejar de ser un niño, el convertirse en un ser humano pleno. El rol de la mentira (con su tío, con su madre) y de las lealtades superpuestas es fascinante. La novela la escribió Saba al final de su vida y quedó inconclusa.

Triestino, como Magris o Svevo, o tangencialmente el mismo James Joyce que se hacía llamar allá Giacomo Joyce.

Trieste es protagonista de la novela Ernesto, obviamente. Curiosamente, ahora que pienso en novelas iniciáticas y en Joyce, recuerdo (obvio, ¿cómo no?) el Retrato del Artista Adolescente, tan fuerte en su momento para mí (y casi todos los de mi edad en el colegio que también leían), tan desvanecido de mi memoria actual. El Portrait era casi barroco comparado con Ernesto, barroco en su catolicismo irlandés repleto de culpas y de castigos. Ernesto no. Aunque el protagonista también pasa por un episodio de culpa (no por el sexo, que disfruta inicialmente, sino por no compartir con su madre el relato de sus nuevas experiencias), este es breve y se disuelve como el sol mediterráneo disolvería una lluvia pasajera en alguna plaza. No se queda perdido en las brumas eternas irlandesas (o bogotanas). En Ernesto, Trieste es una ciudad medio fea medio industrial medio alegre – sobre todo un lugar rápido de tranvías y caminatas ágiles por las calles empinadas, donde la vida ocurre como fotos que van pasando ligeras, sin detenerse a contemplaciones. Es una novela ágil y bella en su ligereza.

Ahora lo descubro como poeta. Y es también muy impresionante. Muy distinto del altisonante e histriónico D’Annunzio contemporáneo suyo; Saba de nuevo en su poesía es muy llano y muy directo – muy anclado en la experiencia de vivir.

Il bel pensiero

Avevo un bel pensiero, e l’ho perduto
Uno di quei pensieri che tra il sonno
e la veglia consolano la casta
adolescenza; e ben di rado poi
fan ritorno fra noi.

Io perseguivo il mio pensiero come
si persegue una belle creatura,
che ne conduce ove a lei piace, ed ecco:
perdi per sempre la sua leggiadria
a una svolta di via.

Una voce profana, un importuno
richiamo il bel pensiero in fuga han messo
Ora lo cerco in ciechi laberinti
d’inferno, e so ch’esser non può lontano
ma che sperarlo è vano.

Un recorregut en imatges per l’exposició del CCCB “La Trieste de Magris”.

De nuevo el CCCB me sorprende. En septiembre de 2010 terminé yendo a ver la exposición Laberints/Laberintos con Rami – y la manera de armar el recorrido nos sorprendió mucho a ambos. Yo iba medio escéptico, Rami seguramente aún más, y terminamos muy contentos de haber visto la exposición.

Esta vez María Clara me habló tanto de esa exposición (que vio al principio de la semana), de la multiplicidad de idiomas, de culturas, de religiones, de mundos que tenía Trieste, y de la presencia de Magris, Svevo, Joyce, la ciudad y su multietnicidad temprana, como un laboratorio de lo mejor posible en este mundo, que no pude no ir. No tenía tanto tiempo, pero terminé recortando una que otra esquina del tiempo – llegar un poco tarde a cita con Zenaida y María Clara a almorzar en L’antic forn, etc. para ver eso.

Y me impresionó muchísimo ver los recuentos de Magris, de Svevo, de Joyce [sus cartas eróticas a Nora son deliciosas de leer], de los psiquiatras que decidieron no aplicar corrientazos sino trabajar directamente con el paciente, el experimento de poder estar juntos con gente hablando en polaco, serbo-cróata, checo, húngaro, rutenio, friuliano, alemán, y hasta italiano en el mismo lugar. El horrible discurso que dio Mussolini en la Piazza dell’Unità declarando la importancia de la “superioridad o inferioridad” de distintas razas, cuando la ciudad consistía justamente en esa posibilidad de lo que hoy llamaríamos multietnicidad, y la aparente respuesta robusta (?) que dio Trieste a esa locura del siglo XX.

La presencia del viento, la bora, del mar.