tres días en ese otro mundo / crónica en reverso

No es fácil hacer crónica de este momento. Lo que he visto hasta ahora corre como hojas llevadas por el viento: ya el ensayo de Arundhati, que hace menos de un mes era de lo mejor para describir la época, es obsoleto y avejentado. Y eso sin hablar de los mil veces más obsoletos y avejentados “ensayos” de Zizek, Han y demás señores comentaristas de la época (no quiero [ab]usar de la palabra llamándolos filósofos).

Examino días anteriores. Solo tres días anteriores. Y lo que veo sirve (al menos para mí) como una especie de crónica en reverso – mal cronicada, obviamente, sin ningún intento de control temporal. (Sí, parece que no logro hacer nada por ahora con el maravilloso curso de Sinar… ese curso de crónica en la segunda semana de marzo, en un pasado que parece casi tan remoto como la infancia mía…)


Va entonces ese autoexamen / (pseudo-)crónica en reverso.

Cada vez gente más cercana… un amigo y profesor de Jouko, en Noruega.
Esto obviamente no es posición oficial en muchas universidades. Pero se está discutiendo seriamente.
De un curso que me trae felicidad.
Y de lo más bello que uno puede ver: cine de Pasolini.
Simple y obvio. Pero hay que decirlo. Los políticos no entienden este hecho simple.
Claro, la digitación es difícil. Pero la transcripción de Kempff es buena y se deja. Las voces internas son – me decía alguien – como la voz del corazón de uno mismo. He sentido que me congelo por dentro, de verdad.
Ole sí, qué mamones. Por mí que los estudiantes estén en su bañera (si es que tienen) o felices en su cobija con un buen café. Si les pregunto y contestan algo razonable tengo más que suficiente. ¿Por qué será que hay gente tan insensible?
Bueno, esto se aplica a tantas cosas… Es una de las razones que me han llevado a donde estoy – para mi propia incomodidad y felicidad.
Fernando Zalamea ha sido un amigo, casi un hermano mayor, en estas circunstancias. Ir a sus clases de los miércoles ha sido increíble, y participar de las tertulias con él y con Alex Cruz. Es ejemplo de cómo ir guiando a la nueva generación, exigiendo mucho y a la vez siendo brutalmente generoso. Al leer su mensaje a los alumnos, veo que Fernando entiende seriamente la gravedad impresionante de este momento, nuestra a la vez ínfima capacidad de acción real e infinita responsabilidad.
(Alguien así requiere una universidad muy libre y muy seria.)
Otro. No llevo bien la cuenta. Pero es duro ver esto.
Purcell, Dido and Aeneas. Esta versión es maravillosa. – Tengo un recuerdo muy bello del concierto de Alfonso Correa con esa orquesta de estudiantes de la Universidad de los Andes – que tocaban violín con vibratos decimonónicos muy chistosos. Parece que Alfonso les estuvo tratando de explicar cómo era la cosa en tiempos de Purcell…
Sí: L¹_\kappa.
Una charla preciosa – otro de esos momentos nuevos increíbles.
Obviamente insuficiente. Pero por fin se están espabilando las empresas de este país.
Este tuvo muchos retrinos, muchísimos likes. Creo que todo el mundo, en medio de esta pandemia, cree alguna variante de esta frase.
Toca hacerle algo de propaganda a la versión virtual de nuestras tertulias…
Yo no debería quejarme por la propaganda gratis que le hacen al senador (y precandidato) Petro. Menos ahora que está en situación difícil. Aunque miles de veces me ha parecido una persona afectada por un gran ego, también me parece que en la campaña de 2018 era el único candidato que parecía entender que ya no estamos en el siglo XX, el único que trajo problemas serios del país y del mundo. Que tenga ego inflado es mamón. Pero de verdad, no hay mucho más. Ojalá llegue algún día a la presidencia, o llegue alguien por lo menos tan bueno.
ah… el sabor dulzón de los tomates cocinados en pancetta…
cada cierto tiempo, esos números – y las imágenes horrendas

