notas sueltas post-viaje

(No había tenido tiempo de actualizar el blog – estaba en constantes reuniones, conversaciones, charlas. Pero sí logré tomar unas fotos, y mirar.)

  • En realidad uno ha visto tantas veces Los Ángeles (en películas de toda clase, buenas, buenísimas como la reciente de Malick, o la mayoría malas) que al principio uno sí está en un lugar. Pero no es un lugar que uno pueda reconocer por sus monumentos: no es ver el Empire State o el skyline de Chicago, no es nada en particular. Es la luz que uno ya conoce. El aire y el movimiento. Como deslizándose permanentemente (paradoja: en realidad Los Ángeles no se mueve: es la ciudad más trancada que uno puede imaginar, casi siempre – pero a diferencia de Bogotá, Ciudad de México o Nueva York, que pelean con sus trancones, en Los Ángeles nada de eso parece importar). Uno puede durar media hora o dos horas metido entre un carro y algo en el aire hace que uno como que no esté ahí. El taxista (uber) no se desespera nunca, nunca intenta buscar vías alternas, nada. Un poco como imagino estar de repente en un lugar poblado de zombies.
  • UCLA tiene un departamento de matemáticas con gente espectacular. A mi charla, que era para el Coloquio de Lógica, fue gente de varias generaciones de la teoría de conjuntos y la teoría de modelos, además de algunos filósofos y algunos de otras disciplinas. Va uno a almorzar y está ahí Tao hablando con alguien, y mucha mucha gente impresionante. Al mismo tiempo las instalaciones del edificio de matemáticas están bastante vueltas nada. Los baños parecen como eran los de matemáticas de la UN, antes de que los remodelaran hace unos diez años. Es un poco increíble que haya un departamento con gente tan buena, y en condiciones logísticas tan… extrañas.
  • Desde UCLA se ven las colinas de Santa Monica. De nuevo, el déjà-vu fuerte. Santa Monica misma es otra de las cien ciudades que componen ese tejido urbano que es Los Ángeles, “al lado” de UCLA y Westwood. Al lado quiere decir “manejando a solo veinte minutos o media hora”. En el mapa global de la ciudad se ve de verdad al lado. Las colinas son verdes, casi exactamente del mismo verde de Monserrate cuando en Bogotá sale el sol. Los mismos eucaliptos, colibríes. Secretamente y chovinistamente pienso pero son más bonitas las montañas en Colombia. Me sorprendo un poco pensando así. Tal vez es reacción a tanta cosa californiana con su “here we have great mountains and the Ocean; you can surf in the morning and go skiing in the afternoon of the same day”… frases que repiten tanto (aunque dudo que mis colegas tengan el dinero o el tiempo para gastar en trancones y go surfing in the morning and skiing in the afternoon – aún así, ese es el mantra local). De pronto por eso reacciono internamente pensando que sí, puede que en Bogotá no tengamos el océano pero tenemos montañas increíbles. Pero la Sierra Nevada de California también es increíble. Pero… tenemos el Tayrona. Pero está lejísimos. Pero en Los Ángeles con los trancones tan absurdos también terminan estando lejísimos el océano y el verdadero esquí. Pero…
  • Desde el Getty mira uno hacia el sur y tiene el océano Pacífico a la derecha, la Sierra Nevada de California a la izquierda, la ciudad inabarcable con su centro lejano perdido en el smog y el campus de UCLA ahí más o menos cerca… y el tajo brutal recto norte sur de la autopista 405. Me dice Artem: “esa va ahí directo y se pierde en la distancia – casi en México”… y sí, es un poco brutal pensar que ahí tan cerca del glamour, de la artificialidad fuerte (y fascinante por momentos) de Los Ángeles está la frontera. Tijuana – nunca he estado, pero sé que de una al pasar está uno en Sanandresito, en Maicao, en Tumbes, en Cúcuta, en esa Latinoamérica impresionante. También está uno ya “cerca” de los pueblos andinos de Perú o Colombia (abandonadísimos y llevados, pero muchos con algo increíble que no logro definir).
  • Que el centro de Los Ángeles haya terminado siendo tan parecido al centro de Bogotá por los lados de la Carrera Séptima me sorprendió inicialmente. Luego no.
  • Artem habló mucho de la vitalidad que siente en Los Ángeles, sobre todo después de varios años pasados entre Lyon y París. Me parece que tiene que ver con que Lyon es ciudad cerrada y para sus familias, y París aunque es más internacional, sigue siendo un lugar un poco neurótico que le debe recordar su Rusia natal. Los Ángeles parece ser para el la expresión de un mundo de energía y posibilidades (sin arquitectura visible, pero con playa y montañas, sin historia salvo trozos del siglo XX). Para alguien que viene de la región de Murmansk vía Berlín, Lyon, París y Jerusalén, Los Ángeles parece expresar en serio el mundo nuevo.
  • Artem dijo que ningún lugar del mundo lo ha marcado tanto como haber vivido en Jerusalén. Coincido. Ambos tenemos alguna versión de Síndrome de Jerusalén. Después de mis pueblos andinos de Perú, Ecuador y Colombia – o tal vez a la vez con ellos, Jerusalén es para mí el epítome del significado, de la sofisticación intelectual, de la belleza, de la energía y el hálito vital.
  • Un encuentro maravilloso tuvo lugar en Marina del Rey – lugar de aves de paso, de garzas y focas marinas – una reserva natural al borde del océano. Jamás imaginé un lugar así: edificios de madera de los años 60, de vigas de secuoyas tal vez. Una comunidad de gente entre árboles – y una amiga de hace muchos años – Lina Dorado – que vive ahí con su familia. Las onces del domingo fueron ahí. Hablamos de mil temas de nuestro pasado compartido, y luego Lina hizo una mirada del video de project topoi, mirada sumamente lúcida. Ella viene de familia de cineastas y actores, y es autora de videos e instalaciones. Me gustó mucho su lectura de las diversas narrativas/no narrativas en el video común de topoi.