No sé cómo veré más adelante esta época. Alguien preguntaba si era una época feliz, y pues a quienes dijeron que sí les cayeron (pues claro: no es una “época feliz”; es una época muy difícil y triste en muchos sentidos). Pero que tiene momentos felices, pues claro que los tiene. De hecho, este minimalismo de no viajes, no salgas, no corras, no montes en bicicleta nos ha obligado a todos a buscar el momento simpático por donde esté. ¡Pero cómo me hace falta la bicicleta, sí!

brevedad – Margo Glantz

María Clara me regaló de navidad un libro de relatos breves, una compilación. Ella siempre ha sido muy fanática del cuento breve, del haiku, de ciertos poemas – y en cierto sentido algunas de sus propias obras son eso mismo. Yo, en cambio, solía decir que prefería leer novelas largas, artículos densos estilo The New York Review of Books, obras estilo Proust.

Sin embargo, en mi defensa de twitter en conversaciones recientes, mi felicidad con el límite de 140 caracteres (que dicen que ahora van a quitar – no sé qué será twitter entonces) ha ido surgiendo otro tipo de expresión, distinta de la especie de ensayo transeúnte de los blogs, de otros textos.

Dijo María Clara que me regalaba ese libro de relatos breves en parte por twitter – una manera muy suya de burlarse de mi defensa de twitter.

La mejor tuitera que conozco (en el sentido de explotar literariamente hasta sus últimas consecuencias el formato – incluyendo los errores de tecleo por celular, sin corregir – o los “correctores automáticos”, dejando que lo convencional genere absurdo y surrealismo) es, de lejos, Margo Glantz. Una señora de Ciudad de México con ya 85 años cumplidos nos da “sopa y seco” a los tuiteros más “jóvenes” – ironiza, usa su celular sin corregir como cualquier adolescente – y ya tiene armada por lo menos una novela basada en tuiter.

Ya había escrito sobre ella hace dos o tres años. En ese sentido no es novedoso este post. Sin embargo, ha pasado algo de tiempo. Margo ha seguido ese camino – lo describe un poco en Ser narcisista o volverse un poeta japonés: los mil usos de Twitter o en otras entrevistas que le han hecho.

Una breve antología de sus trinos recientes (pero realmente, hay que ir a la fuente) da una idea:

Por qu%C3%A9 el intestino podr%C3%ADa tener mucho que ver con tu alegr%C3%ADa o tristeza vía

Creo que he comenzado a abandonar la procrastinación.

advierto que un coña puede cambiarlo todo

yo no voy a escribir sobre el Chapo ni sobre Sean Penn ni sobre el vestido de Kate

Hoy sólo se me ocurre retuitear

queja diaria. mucho tráfico y los semáforos desempatsdos

luces encendidas, luces fundidas, baches, reglamentos de tránsito ridículos

¿Ya han dejado de fabricar teorbas para tocar por ejemplo a Monteverdi?

a cierta gente psrece gustarle que llueva; a otro tipo de gente no le gusta que llueva: lo literal

mala recomendación decir que un ljbro “trasuda fuerza”; significa que hay que usar desodorante para leerlo

Un comercial de una marca de cigarrillos (para damas)no hace mucho: We have come a long way and, agrego, have gone back a long way

Los Chapos se suceden los unos a los otros.

Y así… pero además todo entrelazado con retuits maravillosos que son toda una antología de cierto mundo de hoy – yo termino reretuiteando muchos de los retuits de Margo, pues de verdad lee cosas muy interesantes ella.

Mi tía (señora de 70 y pico de años) estaba en el Hay Festival de Cartagena hace un año, y fue a la charla de Margo Glantz sin saber quién era – simplemente había alguien mucho más taquillero al tiempo y mi tía no conocía a Margo Glantz. Después dijo que esa entrevista (o charla) de Margo había sido de lejos pero de muy lejos lo mejor que había visto en una semana de Hay Festival. Se la encontró después en la calle en Cartagena y le dio las gracias. Aparentemente Margo sonrió.

Hay personas así, que aunque vengan de lejos (su familia es de inmigrantes, creció en bodegas del centro de la Ciudad de México) y tengan edades muy distintas de la de uno, terminan ejerciendo un rol extraño de cercanía y con quienes se puede dar una empatía muy profunda, aún sin haberlos conocido personalmente (qué envidia me dio con mi tía que se la encontró sin buscarla). Yo siento, de manera muy curiosa, mucha cercanía y complicidad en los tuits de Margo Glantz. Como si me los susurrara al oído.

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en un pueblo de la Provincia de Chimborazo

tono / voz / marca

Muchas veces me pregunto qué es realmente un blog hoy en día, en 2014. Lejos ya de la euforia de blogs de hace poco más de diez años – cuando hubo esa efervescencia tipo Alka Seltzer inicial, y todos los blogs estaban repletos de enlaces y metahistorias y era una pequeña hazaña poder incluir una imagen (que tocaba enlazar de otro lado – nada de agregar con un clic entonces – tocaba colgar la imagen en algún servidor y enlazarla), eso sin hablar de incluir videos – lejos ya de ese mundo asesinado y traicionado por facebook y twitter – ¿qué queda?

Nada. O mejor dicho: sí, quedó algo – unos cuantos blogs que parecen diarios a la antigua, otros blogs de temas muy específicos, como los blogs de clase o de tiendas o de temporadas de conciertos – blogs que sigue un nicho pequeño muy activo en vísperas de un parcial o de un evento, inerte las otras veces. El chismógrafo que fueron los blogs se diluyó en la vulgaridad estilo “mall” de facebook (sé de qué hablo – yo mismo estuve ahí – vengo exiliado y al igual que con un centro comercial, el 99% no me hace falta – si voy al Andino o al Granahorrar una vez cada mes es porque hay dos o tres tiendas que valen la pena o son necesarias [hay que comprar calzoncillos, para ponerlo de manera directa], y por el cine, pero el resto en esos lugares es miseria y vulgaridad y fealdad – como facebook). Twitter aguantaba un poco más, era más abstracto, era realmente un microblog similar a la rapidez que tenían los blogs de hace una década – pero tan rápido, tan mercurial, tan brutalmente efectivo que se volvió como cocaína en manos de adictos, y aterrizaron los políticos ahí. Los blogs de hace una década podían hablar de política (muchas veces de maneras agresivas, brutales, burlescas) pero por lo menos no le tocaba a uno aguantarse a Chávez o a Uribe o a Petro ahí en esa época. Esa heroína en estado puro que es twitter enloqueció a esos personajes aún más de lo que ya estaban. El formato completamente voluble, desencajonado, sin fronteras, de twitter – ese formato que fue fuente de tanto experimento bello de nivel Glantz – terminó contaminado por personajes realmente horrorosos – personajes que uno quisiera no tener que seguir o ver nunca (pero aparecen en las carátulas de los periódicos todo el tiempo – contaminan hasta este blog, hasta esta entrada). De modo que me fui del mall facebook, de ese centro andino tan apacible a veces (pocas) y tan horroroso y mediocre la mayor parte. Y me fui también del más interesante mundo de los heroinómanos de twitter – yo era claramente uno de los dealers, aunque no tanto como mi amigo Javier Moreno, o Alejo Martín cuando bajaba a ese inframundo… Como un Bronx virtual, twitter era implacable – el bullying (“matoneo” no me suena) era cosa diaria, y no aguanté más eso. Pasé por rehabilitación (espero, lograda) durante muchos meses ya, y hoy puedo hablar en pasado de esos lugares – el centro andino facebook (y el horror de encontrarse con gente que de verdad uno no quiere ver en la vida real – entonces, ¿para qué verlos en la intimidad de la casa?) y el (sí, más interesante) bajo fondo twitter. [Nota al margen: en twitter aparecían de vez en cuando bellas almas perdidas en el inframundo – mujeres bellísimas que se asomaban con sus dibujos, su sensibilidad japonesa, sus indignaciones, su fragilidad – mujeres increíbles al lado de esos dealers y bullies y cuchilleros y macrós. Me he preguntado muchas veces después de mi huida qué será de esos seres impresionantes. Ahora pienso que ojalá hayan huido también.]

Encontrar un tono a través de fotografías es dificilísimo. Javier a veces lo logra. Alejo Martín en su flickr también (no: no enlazo – hay que buscarlos si usted, lector, no conoce esos lugares – si quiere escríbame y le ayudo pero no quiero que un simple clic lo lleve ahí hoy – hoy estoy anti-hipertexto). John Berger me inspiró muchísimo hace unos años con su Another Way of Seeing  –  libro que creo que hasta hoy estoy empezando a procesar en su dimensión real – en parte dentro de un proyecto (uno de mis proyectos preferidos en este momento) que estamos llevando a cabo a ocho manos con Roman Kossak, Wanda Siedlecka y María Clara.

Tono, voz. ¿Los habré encontrado, después de varios años? No puedo contestar de manera contundente. La mayoría de las veces, la respuesta es no. La mayoría de las veces hablo con una voz que no es la mía, y me cuesta mucho “calentar”, “entonar” – como un cantante, debo hacer escalas, estar a temperatura razonable, y si estoy de buenas, sale una voz que siento vibrante y potente y muy mía. Con las fotos es más difícil, pero ahí se juega parte esencial del blog como herramienta de auto-conocimiento.

Finalmente, los blogs son eso: herramientas de auto-conocimiento. Como los antiguos diarios (pero – tal vez, aunque ya no tanto, ya pasó el momento alcaseltzer de hace 10 años – con muchos seguidores externos desconocidos – aunque “muchos” en este blog serán tres o cuatro si acaso, y así está más que bien). Como las fotografías – acariciar el paisaje.

Estoy leyendo despacio a Todes. Roman me advirtió: es impresionante. Es como Merleau-Ponty, pero mucho más claro – y en cierto sentido más lúcido, si cabe (no sé si cabe, pero eso quiero imaginar ahora). Todo queda teñido por Todes, por Samuel Todes, al leerlo. No tengo mucho tiempo para leerlo – avanzo como una o dos páginas diarias. Por ahora se ha limitado a plantear la pregunta de la unidad del mundo y nuestro rol ahí: ¿estamos o no estamos? ¿la unidad del mundo depende de nosotros o no? ¿depende del cuerpo o no? Todes irá (lo sé no porque lo haya leído sino porque Roman me contó, y la contracarátula, y la introducción, y la red) hacia la filosofía más lúcida que hay hasta ahora acerca de la relación entre nuestro cuerpo y el mundo. Para mí, ese es un tema absolutamente fundamental – y absolutamente desconocido en la filosofía de la matemática (la que conozco). Si el proyecto topoi (nuestra mascota, el proyecto preferido, el proyecto de conocimiento fotográfico/matemático/artístico/ojaláfilosófico que tenemos con Roman, Wanda y María Clara) ha de servir de algo, si algún valor ha de tener, tendrá que ser en esos ejes que lanza Todes.

Mis otros temas (matemáticos) estos días dan vueltas entre docilidad (=, Fernando dixit, haces vs prehaces, pero sobre clases elementales abstractas) y sus múltiples topologizaciones (trabajos con Zaniar sobre topologías del grupo de automorfismos de una estructura grande, inspirados en Lascar, Shelah, Hodges), mi abandonada F_1 (abandonada por no poder seguir como era la discusión entre Alex y Boris – pero ahí volveré pronto), mis grandes cardinales (que interactúan bien con haces y docilidad – quién lo hubiera creído cuando empecé a subir esa escalera del sueño), modularidad y grupos kleinianos y límites geométricos y… haces, y el teorema del modelo genérico equivariante diagonal que necesitamos para capturar límites de grupos de invariantes modulares y que Gabriel Padilla me ayuda a entender en términos de teoría de la representación). Y… y…

Y…

No digo.

De nuevo el problema del tono, de la voz que pierdo con facilidad. Abandonar facebook, leer pocos blogs – algunos sobre temas muy específicos son los mejores – me ha hecho buscar otro tipo de diarios. Fernando recomienda a Valéry – y cada vez que hinco el diente ahí veo que es como un campo de batalla infinito mental, fuego un poco volcánico para mí aún (aunque tendré que llegar). También están los fascinantes diarios de Gombrowicz. O… y… nunc et semper

Cuando cantábamos en un conjunto vocal con María Clara (un grupo de estudiantes del doctorado y profesores y sus esposas – eran viejos, de cuando los profesores eran casi todos hombres y las esposas no eran profesoras aún – las dos sopranos eran esposas de un analista y un probabilista), en Madison, muchas veces MC me decía que me perdía, que me distraía. Que tenía la melodía del bajo (mi voz) y que a veces le encantaba como sonaba pero a veces yo andaba distraído pensando ya en la siguiente pieza. La disciplina de ese “coro” (singing group, realmente) logró que algunas veces yo pudiera entonar (en motetes de Byrd, de Arcadelt, de Josquin, en chansons de Jannequin, de varios italianos contemporáneos a esos flamencos – o en adaptaciones de Ellington a conjunto vocal – You, ain’t been blue, por ejemplo), y de verdad me gustaba como sonaba el todo, y como sonaba mi voz de bajo, cálida y buen soporte, dentro del todo. Cuando lograba la concentración, la disposición, la voz.

De Botton lee a Proust, y yo pienso en twitter.

Neist Point, al oeste de la isla de Skye. Tierra de Breaking the Waves. Verano de 2013.
Neist Point, al oeste de la isla de Skye. Tierra de Breaking the Waves. Verano de 2013.

Uno de los libros que consigue uno en alguna librería genérica de la carretera en Inglaterra o en Escocia se llama How Proust can change your life, por Alain de Botton. Aunque proviene de un lugar genérico (librería de carretera) y aunque el título suena a libro de auto-ayuda (pero… ¿cuál libro no lo es? ya puestos en materia, hasta Classification Theory puede ser de auto-ayuda, tomado como es) terminé comprándolo. En viajes uno se topa con gente, libros, paisajes, baños absurdos (y máquinas extrañas dentro de los baños: en los baños de ciertos pubs escoceses hay las obvias máquinas de condones, pero hay selección múltiple, hasta con sabor a whisky en el baño de las mujeres, según reportó [divertida] MC). Y uno baja defensas: compra libros que de pronto ni miraría en una librería en la ciudad de uno. Como leer El Tiempo que regalan en el avión de Avianca, cosa que jamás hace uno en la vida real.

De Botton escribe ligero y sencillo sobre un autor de libros no ligeros y muy complejos. Es un placer de lectura rápida y ágil el libro de De Botton. Se enfoca en el problema de la amistad, de la hipocresía (o no), de hacer las cosas despacio y nunca precipitarse, de leer y encontrar todo el tiempo extensiones de la vida de uno en los personajes, o ir a un museo y ver que el personaje de un cuadro renacentista es alguien que uno conocía). Problemas aparentemente sencillos, pero que en realidad pueden esconder todo lo que uno quiera. En realidad bajo el estilo ameno y ágil de De Botton está un ensayo impresionante sobre cuál es finalmente el Arte Poética de Proust, problema evidentemente dificilísimo pues un autor que terminó plasmando los infinitos vórtices y sub-vórtices – y puntos de inflexión y ondinas y transición entre multiplísimas capas de realidad, como foliaciones y transversales, laminaciones y prehaces – de las relaciones humanas, de la amistad y lo que se espera (o no) de los demás, de la conexión entre envidia y cara de tranquilidad (falsa, pero verdadera), de la conexión entre tiempos remotos y tiempo presente – todo ese sistema dinámico humano que Proust como nadie se acercó a develar para nosotros.

En Mallaig (oeste de Escocia, al frente de la isla de Skye). Marineros preparan un barco, ¿pesquero?
En Mallaig (oeste de Escocia, al frente de la isla de Skye). Marineros preparan un barco, ¿pesquero?

De Botton tiene la genialidad de no hacer un ensayo pesado sobre un libro ya bien pesado (si se quiere) y así permitir el acceso a muchos más. Sabe escoger ejemplos deliciosos (literalmente) de las páginas de la obra de Proust, con ironía que devela la ironía suprema, y los salpimienta con ejemplos de la “vida real” de Proust, sus familiares y amigos, y luego concluye brevemente.

Uno de esos es el tema de la conversación entre Proust y Joyce. Proust normalmente vivía rodeado de gente mucho más “simple”, mucho menos sofisticada que él – y parecía disfrutar mucho eso. Una única vez los invitaron a una comida a ambos – imaginar estar en una comida con Proust y Joyce al tiempo en el Ritz suena casi imposible. ¿Qué diría uno? ¿Qué dijeron ellos? ¿Qué hablaron?

En realidad, nada. Joyce cuenta que Our talk consisted solely of the word `Non.’ Proust asked me if I knew the duc de so-and-so. I said, `Non.’ Our hostess asked Proust if he had read such and such a piece of Ulysses. Proust said, `Non’. And so on.

La velada siguió así: no tenían nada que hablar. De Botton indaga hondo en el concepto de amistad y conversación para Proust y marca el contraste entre lo generoso que era con sus amigos Proust y su escepticismo hondo con respecto al tema.

Pero lo más contundente es que en realidad uno (incluso Proust y Joyce, y hasta Grothendieck y Shelah – un par de grandes análogos pero ubicados en el otro extremo del siglo – probablemente una conversación matemática entre ambos no hubiera sido muy distinta de la conversación entre Proust y Joyce) casi nunca es interesante. Incluso si uno es Proust o Joyce en realidad es aburrido la mayoría del tiempo, con excepciones gloriosas (en los buenos casos) que cuestan sudor y trabajo duro. Lo interesante no se alcanza a decir en conversaciones, realmente. Se requieren esos tiempos larguísimos, aburridísimos para los demás, durante los cuales un autor está tan distraído o tan ensimismado como los dos grandes, para rumiar y pensar todo lo que da cuerpo (en el caso de esos gigantes) a obras como En busca del tiempo perdidoUlises donde están no solamente todas las respuestas a todas las dudas de todas las conversaciones posibles/pensables, sino las conexiones entre estas, las variantes negadas (Proust aparentemente se tragó muchas respuestas duras a gente que se las hubiera merecido – en vez de enfrentarse en peleas mantuvo la amistad… pero los personajes ofensivos probablemente fueron fundidos en fragmentos de sus personajes de En busca).

Apéndice, que no tiene nada que ver con el tema anterior: aunque la gente echa pestes de la comida inglesa o escocesa, creo que el problema es que esperan que sea lo que no es. No es comida mediterránea, no es comida japonesa, no es comida ligera, no es comida francesa, tampoco comida del Caribe. Pero es buena dentro de sí misma: la calidad del pescado es absolutamente excelente (cosa que aprecio muchísimo al gustarme tanto comer buen pescado pero vivir tan lejos del mar), y comen cosas que a mí me parecen exóticas: liebre, perdiz, venado, reno, muchos otros animales de cacería que me saben delicioso. Y mucha avena en Escocia (en las galletas de avena para comer con queso, que son excelentes – casi avena pura, en el porridge que es una colada de avena pero es rica, en el haggis, que es la morcilla/salchicha repleta de avena y vísceras y a mí me encanta ocasionalmente). Y buenas conservas (de naranja y otras frutas). Y finalmente, el whisky (que lejos de ser la bebida elegantosa que es en lugares como América Latina es parte del mismo continuo que va desde las galletas de avena… hasta el destilado de malta), que es uno de los aportes más increíbles a los sabores que hay. Esta foto de un lugar de fish and chips en Whitby (Inglaterra) muestra la variedad que hay en esa comida (barata, y toda recién pescada):

Bacalao, Haddock, etc. - todo muy fresco y bien frito en grasa de vaca a temperatura que deja todo crujiente.
Bacalao, Haddock, etc. – todo muy fresco y bien frito en grasa de vaca a temperatura que deja todo crujiente.

lunes

Lunes de correría y sin clases: ida a donde la bio-energética (Martha) por la mañana, para ayudar a cuadrar la cadera lastimada en judo hace tiempo ya – UniLago (lugar que siempre me hace pensar en John y sus elucubraciones sobre el capitalismo) a averiguar por teléfonos que sirvan para enviar datos, twitter, emacs, etc. (nada de lo que vi me convence) y salir de mi arcaismo telefónico, ida a clase con Bibiana a corregir la pieza de Scarlatti y la de Schumann (en estos días no avancé mucho) – Bogotá semi-desocupada pero con busetas más salvajes que nunca pasándose semáforos en rojo (casi me estrella una en la Séptima con 75) – llegada a casa a almorzar un salmón con cebolla caramelizada que hizo María Clara, con arvejas y arroz – almuerzo reconfortante y delicioso. Llegó el tesoro de pedido de té, con el White Pekoe y GenMaiCha de Japón, y con buen Earl Gray y Darjeeling (una de las cosas de haber vivido en Estados Unidos es la adicción a recibir cosas por correo – libros, discos, té, lo que sea, pero por correo – la sensación de llegar a la casa y encontrar una caja de Amazon ahí esperándolo a uno o una caja de Upton Tea repleta de maravillas de té es indescriptible). Tarde de lecturas (nada duro hoy – esta noche tal vez me le mido a algo serio pensando en el congreso de la UNAM), ejercicios para el blog de los estudiantes de segundo semestre (tratando de enseñar cosas que yo hubiera querido aprender en esa época, a mis 17), y luego una serie de vaivén tuitero impresionante en torno a la pregunta lanzada a Mockus sobre su congresista Gilma Jiménez, con @ritacuba, @bluelephant, @Die_Grausamkeit, @AMAV, @ovidio, etc. A veces aprendo mucho de ese grupo en twitter – los temas que plantean son en muchos casos mejores que casi todo lo que veo en la prensa (y además, son divertidos casi siempre).

Ahora mismo… pensar en ligar notas del coral de Schumann, con un dedo mientras otro dedo de la misma mano viaja, y luego liga a su turno mientras el que ligaba antes procede a pasar encima o debajo a otras notas.

Y organizar semana en Chía. Caminata a Tabio el miércoles con Alejo y Olguita. Algo de cine (¿isla siniestra? ¿cinta blanca?), algo de lectura, mucho trabajo hacia el encuentro en México (retos duros ahí). Ahora oyendo los cuentos y conspiraciones del grupo de trabajo de María Clara (qué juiciosos son ellos comparados con la anarquía típica de los matemáticos al trabajar).

Calcular intereses óptimos de un préstamo, seguir trabajando con Alex en ese proyecto, mil y mil temas acumulados en esta semana.

Sigo recogiendo opiniones extremas sobre Un hombre serio. A la gente (a gente muy distinta) le encanta o le fastidia profundamente, por motivos muy distintos siempre. Me impresiona la manera como los hermanos Coen logran dividir al mundo en esas posiciones extremas, que parecen ir más allá de las películas mismas.